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~ 29 ~

—Tae, ¡alguien podría vernos!

—No si bajas la voz —respondió el menor, con una sonrisa llena de confianza.

Siguió empujando su cadera contra la de él y besándole el cuello. Puso una de sus manos sobre la espalda baja del mayor para inclinarlo hacia adelante un poco más.
Seokjin sujetaba con dificultad los barrotes metálicos que impedían que cayera al abismo. Su espalda doblada hacia adelante levemente agachado, sus pies tratando de conseguir estabilidad con su bóxer y pantalón anclados por debajo de sus tobillos.

Viernes, 01:15 AM

Jin se sostuvo con fuerza del barandal, sintiendo el frío y la dureza hacerse con sus manos. El pequeño jugueteo que inició como una persecución acabó con ambos llegando a la habitación del menor, pero en vez de ir a la cama como lo hacían siempre, Taehyung comenzó a empujarlo hasta que estuvieron en el pequeño sector que era el balcón.

Diminuto. Había un sillón arrinconado en la derecha, diferente a los del recibidor. Estaba hecho en madera, casi parecido a una mecedora. Del otro lado había un pequeño tendedero doblado, evidentemente sin uso por las condiciones climáticas del invierno. Un pequeño estante clavado a la pared tenía una maceta con una planta de hojas alargadas que caían abriéndose hacia abajo. Y finalmente, una hermosa vista de la ciudad. Edificios altos, calles iluminadas, vehículos circulando, la luz intermitente y roja de alguna antena de radio. No muy lejos podía distinguirse el edificio de enfrente, casi de la misma altura. Algunas luces estaban encendidas, otras apagadas. Había personas viviendo allí, bastaría echar un vistazo por la ventana para ver que ellos dos estaban ahí.

Vio el vaho escapar de su boca cuando dejó salir el enésimo gemido intentando ser silencioso. El viento frío intentaba colarse entre sus cuerpos, pero cuando Tae pasaba uno de sus brazos acercándolo a él, el calor que abrigaba sus hombros lograba contrarrestarlo. Taehyung siempre estaba tibio, incluso en el aire tibio que exhalaba por la boca contra su nuca.

Seúl lucía espléndida en aquella noche de invierno. La oscuridad del balcón lo ayudaba a ver mejor las nubes azules cruzando la Luna en cuarto menguante, y mientras su novio avanzaba más adentro estaba seguro de poder ver las estrellas.

Adivinó el escondite del condón con sólo echar un vistazo alrededor. Bajo la maceta de la planta. No hubo tiempo a buscar lubricante, y no sabía si sentirse avergonzado u orgulloso por no necesitarlo. El estímulo de los magníficos y largos dedos de Taehyung junto a un poco de saliva bastaron.

—Te sientes tan bien, Hyung... —fue una especie de gruñido susurrado, cálidamente volcado en el hueco de su cuello, donde volvió a besar. 

Era malditamente bueno. Jin se inclinó un poco más hacia atrás, casi desesperado. Una mano de Taehyung lo sostuvo por un hombro, ahora su espalda estaba perfectamente curvada, sus piernas separadas y sus manos firmes para resistir las embestidas. Mordisqueó sus labios con los ojos cerrados. Sentía cada uno de los pliegues de sus paredes estimulados, la sangre corriendo a velocidad máxima por todo su cuerpo.
Taehyung iba hasta el fondo, viendo en detalle como su carne se perdía en medio de la piel blanquecina del mayor. Relamió sus labios, y haciendo presión en el hombro que sostenía comenzó a empujar más rápido. Cada vez un poco más rápido. Los sonidos citadinos se fundieron con un golpeteo intermitente y mojado. 

Seokjin se sintió apenado después de entender que estaba disfrutándolo como un adicto. Su novio decidía cogerlo en un lugar donde él jamás lo hubiera hecho, primero en la cocina, en la mesada donde habitualmente ponía una tabla y picaba los vegetales, y ahora, a la vista de todos en un balcón. Ciertamente, era difícil saber si alguien más estaba mirándolos o no. Dioses, rogaba que no; pero no podía negar que había cierta diversión perversa en hacerlo allí, tentando a la suerte. Seokjin no era fanático de lo extravagante. Él sólo quería una cama, un poco de lubricante y -con algo de suerte- un bonito disfraz. Sin embargo ahora estaba a nada de comenzar a gemir fuerte y alto, dejando salir todo el placer a viva voz, sin importarle las consecuencias. Aun así prefería jugar con la adrenalina siendo cuidadoso: gemía, pero sólo su novio podía escucharlo. Eso era suficiente, Taehyung era su hombre, y lo único que importaba era hacer que él se sintiera bien. 

En ese mismo instante el menor tiró de él hacia atrás y ladeó el cuerpo buscando unir sus labios. Seokjin lo besó con necesidad y siguió gimiendo por las embestidas. No solía besarse con quien estuviera penetrándolo, pero desde Taehyung eso había cambiado. Amaba sentir esa lengua adentrándose en su garganta mientras aquel pene perfectamente duro y grueso se impulsaba sin ninguna clase de fricción. Amaba su expresión de dominio mientras lo sujetaba por la nuca, sin decir nada y a la vez diciéndole "Eres mío". La forma en que su agujero quemaba aunque estuviese empapado, el sudor difundiendo en los tres grados centígrados de sensación térmica. Tan intenso, tan majestuoso. 

Eyaculó tan fuerte que le temblaron las rodillas. Agotado, bajando a toda velocidad por la pendiente del éxtasis después de subir a paso acelerado. Sus brazos perdieron fuerza, tenía las almohadillas entumecidas y los pies fríos; y al mismo tiempo era atravesado por la satisfacción inigualable de un excelente orgasmo. La zurda de Taehyung lo acarició más despacio ahora. Lo escuchó soltar unos pocos quejidos guturales y después salió de su interior. El condón acabó en el suelo antes de que terminara llenando de hilos blancos las nalgas y parte de la espalda baja de Seokjin.

Intentaba recobrar el aliento, tuvo que usar sus codos para sostenerse. Antes de notarlo, el menor lo giró para abrazarlo a él. Taehyung seguía tibio. Jin se permitió apoyarse en su pecho, mientras ambos respiraban por la boca. 

Permanecieron así hasta que comenzaron a recuperar el aliento.

—Volvamos adentro —y uno de sus brazos lo apretó por la cintura intentando levantarlo.

—No —Jin lo detuvo, apartándose—. No vas a cargarme. Soy demasiado pesado.

—Tonterías —una sonrisa llena de confianza adornó su rostro antes de volver a sujetarlo. 

—Tu brazo —insistió, pero de forma instintiva trató de enroscar las piernas a su torso. Sorprendentemente, Taehyung sí podía cargarlo.

Caminó de regreso a su habitación, y lo dejó sentado en el borde de la cama. La luz de las lámparas esféricas iluminaban el lugar. Seokjin se le quedó mirando como para comprobar que no lo había imaginado. El mismo chico que alguna vez vio con un cuerpo débil y frágil tenía ahora la suficiente fuerza como para levantarlo a él. Taehyung fue hacia su armario y tomó una toalla para limpiarse. Jin admiró su espalda bronceada, sus pantorrillas trabajadas y sus nalgas redondas.
El de ojos mieles hizo un gesto sonriente tras voltear y mirarlo. Seokjin volvió a quedarse embelesado al poder verlo así. Con su tatuaje, su piercing. Con un cuerpo sano. 

Sin estar seguro de qué clase de pensamientos había en la mente de su novio, Taehyung volvió frente a él y dobló la toalla pequeña para pasarla por su frente.

—No vas a decirme en qué estás pensando, ¿O sí?

—En que me alegra mucho que no tengas la enfermedad de Crohn.

Taehyung ladeó la cabeza
—¿Crohn? Nunca oí sobre eso.

—Mejor. Es bueno que no tengas que tomar medicación a diario o seguir una dieta estricta.

Tae le limpió el cuello y parte del pecho con cuidado.
—No hago dietas de ningún tipo. Pero creo que de pronto estoy ganando peso —hizo una mueca inconforme y se miró en el espejo del armario—. Puede que sea porque dejé de ir al gimnasio y en vez de caminar al campus voy en coche contigo y Lev.

—¿Y eso es un problema?

—No, ángel, en lo absoluto. Intento decir que debo encontrar algún modo de mantener mi línea y así evitar engordar —comentó afligido.

—¿Por qué engordar es un problema?

Tae se mordió los labios un poco avergonzado.
—En parte es por trabajo. Pero también... Me gusta verme bien —admitió.

Seokjin envolvió los brazos en su cintura y dejó un beso en su vientre. Taehyung se sonrojó en un santiamén.

—No hay forma de que puedas verte mal, tesoro. Estás sano y eres muy fuerte. No sabes cuánto alivio siento de que sea así.

—Jin... —sus mejillas quemaban. Sentía las mariposas emprender vuelo desde el lugar exacto donde lo había besado. El cosquilleo burbujeaba incluso en su pecho. Taehyung le dio un pequeño empujón y se recostó sobre su cuerpo para besarlo.

Ahí estaba otra vez, el chico que cobraba una actitud gentil besándolo con dulzura. Los labios de Taehyung se volvían los más cariñosos del mundo, haciendo apenas presión, rezagándose milímetros antes de continuar, con una de sus manos sujetándole el rostro. Jin realmente amaba que lo besara.

No hubo más diálogo que el que tuvieron sus labios.

♦♦♦

Hacer un omelette le pareció ridículamente sencillo. Después de buscar en la web cómo preparar uno, se pasó otros diez minutos viendo videos de cómo hacer una buena presentación. Taehyung miró el plato con el omelette humeante y una hojita de perejil encima y sintió que la cocina no tenía más secretos para él. Estaba muy orgulloso de sí mismo, cosa que pocas veces sentía.

Resistió la tentación de probarlo. Lo había preparado para Jin, después de todo. Luego él le diría qué tan bien sabía.

Viernes, 08:47 AM

Dejó las cosas en el fregadero antes de poner dos rebanadas de pan integral en la tostadora. Dio un giro en su lugar escuchando La Vie en Rose y lanzó de nuevo la pequeña pelota azul para que su cachorro fuera a buscarla. Tannie corría por el salón jugando, tenía mucha energía por las mañanas. Yoonie, en cambio, se limitaba a bañarse y a dormitar en el sofá rojo.

Cuando tuvo todo listo, lo acomodó en una bandeja. Miró su obra maestra más que satisfecho. Casi podía imaginar la sonrisa de Seokjin al despertar y verlo todo.
Esta vez sí podría probar de su preparación.

Retrocedió dos pasos y le tomó una fotografía que enseguida le envió a Soo Yun. Ella no tardó en responder.


Pretty Woman 💋:

Le hiciste el desayuno.
Tú no le haces el desayuno a nadie. Mucho menos después de tener sexo

08:51 AM

A menos que te importe de verdad.

Tuvieron una buena noche, correcto 😏

08:52 AM

Tae-Tae 🐣:

Una de las mejores de mi vida

08:52 AM

Pretty Woman 💋:

Lo imaginé.

08:51 AM

¿¿Eso es un omelette??

08:54 AM

Tae-Tae 🐣:

Aprendí hace media hora 😜

08:54 AM

Pretty Woman 💋:

Exijo uno la próxima vez

08:55 AM

Quiero decir, cuando vaya a visitarte.
Y sin sexo, claro

Bueno, esto fue incómodo.

08:56 AM

Tae-Tae 🐣:

🤣

Anotado

08:57 AM


Ciertamente, Taehyung no era detallista con sus ligues casuales. Más bien prefería que lo atendieran a él. Solía ponerse en plan inocente para lograr que le llevaran la comida a la cama. Min Jae era una de sus víctimas preferidas; el bartender siempre acababa cediendo ante los ojitos claros del mayor.

Pero Seokjin era la segunda persona a la que le preparaba el desayuno.
Visto que nunca antes se había acostado con una mujer, se vio despertando temprano para servirle a Soo Yun algo de comer. Sintió un poco de pánico después de entender que una mujer podía excitarlo. 

Recordó los días en que comenzaron a conocerse, cuando acababa de dejar su puesto como mesero. Ser parte del personal de compañía era más que lucir la chaqueta con bordado rojo. Era actuar como lo pedía el cliente, comportarse de cierta manera, mentir de forma ingeniosa, usar halagos y coquetear. Él era por aquel entonces un simple novato, y la actitud avasallante de su mentora lo descolocó por completo. De pronto debía aprender a moderarse, a exigirse y a controlarse. Las palabras implicaban acciones inmediatas: Basta era igual a apartarse, Sigue a arriesgar un poco más. Dulce significaba lento, suave, tenía que usar las manos y entregar una caricia afectuosa. Rudo era exactamente lo opuesto. Taehyung siempre admiró la capacidad de aquella mujer para personificar tantas facetas en sí misma. Su cuerpo y su belleza eran innegables, pero pequeños detalles como ciertos gestos, la forma en que hablaba, las miradas que ofrecía, o el perfume que podía percibirse con tenerla a poca distancia... Soo Yun sabía meterse en la mente de las personas. Aterradora y placenteramente. Lo hacía ver como algo sencillo, pero había todo un mecanismo elaborado oculto detrás. 

Taehyung entendió que la seducción tenía rostro de mujer. 

Ahora la relación entre ambos había cambiado. Eran más bien buenos amigos. Tae le tenía mucho cariño.

Cargó la bandeja bajo la palma de su mano y comenzó a caminar hacia el pasillo. Incluso con un sólo brazo, lograba mantener el equilibrio. Su trabajo como mesero le había enseñado un par de cosas.

Se preparó para entrar ayudándose con una pierna, listo para ver su reacción.

♦♦♦

—Amor, no estés molesto... Lo hiciste bien —Jin lo abrazó afirmando el mentón en uno de sus hombros.

—Fue un desastre. Y pensar que se veía tan bien... —se lamentó Taehyung—. Siempre tengo que estropear todo.

Mientras él lavaba los platos y las cosas que había utilizado, su novio se acercó por detrás para reconfortarlo. El omelette que le sirvió lucía realmente bien, sin embargo tenía exceso de sal y pimienta. 

Seokjin se esforzó y no hizo ninguna mueca mientras comía, incluso le aseguró que sabía excelente. Pero cuando Taehyung pinchó un pequeño pedazo y lo llevó a su boca se llevó la desagradable sorpresa de estar comiendo algo horrible. Y es que al parecer, su idea sobre "una pizca" y lo que una pizca era en realidad, no coincidían. Inmediatamente le arrebató el plato a su novio y sin sentirse más que patético regresó a la cocina para descartarlo en la basura. No había forma de recuperar el huevo revuelto, era comida desperdiciada.

—Son cosas que pasan todo el tiempo, tesoro. No tienes que castigarte tanto.

—Ya entiendo por qué siempre te veo probar la comida. Hice todo tal cual lo decía la receta, pero lo de la pizca no tenía cantidad exacta, entonces sólo...

—Es parte de la práctica —explicó—. Está bien, a mí me pasaba todo el tiempo.

Tae terminó de secar las cosas y las guardó en las alacenas poniéndose en puntitas. Jin seguía sujetándole la cintura.
—S-seguramente tienes hambre... Me haré a un lado y luego podrás-

Seokjin le tomó el rostro y lo besó en una mejilla.

—Te amo.

Taehyung lo miró ruborizado. Atinó a abrir la boca, pero Jin fue más veloz y plantó un casto beso en sus labios. No dejaba que respondiera. Tae sabía perfectamente por qué. Y algo en su consciencia se removía con incomodidad, odiaba esa sensación. 

Volteó con impaciencia y volvió a besarlo. Incluso si no lograba ponerlo en palabras, esperaba que Seokjin lo entendiera. 

Creyó que sí, por la expresión tan devota que adornaba sus ojos grisáceos. Jin sonrió con la mirada, y Taehyung se maravilló ante aquel gesto. Tiró de su cuello y volvió a besarlo. 

♦♦♦

—Siente mucho más de lo que dice, lo sé perfectamente. Taehyung sigue siendo legible para mí —explicó, con las manos en su pecho—. Eso me hace tan feliz... ¿No te hace feliz a ti también?

Yoonie lo miraba con sus enormes ojos azules, como si estuviese atento a sus palabras.

—Yoongi estaría orgulloso de mí, ¿cierto? —preguntó Seokjin, abrazando un almohadón, sentado en medio de su cama. 

Quería creer que sí. Que su guía podía verlo desde alguna lejana dimensión, donde quiera que estuviera. Que se alegraba por él, y por su progreso. 

Extendió una mano y rascó al gatito blanco detrás de sus orejas.

Su teléfono comenzó a sonar, interrumpiendo el pequeño momento de repaso que estaba haciendo mientras releía su diario. 

Un número desconocido. Jin frunció el ceño antes de responder.

Seokjin... —una voz femenina y agradable fue la que pronunció su nombre.

—Sí. ¿Con quién tengo el gusto?

Soo Yun —de pronto se sintió un poco nervioso. Estaba hablando con la mentora de su novio.
Y Taehyung no estaba en casa.

—Hola... uhm, ¿quizás buscabas a Tae?

No. Sé que Tae salió. Debería estar con Min Jae en estos momentos.

En efecto, su novio recibió una invitación de su amigo y le dijo a Seokjin que pasaría a visitarlo en su casa. Las palabras que usó el menor fueron "¿Qué querrá pedirme?", refiriéndose a la propuesta tan inusual por parte del bartender. 

—S-sí, de hecho —rió con nerviosismo. Significaba eso que todo estaba planificado, ¿cierto?—. ¿Puedo ayudarte con algo?...

¿Tienes algunos minutos? Podría pasar por allí enseguida. O tal vez prefieras que nos veamos en otro lugar.

Quería verlo. Jin tragó saliva, no muy cómodo con la situación. 

—Puedes venir. Te estaré esperando —ya que él parecía ser sólo una pieza dentro de algo más grande, tenía derecho a escoger el lugar de encuentro, al menos.

 —¡Perfecto! Gracias, te veré en un momento —y sin decir más, colgó.

Jin miró la pantalla de su móvil un poco abrumado. Se afirmó en el borde de la cama y sujetó su apoyo, ahora un bastón pequeño y bastante elegante en color gris, y caminó hacia el recibidor. 

Yeontan salió de debajo del sofá azul con las patitas mojadas. Un simple vistazo confirmó que había orinado allí, no precisamente donde estaban las hojas de periódico. Jin se apresuró a limpiar el lugar como pudo. Costaba mucho amaestrar un cachorro. 

Logró echar un último vistazo general al ambiente, justo antes de que el timbre sonara. No sabía qué esperar. Todo le parecía extraño y tenía esa peculiar sensación de que no tratarían sobre algo agradable. Pasó una mano por su cabello, y finalmente abrió.

—Adelante, bienvenida —sonrió con cortesía a la mujer de vestido ajustado en color negro.

Soo Yun lucía un abrigo de hilo azul oscuro y unos zapatos de tacón bastante altos. Su cabello negro ondeaba sobre uno de sus hombros, llegando hasta su cintura. Curvó sus labios rojos, y sonrió.

—Gracias —avanzó hasta entrar. Jin percibió su perfume en cuanto pasó por la puerta. 

La mujer traía un sobre mediano en mano, el sonido de sus tacones contra los mosaicos oscuros daban un ruido bastante novedoso para el departamento. Yeontan, lejos de lucir asustado ante la mujer extraña, salió de su escondite y con la colita de un lado a otro ladró mientras se acercaba a inspeccionar. 

Soo Yun soltó un chillido agudo de sorpresa mientras flexionaba las rodillas para agacharse.

—¡¡Este debe ser Tannie!! —en un santiamén estuvo cargando al cachorro.

Seokjin observó la escena sin saber qué decir. No esperaba que alguien que lucía tan arreglada quisiera sostener un perro pequeño entre sus brazos. 

—Es él —fue todo lo que pudo acotar. Yeontan lamía una de sus mejillas y ella simplemente reía. Bien, al menos el cachorro de Taehyung era amigable con los desconocidos.

Yoonie se mantenía alejado observando desde el pasillo.

—Disculpa, realmente amo los perros —explicó alegre, regresando a Tannie al suelo con cuidado. Lo acarició con cariño y volvió a enderezarse—. Jin, es un gusto volver a verte. Puedo llamarte Jin, ¿verdad?

—Puedes —aceptó—. Yo, uhm... Lamento lo de la otra noche. Tuvimos una pequeña- Taehyung me dijo que podíamos dejarlo para después.

—Lo sé. Habló conmigo. 

—Claro... —eso ya lo sabía—. Por favor —hizo un gesto hacia el desnivel donde estaban ambos sofás frente a la pantalla gigante.

Ella asintió con la cabeza y tomó asiento en el azul, seguramente porque le era el más familiar.

—Lamento haber venido de un momento a otro. No pretendo quitarte demasiado tiempo, pero no es algo que pueda decirte por teléfono —el castaño se permitió observarla en detalle por primera vez cuando se sentó entre los cojines rojos.

La buena iluminación le permitió ver un rostro pequeño, nariz redonda, ojos grandes, pestañas oscuras. Piernas largas, brazos estilizados. Bonita. 

—Es respecto a Tae, supongo.

—Sí. Uhm, sé que quizás es un poco pronto... Pero ya que eres su pareja, creo que debes estar al tanto de la situación. 

Jin tomó aire, tratando de no mostrarse inseguro.
—Escucho.

—Taehyung es alguien a quien quiero mucho. Independientemente de cómo nos conocimos, y todo lo que eso conlleva, hoy somos buenos amigos. Confío en él, y sé que confía en mí. Sin embargo, esto es un poco "grande"; y prefiero no decírselo todavía.

Una alarma se activó en la mente del castaño. Si Taehyung estaba implicado sin saberlo, no podía ser algo bueno.

Soo Yun hizo una pausa mientras sus ojos recorrían el suelo como si de pronto fuera lo más interesante del lugar.

—El lugar donde trabajamos no es... —inició—. Ya debes saberlo. Es clandestino. No somos empleados, somos más bien objetos. El club funciona bajo el mando de dos extranjeros que tienen los suficientes contactos como para- como para hacer lo que hacen sin que los persigan —explicó, con los puños sobre la falda de su vestido—. Hay personas que consumen lo que ellos ofrecen, es decir, a nosotros. Somos ocho en total. Yo soy la mayor, los demás rondan la edad de Taehyungie. 

Jin oía en silencio, atento, expectante.

—Antes del burdel era como cualquier otro club nocturno. Hay más en la ciudad, pero no funcionan del mismo modo. Nuestros clientes no van allí para matar el tiempo y buscar algo de bebida, van porque buscan un servicio —alzó la mirada y enfrentó la de él—. La mayoría de estos sitios funcionan de forma legal, pero con personal mucho más... adulto. Taehyung y los demás son, en su mayoría, estudiantes. Estudiantes que necesitan un ingreso. Alguna vez estuve en ese lugar —admitió, con un poco de pena—. Y entiendo lo que es la necesidad de dinero. P-pero yo no entré al ambiente en busca de un sueldo para seguir estudiando, yo entré con consciencia de que iban a explotarme. Es diferente a lo que esperaban personas como Taehyung, o Min Jae.

—Lo entiendo. Ninguno está allí porque le guste trabajar a merced de desconocidos, sino porque necesitan el dinero. 

—Así es —continuó Soo Yun—. Y seguramente sabes sobre lo difícil que es conseguir un empleo siendo sólo un simple estudiante.

—Para ser honesto, jamás me vi en esa necesidad. Pero sé sobre la problemática.

—Es bastante injusto. La mayoría de los empleadores prefiere no hacer tratos con personas en formación académica. Conseguir trabajo siendo un chico de entre quince y veinticinco años no es fácil —hizo una pausa, y suspiró—. Tae está ahí porque los jefes quieren dinero. Es costoso, más que los demás.

—Uhm, sí, lo sé —Seokjin se acomodó sentándose en la punta—. Taehyung no sabe esto, pero para poder quedarme con él la otra noche... Pedí prestado dinero —admitió, con la cabeza baja—. P-podrías pensar que alguien como yo no necesita hacer algo así, pero después de la compra de este departamento incluso le debo dinero a mis padres. Y antes de decidirme a ir al banco por un préstamo, opté por pedírselo a alguien de confianza. Ahora tengo una deuda con esa persona, pero sé que nunca me acorralaría entra la espada y la pared.

No, porque Channie seguía siendo un buen amigo.

—Llegué decidido a quedarme con Tae. Y también hablé con Min Jae. Él me dijo que el sujeto que suele comprar a Taehyung es nada menos que un inspector.

—Así es. Jin... —se adelantó un poco y bajó la voz—. Ese sitio tiene clientes que son personas con poder —susurró—. Allí no van personas casuales, ¿me entiendes?

—Sí.

—Es por eso que es un negocio cíclico. Porque los mismos clientes se encargan de cubrir lo que sucede ahí dentro —explicó—. Pero siguen siendo proxenetas. Y no se preocupan por cuidar su mercancía. Nos explotan. Y como mucho, nos dan una noche libre.

—Como lo hicieron con Taehyung hace poco... —Jin la miró con angustia. Lo recordaba, fue cuando su novio regresó sin marcas ni moretones, cuando se besaron en el elevador y luego terminó empujándolo al suelo con esa expresión de terror. Podía recordarlo—. Él no quiere hablarme sobre el tema —continuó—. Esquiva mis preguntas y dice que lo mejor es que me mantenga al margen. Por eso hablé con Min Jae, y le pedí información.

—Y por eso estoy aquí —Soo Yun se acomodó el cabello hacia atrás—. Tae probablemente quiere protegerte. No te dirá absolutamente nada.

—Lo tengo asumido, así que prefiero no insistir. 

—Sabia decisión. Min Jae está enfermo, tiene el mismo virus que tuve yo, y también Taehyung. Fue principalmente una excusa para que yo pudiese venir.

—Tienen algo en mente. Quiero saberlo, y quiero ayudar.

—Excelente respuesta —lo felicitó—. De hecho, hace poco ha iniciado un operativo. Y hay alguien que está intentando ayudarnos.

—¿Quién?

♦♦♦

—Gracias, cariño —Min Jae recibió un vaso con té caliente entre sus manos y dio un primer sorbo mientras la calidez se deslizaba por todo el interior de su pecho. 

Taehyung volvió a su asiento frente a la cama del menor. Su amigo no solía enfermar seguido. Verlo siendo un desastre con ropa amplia, pañuelos de papel usados esparcidos por su cobertor y una enorme manta en sus hombros, era toda una novedad.

—Si estás tomando medicinas, deberías reponerte pronto.

—Desearía que fuera más rápido —sonrió el pelinegro, con la taza humeante cerca del rostro. Su nariz lucía como un botoncito enrojecido.

—Paciencia, Kim. Volverás a la acción la semana entrante, estoy seguro. 

—Ahora entiendo tu frustración. Un fin de semana sin ingresos es muy grave —comentó, antes de beber otro sorbo pequeño.

—Tus padres no van a echarte a la calle, descuida. 

—Tampoco es como si fuera el hijo favorito de la casa, ¿cierto? —arqueó una ceja, disconforme—. Considerando que sigo viviendo en el garaje desde hace dos años, es muy amable de parte de ambos no echar a la calle a un enfermo —dijo con sarcasmo.

Taehyung se sostuvo el rostro con una mano.

—Y para colmo, estás sensible. Dios, realmente eres una peste cuando quieres.

—Vamos, no eres el único que tiene derecho a quejarse de su vida —sonrió resignado—. Además yo no tengo a ningún millonario guapo viviendo conmigo —apuntó.

El semblante del mayor cambió por completo al instante. Jin. Su Jin apareció en su mente y una boba sonrisa quedó colgada en sus labios. 

Casi podía olvidar que estaba sobre una silla plástica sujetada con cinta para mantenerse estable, dentro del espacio mediano que servía como habitación, cocina improvisada y depósito. No era la primera vez que visitaba a Min Jae. Incluso durmió en la misma cama de su amigo algunas horas cuando estuvo allí en la última ocasión.  

—Tienes razón, perdona —se disculpó, enderezándose—. Escucha, enfermaste y deberás hacer reposo para recuperarte lo más pronto posible. No sirve de nada que te lamentes en tu propia inmundicia, ¿lo sabes?

—Tae, bebé, a veces eres especialmente fastidioso. ¿Lo sabes? —torció una sonrisa falsa.

—¿Y qué?, eso no es nuevo —se levantó de su asiento y se dejó caer a su lado—. Concéntrate en volver a estar sano así regresas al club.

El bartender suspiró y frunció los labios. Dejó que Tae se acomodara en la cama y luego de unos segundos, volvió a hablar.

—Estoy considerando postularme para formar parte del personal de compañía.

Taehyung lo miró con sorpresa.

—Espero que sea una broma.

—No.

—No puedes hacerlo.

—¿Por qué no? Estando tras la barra no consigo lo suficiente, es mísero en comparación a la paga de ustedes.

—Min Jae —le tomó el rostro y lo miró fijamente—. Simplemente no eres consciente de toda la mierda que hay ahí, ¿o sí?... ¿Acaso no te das alguna idea después de verme a mí?

—T-Tal vez no sea tan terrible...

—No dejaré que lo hagas, ¿oíste? No lo haré.

—Hyung, por favor no te interpongas. 

—Es que no lo entiendes —insistió Taehyung—. Lo que vivimos ahí es horrible, no se compara a lo que hacemos en las mesas. Se supone que lo sabes.

—Necesito el dinero, Tae —comentó afligido—. Mira esto, es un desastre —señaló el lugar con su vista—. Mi carrera es costosa, y no tengo suficiente como para mudarme a un nuevo piso. 

—Escucha, si necesitas dinero yo te lo daré. 

—Tae... —negó con la cabeza.

—Es cierto, estoy recibiendo un poco más que antes. Tengo mis propios problemas, pero estoy- estamos tratando de solucionarlo juntos, Jin y yo —explicó—. Puedo darte lo que tengo, y en algún momento me lo devolverás, está bien.

—De ninguna manera. Tu novio hizo un enorme gasto para que pudiesen vivir juntos. No te quitaré el dinero de tu trabajo.

—Pues no vas a entrar al burdel tampoco —sentenció el mayor—. No, Min Jae. 

Se quedaron en silencio durante algunos segundos, mirándose con preocupación.

Finalmente, el menor se acomodó cerca de su hyung, afirmando la cabeza en uno de sus hombros, antes de tomar un pañuelo y usarlo.

—Tenemos que salir de ahí, Taehyung.

—Ya lo sé —respondió, mirando el techo—. Pero no creo que sea posible.

—Debe haber alguna forma —rebatió—. No quiero que ninguno de los dos siga trabajando en ese lugar. Ni tampoco Soo Yun, ni nadie, en realidad. Bran y Kalo pueden pudrirse en una cárcel.

—También creo que se lo merecen, pero no podemos hacer demasiado desde nuestros puestos. Y honestamente, también necesito el dinero. Jin debe pagarle a sus padres y yo voy a ayudarle.

—Bueno, no imaginé que incluso los niños mimados pudieran tener deudas —comentó con media sonrisa.

—Lo hizo por mí —explicó Taehyung—. Y aunque sea un niño mimado, sigue siendo perfecto —le dio un golpecito en las costillas usando el codo.

—Eso es cierto, Seokjin sigue siendo Seokjin —aceptó—. ¿Cómo va todo?

—Me lo cogí en el balcón anoche —fingió toser—. Fue fantástico.

—Maldito seas —lo empujó hasta el otro extremo de la cama, haciéndolo reír—. Gracias por restregarlo en mi cara.

Taehyung lucía más que satisfecho, su sonrisa amplia era sumamente luminosa.

—Sí, el sexo no podría ser mejor —continuó—. Pero todo lo demás también —volvió a su lado después de acomodarse el cabello—. Jinnie es increíble. Y conmigo es demasiado dulce —le contó—. Realmente amo estar entre sus brazos, y cada que dormimos juntos y me abraza... —de pronto volvía a sonreír perdiéndose en sus pensamientos—. Me hace sentir protegido, seguro. Feliz.

Min Jae ladeó la cabeza mirándolo con ternura.

—Admito que siento mucha envidia. Especialmente de él.

Los ojos dorados de Tae se centraron en los suyos, con una chispa de diversión.
—¿Qué?

—Me alegra saber que eres feliz con tu novio, hyung. Me hubiera gustado poder hacerte así de feliz mientras estuviste conmigo —confesó, siendo completamente honesto.

El mayor tragó saliva antes de desviar la mirada, un poco sorprendido. Luego de oírlo reír, terminó por sonreír una vez más.

—Realmente puedes ser el chico más cursi del mundo, ¿eh? —respondió, tratando de no mostrarse tan afectado.

—Qué puedo decir. Puedo tener una apariencia dura en mi exterior, pero soy una bolita de algodón en el centro —se jactó el pelinegro, sosteniéndose el rostro con una mano.

Taehyung le revolvió el cabello en un gesto juguetón.

—Por supuesto que me hiciste feliz, bobo. Solo que quizás no de la misma forma —aclaró—, pero si no hubiera encontrado "algo" en tí, jamás habríamos continuado.

—Cierto. Al menos aprendí a usar lo que tengo —se encogió de hombros, agradeciendo el cumplido.

—Tu millonario guapo está en algún lugar del mundo esperando por ti, lo sé. Cuando lo encuentres, lo sabrás.

—Dios, suenas como esas etiquetas motivacionales que vienen dentro de las galletas de la fortuna, para —Taehyung soltó una carcajada.

El mayor lo abrazó de lado, con afecto.
—Te quiero, caramelito —frotó sus mejillas sin mucho cuidado. No se detuvo aunque lo oyó quejarse.

No muchas veces era capaz de decirle eso a alguien más. Min Jae se sintió agradecido.

No tenía permitido hablarle sobre el operativo que había detrás. Tanto el bartender como Soo Yun accedieron al pedido de la persona que actuaba como nexo, y decidieron no involucrar demasiado a Taehyung. 

Desde luego, había una razón de peso.

—Hey, necesito tu ayuda —Min Jae salió de sus pensamientos al oír aquello—. El cumpleaños de Jin es en seis días.

—¿Seis? Woa, ¿y habrá una fiesta?

—Uhm, creo que no. En realidad, los ánimos no son los mejores. Por lo que sé, frecuenta poco a sus compañeros de club, su mejor amigo está en terapia intensiva, y no estamos en posición como para organizar algo grande por una sola noche —explicó Taehyung.

—Ohh —exclamó con sorpresa—. Ya veo, supongo que harán algo pequeño.

—Sí. Pequeño... e íntimo —bajó la voz, comenzando a jugar con sus manos—. Quiero hacer algo para nosotros dos en el departamento —inició, con timidez—. Pero no sé muy bien qué. Pensaba en una cena... O quizás un almuerzo, pero me parece muy poco. 

—Que romántico —comentó con intención—. Yo no creo que sea poco. Es tu novio, amará lo que sea que prepares para él.

—Bueno, ése es el principal problema. No sé cocinar.

—Pero hyung, tú eres el plato principal —le guiñó un ojo.

Taehyung le dio un empujón fuerte.

—Hablo en serio, tonto. Estoy preocupado.

—Vamos, no me digas que no lo has considerado. Deja la cocina para los que saben, compra comida en algún restaurante; y luego asegúrate de arreglarte bien antes de dejar que te devore.

—Min Jae... —lo llamó con reprimenda.

—¡Anímate! Ponte un disfraz. Eso hará el juego previo más interesante. Un buen disfraz, hyung —ante el silencio del mayor, continuó—. Decora todo lo que quieras, sé que amas hacerlo. Invítalo a una noche diferente, cúbrele los ojos con una venda, ve a una tienda y compra juguetes, esencias aromáticas y todas esas cosas. Y luego disfrútalo. 

—En realidad, éso era parte del plan. Pero luego pensé que quizás... —se encogió en su lugar—, quizás no sea suficiente. Siento que no soy suficiente. Quiero darle algo más, pero no tengo ningún gran obsequio. Es como si faltara algo...

—Creo que comprendo. Pero realmente —sonrió con pena—, me parece que te subestimas. Jin te ama, ¿o no?

El mayor se encogió de hombros.
—Sólo digo que me gustaría poder darle algo realmente especial envuelto con un moño gigante, y que pudiera hacerlo feliz.

—Podrías intentar con algún obsequio hecho por ti mismo —pensó en silencio unos segundos—. ¿No dijiste que dibujabas?

Taehyung sintió una idea golpearlo a la velocidad de un rayo, como una chispa, una luz llegando a su mente. Y luego se apagó.

—Pero no soy bueno.

—No necesitas serlo. Olvídate de lo perfecto, sólo entrégale algo en lo que te hayas esforzado pensando en él. 

Un dibujo. Sí, quizás no era tan mala idea. No contaba con materiales de calidad, pero tal vez si ponía empeño conseguiría una buena técnica de sombreado en blanco y negro. Un paisaje. O un objeto, podía elegir algo que a Jin le gustara. Podía dedicarse a buscar su modelo de forma sutil con algunas conversaciones, y todavía tenía un par de días para hacerlo con dedicación.

Sonrió con entusiasmo, sintiendo un gran alivio. Si además se aseguraba de enmarcarlo y buscarle un buen envoltorio -con un moño gigante- lograría darle algo diferente, algo nuevo.

Le dio un fuerte abrazo a su dongsaeng, y se dijo que pondría todo de sí. Min Jae lo despidió poco después. 

♦♦♦

Jin sonreía entre beso y beso, aferrado a la cintura de su novio. Taehyung se sostenía en puntitas, colgado a su cuello.

19:45 PM

—¿Me extrañaste tanto?

—Mucho, mucho —respondió el menor, apenas apartado de sus labios. 

Tan pronto atravesó la puerta principal corrió a sus brazos. Estaba habituándose a pasar el día entero junto a Seokjin, la necesidad de tenerlo cerca era ridícula y cursi en partes iguales. Le sorprendía verse a sí mismo siendo un novio tan malditamente empalagoso. La etapa de Luna de Miel debía transmutar en algún punto, pero Tae todavía sentía que su novio estaba rodeado por un aura inigualable de perfección. 

Otra vez se imaginaba a ambos flotando en una nube esponjosa de color amarillo. Se aferró a su buzo y olió el perfume amaderado mientras cerraba los ojos. Amaba ese aroma. Amaba la sensación de dejar descansar una mejilla contra su pecho, el rítmico compás de su corazón, esos brazos fuertes cerrándose en su espalda. 

Taehyung se sentía feliz. 

Tenía un par de horas antes de ir a su trabajo. Normalmente pensar en eso lo agobiaba, pero estaba dispuesto a conseguir mejores propinas con tal de recaudar un poco más de dinero. Necesitaba comprar muchas cosas si quería preparar una bonita velada para él.

Al final, todo valdría la pena si podía verlo sonreír como lo estaba haciendo en aquel momento. 

Jin le acarició la nariz con la punta de la suya mientras murmuraba "Osito mimosito". Y Tae se sintió patético al entender que también amaba que lo llamara así.

♦♦♦

—¿Pasaste una buena tarde? Casi juraría que estás de buen humor.

—Estoy de buen humor —respondió sonriente.

Soo Yun dejó escapar el humo por su boca, y apagó el cigarro en un cenicero. 

—Me alegra saber eso, Taehyungie.

Sábado, 12:13 AM

El trabajo entre las mesas acababa de iniciar. Tae sabía que tenía que ser especialmente encantador ésta y las siguientes noches. Usualmente ni siquiera pensaba demasiado en ello, él solía dar un buen servicio. Pero ahora tenía que ser excelente.

Saber que en la mesa dos lo esperaba su Princesa lo había puesto de mejor ánimo. Nada como comenzar desde lo mejor.



—Alteza —saludó, usando una voz mucho más grave. Tomó su mano y besó sobre sus nudillos con delicadeza. Tae decidió que daría lo mejor de sí sin importar el cliente. Una buena actitud era lo primordial. 

Se sentó frente a ella, del otro lado de la mesa y cuando levantó la vista se topó con un semblante que jamás había visto antes.

—¿Perdonarías una infidelidad?

—¿D-disculpa?

—Que si perdonarías una infidelidad —repitió. Taehyung se quedó mirándola con sorpresa. 

—Uhm... —ciertamente ése no era exactamente el primer tema de conversación que pensó que tendrían. Se acomodó en su lugar, intentando formular una respuesta neutral—. N-no lo sé, supongo que depende mucho de la situación.

—¿De qué situación hablas? La única situación es, que alguien estuvo engañándote.

Glup.

Era evidente que su Princesa estaba molesta. Ni siquiera reparó en volver a mirarlo. Su mandíbula estaba tensa, tenía las manos juntas sobre la mesa, lucía igual de arreglada que siempre, con un bonito vestido escotado, el cabello suelto y unas pronunciadas pestañas, pero ahora no había ninguna sonrisa en sus labios.

—B-bueno, en realidad hay tantas situaciones como personas —murmuró, luciendo más inseguro de lo que hubiese querido—. Pero creo que es cierto que a nadie le gustaría saber que le han sido infiel.

—¿Entonces preferirías saberlo?

—¿No es ése el punto?

—No lo sé. A veces creo que no hay nada de malo en las mentiras que mantienen el orden. Dicen que la ignorancia hace a la felicidad —respondió ella.

—No comparto eso. Ser ignorante y ser un tonto es prácticamente lo mismo en este caso. Y prefiero ser un soltero amargado antes de quedar como estúpido —admitió. Luego se arrepintió al instante. Comenzaba a entrar en un plano mucho más personal, se suponía que debía moderar eso al momento de trabajar.

—No lo había pensado así —dijo, y luego sus ojos ámbar cruzaron los de él—. Pidamos algo para beber.

—Por supuesto —Taehyung hizo una seña y uno de sus compañeros se acercó a la mesa para saber qué beberían. 

Cuando el mesero se retiró, él notó que ella lucía entristecida. Antes de que los vasos de Whisky estuvieran entre ambos, Taehyung estiró una mano hasta tomarle la suya. ¿Por qué iría al club sintiéndose así?, ¿Por qué no hacía su descargo con alguien de su entorno más próximo?

—Disculpa, estoy algo sensible —admitió, suspirando—. Tuve una semana horrible.

—¿Y realmente quieres estar aquí? —quiso saber. 

Ella presionó sus manos, todavía unidas.
—Sí.

Tae sonrió con algo de lástima.

—¿Quieres que me siente de ese lado? —y su Princesa afirmó en silencio antes de que él se pusiera de pie y rodeara la mesa.

Como en la noche en la que compartieron habitación, ella se resguardó en uno de sus hombros. El mayor fue cuidadoso en pasar su brazo sano por detrás, su índice y medio deslizándose despacio por uno de sus hombros desnudos. 

No imaginó que fueran a pasar gran parte del tiempo abrazados en silencio, pero no estaba mal. Aunque ya tenía preparado un arsenal con bromas juguetonas y chistes, se dijo que los utilizaría con su próximo cliente. 

En un momento, ella levantó el vaso y bebió todo de una sola vez. Taehyung la miraba con sorpresa.

—¿Te vas a tomar el tuyo?

—Uhm, puedes tenerlo —lo mejor era que no bebiera, pero si el cliente lo pedía, debía acceder por cortesía.

—Gracias —lo llevó a sus labios tan pronto como pudo. Esta vez su entrecejo fruncido delató la incomodidad en su garganta. Cerró los ojos y exhaló otro suspiro, como si acabara de hacer algo que estuvo deseando desde hace bastante tiempo—. Necesitaba esto —eso terminó por confirmarlo.

—Princesa, alguien viene a recogerte, ¿cierto?

—No lo creo, no. O quizás sí. Lo sabré en una hora.

—¿Una hora? Pero tu turno conmigo termina en diez minutos...

Ella lo miró divertida.

—Tu siguiente turno también es conmigo, Príncipe.

—¿En serio?

—¿No se supone que les dicen eso desde un principio?

—Sí, bueno... 

—Puedes ir a preguntar, pero luego deberás volver a esta mesa. 

—Te creo.

—Bien, porque me molestaría que te movieras justo ahora. Estoy perfectamente cómoda aquí —dejó caer un poco más su peso hacia él, riendo en voz baja.

—Esta sería la primera vez que pagas por mí dos turnos seguidos —observó. No era malo, pero todavía aspiraba a conseguir más dinero.

—Te echaba de menos —admitió encogiéndose de hombros. Ante el silencio del contrario, continuó—. Dime que me echabas de menos también.

—También te echaba de menos, Princesa.

—¿Qué sucede? Normalmente eres un poco más veloz —cuestionó, apartándose levemente a mirarlo.

—No esperaba que dijeras que me extrañaste —confesó.

—¿No?, ojalá pudiera verte en la semana. Bueno, nos vimos, pero no exactamente como ahora —recordó—, ¿Ofreces otros servicios en tu casa?

—En realidad no. 

—Mejor así. Debes estudiar. ¿Cómo te fue en los exámenes?

—Muy bien —respondió orgulloso—. Mejor de lo que esperaba. 

—Felicitaciones —le sonrió.

—Aunque no todo el mérito es mío. Tuve mucha ayuda.

—Recibir ayuda es bueno. Y si es para estudiar, creo que es impagable.

Taehyung pensó en toda la paciencia que Jin tuvo con él. Por supuesto que era algo impagable.
—Sí...

—Mis exámenes salieron bastante mal. Mamá y Papá se molestaron conmigo.

—¿Sólo por tus resultados?, ¿No es un poco exagerado? —¿Acaso todas las familias bien posicionadas tenían padres tan exigentes como los de Seokjin?

—Tengo que mantener la buena reputación de nuestro apellido —puso los ojos en blanco—. Como si mi rendimiento académico pudiese servir para tapar los escándalos familiares...

—Woa, suena complicado.

—No tienes idea. Por eso mencioné que quizás sería mejor... Si ciertas cosas jamás salieran a la luz. El problema de la infidelidad no fue conmigo, sino con mis padres.

—Ohh... —Taehyung ladeó la cabeza. Los dramas de las familias adineradas siempre eran dignos de películas—. Lamento que esto te haya afectado tanto.

—Nuestra imagen está destrozada. Y yo sólo... No entiendo por qué los adultos a veces actúan como si fuesen niños —negó con la cabeza.

—Ya sabes lo que dicen... "Gente grande, problemas grandes".

—Ya lo creo... —volvió a suspirar, cabizbaja—. Tengo miedo —le dijo, mostrándose perturbada—. Es-estoy metiéndome en la situación como si pudiese manejarlo, y en el fondo sé que no es así pero ya es tarde para retroceder.

—Calma, respira —se apartó a sobar su espalda, viendo que comenzaba a agitarse.

—Realmente estoy asustada —respiró hondo, y consiguió serenarse. Sus ojos permanecieron cerrados, como si buscara relajarse—. Perdona.

—Está bien, descuida —en realidad, se sentía tan o más intranquilo que ella. 

Taehyung no olvidaba que su cliente era una señorita bastante misteriosa. Sus advertencias sobre "el final del juego" y lo de que "estaba de su lado" resonaban en su mente cada que la veía. Siempre pensó que lo mejor era no hacer demasiadas preguntas.

Excepto ahora.

—¿Qué es lo que sucede para que te sientas así?, ¿Alguien quiere hacerte daño?

—Tengo el presentimiento de que no terminará bien. Eso es lo que me aterra. 

—¿Qué?, ¿Qué es lo que no terminará bien?

—Deberíamos cambiar de tema.

—¿Por qué?... ¿No puedo saberlo?

—No te lo diré —sentenció—. Me dejé llevar, eso es todo.

—Quizás yo pueda ayudarte. Si me lo dices puede que-

—No puedes hacer nada, créeme. 

Taehyung retiró su brazo, inconforme.
—¿Y cómo sabes eso?

—Bien, tal vez no lo sé pero puedo suponerlo —confesó, apartándose del todo de su lado.

—Sé que no soy ningún Superhéroe. Soy un prostituto, no tengo la solución a los problemas de nadie, ni siquiera los míos —le dijo, enderezándose en su asiento—. Pero todavía puedo escuchar. 

Su Princesa pareció dudar, incluso si su mandíbula volvía a estar tensa.

—No voy esparciendo la intimidad que tengo con mis clientes entre mis compañeros, ni con nadie más —insistió, porque Tae siempre insistía—. Sólo quiero que me dejes saber si puedo ayudarte. Quiero ayudarte.

Ella volteó a mirarlo.

—Eres bastante persuasivo, lo reconozco. No te preocupes. Lo que tenga que ser, será. 

—Princesa-

—Sólo no te extrañes si de pronto dejo de venir a este lugar.

—¿Por qué? —no obtuvo respuesta—. Es por lo que me dijiste antes, ¿no es así?... ¿Sabes algo que no debas decirme?

—No preguntes más, por favor. 

—No me pidas que olvide el asunto. Sé que no hemos hablado al respecto, pero-

—Pero este no es lugar —susurró, acercándose a su rostro. Tragó saliva, sus manos subieron al cuello de la camisa traslucida de Taehyung, como si intentara disimular un poco su descontento—. No preguntes más.

—Prin-

—No —repitió, colocando el índice sobre sus labios—. Sé lo que dije. Tú mantén un perfil bajo, y no olvides mis palabras.

—Odio que hables entre líneas —respondió.

—Sabes leer entre líneas. Eres inteligente —y finalmente se apartó del todo—. Ahora quiero probar el vodka. Olvidemos esto y cuéntame alguna fábula que recuerdes.

—¿Una fábula?

—Una historia que deja alguna enseñanza, imagino que conoces un par. Adelante. Y pide mucho hielo para mi vaso —demandó. Taehyung no se contuvo en demostrar su molestia. 

Cuando ella se puso de pie, él volvió a mirarla confundido.
—¿Qué?

—Regresa a tu lugar, quiero sentarme sola.

—¿Algo más, alteza? —preguntó, siguiendo su papel pero dejando salir su tono más sarcástico.

—Sí —lo enfrentó cuando él estuvo parado frente a ella—. Deja de hablarme así. 

—¿"Así"?

—Sabes cómo. Apresúrate —y lo recorrió con su mirada de arriba abajo antes de echarse el cabello hacia atrás, con un gesto presumido.

Taehyung farfulló en voz baja, volviendo a su lugar del otro lado de la mesa.

—No, Príncipe. Tú traerás las bebidas —le dijo luego de que él estuviese cómodamente sentado.

Se mordió la lengua para no contestar. En cambio, hizo una reverencia y enfiló hacia la barra.



—¡Tae!, ¿Qué tienes?

—No imaginé que podía ser tan fastidiosa —bufó, apoyándose en una butaca—. Prepárame vodka. Y con mucho hielo.

—Claro —su compañera fue ágil en tomar una botella de la repisa y comenzar a mezclar. 

Una mujer reemplazaba a Min Jae y estaba a cargo de los cócteles. Su lugar habitual era entre las mesas, pero las bebidas no se le daban mal. Eun Mi era una chica mayor que él por un año y algunos meses. Tenía el cabello corto, rapado en los laterales y un flequillo teñido en violeta. Un pendiente colgaba en su nariz, labial negro resaltaba sus labios, y aunque llevaba delantal era fácil distinguir sus brazos tatuados. 

—¿Qué sucedió? 

Quizás lo único molesto es que era demasiado chismosa.

—Es ella —señaló con un gesto de cabeza hacia la mesa en donde estaba la rubia—. Nunca la vi comportarse como ahora, no la entiendo.

—¿Te está maltratando?

—No exactamente. Pero no parece ser "ella" esta noche. Actúa extraño. Me molesta. Y sé que sabe algo.

—Las mujeres sabemos muchas cosas —convino con media sonrisa.

—Ajá —puso los ojos en blanco.

—¿No es tu cliente habitual?, ¿qué le hiciste?

—¡Nada!, ¡Yo no le hice nada! —se defendió—. Pero sé que sabe que yo sé algo que quizás no debería saber.

—No entendí —suspiró—. Ten —le entregó dos vasos con la bebida blanca.

—Dame algún consejo.

—¿Qué?

—Sí. De mujer a mujer. No, quiero decir —se corrigió—, que pueda aplicar en ella para que deje de actuar así.

—¡Yo qué sé! ¡Es tú chica, ocúpate de ella!

—No me ayudas, Eun Mi.

—Nunca quise ayudarte —se burló, encogiéndose de hombros.

Taehyung volvió a poner los ojos en blanco antes de apartarse y oírla reír. Eun Mi era una buena amiga de Soo Yun, pero él no acababa de entender cómo una persona dulce y una ácida podían congeniar.

Regresó a la mesa y acercó el vaso a su acompañante, sorprendiéndose al verla acelerada de nuevo.

—¿Está todo en orden? —ella tecleaba en su teléfono a toda velocidad.

—Tengo que irme.

—¿Qué?, ¿Ahora?

—Sí —colgó la cartera en uno de sus hombros y tomó su abrigo.

Taehyung se puso de pie casi al mismo tiempo que ella.
—Pero dijiste que pagaste por la siguiente hora conmigo.

—Eso no importa, eres libre hasta tu próximo cliente.

—¿Por qué debes irte?, ¿Alguien viene por ti?

—Sí —rebuscó en un estuche y sacó algunos billetes y monedas—. Ten, puedes quedarte con esto —Taehyung notó de inmediato que era una excelente propina. 

Ella se acomodó el cabello hacia un lado antes de comenzar a caminar.

—Espera, ¡Espera! —fue tras ella—. Nunca te vas antes de tiempo, eso no puede ser algo bueno.

—No creo que lo sea, pero no tengo opción —contestó sin detenerse, avanzando hacia la salida.

—¿Volverás?, Al menos dime que vas a estar bien, maldición.

—No.

—Princesa —le tomó un brazo y la detuvo. 

La oscuridad del ambiente apenas pudo permitirle distinguir su rostro. La música retumbaba fuera del área donde estaban las mesas, y el espeso humo lo volvía todo más incómodo.

—Voy a buscarte. Dime dónde, y cuándo.

Ella volvió hacia él para darle un pequeño abrazo.
—Cuídate —murmuró cerca de su oído—. Espero que podamos volver a vernos.

Taehyung se quedó en su sitio mientras la veía salir, y su pecho se llenó con una emoción pesada. 

Tuvo el horrible presentimiento de que no volvería a verla.










































♦♦♦♦♦♦♦

Aquí estamos, una vez más. Gracias  :)


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