Así como el aliento de un océano en flor
Una madrugada de octubre me interne
Mar adentro en busca del sol,
Nubarrones voluminosos y esponjosos como el algodón,
Le daban la bienvenida a un nuevo ciclo,
A una nueva estación.
Ancle mi bote en la isla de los tucanes,
Fui recibido con honores por el jefe mayor,
Aquellas aves me invitaron a su carnaval,
Me embriague con zumo de coco
Y con una gaviota baile el cha cha cha.
Luego de cien años navegando
A través de los cauces del mar del norte,
Llegue a la tierra de los gigantes de nieve.
Arribé al continente helado
Una noche invernal de borrasca y granizo,
El frío me carcomía la medula,
Los truenos enardecían el curso del océano.
Fue de esa manera que me quede dormido
Dentro de una vasta caverna,
Desperté al otro día junto a un gigante
Que con mantas de dromedario
Me había abrigado para evitar un resfriado.
Recorrí los archipiélagos hundidos bajo del mar,
Flanqueé la península de Yucatán
En busca de ese amor que nunca llegara,
Explore las colinas empinadas de Bután,
Abandone el calor de Argelia
Y me instale en un cuartito acolchado
En un barrio obrero de San Francisco.
Así pude ver a través de mis ojos de caleidoscopio
Patos submarinos con piel de terciopelo,
Militares rusos con fusiles decorados con hojas de romero,
Amantes de un futuro digitalizado
Totalmente a la lujuria cibernética entregados,
Pude ver el baile epiléptico de cien ahorcados,
Pude ver el suicidio colectivo de mil millones de ocasos abortados,
Pude ver a Buda sonreírme desde lo alto.
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