Capítulo 2
6:30 am, en alguna otra parte de la ciudad.
Sofia se encuentra frente al espejo mientras peina su cabello rojizo el cual ondea ligeramente y parece arder en medio de la habitación. Lleva un rayo en ello. Y, aunque ella no es la típica chica que dedica horas a su maquillaje-es más bien la chica que con suerte se peina por las mañanas-ha decidido que el día cuidara un poco su imagen.
-Ay no me veo mal.
Exclama justo después de darle los toques finales a su peinado y arrojar una mueca su reflejo.
-No lo creo,te ves bien sofí.
La chica da un giro y observa como un pequeño chico con mejillas llenas de pecas le regresa la mirada desde debajo del umbral de la puerta. Alex a pesar de sus escasos seis años trata de levantarle el ánimo a su hermana.
- ¿No crees que me veo mal?
- Pues no.
- ¿Seguro?
- Si estoy seguro, ¿No me crees?
- Claro que te creo pequeño diablillo.
El niño le arroja una cálida sonrisa a su hermana, la pelirroja corre a darle un abrazo al pequeño pero este sale corriendo en la dirección de la cual llego. La chica se detiene en la puerta, sonríe mientras contempla como su hermanito se aleja. Quizás ese pequeño tenga razón y es ella la que no ve lo linda que es. Gira su rostro y ve por segunda vez su reflejo: un giro a la izquierda, un giro a la derecha, posa de frente y por ultimo arroja un beso de forma algo coqueta. Sin duda alguna es hermosa, un poco más linda que la mayoría de las chicas de su edad. Pero en el fondo no se siente así. De niña siempre le dijeron que era fea y ella termino creyéndose esa mentira. Si tan solo supiera que para el chico con el que estaba hablando hacia solo unos minutos atrás ella es la mujer más bella del universo quizás no se sentiría de ese modo.
Han sido mejores amigos desde que tiene memoria, siempre ha sido como un hermano mayor para ella- un hermano mayor que la cuida constantemente- nunca le ha visto de otra forma. Aunque en los últimos meses cada que escucha la voz de aquel joven siente algo que no puede describir, algo que le acelera levemente el pulso, quizás sea porque el siempre busca una manera de fastidiarla cada vez que hablan, pero no es eso. Y tampoco quiere pensar en ello.
Sale de su habitación sin darle más vueltas al asunto, corre a tomar su mochila Herschel color negro que ha dejado sobre el sofá que se encuentra en la sala de estar. La revisa por aquello de que allá olvidado algo pero al parecer no. Se la coloca en la espalda y empieza caminar en dirección a la entrada principal, no sin antes hacer una pequeña pausa para sacar su iPhone 7 (un regalo de su anterior cumpleaños). Le conecta sus auriculares, entra a su Spotify y reproduce la canción No hay nadie más de Sebastián Yatra. Esta sin duda alguna se ha convertido en su canción favorita del mes. La tararea y se mueve al ritmo de la melodía mientras se dirige a la puerta principal.
Su madre la coge del hombro provocando que ella de un pequeño salto. Le hace señas a Sofia para que se quite los auriculares y esta acepta con gusto.
- ¿Ya has desayunado?-pregunta Elena al contemplar a su "pequeña bailar" mientras comienza a salir de la casa.
Con los años se ha empezado a convertir en una bella mujer. Y Elena no puede evitar pensar en lo rápido que ha crecido. Solo espera poder seguir viéndola así de feliz durante muchos años más.
- Má no tengo tiempo para desayunar -indica ella señalando el reloj que cuelga en la pared a su izquierda.
- ¿Pero si tiene tiempo para "bailar" en medio de la sala? -dice mientras arquea una ceja y suelta un risilla para después se cruzarse de brazos.
Su hija se sonroja al saber que su madre la vio mientras "bailaba" inintencionadamente.
- Anda vamos a la cocina, te prepare unas tostadas de pan francés y unos huevos revueltos. Y no aceptare un no por respuesta señorita- sentencio su madre justo antes de dirigirse a la cocina.
Aunque está molesta con su madre por retenerle contra su voluntad decide seguirla a la cocina. Ahí Elena ya la espera con un plato con dos huevos fritos, tocino y tres tostadas untadas de margarina: así estaba compuesto el desayuno de la pequeña Pelirroja. Se sienta en unos de los bancos de madera que están cerca de la isla que separa la cocina de la sala de estar. Se le empieza a hacer agua la boca, mientras el suculento aroma de la comida comienza a penetrar sus fosas nasales. Un pequeño rugido procedente de su estómago hace que su madre la voltee a ver.
- ¡Veo que alguien tiene hambre!- bromea Elena mientras le sirve un café a su hija.
- ¡Má!
- ¿Qué? Amor es normal que te gruña el estómago cuando tienes hambre.
- ¿Puedes parar?
- "Piojita" acaso ya no te gusta que tu madre te moleste.
Piojita. Ese fue el apodo que le puso su madre debido a la blancura de su piel, claro sin tomar en cuenta su baja estatura.
- Nop, y no lo hagas más.
- Piojita no seas asi.
- La,la,la no oigo nada - dice recostando su rostro contra la isla a la vez que tapa sus oídos pretendiendo no escuchar a su madre.
A pesar de no "oír a su madre" las mejillas de Sofia se vuelven a tornar de color rojo carmesí por la vergüenza que su propio cuerpo le ha acabado de causar.
Repite una y otra vez la frase "La,la,la. No oigo nada" mientras trata de terminar lo más rápido que puede su desayuno y así poder irse a encontrarse con Jasón.
- Ya con 17 años y aún sigue con sus niñerías. Sin duda alguna sigue siendo mi bebe- piensa Elena sin quitarle los ojos de encima a su "bebe" mientras se sirve un café para ella y unas galletas de mantequilla para acompañar su bebida.
Se sienta al lado de su hija quien ya ha dejado de hacer escándalo y ahora bebe tranquilamente su café. Disfruta cada sorbo de ese delicioso y espumo moca con caramelo que tanto se esmeró su madre en preparar. De fondo se pueden escuchar las noticias locales reproduciéndose en el televisor. Pasan los minutos y ninguna le dirige la palabra a la otra, parecen estar demasiado concentradas en sus bebidas y escuchando las noticias como para tener una plática madre e hija. De vez en cuando cruzan miradas pero de sus bocas no sale ni un suspiro. Pero no será así por mucho tiempo. Elena es la primera en romper ese silencio sepulcral que se había creado entre ambas.
- ¿Siempre te iras con Jasón al colegio? ¿O mejor llamo a tu tío para que te haga el favor de darte un aventón?
- Sí, siempre me iré con Jasón al colegio. Además ¿No le dirían nada a tío por llevarme al colegio mientras esta en servicio? Después de todo es su primer mes acá.
- ¡Qué va! Déjame y le marco.
- Por fin voy a "pasear en patrulla." Una cosa menos de mi lista de cosas por hacer.
Tanto Sofia como Elena sueltan una carcajada al ponerse a pensar en la tontería que ha Salido de la boca de la boca de la pelirroja. Son esos pequeños momentos los que estrechan su relación madre e hija, que de por sí ya es muy estrecha. Son como un par de amigas que viven juntas y disfrutan cada momento que tiene solo para ella dos.
Pasan quince minutos y ninguna de las dos parecer prestarle atención al tiempo. Pero se ven interrumpidas cuando de pronto una patrulla de policía se detiene frente a su casa y de ella comienza a salir un hombre alto, fornido y de tez morena. Golpea la puerta, no una, ni dos sino 8 veces antes de conseguir llamar la atención de las dueñas de la casa.
Sofia es la que abre la puerta y le da la bienvenida al oficial a su casa.
- Hola tío Connor, ¿Cómo estás? Oye ¡Perdona que no allá ido este fin de semana a verlos!
- Estoy bien. Pero no es a mí a quien tienes que pedirle disculpas- responde el hombre mientras estira los brazos y le da un gran abrazo.
- ¡Lo sé! Luego Hablo con Cristel y mi tía- responde ella correspondiéndole el abrazo.
La chica corre a despedirse dé su madre quien se había sentado en uno de los tres sillones que estaba en la sala. Le da un beso en la mejilla a su madre para después correr al interior de la patrulla. Connor 'por su parte entra despedirse de su hermana y aprovecha para conversar un rato con ella. A pesar de lo amena de su conversación
- ¿Tío crees que podamos hacer una pequeña parada frente a la panadería las novias?- pregunta sin darle tiempo a su tío de si quiera de arrancar el auto.
- Claro, pero pensé que iríamos al colegio ¿Acaso vamos a comprar tú almuerzo o algo así?
- Digamos que algo así.
- Bueno entonces no me queda más que seguir las órdenes de la patrona.
Sofia suelta una pequeña sonrisa que connor acata a ver por espejo del retrovisor. Entonces arranca el vehículo y comienza a dirigirse a donde le indico su sobrina.
Siete y cuarto de esa misma mañana.
Mira su reloj por tercera ven en lo que va del último minuto. Suelta un suspiro. Mira a la izquierda, luego a la derecha y... nada. No hay rastro de la pelirroja por ningún lado.
Jay ya casi llego, solo...solo espérame cerca de la panadería
Dice el mensaje que le acaba de mandar Sofia al WhatsApp.
-No jodas, primero que me apresure luego no aparece y ahora quiere que camine hasta la panadería si será...
Jasón saca el pañuelo azul que anda en sus bolsillo trasero y con cuidad se seca el sudor que le ha empezado a escurrir por la frente. Vuelve a mirar a ambos lados de la calle pero esta vez para asegurarse que ningún conductor despistado acabe con su vida. Suelta otro suspiro. Se ajusta bien su mochila a la espalda, guarda su pañuelo y empieza a caminar con rumbo a la panadería. Sigue enfadado con su amiga, de los oídos le sale humo pero él sabe que apenas la mire todo ese enojo desparecerá como el humo con el viento.
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