Objetivo 4: ¡Adiós Namimori!
iv.
A la seis, Tsuna y sus amigos ya estaban listos en el aeropuerto para irse. No esperaban la presencia de nadie más ahí.
—¡Dame-Tsuna! ¡Espera! —volteó, encontrándose con los molestos alumnos siguiéndolos a lento ritmo por el lugar. El castaño detuvo su paso y se acercó con una molesta expresión a la multitud.
—¿Quién me llamó así? Porque si vamos a convivir a partir de ahora, deben tratarme respetuosamente —se quejó, con un dedo apuntando a quien fuera que había utilizado su antiguo apodo para llamarlo. Los alumnos temblaron cuando vieron los ojos del chico encenderse en naranja de pronto—. ¿Entendido?
—Ah, no seas así, nietecito mío —una voz familiar vino acompañado de una flama que dejó a la vista a un rubio a su lado. Sonriente, miraba al castaño.
—No molestes, fantasma —ordenó Reborn, apartándolo de su alumno con una patada que nadie entendió cómo no atravesó su cuerpo fantasmal.
A Giotto lo rodeó un aura depresiva, mientras murmuraba diferentes cosas varias que nadie entendía porque estaban en otro idioma, de seguro en italiano.
Tsuna por su parte, dejó ir un suspiro y miró a su antepasado con intenciones de presentarlo a los demás: —Ese fantasma de allá que está llorando es mi tátara-tátara-tátara abuelo, el Primo Vongola.
—¡No estoy llorando! —protestó el mayor, alzando un puño y moviéndolo de lado a lado como queja. Sus mejillas se veían rosadas al igual que la punta de su nariz y en sus ojos reposaban restos de lágrimas aún.
—¿En serio? ¿Ese es el legendario Primo?
—Es más genial cuando está en modo hyper —declaró Ryohei con una risa escandalosa, agachado junto al rubio de orbes doradas que aún lloraba por ser el centro de las burlas.
—¡Tsuna! ¿Cómo puedes permitir que tu maravilloso abuelito sea tratado así? —protestó nuevamente, ahora mirando a su descendiente con indignación exagerada. Tsunayoshi le dedicó una sonrisa dulce, esas que a Giotto le encantaba recibir.
—Lo siento, es que es divertido —Giotto se dio un facepalm por la actitud tan cambiada del chico y luego se incorporó, secando las lágrimas—. En fin. Vámonos ya. Sino el abuelo me va a matar por estar tardándonos tanto.
Caminaron tranquilamente todos juntos, separados en diferentes grupos, hacia un jet gigante que tenía el logo de los Vongola por todos lados y a ese se subieron. Con alumnos muy impresionados por la belleza y el lujo de éste, además de su tamaño inmenso, se acomodaron en sus asientos siguiendo las instrucciones del Décimo.
—¡Sí! ¡Nos vamos de aquí, al fin! —cantaba Giotto junto a Knuckle a su lado (quien había querido participar del viaje en vez de estar en el anillo), mientras eran mirados por todos los demás en el avión.
—En serio. Él no puede ser Primo —murmuraban los estudiantes entre sí.
Los Vongola de la décima generación por su parte, debían contener a su jefe, el cual permanecía aferrado al asiento mientras evitaba con todas sus fuerzas mirar por la ventanilla.
—Dios, odio actuar así —pensaba el chico.
—Tranquilo, Décimo. Respire, así —decía Gokudera, enseñándole de forma algo graciosa cómo calmarse y respirar.
Por suerte para él, todos terminaron durmiéndose pronto, incluso los fantasmas volvieron a los anillos para "descansar". Tsuna, estando solo, miraba tranquilamente por la ventanilla con el dorso de su mano haciendo de apoyo para su mentón.
En eso, acarició suavemente el tatuaje que permanecía escondido entre su ropa. Un escalofrío lo recorrió y, por muchas ganas de llorar que tuvo, prefirió dormir un rato.
Cerró los ojos, perdiéndose en el paisaje de las alas del avión atravesar las nubes.
Continuará...
¡Hola!
Ya hicieron su viajecito a Italia y apareció Giotto, nuestro fantasma favorito (?) Yo lo considero un personaje muy gracioso y no sé por qué
En fin, nos re vimos en Disney bros
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro