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Capítulo 11


Abracé mis piernas mientras miraba por la ventana, sumida en mis propios pensamientos por completo. Desde aquí podía ver el bosque a lo lejos y me estremecí al recordar todos los momentos vividos en aquel bosque aún sin estar despierta. Suspiré y me pasé la mano por la cara con desesperación. Estaba amaneciendo y no había conseguido pegar ojo en toda la noche. El sueño, todo lo que ocultaba James, Damian... e incluso Aileen. No podía dejar de pensar en todo lo que me estaba perdiendo, en que realmente no sabía nada. Suspiré de nuevo y apagué el cigarrillo que fumaba con brusquedad.

— Elena, ¿Qué haces despierta? —Mi madre asomó la cabeza por el marco de la puerta, con el ceño levemente fruncido.— Hoy es domingo.

— Lo sé... —Me froté los ojos mientras encogía los hombros— Es que no he dormido nada bien.

Se acercó y se sentó en el banco de ventana, frotándome con cariño el brazo.

— ¿Qué ha pasado? —Me preguntó con delicadeza y decidí contarle algo de lo que pasaba por mi cabeza.

— Creo que Aileen me está ocultando algo, la noto muy rara a veces.

— ¿Le has preguntado? —Me miró con algo de tristeza y yo asentí, torciendo la boca.

— Es como hablar con una pared. —Mi madre asintió, no muy convencida y acto seguido se levantó, caminando hacia la puerta de mi habitación.

— Tengo que irme a trabajar pero, cariño, ¿Quieres un consejo? —Asentí mientras la seguía con la mirada— Si quieres respuestas, búscalas tu misma. —Me miró significativamente y asentí de nuevo, algo extrañada por su respuesta pero convencida a hacer algo al respecto.

Salió finalmente por la puerta y yo me puse en pie de un pequeño salto, dispuesta a prepararme una humeante taza de café que me ayudase a idear un plan que no fuese lo suficientemente estúpido como lo que tenía en mente.


No paraba de darle vueltas al bolígrafo que sostenía entre mis dedos, ahora con el capuchón bastante mordisqueado. Se suponía que debía de hacer algunas cosas de la universidad pero no podía dejar de pensar en las palabras de mi madre, ¿Sería yo sola capaz de encontrar las respuestas a todo? Lo dudaba. Damian era infranqueable y Aileen estaba demostrando serlo también.

Sumida en mis pensamientos y sin prestarle ninguna atención al folio que tenía en mi escritorio lleno de ecuaciones imposibles empecé a dibujar. Al principio era una garabato bastante feo pero poco a poco fue transformándose en una corona preciosa; miré el dibujo algo maravillada cuando noté que la corona me resultaba bastante familiar.

— Ahora con dibujos también, sino tenía ya suficiente con sueños.—Murmuré y mordisqueé de nuevo el bolígrafo, observando mejor la corona.

— Aileen... —Susurré, pasando mi dedo índice por el dibujo repetidas veces. Era la reliquia que había visto en su casa ayer. Tampoco me fijé tanto como para que se quedara tan grabada en mi mente. ¿O sí?

Esto solo era una señal de que debía empezar por Aileen para apaciguar mi insaciable curiosidad así que decidí en ese mismo instante llamarla para almorzar e intentar averiguar algo tanto sobre ella como de los demás.


Me ajusté la chaqueta mientras esperaba sentada en el pequeño restaurante, ojeando un poco la carta que sostenía entre mis manos.

— ¡Elena! Te veo mejor. —Aileen se acercó alegremente hacia donde me encontraba y besó mi mejilla para después tomar asiento frente a mí.

— La cabeza al menos ya no me mata. —Reí levemente y le tendí una de las cartas. Pedimos una pizza y un par de refrescos.

— ¿Han llegado ya tus padres? —Pregunté mientras le daba un sorbito a mi refresco.

— Vuelven mañana. Había pensado en invitaros hoy para ver algunas pelis y mi hermano tampoco iba a estar—Abrí la boca y me cortó enseguida para seguir hablando— Antes de que digas algo, se ha cancelado. James dijo que quería hablar conmigo y que pasase el día en su casa, así que... —Me miró con tristeza pero feliz al mismo tiempo y sacudí la cabeza.

— Podremos hacerlo otro día, no te preocupes. —Miré con agradecimiento al camarero que justo en ese momento depositaba la pizza en el centro de la mesa y cogí una porción para devorarla al instante. Aileen me miró divertida e imitó mi gesto — Por cierto, ¿Puedo preguntarte algo?

— Claro, dime. Sólo espero que no sea sobre Damian porque ya te he dicho que...

— No —La corté y soltó un suspiro aliviado— Es sobre tu hermano. —Su gesto cambió por completo y palideció por segundos para después recuperar la compostura. Carraspeó un par de veces antes de responder.

— ¿Qué pasa con él? —Bajó la mirada hacia su refresco, como si fuese lo más interesante del mundo. 

— Es solo que me resulta algo extraño como reaccionaste ayer, ¿Tan malo es? —Pregunté, escogiendo cuidadosamente las palabras.

— La verdad es que sí, ya te dije que no nos llevábamos muy bien. No te preocupes, no lo tendrás que conocer ni mucho menos. —Me miró con fijeza y dio otro bocado a su porción. Asentí y fingí escuchar cuando cambió de tema rápidamente, su especialidad.

Cuando acabamos de almorzar Aileen se marchó a casa de James y yo me dirigí hacia la suya para intentar averiguar algo, siguiendo el consejo de mi madre.

Tras un trayecto de unos 10 minutos que había memorizado el día anterior conseguí llegar. Aparqué el coche algo lejos de la entrada de la gran casa; era mejor no correr ningún tipo de riesgo.

Avancé silenciosamente hasta llegar al porche y paré en seco al recordar que no tenía ninguna manera de entrar en la casa. Palmeé mi frente y maldije en 20 idiomas.

— Eres idiota, Elena —Murmuré, sin saber que hacer a continuación. Decidí acercarme un poco más para al menos intentar ver el interior a través de los grandes ventanales.

Me acerqué con cautela y apoyé mi frente contra uno de los cristales para intentar ver algo y conseguí distinguir una sombra que se acercaba a la puerta principal. Con el corazón acelerado conseguí alcanzar uno de los setos que decoraban el gran jardín y me escondí tras el, sin quitar mi vista de la entrada. Con suerte conseguiría ver al tan famoso hermano de Aileen. Esperé y esperé hasta que una señora mayor salió de la casa.

— Solo es la señora de la limpieza... —Susurré para mis adentros algo decepcionada, pero mi suerte cambió cuando la vi esconder una llave debajo de una estatua de mármol decorativa. Se me iluminó la mirada y esperé unos minutos para entrar.

Cuando se marchó, avancé hacia la casa mirando a mi alrededor con algo de temor y cogí la llave de la estatua, abriendo la puerta principal.

Cerré tras mi, sin poder evitar sentirme culpable por haber allanado la casa de mi mejor amiga. Fui directa hacia la corona de la sala de estar, comprobando que era exactamente la misma que en mis dibujos. Decidí no quedarme mucho rato y pasar a lo verdaderamente importante: el cuarto de su hermano. Subí las escaleras con rapidez pero con algo de sigilo, no me sentía nada segura en esta situación. Conseguí localizar la puerta no sin antes haber abierto un par de ellas que resultaron ser un pequeño despacho y un cuarto de limpieza; esa casa era jodidamente grande. Giré la manilla y abrí la puerta con cuidado, asomando primero la cabeza y entrando después.

Era una habitación grande, espaciosa. Había una cama enorme, un escritorio y un par de estanterías, tampoco poseía nada extraño pero todo en ella gritaba lujo. Di un par de pasos y recorrí la habitación con la mirada. Al menos es ordenado, pensé con un toque de burla. Me acerqué a las estanterías y pude ver una gran multitud de libros que habían sufrido el paso de los años, eran títulos muy antiguos y cogí uno de ellos al azar. Fui incapaz de leer algo ya que solo pude distinguir símbolos y letras extrañas.

No había absolutamente nada; ni una foto, ni un recuerdo personal... nada de nada. Suspiré y me aseguré de haber dejado todo como estaba. Me dispuse a salir finalmente de la habitación cuando escuché pasos que se aproximaban a toda velocidad hacia donde me encontraba. Acto seguido, la puerta se abrió. No pude ni reaccionar.

— ¿Qué haces en mi habitación? —Se me heló la sangre cuando escuché su voz y lo miré fijamente, sin ser capaz de decir ni una sola palabra. Me dirigía una mirada sombría y su mandíbula estaba tan tensa que parecía que se rompería en cualquier momento. No me lo podía creer, era él... Damian.




Siento mucho la tardanza pero espero que os haya gustado!!

Si es así, ya sabéis :) 

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