capítulo 10.
Capítulo 10
Helena no se acuerda ni a que hora volvieron y cómo volvieron. Sin embargo tiene un brazo pesado y grande a su alrededor. Jadea echándose para atrás mientras intenta espabilarse, afuera alguien toca su puerta con insistencia.
—Helena, ¡joder! —vuelven a gritar.
Helena entra en pánico al ver el panorama: tenía a un hombre enorme prácticamente encima de ella, ambos con la ropa de ayer, y el hombre no se levantaba.
—Justin —dice insistentemente pero bajito—. ¡Justin! —lo mueve.
—¿Eh? —dice soñoliento—. Un poco más por favor... —la abraza tan fuerte que Helena se queja.
—¡Helena! —gritan mientras tocan la puerta.
Justin levanta la cabeza con los ojos súper abiertos. Se levanta con la agilidad de un gato y mira a Helena.
—Abre la puerta —ordena.
—¿Y tú? —dice Helena un poco asustada.
—¡Abre! —ordena. Helena se levanta como puede y cojeando casi cae encima de la puerta.
—¡Helena! —grita Karen y Leo desde afuera—. ¡madre mía Helena, date prisa que vamos muy tarde! ¿Y vas con la ropa de ayer?
—¡Qué miedo dais! —chilla Helena al ver que lo dicen todo al mismo tiempo—. Estaba muy cansada y me he ido a dormir así, lo siento mucho.
—Encima el profe no aparece —dije Karen suspirando.
—¿Habláis de mi? —dice alguien desde el pasillo.
Helena abre los ojos como nunca y saca la cabeza para ver a Justin con ropa limpia y en total impecable.
—Pero... —murmura y mira hacia atrás para deducir que sin duda se fue por la ventana pero eso no explicaba que le diera tiempo a pasar por dentro del hotel, subir hacia su habitación y sobre todo cambiarse y parecer que se dio una ducha de media hora.
—Helena, ¿no estás preparada?
—Lo... Lo siento...
—Tienes media hora —dijo—. Chicos, dejad a Helena en paz para que se prepare.
Los chicos asienten y se van. Helena suspira y asiente para intentar cerrar la puerta.
—Eh —murmura—. ¿Has dormido bien?
—Sí —asiente.
—Prepárate con calma, haré algo para distraerlos.
—Gracias —sonríe.
Justin extiende una mano y le pellizca una mejilla.
—Voy... voy a cambiarme —dice nerviosa.
—Sí, no te preocupes.
Es Justin quien cierra la puerta y Helena empieza a cojear con prisa hacia el baño y entonces de pronto abre la puerta y se ve un baño de hospital... Suspira y masculla:
—Tiene que ser una puta broma.
—
Media hora después, tal y como acordaron, Helena sale precipitadamente de la habitación. Todos están tomando sus cosas y saliendo por la puerta del hotel. Helena suspira y empieza a andar con la multitud.
—Gracias —le vuelve a decir al profesor. Justin asiente y la ayuda con la mochila. Helena sube con dificultad y cuando por fin se sienta se lleva las manos a la cabeza por lo estresante que ha sido esa .
—De nada —sonríe—. Nos queda un rato para llegar al destino... Se me ocurre algo que puedes hacer mientras tanto.
Helena frunce el ceño y ve que le extiende una cajita de plástico. Helena la abre confusa y se encuentra tres panqueques con fresas, arándanos y chocolate. Helena hace un ruidito irreconocible que hace carcajear a Justin.
—Come —le ordena, se levanta y el asiento le deja un zumo de mango.
—Muchas gracias —sonríe poniéndose el zumo en la mejilla por lo frío que estaba.
—Vale chicos, prestad atención —llama su atención—. Ya sabéis lo que toca hoy —todos asienten—. Vamos a subir el equivalente a 37 pisos.
Helena casi se atraganta y mira a la ventana fijamente... Esto te pasa por irte de viaje sin ni siquiera verte el programa, se riñe a sí misma. Hoy tocaba subir al Partenón... Helena mira apenada su pierna y le empieza a entrar el nerviosismo. Sigue comiendo a pesar de que ya se ha quedado en silencio.
Cuando llegan cerca de la zona, ya ha terminado y lo que hace es mover la pierna buena con tremendo nerviosismo.
—Vamos chicos, todos abajo.
Todos bajan correteando mientras Justin se queda a ayudar a Helena que es la única que baja por la parte de adelante. Agradece el desayuno y se aproxima rápidamente a Karen y Leo.
—Joder —se queja Anna—. Hay mucha cola.
Justin no habla y espera sabiendo sus intenciones.
—Estaríamos aquí muy pronto si Helena hubiese estado puntual —dice mirándola.
—Vaya par tiene —murmura Karen—. Mira que decírtelo a la cara y enfrente de todos.
—Helena los tiene más grandes —dije Leo—. Ahora vas a ver cómo la corta.
—¿Insinúas algo, Anna?
—No —dice—. Estoy diciendo los hechos. Hubieras estado a la hora pero quién sabe a qué hora te fuiste a dormir. ¿Te crees que somos tontos y no nos dimos cuenta que el Profe estaba haciendo tiempo para ti?
—Bueno pues tu problema no deberías hablarlo conmigo —dice Helena suavemente—, lo tendrás que hablar con tu profesor.
—Helena tiene razón —dice Justin adelantando al grupo—, si tienes alguna queja tendrías que decírmela a mi.
Justin va directamente a la taquilla sin pasar por la cola. Le dan las entradas y Grace, que parece ser una defensora fiel de Helena, le dice:
—¡Te estás quejando por nada! Solo porque le tienes envidia a Helena y nunca podrás ser como ella.
Todo el grupo avanza y hacen fila para que Justin les vaya dando una entrada por persona. Grace le saca la lengua a Anna y se une al lado de Helena. Helena se ríe mientras que Karen y Leo también van del lado de Helena. Leo, que era escritor y dibujante de manga, decidió crear un capítulo más y titularlo: "El triunfo de Helena".
—
Helena estaba de pie mirando la cima.
—Ni de broma voy a ser capaz de subir hasta allí.
—Claro que sí —dice Justin. Helena retiene el paso y mira con una pena infinita a Justin.
—De verdad que no voy a poder... Ayer caminamos un poco y no soportaba la pierna...
—Ya, pero veníamos de un viaje y cambios de temperatura... Hoy te acabas de despertar, vas a poder subirla.
Si tan solo supiera que con las escaleras de su casa ya notaba la fatiga y el cansancio. Y sobre todo el dolor... Nunca se iba... Nunca se acababa.
Los demás se detienen cerca de Helena para enterarse de la conversación.
—Yo espero aquí abajo —dijo dando una solución.
—¿Y has venido hasta Atenas para luego no ver el Partenón? —la regaña Karen.
—Es que... No sabía que estaba tan alto...
—Pues imagínate la vista —dice Leo.
—¿Eso es de Hannah Montana? —se ríe Karen.
—Chicos por favor, continuad, no quiero seguir dando problemas... os espero aquí sin moverme.
—No, Helena —dicen más compañeros—. Queremos que subas con nosotros.
—Gracias chicos pero mi pierna... No quiero suponer una carga.
—No lo eres —dijo Susan con una enorme sonrisa—. Hemos venido a pasarlo bien y a aprender y no nos sentiríamos cómodos sabiendo que te quedas aquí.
La mayoría asiente.
—Tengo una idea —dice Karen—. ¿y si Helena es la que lleva el ritmo? Que vaya ella adelante y los demás atrás por si pasa algo.
—Karen...
—Cielo, yo estoy en este viaje por ti, así que tú vas a subir ahí conmigo.
Helena sonríe y suspira.
—¿Y si me canso y no puedo más?
—Te puedo llevar yo —dijo David, el deportista del salón, todos lo miraron y él se sonrojó para después negar con la cabeza—, solo si tú quieres claro.
—Pero no pasa nada —sonríe Leo.
—No quiero ser molestia de verdad...
—Voy a ir a tu lado —dijo el profesor—. Si te falta una pierna, yo tengo dos para ti. Apóyate en mi.
Helena le dedicó una dulce mirada mientras asentía.
—Gracias, a todos —dijo Helena suspirando y viendo el camino que le quedaba por delante.
Justin la tomó del brazo y miró hacia atrás.
—¡Vamos, chicos! —dijo con una sonrisa inmensa.
—
Hubieron varios momentos de duda y sobre todo de sobrecarga pero cuando por fin dislumbraban los últimos escalones, Helena no podía más. Las piernas se le torcían y a veces necesitaba apoyarse en algún sitio para descansar. Los turistas veían con curiosidad a la pequeña chica coja y sudorosa que intentaba superarse a sí misma.
—Helena —le dijo Justin—. No queda mucho, si vas por el sol... Sin duda te sentirás mejor.
—¿Desde cuándo ir por el sol me hará sentir mejor?
—Confía en mi.
Helena se levantó a duras penas con toda la fuerza posible y entonces fue directamente al sol. Fue como un chute de adrenalina porque empezó a andar a muy buen ritmo, más del que habían tenido en todo el trayecto. Entonces Justin sonrió y se mordió el labio siguiéndola.
—¡Mirad! ¡Lo va a conseguir! —gritó Karen.
Los demás empezaron a vitorear y a aplaudir. Todos empezaron a corear el nombre de Helena motivándola a llegar hasta el fin.
Justin se quedaba a una distancia prudente solo para asegurarse que no le pasara nada en caso de que perdiera el equilibrio o empezara a doler.
Helena caminó a paso seguro con sus últimas fuerzas y todos expectantes ante la pequeña Helena cruzando por los propileos, las grandes puertas de la cuidad sacra de los dioses.
Justin levantó el móvil y no pudo evitar hacer una foto. Sonrió y continuó andando y de pronto Helena se detuvo.
Se dio la vuelta y miró todo lo que dejaba atrás con los ojos llorosos para los más atentos. La vista era preciosa y sobre todo lo más bonito eran sus compañeros con grandes sonrisas mirándola.
Entonces con paso decidido dio sus últimos pasos y llegó a la cima. Sentía que había dominado el mundo y sentía que había superado esto aunque... Aunque sí lo pensaba su pierna empezaba a resistirse.
Todos llegaron a felicitarla mientras algunos adelantaban y entraban en el monumento y otros como Justin se quedaban cerca porque sabían que algo podía salir mal.
—Te dije que ibas a poder —dijo Justin.
—No sé ni cómo sigo viva —murmura—. Mi... Mi pierna...
—¿Quieres un analgésico?
Helena asiente.
Justin busca en la mochila unas pastillas y le pasa una botella de agua y una pastilla. Helena se la toma sin cuestionar y suspira.
—Lo hiciste increíblemente bien, Helena. Eres una campeona. Nada puede pararte.
Helena sonrió mirando hacia abajo deseando que fuese verdad.
—Ahora tendrás que bajar —sonríe Justin dandole una palmadita en el hombro.
Helena casi se atraganta.
—
—¡Juntaos con vuestra pareja! —grita Justin.
Todos se juntan y Helena queda sola, así que va con Karen.
—El trabajo empieza desde ya. El primero que quiero que me hagáis en grupo es muy sencillo: elegid una obra literaria que haya tenido una escena en este lugar. Somos 12 grupos, si podéis elegir de distintas épocas, sería muy interesante ponerlas de forma cronológica. Necesito que hoy justo a las 20:00 me entreguéis un papel con los integrantes y la propuesta de trabajo. Un párrafo solamente.
Karen y Helena se miran.
—ARISTOFANES —dicen a unísono. Se ríen mientras todos las miran—. LA ASAMBLEA DE MUJERES —vuelven a decir.
—Muy buena elección —dice Leo.
Helena le sonríe al Profe buscando su aprobación, asiente levemente y eso le da la clave a Helena para trabajar.
—Vale chico, necesito que me enseñéis vuestros relojes —dijo Justin—. os voy a citar a todos aquí otra vez y bajaremos directos al museo donde podéis ir pensando el trabajo final que tenemos que hacer en el Olympus.
Todos asienten mientras ponen alarmas.
—Sin más —dice—. Disfrutad del Partenón.
Todos corretean muy felices y se dispersan por la zona. Helena, Karen, Leo y Grace se dirigen directos hacia el Partenón.
—¡Lo que me gustaría entrar! —dice Helena.
Eso es imposible, nadie puede entrar al Partenón. Helena suspira mientras caminan lentamente y van escuchando a otros turistas. Fue una muy tranquila.
Cuando vuelven y Justin los está contando, y Leo habla entretenidamente con Helena.
—Me encantaría volver —alega Helena mientras empiezan a andar despacio hacia la salida.
—
Durante la visita al museo, Helena iba tomando nota de todo lo que veía para luego buscarlo en Google cuando volviera a Canadá. Estaba muy relajada mientras con calma tomaba notas y notas.
El museo estaba casi vacío, probablemente eran los únicos que estaban por ahí a esas horas. Y sobre todo la zona en la que estaba Helena, estaba desierta.
Estaba justo en el recopilatorio histórico de los hallazgos arqueológicos en Grecia en general, eran fotografías antiguas de los arqueólogos cuando encontraban alguna escultura o algún templo. Estaban en blanco y negro y apenas se distinguían.
Helena andaba de izquierda a derecha suavemente observando las fotografías, con la pierna coja y el bolígrafo dando golpes en la libreta. El ruido de fondo estaba muy lejano y lo único que escuchaba era el aire acondicionado que luego iba a afectar a sus huesos cuando el choque de temperaturas se produjese.
Todo en silencio... Todo en calma. Pero de pronto la pierna se le traba, tal vez por el frío del aire acondicionado o porque ya llevaba varias horas sin trabarse. Tiene que retroceder mientras da saltos sobre la pierna buena y se sienta en el banco más cercano.
Hace lo posible para estirarse la pierna sola y entonces hace un crack han sonoro que se asusta ella misma del eco y del ruido sospechando que la pueden echar... Por no hablar del dolor.
Entonces Helena se queja en silencio y maldice a todo el museo mientras que su pierna hormiguea y poco a poco vuelve a su estado normal.
Busca a distraerse con algo y entonces vuelve a ver los cuadros. Había una fotografía antigua de un grupo bastante grande, como de 30 personas. Todas ubicadas en tres filas y por altura. Estaba en blanco y negro y en inglés ponía: "Equipo arqueológico de la Universidad de Atenas, 1943".
Helena se levanta a duras penas porque sabe que si esta mucho tiempo sentada luego no iba a ser capaz de levantarse. Entonces se acerca a las fotografías pero parece que esa de 1943 ha llamado poderosamente su atención. Da un rápido repaso a todos los jóvenes y entonces cuando cree que ha visto algo...
—¡Helena! —dice Justin con cierto nerviosismo.
Helena dirige toda su atención al profesor y entonces le sonríe caminando hacia él.
—Hace mucho tiempo que no te veía, te echaba de menos —sonrió Justin.
—Estaba dando una vuelta, es un museo precioso.
—La verdad es que sí... ¿Hay un motivo especial por el que estés aquí?
—Hmmm... No, sólo estaba dando una vuelta —sonríe.
—Genial, pues vamos con el grupo que queda ya menos tiempo para irnos a comer.
Helena asiente y empiezan a andar.
Apenas Justin se separa de ella, escribe en su libreta "arqueólogos Atenas 1943".
—
Después de un día lleno de turismo, Helena está agotada. Todavía no había atardecido pero considerando que se habían levantado pronto, Justin dio la opción libre siempre y cuando dentro de los límites y siempre con el GPS encendido para que Justin supiese dónde están todos.
En general eran chicos muy responsables.
Se organizaron salidas y partidas con apuestas al poker o al UNO. Helena decidió descansar mas en su habitación.
Cuando esta en la cama quejándose por el dolor y el peso que ha tenido que soportar todo el día, de pronto suena su teléfono.
—¿Hola?
—Hola, diosa mía —murmura una voz.
Helena se incorpora rápidamente.
—¿Puedo secuestrarte toda la tarde y gran parte ?
—¿Justin? ¡Nos van a pillar!
—Lo dudo mucho... Tienes que decidirte ya si quieres ver algo muy bonito conmigo.
—¿Qué es?
—Una sorpresa. Pero date prisa por favor —dice—. ¿Aceptas esta cita?
—¿Es una cita? —se ríe con nerviosismo Helena.
—Sí —confirma Justin—. De tantas citas al medico, puede que te venga bien una romántica.
Helena se ríe y se tumba otra vez en la cama pensándolo.
—Tienes quince minutos si quieres venir conmigo.
Helena suspira y tumbada mira la maleta en una silla pensando si tenía algo que ponerse.
—¿En dónde te veo?
Escucha un ruidito de triunfo y luego un suspiro para mantener la calma.
—Sal a la puerta del hotel, te estaré esperando.
—¿Tengo que llevar algo?
—Tu maravillosa cabecita y unas ganas enormes de aventura. Con eso me basta.
Helena sonríe y entonces le confirma:
—De acuerdo, en quince minutos te veo.
—Ni uno más, ni uno menos —le dice Justin.
—Ni uno más, ni uno menos —repite ella.
Cuelga el teléfono y se pone las manos en la cabeza. Piensa: joder Helena, estás jugando con fuego y te vas a quemar... Pero es inevitable. Se sienta en la cama y se queda mirando al suelo... Entre sus dedos está el colgante del sol, de Apolo.
Desde el primer día te sientes inevitablemente atraída hacia él. No de forma romántica ni sexual... Simplemente hay una fuerza superior que no puede explicar que la jala hacia él, siempre la lleva hacia él.
—
Helena sale quince minutos después de haber hablado con Justin, quien la mira desde el interior de un coche y piensa: tan puntual como siempre.
Entonces enciende y apaga las luces para llamar su atención. Helena ve el coche y se acerca en silencio, sin querer llamar la atención. Lleva una pequeña blusa verde y unos pantalones azul claro. El verde le sentaba tan bien...
Justin sale y le abre la puerta del copiloto tan nervioso como un adolescente que sale por primera vez con la chica más guapa de todo el instituto. Helena entra y él cierra despacio la puerta. Trota hacia el otro lado y la mira por fin.
—Tenemos exactamente 45 minutos para llegar —dice Justin.
—¿A dónde vamos?
—Ya verás, Helena. Espero que te guste.
Entonces Justin se pone a conducir. Vale, cuando conducía en Canadá, era genial, parecía tan atractivo y tan concentrado con una precisión y un talento digno de alguien que lleva conduciendo décadas. Sin embargo esos es Grecia, aquí la gente conduce como loca. Y Justin no se quedaba atrás.
Helena iba apretando las manos contra el asiento cuando alguien se cruzaba o aceleraba pero Justin parecía ir muy tranquilo.
—¿Estás muy cansada? —pregunta tiernamente Justin dirigiéndole una dulce mirada.
—Un poco —dice Helena pensando MIRA HACIA ADELANTE.
—¿Y tú pierna? ¿Qué tal está?
Entonces Helena jadea cuando quita la mano del cambio de marchas y se la pone encima de la pierna.
—¡Perdón! —dice Justin rápidamente—. Yo solo...
—No pasa nada —dice Helena.
YO SOLO SOY EL DIOS DE LOS MÉDICOS Y PUEDO SENTIR TU DOLOR... Quería saber si sentías dolor...
Al principio podían empezar con charlas incómodas pero luego... No había quien los parase. No había manera que alguien pudiera interrumpir esa conversación tan amena.
Entonces Helena jadea cuando ve que están al lado de la Costa, la playa está ahí y está preciosa y azul y...
—¡Qué bonito! —dice emocionada.
—Entonces sí te va a gustar el destino —dice Justin convencido.
Justin aparca el coche en un sitio lleno de colinas, Helena no entiende muy bien. Ve a Justin salir con prisas y ella hace lo propio. Justin la toma de la mano y empiezan a andar con cierta rapidez. Llegan a una especie de restaurante y hay un hombre esperando... Hablan en griego... Entonces los deja pasar de la entrada del restaurante a la parte de atrás.
Justin espera y le dice: ¿Estás lista?
Ella ya no sabe qué esperar y de pronto... Justin abre la puerta.
Fue un acto casi reflejo que Helena casi se pone a llorar. Mira el cielo, está de tonos rojos, naranjas y rosas, de fondo, el mar... Y lo más bonito del mundo, un templo en perfecto estado dando hacia el mar.
—Bienvenida al templo de Poseidón —dice Justin.
—Esto es una preciosidad —dice Helena.
—Vamos a ver el atardecer desde allí —señala Justin el templo.
—¿Pero se puede entrar?
—Puedes hacer lo que sea cuando eres fan persuasivo como yo —se burla Justin.
Ambos caminan y el hombre de antes les quita las cadenas y tienen acceso completo al templo. Hablan en griego otra vez y Justin parece muy agradecido. Entra y suben unos cuantos peldaños.
—Vamos a sentarnos por aquí —dice Justin.
Se sientan frente al templo, con el mar y el atardecer de frente. Es una vista de ensueño, parece sacada de un libro o una película de anime.
Y el silencio... La paz... La compañía... Todo era perfecto. Helena apoya suavemente la cabeza en el hombro de Justin y Justin apoya dulcemente la suya contra la de ella.
Entonces nota un sollozo de ella y dice muy suave:
—¿Qué ocurre, bichito?
—Es que estoy tan feliz de haber venido que me produce pena pensar en la Helena que se hubiera quedado en Canadá...
No hicieron falta más palabras.
—
Cuando el atardecer había caído, Justin la toma de la mano y se aproximan al templo.
—Mi historia favorita es que en este templo Lord Byron puso su firma en una de las columnas.
—¿Es en este?
Justin asiente y a lleva a la columna exacta y ahí está el nombre del poeta inglés. Helena sonríe y mira a Justin con gran ilusión.
Levanta dos dedos y los besa para luego posarlos sobre el nombre.
—Gracias por todo lo que hiciste por Grecia —dice Helena—. Gracias por intenta salvar a los dioses del abominable clima boreal inglés.
Justin sonríe... No podía pedir más. Aprieta la mano en el hombro de Helena y suspira.
—Aunque seas un pervertido —dice Justin.
—Aunque seas un cerdo —dice Helena.
Ambos se ríen y caminan despacio hacia el restaurante. Está vacío por ahora y es Justin quien se despide y emprenden marcha otra vez a la ciudad.
Helena comenta:
—Ha sido precioso —dice suavemente—. Tengo muchas ganas de irme a dormir —se estira.
Justin se ríe con una carcajada limpia y le dice:
—¿Dormir? Si el tiempo es oro, dormir es el mayor derroche.
Helena miró hacia adelante sabiendo que igual que anoche... Dormiría muy poco.
—
Era ya de noche cuando llegaron a Atenas y Justin aparca en el centro de la ciudad. Él se baja y la ayuda a bajar del coche.
—¿A dónde vamos? —pregunta.
—Vas a matarme —murmura con una sonrisa adorable.
Entonces empieza a caminar junto con ella. Helena ve hacia donde se dirigen.
—No —murmura.
—¡Madre mía siempre con el no en la boca! —se queja Justin—. Deberías empezar a ver todo de manera más positiva.
Caminan hasta un sitio donde hay un chico esperándolos.
—¡Justin! —grita y se le tira encima en un abrazo—. ¡Te echaba de menos!
—Eh... Vas a hacerme daño —se ríe Justin abrazándolo.
Dirige su vista hacia Helena entonces dice en griego:
—Huy, es preciosa.
—No digas eso enfrente de ella si no puede entenderte —lo regaña dándole toques en el estomago para que le hiciera cosquillas.
—Perdón, estoy muy feliz de verte —vuelve a abrazarlo.
—Helena —dice por fin en inglés—. Este es mi hermano, Hermes.
—¿¡Como el dios!? —jadea Helena echándose para atrás.
—Sí, muchos griegos se llaman como dioses —dice Hermes—. Y muchos nos parecemos a ellos.
Justin le da un golpe en el brazo y los tres se ríen.
—Encantado, Helena. Mi hermano es un pelmazo, no sé cómo lo aguantas.
—Cállate —dice Justin.
—Seguidme por aquí.
Helena y Justin caminan detrás de Hermes entre la oscuridad, había muchos olivos y apenas podía distinguir algo tal y como lo había hecho por la mañana.
—Justin no puedo subir otra vez —dice Helena—. He tenido que tomar pastillas por mi pierna...
—No te haría eso —murmura Justin tomando la mano de ella y besándola.
—¿Podemos estar aquí?
—Probablemente no —contesta Hermes—. Pero la vida humana es muy corta como para desperdiciarla pensando en qué es legal y qué no.
Helena se ríe y dice:
—La voy a desperdiciar en prisión por estar aquí.
Ellos habían entrado al Partenón por la izquierda, pues justo detrás, hacia la derecha, estaban los andamios que utilizaban los trabajadores para subir de forma más segura y rápida.
Aunque lo de segura...
Hermes hace que se suban a una grúa y lo siguiente que hace es asegurar a Helena y a Justin con cinturón y Helena toma la mano de Justin con nerviosismo.
—Avísame cuando queráis volver —dije Hermes—. Lo tenéis disponible solo para vosotros y por favor no destruyas nada Helena.
—Lo intentaré...
—¡Buen viaje!
Le da a un botón y empiezan a subir como si fuese un ascensor. Helena jadea pero se sostiene a Justin para no perder el equilibrio. Mientras más subían, la vista se hacía más perfecta, mientras más se acercaban al destino, eran iluminados por la ciudad nocturna.
—¿Por qué haces todo esto por mí? —murmura Helena.
—También lo hago por mi —susurra Justin—. No hay nada que me satisfaga o me haga más feliz que estar contigo y hacer estas cosas en mi sitio favorito de todo el mundo.
Helena guarda silencio mientras mira al horizonte, al mar.
—Ojalá pudiera hacer todas las cosas de este mundo contigo —susurra Justin—. Y esta que voy a hacer contigo... Puedo asegurarte que nadie la ha hecho en mucho tiempo.
Helena sonríe levemente y cuando por fin llegan, no suelta a Justin hasta tocar tierra firme.
Por fin tiene de frente el Partenón.
La misma luz de la noche y el cielo despejado son quienes los iluminan. Justin la dirige hasta la zona de acceso. Helena suspira sabiendo que va a ser muy feliz dentro de poco ya que ningún ser humano normal puede vivir esto nunca.
Helena camina suavemente y cuando entra... Lo primero que le viene a la cabeza es el frío... El mármol conserva muy bien el clima, entonces empieza a andar mirando hacia arriba deslumbrada por la magnitud del monumento.
—¿Te gusta? —pregunta Justin.
—Me encanta —dice muy emocionada.
Helena se detiene de pronto.
—¿Sabes? Durante mi vida he conocido a varios educadores privados que de ve en cuando venían a mi casa para ver si mi nivel era el correcto, normalmente eran del Olympus...
—¿Sí?
—Sí —Helena camina entre las columnas del Partenón—. ¿Y sabes qué pasa con ellos?
—¿Qué ocurre?
—Que son normales. Justin, ¿quién eres? —jadea Helena mientras Justin frunce el ceño.
—¿Perdón?
—Sí, ya ves la casa que tienes, la ropa que llevas, los coches que conduces, pudiste hacerte cargo prácticamente de los gastos de 24 personas de un viaje desde Canadá a Grecia y encima con hoteles buenos y comida exquisita. Tienes conocidos en todos los sitios y tu hermano.... Tu hermano recién aparecido tiene acceso al Partenón que probablemente es el sitio más seguro de toda la cuidad. Por no mencionar todo lo que nos espera en islas lujosas como Santorini o la isla de Delfos. Justin, ¿Quién eres?
Justin se rasca la cabeza confundido y le pregunta:
—¿Estás cuestionando el origen de mi dinero?
—Tal vez —dice.
—Bueno mi familia ha acumulado muchas riquezas durante toda su vida y a mí por suerte me corresponde...
—Pero —lo interrumpe—, con tu edad o con tu sueldo de profesor... No sé Justin.
—¿Qué edad te crees que tengo?
Helena entonces retrocede entrando en conflicto pensando en todas las posibilidades.
—Treinta y... —propone—. ¿No?
—Alguno más. Parece que quieres que te diga que soy algún tipo de narcotraficante o algo así.
—No exactamente pero es normal que me lo pregunte, ¿no?
—Sí, tienes toda la razón. Pero hasta donde yo sé, que lo sé todo, mis cuentas son legales, absolutamente todas, sin excepción. Y sobre todo es eso, Helena. Tengo once hermanos.
—¡Once! —jadea.
—Y alguno más... Mi familia es muy muy grande, descomunal... Y yo la amo con todo mi corazón. Sin embargo mi padre es un hombre muy duro y ha hecho mucha fortuna y sigue generando. Soy muy afortunado... Y luego yo he hecho más cosas, Helena. No he parado ni un solo día.
Helena suspira un poco nerviosa.
—¿Ni un poco? —murmura.
—Ningún día. Y quiero que me conozcas para que tú les des la respuesta a quien soy yo.
Helena se esconde detrás de una columna con el corazón latiendo tan fuerte que siente que le explota.
—No sé si quiero averiguarlo.
Helena era muy intuitiva y ese era un pensamiento que le llevaba rondando por algún motivo desconocido desde hace mucho. Helena entonces gira por la columna y se lo encuentra de frente.
—¿Me tienes miedo? —baja el tono.
—Sí... Tú no paras ningún día y yo llevo desde el accidente sin moverme.
—Puedo parar de vez en cuando por ti. Mientras que tú estés dispuesta a seguir moviéndote por mi.
—Nunca había tenido un motivo más allá del sobrevivir —suspira Helena sintiendo a Justin más cerca. Su calor es inmenso.
—Si tú dejarás de mover la pierna... Se moriría, ¿Por qué no dejas que sea yo quien mueva tu corazón?
—¿Mi corazón? —dice Helena nerviosa.
—¿Hace cuánto que no sientes esto, Helena? ¿Te ha dado tiempo de sentirlo alguna vez si quiera?
Justin toma delicadamente la mano de ella y la coloca en el pecho de él, encima de su corazón.
—Sé que tú estás igual.
Ambos con el corazón desbocado.
—Dame una oportunidad, Helena. Y si después de eso no quieres más, no quieres sentirte así... No volveré a molestarte en toda tu vida.
Helena se muerde el labio y entonces se pone de puntillas. Justin inclina la cabeza suavemente y en el silencio del Partenón vacío, con una columna como apoyo... Justin da el paso y por fin la besa.
Sus labios se juntan y en ese momento todo el universo, incluso ellos mismos, supieron que era para siempre.
love you all pequeñas <3
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