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~ 07 ~

Seokjin se sintió levemente más tranquilo al notar que el menor no lo había aparado. Tampoco lucía como si fuera hacerlo, el pobre temblaba en sus brazos. Le dolió tanto escucharlo sollozar haciendo el esfuerzo de contener la voz. Cerró los ojos, y lo acercó a él un poco más. Tenía muchas preguntas atascadas en la garganta. Aún si habían transcurrido bastantes días, él todavía sentía la urgente necesidad de permanecer a su lado. Esperaba poder brindarle contención a Taehyung mediante su calor.

Cuando unos pocos minutos pasaron, sintió como el contrario ponía distancia empujándole los brazos.

—L-lo siento, te dejé empapado —comentó sin mirarlo.

—No importa —se apresuró a responderle—. Tae... ¿Qué sucedió? —por fin lo tenía más cerca. Se permitió sujetarlo por el mentón—. Estás temblando, deberíamos entrar. Tienes que quitarte eso, o vas a enfermar.

Los ojitos mieles que tanto quería lo miraron con una mezcla entre vergüenza y confusión. Jin le tomó una mano entre las suyas, percatándose con horror del frío invernal al que había estado expuesto. Con sus labios rozó el dorso de su piel todavía húmeda, mientras se reprendía por haber permitido que Taehyung caminara bajo la lluvia.

Percibió el cuerpo del menor tensarse, al tiempo que retrocedía apartándose.

Seokjin se quedó en su sitio sin intentar retenerlo. Le era inevitable, la familiaridad que experimentaba teniéndolo cerca lo llevaba a querer tocarlo tanto como pudiese. Su nostalgia por haberlo extrañado potenciaba ese sentimiento, pero era evidente que para Taehyung resultaba invasivo.

—Abriré ahora —anunció, tras limpiarse el rostro.

Jin volvió a sujetar sus muletas. Gracias a su rehabilitación, podía sostenerse en su pierna sana durante un par de minutos. Era un importante progreso, pero todavía faltaba para que pudiera caminar con normalidad.

Ingresó tras Taehyung, un poco nervioso. Siempre se repetía a sí mismo que debía controlar sus impulsos, minimizar su sensibilidad y acallar el deseo de tomarlo en sus brazos y plantar miles de besos en su rostro. Pero para bien o para mal, el torbellino de emociones que era volver a verlo jamás se desvanecía.

—Te alcanzaré una toalla —le dijo al mayor mientras se quitaba el abrigo y lo dejaba en el perchero.

Seokjin asintió enmudecido pues no pudo hacer nada más tras ver la imagen del menor con la ropa pegada a su silueta. Taehyung lucía bastante diferente a lo que recordaba.

Lo vio desvanecerse en medio de la oscuridad del corredor. Seokjin se mantuvo en su lugar, deteniéndose a observar en detalle por primera vez el lugar que había comprado. Tragó con dificultad al recordar el número se ocho cifras, él no era impulsivo y ésta era la primera vez que llegaba tan lejos. Verdaderamente lejos, adquiriendo un departamento que no necesitaba, en una de las zonas más caras de la ciudad, y con el tamaño para una familia pequeña.

—Ten —Taehyung reapareció por el pasillo ofreciéndole una toalla en su mano. Cargaba otra en uno de sus hombros.

"Por supuesto que valió la pena" se dijo mientras el de cabello grisáceo lo miraba por un instante.

En realidad no estaba demasiado mojado, pero no iba a contradecir a Taehyung. Tenía que ser cuidadoso. Lo miró de reojo, todavía sorprendido por su aspecto. Ahora tenía más preguntas que antes, pero no podía ponerlas en voz alta. No todas, al menos.

—Uhm, la cocina está hacia allá, ¿cierto? —señaló con su índice.

—¿Quieres beber algo? —preguntó el menor.

—No, no, descuida. Yo sólo... ¿No deberías quitarte eso? —podía sonar insistente, pero quería que sustituyera las prendas mojadas por algo seco— ¿Por qué no vas a cambiarte? Mientras tanto yo puedo preparar algo.

—¿Preparar qué? —Tae no lucía muy convencido.

—Algo caliente. ¿Bebes té? ¿O tal vez quieras otra cosa?

—No necesito nada, no te preocupes.

Seokjin hizo una mueca, asintiendo. Bajó la vista y se pasó una mano tras la nuca. Taehyung, frente a él, lucía igual o más tenso.

—¿Puedo saber qué hacías durmiendo afuera?, ¿Desde cuándo estás aquí?

—D-desde poco antes de media noche —respondió el mayor—. Pensé que quizás algún guardia de seguridad me echaría al encontrarme, pero es evidente que no sucedió. Simplemente me quedé dormido —admitió, un poco avergonzado. Él mismo insistía en no ser un acosador, pero no hacía demasiado por demostrarlo.

—El guardia permanece en la planta baja hasta media madrugada. Y no hay cámaras en los pisos, sólo en el ascensor y en la entrada —explicó Taehyung—. Debió creer que eras visita.

—Bueno, sí me revisó antes de que pudiese subir.

—Es parte del protocolo de seguridad. No pueden permitir que alguien desconocido y sin revisar, ingrese a las viviendas. Podría ser peligroso.

Seokjin escuchaba atentamente. Recordaba que el hombre uniformado tanteó sus prendas como asegurándose de que no llevara armas, algo filoso o en su defecto algo que pudiera ser categorizado como "peligroso". Eso no había ocurrido cuando visitó el edificio durante el día.

—¿Y qué te hizo venir tan tarde?, ¿No podías esperar a mañana?

Seokjin sabía que no debía tomarlo así, pero el tono neutral y serio de Taehyung lo hacía sentir estúpido. Estúpido y pequeño.

—Q-quería... —«verte», acalló—. Ver si podía conocer m-mi cuarto, y recorrer un poco el lugar. Tengo que empacar algunas cosas. Quería saber cuáles, según el espacio disponible.

Era cierto, sí. Como también lo era que estuvo durante horas intentando quitarse su imagen de la cabeza, y el hecho de que iban a vivir juntos muy pronto. Seokjin se sentía impaciente, quería poder estar junto a él tanto tiempo como pudiese. Hasta cierto punto, notar su desesperación lo inquietaba.

—Creí que habías salido y que regresarías pronto, entonces... Simplemente me senté a esperar —confesó, con la cabeza baja.

Prefería omitir la parte donde había intentado llamarle unas siete veces, seguramente Taehyung ya lo sabía.

—Y esperaste toda la noche —completó el menor, en un tono no muy amigable.

Mierda, estaba estropeándolo. Seokjin se mordió los labios. Sabía que si continuaba en ese papel no haría más que asustarlo. Nadie querría vivir con un demente que no puede estarse un día sin esperar, en ese sentido tenía que darle la razón a Taehyung.

—Tengo una copia de la llave de este departamento, junto con la entrada en planta baja. Sólo la usarás si vienes tarde por la noche, de lo contrario no vas a necesitarla —explicó mientras dejaba la toalla húmeda sobre el sofá azul.

¿Había escuchado bien?

—Te la entregaré —finalizó Taehyung. Y volvió a perderse por el corredor—. Ven —lo llamó después, y Seokjin fue tras él.

Con cuidado, ingresó al dormitorio del menor. Se quedó asombrado, Taehyung tenía una enorme habitación para él solo. Además, estaba decorada con miles de cosas, los colores, los muebles, incluso la llamativa pared pintada en púrpura, todo era tan él. Era emocionante poder descubrir ese aspecto, ingresar a su mundo y ver un poco más de su personalidad.

Taehyung lo sorprendió al lanzar un estornudo. Seokjin se contuvo para no sonreír.

Tan ruidoso como solía recordar.

—Sabes que deberías tomar un baño, ¿no es así? —preguntó, intentando no sonar demandante—. Y recostarte cuanto antes.

El de ojos mieles eligió ignorarlo mientras rebuscaba en su armario.
—Aquí tienes —dijo al entregársela—. Lo de hoy no volverá a repetirse.

—Gracias.

"No te deprimas. No te deprimas. No te deprimas" pensó mentalmente. Era normal que Taehyung no le hiciera caso y tampoco se mostrara feliz por sumarlo a su vida.

—Sígueme —lo llamó ahora. Seokjin guardó la llave en un bolsillo de su pantalón y obedeció—. Este será el tuyo —informó el menor, abriendo la puerta que estaba justo en frente.

El castaño volvió a enmudecer. Apenas un poco más pequeño que el cuarto que había visto hacía segundos, estaba cubierto de polvillo, un escritorio y un montón de cosas apiladas parecían llevar tiempo sin que nadie las tocase. Parecía un cuarto olvidado, aunque por la lámpara de pie y la estantería, podría pasar como sector de estudio.

—Debo limpiar y desocuparlo para ti. Lo haré en estos días.

Jin concluyó que era doblemente más grande que el que tenía en su vivienda actual. Sus cosas entrarían sin problema. Una ventana con la persiana baja estaba al final, justo como la que había en el cuarto de su compañero.

Al notar que la mirada del menor estaba centrada en él, asintió con aprobación.

En realidad, tenía enormes deseos de llorar. No más cama compartida, despertar abrazados y desayunos en la cama, ¿cierto?

—Muchas gracias. Es más espacio del que esperaba, estaré más que bien —intentó sonreír.

—Es bueno saberlo —respondió el contrario, alejándose.

Seokjin le dio un último vistazo al que sería su nuevo dormitorio, y luego cerró. Un dolor agudo sacudió su espalda, el haber dormido en el suelo comenzaba a causar sus desagradables efectos.

—Con la llave que tienes, no necesitarás esperarme. Si necesitas algo más, puedes venir. Este departamento es tuyo ahora.

Educado y conciso, Taehyung estaba despidiéndolo. Seokjin bajó la vista y asintió en silencio. Sabía que debía marcharse pero el peso en su corazón no disminuía, permanecía constante.

—¿Vas a estar bien? —le preguntó, cuando ambos estuvieron nuevamente junto a la puerta.

—Sí —Taehyung se pasó una mano por el cabello mojado, esquivándole la vista.

—Si necesitas algo, cualquier cosa... No importa el momento, sólo llámame —pidió con angustia, pero Tae no volvió a mirarlo. No lo soportaba. El desinterés, el sentirse tan lejos, el verlo así, todo lo estaba lastimando.

El de cabello grisáceo ya no hablaba con fastidio como lo hizo cuando volvió a verlo en la primera ocasión; es más, era cordial, amable, muy correcto. El tipo de trato que se tiene con un desconocido. Con alguien en quien no confías.

Asintió casi de forma imperceptible.
—Buenas noches, Seokjin —dijo mientras cerraba la puerta.

El pecho se le cerró. Los ojos platinados se le inundaron en un santiamén, y sus labios temblaron frente a la puerta. Volteó hacia el elevador, sintiendo las primeras lágrimas correr por sus mejillas. Su indiferencia le dolía ¡Le dolía tanto!

Presionó el botón para llegar a planta baja, mientras se limpiaba. Sabía que Taehyung no estaba bien. Que si llegaba a casa en ese estado, era porque algo terrible estaba afectándole. Y él no podía hacer nada.

La indiferencia sería cosa menor si pudiese verlo feliz, pero Taehyung no era feliz.

♦♦♦    

Suspiró con agotamiento, malhumorado. Había olvidado por completo lo que era sentarse a estudiar, llevaba semanas sin hacerlo de verdad. Su impaciencia lo llevó a buscar la caja de cigarros y encender uno, colocándolo en sus labios. Los apuntes continuaban esparcidos en la mesa, los libros abiertos, y él, sin haber aprendido nada.

Taehyung dejó que el humo saliera por su nariz, maldiciendo el haber elegido letras como su profesión. Las odiaba.

Lunes, 9:18 AM

Dijo que necesitaba aprovechar la mañana tanto como pudiese, pero todavía tenía resaca y el cuerpo adolorido por la noche anterior.

—Buenos días —escuchó en una voz ronca y a la vez, alegre, asomando desde el corredor.

—¿Qué tienen de buenos? —respondió, todavía afirmado contra el marco de la entrada de la cocina.

Min Jae lucía el mismo pantalón que vistió la noche anterior, dejando su torso descubierto. Estiró mientras gruñía.

—¿Por qué estás fuera de la cama tan temprano? —cuestionó, ladeando la cabeza.

Taehyung dejó su cigarro en el cenicero.
—Porque tengo que estudiar.

El pelinegro todavía lucía somnoliento, su cabello estaba despeinado, su rostro levemente hinchado. E igualmente le resultaba atractivo.

—¿Tú? ¿Desde cuándo estudias? —preguntó con ánimos de fastidiarlo. Luego se acercó hasta él para abrazarlo desde atrás.

El mayor se dejó, suspirando de nuevo.

—Es muy temprano para que estés de mal humor, cariño —susurró mientras besaba delicadamente su cuello, repasando con la yema de sus dedos los hematomas que le había hecho en la noche.

Taehyung ladeó la cabeza permitiéndole un mejor acceso, sin responder.

Min Jae era su amigo. Y también un excelente compañero sexual ocasional.

Lo cierto era que le gustó desde un primer momento. El sexy bartender que sonreía exhibiendo unos simétricos hoyuelos, labios rellenos y mandíbula cuadrada tuvo toda su atención cuando ingresó al club. Él y Jungkook compartían un rasgo: Tener un par de ojitos grandes y brillantes. Además, le agradaba. El sujeto sabía escuchar, aconsejar, y lo más importante, sabía cómo mantener las cosas separadas. La noche en la que inicialmente compartirían un poco de pastel al aire libre en celebración del cumpleaños del pelinegro, acabó con ambos enrollándose en el coche. Taehyung sospechaba que el exceso de cervezas los había ayudado, pero el resto fluyó desde el momento en que se levantó a limpiarle restos de merengue que habían quedado en sus labios. Finalmente, ambos cedieron ante la secuencia de besos acelerados compartidos en el asiento del acompañante. El mayor por un año siempre se jactó de haber sido su mejor regalo de cumpleaños.

Después de eso, ambos acordaron que no necesitaban cuestiones sentimentales de por medio. Eran solteros, funcionaban bien complaciendo al contrario... ¿Por qué no?

Y así fue desde entonces. Creyó que quizás podría enamorarse de él y dejar su patética ilusión por Jungkook, pero no ocurrió. En parte lo agradecía, pues Min Jae tampoco estaba enamorado de él. Un buen polvo no necesariamente implicaba algo más que calentura.

—Estoy preocupado —admitió Tae sin moverse demasiado—. Tengo que mejorar, o volveré a perder el año.

—Si estuvieras en el departamento de ingeniería seríamos inseparables —contestó en voz baja.

—Si hay algo que odio más que las letras, son los números —volteó a verlo—. Pero si estuvieras conmigo, lo haría sin pensarlo dos veces —colgó su brazo sano en torno a su cuello, sin apartar la mirada.

Min Jae sonrió de lado. A Taehyung le encantaba esa sonrisa.

—Tenerte conmigo me haría el hombre más feliz del mundo —le respondió.

—El segundo. Yo sería el primero, pastelito.

—Dejémoslo en un empate, mi caramelito... —se mantuvo en silencio, y ambos permanecieron unos segundos sin decir nada.

Taehyung esbozó una mueca que por un milisegundo pareció una sonrisa.

—Perdiste —lo apuntó con su índice

—No perdí —se defendió el mayor.

—¡Perdiste, Tae! —se burló mientras le daba un empujón—. Sonreíste primero, perdiste.

—¡No sonreí! ¡Viste cualquier cosa! — argumentó mientras le devolvía el empujón—. Eres un tramposo.

Min Jae se pavoneó victorioso mientras sonreía con suficiencia.
—¡Adivina quién me debe un enooooorme cajón de cerveza!

Taehyung abultó los labios como un niño pequeño en respuesta.
El pelinegro sonrió enternecido. Le tomó el rostro y besó sus labios fugazmente.

—Ya conoces las reglas: Quien haga reír al otro después de decir una cursilería, gana. Más suerte la próxima vez, mi caramelito —apretó sus mejillas poniendo voz aniñada.

El contrario lo apartó de un manotazo, saber que ahora le debía al sujeto con el que se había acostado lo frustró.

—Caramelito —musitó con desagrado.

Min Jae le guiñó un ojo antes de perderse en la cocina. Taehyung regresó a los libros.

—No puedo ayudarte, pero quizás pueda prepararte algo —gritó desde lejos.

—Café. Cargado, por favor.
Recogió el cigarro, casi consumido, y le dio una última calada. No pasó mucho hasta que una tasa humeante apareció a su lado. Min Jae le revolvió el cabello en un gesto juguetón, antes de sentarse en el otro extremo de la mesa.

—Tu cabello tiene dos colores.

—Se les llama raíces, Kim —rodó los ojos—. Mi color natural no es gris.

—Me agrada el gris —Min Jae dio un trago a su taza—. Pero me gustaría verte con otro color.

Taehyung se le quedó viendo, pensativo. Ciertamente, gastaba mucho dinero en su aspecto. El gimnasio, los accesorios, la ropa, su cabello... Ahora la situación no estaba como para que fuera a sentarse en un salón a que arreglaran su deslucida melena. Quizás podría ocuparse él mismo desde casa.

—¿Alguna sugerencia? —le preguntó, sosteniéndose el rostro con una mano.

—Nunca te he visto con un color muy oscuro. ¿Considerarías el negro?

—No.

—Entonces castaño —el menor hizo un gesto con su taza, antes de beber—. Tienes unos preciosos ojos claros. Un color oscuro te sentaría a la perfección.

Y por esas razones, a Taehyung le gustaba Min Jae. Casi nadie se tomaba el tiempo de contemplar qué tipo de colores le "sentarían a la perfección", pero él sí.

Su amigo solía ser detallista y a menudo lo sorprendía con alguna perspectiva inesperada. Taehyung siempre pensó que la persona que pudiera quedarse con él sería afortunada. Desde su perspectiva, él había ganado 2/3 del pelinegro: un amigo y un compañero sexual. El último tercio correspondía a tenerlo como compañero de vida en un sentido mucho más romántico. Esas cosas que solían salir a flote cuando una relación dejaba de tratarse sobre "tú" y "yo" como bloques separados para dar paso a una unidad denominada "nosotros". El punto en el que los problemas de una parte pasan a ser problemas que pueden compartirse, cuya solución se encontrará, también, en conjunto.

Pero Taehyung y Min Jae no habían llegado a esa fase, y probablemente no lo harían jamás. El mayor prefería excluirlo de sus muchas preocupaciones. Del mismo modo lo hacía el pelinegro, así que en realidad sabían lo justo y necesario sobre la vida del otro.

Volvió la vista hacia sus apuntes. En ese sentido, Tae sabía que podía contar con Jungkook hasta casi llegar a los 2/3. Lo que parecía imposible era completar el último tercio correspondiente a la intimidad.

Pensó que si hubiese una persona que fuera algo así como una fusión entre ambos sujetos, para ese entonces ya estaría casado.

—Ánimo con eso, hyung —le sonrió al tiempo que hacía un gesto con su puño cerrado.

♦♦♦    

—¡Hyung! —la sonrisa de Jungkook al encontrarlo en su lugar dentro del auditorio fue inmensa.

—Hey —respondió sin moverse de su lugar.

El menor se apresuró a subir los escalones y tomar asiento a su lado. A Taehyung le fascinaba verlo tan entusiasmado, ¿realmente su presencia había ocasionado eso?

—¡Regresaste! —comentó con alegría—. Me da tanto gusto.

—Por favor, no es como si hubiese hecho una hazaña.

—Los dos sabemos que prácticamente es una, déjame festejar.

Tae chasqueó la lengua en respuesta. Jungkook lo observó como si esperara escuchar algo más.

—Bien, sí. Me esforzaré de verdad —comentó el mayor con voz monótona.

—Estoy tan contento de que lo digas —el pelinegro se permitió abrazarlo. No le importaba que fuera la misma frase que su hyung repetía cada vez que se ausentaba por largos periodos, él todavía creía en su palabra.

Taehyung rió levemente mientras lo recibía. Por fortuna había pocos estudiantes alrededor, faltaban más de quince minutos para que la clase iniciara.

—No te preocupes. Yo te ayudaré, pero tienes que empezar hoy mismo... Tengo club después de clases, pero puedo visitarte en la noche —propuso.

Jungkook estaba en el club de boxeo. No por nada sus brazos eran pura fibra.

—De acuerdo —volvió su vista hacia el cuaderno que estaba abierto—. Kookie... ¿Puedo pedirte algo?

—Sí, claro.

—¿Puedes quedarte en casa esta noche? —preguntó, un poco avergonzado, su vista todavía en las hojas en blanco. Podía escuchar los estruendosos latidos en su pecho a todo volumen, los cuales aumentaron un poco al recibir en respuesta "Puedo, hyung".

♦♦♦    

Taehyung describiría aquella semana como tranquila.

Intentó centrarse tanto como pudo en los estudios, haciendo un progreso todavía no muy notable. Continuaba en la búsqueda de algún tutor con dos asignaturas que realmente le costaban. Con las demás pudo ponerse al día gracias a Jungkook y a las horas que pasaba leyendo e investigando. Los exámenes serían en dos semanas.

Hoseok fue a visitarlo a casa llevándose la noticia de que próximamente compartiría piso con otro muchacho. Le tomó varios minutos calmarlo, ya que el pelirrojo se sentía obligado a darle un lugar en su pequeña residencia. Como un auténtico hermano mayor, Jung decretó que estaba interesado en conocer al nuevo inquilino. Toda la situación de la renta le seguía pareciendo extraña, necesitaba asegurarse de que su dongsaeng no fuera a vivir con un lunático queriendo hacerle algo.

Sábado, 15:43 PM

Taehyung correteaba por el lugar cargando una bolsa de comida, tras él iban nueve cachorritos, meneando sus diminutos rabos y ladrando enérgicamente. En un momento se dejó caer, y fue víctima de un ataque de lamidas por los nueve peluditos que lo siguieron hasta posicionarse en su rostro. Amaba los perros.

Hoseok se acercó a tenderle una mano después de algunos minutos de observarlo con una tranquila sonrisa.

Taehyung recogió la bolsa de alimento y se apresuró a abrirla para llenar los nueve cuencos alineados contra la pared de la derecha. Los cachorritos se amontonaron a comer del primero, hasta que el pelirrojo los fue acomodando uno por uno.

—Los quiero a todos —expresó el menor, con una sonrisa llena de ternura.

—Yo también, siendo honesto.

Estaban en las afueras de Seúl, en un enorme galpón donde funcionaba un refugio. Hoseok, siendo estudiante de veterinaria, tenía profesores y compañeros que consiguieron crear una fundación para animales. La misma acabó llamando la atención de los políticos quienes en época de campaña hacían donaciones muy generosas. Con eso, sumado al aporte de cada uno de los cien socios, funcionaba más que bien. Debido al contacto con estudiantes universitarios que serían veterinarios, el refugio solía ser visitado por personas como Hoseok, que invertían parte de su tiempo libre prestando servicio para los animalitos. Taehyung se había unido simplemente por su amor a las criaturitas de cuatro patas, al igual que muchas otras personas.

La misión era rescatar animales marginados o abandonados, darles tratamiento médico (vacunas, castración, desparasitación, operarlos si era necesario) y luego devolverlos a la comunidad. Muchos de éstos, especialmente los animales domésticos, se daban en adopción.

El grupo más reciente estaba compuesto por nueve cachorritos nacidos de dos camadas diferentes. Todos rondaban los cuatro meses, tenían energía desbordante y entusiasmo las veinticuatro horas del día. Los domingos, el galpón abría al público y era común que muchas familias asistieran llevando a sus niños. También eran visitados por algunas escuelas. La gente solía simpatizar mucho con la causa, así que recibían donaciones de todo tipo. Los animales estaban contentos y sanos, ver la evolución de los que llegaban en pésimas condiciones hasta que alcanzaban una buena salud era una de las cosas más gratificantes que podía ofrecer la vida. Así lo pensaba Hoseok.

El menor y él vestían chaquetas de tela en color verde que los identificaba como personal a cargo del cuidado de los animales más pequeños. Hoseok era un socio muy activo gracias a su profesión y a su círculo de amistades. Todavía no era veterinario, pero participaba en los partos, los controles y alguna vez asistiendo a quienes hacían las intervenciones quirúrgicas. El refugio era una parte importante de su vida.

Taehyung conoció el lugar por él, y no tardó en enamorarse de la causa. Mentiría si dijera que buena parte de su sueldo no se iba directo a ese lugar. Solía comprar y llevar bolsas de alimento, juguetes y otros utensilios como platos, o correas. Muchas veces conservaba algunos de éstos en su departamento. Le gustaba la idea de ayudar, y era feliz percibiendo la alegría tan característica en los animales que movían la cola de un lado al otro.

El refugio también asistía a gatos, aves, peces, roedores y en menor medida a animales más grandes, como caballos. Seúl era una gran ciudad, no había muchos animales vagabundos por las zonas donde vivía Taehyung por ejemplo, sin embargo, hacia las periferias era un poco más común encontrarlos. Cualquier socio podía llevar algún animal que creía abandonado, y se le daría acogida y cuidados, para luego comenzar a buscar a su dueño, o de lo contrario, darlo en adopción.

Tae intentaba llegar al refugio al menos dos veces por semana, pero debido al accidente estuvo sin poder asistir durante casi un mes. Hoy era la primera vez que volvía desde que le habían dado el alta. Su sueño frustrado era adoptar alguno, pero se sentía tan poco capaz de darle el cuidado necesario, que acababa desanimándose.
Apenas podía cuidarse él solo, y hace no mucho estuvo a punto de terminar en la calle. Un animal a su lado sólo sufriría las consecuencias de sus malos actos.

Lo mejor del refugio era que siempre estaba repleto de personas, y de todas las edades y estatus. No había distinciones en cuanto al amor a los animales, era un espacio realmente diverso.

Taehyung ayudaba a Hoseok en sus tareas diarias, comúnmente consistían en alimentar y preparar a los animalitos que serían dados en adopción. Había que bañarlos, acicalarlos, y preparar las planillas de datos y papeles de cada uno. En el mejor de los casos, los nueve perritos obtendrían un hogar.

No importaba lo mucho que hubiera trabajado la noche anterior, todo el agotamiento se desvanecía si jugaba con los cachorros o con los demás animales. Esa tarde no fue diferente. El tiempo pasó demasiado rápido, y ya eran pasadas las ocho cuando Tae tuvo que despedirse. Ese día Hoseok también debía retirarse temprano, por lo que ambos subieron al coche después de quitarse las chaquetas llenas de pelitos y repletas de manchas con formas de huellitas.

—¿Crees que puedas venir mañana? Es el día de visitas —le preguntó el pelirrojo mientras sostenía el volante, su vista fija al frente.

—No lo creo —la voz desilusionada de Taehyung le causó tristeza—. Tengo que seguir estudiando. Los exámenes comienzan en dos semanas, y tengo mucho por hacer.

—¿Sigues sin tutor?

—Todavía no consigo, debido a que estamos cerca de los exámenes es más difícil encontrar alguien que quiera perder su tiempo con quien está tan atrasado como lo estoy yo.

—Tae —Hoseok lo miró al tiempo que su voz de reprimenda afloraba.

—Pero seguiré buscando. Hasta encontrar uno —musitó el menor, mirando por la ventana la forma en que dejaban el paisaje de aspecto rural cada vez más atrás.

—Conseguirás, estoy seguro. Te dije que me llamaras, y no lo hiciste.

—Hyung, no puedo molestarte con mis tonterías. Haces muchas cosas como para estar al pendiente de mí.

—Y tampoco enviaste el bosquejo del ave que te pedí —señaló ahora.

—Lo siento —se disculpó Tae, ladeando una sonrisa. Creyó que el pelirrojo lo olvidaría, pero no fue así.

—Te diré qué haremos. Estacionaré, y me invitarás algo caliente. Tienes tiempo antes de ir al trabajo, ¿correcto? Me mostrarás el bosquejo, y luego las asignaturas que más te cuestan.

Taehyung sonrió removiéndose en su asiento.
—De acuerdo, haremos exactamente eso.

Tras pocos minutos de conversación, estuvieron frente al imponente edificio del menor. El guardia de planta baja los saludó con cordialidad, viéndolos desaparecer en dirección al elevador.

Cuando las puertas metálicas se abrieron en su piso, Taehyung se tensó pues desde el pasillo escuchaba ruido claramente proviniendo de su departamento. Avanzó hasta encontrarse con la puerta abierta, una espalda amplia fue lo primero que vio, Seokjin estaba allí.

El castaño se volteó. Una bonita sonrisa apareció en sus labios tras verlo.
—Hola, Tae.

Taehyung estaba demasiado sorprendido como para responderle, pero lo que ocurrió después lo dejó más pasmado.

Tan pronto el pelirrojo se acercó tras él, cruzó mirada con el castaño de ojos platinados.

—¿¡Seokjin!? ¿¡Kim Seokjin!?

El nombrado observó al muchacho tras Taehyung, y una expresión de alegría desbordó su rostro.

—¡Hoseok!

—¡¡Dios mío, no puedo creerlo!!

Taehyung se hizo a un lado permitiendo que su hyung ingresara y corriera cual princesa a los brazos de su amado. Hoseok reía con alegría mientras Seokjin lo abrazaba con fuerza. Un reencuentro bastante emotivo, al parecer.

—¡Mírate! Estás... ¡Tan grande y cambiado! ¡Me da tanto gusto volver a verte! ¿Cuántos años han pasado ya?

Seokjin sonrió mientras palmeaba suavemente su espalda.
—También me da gusto verte. Sigues siendo el brillante Jung Hoseok... ¿Qué estás haciendo aquí?

—Ah, iba a preguntarte lo mismo —se volteó hacia el menor de los tres—. Taehyung y yo... Aguarda, ¿tú eres el compañero de Taehyung?

—¿Ustedes se conocen? —el rostro de Seokjin reflejó pánico.

—¡Sí! Es mi querido dongsaeng —contestó Hobi, unos hoyuelos adornaron su sonrisa—. Somos buenos amigos.

Taehyung intercambió una mirada con el castaño, que parecía incrédulo.

—¿Amigos?

—Cielos, no esperaba que tú fueras su compañero. ¡El mundo es tan pequeño! Taehyungie, él es mi amigo de la infancia. Seokjin y yo fuimos juntos a la escuela primaria. ¡No puedo creer que ahora vayas a vivir con él! —se cubrió la boca unos instantes, todavía asombrado.

—¿Ustedes realmente son amigos? —había bastante escepticismo en la voz del castaño.

—¡Sí! —rió el pelirrojo—. Jin, esas muletas —y sólo entonces lo notó, también por las marcas que había en su rostro— ¿Estuviste en el accidente? 

Para Tae fue sorpresivo notar que estaba preocupado por el castaño.

—S-sí... Pero estoy bien. Pudo haber sido peor.

Hoseok volvió a rodearlo en sus brazos.
—¡Siempre fuiste un chico de suerte, Jinnie hyung!

«Jinnie hyung» sonaba tan extraño que el pelirrojo se refiriera de aquella forma tan melosa a su compañero.

—Mira a dónde nos ha traído la vida —sonrió negando con la cabeza—. Y ahora vas a vivir con Taehyung, ¡es magnífico!

¿Magnífico?

Hoseok estiró su mano acercando al menor de los tres.

—Tae, no tienes de qué preocuparte. Seokjin es una buena persona, y un gran compañero —asintió con seguridad—. A menos que haya cambiado demasiado, pero lo dudo —completó volviendo a mirar al mayor.

Taehyung permanecía tan o más estupefacto que Seokjin. Nunca imaginó que ambos pudieran tener algo en común, pero así era.
Tenían en común a Jung Hoseok.  

















 ♦♦♦♦♦♦♦ 

¡No puedo irme sin darles las gracias por leer!

Creo que ha quedado claro que la vida de Taehyung es muy diferente a todo lo anterior. Pero ahora debe adaptarse a vivir con Seokjin, ¿lo hará? 

Buena semana, y hasta la próxima♥♥♥ 

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