2.
Capítulo 2: Una mini travesura.
Ya amaneció y de no ser por la perrita que felizmente me daba los buenos días lamiendo mis pies que sobresalían entre las sábanas, tal vez, y ni hubiera despertado.
—Buenos días. Ahora si son los mejores porque estás dándomelos. ¡Eres una ternurita! —la acaricio juguetonamente y salgo de la cama—. ¡Dios! —suspiro relajada—, ¡Que cerca estuvo eso! ¿Oye que sucedió aquí?
Al salir de la cama, no sé cómo, tal vez fue por obra y gracia de los dioses que no pise las marcas de territorio de la nueva intrusa. Ella, como si no hubiera quebrado un plato, sigue meneando su cola y lamiendo al aire. Detallo bien alrededor y como lo imaginé, había varios charcos de pipi por toda la habitación.
Me dirijo al baño en busca de todo lo necesario no sin antes asegurarme de no pisar ningún charco. Y llegué sin problema alguno y empiezo a buscar todo lo necesario como: cloro, desinfectante, detergente y cepillo para fregar la calentita alfombra de mi habitación que ahora es víctima de un ataque de pipi canino. Como me dolió ver mi alfombra húmeda, era de mis favoritas.
T.T
Empiezo a trabajar en la labor y pasados unos minutos termino de desinfectar todo.
Y como me tocó limpiar todo lo de ella, fui corriendo a asearme yo también, en cierta parte sentía mis manos sucias y pegajosas. Entro al baño lavo mis manos y comienzo a bañarme para ir a la tienda Peludog para comprar todo para la perrita.
Estando lista, bajamos ambas hasta la planta baja donde empaco las bolsas y todo lo necesario para salir.
Unas cuadras después el colorido cartel de la tienda de mascotas se divisa.
Es tan ingenioso el nombre del establecimiento.
—Buenos días señorita, adelante —dice cordialmente el portero.
—Buenos días, muchas gracias —respondo educadamente.
Bien ya estoy dentro.
Lo primero.
Comida, juguetes, champú, croquetas y una que otra ropita que me parecieron irresistibles mientras en mi cabeza la imaginaba a ella vestida así. ¡Luciría tan tierna!
—Alimento. Listo.
—Champú. Listo.
—Juguetes. Listo.
—Croquetas. Listo.
—Algo extra. Súper listo.
Una vez teniendo todo voy a caja y empiezo a facturar mis productos e ingreso sus códigos en el lector y termino de escanearlos para cancelar mi factura.
Yo salí del establecimiento y solo sentía mis pasos en la vereda.
Al llegar meneo mis llaves para ver si el sonido tiene algún efecto en la perrita y sí, comienza a llorar desesperadamente y también comienza a arañar la puerta. Es tan dulce ser recibida así. Los perros convierten un día miserable en un día mejor, ante cualquier cosa te sacan una sonrisa.
Leí una vez que los perros que son abandonados y muy apegados a sus dueños, cuando llegas a dejarlos solos esto es lo que sucede. Piensan que nuevamente han sido abandonados y que más nunca vendrán por ellos, me dio una sensación de opresión en el pecho cuando supe eso.
Es como un niño, miedo a que los dejes solos.
—Hola, he regresado ¿Me extrañaste? —me agacho y la acaricio detrás de las orejas, se mantiene quieta, y mis mimos le gustan mucho ya que cierra sus ojos y comenzaba a dormirse en mi brazos.
Mañana a quitarle la peste, exterminar si tiene pulgas y dar un buen y merecido baño.
Espero y el baño no sea tortuoso ni para ella ni para mí.
Sus pequeños lloriqueos me endulzan la audición y solo la observo.
Por lo menos en el tiempo que estuve fuera no hizo ningún desastre y agradezco eternamente porque no es cómodo limpiar sus necesidades.
»¡Oye! ¡Mira lo que te compré! —le muestro un hueso chillón rosa que al escuchar el sonido que emite lo arrancó de mis manos y comenzó a morderlo como loca, el sonido que emitía el juguete resonaba en el eco del apartamento. A veces se alejaba y le ladraba como queriéndose preguntar por qué hacía ese extraño y fino chillido—, ¡Me alegra que te guste! ¡Mira esto otro! —le muestro las croquetas y salió aquel olor a comida de perros que para mí resultaba asqueroso, pero a ella le encantaba. Tanto, que comenzó a saltar encima de mí para arrancarme el paquete de las manos y devorarlo todo.
Sentí miedo de ella, estaba tan pequeña; pero como pesaba su peso me tambaleaba, cuando esté más grande me tumbará completamente.
Esta chiquilla me ha dejado con la boca abierta, me es inevitable saber que la quiero conmigo. Quiero tenerla junto a mí por más tiempo o para toda la vida.
¡Me estoy perdiendo completamente por esta cachorrita!
La tuve conmigo cerca todo ese rato porque estaba muy interesada en aquel ruidoso paquete de croquetas que botaba ese olor tan repugnante y como sabía que estaba muy intensa por él. Me aproveché de la situación y jugué con ella persiguiéndome por todo el apartamento.
—¡Por aquí! —grité con todas mis fuerzas; pero su rapidez me paralizó cuando todo su cuerpo chocó con mis pantorillas y me tumbó de espaldas al piso y muchas croquetas salieron desperdigadas en el suelo.
Me carcajeé de la situación y ella feliz suspiraba y solo se escuchaba la crujentura de las croquetas.
—¡Abusadora! —me carcajeé y ella siguió en lo suyo.
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