~ 18 ~
Antes de comenzar :)
ADVERTENCIA ⚠️: La primera parte de este capítulo contiene violencia y abuso, recuerden que todo es ficción, pero pueden saltearla si les parece excesivo.
Gracias por leer💜
—P-por favor... Cuidado con mi brazo, estoy herido —pero la tensión en el agarre de su cliente no disminuyó. Taehyung fue empujado contra la cama, sus rodillas dieron en el dobladillo sin poder afirmar los pies en el suelo, y el resto de su cuerpo acabó aprisionado bajo toda esa humanidad ebria que pesaba bastante, y como siempre, apestaba a cerveza.
Su mentón dio de cara al colchón, mientras hacía un esfuerzo por mover los hombros y encontrar comodidad aún cuando el mayor lo sujetaba juntando sus muñecas tras la espalda.
—Me hiciste esperar. Todavía recuerdo cuando tuviste la osadía de negarte a obedecerme, y mírate ahora... —habló en uno de sus oídos, regodeándose de poder doblegarlo a su antojo—, saliste muy caro. Haz que valga la pena.
Taehyung cerró los ojos y meneó la cabeza cuando el mal aliento llegó a su rostro.
Mierda, no quería. Se sentía asqueado con la simple idea de estar compartiendo el mismo aire que ese infeliz, pero no podía hacer nada para impedir que lo tocara. Tomó aire por la nariz cuando sintió una mano colarse bajo su camisa oscura. Tacto rasposo, frío, descuidado.
—¿P-podría soltarme? Me está haciendo daño —intentaba mantener la compostura, pero estaba asustado. La molestia en su brazo quebrado se sentía nada comparada a la situación.
El hombre soltó una carcajada ronca, cargada de diversión.
—¿No lo has entendido, mocoso? Eres mío por la siguiente hora. Y tengo derecho a hacerte lo que me plazca —apretó el agarre del brazo derecho de Taehyung, haciéndolo jadear. Las lágrimas se formaron en las esquinas de sus ojos, ahogando un grito más fuerte. Tener el brazo en esa postura también hacía crujir su hombro, y eso empezaba a doler como el infierno.
La espalda se le erizó cuando fue despojado de su pantalón de un solo tirón. El frío repentino hizo que temblara. Se obligó a afirmarse en sus rodillas, con tal de aligerar la presión que sentía en la espalda. Finalmente lo liberó. Escuchó que el cliente volvía a reír, esta vez haciendo alusión a sus piernas "delgadas y débiles". Le dio una nalgada, sobresaltándolo, y lo obligó a mantenerse en cuatro. Taehyung estaba demasiado tenso, aunque podía escuchar la voz del hombre a sus espaldas, no conseguía comprender lo que decía. Él sólo lo golpeaba cada tanto y reía con burla, hasta que comenzó a desvestirse.
Tomó otra bocanada de aire y se dijo que tendría que soportar sesenta minutos. Sólo sesenta. Iba a voltearse para intentar acceder a algún acuerdo, como era habitual; podían asumir roles, elegir posturas o simplemente decir qué quería cada uno, estaba dispuesto a poner de su parte para darle placer, pero no imaginó que el cliente se tomaría tan literal su "compra". Taehyung acabó esposado, su camisa desprendida colgando tras su espalda, y jadeando por el dolor de estar en esa maldita posición. Le escupió el rostro, lo llamó "mocoso presumido" y lo obligó a tragar todo su miembro mientras manejaba el vaivén de su cabeza por estar jalando sus cabellos con fuerza.
Intentaba regular su respiración para concentrarse en mover la lengua y los labios en torno a esa asquerosa extensión apenas erecta, y recibió un golpe por interrumpirse para no ahogarse.
Sí, quizás cuando saliera y pudiera informarle a sus jefes que el sujeto era violento y lo había golpeado en varias ocasiones; estos no le permitirían la entrada durante algún tiempo. Pero mientras tanto, su única opción era aguantar, porque nadie vendría a ayudarlo.
No supo cuánto tiempo estuvo ahí, forzado a darle sexo oral, pero le pareció una eternidad.
Cuando estuvo nuevamente con las rodillas contra el colchón, su bóxer fue removido hasta quedar en sus tobillos. Su visión enfocaba los lubricantes y condones perfectamente cerrados en la mesa del frente. Tampoco le sorprendió, era obvio que el desgraciado no tendría ningún cuidado.
Su mejilla estaba contra las sábanas, su cuerpo se estremeció cuando fue forzado a recibir el miembro del sujeto que insistía en tirar de sus brazos sin ningún cuidado. Su entrada quemaba por el ardor, se sentía sucio, asqueado, en un momento creyó que estuvo a punto de vomitar. Dolía, maldición, sí que dolía. Intentó suprimir los quejidos sollozantes, pero mierda, era tan difícil. Tenía los reflejos naturales de querer escapar, se alejaba cada vez un poco más, encorvaba la espalda para intentar hallar una postura menos tortuosa, pero entonces su hombro se quejaba, y sabía que tenía que elegir cuidarlo y soportar. Los golpes eran bruscos, intensos, violentos. Cerró los ojos y mordió sus labios ocasionando que sangraran. Un poco más, sólo un poco más y sería libre.
Era tan humillante.
Pudo ver su reflejo en el espejo del techo. Nadie estaba en la habitación con él, pero la molesta sensación de tener ese cuerpo voluptuoso encima y ese constante ardor en su zona baja no desaparecían. Tampoco bajo el agradable golpeteo del agua caliente llegando a su piel cuando entró en la ducha. Pudo distinguir las marcas de las esposas en sus muñecas. Las articulaciones de su brazo derecho comenzaron a hincharse, y dolían. Sus piernas estaban bañadas de fluidos ajenos, y también dolían. Su mejilla izquierda estaba enrojecida, marcada por el primer golpe que recibió. Tiritaba, esperando que el frío desapareciera. Sentía mucho y a la vez nada, era como si su cuerpo no fuese suyo.
Necesitaba usar sus manos, llevarlas a su cuerpo y utilizar el agua caliente para remover toda la suciedad que tenía encima. Pero por alguna razón, llevaba varios minutos con la cabeza bajo los chorros de caudal constante, y era incapaz de hacer algo tan simple como tocar su propia piel.
Asco. Su cuerpo daba asco. Inspiró hondo y finalmente posó una de sus manos contra su brazo herido, soltando automáticamente un quejido de dolor. Apretó los labios y se dijo que tenía que hacerlo rápido. No disponía de mucho tiempo, pronto sus demás compañeros deberían reunirse y esperar pacientes por la paga diaria. Él todavía tenía que decirles a Bran y a Kalo que el cliente lo había maltratado. Quizás no serviría de nada, pero tenía que hacerlo. Los hombres con dinero manejaban el mundo, y los pobres sólo miraban; pero al menos tenían permitido quejarse.
Después de un baño rápido, tomó su ropa y volvió a usar el uniforme de personal de compañía. La hinchazón en su rostro comenzaba a disminuir, no así la de su brazo.
Evitó mirar demasiado a sus compañeros. Algunos conversaban de forma animada, para muchos era sólo un día más. Taehyung hubiese querido que fuese un día más para él también, pero tenía la impresión de que no podría olvidar tan fácilmente el conjunto de sensaciones que lo asfixiaron durante una hora dentro del cuarto número tres.
Al momento de recibir su paga, tuvo que reunir coraje para no tartamudear como un niño pequeño. Bran le quitó la camisa sin mucho cuidado, pudiendo ver que el brazo derecho del menor estaba inflamado. También examinó su rostro, y volteó hacia Kalo, quien fumaba y parecía inmerso en hacer cuentas, hablándole en alguna lengua extranjera de la que Taehyung no entendió ni una sola palabra. Parecían en desacuerdo. Él se quedó en medio, en silencio, a la espera de alguna respuesta. Kalo señaló los billetes que contaba, Bran apuntó hacia la pared, donde estaba el sector de la barra. Gritaron un poco. A veces eran bastante escandalosos.
Finalmente, Bran le dijo habían decidido elevar su precio. Taehyung era uno de los que mayores ingresos generaba, no podían descuidarlo así como así por estar a merced de algún comprador. El burdel no funcionaba de forma legal -y el club tampoco-, en consecuencia no podían involucrar a la policía ni a ninguna clase de autoridad. En otras palabras, el cliente tenía cierta impunidad. Sin embargo, ellos eran quienes manejaban los precios. Si el sujeto volvía y pedía una hora en el burdel, intentarían sacar tanto provecho como fuera posible. Por supuesto, no les importaba demasiado la salud o el bienestar de sus empleados, pero tenían la excusa perfecta para poder duplicar o hasta triplicar sus ganancias. Si no había pago, no habría trato.
Taehyung tuvo que conformarse con que la solución sería, entonces, una paga más alta por soportar los maltratos de ese sujeto. No era lo que esperaba.
Tampoco podía decir que sabía qué tipo de solución quería, no olvidaba que trabajaba en un burdel clandestino que explotaba jóvenes estudiantes bajo el mando de dos europeos cuyo único interés era el dinero. Allí no había voz ni voto para quienes eran la mercancía.
A Min Jae le bastó ver su rostro para apresurarse a tomarlo en sus brazos con fuerza. Pudo ver perfectamente el momento en el que Taehyung ingresó al sector de las habitaciones seguido de ese patán.
—¿Estás bien, cariño?... Lo siento tanto.
Taehyung se limpió la punta de la nariz con el dorso de su mano.
—Estoy bien.
—Y yo soy millonario. Vamos, no tienes por qué mentir. Sé la clase de cerdo que es ese infeliz —sobó sus brazos un instante—. Hace frío afuera, puedes usar esto —le colocó su abrigo encima de los hombros, y tomó su rostro cariñosamente—. Luces como un cachorrito mojado —Tae sonrió levemente por la comparación—, ya entiendo, prefieres hablar cuando estemos fuera. Andando entonces. ¿Has visto a Soo Yun? Estuvo preguntando por ti.
—No —Tae recordó cruzar una mirada amistosa con su mentora, pero no se detuvieron a conversar. Quizás estaba esperando su paga.
—No importa. Hablaremos con ella mañana —dijo Min Jae, caminando hacia la salida con un brazo por encima de los hombros del mayor.
Para la hora en la que los empleados del club salían, no había nadie más, salvo los trabajadores de limpieza, quienes ingresaban para cumplir su turno. El bartender caminó hacia su coche despacio, sintiendo que Taehyung se aferraba a su cuerpo con fuerza.
—Disculpa... —el pelinegro oyó una voz masculina hablándole desde atrás. Se volteó con cuidado de no mover demasiado a su hyung. Ladeó una pequeña sonrisa confusa.
—¿Seokjin?
Taehyung volteó inmediatamente para comprobarlo. Y efectivamente, el castaño de ojos grisáceos estaba de pie, sosteniéndose con una sola muleta. Un sobretodo negro llegaba hasta sus rodillas, y tenía una bufanda azul oscuro en el cuello, y una más de color marrón en una de sus manos.
—Min Jae... —lo llamó, sonriendo levemente—, estoy aquí por Tae. Para llevarlo a casa.
El bartender miró a su amigo, con una expresión de duda.
—¿Estás bien con eso, hyung? —preguntó en voz baja.
Seokjin realmente estaba allí. No mintió, dijo que iría por él y lo hizo. Taehyung se sintió un imbécil.
—Gracias por cuidar de él —continuó Jin—. Mi chofer nos está esperando, deberíamos apresurarnos.
Min Jae dudó.
—Está bien. Iré con él —dijo Taehyung, en un hilo de voz.
—¿Vas a estar bien?
—Sí. Te llamaré en la mañana —respondió para tranquilizarlo. Le devolvió el abrigo, junto con una fugaz sonrisa decaída, y luego se acercó al mayor de los tres.
Lo primero que hizo el castaño, fue envolver la bufanda marrón en su cuello. Tae podía sentir su mirada de tristeza posada en él, pero prefirió esquivarla.
—Gracias —le dijo Jin al pelinegro una última vez, y luego pasó un brazo por la espalda baja de Taehyung comenzando a caminar despacio.
Lo último que quería Tae era mostrarse ante Jin como el desastre que era, pero ¿qué caso había? Si cada vez que salía de aquel lugar podía exponer su verdadera y asquerosa forma. Seokjin lo había visto así en más de una ocasión, de nada serviría querer ocultarlo.
—Tesoro, mírate... ¿qué fue lo que te hicieron? —le preguntó con voz lastimosa mientras se permitía acomodarle el cabello detrás de una oreja. Viajaban en el coche de regreso al departamento que compartían.
Tae encogió de hombros restándole importancia.
—Fue una mala noche, eso es todo.
—¿Por qué mueves así el brazo?, ¿Te duele?
—Sí, uhm, un poco —mintió, aunque Jin tenía sus ojos en los de él, Taehyung todavía evitaba mirarlo. Dios, qué patético. Lo había ignorado el día completo, pero el mayor no mostraba ni siquiera un poco de resentimiento. Eso sólo lo hizo sentirse peor—. No p-pensé que fueras a venir en realidad —admitió avergonzado.
—Dije que lo haría, ¿no es así?
—Te dije que no lo hicieras —su voz salió seria.
—¿Y creíste que sólo por eso iba a obedecerte? —Fue entonces cuando Tae alzó la vista hasta mirarlo.
—Te ignoré. Intentaste hablarme y yo te ignoré —expuso, como si quisiera resaltarlo—, preparaste mi desayuno, y me fui sin probar ni un bocado. Me buscaste al salir del examen, pero ya me había marchado y escogí ignorar tus llamadas. Besé a Min Jae porque sabía que estabas mirándonos, y te dije claramente que no era necesario que vinieras hasta aquí. Estuve a punto de irme, y no me habría importado dejar que regresaras a casa solo —intentó sonar molesto, pero su mirada llorosa lo delataba.
Seokjin ya lo sabía. Lo conocía lo suficiente como para saber que en realidad estaba arrepentido.
—¿Por qué no lo hiciste, entonces?... Marcharte con Min Jae, y dejarme regresar solo.
—Porque no importa lo que haga, ¡¡Nunca te alejas!! —gritó, exaltado—, ¡Apuesto que habrías esperado por mí en casa!, ¿¡Por qué no puedes ser como una persona normal y odiar a los que te hacen daño!?, ¿¡Por qué sigues viniendo a mí sin importar lo que te haga!?
Seokjin se acercó a su rostro mirándolo fijamente. Una de sus manos viajó hasta sujetarle el mentón acortando la distancia que separaba sus labios hasta volverla mínima.
Taehyung se petrificó al tener esos labios rojizos a apenas un par de milímetros. La intensidad de los ojos platinados de Seokjin le aceleró el pulso ocasionando que contuviera el aliento.
—Te encontré, y por nada del mundo voy a alejarme —susurró—. Estoy perdidamente enamorado de ti, Taehyung —su pulgar delineó el labio inferior del menor—, tu indiferencia sí me hace daño. Que me evites, me ignores y te mantengas alejado realmente me lastima, porque lo que deseo es sentirte cerca. Necesito sentirte cerca... Y ahora sólo quiero besarte.
Tan cerca. Tan cálido. Tae no logró conectar ningún pensamiento. Instintivamente cerró los ojos y esperó.
Volvió a abrirlos al sentir a Jin besando en su frente. No tuvo tiempo a retraerse, recibió besos en sus mejillas y sus párpados.
—Te hicieron daño, ¿No es así?, ¿Sentiste que estabas siendo usado e invadido?... ¿Quisiste escapar pero reuniste coraje para soportarlo todo?... —Sí, así fue—. ¿Rogabas porque el tiempo pasara más rápido?
Seokjin hablaba como si realmente supiera el infierno que acababa de vivir.
—¿C-cómo sabes todo eso? —preguntó con la voz temblorosa.
—Puedo intentar imaginarlo, pero nunca será igual. No vas a decírmelo, lo sé... Pero puedo verlo en tu rostro. En el golpe que tienes aquí —le tomó por el mentón nuevamente y giró su perfil hacia un costado—, las marcas en tus muñecas... Y porque sigues temblando.
Patético. Él era realmente patético. La vergüenza que sintió lo obligó a desviar la vista. No podía cubrir lo que era y lo que hacía: vendía su cuerpo y su voluntad. Se prostituía. Escogió el dinero fácil y no continuó con la búsqueda de un empleo estable. No tenía nada. No familia, no hogar, ni dinero, ni sueños, ni planes a futuro, y desde luego, no tenía dignidad.
Taehyung comenzó a llorar.
Quiso apartarse hasta el otro extremo del asiento, pero Seokjin no lo dejó. Pasó los brazos por sobre los suyos, y cuidadosamente lo atrajo a su pecho.
—Ya pasó, tesoro... Tranquilo —siseó con voz suave, como si quisiera arrullarlo.
Cuando finalmente estuvieron en el departamento, Jin se encargó de esparcir un bálsamo antiinflamatorio muscular a lo largo de su brazo herido. Fue especialmente cuidadoso al deslizarse por su hombro y cuello. Taehyung pudo sentir el tacto de sus manos tibias por debajo de la crema. No puso resistencia. Tampoco habló demasiado. Ni aún cuando Seokjin se acomodó en la cama para indicarle que se recostara a su lado.
Tenía sus prendas de dormir, y Jin el pijama con estampado de alpacas. Lo recibió en su pecho, y comenzó a besar y a acariciar su cabello.
Todo era tan diferente ahora.
Sin golpes, sin forcejeo. Su cuerpo estaba relajado y en un sitio tibio. Una de aquellas manos viajaba por su espalda despacio, la luz del velador daba una iluminación tenue, sin oscuridad. Los besos que recibía en la frente lo hacían sentirse querido, contenido. La respiración de Seokjin se colaba entre los cabellos de su coronilla. Reinaba un silencio adormecedor, y un aroma suave entre las sábanas.
—Lamento haber sido un imbécil contigo.
Jin estiró las comisuras de sus labios tras oírlo decir aquello.
—Descuida. Está olvidado.
—Y lamento haberme ido dejándote con el desayuno servido en la mesa. También... Por no responder. Por gritarte y por... t-todo lo demás —hundió el rostro contra su ropa—. Lo siento.
—Acepto tus disculpas. Gracias... —dejó descansar los brazos en torno a su cintura.
—Yo no sé si podría perdonarme tan fácilmente.
—No soy rencoroso... creo —Taehyung sonrió levemente tras oírlo.
—Gracias por ir por mi —el mayor notó que su voz todavía cargaba ese tono melancólico que lo hacía preguntarse qué clase de atrocidades había soportado en las últimas horas—. Lo harás de nuevo, ¿no es así?
—Sí. Aunque no quieras.
Taehyung volvió a sonreír.
—Sí quiero —aclaró—, y también... Quiero que me abraces así cuando estemos juntos.
Seokjin soltó una pequeña risa antes de ceñir los brazos en torno a su silueta.
—Siempre, mi amor.
El menor no pudo evitar presionar los labios tras oír eso. Taehyung tomó consciencia de que estaba verdaderamente perdido. ¿Cuánto tiempo más podría ignorar el revoltijo de emociones que reinaba en su pecho?, ¿Cuánto más podría pretender que era totalmente indiferente a la forma en que Seokjin lo trataba? Cerró los ojos y escuchó su corazón latiendo rápido. Jin seguía acariciando su cabello y estrechándolo con firmeza.
No podía. Era momento de dejar de poner excusas. No podía soportarlo más.
—Jin... —se distanció a mirarlo, con las mejillas impregnadas de un tenue color rojizo.
Sintió que se quedaba sin aliento en cuanto cruzó sus ojos con los de él. Las pupilas platinadas del mayor resplandecían, su rostro parecía inmerso en el de él, la piel se le erizó por volver a recibir toda esa avalancha de sentimientos que podían llegar hasta su pecho.
¿Qué?, ¿Qué significaba Seokjin para él?... Estaba recostado encima de su cuerpo, el chico no dejaba de repartir caricias y besos en su rostro. De abrazarlo con fuerza, y hacerle saber que estaba allí para él. Y él se sentía feliz. Feliz, porque se sentía querido. Había pasado algún tiempo desde que encontraba a alguien que le hacía saber que era importante. Y Seokjin no dudaba en manifestarlo, mediante gestos, acciones... o caricias. Y también lo afirmaba verbalmente.
Maldición, volvía a respetar las cuatro comidas como cuando era un niño pequeño. Se derretía ante sus susurros en voz baja, ante aquellas manos tibias tocándolo como si conocieran cada relieve en su piel. Sintió celos, auténticos celos cuando lo vio recostado con Hoseok, y no importaba que ambos aseguraran que había sido un accidente, se molestó y montó un escándalo infantil. Porque no quería que alguien más se acercara así a la única persona que lo hacía sentir diferente.
Sintió un pequeño vacío en su estómago, y aferró sus manos a la camiseta del mayor.
—Jin, yo... —su voz salió cargada de timidez, en un murmullo débil. Y murió cuando el pulgar del contrario delineó sus labios, en un movimiento suave.
El rostro de Seokjin estaba demasiado cerca. Y Taehyung recordó la pequeña frustración que sintió cuando, en el coche, esos labios fueron a parar contra su frente. Se quedó completamente quieto, sus párpados se cerraron ligeramente, con su mirada miel fija en la boca del mayor. Una mano de Jin se coló por debajo de su mentón, levantándolo despacio para poder acercarse con más comodidad. Cuando lo vio lo suficientemente cerca, cerró los ojos y esperó.
En el momento en que sus labios conectaron, sintió todo multiplicarse por mil. Era un volcán estallando, un géiser erupcionando agua hirviente. Seokjin le otorgó el beso más suave de su vida. Apenas hizo presión, el tacto sedoso de sus labios voluptuosos se convirtió en una caricia más, entre las miles que le había dado desde que estuvieron juntos en esa cama. Taehyung percibió su respiración tibia cosquilleándole cerca de la nariz, y su mano deslizarse lentamente hacia abajo. Jin se apartó demasiado pronto, pensó, pero siendo sumamente cuidadoso. Cuando reunió coraje como para enfrentarse a su mirada, lo vio dedicándole una expresión cargada de adoración, y antes de poder decir cualquier cosa, el mayor volvió a besarlo. Fue apenas un poco más intenso, pero Taehyung sintió que todo su cuerpo temblaba. Sí, se sentía demasiado bien. Con algo de torpeza, subió sus manos hasta dejarlas cerca del cuello del castaño.
Jin lo inició, y Jin le puso fin. Tae simplemente se quedó estático, sin apartar sus ojos de los de él. De pronto hacía calor. De pronto todo estaba un poco mejor.
¿Qué se suponía que debía decir? No pudo hablar, el repertorio de frases ágiles que sacaba a la luz en un momento así mientras hacía su trabajo estaba completamente chamuscado bajo aquella sensación que le quemaba el rostro, el pecho, todo.
Seokjin esbozó una pequeña sonrisa, y luego trasladó los labios a una de sus mejillas, para después abrazarlo igual que antes.
Taehyung se apegó a su cuerpo tanto como pudo. ¿Acaso estaba soñando?, ¿Seokjin y él se habían besado por primera vez?
—Intenta dormir, tesoro —susurró en voz baja—. Debes descansar —Sí, "tesoro" estaba bien. Dormir estaba bien. Quedarse sobre él estaba bien—. Despertaré y prepararé algo para ambos, ¿sí?
—No —respondió con seguridad—. Te quedarás aquí conmigo y pediremos comida rápida. Tú también debes descansar.
Jin soltó una agradable carcajada, y aceptó. Taehyung se sentía en las nubes.
¿Qué tipo de relación tendrían de ahora en más?
Las dudas desbordaban de sus pensamientos, pero la certeza de sentirse a gusto fue mayor, así que lo dejó estar.
♦♦♦
Seokjin miraba atentamente el rostro de Taehyung mientras dormía. Lucía un poco diferente. Podía ver los pequeños huecos al costado de sus labios y otro en una de sus cejas, por los accesorios que usaba. También era cierto que sus mejillas se veían más rellenitas. Seguía siendo el rostro más hermoso que había visto en su vida.
Quizás era demasiado pronto como para cantar victoria, pero Jin se sentía feliz. Su relación con Taehyung iba de maravilla, y habían compartido no uno, sino dos besos hacía apenas un par de horas. Se aseguró de no extenderlos demasiado tiempo, no era el mejor momento tras saber todo el trauma que el menor cargaba sobre sus hombros.
Aún así, estaba más que agradecido. El amor de su vida volvía a compartir momentos a su lado. Eso era una caricia a su alma después de todo lo que había sufrido.
Se abrazó a su cuerpo y cerró los ojos, para volver a dormir. Tae le había pedido que se quedara con él en lugar de preparar la comida, y era exactamente lo que iba a hacer.
♦♦♦
Todavía estaba en la cama cuando la imagen de aquel sujeto con el que pasó la última noche se filtró en sus sueños. Lo vio de pie frente a él, estando en el cuarto número tres, cerrando su puño y acercándolo a su rostro para golpearlo por desobedecerlo. Miedo. Asco. Dolor. Dio un pequeño brinco cuando recibió el impacto.
Abrió los ojos. La imagen del balcón de su habitación fue lo primero que vio. La cortina blanca permitiendo la filtración de la luz de medio día.
—Tranquilo, sólo fue una pesadilla —sintió que Seokjin ceñía los brazos a su cintura. Estaba de espaldas a él. Seguridad. Calidez. Afecto.
Seguía a su lado. No despertó a solas esta vez.
—Lo siento —se disculpó, su voz saliendo grave y rasposa.
—Todo está bien.
—Todo está bien —repitió, intentando asimilarlo. Desde la comodidad de su casa nadie podría herirlo.
Aunque estaba seguro de sentirse bien, su cuerpo se apresó de un fuerte dolor, especialmente su brazo. Se removió un poco incómodo, y Jin lo soltó despacio. Necesitaba encontrar alguna posición para no sentir tanta molestia. Terminó volteándose hasta quedar frente a él, recostado sobre su lado derecho. El mayor examinó su semblante con atención.
—¿Dormiste bien?
Los recuerdos se abarrotaron en apenas milésimas de segundos. Las caricias, las palabras dulces... Los besos.
—S-sí —contestó, escondiendo el mentón contra su pecho. Se sentía avergonzado, pequeño. Seokjin lo había besado. Dos veces. Su rostro comenzó a arder, y presionó los labios porque sentía que empezaba a alterarse.
—Ven aquí —Jin sonrió mientras se permitía acercarlo a su cuerpo. Taehyung se dejó, aunque sentía que los nervios burbujeaban en su vientre a punto de perforarlo. Estuvo cómodamente resguardado entre los brazos del mayor una vez más. Seokjin era realmente dulce.
Alzó la vista despacio, y cerró los ojos cuando sus narices se rozaron de forma cariñosa.
Todo era tan extraño, y tan hermoso a la vez.
—¿Tienes hambre?, ¿qué deberíamos ordenar? —le preguntó de forma animada.
—Uhm —tragó saliva—. L-lo que sea.
—¿No hay nada en especial que quieras?
—No realmente —contestó.
—Hmm —Jin hizo un sonidito frunciendo los labios—, creo que escogeré luego de ver la carta. ¿Sabes? hace bastante que no pido comida a domicilio. Estoy tan acostumbrado a prepararlo todo siempre, que se siente extraño no estar en la cocina a estas horas —le contó.
Jin seguramente dijo algo más, pero para ese entonces ya estaba perdido en su sonrisa. Sí que era guapo. Sus ojitos brillaban, al igual que su cabello oscuro. ¿Cómo era posible si acababan de despertar? Sentirlo cerca era agradable. Tener sus brazos resguardando su espalda le daban tranquilidad. De alguna forma todo era ridículamente perfecto.
—¿Tae? —lo llamó una vez más—, ¿te sientes bien?, ¿Todavía estás cansado?
—Estoy estupendamente —se le escapó, abriendo los ojos con sorpresa enseguida.
Jin volvió a sonreírle. Esa hermosa sonrisa que tenía pequeños huequitos negros junto a sus comisuras labiales. Sí, era hermosa.
Otra vez comenzaba a sentir que flotaba en nubes de algodón. Una espléndida sensación.
—Eso es bueno —respondió—. El descanso hace maravillas.
—Tú haces maravillas —y se tapó la boca desviando la vista. ¿Todos sus pensamientos saldrían sin ninguna meditación previa?
—Gracias, es cierto después de todo.
—De acuerdo, señor modestia —la broma de Jin lo ayudó a relajarse.
—Y no has visto nada todavía —alzó las cejas con una mirada juguetona.
—¿No?
—Oh, tesoro... Si supieras. Con suerte será pronto —dijo con soberbia, antes de apartarse para sentarse en la cama y estirar los brazos hacia arriba. Taehyung lo vio ladeando la cabeza hacía un lado, y después el otro, su cuello sonó un poco junto a su espalda—. ¿Cómo está tu brazo?
Se sentó despacio, y se quejó cuando su retaguardia sintió una punzada aguda. Realmente ese idiota se había sobrepasado.
—Mi brazo es lo de menos —respondió, cabizbajo.
—Déjame verte —Jin tomó su muñeca para correr la tela del pijama y ver su hombro—. Lo mejor será que te vea un médico. Llamaremos a alguien después de comer.
Y por primera vez, Tae no dio réplica. Sabía que tenía que hacerlo. Necesitaba, además, asegurarse de que el maltrato no lo había lastimado a nivel interno. Pero eso lo haría por su cuenta, después.
—Tomaré un baño —anunció, y se puso de pie, con algo de dificultad. Presionó los labios. Dolía.
—Está bien —el mayor lo vio tomar una toalla y colgársela a su hombro sano. Tae rodeó la cama y antes de acercarse y tomar el pomo de la puerta, Jin lo sujetó—. Taehyung —lo llamó, con un tono decidido. El menor volteó a mirarlo—. Tienes que hablar con alguien sobre esto. Necesitas contención.
—¿Contención? —preguntó, con una sonrisa amarga—. Me prostituyo, Seokjin. ¿Qué clase de contención necesitamos los que elegimos vendernos por dinero?
—No estás allí por placer, tú lo sabes, y yo lo sé. Sé que no es fácil, pero debes desahogarte de todo lo que tienes que soportar. Y tienes que dejar ese lugar.
—Jin, si yo lo dejo, ¿de qué voy a vivir?
—Olvídate del dinero. Por dos segundos, deja de poner el dinero por delante de tu propio bienestar —lo regañó—. Vives conmigo ahora, no voy a dejarte en la calle. No voy a negarte comida, y no voy a presionarte para que me des lo de la renta. Todo eso puede esperar. Tu salud es lo primero.
Taehyung desvió la vista.
—No es tan sencillo.
—¿Por qué? —fue cuidadoso en tomar su brazo y acercarlo a él—. Explícamelo —subió una de sus manos hasta acariciarle el rostro—, tienes miedo, ¿no es así?... Ese lugar es clandestino, ¿correcto?
—Prefiero no hablar sobre eso.
—¿Te harán daño si decides renunciar?, ¿Están metidos en algo más grande?
—Jin, por favor.
—Está bien, está bien... —aceptó—. Descuida, no volveré a preguntar, pero... Tesoro, me preocupas —admitió, mirándolo con angustia—. No quiero que te lastimen.
—No me lastimarán mientras haga mi trabajo.
—Tú trabajo no es estar a merced de sujetos que ejercen violencia sobre tu cuerpo.
—Mi trabajo es vender mi cuerpo, Jin. Es lo único que hago. Si alguien lo compra, entonces... Antes, solo vendía mi compañía. Me prestaba para conversaciones, y juegos bobos, o roces... pero esto es diferente.
—Te voy a sacar de ese lugar, Taehyung. ¿Me oíste?, vas a dejarlo.
—Escucha... Estoy de acuerdo con que vayas por mí y que regresemos juntos, pero... No deberías entrometerte. Debes mantenerte al margen, ¿comprendes? Ese lugar es... Peligroso.
—Entonces tú estás en peligro.
—No, yo no. Ellos me necesitan, yo soy su mercancía —explicó—, pero no les gusta cuando alguien comienza a fisgonear en su negocio. Será mejor que te mantengas alejado.
Jin le tomó las manos entre las suyas y las llevó a sus labios.
—Lo prometo —le dijo mirándolo fijamente—. Prometo que vas a dejar ese infierno —Amenazas. Drogas. Poder. Las mafias extranjeras solían girar en torno a esas tres, y una más: El dinero. Seokjin sabía que si Taehyung prefería mantener un perfil bajo y no quejarse, había una razón de peso. Ahora comenzaba a entenderlo.
♦♦♦
—¿Qué sucedió con Natalie? —quiso saber. Recordaba que aquel día estuvo terriblemente nervioso ante la psicóloga del mayor.
—No me la menciones —Jin se llevó una mano a la cabeza, negando.
Estaban almorzando. Carne de res había sido la elección definitiva. Yoonie jugaba en el suelo empujando una pelotita de goma, sus patitas resonaban por todo el corredor, ida y vuelta.
—¿No has vuelto a verla?
—He faltado las últimas sesiones, así que no.
—¿Por lo que pasó la última vez?, ¿No deberías ir?
Jin escarbaba en su plato.
—Sabe que le mentí, y no sé cómo enfrentarla. Tampoco he ideado qué decirle.
—Pero desaparecerte probablemente no sea la mejor opción, ¿no lo crees?
—Lo sé... —suspiró, lucía preocupado. Tae lo notó por la forma en la que se sostenía la cabeza con una mano—. Debería pensar en alguna excusa lo suficientemente buena como para justificar lo que hice.
—¿Y luego irás a verla?
—Debería.
—Yo iré contigo —Jin alzó la vista, confundido—. Quizás juntos podamos convencerla de que somos n-novios —se sonrojó—, y si decides decirle la verdad, quiero estar ahí de todos modos.
—Gracias, pero no tienes que hacerlo.
—Es por ti que sigo aquí. Mentiste para ayudarme. Yo puedo ayudarte también... No es justo que hagas eso sólo —el mayor sonrió conmovido—. Manténme al tanto, ¿sí? —Seokjin afirmó con la cabeza.
Ambos volvieron a la comida durante algunos segundos.
—Tae... ¿Qué hay de Jungkook?
El menor sonrió con tristeza.
—No me lo menciones... —respondió del mismo modo que lo había hecho él anteriormente.
—Lo siento... Sólo quería saber si todo estaba bien.
—Hyung... —dejó los palillos a un costado—, ¿puedo ser sincero contigo?
—Espero que siempre lo seas —respondió Seokjin.
—Lo sabes, ¿no es así?... Sobre mi relación con Jungkook.
—Ustedes son amigos —declaró con firmeza, para luego entender que estaba equivocado.
—Amigos no es el término exacto —admitió Taehyung, sin notar cuánto daño le hacía—, pero tampoco podría decir que estábamos saliendo. Jungkook y yo comenzamos a acercarnos más después del accidente. Creí que ambos estábamos bien con eso, pero al parecer lo malinterpreté.
—Él... —Jin presionó los labios un instante—, estás enamorado de él, ¿cierto?
—No lo sé. Antes podía afirmarlo sin ninguna duda, pero ahora no estoy seguro. Desde un principio supe que llegar más lejos sólo me haría daño, y entiendo por qué quiso detenerse. Aún así, me molesta que lo haya hecho. Pero tal vez nosotros... debamos tomar distancia. Nunca volteará a mirarme de todos modos —explicó, decaído—, y no soportaría que regresemos al punto de inicio.
—¿Eso qué significa?
—Que quiero sacarlo de mi vida —afirmó, con una expresión sombría—. Hice mi mejor esfuerzo, y estuve conformándome con migajas. Me lastima mucho más de lo que lo quiero... Es una causa perdida, siempre lo fue.
—¿Él te dijo eso?
—No. Y no lo dirá. Pero ambos lo sabemos. Y lo que pasó esa noche, más lo de ayer... ¿Sabes? —agachó la vista—, ahí dentro me destrozan lo suficiente como para permitir que alguien más lo haga sin siquiera tocarme.
La amargura era palpable en su voz, en la forma en la que fruncía el ceño y apretaba su puño sobre la mesa. Taehyung hubiera deseado que Jungkook se tomara el trabajo de ir a buscarlo al club, llevarlo a casa y consolarlo. Hubiera deseado que alguna vez le diera una mirada resplandeciente cargada de adoración. Que constantemente preguntase por su estado de salud, o mostrase interés en su bienestar.
Ver a Seokjin era como ver un reflejo de sí mismo. Un chico dando lo mejor de sí para ser correspondido ante el idiota del que se había enamorado.
Pero Jungkook no era noble, ni tampoco considerado. Jungkook era apático, y tenía la suficiente frialdad como para no conmoverse ante nadie que diera el mundo por él. Entonces entendió que aquella última relación realmente había hecho estragos con la sensibilidad de su amigo.
Taehyung se esforzaba mucho en demostrarle su afecto y lo importante que era en su vida. Sintió lástima por sí mismo, por ser tan ingenuo en pensar que algún día obtendría alguna oportunidad.
De alguna forma, tratar con Seokjin lo ayudó a comprender la situación en la que estaba. El castaño era alguien que daba el mundo por la persona que amaba, y esa persona era él. Lo veía esforzarse a diario. Hacer cosas simples, como preguntarle cómo iba su día, cuidar que su ánimo no decayera y ofrecerle ayuda todo el tiempo. Bien, también hacía cosas grandes como prepararle la comida, vaciar su cuenta con tal de proveerle un hogar y mentirle a sus médicos... Y estaba realmente agradecido. Todavía más, estaba empezando a tomar consciencia de que Jin dejaba de serle indiferente, y no sólo por sus acciones, sino porque detrás había un ser humano extraordinario.
Y había elegido fijarse en él, por supuesto que estaría conmovido. Por supuesto que sentiría felicidad con sólo tenerlo cerca, con recibir su atención y su compañía mientras hacían algo cotidiano, como almorzar.
Jin también merecía recibir algo así de grande.
—Hyung —habló nuevamente, alzando la mirada—. Una vez dije que prefería rechazarte, en lugar de romper tu corazón, ¿lo recuerdas? —el mayor afirmó con la cabeza desde su lugar, en el otro extremo de la mesa—. Creí que existía diferencia, pero en realidad no es así. Rechazarte terminará por herirte, y yo no quiero hacerte eso —Seokjin lo escuchaba atentamente—. Tú no necesitas enamorarte más de mí. A-así que lo que quiero decir... Lo que quiero decir es que necesito de tu paciencia —su rostro volvió a enrojecerse—, hasta que pueda llegar a amarte tanto como lo mereces.
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Como siempre, gracias infinitas por la espera. Mi TaeJin ha hecho enormes progresos, me siento muy soft ahora mismo skksladhsj
¡Buena semana y hasta la próxima!
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