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Día 6: Amigos de internet

"Espero verte pronto, Mikey".

Manjiro releyó por décima vez el simple, pero tierno mensaje que recibió esa misma mañana.

Cualquiera que lo viera se reiría de la expresión boba plasmada en su rostro.

Se sentía ansioso y emocionado, y nadie podía culparlo, no cuando llevaba meses esperando por ver al especial chico que conoció en internet.

Si bien era cierto que hacer amigos nunca fue una preocupación para el Sano, —tenía los que necesitaba y con eso era más que suficiente— todos sus pensamientos se fueron al diablo cuando quedó encantado por un desconocido en internet.

Fue en una de las tantas publicaciones del "amigo" cercado de Baji, Chifuyu, dónde por casualidad o destino se encontró con la imagen de un sonriente y lindo rubio de ojos azules.

De primera instancia, no parecía ser un chico exuberante o con un rostro o cuerpo de adonis, pero sin duda había algo especial en la combinación de sus finos rasgos, el alborotado cabello rubio, los vibrantes zarcos y la deslumbrante sonrisa dibujada en sus labios. Fue amor a primera vista.

Pero Mikey no era ningún tonto, sabía que no podía aparecer de pronto en la vida del desconocido chico, clamando ser el amor de su vida, cuando el hecho era que ni siquiera se conocían o vivían en la misma ciudad. Olvidarse del rubio debía ser su prioridad.

Mas como era de esperarse, la curiosidad lo superó, y antes de que pudiera darse cuenta se descubrió a sí mismo stalkeando el perfil personal del chico; Takemichi Hanagaki, ese era su nombre.

Al principio fue divertido ver todas sus publicaciones, desde las más recientes hasta las más antiguas. Takemichi parecía ser un chico divertido y tonto, lo que le valió la atención de Mikey, pero si hubo algo que resaltó en la red social del ojiazul eran la gran cantidad de fotografías que tenía publicadas. Muchas de las cuales fueron a parar a la galería personal de Manjiro.

Para mala suerte de Mikey, Takemichi era un chico demasiado lindo y difícil de olvidar, por lo que sus planes pronto fracasaron. Pero pronto una idea se formó en su mente; si no podía olvidarlo, se encargaría de tenerlo.

Acercarse al Hanagaki no fue sencillo, el ojiazul era renuente a conocer a un desconocido por más conocido de su amigo Chifuyu que fuera. No descartaba que se tratara de un loco obsesionado con molestarlo o un simple tonto que quisiera reírse de él.

Pero ni los intentos por ignorarlo o alejarlo fueron suficientes para ahuyentar a Mikey. Muy por el contrario, Manjiro no dudó en investigar los gustos de Takemichi, todo para poder entablar una conversación con la que pudieran acercarse. Porque rendirse no era una opción, lo quería y lo tendría.

Cada acción no pasó por alto para el Hanagaki, siendo suficiente para conmoverlo y hacerlo bajar la guardia. Se permitiría conocer al insistente Sano.

Y cómo en cualquier historia de amor, el resultado final de todas sus largas conversaciones y llamadas terminadas hasta altas horas de ella madrugada fue el cariño creciente en sus corazones. Era abrumadora la sintonía con la que se entendían.

Fue así como, no soportando más la lejanía, decidieron que era el momento adecuado para verse frente a frente.

Mikey no desaprovechó la oportunidad y propuso que su encuentro fuera en Tokio, su ciudad natal, mientras que Takemichi, como el buen chico que es, no pudo más que aceptar aquella petición.

Ambos chicos acordaron que el lugar de su primer encuentro sería una de las estaciones del tren, y el Sano sería el encargado de recoger al Hanagaki. No se permitiría perder un minuto más lejos del que estaba seguro, era la persona que cambiaría su futuro y su vida.

El sonido estridente del tren, aproximándose, resonó en los oídos de Mikey, sacándolo de sus pensamientos.

Fijó su mirada en la pantalla que anunciaba la llegada y salida de los trenes. Takemichi llegaría en cualquier momento, lo que aceleró los latidos del Sano.

Esperaba con la misma emoción que lo haría un niño pequeño que sabe que tendrá su regalo de navidad al despertar por la mañana.

Al fin tendría frente a él a su tan preciado amigo Takemichi. Después de tanto tiempo esperando podría verlo directo a los ojos, percibir su olor y sentir la calidez de su cuerpo.

Los ojos oscuros brillaron con ilusión cuando, a lo lejos, logró vislumbrar la figura del rubio que tanto anhelaba.

El cuerpo de Takemichi reaccionó ante la sensación de verse observado, así que al buscar al responsable de aquello, su pecho rebozó de emoción cuando el azul y el negro de sus miradas se encontraron.

—¡Mikey-kun!

Como si se tratara de una mítica sirena, Manjiro quedó hechizado al escuchar la voz de Takemichi llamarle.

La imagen frente a él era mejor de lo que una vez imaginó, pues ninguna fotografía o videollamada hacía justicia a la belleza del ojiazul.

Simplemente, era la persona más hermosa que sus ojos habrían visto alguna vez.

Para Takemichi no fue la excepción. El rostro de Manjiro era atractivo, además de que los profundos y misteriosos abismos que tenía por ojos le invitaban a perderse en ese chico al que ya no podía llamar extraño. Ahora era una parte importante de su vida, una que no quería perder.

Sin querer y sin buscarlo, ese caprichoso e insistente rubio se coló en lo más profundo de su ser de manera tal que no podía ver un mundo sin él.

—¡Al fin estás aquí, Takemicchi! —Festejaba por todo lo alto Mikey, incapaz de retener su alegría, logrando llamar la atención de los desconocidos que pasaban a su alrededor mirándolo como si de un loco se tratara.

Pronto las mejillas del Hanagaki se pintaron de color carmín, acompañado de un sentimiento de melancolía que lograba enternecerlo.

—Aquí estoy, Mikey-kun. Deseaba conocerte —confesó con voz suave, dedicándole una dulce mirada.

Para Manjiro las emociones de Takemichi no pasaron desapercibidos, era como un libro abierto.

Demasiado inocente, pensó cuando envolvió el cuerpo escuálido de Takemichi entre sus brazos. Ahora sabía que cargarlo en sus brazos no sería ningún problema. Todo encajaba en su plan.

Primero, y como buen anfitrión, llevaría a Takemichi a dar un paseo por la ciudad y, con la suerte de su lado, lograría agotarlo. Lo siguiente en su lista sería llenar su estómago con comida deliciosa, hasta que finalmente, cuál caballero, invitaría al Hanagaki a su hogar ofreciéndole hospitalidad.

Conocía a su amigo y aunque esperaba su negativa en primer lugar, terminaría por ceder, tal como siempre lo hacía.

Manjiro estaba orgulloso de sí mismo, pues una vez estuviera hecho, Takemichi no podría irse nunca más de su lado.

Había encontrado su luz, y dejarla escapar no era una opción. Lo tendría con él aun si tenía que romperle las piernas en el proceso.

Pero lo que Mikey ignoraba era la afiliada cuchilla que, bajo su chaqueta, Takemichi portaba. Él también quería mantener a su gran amigo Mikey a su lado para siempre.

Al final, ambos eran una pieza rota del mismo rompecabezas.

Y así llegamos al día 6/7 🥳
Quería meter algo sombrío y al final resultó esto. Ambos desequilibrados me encantan.
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Nos vemos mañana con el último OS de la week. ¡Qué emoción! ❤️
Cuidense mucho, tomen agua y duerman bien.
Besos 💕

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