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Día 3: Flores

—¡Esto es para ti, Takemicchi!

Los zarcos brillaron conmovidos ante la angelical e inocente imagen que apareció frente a él. Un pequeño de 10 años le ofrecía, con las mejillas rosadas y una mueca decidida, un ramo con flores de relucientes pétalos dorados que sostenía con ambas manos. Se trataba de Manjiro Sano, el hermano menor de su amigo Shinichiro.

—¿Qué haces, Mikey? —La pregunta de Shinichiro irrumpió la inocente declaración de su hermano menor—. Michi y yo estamos haciendo tarea, no nos interrumpas.

Las mejillas del pequeño rubio se inflaron en descontento. ¿Qué no podía interrumpir? ¿Quién dice que no? Aun si era su hermano, no permitiría que se metiera entre Takemichi y él.

—Es grosero interrumpir una conversación, Shin-nni —respondió altivo—. Mamá siempre lo ha dicho.

El Sano mayor se sobresaltó ante la respuesta de su hermano. Ese pequeño... Lo cambió por su amigo. ¿Cómo era eso posible?

La amistad entre Shinichiro y Takemichi era de entrañable cercanía, pues desde que el azabache lo conoció supo que en el ojiazul había un espíritu digno de admirar y respetar. Por su parte, el Hanagaki veía en el Shinichiro una figura de respeto y de amabilidad como pocas personas. Era el hermano que siempre deseó.

Cómo era de esperarse y al ser tan cercanos fue cuestión de tiempo para que uno de los dos terminara en casa del otro y conocieran a su familia.

Todo iba bien entre los adolescentes, o al menos así fue hasta que, en una de las visitas del Hanagaki a casa de los Sano terminó bajo la mirada de su hermano menor, Mikey.

Al principio Shinichiro no tomó importancia de cuando el menor preguntaba por el día en que volvería Takemichi a visitarlos o si ellos podían ir a verlo. Creyó que se trataba de simple curiosidad.

Shinichiro era distraído por naturaleza, así que cuando escuchó del propio Manjiro que estaba enamorado de Takemichi es que pudo atar cabos. De pronto, todo el interés y curiosidad de su hermano por su amigo de cabello teñido cobró sentido; Mikey tenía un crush con Takemichi Hanagaki.

El pequeño Manjiro no era un chico especialmente extrovertido o que expresará con facilidad sus sentimientos; era un niño, por lo que no sería capaz de entender el amor hasta crecer, ¿no?

Shinichiro decidió confiarse de eso, sin esperar que su hermanito, aquel al que le cambió el pañal un sin fin de ocasiones, aprovecharía la visita del ojiazul para finalmente declararse.

Por su parte, Takemichi, quien no sabía lo que pasaba por la mente de su amigo, tomó con cuidado las flores y se dedicó a observarlas con detenimiento. Era un ramo de brillantes girasoles amarillos. Eran hermosas aún con algunos pétalos magullados.

—Guardé toda mi mesada para comprarlas —comentó con orgullo el pequeño rubio—. Mamá me dijo que si quería que me aceptarás tendría que enamorarte.

La determinación del pequeño enterneció el corazón de Takemichi. ¿Cómo podía ser tan dulce?

—Son muy hermosas, Mikey-kun. Muchas gracias —respondió con una sonrisa que hizo latir orgulloso y frenético el corazón de Manjiro—. Eres un chico muy especial.

Manjiro sonrió emocionado.

—Cuando crezca te casarás conmigo, Takemicchi.

El Hanagaki alzó ambas cejas ante la orden del pequeño rubio, porque si, no era una propuesta, era un mandato.

Shinichiro sólo pudo ver a su hermano con gran confusión, preguntándose de dónde había sacado el valor para pedir aquello. Ni siquiera Shinichiro se había atrevido alguna vez a confesarse.

—¿Eh? ¿Qué dices, Mikey-kun? —Cuestionó confundido Takemichi—. Aún eres muy pequeño para pensar en matrimonio.

Mikey, como era de esperarse, tenía la edad, la paciencia y la actitud de un niño, pero aún con todo eso era capaz de actuar como un adulto en algunas situaciones.

—Tú me vas a amarme y vamos a ser felices juntos —sentenció—. Sólo tienes que esperar unos años hasta que crezca.

Ante los ojos incrédulos de Shinichiro, Takemichi sólo pudo reír divertido ¿Cómo podría molestarse con el pequeño? Después de todo era un niño que únicamente conocía finales felices y era inexperto en el amor —al igual que él—.

—Manjiro, no puedes pedirle eso a Takemichi. —Shinichiro le reprendió de inmediato—. Tienes que hacerlo con amabilidad o él te rechazará.

Si no había más que hacer, Shinichiro aprovecharía la oportunidad para molestar a su amigo y ¿por qué no? También ayudar a su hermanito.

—Por eso le compré esas flores. Los girasoles significan que yo sólo tengo ojos para ti, Takemicchi —explicó con ternura—. Siempre estaré para ti porque tú eres mi sol.

El mayor de los Sano contuvo la risa al mirar el rostro de su amigo cambiar de color hasta parecer un tomate rojo.

Takemichi no prestó atención a la mueca burlona de su amigo, muy por el contrario ni siquiera la notó, porque aunque fuera de Mikey esa era la primera confesión de amor que recibía; incluso si se trataba del hermanito de su amigo no podía evitar sentir la calidez de su pecho.

—Te casarás conmigo, ¿verdad, Takemicchi? —Insistió Manjiro, al ver la expresión confundida de su amado ojiazul.

La idea de que las flores no le gustarán cruzó la mente del pequeño rubio. Para su infantil pensamiento, el único que podía ser culpable de su rechazó eran las flores, pero si eso era así no se quedaría cruzado de brazos. Sería capaz de ir a la florería y romper las ventanas por culpa de la florista y por mentirle diciendo que nadie se le resistiría con tan encantadores arreglo.

Cómo si pudiera leerle la mente, Takemichi sonrió con dulzura y acarició la cabeza de Manjiro para tranquilizarlo.

—Claro que sí, Mikey-kun, cuando seas mayor nos casaremos. Esperaré por ti, así que no tardes.

En el estómago de Manjiro una vibrante y extraña sensación revoloteaba, era raro, pero de alguna forma lo hacía sentir feliz. Quería gritar y festejar por lo alto. ¡Takemichi lo había aceptado!

—Cuando nos casemos seremos muy felices, Takemicchi. Te lo prometo. Yo cuidaré de ti.

El ojiazul casi pierde el aire cuando el menor de los Sano se abrazó con fuerza a su torso.
—Y tú, Shin-nni —señaló amenazante al azabache—, no intentes nada con mi novio. Takemicchi es mío.

Shinichiro se cruzó de brazos y desvió la mirada indignada. ¿Acaso su hermano lo veía como una amenaza? No era más que un mocoso malagradecido porque si conocía a Takemichi era gracias a él.

—Voy a decirle a los chicos —anunció Manjiro y se alzó sobre las puntas de sus pies para depositar un casto beso en la mejilla del Hanagaki.

Sin decir más, salió corriendo para ir con sus amigos y presumir su futuro matrimonio. Estaba seguro de que Baji se moriría de envidia, y que todos sus otros amigos lo admirarían. Además, le pediría a Draken ser el padrino de su boda.

Aunque el rostro de Takemichi ardiera hasta las orejas, le fue imposible no sonreír con ternura al ver al pequeño alejarse. Manjiro Sano era un chico muy peculiar.

—Espero que seas consciente de lo que hiciste. —La firmeza con la que habló el azabache divirtió al Hanagaki—. Ahora tendrás que tomar la responsabilidad.

—¿De qué hablas, Shin? Mikey es un niño, seguramente lo olvidará después de unos días.

Takemichi jugueteó con los pétalos amarillos e ignoró la mirada de reproche del Sano. No podría decir que no se lo advirtió.

Takemichi tendría que afrontar las consecuencias de enamorar al pequeño Mikey.


Día 3/7
Hoy quería hacer algo soft que aliviará mi alma, no todo puede ser tristeza en la vida uwu. Y nada mejor que Mikey chiquito enamorado de Take :3

Espero les haya gustado y si es así no duden en votar y comentar🌟

Nos vemos el día de mañana con el cuarto OS. Cuídense, no olviden tomar awita.

Besos💕

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