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10.

Capítulo Final: Tus mejores recuerdos.

Esa noche que el veterinario me pidió que fuera de emergencia. Jamás imagine lo que iba a suceder.

Al llegar Akira tenía una solución para dormir, porque ha tenido mucho dolor y no podía descansar. Le hicieron muchos exámenes hasta que por fin detectaron que tiene parvovirosis.

Es una peste que ataca tanto a perros bebés como a perros adultos, es una peste que hace que los perros acuden con mucha más insistencia al baño, logrando así que se deshidraten por completo llevándolos a la muerte.

Noté en muchas ocasiones eso mismo, la insistencia en ir para el baño.

Es ahora donde entendí la gravedad del asunto, fue donde entendí por qué el corazón me iba tan rápido y porque el pitido en mi audición era cada vez más constante.

Por tal razón Akira no comía. La enfermedad la tiene hace casi dos semanas y estando en clínica su cuerpo rechaza los sueros para mantenerla hidratada, le provocaban una cierta alergia, me dijeron que estaba reaccionando bien ya después de un momento no, era una reacción a ellos. 

Por lo que el doctor me ha pedido asistir para conversar conmigo y tomar una decisión.

La decisión y recomendación por parte del doctor es suministrarle para animales domésticos, casi siempre suele utilizarse la inyección de una dosis alta de pentobarbital o tiopentato de sodio. Inconsciente, el animal deja de respirar y el paro cardíaco llega rápidamente, en unos 30 segundos. ​

Los observadores la describen como una técnica rápida y que genera una muerte indolora, para así, permitir que Akira no sufra más.

Fue devastadora la idea de tener que matar a mi bebé, pero es lo mejor para ella. Las lágrimas eran un río que bajaba por mis mejillas. Duele, duele como nunca antes había dolido, me duele saber que mi bebé no estará más junto a mí.

Me dieron alrededor de media hora para despedirme de ella.

Debía ser todo lo más pronto posible.

¡No lo quiero hacer!

¡No puedo!

—Tienes media hora para despedirte de ella, sé que no es fácil, pero es lo mejor para ella. Sí dejamos que la enfermedad la maté, será muy duro para ella y para ti verla sufrir.

El doctor sale de la habitación dejándome con Akira. No hallo palabras, no quiero hacerlo...

—Akira... Sabes que desde el momento en me llamaste para ir a tu rescate, pensé que sería mala idea que yo te adoptara. Sin embargo cuando vi lo cariñosa y amorosa que eres, supe que rápidamente pondrías mi mundo de cabeza. Y no me equivoqué. Entraste en mi corazón tan profundamente que me duele mucho saber que estás aquí y que pronto ya no lo estarás.

»Me duele mucho saber que tu último aliento de vida, lo tengo en mis manos, no quiero herirte; pero sé que es lo mejor. No quiero verte sufrir. Por lo tanto te pido perdón por acabar con tu vida, pero quiero que sepas que yo te amo y te amaré hasta el final.

Lloré, lloré como nunca jamás lo había hecho, lloré tratando de liberar mi dolor, pero sólo aumentaba. Sentía una enorme opresión el en pecho mientras la acariciaba, estaba con el pecho apretado y con una gran sensación de asfixia.

Las lágrimas caían pesadas en mis mejillas logrando empapar mi cuello de la gran cantidad de lágrimas que salía de mis ojos. Jamás imagine que me tocaría vivir un momento tan doloroso como este. 

Su vida estaba en mis manos, era mi decisión si hacerlo o no.

Gracias por todo, Akira, por tus besos en la mañana, por enseñarme cada día mucho más. Por estar junto a mí en estos cuatro años, gracias por tu amor incondicional.

»Jamás imaginé terminar nuestra relación así; pero para todo hay una primera vez. Y duele que está sea la primera y última vez. Algo debo  tener en cuenta, estarás mucho mejor y yo también estaré mejor. Ambas lo estaremos.

Un ronquido doloroso me soltó y sin querer eso hizo que ella se removiera un poco y también gimoteara por su dolor, escuché como hizo y aquello me erizó la piel, lo sentía como una parte de ella me preguntaba que que sucedía y por qué se encontraba allí.

Yo observe sus entre abiertos ojos y continué.

—Te amo. Siempre te amé y nunca te olvidaré. Adiós mi princesa, siempre tendré presente. «Tus mejores recuerdos» Siempre te recordaré como la hiperactiva Akira, siempre te recordaré como mi mejor amiga perruna. Adiós.

Mi voz se quebró en todo momento, ¿Por qué tiene que ser así? No puedo dejar de acariciarla, no puedo retirar mis manos de ella, no puedo, no quiero, no debo hacerlo.

La puerta es abierta y entra la asistente del doctor.

—Bien, sé que te duele muchísimo, créeme lo sé, pasé por lo mismo hace seis meses con mi mascota. Pero sé que lo hice por su bien. Ahora si me permites debo llevármela.

—¡No! ¡Por favor no! ¡NO PUEDO! —suplico por estar con ella un poco más, no puedo asimilar esto. La abracé y no quería apartarme de ella, mi cuerpo fue por un pequeño momento su barrera de protección.

Mi garganta duele de tanto sollozar y tragar pesadamente. ¿Cómo quieren que me despida de ella, no ven que me duele mucho hacer esto?

—Lo lamento pero por órdenes del doctor necesitamos hacer esto lo más rápido posible, porque en cuanto se le pase el efecto de la solución despertará y se puede complicar todo —sus manos toca mis hombros y ejercen una presión en ellos indicándome que debo soltarla. Debe irse, ya no debe sufrir más—. Créeme, de verdad lo lamento.

—Sólo... No puedo...

Mi pecho duele y arde fuerte.

Tomo bocanadas de aire para mis pulmones que ardían por lo roja que estaba mi cara y por las contracciones que hacía para no sollozar tan fuerte y le asiento con la cabeza. Deben hacerlo, no la haré sufrir más.

»Llévatela. Con el dolor de mi alma, llévatela. Lo hago por el bien de ella.

Antes que la retiraran para siempre de mí. Bese su cabeza tome sus patas en mis manos y la abrace. Esparcí besos por toda su cabeza, sus patitas grandes y pesadas también. Le di un último beso de despedida. Y la solté.

La asistente se la llevó en su camilla y la retiraron de la habitación.

Sentí como todo comenzó a desvanecerse, mi labio temblaba advirtiéndome que más lágrimas saldrían y corazón comenzó a bombear fuerte, mis ojos arden y pesan. Ya todo está hecho.

Ya lo hice.

No hay vuelta atrás.

Ya no estará más.

Mi bebé está en un mundo mejor.



(...)



Desde aquella visita al veterinario mi vida dio un giro para peor, al escuchar esas palabras provenientes de la boca del doctor mi mundo se desvaneció. Seguía sin entrarme en la cabeza como sería todo sin Akira.

El saber que por las mañana ya no habrá nadie que me reciba con tanto amor como lo hace ella, que ya no habrá nadie que me espere detrás de la puerta como lo hace ella, que ya no habrá nadie que me acompañe cuando esté sola o triste.

Esas palabras no las podía asimilar, esas palabras me quebraron el corazón era algo que nadie pasaría así por así.

Yo solo lloraba desconsoladamente, rezaba por que aquella atrocidad pasará y que se quedará un rato más junto a mí. Ella es mi todo; mi mundo, ella fue la única personita que me ha dado su amor incondicionalmente y que me hizo compañía en mis momentos tristes. 

La que nunca se ha despegado de mí; mi único bebé, mi hija, mi simplemente todo.

Llorar, liberar todo ese dolor, me hacía tan bien pero mientras pensaba en ella más mal me ponía. No me queda de otra que darle las gracias por acompañarme hasta lo largo y corta que fue su vida.

—Gracias Akira, le hiciste un gran bien a mi vida, estés dónde estés. Te amaré.

Lancé un beso al aire y reí porque ella era de hacer eso.

Siempre lanzaba besos al aire.

Y así fue la historia de «Mi Compañera y Yo».

«Llegara un día que los hombres como yo, verán el asesinato de un animal como ahora ven el de un hombre».




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Lloré fuertemente escribiendo esto.

Espero a todos que mi historia les haya gustado, sí fue así puedes dejarme un comentario y votar.

Esta es la historia re-escrita y más desarrollada, simplemente no estaba cómoda con la historia por lo que decidí anularla para así poder re-escribirla y desarrollar para estar cómoda con el resultado. No fue fácil para mí escribir esto, puesto que tengo dos mascotas un macho y una hembra y el haberme imaginado que pueden ser el día de mañana ellos, me quiebra el corazón.

Quiero aclarar que no tengo licenciatura en medicina ni mucho menos en veterinaria. Simplemente escribí este capítulo con el poco conocimiento que tengo sobre la enfermedad y con el poco conocimiento de cómo sobrellevar una situación como ésta.

Si la historia NO TE GUSTÓ, simplemente puedes retirarte y limitarte a dejar un comentario ofensivo y/o fuera de base tanto como a la historia como a la escritora.

Este es el final de la historia. ¿Dramático? Tal vez, ¿Doloroso? Para mí lo fue.

Gracias a todos por la espera y nos leemos próximamente.

Gendimar Ávila 2019

Todos los derechos se le reservan al autor. ©

Gracias por sus lecturas, votos y comentarios. Los adoro.

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