Capítulo 10
Los primeros rayos del sol se colaron por la gran ventana de la habitación en la que me encontraba, haciéndome pestañear un par de veces. Llevé mi mano hasta mi cabeza lentamente pues sentía un dolor inhumano. Suspiré y me moví un poco entre las sábanas hasta que caí en la cuenta de que no eran mis sábanas y que esta tampoco era mi habitación. Me incorporé asustada y miré el reloj que había en la mesita de al lado de la cama, viendo que apenas eran las 9 de la mañana.
— ¿Pero qué...? —Murmuré extrañada, haciéndome un leve masaje en la cabeza. Me levanté de la cama con cuidado e intenté recordar cómo había llegado hasta aquí, dónde me encontraba y... nada. Absolutamente nada.
Empecé a avanzar lentamente por la habitación; era enorme y de aspecto lujoso. Abrí la puerta intentando hacer el menor ruido posible y salí hacia un gran pasillo, donde multitud de puertas. Seguí avanzando, presionando suavemente mi sien pues el dolor estaba acabando conmigo.
— ¡Elena! Por fin despiertas, estaba muy preocupada. —Me giré y contemplé a Aileen, quién acababa de salir de una de las numerosas puertas y me observaba preocupada.
— Aileen... —Dejé escapar un suspiro de alivio— ¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado?
— No lo sé, Elena. Te encontré tirada en el jardín, parecía que te habías desmayado por el alcohol así que te traje a casa. —Parpadeó un par de veces, algo nerviosa. Algo me decía que no me estaba contando toda la verdad.
— Sí que bebí, pero ni de lejos lo suficiente como para desmayarme. —Fruncí el ceño pues, que yo recordase, no había bebido tanto.
— Pues por lo visto sí, pequeña fiestera. ¡Menos mal que eras la que apenas bebía! —Soltó una risita nerviosa y me agarró del brazo, llevándome escaleras abajo— Te prepararé algo de desayuno, debes estar hambrienta.
— Vaya casa, te lo tenías bien guardado. —Murmuré mientras la seguía escaleras abajo, admirando la mansión en la que Aileen vivía.
— Sí, bueno, mis padres no son muy sociables que digamos por lo que no puedo traer visitas.
— ¿Y no se molestarán por que haya pasado la noche aquí? —Pregunté, algo asustada. Lo que menos quería era traerle más problemas a Aileen.
— No están y no tienen por qué enterarse. —Me guiñó un ojo y tomamos asiento en la gran isla del centro de la cocina. Colocó un vaso de agua y una pastilla delante mía y le sonreí agradecida. Aileen preparó tostadas y café para dos y rápidamente devoré la mía.
— Estabas hambrienta. —Dijo, soltando una pequeña risa. Me encogí de hombros y asentí sin dejar de masticar. Dí un par de sorbitos a mi café y escuché el sonido de la puerta delantera cerrándose de un gran portazo. Abrí los ojos como platos y conseguí articular un par de palabras, preparada para saltar sobre mi asiento y salir pitando de la casa.
— Tus padres. —Dije asustada e hice un ademán de levantarme. Aileen volvió a reír, ahora algo más nerviosa.
— Elena no te preocupes, era mi hermano. —Me relajé y volví a sentarme con tranquilidad pero no pude evitar mirarla extrañada.
— ¿Desde cuándo tienes un hermano? —Pregunté, pues nunca hablaba de él.
— Desde siempre —Se encogió de hombros y desvió su mirada hacia la taza de café, como si fuese lo más interesante del mundo— No nos llevamos muy bien, por eso nunca os hablé de él. Nos vemos en comidas y cenas familiares, pero cuando coincidimos juntos en casa no nos dirigimos la palabra —Admitió y dio un sorbo a su café— A no ser que sea para pelear, ahí si que nos hablamos —Agregó entre risas, intentando quitarle hierro al asunto. Yo sólo asentí, comprensiva. Ahora me llevaba bien con mis padres pero nuestra relación nunca había sido la mejor; ellos trabajaban durante todo el año y apenas nos veíamos unas pocas horas al día en el mejor de los casos.
— Voy a darme una ducha rápida y te llevo a casa, ¿Vale? Puedes aprovechar para cotillear un poco si quieres, no tardaré nada. —Dijo Aileen mientras se levantaba del asiento. Asentí con una sonrisa agradecida y me levanté también. Desapareció por las escaleras rápidamente y anduve por el salón.
— Vaya... —Murmuré asombrada. Un gran sofá de aspecto acolchado, una televisión de última generación... esta casa poseía todos los lujos que siempre me habría gustado tener. Me dirigí hacia una estantería próxima a la sala. En ella se encontraban multitud de objetos, más bien reliquias de aspecto antiguo. Una de ellas en concreto consiguió captar toda mi atención; era una corona, con gemas y diamantes incrustados en ella. Se notaba el paso del tiempo pero aún así seguía siendo preciosa, dirigí mi mano hacia la corona con lentitud.
— ¡Elena! —Di un respingo ante el grito y caminé hacia las escaleras, de donde provenía la voz — ¡Sube y ayúdame con la ropa, voy hacia mi habitación!
— ¡Voy! —Grité de vuelta, pues las escaleras eran larguísimas y sino no se oiría. Subí hacia el piso superior y miré de nuevo todas las puertas que había. Vale y, ¿Ahora cuál era? Fui a girar la manija de una puerta cualquiera, con la esperanza de que fuese la de Aileen.
— ¡No, esa no! —Aileen sujetó mi mano con fuerza y la miré extrañada. Parecía asustada y solté la manija— es la de mi hermano, es mejor no acercarse a su habitación. —Asentí y la seguí hacia la suya, que era igual de grande de la que dispuse para dormir la noche anterior. Me senté en su cama y escogí su conjunto, después partimos hacia mi casa.
Llegué, saludé a mis padres con un beso y subí inmediatamente a mi habitación, sin poder dejar de pensar en todo lo ocurrido anoche y esta misma mañana. Me daba muchísima rabia no poder acordarme de lo ocurrido en la fiesta. Solo recuerdo que bailé, el encuentro con James y que decidí recorrer un poco los alrededores para esconderme un poco de la fiesta, después de eso todo esta en blanco. ¿Y por qué Aileen había actuado así conmigo? Esa chica sabía mucho más de lo que decía y eso me enfadaba más aún. ¿Tan raro sería su hermano para no poder entrar ni en su habitación por error?
Suspiré frustrada y pegué un puñetazo al colchón para acto seguido masajear de nuevo mis sienes ya que el dolor había disminuido con la pastilla pero no había desaparecido del todo.
Cogí uno de los libros que tenía en mi estantería e intenté leer un poco, para poder así despejar la mente pero acabé quedándome dormida debido al cansancio.
De nuevo me encontraba en el bosque y de nuevo llevaba un vestido antiguo puesto, pero esta vez era blanco y largo, con hermosas piedras incrustadas en él. La gran luna roja se burlaba otra vez más de mí desde el cielo y supe, por instinto, que debía seguir el sendero.
Comencé a caminar y tirité, pues soplaba un viento frío casi insoportable. Me abracé y proseguí caminando pues, sabía, que al fondo del sendero estarían todas las respuestas a mis preguntas. A medida que iba avanzando, una gran niebla espesa se apoderaba de todo a su paso, engullía árboles, matorrales y hasta el canto de los búhos se había dejado de escuchar en la cerrada noche, en la que la única luz que había era la extraña y aterradora luna. Empecé a tensarme, sintiéndome insegura casi al instante y aceleré el paso, mirando constantemente sobre mi espalda, esperando ver a la presencia que me perseguía en todos mis sueños.
— Elena —Esa voz no era gruesa, ni masculina. Era una voz femenina. Intenté buscarla con la mirada pero no encontré nada, solo niebla y más niebla.
— ¿Quién eres? —Logré que mi voz, a pesar de lo asustada que estaba, sonase firme.
— Elena, solo tú puedes pararlo. Tú eres la... —Dejé de escuchar la voz, ya que la niebla empezó a engullirme a mi también, ni si quiera podía ver mis pies y cada vez me sentía más y más débil, como si fuese a desfallecer de nuevo. Noté algo caliente sobre mi vestido blanco y pude ver como una gran mancha de sangre se hacía cada vez más y más grande sobre mi pecho. Puse mi mano sobre ella, presionando la herida en vano.
— Él te buscará, resiste... —Fue lo último que pude escuchar antes de ser tragada completamente por las sombras.
Me desperté como de costumbre bañada en sudor. Palpé mi pecho en busca de la herida pero no encontré nada. Sólo había dormido por un par de horas pero había parecido una eternidad. Abrí los ojos y me tapé hasta el cuello con las sábanas, intentando mitigar el nerviosismo que sentía en ese preciso instante.
Sólo era un sueño pero no podía quitarme esas últimas palabras de la cabeza.
Él te buscará.
Espero que os haya gustado, si es así ya sabéis! :)
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