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~ 14 ~

Taehyung cerró su puño y lo acercó a la puerta, pero cuando estuvo a punto de golpear, se detuvo. Quizás Seokjin no querría compañía. Mucho menos cena. El plato conteniendo dos porciones de pizza tambaleó en el yeso de su brazo derecho. 

Jin se había encerrado en su habitación después de un diálogo bastante acalorado con Mi Suk. Él no comprendió demasiado. Sólo entendió que ambos conocieron a alguien, alguien que había fallecido. No podía recordar su nombre pero sabía que era un chico.

Mi Suk estaba molesta por tener que hablar de su vida privada con, en sus exactas palabras, un "desconocido".  Seokjin le pidió su número para contactarse con ella en otro momento, pero la de cabello corto se negó. Mencionó algo sobre que conocía a todos los amigos del chico en cuestión, y que no lo recordaba a él. El castaño prácticamente le rogó, y finalmente quedaron en encontrarse durante la semana. 

Tae estuvo de espectador durante toda la escena, no se atrevió a interrumpirlos. 

Después de eso, el ánimo de Jin decayó notablemente. Luego de que su tutora saliera del departamento, pudo verle los ojos grisáceos inundados, y se disculpó diciendo que no se sentía bien, para después encerrarse en su cuarto.

Ya eran pasadas las 10 PM.

Taehyung sabía que el mayor debía estar demasiado afectado como para no aparecer por esas tres largas horas, y por algún motivo sintió el ambiente demasiado silencioso. Incluso Yoonie había decidido desaparecer junto al mayor.

Su estómago rugía, y no era bueno cocinando, así que después de tomar un baño y vestirse con el pijama, ordenó pizza. 

Luego de cenar a solas, decidió que le llevaría un poco a Seokjin. Y ahora estaba de pie frente a su puerta, debatiéndose entre llamar o no. Cuando él se sentía así, su compañero siempre se mantenía cerca. Con eso en mente, tomó aire y finalmente, golpeó. Sabía que si Jin estaba recostado, tomar las muletas y levantarse suponía un esfuerzo, así que se atrevió a abrir, con mucho cuidado.

Se topó con el mayor sentado en la cama, las sábanas cubriéndole las piernas. Tanto él como el gato blanco lo observaron con sorpresa.

—Hola —saludó con timidez, apenas asomando su rostro—. ¿Puedo pasar?

Seokjin asintió con la cabeza.

Tae obedeció, dejando la comida sobre el escritorio que estaba a su izquierda. Jin sonrió conmovido al ver que le había traído la cena a su cuarto.

—Pensé que tendrías hambre —comentó, mientras cerraba y se quedaba apoyado contra la puerta, sin saber muy bien qué mas decir.

—Gracias —respondió, regalándole una sonrisa.

El menor notó que Jin seguía desanimado, su mirada dejaba ver tristeza. Mordisqueó su labio inferior, y miró la punta de sus zapatos, incómodo. 

¿Qué hacer? ¿Qué decirle?

—¿Podrías...? —preguntó extendiendo uno de sus brazos hacia el plato. Taehyung se apresuró a alcanzárselo. 

Jin se hizo a un lado, cediéndole lugar para que se sentase, pero el menor prefirió quedarse parado. Yoonie estaba echado a sus anchas, dormitando con su cuerpo extendido hacia los pies de Seokjin. 

Tae se sintió más tranquilo cuando lo vio comer, pero la sensación de no saber qué hacer seguía presente en él. 

—No tienes que quedarte si no quieres —comentó el de ojos platinados, sin despegar su vista de la cena. 

El de ojos mieles todavía miraba la punta de sus zapatos, y comenzó a balancearse hacia atrás y adelante, como un niño inquieto. No iba a marcharse, de eso estaba seguro. Presionando los labios, se animó a sentarse en un rincón de la cama, y comenzó a jugar con sus manos, luciendo nervioso. 

Jin lo miró enternecido. Había estado demasiado deprimido como para notar que llevaba horas en su habitación, sin darle señales de vida a su compañero de piso. Era una tontería, pero que Taehyung decidiera acercársele por voluntad propia, puso su corazón a brincar de la emoción, aún cuando no era capaz de transmitirlo a su rostro.

—La pizza está deliciosa —comentó, para aligerar el ambiente.

—¿Te gusta? —preguntó mientras se rascaba la nuca—. Siempre la pido en el mismo lugar. Suelen ser los más rápidos en traerla.

—Eso es bueno —apuntó Seokjin, antes de dejar el plato a un lado, luego de limpiar sus manos con la servilleta de papel que estaba bajo las porciones. El contrario sonrió levemente, antes de recobrar la actitud tímida— ¿Vas a quedarte aquí? —preguntó finalmente, sin poder contenerse.

—¿Eh? —Tae pareció sorprenderse por la pregunta—. B-bueno... Si no te molesta, claro.

—Jamás —aseguró—. Solamente debo admitir que me sorprende un poco.

El menor desvió la vista, jugando con el cabello de su nuca, como si lo estuviese peinando.

—Su-cede que... Tú no te alejas demasiado de mí cuando me encuentro así, entonces yo-

—Acércate —lo interrumpió—. No muerdo —declaró, con una sonrisa inocente.

"No todavía" pensó para sí mismo, sonriendo por su pequeña mentira.

Taehyung estaba ruborizado. Lo miró un momento, dudando, y finalmente pareció reunir coraje, porque se le acercó, sin saber muy bien qué hacer después.

Jin sonrió y cuando lo tuvo lo suficientemente cerca, dejó descansar la cabeza sobre uno de sus hombros. Cerró los ojos, y se acomodó hasta encontrar la posición ideal. Ambos seguían sentados en la cama, pero ya no estaban separados.

Transcurrió un breve instante, ninguno se movió demasiado. Seokjin se sentía mucho más tranquilo cuando Taehyung estaba a su lado.

—Yoongi era mi amigo. Le gustaba jugar al baloncesto, y una noche, cuando regresaba a casa en su bicicleta, lo atropellaron. Quedó en coma. Permaneció en ese estado por cuatro años, y finalmente falleció hace aproximadamente un mes —explicó, con la tristeza aflorando desde su garganta—. Él tenía una madre, y también una novia. Las amaba mucho, pero perdió a ambas. La diferencia es que Mi Suk sigue con vida. Yo estaba inconsciente. Ni siquiera pude ir a su funeral... —comentó, sintiendo que las lágrimas volvían a reaparecer en sus ojos. Respiró por la boca, y tragó con dificultad—, él hizo tanto por mí, Taehyung... No tengo forma de explicarte lo difícil que fue aceptar que no volvería a verlo nunca más. Duele. Duele mucho.

Apenas terminó, sintió cómo el contrario recargaba la cabeza sobre la suya, en un gesto suave pero evidente. 

—Lo siento —susurró en voz baja. Jin se limpió el rostro, suspirando—. Todo ocurrió casi al mismo tiempo, ¿no es así? —comentó, intentando ser cuidadoso—. El accidente, lo de Namjoon, el viaje junto a tus padres... Y también lo de Yoongi —se distanció a mirarlo—. Tuviste que soportar demasiado en muy pocos días. Debió ser terrible —empatizó, mientras se detenía a observar su semblante abatido. Su rostro contenía algunas cicatrices más pequeñas que otras, y la más relevante se extendía cerca de uno de sus ojos—. Yo estuve allí. Creí que iba a morir, todo pasó bastante rápido. La mitad de mi cuerpo terminó atrapado bajo una pila de personas y escombros. Así fue como acabé fracturado en distintas zonas de mi brazo, y con el hombro dislocado —le contó—. Recuerdo que... Desperté con lágrimas en los ojos esa noche, y también las siguientes. Durante semanas. Fue demasiado traumático.

El mayor también lo observó con atención, mientras lo escuchaba atentamente.

—¿Cómo lo sobrellevaste?

—Sólo dejó de suceder —Tae se encogió de hombros—. Al principio, revivía el momento del choque todas las noches. Y despertaba temblando, asustado, sollozando —explicó—. Hobi se quedó conmigo. Otras veces, lo hizo Jungkook. Y luego sólo Jungkook. Ellos me ayudaban a calmarme, hasta que volvía a dormirme. Ni siquiera sé por qué me afectó tanto —se sobó el brazo sano, un poco avergonzado—. Yo no perdí a nadie ese día, pero me sentía devastado. Y si fue así conmigo... Dios, lo tuyo debió ser muchísimo peor. En verdad lo siento.

—Ojalá hubiese estado contigo mientras necesitaste de alguien —soltó, ignorando la última parte del comentario de Taehyung.

El de ojos mieles resopló una leve risa, mirándolo. 

—Eso no importa. Llegaste en el momento preciso. E hiciste algo muy importante por mí —admitió, y luego desvió la vista—. Cuando recuerdo lo mal que te traté, me siento un imbécil. Te debo bastante.

—No me debes nada —rebatió Seokjin, tomándole el rostro afectuosamente—. Volvería a hacerlo. Aunque mis padres se molesten conmigo, aunque deba mentirle a Natalie. Aún si me quedo en bancarrota, todo valdrá la pena si se trata de ti.

Taehyung lo observó en silencio, sus ojos mieles no querían apartarse de los de él. ¿Cómo podía decir algo así sin siquiera titubear?... Seokjin se mostraba seguro, completamente convencido de todo lo que escapaba de su boca. Podía dejar de lado su tristeza y cobrar una actitud llena de seguridad, por él. 

Y siempre se quedaba sin saber qué decir.

—Estoy tan feliz de que estés a salvo, tesoro —añadió el mayor, sus pulgares acariciándole las mejillas delicadamente. 

Tae esperó unos segundos antes de responder.

—¿Esta vez no vas a retractarte por haberme llamado así?

Jin negó con la cabeza —Eres y siempre serás mi mayor tesoro. 

Su corazón latió fuerte. Acelerado. Feliz. Y casi inmediatamente respondió pegando sus labios a la frente del mayor. Lo estaba besando. Taehyung besó su frente mientras su brazo sano lo rodeaba la espalda. Dominado por un impulso, porque su corazón lo ordenó y fue más rápido que cualquier pensamiento. Las sensaciones cosquillearon en su vientre, el extraño sentimiento que florecía en su pecho se hizo un poco más grande. Sólo volvió en sí cuando Jin se permitió empujarlo para recostarlos a ambos sobre las sábanas. 

El castaño estaba sobre su cuerpo, con el rostro escondido en el hueco de su cuello, sus brazos rodándole por sobre los hombros. 

—Quédate conmigo... Por favor —susurró el mayor, apenas moviéndose.

Taehyung sintió que su rostro ardía en calor. Estaba aprisionado por su cuerpo cálido, por su perfume, su melodiosa voz. Sentía tantas cosas que estaba incluso mareado. ¿Quedarse allí?, ¿Dormir con él?

—De acuerdo —respondió, y una parte suya cantó victoria mientras la otra maldecía. Era como si una guerra tuviese lugar dentro de su mente. O quizás era entre su mente y lo que quería su corazón. O tal vez su corazón era el que le pedía prudencia mientras su lado racional dictaba que todo estaría bien.

Decidió que intentaría no pensar en nada más. Seokjin también vestía su pijama, así que se apresuró a levantar las sábanas y hacerle un lugar a su lado. 

En un abrir y cerrar de ojos, estuvo en un lugar acogedor en medio de sus brazos. 

Jin lo abrazó sin dejar ni un solo espacio entre sus cuerpos. Fue extraño, pero no desagradable. Olía bien. Estaba tibio. Su piel era suave. 

—Estuve esperando mucho tiempo por esto —susurró en voz baja, cerca de su pecho. Taehyung sonrió enternecido. 

Él sabía bien la magia que había detrás de un gesto como el que estaba teniendo con Seokjin. 

Estaba bien. Dormir acompañado era algo que también le gustaba. La cama del mayor permitía que ambos estuvieran cómodos, incluso Yoonie estaba a gusto. El gatito apenas si se movió cuando los dos muchachos se acurrucaron juntos.

—¿Podemos dormir así todas las noches de ahora en más? —preguntó el mayor, haciendo que el de ojos mieles riera un momento. En el fondo sabía que estaba pidiendo demasiado. Se sentía como un sueño, como algo irreal—. ¿De verdad estás mejor de tu resfriado? —cambió de tema, subiendo la cabeza hasta mirarle.

—Sí. Al parecer estoy sano otra vez.

Jin hizo un sonidito con los labios fruncidos.
—Sigo pensando que deberías ver a un doctor. Automedicarse no es bueno, Tae.

—Casi siempre funciona —admitió, despreocupado.

Seokjin le acarició con las piernas.
—Tu salud es fundamental. Quiero que la priorices.

—Lo hago —mintió—. Por eso estoy aquí esta noche, y no trabajando.

—Tae, respecto a eso...  —Jin volvió su voz un poco más seria, mientras se erguía levemente—. No tienes que contármelo, sé que no estás pasando por un buen momento en ese lugar —La mirada del menor se ensombreció de repente—. No tengo derecho a obligarte a dejar tu trabajo si no quieres hacerlo, pero quiero asegurarme de que vas a estar bien.

—No sé qué te haya dicho Hoseok hyung, pero no es... No es tan sencillo.

—Solo no quiero volver a verte como la otra noche —comentó afligido—. Fue por eso que te enfermaste. Yo iré a recogerte de ahora en más.

—Jin, eso no-

—Bueno, teóricamente lo hará mi chófer. Pero yo iré con él.

—Hyung, eso no es necesario... —Taehyung se quedó estático al ver su expresión— ¿Qué?

—Me llamaste Hyung.

El menor se encogió en su lugar, un poco avergonzado.

—Tú m-me llamas Tesoro todo el tiempo, ¿cuál es el problema en que te diga hyung?

—Ninguno —dijo, abalanzándose sobre él una vez más. Tae soltó un pequeño quejido, sorprendido.

Cuando percibió su respiración acariciándole el cuello, sintió un agradable cosquilleo originándose en su vientre. Seokjin le rozó la piel con la punta de su nariz, y él no pudo evitar reír un momento.

—Me haces cosquillas —se quejó con una sonrisa, subiendo los hombros para no dejar aquella zona tan expuesta.

Jin lo miró divertido.

—No mientas —arqueó las cejas—. Sé perfectamente que te gusta —Taehyung se puso rojo al instante—. Te gusta dormir abrazando a alguien más, y te gusta cuando sueltan aire tibio aquí —sopló en su cuello, justo en el lugar que el menor intentaba proteger—. No intentes decir lo contrario.

El de ojos mieles se cubrió el rostro, avergonzado —¡Es que no entiendo cómo puedes saber eso!

—Lo sé, y punto. Ahora sólo déjame mimarte —su voz se tornó gentil mientras volvía a acomodarse cerca. Sus manos viajaron por sobre la tela de la ropa, en caricias suaves y parsimoniosas. 

Un tranquilo silencio hizo presencia durante un breve momento. Taehyung logró aflojar la tensión de su cuerpo a medida que Jin se concentraba en pasear las manos por sus hombros y brazos, de manera afectuosa. 

Tae se detuvo a observar su rostro con atención. Ya no tenía dudas, Jin era guapo. Y no sólo eso.

¿Realmente estaba ocurriendo?, estaba recostado en la cama de Seokjin, sin sentir incomodidad, sin ninguna distancia entre sus cuerpos, sin conversaciones tediosas ni situaciones forzadas. Con él a su lado, y todo lo que eso implicaba.

Y se sentía bien.

—Creo que tengo sueño —comentó, sus párpados pesaban, y realmente se hallaba más tranquilo que antes. 

—Esa es la idea. No voy a dejar que te marches, no puedes abandonarme ahora —sonrió Seokjin—. No me dejes. No me dejes... —entonó en voz baja, recordando aquella melodía que había aprendido a amar—. No me dejes atrás... Devuélveme los pasos de tu corazón y regresa a mí —Taehyung no pudo contener una sonrisa tras oírlo. Estaba cantando. Cantando para él—. Realmente te quiero, arriesgaré mi vida, llévame a las luces dispersas hasta el fin del mundo. Vas a ser tú... Na na na na na na... 

—Tu voz es preciosa —aprobó mientras asentía con la cabeza—. ¿Así que también eres cantante?

Jin soltó una pequeña risa, y fue como si fuese golpeado por los recuerdos. Los recuerdos del momento en el que escribió la letra en su diario, y cuando estando en la casa de sus padres, tomó su vieja guitarra mientras se esforzaba por leer las notas del pentagrama que había dibujado durante el vuelo. Le costó porque las líneas se veían borrosas, estuvo llorando cuando la escribió. Estuvo llorando al momento de practicar y practicar la melodía, y ahora, en su departamento, con Taehyung recostado a su lado mirándole con una sonrisa amable... Estaba llorando otra vez.

—Estoy bien, descuida —se limpió mientras sonreía, con el fin de evitar que el menor siguiera observándolo preocupado—. Soy un compositor bastante sensible.

—Cantante y compositor, nada mal.

Seokjin agradeció el cumplido y después volvió a acurrucarse en su pecho. "Basta de lágrimas", se dijo mientras cerraba los ojos e intentaba concentrarse en su amado. En su brazo rodeándole por la espalda, y su perfume a menta. Era real, no un sueño. Después de semanas enteras conseguía ganarse la aceptación de Taehyung, y no pararía hasta obtener su amor.

Él tenía que enamorarlo. Él iba a enamorarlo.

♦♦♦

Cuando despertó, sus ojos tardaron unos segundos en habituarse a la luminosidad del cuarto en el que estaba. 

Taehyung se sentó en la cama a toda velocidad, sintiéndose un poco mareado. Miró en todas direcciones. Estaba solo, en la habitación de Seokjin.

Salió con torpeza de debajo de las sábanas, y chocó contra la mesa de noche que estaba a un costado. Se dio un fuerte golpe en la cadera, y se quejó con un gruñido. Pasó una mano por su rostro, y estiró su brazo. 

No había descansado mal, de hecho, tan pronto como cayó dormido, no despertó en toda la noche. 

Bostezó, y todos los recuerdos viajaron por su mente a la velocidad de un rayo. Procesó todo lo ocurrido la noche anterior mediante imágenes: Cuando ingresó para ofrecerle comida, cuando se sentó en la cama, y luego cuando Jin lo empujó contra las sábanas. 

Jin se acomodó sobre su pecho.

Jin le cantó una canción.

Jin durmió respirando aire cálido sobre su piel.

Tae sintió que sus mejillas se calentaban. Tragó con dificultad. Bien, no había motivo para volverlo algo extraño. Él ya había dormido en compañía de chicos antes. Jungkook y Hoseok. Y todo resultó bien. Sin cambios, ni momentos incómodos. Con Seokjin probablemente no sería diferente... ¿Cierto?

♦♦♦

—Buenos días, dormilón —Jin lucía una sonrisa radiante, tenía su delantal de cocina y estaba frente a una cacerola humeante.

—Buenos días —saludó, un poco sorprendido de verlo de tan buen humor.

—Si no despertabas pronto, ibas a obligarme a arrebatarte de las sábanas —rió, revolviendo su preparación con habilidad—, el almuerzo estará en un santiamén —le avisó.

Taehyung sonrió ampliamente, dirigiéndose a preparar la mesa. Comer comida casera tenía que ser considerado como una bendición. 

El sol se filtraba por la ventana de la cocina, y el ambiente entre los dos no podía ser mejor. No hubo ningún tipo de incomodidad, almorzaron entre risas y una conversación animada.  

Incluso tuvieron una pequeña riña jugando con agua. 




—Gracias —dijo Tae, sonriéndole. Ni siquiera notó que sus ojos claros brillaban para el mayor. Estaba afirmado contra el marco de la puerta de la cocina, y Jin estaba exactamente frente a él, apoyado en el otro extremo.

—Gracias a ti —respondió el mayor, su voz desbordaba dulzura. 

Los dos se sostenían en una sola pierna. Tae movía uno de sus pies de arriba abajo y Jin jugaba con sus manos tras la espalda de forma nerviosa. Hubo un pequeño silencio en medio, pero la forma en que conectaron miradas llenó todo el ambiente.

Yoonie asomaba sus ojos azules mirándolos por sobre uno de los cojines del sofá rojo. 

Y ninguno lo notó.

♦♦♦

—¿Jimin vendrá? —preguntó exaltado después de que el mayor lo nombrara.

—Sí. Le dije que podía venir a visitarme hoy. Debería llegar en cualquier momento —explicó Seokjin—. Si te molesta podemos-

—No, nada de eso. Simplemente... Hice planes con Jungkook. 

—Lo siento, debimos hablarlo.

—No importa, hyung —Tae negó con la cabeza mientras salía del sofá donde estuvo recostado leyendo—. Él y yo estaremos en mi cuarto, y Jimin y tú pueden estar aquí. Si estás de acuerdo, claro.

—Por supuesto. Si van a estudiar, seremos silenciosos.

—Es la idea, pero en realidad dudo que podamos hacerlo —El menor pasó un brazo tras su nuca—. Nunca puedo estudiar realmente si él está conmigo.

Seokjin lo entendió de inmediato, pero antes de poder responder, alguien tocó el timbre. El castaño se afirmó en sus muletas, y caminó hasta la entrada. 

Intentó sonreír cuando se topó con Jungkook.

—Hola —el pelinegro cargaba la mochila sobre sus hombros, un gorrito gris dejaba a la vista sólo algunos mechones oscuros sobre su frente, y su pequeña sonrisa entusiasta lo descolocó un poco.

—Hola, Jungkook.

El menor avanzó, hasta que el castaño se hizo a un lado permitiéndole entrar.

Apenas estuvo dentro estiró los brazos para aferrarse a Taehyung, quien lo recibió con un excepcional brillo en la mirada. Jin desvió la vista unos segundos.

—¡Espero que tengas muchas ganas de terminar los trabajos atrasados! —le dijo al de ojos mieles.

—No te imaginas cuántas —respondió Tae, con tono sarcástico. Cuando Kook se apartó para caminar hacia la mesa, lo interrumpió—. Uhm, trabajaremos en mi habitación.

—¿En serio?, pues bien, voy entrando —le dijo antes de dirigirse hacia el interior.

Jin hizo una mueca. No tenía que ser así, pero le molestaba un poco que aquel muchachito se paseara por el lugar como si también fuese suyo. Una idea estúpida, porque fue Kook quien vivió allí con Taehyung, mucho antes que él.

—Sí, esto... Estaremos adentro —le dijo a Jin, presionando los labios tras notar su incomodidad. Era obvio que lo mejor sería que ellos permanecieran encerrados.

—De acuerdo —respondió el mayor. Y luego lo vio desaparecer en dirección al corredor.

Por supuesto, Jungkook era el chico que le gustaba a Tae, además de ser su amigo, su compañero de carrera, y su tipo ideal. Seokjin suspiró cuando estuvo a solas. Él había hecho enormes progresos en su vínculo con Taehyung, pero lo cierto era que el pelinegro seguía llevándole demasiada ventaja. 

No se suponía que fuera una competencia, no. Tenía que dejar de ser tan pesimista sólo porque ahora ambos estuvieran juntos. Sin embargo, el malestar que los celos le provocaban estaba firmemente instalado en su mente, y en su pecho. ¿Realmente estudiaban?, ¿O quizás ellos...?

Yoonie se frotó contra sus piernas, y él le sonrió antes de agacharse a acariciarlo. 

—Ay, Yoonie... ¿Crees que algún día pueda quererme a mí?, ¿Y que le brillen los ojitos como cuando lo vio entrar a él?

El gatito blanco le dio un pequeño cabezazo suave, pidiéndole más caricias. Jin sonrió débilmente mientras se permitía consentirlo. 

Poco después, se sentó en el sofá rojo, revisando su teléfono, y a la espera de Jimin. Realmente lo necesitaba.

♦♦♦

—Te ves preocupado —señaló Jungkook, ahora sentado con las piernas cruzadas en la cama del mayor.

—No es nada.

—¿No?... —movió las cejas—. Mentiroso.

—Sólo estudiemos y ya, ¿sí?

—Lo dice el que siempre se queja de no poder concentrarse por mi culpa.

Tae sonrió bajando la mirada. 

—Eso no es ninguna mentira. Todo es tu culpa.

—Soy irresistible, lidia con eso —presumió Jungkook, con ánimos de fastidiarlo—. Y mientras, revisa el libro de Metodología de Investigación, página ciento siete, ya que no vas a decirme lo que te preocupa.

Taehyung suspiró mientras se sentaba en el otro extremo de la cama, imitando su posición, y buscando la bendita página ciento siete.

—La encontré.

—Bien, párrafo tres —el menor tomó una pluma y comenzó a tomar notas en su cuaderno, mientras sostenía el libro con una de sus rodillas. 

Pasó un momento silencioso hasta que preguntó.

—¿Puedo saber por qué estamos aquí y no afuera esta vez?

—Jin espera a Jimin —le contó, mientras también tomaba notas.

—¿Qué dijiste? —preguntó con sorpresa— ¿¡Jimin va a venir!?

—Sí —Tae sólo entonces volvió a mirarlo—. Eso fue lo que me dijo.

El pelinegro se llevó una mano a su frente, nervioso. 

—¿¡Por qué no me lo dijiste antes!? —se quejó—. Crees... ¿Crees que pueda verlo al menos un momento? —preguntó.

El mayor sólo sonrió enternecido tras verlo tan ilusionado.

—Seguramente sí. Hyung me lo dijo antes de que llegaras, yo tampoco lo sabía.

—¿"Hyung"? , ¿Ya no lo llamas "Seokjin"? —preguntó divertido. Taehyung le sostuvo la mirada, pero comenzaba a ruborizarse—. Pero volviendo a Jimin... —presionó los labios cerrando el libro—. M-me gustaría poder hacerlo. A menos que venga con su novia.

—No lo especificó, pero aun si ella viene con él, puedes salir a saludar —agradeció que su amigo no insistiera respecto al tema de Jin.

—¡No! ¡Yo ni siquiera vivo aquí! Viene por Seokjin, seguramente será extraño que yo... Quizás sólo debamos quedarnos aquí —comentó, su humor decayó de inmediato.

—Hey, vamos, no pongas esa cara —le dio un pequeño empujón con su pie—. Cuando venga, yo mismo me encargaré de presentarlos, ¿te parece bien?

—¿Tú?

—Sí, éste también es mi hogar. Además, será una presentación oficial, aunque ya hayan hablado una vez.

Jungkook le sonrió exhibiendo sus incisivos. 

—Eres el mejor.

—Ya lo sé, Kookie, ya lo sé —se jactó, con una sonrisa burlona. 

Tenía que ser un buen amigo para él.

Pasaron cerca de cinco minutos, y finalmente escucharon que el timbre volvía a sonar. Seguramente se trataba de Jimin.

Ambos continuaron desarrollando sus actividades universitarias en cuadernos y archivos digitales, tenían como objetivo completar la primera monografía antes de salir a buscar "algo de comer" como excusa para que el pelinegro pudiese ver al rubio de sus sueños. 

Cuando lo hicieron, Jungkook estaba especialmente nervioso mientras salía de la cama, estirando las piernas. Tae le dio palabras de aliento mientras remarcaba su buen aspecto. Sinceramente esperaba que, aún si Jimin sentía disgusto por su persona, su opinión por Jungkook fuese diferente.




Asomaron por el pasillo, escuchando las voces animadas de Seokjin y de su amigo de cabello rubio. Ambos estaban en el sofá rojo, donde un Jimin sonriente jugaba con Yoonie.

—Ejem... —Taehyung carraspeó, interrumpiéndolos un instante—. Hola, Jimin —saludó con cortesía.

El contrario hizo un gesto con la cabeza —Hola.

—Taehyung y Jungkook están trabajando juntos adentro —le dijo Seokjin.

—Así es, de hecho, creo que ya conocías a Kook —se volteó levemente, para acercar a su amigo pasando un brazo tras su espalda, trayéndole hacia el centro del salón recibidor. 

—Yo- Uhm, Ho-la —murmuró. Dio un brinco al sentir que Taehyung lo empujaba un poco más—.  Hola, quizás no me recuerdes. Soy Jeon Jungkook, también estoy en la carrera de letras. Metro setenta y ocho, diecinueve años, nacido en septiembre, miembro del club de boxeo —escupió de forma apresurada con sus ojitos oscuros brillando y sus labios temblando.

Seokjin parpadeó repetidas veces, Taehyung se cubrió el rostro evitando reír y Jimin se le quedó mirando en silencio.

—Bien, Jungkook que estudia letras, de diecinueve años, metro setenta y ocho, nacido en septiembre y que es parte del club de boxeo —repitió, mientras una sonrisa se formaba en sus abultados labios—. Yo soy Jimin, pero ya nos conocíamos.

—Sí —respondió el menor, echo un manojo de nervios—. S-sólo creí que no me recordarías.

—Me ayudaste sin pensarlo cuando te lo pedí, claro que lo recordaría —admitió el rubio, provocando que Jungkook se sonrojara al instante.

Seokjin los observó en silencio. Ciertamente, era extraño que estuvieran hablando como desconocidos cuando él tenía anotado en su diario que habían sido los novios más pegajosos que conoció. Después de Taehyung y él, desde luego. 

El de ojos grisáceos miró fugazmente a su compañero de piso, y éste le lanzó una mirada divertida. Entonces lo entendió.

—Taehyung mencionó que Jungkook siempre está dispuesto a ayudar, en ese sentido, me recuerda a ti, Jimin —comentó, intentando ser casual.

—Creo que tenemos suerte de tenerlos —añadió el de ojos mieles, mientras se dirigía a la cocina.

Jungkook sonrió, apenado, encogiéndose de hombros. Jimin sólo se sumó a él con un gesto similar.

Tae reapareció con una bandeja con dos vasos de jugo.

—¿Quieres llevar esto por mí? —le pidió al pelinegro.

El menor obedeció de inmediato, con la sonrisa más maravillosa que pudo ver en su carita. Recibió la bandeja y caminó apresurado de regreso a la habitación.

El timbre volvió a sonar, desconcertando a los dueños de casa.

Taehyung fue quien abrió, y se quedó helado al ver de quién se trataba.

—¡Tae Tae! —Min Jae tenía una camisa oscura y cargaba una enorme bolsa en los brazos—.  Mírate, te ves mucho mejor de lo que esperé —pronto estuvo dentro—. Oh... Tenías visitas.

Jin y Jimin lo miraron desde el sofá. Taehyung comenzó a sentirse nervioso.

—Uhm, sí, algo así. ¿Sabes?, tal vez ahora no-

—¡Hola! —el de hoyuelos exhibió su mejor sonrisa, dirigiéndose a los desconocidos—. Soy Min Jae. Supe que Tae no se sentía bien, así que decidí visitarlo. Mucho gusto.

Jimin fue el primero en presentarse, Seokjin le siguió, aunque no dejaba de mirar al recién llegado como si estuviese analizándolo.

—Es-escucha, ¿por qué no vamos a mi habitación?

—¿Qué?, ¿Por qué?

Tae le sujetó una mano —Sólo vamos. Ahora.

Lo arrastró con él hacia el pasillo, y luego lo metió en su cuarto. Estuvo seguro de sentir las miradas de Jin y Jimin, pero prefirió ignorarlas.

♦♦♦

Min Jae dejó la bolsa que traía sobre la cama, topándose con Jungkook.

—Hey —saludó a Kook, dándole un apretón amistoso.

—¡Hyung! —el menor lo recibió alegre— ¡qué gusto verte!, ¿Qué estás haciendo aquí?

—Sólo pasaba a ver a mi caramelito —contestó en un tono dulzón, mientras Tae cerraba la puerta.

Jungkook resopló una risa divertida. Él sabía perfectamente la clase de relación que tenían ambos. Incluso le agradaba compartir tiempo con el moreno de sonrisa ganadora. 

—¿Por qué no me dijiste que vendrías? —demandó el dueño de casa, sentándose en medio de ambos.

—Era una sorpresa. Quería asegurarme de que estuvieras bien, Soo Yun me pidió que te trajera las cosas de esta bolsa —se la entregó—. Hay medicinas, una bufanda, miel, algunos limones, y también cerveza. Tu favorita —explicó.

—¿Todo esto para mí? —sonrió Taehyung, conmovido. Sus compañeros de trabajo eran muy amables preocupándose por él.

—No vayas a llorar, ¿me oíste?... Estuvimos pensando en ti todo el fin de semana —le contó, antes de darle una fugaz caricia en la barbilla—. Me alegra saber que estás mejor. Y además, muy bien acompañado —mencionó con intención—, por cierto, ¿quién es el rubio? Es terriblemente sexy —comentó mientras se echaba aire con una mano, sonriendo con picardía.

—Ah, no. ¡Eso no! —protestó Jungkook—. Yo lo vi primero. Búscate el tuyo.

—¿Qué? ¡Pero no es justo! —se quejó Min Jae.

Taehyung puso los ojos en blanco.

—Ustedes de verdad están ciegos. El castaño es mil veces más atractivo.

Jungkook inmediatamente sonrió, elevando las cejas. Tae quiso regresar el tiempo y retractarse. 

—¿El castaño? —el de camisa oscura ladeó la cabeza—. Tienes razón, es el que tiene una espaldota. Es sexy también.

—Se llama Seokjin, pero llegas tarde. Seokjin le pertenece a nuestro querido hyung.

—¿Qué? —los ojos oscuros de Min se iluminaron tras la frase de Jungkook—, ¿Es tu novio?

—¡No! —Tae se escandalizó—. No es mío, y no es mi novio.

—Pero sí te parece sexy —apuntó Jungkook.

—No.

—¡Pero acabas de decirlo! —dijo ahora Min Jae.

—¡Dije que era atractivo, sólo eso!

—Atractivo es similar a sexy, ¿no es así, Kookie?

—Claro que sí —respondió el de gorrito—. Pero como habrás notado, hyung está en la etapa de negación. Es obvio que Seokjin hyung le gusta.

El de camisa se arremangó los puños y miró al menor de los tres con entusiasmo.

—Oh, ha pasado tiempo desde que Tae encontró alguien que- Aguarda, ¡eras tú! ¡Entonces quiere decir que ya no le gustas?, ¿Y cómo pasó todo esto exactamente? ¡Cuéntamelo todo!

Jungkook rió unos segundos —Parece que no se ven hace bastante.

—Desde el fin de semana pasado, pero el club no es lugar para hablar tranquilamente.

—Entiendo, bueno, verás... Todo comenzó cuando-

—¿Quisieran dejar de fingir que no estoy escuchándolos? ¡Son insoportables!

—Vamos, sólo quiere saber desde cuándo miras así a tu hyung —defendió Jungkook, acentuando la última palabra.

—Nunca me cuentas nada importante —añadió Min Jae.

—¡¡Porque no es importante!! —explicó, pero ya se encontraba sonrojado— Seokjin y yo no... Nosotros, es decir, él es... que estemos viviendo juntos no significa-

—¿Viviendo juntos? —el bartender abrió los ojos de par en par— ¿¡Ustedes realmente están... !?

—Dios —Tae se sintió abrumado, llevó una mano a su frente—. Bien, han pasado ciertas cosas, pero él y yo no estamos saliendo. 

Tomó aire, y luego comenzó a explicarle la situación real a su compañero de trabajo. Era cierto que no compartía demasiado sobre su vida personal con Min Jae, pero de alguna u otra forma, aquel pelinegro siempre estaba cerca, y ahora, -al igual que muchas veces en el pasado- estaba al tanto de prácticamente todo.

A Tae no le molestó eso. Sino más bien que decidiera unirse a Jungkook para fastidiarlo con Seokjin. Realmente eran como niños.

♦♦♦

"No es cierto", "Sólo pienso que es atractivo físicamente", "Bien, su sonrisa es un buen punto... Y también sus hombros", "No me gusta", "Sé que hizo algo importante por mí", "Quería ayudarme", "Sí, nos llevamos bien. Pero sólo eso". Repitió tantas frases para dar énfasis a su no-enamoramiento, que permaneció meditabundo mirando a un punto fijo una vez que sus amigos abandonaron su cuarto, y el departamento. Habían conversado bastante, y el estudio quedó completamente de lado. Min Jae pudo ponerlo al corriente de la situación en el club, sabía que le aguardaban noches demasiado complejas.

Hacia el final de la tarde, decidió que tomaría una cerveza de las que le había obsequiado Min Jae, sin embargo, ya iba por la cuarta botella. 

Había pasado tiempo desde que bebía sin medirse. No tenía permitido hacerlo mientras trabajaba, no asistía a demasiadas fiestas pues coincidían con sus días laborables, y cuando se reunía con amigos en algún bar, prefería cuidar sus modos y no caer en excesos. 

Pero ahora estaba en casa, extrañamente frustrado, y también mareado. Todo parecía girar en torno a las luces esféricas de su cuarto, y en torno a un único nombre: El de Kim Seokjin.




—Tae... —Jin lo miró con curiosidad cuando el menor asomó desde el corredor, sujetándose de la pared para no perder el equilibrio—. Creí que dormías.

—Hyung, no es taaaan tarde —sonrió, balanceándose.

El mayor volteó en dirección al reloj de pared. 1:45 AM del miércoles. Volvió su vista al menor, y notó que lo observaba mordiéndose los labios, para luego sonreír.

—¿Querías algo en especial? —preguntó, acomodándose los anteojos redondos que tenía sobre la nariz, y dejando sus libros y apuntes a un costado.

—Pero qué tierno, ¿estudias por las noches? —quiso saber Taehyung, acercándose a la mesa donde el castaño estaba trabajando.

—Sí, en realidad decidí aprovechar mi falta de sueño y... —se interrumpió al sentir el característico aroma a cerveza emanando del cuerpo del menor— ¿Bebiste?

—Ajá —sonrió mientras apoyaba el brazo contra la mesa—. No lo hacía hace semanas... Adoro la cerveza, Min Jae me conoce bien —hipó, sonriendo.

Seokjin se retrajo levemente. No estaba demasiado convencido de que el de ojos claros estuviese en sus cinco sentidos.

—¿Por qué no bebes agua y luego vuelves a la cama? Deberías descansar —sugirió, intentando no sonar enfadado. La idea de Taehyung bebiendo no debería molestarle pues estaba perfectamente sano, sin embargo, lo hizo. 

—Mmm —hizo un sonidito como si lo estuviese pensando—. Nop. Creo que no —y pronto afirmó su codo, sosteniéndose una mejilla. 

—¿Tienes hambre?

—No había notado que usabas gafas para estudiar —sonrió, ladeando ligeramente la cabeza.

Jin le sonrió brevemente. Era claro que Taehyung tenía en claro qué quería, pero no era comida.

—Sólo las utilizo cuando estoy en casa, porque son de descanso —explicó, calmado. 

—Te sientan bien —afirmó, mientras volvía a morderse los labios.

El mayor comenzó a sentirse incómodo bajo aquellos ojos mieles penetrantes. Tragó, intentando disipar su nerviosismo. Para su desgracia, lo conocía bastante bien: Taehyung estaba coqueteando con él. 

—Gracias. ¿Tú no usas gafas?

—No. Es decir, tengo un par, pero sólo para verme más inteligente. Me gusta usarlas cuando paseo por las galerías de los museos de arte —le contó, arrastrando algunas consonantes.

—¿Para verte más inteligente? —Jin rió por la ocurrencia.

—Sí... Porque es imposible que pueda verme mejor, ¿cierto? —Tae hipó una vez más, antes de acercarse a su lugar— ¿Crees que soy apuesto, hyung?

—Lo creo, pero eso ya te lo había dicho —contestó Seokjin, y sus nervios se dispararon a mil cuando el menor se sentó en sus piernas con total comodidad—. T-Taehyung...

—Yo te gusto mucho, ¿no es así? —preguntó, insinuante—. Dijiste una vez... Que harías cualquier cosa para ayudarme —su índice viajó por el pecho del mayor, de arriba abajo por sobre la tela de la camiseta del pijama que Jin vestía. 

—Taehyung, estás ebrio.

—Estoy perfeecto. Nunca he estado mejor, lo juro —sonrió, ahora subiendo los brazos en torno a su cuello—. Pero necesito ayuda.

—Lo que necesitas es darte una ducha helada y tomar un litro de agua —Seokjin se afirmó contra su asiento para no tocarlo ni por error. Sabía que el menor estaba pasado de alcohol, actuaba extraño, olía extraño y hablaba extraño. 

—Hyung... —lloriqueó haciendo un puchero— Ayúdame. Es importante.

Jin desvió la vista hacia un costado —Apártate, por favor.

—No puedo, de lo contrario no podrás ayudarme —explicó Taehyung, sonriendo con inocencia.

—No creo poder ayudarte, Tae. Vamos, te acompañaré a tu cuarto. Tienes que dormir.

—Te gustará, lo prometo —y tan pronto como pudo, su lengua se pegó a la piel aquel cuello expuesto, donde después afirmó sus labios, haciendo presión.

El de ojos grisáceos sintió algo similar a un piquete, y sin dudarlo, lo empujó por los hombros.

—¿¡Qué crees que estás haciendo!?

—Hyung, tienes que ayudarme —tomó su rostro acercándolo al suyo—. Min Jae dijo que estuvieron molestos conmigo porque no asistí, y tengo que complacer a las personas. Tienes que recordarme lo que se siente disfrutar el sexo. Tengo que hacer que te sientas bien, por favor —soltó apresuradamente, antes de volver a besarle en el cuello.

Jin sintió una corriente eléctrica viajar por cada poro de su piel, algo en su cuerpo conectó con su memoria. Él conocía esos labios, esa forma de presionar, morder, lamer y besar. Él los extrañaba, los deseaba en su piel, en cada rincón de su ser.

—Tae... No. No así, por favor...

No. No estando ebrios. No sin ser más que compañeros. No para que luego fuera a hacer lo mismo con cualquier otra persona. Mierda. En realidad sí quería. Sí, porque era con él, porque lo había escogido a él, y estaba besándolo con demasiado ímpetu. Taehyung usó su mano izquierda para comenzar a desabotonarle la camiseta con torpeza. Su respiración estaba acelerada, tan pronto como pudo observar sus pectorales, trasladó sus labios allí, marcándolo más y más abajo, llenándolo de aquel calor húmedo.

—Levanta los brazos —le ordenó antes de volver a su cuello.

Mierda.


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