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capítulo 11

capítulo 11.

A veces la vida te lleva por sitios interesantes.

Es lo que pensaba Helena mientras Justin tomaba su cintura con un brazo extremadamente cálido y la acercaba a él. Pensaba que hay personas en esta vida, sobre todo la mayoría, que viven de la forma más normal y más pacífica del mundo, sin problemas, y que el mayor altibajo registrado en sus vidas, fuese el fallecimiento de algún abuelo o pariente cercano. Vemos muchas caras pero no conocemos historias detrás, sin embargo nos imaginamos lo que ocurre... Y por estadística, apostamos a que esa persona tiene una vida normal, acertaremos.

Helena era así, una niña común y corriente, padres que por suerte se amaban de aquí a la luna, algunas peleas, familias pequeñas pero amorosas, cuatro abuelos, alguna que otra mascota y sin ningún problema más allá que pagar la hipoteca de su casa común y corriente. Una persona más del planeta tierra. Sin embargo, todo acabó con el accidente.

Padres que se amaban cada vez menos pero ya no peleaban, familia más grande que incluso no conocía, dos abuelos, ninguna mascota y diez mil problemas encima más. Era muy pequeña para comprender la magnitud pero su madurez le hizo entender que lo que aguantaron sus padres no fue fácil. Han tenido que prácticamente casi venderse por salvarla.

Entonces vino otro periodo plano, ninguna emoción, ninguna visita, ninguna buena ni mala noticia. Simplemente seguía una rutina extensa todos los días que no era ni buena ni mala. Era la que se podía hacer.

Entonces aparecieron estos ojos mieles que ella estaba viendo de frente. Antes, creía que toda la vida iba a estar ella y sus dos padres. Nadie más. No sentía esas ganas de independencia ni ese anhelo de casarse y tener una familia. Creía que iba a estar sola toda la vida.

Justin en poco tiempo, acabó con absolutamente toda esa mentalidad. Era muy pronto para pensar en casarse y formar una familia, apenas tenía 17 años... Tenía tiempo de sobra si su salud se lo permite, pero ya se le complicaba imaginarse su vida sin Justin. Y aunque jamás se hubiese pensado en tenerlo aquí, en el partenon, besándose... Siempre pensaba que le gustaría conservarlo como amigo.

Helena se alejó levemente, y bajó sus manos por los brazos de él, en completo silencio. Entonces frunció el ceño. A Justin se le detuvo el corazón.

—Estás ardiendo —murmuró Helena levantando una dulce mano hacia la frente de Justin.
—No tengo fiebre —sonríe Justin.
—Estás ardiendo —repite Helena con la mano en su frente, para bajarla suavemente por su rostro, palpando su temperatura, acariciando su mejilla.
—Tengo la sangre muy caliente —se ríe.
—Y sin embargo nunca te he visto sudar —se burla Helena.
—No me mires así, que me pondrás nervioso y ahí sí me verás sudar.

Helena se ríe. Hay mucho silencio a esta hora, a estas alturas del Partenón.

—Tendremos que volver en algun momento —dice Helena.
—Notarán mi ausencia si no estoy mañana a primera hora en el hotel —dice Justin con miedo pero sabe que Helena se refiere a algo más.
—Quería decir... A Canadá, al Olympus.

Justin calla abruptamente y la busca con la mirada, quería que lo mirara.

—No sé si es lo correcto que estemos haciendo esto.
—Ni yo —confiesa Justin—, pero yo no me podía aguantar más, Helena.
—Ahora suenas a uno de esos abusadores de menores... —se burla Helena..
—La verdad es que sí, y en cierto sentido literal lo soy. Por eso te quiero proponer que si no te sientes cómoda, esperemos hasta tus 18, así ya será legal cualquier cosa que hagamos. Bueno, ahora es legal también, no estamos haciendo nada malo pero...
—¿Cuántos años tienes? —lo interrumpe abruptamente Helena.

Justin se queda con la palabra en la boca, se rasca la cabeza porque sinceramente no se lo esperaba y no sabría que contestarle.

—Treinta y...

Helena espera mirándolo.

—... cinco? —termina Helena.
—Exacto —asiente Justin.
—Bueno... Un poco raro es... Es decir, qué ve un señor como usted en una niña coja como yo...
—Helena por favor —hace en blanco los ojos.
—Es que, ¿Tengo razón o no?
—Sí, es verdad, me siento muy culpable.
—Y deberías, encima soy menor...

Justin agacha la cabeza y si fuese por esta mentalidad tan moderna de Helena, la historia se acabaría aquí... O con Justin esposado. Pero Helena se mordió el labio.

—No me fuerces a nada —dijo de pronto Helena—, iremos a mi ritmo. Si algo no me gusta, te lo diré o lo dejaremos al momento. ¿Quieres que esto dure?

Justin abrió mucho los ojos mientras que procesaba lo que decía Helena.

—Mi niña —dice enternecido—, bueno mi niña no... Perdón.
—Nunca te había visto tan nervioso.
—Ni yo...
—¿Quieres que hagamos eso? —dijo mordiendose el labio Helena esperando una respuesta.
—Mi... Mi Helena —parecía que le faltaba el aire—, claro que sí. Iremos a tu ritmo, como tu mandes. Si no quieres que nos besemos ni te trate distinto hasta que estés lista, yo lo acepto, soy completamente tuyo.

Helena esbozó una pequeña sonrisa, muy bonita al parecer de Justin.

—¿Te puedo dar un abrazo? —pregunta Helena.
—Claro que sí, todos los que quieras.

Justin la tomó de la mano y la atrajo suavemente hacia él hasta que la cabeza de Helena estuvo apoyada en su pecho. Podía escuchar su corazón.

—Vamos a intentarlo —susurra Justin—, será duro pues muchos no lo entenderán ni nos aceptarán. Y si no nos aceptamos ni entendemos entre nosotros... Siempre nos quedará una preciosa amistad. No te quiero perder nunca, ya sea como compañera o como amiga.

Helena sonríe cerrando los ojos en su pecho.

—Esto es una locura —se ríe Justin. Recuerda el Olympus y su deber con su familia...
—Un poco... Pero no creo que sea un error.
—Ni yo —dice acariciando su pelo.
—Será mejor que vayamos yendo al hotel —dice Helena—, podrías quedarte a dormir conmigo si quieres.

Justin la aprieta en su pecho solo para que no vea lo rojo que se le pusieron las mejillas. Hasta le dio un pequeño escalofrío en la espalda y un montón de mariposas en su estómago. Pensaba que iba a ser más tranquilo todo y habría segunda especie de distancia, pero Helena le estaba pidiendo pasar más tiempo juntos... No hay cosa que lo alegrara más.

—Tienes razón —asiente Justin—, tengo que levantarme pronto para hacer más turismo por Atenas. Por la noche partimos a Santorini.
—¿No tendrás un planning del viaje?
—Helena, ¿no sabes nada de lo que vamos a hacer? Eres una irresponsable.

Helena se ríe y niega con la cabeza.

—Tengo la cabeza en otra parte —se ríe—. Pero bueno, tu me guías y con eso estoy satisfecha.
—Claro que sí —dice Justin orgulloso—. Tenemos que irnos, mi hermano debe de estar dormido.

Helena y él emprenden el camino hacia el ascensor de los obreros. Bajan con la mirada fija en la ciudad que dejan. Cuando llegan, Justin ayuda a Helena a bajar. Entonces visualizan a Hermes dormido apoyado en un árbol. Si no llegaba a ser de noche, sería perfecto para un cuadro de orden pastoril. Helena sonríe mientras que Justin va a despertarlo.

—Hermes —murmura—, ya nos vamos. ¿Quieres que te llevemos a algún lugar?
—Hola chicos —bosteza y se estira. Helena consigue ver por las farolas que tiene las mejillas sonrojadas y brillantes—. Espero que lo hayáis pasado de maravilla ahí arriba.
—Era una vista preciosa —dice Justin—, y la ciudad también estaba preciosa.

Helena suspira dándole un empujón muy suave.

—Me podéis llevar a mi casa —dice Hermes.
—Claro que sí —dice Justin—, levanta de ahí.

Hermes llevaba una sobrecamisa a cuadros... Sin embargo hacía demasiado calor como para llevar más capas de ropa por encima. Justin notó eso también e hizo los ojos en blanco.

—¿Qué llevas?

Hermes se detuvo.

—Nada...
—Hermes, ¿Qué llevas?
—Nada que te interese.

Entonces Justin le abrió la sobrecamisa y se dio cuenta que llevaba algo duro... Se lo intentó quitar y Hermes luchó para que eso no pasara.

—¡No, con cuidado! —chilla Hermes.

Entonces Justin consigue quitárselo y ve que llevaba...

—Una tortuga —dice Helena perpleja.
—¿¡Una tortuga!? —exclama sin precedentes Justin.
—Es... Es para nuestro tío —se intenta explicar—, yo solo se la llevo de encargo...
—¿De dónde la has sacado? No te la habrás robado, ¿verdad?
—Bueno, ¿me vas a llevar a mi casa o no?
—Sube —le dice Justin—, y llévate la tortuga... Pero que sepas que estás demente.
—Gracias —agarra la tortuga—, y gracias por los cumplidos.

Justin conduce lentamente por Atenas mientras Helena va mirando por la ventanilla con todo lujo de detalle. Entonces para en una zona muy céntrica. Helena mira a Justin y él señala un edificio.

—Hermes, hemos llegado.
—Menos mal... —dice.

Entonces Justin se da la vuelta y ve que la tortuga le ha mordido en la mano.

—Hermes, ¿eres tonto?
—Un poco —sonríe.
—Ay, madre... ¿Estás bien? —jadea Helena.
—Sí, sí... Gracias por traerme.

Helena se fija más en el edificio. No lo reconoce, hasta que lee en más pequeño el cartel de "CORREOS".

—Espera, ¿vives aqui?

Hermes asiente.

—¿Vives en la oficina de correos?
—¿Qué tiene de malo?
—¿Te llamas Hermes y vives en la oficina de correos? —se ríe Helena.
—Sí, ¿algún problema?
—No, ninguno. Sois como los dioses del siglo XXI.

Justin estaba tenso en su sitio, pero vio a Helena sonreír y supo que no era ningún tipo de sospecha. Aniquila con la mirada a Hermes y se despide por fin de él. De camino al hotel, Helena va cada vez más callada y más tranquila... Coincidiendo con una carita de sueño que enternecía a Justin.

Llegan al hotel y a duras penas entra a la habitación que tanto odiaba. Cojea al baño solo para cepillarse los dientes y atarse el pelo. Más o menos se consigue quitar la ropa más incómoda, y se deja caer en la cama. Helena cierra los ojos creyendo que Justin ya llegaría... Pero entonces escucha un ruido que la asusta y es Justin ya dentro de la habitación.

—Qué susto —dice Helena—, nunca te escucho llegar...

Vuelve a cerrar los ojos muy cansada pero entonces los abre otra vez y se levanta a duras penas, ya la pierna está muy cansada asi que se tiene que apoyar de unas barras especiales que tiene su cama para poder levantarse. Cojea suavemente hasta su bolso y agarra su teléfono. Pone por fin una alarma mientras que Justin está mirandola pasmado.

—¿Por qué no te metes en la cama? —pregunta Helena poniendo a cargar el teléfono.
—Estaba esperando que me lo pidieras —dice Justin.

Helena hace los ojos en blanco y le dice tajante:

—Ya te lo pedí en el Partenón. Que vayamos a mi ritmo no significa que no tengas autonomía de decisión y movimiento.
—Lo sé, pero te puedes arrepentir y estaba esperando que me dejes.
—Si me arrepiento, te lo diré al segundo que se me cruce por la mente o me siento incómoda. No quiero un calzonazos, Justin.

Justin suspira, es una fiera. No se le escapa nada. Entonces la ve andar hasta la cama y la sigue. La ayuda a entrar, ella toma en lado izquierdo y él el derecho. Helena tiene que dormir boca arriba, la pierna estirada y como mucho podía ponerse un poco de lado, sobre su pierna buena. Helena suspira y cierra los ojos. Justin le toma una mano por debajo de las sábanas y él se la pone sobre su pecho, Helena aprieta el agarre por lo que le indica que le gustaba esa sensación.

—No te asustes —advierte—, a veces hablo dormida.
—Probablemente no escuche nada —dice Justin también acomodándose en la cama. No es una cama común, es más dura... Como del hospital...
—Y también lloro —murmura.

Entonces Justin abre los ojos y se incorpora inmediatamente y la ve que estaba llorando en silencio.

—Helena —murmura un poco asustado—, ¿Qué te ocurre, necesitas algo?

Helena niega con la cabeza y solloza mientras intenta hablar:

—Antes... No me gustaba que me viesen llorar —dice jadeando y hablando con dificultad por el llanto—, entonces lo hacía todos los días pero por la noche, antes de dormir. Entonces ya es una costumbre para mí...

Justin solo puede acercarse un poco y abrazarla como puede. Nota que con el paso de los minutos va disminuyendo el llanto. Entonces Justin aprovecha para separarse y la ve semidormida. Al parecer sí era una costumbre... Muy rara... Pero por lo menos le servía de desahogo.

Helena acaba de dormirse por fin, entonces Justin se levanta suavemente no sin antes darle un suave beso en la frente. Sube a su habitación en silencio. Está muy pensativo, pues ahora estaba en un punto que literalmente quería meter a Helena en una pequeña cajita de cristal, y cuidarla toda la vida, protegerla de cualquier peligro... Y si estaba en su mano acabar con su sufrimiento, como fuese, lo haría.

No tuvo una mejor idea que empezar por algo que los humanos no pueden controlar. Así que se vistió de manera más formal, como solía vestir con su familia, y se dirigió hacia la salida del hotel pues iba a visitar a un viejo amigo de la familia. Se sube a su coche y avanza entre las silenciosas calles de Atenas. Esta fue su ciudad durante milenios, amaba esta ciudad como si la hubiese fundado él. La disfrutaba como nadie, pero sabía que nada superaba a Delfos... Lo ideal de Delfos es que no había nada. Solo ruinas de lo que solía ser una ciudad sagrada, así que era exactamente lo que necesitaba, un descanso de la ruidosa Atenas.

Llega a su destino y aparca como puede. Sale de su coche y entra al hotel más lujoso y bonito de toda Atenas: el Astir Palace. Está a la orilla del mar, y es posiblemente el hotel más caro que haya visto en el país: Casi mil euros la noche por persona. Es una locura pero en el mejor hotel, tenía que trabajar una de las mejores personas del mundo.

Lo ve de espaldas detrás del mostrador de check in del hotel. Justin se acerca suavemente y toca la campana apoyándose en el mostrador.

—Buenas noches, ¿en qué puedo...? —se da la vuelta y se queda callado al ver la amable sonrisa de Justin—. ¿Apolo? —dice con sorpresa bajando la voz.
—Hola, Morfeo —dice Justin cordialmente.

Morfeo inmediatamente sale del mostrador para darle un abrazo.

—Siglos sin saber de ti —le dije Morfeo dándole un fuerte abrazo con una palmada... Un poco fuerte, en la espalda—, pero veo que tu sí sabes de mi —dice sonriendo—, ¿Cómo me has encontrado?
—Morfeo, te has dedicado a las posadas y hoteles toda la vida —se ríe Justin—, claro que ibas a estar aquí cuidando de los sueños de todos estos... snobs.
—Me conoces bien, me da mucho gusto verte. Estás igual que cuando... Ya sabes...

Les cambia el semblante a ambos y guardan silencio. Cada uno vivió esa época de distinta forma y guardan recuerdos muy amargos de entonces. Ha pasado el tiempo y las heridas han sanado pero definitivamente no fue nada fácil lo que les hizo la humanidad...

—Lo sé —contesta Justin—, tu has crecido algo. Cuando nos tuvimos que ir, eras un chaval —dice sonriendo.
—Gracias por notarlo, hay alguien que me saca alguna cana —se ríe—, no tienes ni idea, Justin... La gente está cada vez más loca.
—¿Sí?
—Llena de estrés... Por lo tanto no duermen, hay insomnio, melancolía y si se duermen... Pesadillas muy duras. Hay personas que sufren mucho...
—De eso venía a hablarte —dice Justin con prudencia—, o más bien... Pedirte un favor.
—Claro, dime. Todo sea por un gran amigo.
—Gracias —sonríe Justin—, verás... Conozco a alguien que sufre mucho... Se llama Helena, con H. Como nuestra Helena de Troya. Y es espectacular —le brillan los ojos—, es inteligente, avispada, preciosa y muy muy buena chica...
—Oh, no... ¿El dios del raciocinio está enamorado?
—Créeme... Lo más lógico es enamorarse de ella —dice con una sonrisa—, pero ha sufrido mucho... Tuvo un accidente cuando era pequeña... Y eso la ha dejado con una pierna mal, ha reprimido todas esas emociones y me da que se reflejan en sus sueños. Llora todas las noches antes de dormir... Imaginate cómo afecta eso a sus sueños.
—Ni que lo digas...
—Es muy pequeña, tiene 17 años apenas. Y me preguntaba si podrías ayudarla.
—Me escandaliza la infinita cantidad de edad que te llevas con ella.
—Lo sé... Bueno, sea quien sea, la diferencia de edad siempre será abismal —se ríe Justin.
—Tienes razón —dice Morfeo—, pero igualmente es muy pequeña. ¿Cómo estás seguro que sabe lo que quiere?

Justin lo miró a la cara y se sintió mortificado por un segundo. Sin embargo la cara de decisión de Helena apareció ante él y sabía que esos ojos y esa cara tan preciosa eran suficientes para que él no dudara de nada.

—Helena es la que lleva las riendas. Lo nuestro irá dependiendo de lo que diga ella —dijo incluso con severidad. Morfeo retrocedió convencido y fue hacia el almacén de atrás. Volvió con una bolsa mediana satinada blanca. Parecía que tenía algún tipo de joya dentro.
—Dale una de esta por día durante un mes. Luego puedes irlo reduciendo: una vez por semana durante un mes. Y luego una vez al mes hasta que se te acaben.

Justin frunció el ceño y tomó la bolsa que le tendía Morfeo. La abrió y descubrió que eran muchas perlitas pequeñas rosas translúcidas. Brillaban como si el sol golpeara las olas por la tarde.

—Se disuelven en cualquier líquido, no saben a nada ni huelen a nada.
—No voy a drogar a Helena —dice Justin.
—No es drogarla. No alterará nada de su vida cotidiana. Cuando soñamos, hay una parte del cerebro que se duerme y la otra no. La que no se duerme tiene que ver con la memoria. Helena dormirá mal por los recuerdos tan oscuros que conserva. Esto lo que hará es potenciar los recuerdos que le generen serotonina, por lo tanto felicidad. La ayudarán a relajar los músculos a la hora de dormir y prolongará la etapa REM, así que tendrá muy buen descanso y muy buenos sueños.

Justin arquea una ceja guarda inmediatamente la bolsa con las perlas.

—De casualidad... ¿No tendrás otra bolsa para mi?

Justin vuelve a la habitación de Helena en el más absoluto silencio. Intenta volver a la cama cuando es Helena quien lo detiene en seco.

—¿Dónde estabas? —pregunta casi susurrando.

Justin se asusta sin apartar la mirada de ella. Entonces se da la vuelta la pequeña Helena estirándose como un gato.

—Tuve una emergencia.
—¿Una emergencia? —dice incrédula—, ¿En Atenas, en la madrugada?
—Sí...
—No deberías mentirme —dice suspirando.
—Perdón —susurra—, tuve que ir a ver a un amigo. Con vosotros aquí, no me da tiempo a visitar a mis amigos.
—Estos horarios son muy extraños —murmura Helena.

Helena no tenía ni un pelo de tonta. Desde que cruzó miradas por primera vez con Justin en ese pasillo del Olympus... Supo que había algo raro en él. Algo extraño que no sabía si necesitaba descifrar. No sabía si era bueno o malo pero definitivamente era un misterio que ella...

Entonces, sus miradas por fin se encontraron.

Intentó concentrarse y reconducir sus pensamientos. Vamos allá: no sabía si era bueno o malo pero definitivamente era un misterio que ella no sabía si quería saberlo...

Justin estiró una mano caliente hacia el rostro de ella. Ella entrecerró los ojos antes el color de sus manos y su cuerpo en general. No sabría explicarlo, claro que Justin desprendía mucho calor... Pero no era como cuando alguien tiene fiebre, es como que notas ese calor cuando te tocas o lo tocas. Es como si la fiebre la tuviera él pero los síntomas los tuvieras tú.

Justin acercó su rostro suavemente a Helena, entonces vio que a su costado tenía una bolsa de caramelos y un libro doblado a la mitad sosteniendolo con la almohada para que no se cerrara.

—¿No has dormido? —dice en voz baja.
—Muy poco —dice ella más bajo aún.
—¿Me das uno? —señala con la cabeza la bolsa de caramelos.

Helena saca uno y lo extiende hacia Justin. Niega con la cabeza y le sonríe suavemente.

Helena se queda mirando el caramelo. Era rojo, brillante, con un envoltorio transparente. Ella lo abre con cautela observando fijamente los ojos de Justin. Cuando lo tiene afuera, lo extiende hacia los labios de Justin. Ahora sus ojos estaban fijos ahí. A Helena se le empieza a acelerar el pulso mientras que sus dedos se acercan cada vez más a sus labios.

Se lo extiende y Justin lo toma suavemente con sus labios para meterlo en la boca completamente. El rojo brillante contrasta con sus labios y lengua rosa. Helena suelta el aire contenido pero no por mucho tiempo pues Justin se acerca rápidamente a su rostro, aún más.

Pasa lo inevitable, junta sus labios suavemente con los de ella. Helena nota el sabor del caramelo mientras que ella tímidamente deja que la bese. Justin baja sus manos por la espalda de Helena y se funde con ella es ese beso. La está quemando mientras la acuesta suavemente en la cama y él se coloca casi encima de ella. Helena se separa para tomar aire y acomodarse para no sentirse aplastada, Justin le da acceso a poder moverse con más facilidad. Apoya todo su peso en sus manos y brazos para no agobiar a Helena. Sabe que es una persona muy caliente y sabe que en este preciso momento la podría quemar, pero al alejarse por un segundo para verle la cara, entre lo gris y negro de la oscuridad, nota por un breve reflejo de la luz, una delgada piel brillante acompañada de unas mejillas rosas encendida, estaba preciosa. Justin no resiste más y se funde con sus labios.

—Espera —se separa Helena.

Justin, aterrorizado ante cualquier posible molestia a Helena, se aparta rápidamente y la mirada desde su lado de la cama.

—No —Helena lo toma de la camisa y lo detiene—, no te alejes. Es sólo que yo...

Justin la mira expectante cuando Helena se empieza a abanicar la cara con las manos y desvía la mirada. Aparta su voluminoso y precioso cabello hacia atrás y suspira mientras decide mirarlo. Amaba esa decisión....

—No sé besar con... Ya sabes...

Justin parpadea confuso para después esbozar una sonrisita traviesa que se transforma en una carcajada que se oye por toda la habitación. Helena agarra una almohada y se la tira encima para después cruzarse de brazos.

—Mi amor —dice Justin—, no pasa nada. Yo te puedo enseñar. Aprecio mucho que me lo digas.
—Bueno, yo me estoy muriendo de vergüenza ahora mismo —dice Helena sin mirar a Justin a la cara.
—No pasa nada, ¿Tú de verdad crees que yo sabía besar la primera vez que lo hice? Pues claro que no.
—La cuestión es que no eres mi primer beso —confiesa Helena.
—Ah, ¿no?

No hay decepción en la voz de Justin, sino, curiosidad.

—¿Te acuerdas de las fotos del chico del hospital que estaban en mi casa? Pues fue con él... Pero nunca llegamos a... Bueno... Ya sabes...
—¿A mantener relaciones?

Helena abrió muchísimo los ojos y ahora en vez de pegarle con una almohada, lo empujó muy suavemente con la mano.

—¡Me refería a besos más intensos, con lengua! ¿¡Cómo que mantener relaciones!? ¡Éramos unos críos y enfermos! —se exalta muy nerviosa.
—Está bien, lo entiendo, perdón —dice riéndose Justin—, perdóname. No quería incomodarte, es sólo que es muy divertido ver cómo te pones de nerviosa. No voy a insistir en el tema porque eras muy pequeña pero también quiero que entiendas que por muy enfermo o discapacitado que estés, eres una persona con derechos reproductivos y a tener una vida sexual activa, si la persona quiere claro. No digas que tú y el chico ese eran enfermos... Eso me da igual, podías haber hecho mil cosas...
—¿Puedes parar, por favor? Quiero decir, entiendo por dónde vas, pero sinceramente... Ahora que estoy mayor estoy lista para aprender a besar bien.
—Como adultos —se vuelve a reír Justin.
—Sí... —por fin lo mira.

Justin sonríe y se acerca suavemente a ella. Le da un beso muy leve en los labios y la vuelve a mirar a los ojos.

—Hoy que te he besado —dijo Justin bajando la voz—, ha habido un momento en el que me has atrapado el labio de abajo entre los tuyos, no sabes cuanto me ha encantado. Podemos empezar por ahí.

Justin se acercó a ella para besarla suavemente y repetir lo que ella había hecho. Atrapó su labio inferior entre los suyos y Helena sentía que se moría. Entonces ella se atrevió a hacerlo, sólo que ejerció un poco más de presión y usó un poco los dientes. Ahora era Justin quien casi se muere.

—Helena —murmura tomándola del rostro con las dos manos, para acto seguido plantarle el beso de su vida. No quería ir tan rápido pero Helena estaba esforzándose por seguirle el ritmo. Entonces Justin soltó su rostro sin dejar de besarla y la atrajo hacia él. Primero le pasó la pierna estirada por su lado izquierdo y luego la otra por su lado derecho, dejándola sentada encima de él.

La quería devorar, fue un paso más y le tomó la cintura con dos manos y las bajó hacia sus glúteos para apretarlos mientras la acercaba más a él. Entonces Justin se separó de ella para besarla en el cuello con delicadeza y bajar por su clavícula. Sus manos estaban descontroladas, a tal punto de mientras la besaba en el cuello, su mano derecha fue directamente al pecho izquierdo de Helena.

Helena da un salto por el susto y él aparta la mano inmediatamente. Y cuando se pensaba que ella ya no querría nada...

—Puedes hacerlo si no aprietas tan fuerte.

Justin besa ese pecho por encima de la ropa como una sutil promesa de futuro y le dice

—Perdóname, no pretendía incomodarte o molestarte.

Helena niega con la cabeza y él va hacia su pecho y los toma con ambas manos, uno para cada mano. Está extasiado viendo lo que hacen sus manos encima del cuerpo de Helena. La vuelve a ver, rosa, brillante, la quiere ver más así. Por su mente cruza rápidamente Helena encima de él completamente desnuda.

Suspira cerrando los ojos queriendo quitar ese pensamiento intrusivo. La vuelve a besar pero la imagen, el olor, el calor de Helena desnuda, lo ponen de los nervios. No puede pensar con claridad si mantiene las manos encima de Helena, encima de su pecho, nota su corazón, ese corazón precioso y humano que luchó por sobrevivir. Entonces Justin aparta las manos por su propio bien y vuelve a las caderas de Helena para acercarla más a él.

Al hacerlo, hay un desencadenante que hace que Justin pierda los papeles... Helena gime en sus labios muy bajito, muy despacito y casi tan desapercibido que si no hubiera estado besándola, no lo hubiera notado. Justin se alejó y la miró como diciendo: "Cómo te atreves...".

Justin estaba perdiendo el senrido de la razón a este punto. Estaba tan duro, estaba ardiendo y encima la imagen de Helena desnuda encima de él... Cerró los ojos y simplemente le suplicó:

—Déjame tocarte —murmullo.

La cara de Helena cambió radicalmente.

—Déjame tocarte por encima de la ropa —se explicó—, quiero más de ti.

Helena se asustó un poco, no iba a negarlo. Pero entonces Justin dio un paso atrás y entró en razón.

—Perdóname, Helena, no te quiero asustar... Me he motivado demasiado y entiendo que no estés a mi ritmo. Me gustas mucho y pensar en ti hace que se revele mi lado más bueno y el lado que no quiero que nadie vea, solo tú.

Helena entonces se apartó un poco de él y Justin sintió una gran vergüenza y un gran dolor porque sentía que la había asustado.

—Hazlo —murmura Helena. Se había alejado un poco sólo para darle mejor acceso a él.

Justin inmediatamente volvió a la locura previa. Ahora sus besos estaban en el abdomen de Helena por encima de la ropa. Pero sabía que así no iba a poder hacer nada, entonces se levantó enérgicamente de la cama mientras Helena lo seguía con la mirada. Rodeó la cama y se puso justo detrás de ella, se sentó en la cama y la atrajo hacia él, entonces le abrió la pierna buena para tener todo el acceso del mundo y sin poder contenerse más, hizo descender su mano. Besó a Helena desde atrás; era todo una locura. Sabía que era todo una locura enorme. A penas se acababan de dar un beso y ahora estaba tocándola por encima de la ropa... Pero es que deseaba más de ella, la necesitaba físicamente. Quería fundirse con ella, quería amarla, quería darle placer.

Helena gimió porque a pesar de ser lo más incomodo del mundo, notar la mano caliente de Justin en su zona más sensible, era posiblemente de las mejores cosas que le había pasado este año. Notaba como la mano de Justin empezaba de arriba a abajo y luego en círculos, ella apoyaba todo su peso en el cuerpo de Justin; echaba la cabeza hacia atrás y se arqueada levemente.

—Dios, Helena —gruñe Justin haciendo movimientos más rápidos.

Helena no puede más: con el calor, las nuevas sensaciones y la incomodidad de la ropa pegándose aún más... Helena toma la decisión, que no sabe si es la correcta porque una parte de ella se muere de vergüenza, pero notaba a Justin desesperado por lo mismo... Y es que desde sus caderas, toma el pijama, junto con la ropa interior y se los baja de un solo movimiento.

Justin se queda perplejo, no puede creerse lo que está pasando. Helena al ver esa reacción, a pesar de tener el pantalón por media pierna, cierra las piernas instantáneamente.

—¿Qué haces? —murmura Justin acariciando sus muslos sin querer forzarla a abrir. Tal vez se había arrepentido...
—Nada, creía que te gustaría...
—¿Hablas en serio? —Justin giró un poco su propio cuerpo para quedar un poco cara con cara—, no te quiero forzar ni presionar a nada, Helena, pero si por mí fuera, serías completamente mía ahora mismo. Necesito más de ti, tengo la necesidad de estar contigo. Mis manos tienen la necesidad de tocarte y están listas para hacerlo, hoy, mañana, pasado... O permanecer quietas para siempre si es lo que tu pides. Mandas tu sobre mis manos, mandas tu sobre mí.

Helena lo besó en los labios muy suave.

—Ahora me está dando mucha vergüenza.
—No, no, por favor. No la tengas, si quieres que te toque, yo voy a hacerlo. Si no, no lo hago. Es tan simple como eso.
—Me sabe un poco mal... Yo no te hago nada a ti.

Justin sonríe y niega con la cabeza.

—No te haces una idea de las cosas que me estás haciendo.

Entonces Justin es quien se aparta ahora mismo. Se quita la camiseta rápidamente, y después los pantalones. Helena por respeto quita la mirada pero sabe que se acaba de quedar completamente desnudo. A Helena se le acelera el corazón...

—Ahora mismo tengo vergüenza —confiesa Justin—, pienso que eres muy joven, que no te gustaré o que te puedo asustar. Así que te pido que me mires y me respondas...

Helena dirige rápidamente su mirada a la cara de Justin, nota también un leve rubor y una agitación prominente. Justin se lleva las manos al pelo de los nervios... No se puede creer que hace nada posara desnudo para todos... Y ahora una chica lo ha puesto así de nervioso.

—Cómo puedes pensar que no vas a gustar —murmura Helena apartando la mirada—, si eres increíblemente guapo y tienes un cuerpo envidiable. Yo por el otro lado...

Justin la para en seco.

—No vayas por ahí, por favor. No. No te lo permito —se vuelve a sentar en la cama y se coloca detrás de ella como hace nada estuvieron—, eres posiblemente de las chicas más preciosas que he visto en mi vida.

Helena hizo los ojos en blanco porque sabe que es mentira.

—No me hagas caras —la regaña Justin, la besa en el hombro—. Te voy a decir la verdad: Estás coja.

Helena abre los ojos y la boca y se aparta para mirarlo de frente.

—Sí, mi niña. Lo estás. ¿Y sabes qué ha significado eso? Años y años de fisioterapia. Te confieso que he visto muchas mujeres con cuerpos extremadamente preciosos naturalmente, y estoy convencido que tu serias de ellas. Pero, ¿tu te has visto, Helena? Gracias a los años de ejercicio, estas increíblemente preciosa. Estoy seguro que no te identificas con una persona atlética que se cuida, pero la pierna te ha regalado eso. Aunque tu no lo veas, tienes un cuerpo precioso que te has moldeado tú solita, sin querer. Es que mira esto, por favor.

Justin tomó entre sus dos manos el muslo bueno de Helena.

—No te ves, porque sólo ves lo malo... Pero gracias a que no puedes caminar, mira qué cosa más bonita tienes. Y esto es que a mi me vuelve loco —susurra bajando las manos por la cara interna del muslo hasta parar en su trasero—, no sabes cuántas veces he visto esto de reojo, intentaba no faltarte el respeto, pero se me iban los ojos, no podía evitarlo. Y esto de aquí... —sube las manos por el abdomen—, madre mía... Necesito que entiendas que no eres sólo una persona con la pierna mala... Necesito que veas toda la fotografía: eres increíblemente atractiva, tu no te ves, sé que no lo ves, pero no eres sólo una niñita débil, delgada y sin ningún tipo de atractivo... Eres una mujer con unos músculos envidiables en las piernas, un culo precioso que me muero por tocar cada vez que veo y...

Entonces Justin la mira a la cara.

—Y con esta cinturita que me encantaría mantener entre mis manos siempre... Y... Y esa cara tuya —se ríe—, tu cara es absolutamente una locura...

Nota el nerviosismo de Helena.

—No pienses mal, Helena. Te estoy adulando e indicando todas las cosas que disfruto de ti. Tienes una cara... Me vuelves loco. Necesito que entiendas que no eres cualquiera, que no me gustas en vano. A pesar de que tu ves la gran limitación en tu pierna... Yo veo una mujer que deseo con todo mi cuerpo y mi alma y mi mente... Y todos los motores que en mí puedan mover algo.

Justin la besó en los labios, a pesar de que se había calmado de la extraordinaria excitación anterior, todavía ardía por ella. Tenerla así, semidesnuda... No sabía ni cómo se estaba conteniendo.

Justin fue directamente a su cuello y cuando creía que ahí iba a quedar la cosa, tímidamente, Helena abrió la pierna buena, dejando estirada la otra, y se acomodó en la cama suspirando.

—Puedes...

Justin sonríe y después de besarla suavemente dirige una mano lentamente a la zona más sensible de Helena. Ve como ella aparta la mirada y ve cómo luchan dentro de ella la vergüenza y el deseo. Justin baja la mano suavemente y llega a su destino, Helena suspira echando todo el aire acumulado mientras Justin simplemente explora. Helena cierra los ojos echando la cabeza hacia atrás cuando empieza con los movimientos circulares. Claro que ella anteriormente había probado a hacerse cosas a ella misma, pero la mano caliente y pesada de Justin, la estaban haciendo sentir como nunca.

—¿Así? —pregunta Justin con voz baja.

Ella asiente mientras él sigue e incluso se permite aumentar el ritmo. Helena gimotea suavemente echando la cabeza hacia atrás, al hombro de Justin, él la sostiene para que no se mueva y seguir por dónde él sabe. Helena empuja su cuerpo hacia la mano de Justin, él nota esto y la sostiene más fuerte y aplica las presión. Helena vuelve a gemir volviéndolo completamente loco.

Entonces cuando menos se lo esperaban, suena la puerta de la habitación de Helena. Justin aparta las manos violentamente mientras su mirada se dirige a la puerta.

—¿Helena? —pregunta alguien desde fuera.

Helena se muerde el labio mientras en silencio se viste. Justin por su parte, mantiene la calma y al levantarse toma su ropa y se dirige al baño.

—Helena, soy Leo.

Si no fuese porque sabe que Helena está intentándolo con él, se cabrearía muchísimo al saber que un alumno está buscando a una alumna a estas horas.

Helena con las piernas temblorosas todavía, va hacia la puerta. Le dirige una mirada furtiva a Justin en el baño, a oscuras y entonces abre. La luz la ciega y ella entrecierra los ojos.

—¿Todo bien?
—Sí —dice Leo—, bueno no... Hay un ataque de asma arriba... Y no sabemos dónde está el profe.

Justin cierra los ojos y aprieta los dientes, se siente la peor escoria del mundo. Está muy emocionado con Helena pero no puede olvidar sus responsabilidades...

—No me digas... —murmura Helena.
—De casualidad, ¿no sabes dónde está?

Entonces literalmente Helena nota en su vista periférica una cabeza rubia a su izquierda. Mira al lobby del hotel y ve a Justin tranquilamente leyendo el periódico sentado. Rápidamente mira al baño, SIN VENTANAS, y mira otra vez a Justin.

Helena apunta a Justin con el dedo sin poder decir ni una palabra. No se puede creer lo que acaba de pasar.

—Profe —dice Leo trotando hacia él—, perdone que lo moleste, intenté buscarlo en su habitación... Pero no estaba y no sabíamos dónde podía estar.
—No pasa nada —dice Justin levantándose—, dime, ¿en qué te puedo ayudar?
—Anna está teniendo un ataque de asma.

Pasan por enfrente de la habitación de Helena, con Helena pasmada en la puerta todavía...

—Buenas noches, Helena —dice Justin—, vuelve a la cama, es muy tarde.
—Perdona por despertarte, Helena —dice Leo.

Helena no sabe qué decir así que simplemente cierra la puerta y mira toda la habitación. Entonces se toca... Literalmente se pasa las manos por todo el cuerpo para saber si estaba loca y se está imaginando una historia con el profe que nunca ocurrió...

Va a la cama y se mete en ella mientras no la abandonaba el pensamiento de que tendría que ir a psiquiatría... Pero al meter la cara entre las almohadas, puede sentir su olor. Nota ese olor... Su olor favorito. ¿Y si de verdad estaba loca y lo estaba imaginando?

Un mensaje de texto la despejó de todas sus dudas.

"Volveré tan rápido como pueda a terminar lo que dejé a medias".

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