~ 04 ~
—Hyung... —Jungkook rió al sentir aire frío en su cuello.
Taehyung lo molestaba soplando cerca de su oído, le encantaba oírlo reír.
Era jueves en la noche. Sabía que el pelinegro terminaba las clases temprano, por ello se adelantó a esperarlo en la puerta de su departamento. Jungkook lo invitó a entrar, y así pudo disculparse debidamente.
Llevaban varios minutos conversando, ambos sentados en la cama.
Jungkook tenía el hábito de apoyar la espalda contra la pared y abrazarse las rodillas, Tae estaba a su lado, afirmado en uno de sus hombros. Jamás podría estarle lo suficientemente agradecido por dejar pasar sus actitudes infantiles, sentía que le debía mucho a su dongsaeng.
Ahora todo estaba bien.
Taehyung era observador, y conocía bastante bien a su amigo. Desde que llegó a su hogar, lo vio jugar con sus manos de forma nerviosa. Era claro que algo estaba preocupándole.
—Puedes decírmelo —habló, mientras tomaba una de sus manos— ¿Qué ocurre?
—Pensé que no lo notarías.
—Siempre haces eso —señaló con la mirada la forma en que movía su mano libre—, y esto —imitó su gesto de abultar la lengua a un costado de la boca.
Jungkook bajó la vista con una sonrisa tímida, se sentía avergonzado.
—Tú ganas —admitió poco después—. Dijiste que sin importar lo que pasara seríamos amigos, ¿cierto?
—Eso dije, sí —asintió el mayor.
—Bueno, yo... N-no quisiera decir algo que pudiera herirte.
Taehyung lo adivinó en el momento. Desde que comenzaron los roces más íntimos, Jungkook dejó de hablarle de ciertas cosas. De ciertas personas, más bien. Cualquiera podría sentir culpa al hablar sobre un interés amoroso frente a alguien a quien no podía corresponderle, ¿correcto? Pues no fue el caso del pelinegro. Jungkook siempre habló sinceramente frente a Taehyung, aún cuando éste le declaró sus sentimientos. Sabía que podía hacerlo, Tae no permitiría que su declaración alterara el vínculo que los unía. Sin embargo, cuando tres semanas atrás comenzaron a compartir más, Jungkook prefirió no volver a tocar el tema.
Hasta ahora.
—Puedes decírmelo, está bien —le aseguró.
Sería egoísta decirle que no. Le dolía, en realidad, saber que mientras él moría por una oportunidad, su amigo ya tenía su atención centrada en alguien más.
—Sucede que volví a verlo —musitó con la vista baja, como si estuviese confesando algo malo—. Me vio, pero me ignoró igual que siempre. La cosa es, que esta vez no estaba solo...
—¿Y por qué eso es malo? Creí que mencionaste que tenía un gran número de amigos —contestó el mayor, subiendo una mano para acariciarle el cabello.
—Estaba con una chica.
—Bueno, la compañía femenina es-
—Besándola —interrumpió.
Taehyung enmudeció. Jungkook levantó su vista hacia él, sus ojos oscuros llorosos—. Anda, dime algo ahora —lo retó, mientras comenzaba a secarse las mejillas—. No puedes, tonto— rió levemente.
—L-lo siento...
Ahora era Tae el avergonzado. Estaba confirmado que el chico que le gustaba a Jungkook era heterosexual, la chica debía ser su novia.
Taehyung era bastante directo, más si se trataba de cuestiones sentimentales. Decirle a Jungkook que estaba enamorado de él fue sencillo. También era cierto que esperó una respuesta favorable, pero pudo sobrevivir.
Para él, ir con rodeos era una pérdida de tiempo. Las personas adultas y maduras podían decirse cara a cara lo que querían o esperaban de una relación, tal y como lo hizo él. Por eso, alentaba a sus conocidos a que hicieran lo mismo. Sin embargo, tras descubrir el pasado de Jungkook optó por ser más cuidadoso. Y por otro lado, era normal que no le gustara la idea de lanzarlo a los brazos de alguien más.
Tuvo una actitud madura -según él- al saber que a Jungkook le gustaba otro chico. No estaba en posición de hacer reclamos, pero tampoco podía apoyarlo al cien por ciento.
Como amigo, sin embargo, hacer lo último es lo que correspondía.
—Sabes, también puede que sea algo sin mucho significado —comentó luego, al ver que el menor no dejaba de llorar.
—Lo he estado observando por d-días —admitió entre sollozos—. Ya lo había visto con esa chica, pero creí que- creí que eran amigos.
—También estamos los que gustamos de hombres y mujeres —intentó ahora, abrazándolo de lado.
Jungkook suspiró, deteniéndose por un momento.
—¿Crees que sea bisexual?
—Es una posibilidad ¿cierto? —sonrió para él—. Siempre puedes preguntárselo —le sugirió mientras le limpiaba las lágrimas con su pulgar.
—No vas preguntando eso sólo porque sí —argumentó el pelinegro.
—Pero ya han hablado una vez...
—Una vez, Taehyung —soltó a la defensiva—. No tiene caso, ni siquiera debe recordarme. No existo para él.
Tae no pudo evitar sonreír un poco tras verlo hacer un puchero con los labios. Se guardó los comentarios del tipo "Voltea a tu lado y encontrarás a alguien que piensa que tu existencia lo es todo" porque no venían al caso en su papel de amigo. En cambio, se inclinó hasta besar su frente.
—¿Quieres que te ayude a averiguarlo?
Jungkook negó con la cabeza, mirando sus pies.
—No tiene caso, hyung. Ya vendrá alguien más, ¿cierto?... Soy estúpido, es vergonzoso saber que tengo casi veinte años y sigo haciéndome ilusiones como cuando era un adolescente.
—No eres ningún estúpido.
—Y tampoco puedo corresponderte, lo cual me hace más estúpido por estar hablándote de esto —rió con amargura.
—Jungkook —Taehyung tomó su rostro, haciendo que volteara a mirarlo—. Tú-No-Eres-Estúpido —dijo mientras sus ojos lo observaban con dulzura—. Hacerse ilusión con alguien que nos gusta es lo más normal del mundo.
—Tú estabas ilusionado conmigo, ¿cierto? —preguntó, sin poder contenerse—. Debió... doler.
Tae sabía que había bastante culpa en esos brillantes ojitos oscuros, que lo miraban colmados de lágrimas.
—Dolió, sí. Pero no es nada que no pueda superarse.
Jungkook sonrió.
—¿Cómo debería sentirme por saber que ya me has superado? ¿Orgulloso u ofendido?
Taehyung respondió pegando sus labios a los de él.
Contrario al último beso que compartieron la noche anterior, el mayor cuidó no excederse. No fue más que un roce suave, pero cargado de afecto.
—El hecho es, que hasta el momento sólo yo he descubierto y me he enamorado de la increíble persona que eres —comentó después, su voz más profunda que antes—. Puedes enorgullecerte, o puedes ofenderte por ello. Tú lo eliges.
El pelinegro se sonrojó casi al instante, y acabó apartando la mirada.
Hacia media noche, Taehyung recogió sus cosas y se dispuso a marcharse. Jungkook merecía tiempo a solas haciendo su pseudo duelo amoroso.
—Sólo dime, ¿por qué le diste mi número a Seokjin?
—¿A qué viene eso ahora? —objetó el menor, pues Tae acababa de preguntárselo de la nada, mientras estaban en la entrada de su hogar a punto de despedirse.
—A que no ha dejado de llamarme. Es más, volví a verlo hoy.
—Jin hyung lucía desesperado, ¿qué más iba a hacer?
Tae puso los ojos en blanco.
—¿Mentirle, quizás?
—¿Y por qué haría eso? —Kook ladeó la cabeza, sin comprender—. Dijo que quería hablar contigo sobre algo que parecía importante.
—No lo sé... —Taehyung se rascó la nuca—. Sólo sé que es un fastidio que no quiera dejarme tranquilo. Intenté escucharlo, pero se puso a llorar ¿puedes creerlo?
Jungkook parpadeó, sorprendido.
—¿Lloró?, ¿Qué le hiciste?
—¿¡Por qué asumes que yo le hice algo!? —protestó el mayor—. Él parecía alterado desde que pronunció mi nombre, ¿Cómo iba a saberlo?... Ni siquiera pudo hablar —Tae recordó la expresión del castaño, la culpa volvió a azotarlo—. T-tal vez tenga un problema grave.
—Con más razón debiste escucharlo. Porque no lo hiciste, ¿o me equivoco?
Taehyung se sintió como un niño que había actuado mal, y que estaba siendo regañado por alguno de sus padres. La postura del menor cruzado de brazos sólo contribuyó a que acentuara aquel pensamiento.
—Hyung... Seokjin jamás va a gustarme, sin importar lo que haga —mencionó tras algunos segundos, acercándose a él.
—Pero tú sí le gustas a él —respondió, cabizbajo. No pudo evitar sentirse un tonto.
—Si Jimin dejara a su chica y se fijara en mí ¿comenzarías a odiarlo? —preguntó. Al no obtener más que una mirada de cachorro triste, le sonrió—. Claro que no. Porque tú no eres así —Taehyung de pronto lucía desanimado, así que él le acarició una mejilla—. Te quiero por tu forma de ser. No hagas enemistades por mí.
—No es solamente por ti. Es decir, admito que tú tienes mucho que ver, pero Seokjin simplemente no...
—Quizás debas escucharlo. Especialmente porque algo me dice que estaba interesado en ti de una forma diferente... Quiso ir a buscarte a tu trabajo.
Taehyung abrió los ojos como platos. Afortunadamente, el castaño no se apareció, o sus jefes no lo habrían dejado pasar. Por supuesto, eso sólo pudo ser obra de Jungkook.
—Vaya... Gracias. Me salvaste.
De sólo imaginar al mayor montando una escena como la del medio día, su estómago se revolvía. Él necesitaba el trabajo. Seokjin en aquel estado sólo lo habría puesto en un enorme aprieto.
—Aguarda, ¿cómo que estaba interesado en mí de una forma diferente? —frunció el ceño, confundido.
Jungkook sonrió como un angelito.
—Es divertido hacerle saber a los demás que nosotros dos somos lo que decidimos ser. Creo que eso lo descolocó un poco —se encogió de hombros. Taehyung no comprendía.
Era la primera vez que volvían a hablar de Seokjin después de que el pelinegro le hizo saber sobre su repentina visita al departamento donde, en aquel momento, estaban viviendo juntos.
—Hyung, cubre tu cuello, está haciendo mucho frío —Jungkook le arregló la bufanda asegurándose de que resguardara bien su piel—. Te veré mañana, ¿sí? —dejó un casto beso en su mejilla, y le sonrió.
—Uhm, sí, claro... Buenas noches —Tae dio media vuelta, todavía pensativo.
Sólo tenía que subir a un bus, y llegaría en unos veinte minutos. Hacía frío como para caminar por la ciudad. Quizás otra noche.
Mientras miraba por la ventanilla, pensaba. Seokjin incluso quiso ir hasta su trabajo, ¿qué podía ser tan importante?... Además, por semanas enteras intentó comunicarse. ¿Y si Jungkook estaba en lo cierto y era algo realmente importante? Casi podía recordar al castaño rogándole unos minutos de atención. Tomó su teléfono y buscó el contacto que finalizaba en 2, y que todavía no había agendado. ¿Sería demasiado tarde?
Quizás después.
Viernes.
Taehyung corrió a los brazos de Hoseok en cuanto pudo verlo. El pelirrojo estaba afirmado en el capó de su coche, unos anteojos oscuros resaltaban todavía más su brillante sonrisa.
Hobi lo rodeó y dejó un beso en su coronilla, como hacía siempre.
—¿Cómo estás?, ¿Cómo está tu brazo? —le preguntó tocando el yeso con cuidado.
—Bien —Tae se escondió en su pecho, sin soltarlo.
Había muchas ocasiones en las que deseaba verlo pero no podía. Desde el accidente aquello se incrementó, especialmente en las noches, cuando Tae se sentía más solo que de costumbre. Hoseok era uno de los pocos que lo hacía sentirse querido.
Después de debatir unos minutos acerca de lo que les apetecía a ambos, eligieron un restaurante. Mientras esperaban que les sirvieran, el mayor aprovechó para ponerse al tanto con su consentido dongsaeng.
—Ahora luces más acostumbrado a tu brazo izquierdo —señaló al ver que Taehyung lo usaba sin tanta incomodidad.
—Todavía me cuesta un poco vestirme, pero podría decirse que lo estoy —respondió orgulloso. Le había tomado un buen tiempo dejar de lado su derecha.
—Serás ambidiestro luego de esto, no muchas personas pueden aprender a utilizar ambas manos. Hoy es por necesidad pero si continúas con la práctica, podrías hacerlo todo sin que te importe cuál mano empleas. Es admirable.
Tae sonrió por el cumplido. Era agradable oír que alguien se alegraba porque hubiera aprendido algo nuevo.
—¿Has visto algo nuevo en las galerías? —preguntó ahora, acercándose hasta afirmar los brazos en la mesa donde estaban enfrentados.
—Por ahora nada, pero hice el bosquejo de un ave que vi ayer en la mañana —el menor imitó su gesto.
—¿En serio? ¿¡Puedes dibujar aunque no utilices tu derecha!? —rió entusiasmado— ¡Eso es increíble!
—No salió como yo esperaba, es malo de hecho —se apresuró a aclarar. No quería que Hobi se hiciera una idea errónea, sus habilidades distaban bastante de ser buenas.
—Yo juzgaré eso, quiero verlo —sentenció—. Envíame una fotografía en cuanto llegues a casa. Si me gusta, me quedaré con él.
—Hyung... —Tae desvió la vista, avergonzado. Hoseok siempre se declaró fan de sus creaciones. Bien, de ninguna manera podría llamarles creaciones, él sólo copiaba lo que veía: algún objeto, paisaje o animal. Nada del otro mundo, y aun así obtenía halagos de parte de sus amigos más cercanos.
—¿Y el trabajo? ¿Puedes realmente trabajar estando así?
—¡Sí que puedo! Es más, muchas chicas se acercan después de verme así. Es un buen tema de conversación inicial.
Hoseok asintió. En realidad, quería que Taehyung dejara ese lugar y optara por algo menos... Problemático.
—¿No volviste a tener problemas con alguien más?
El menor negó con la cabeza. Debía procurar que fuera así. Un sólo error, y acabaría despedido.
—¿La universidad qué tal va? —Tema complicado. El de cabello ondulado se dejó caer en la silla, mirando al suelo—. Tae... —Hoseok lo llamó con reprimenda—, ¿Todavía no has vuelto a clases?
Odiaba esa parte. Justo igual que un hermano mayor, preguntaba por todo. La universidad no era una excepción, pero Taehyung no podía darle respuestas favorables tratándose de eso. No quería volver, no quería seguir estudiando ahí. Agradecía que al menos no hubiera permanecido aquel fatídico día en clases, los pobres estudiantes que realmente se esforzaban en su carrera tuvieron el mismo final que él. Algunos, incluso peor.
—No —contestó después.
—Tienes que volver. No puedes usar el pretexto de tu recuperación, las matrículas que no se ven afectadas por las inasistencias son solamente las de aquellos alumnos que presenten un informe médico emitido por un profesional, y tú no tienes uno porque estás bien. Tae —bajó un poco la voz, mirándolo con insistencia—. Se informó sobre la medida hace más de una semana. Las faltas que tengas afectarán tu historial.
—Lo sé, Jungkook me lo dijo.
Cómo olvidar cuando el pelinegro quiso arrastrarlo con él de vuelta al campus. Taehyung se negó, a sabiendas de las consecuencias que debería enfrentar después. Si llegaba a quedarse libre en la carrera, perdería su matrícula y por ende, sus padres dejarían de enviarle dinero para mantenerlo. Probablemente lo llevarían nuevamente a casa, debería abandonar la ciudad, el departamento por el que tanto luchó, su empleo y todos sus sueños jamás concretados.
—¿Y en verdad quieres irte de aquí? —le preguntó el mayor, mirándolo con angustia.
Hoseok sabía que la respuesta era un "no", pero le dolía saber que el menor no estaba esforzándose. Taehyung permaneció con la vista baja.
—Yo sé que eres brillante cuando te lo propones. Si tan solo pusieras un poco más de empeño, podrías alcanzar tu título. Serías profesor más pronto de lo que crees... Solo debes... Estudiar —tomó una de sus manos—. Si necesitas ayuda y crees que no puedes estudiar con Jungkook, yo puedo ayudarte en mis tiempos libres. O puedes pedir un tutor, tienes muchas herramientas a tu disposición... Tae —lo llamó para que levantara la mirada—. Esto es serio.
—Lo sé, hyung —musitó, para luego presionar los labios—. M-me voy a esforzar, lo prometo.
—No tienes que hacer promesas para mí, Taehyungie —endulzó su voz—. Hazlo por ti. Para que tú estés mejor, para que estés un paso más cerca de lo que quieres hacer realmente. Estás a más de la mitad del camino, no abandones ahora —acarició su cabello suavemente—. Estudiar nunca es fácil, pero tampoco es imposible.
El menor asintió con la cabeza, sus ojos levemente inundados tras ver los de su hyung. Hoseok sabía cómo ser firme y serio sin necesidad de gritarle o insultarlo. Sus regaños a menudo incluían muchos elogios y una perspectiva muy positiva. Taehyung se sentía fatal por decepcionarlo.
—No vayas a llorar —le revolvió el flequillo de forma jueguetona—. Si necesitas ayuda, sólo pídela. Si quieres, puedo buscarte un tutor.
—No te molestes, lo haré por mi cuenta —aseguró—. En realidad, me gustaría estudiar con Jungkook, pero me distraigo fácilmente.
—Eso es porque él te gusta. Pero si estudias con alguien más, verás que puede ser muy productivo.
—Sí. Lo voy a hacer... Sólo espero que no se moleste.
—¿Jungkook? —preguntó Hoseok—. Lo dudo. Apropósito, ¿en qué están?
—Bueno... —Taehyung se removió en su asiento, nervioso—. Igual, creo.
—¿Igual desde la última vez?
—Sí.
El pelirrojo sonrió un poco.
—No intentes refugiarte en algo así, Tae. Algo que aprecio, es que tu amigo haya sido sincero contigo. Eso significa que tú le importas, pero creo que deberían parar. Están poniendo en juego la amistad que comparten.
—Yo no quiero que paremos —admitió de forma apresurada—. Es la primera vez que me siento tan unido a él, aun si sé que nunca vamos a ser algo más.
—No puedes acostumbrarte a eso, ¿lo entiendes?... Vas a salir lastimado.
—Es una posibilidad, pero-
—A veces eres demasiado terco —lo interrumpió—. Y me desesperas. Sé que se quieren, pero deberían esforzarse por no entrar en situaciones complejas.
—¿Dices que debería alejarme? —preguntó Taehyung, un poco dolido. Sabía que Hoseok no estaba de acuerdo en lo que empezaba a generarse entre Jungkook y él. No podían ponerle nombre, o etiqueta. Y en aquel punto era sencillo que pudieran herirse mutuamente.
—Si te soy sincero, sí, creo que eso es lo mejor. Pero ya que te conozco, y sé que no vas a hacerlo, sólo puedo decirte que espero que sepas lo que estás haciendo —finalizó el mayor. Tae sabía que Hobi tenía razón, pero escucharlo le dolió—. Sin importar como acabe, y si es que llega a acabar en algún momento, yo estaré aquí para ti —dijo segundos después.
Taehyung le sonrió con agradecimiento.
Se despidieron después de haber compartido tres horas entre charla, bromas y el almuerzo. Luego Hoseok lo llevó de regreso a casa.
Tae se sentía feliz. A menudo, hablar con Hobi lo ayudaba a centrarse en sus objetivos y lo hacía querer volverse un mejor estudiante, y una mejor persona. Sentía mucha admiración por su hyung de cabello rojizo y ojos cafés.
Salió del elevador y caminó por el corredor mientras buscaba la llave en el bolsillo de su abrigo. Dio un salto al ver que frente a su puerta estaba nada más y nada menos que Seokjin.
—Perdona, no quise asustarte —dijo el castaño.
Hoy lucía más tranquilo. Quizás la palabra era adecuada era "determinado". Taehyung se retrajo, estaba molesto, pero se propuso contar hasta mil mentalmente antes de reaccionar mal otra vez.
—Agradecería —dijo, sonando demasiado tenso— que no volvieras a venir sin antes avisarme.
—Uhm, lo siento —Jin se acercó a él despacio, usando sus muletas—. Ayer dijiste que no te enviara más mensajes y que tampoco te llamara, así que yo solo...
Maldición, estaba en lo cierto. Taehyung frunció los labios y pasó junto a él para abrir.
—Tae, ¿Tal vez hoy sí puedas...?
—¿Escucharte?, ¿Concederte un momento? —contestó, todavía contrariado—. Ya que me has ahorrado la molestia viniendo hasta aquí, lo haré.
Abrió, haciendo un gesto con su brazo útil para que le mayor ingresara.
Seokjin no pudo disimular su expresión de sorpresa, se quedó mirándolo en silencio durante algunos segundos.
—¿En verdad me harás decirlo en voz alta? —se quejó el menor—. Puedes pasar, vamos.
El castaño ingresó de inmediato, una sonrisa demasiado grande se formó en sus labios. Taehyung fingió no verla. Se repetía a sí mismo que debía escucharlo, luego de hacerlo, acabaría aquel martirio de tenerlo tras él todo el tiempo. Además, Jungkook estaba en lo cierto, no era propio de su carácter crear enemistades.
—Tal vez quieras sentarte —ofreció.
—No te preocupes, estoy acostumbrado —respondió Seokjin, sonando demasiado alegre para su gusto.
El de cabello ondulado se sintió observado mientras se quitaba el abrigo y lo dejaba en el pechero. Se acomodó la ropa, la camisa azul amplia con el pantalón negro ceñido a sus piernas, y sacudió levemente los zapatos oscuros que llevaba en los pies. Un pendiente alargado colgaba de su oreja izquierda, y el piercing pequeño destacaba en la comisura de su labio inferior.
—¿Qué? —preguntó en voz alta tras comprobar que el mayor seguía con sus ojos fijos en él.
—Te ves increíble —respondió casi de inmediato.
Eso fue inesperado. Taehyung tuvo el reflejo de desviar la vista, arrepintiéndose al instante. Las personas le daban elogios de aquel tipo bastante seguido, y él agradecía. ¿Por qué no lo hizo de forma automática al igual que siempre?
—Gracias —contestó después, sintiéndose levemente avergonzado.
Sabía que lucía bien, que era atractivo. Sin embargo, nunca imaginó que nada menos que quien intentaba quedarse con su amor imposible le diera un cumplido de lo más espontáneo. Lo peor fue que ni siquiera pudo percibirlo como un comentario falso.
Y ahora se sentía incómodo. Más, porque Seokjin continuaba mirándolo de aquella forma tan extraña. Sus ojos platinados se paseaban por su cuerpo de arriba abajo, pero él conservaba una expresión de fascinación que pocas personas podrían fingir. Taehyung solía sentirse indiferente ante quienes se tomaban la libertad de juzgar y evaluar su figura, pero esta vez no fue así.
No, porque Seokjin no estaba decidiendo si lo que veía era su agrado o no. Seokjin estaba admirándolo.
—Uhm... Entonces —carraspeó—. Creo que puedes comenzar.
Seokjin asintió, acercándose a él.
—Antes que nada, necesito que sepas que lo que voy a decirte es real. Cada palabra, ¿comprendes?
—Comprendo —empezó a sentirse inquieto. Presentía que lo que iba a escuchar no sería de su agrado. Había algo diferente en Seokjin, no se parecía en nada al muchacho nervioso con el que se topó el día anterior.
—Tae, yo-
El timbre sonó justo en ese preciso momento. Taehyung llevaba bastante tiempo sin que alguien tocara, no estaba acostumbrado a recibir visitas inesperadas.
Se apartó hasta abrir la puerta, y se paralizó en cuanto vio a un hombre adulto. Podía reconocerlo, era el señor que trabajaba en la inmobiliaria, la persona encargada de cobrarle la renta. Rondaba los cincuenta, calvo, con enormes gafas negras.
—Kim Taehyung —pronunció, sosteniendo una carpeta con papeles en mano—. Es bueno encontrarte, ¿Me permites unos minutos?
—Claro, adelante —se hizo a un lado, permitiéndole entrar.
Estaba aturdido. Comenzó a repasar de forma mental el lugar donde guardaba los recibos de cada mes, y si había olvidado pagar alguno. Él amaba su piso sobre muchas otras cosas, se preocupaba por mantener sus cuentas al día como correspondía. ¿Acaso tenía alguna deuda?, ¿Algún vecino se habría quejado de él? ¿Por qué?
El hombre de baja estatura saludó a Seokjin, y se acercó a la mesa junto a la entrada de la cocina. Abrió la carpeta, acomodó sus gafas y sonrió, amablemente.
—Vine a buscarte ayer, y también el día anterior, pero al parecer no estabas en casa.
—Lo siento, he estado ocupado con la universidad.
Una vil mentira. Lo cierto era que había estado dando paseos más seguido que antes, tomar aire le venía bien para matar el tiempo y no permanecer encerrado entre cuatro paredes. Paredes a las cuales, por cierto, les tenía un enorme cariño.
—Comprendo, intenté comunicarme a tu teléfono, pero tampoco lo conseguí.
—Es un nuevo número —respondió—. Iba a actualizarlo cuando fuera a pagar la próxima vez.
Le echó un vistazo a Seokjin, quien contrario a lo que esperó, permanecía atento a la presencia del señor mayor.
—Bien... Seré breve, puesto que estás con un invitado —señaló con la mirada al castaño—. Estoy aquí para informarte que este lugar está en venta. Tienes una semana para desalojarlo y entregarnos la llave.
Taehyung sintió como si le hubieran echado una cubeta de agua helada en la cara.
—¿Pero qué está diciendo?, ¿¡En venta!?
—Así es. Permíteme, tengo los papeles del contrato justo aquí. La clausula setenta y seis habla de la posibilidad de venta y-
—Aguarde —interrumpió haciendo un gesto con las manos— ¿Se refiere al contrato que firmé hace dos años?
—En efecto —asintió el señor de saco y corbata—. Posiblemente lo hayas leído tiempo atrás y lo olvidaste, pero aquí queda expresamente claro que la situación del inmueble en venta es de tu conocimiento.
—S-sí, eso... Eso lo r-recuerdo, pero —tragó saliva, abrumado— ¿Está diciendo que tengo una semana para buscar un lugar donde vivir? ¡Este es mi hogar! ¡Soy un simple estudiante!, ¿cómo conseguiré el dinero para hacer una mudanza en tan pocos días?
—Escucha Taehyung, lamento decírtelo así, pero tú accediste a alquilar este lugar cuando todavía estaba en reparación —comentó, tras notar la desesperación del muchacho de cabello grisáceo—. El precio es mucho más bajo porque se estaba trabajando en él, pero la realidad es que ningún piso de este edificio ni de esta zona es tan económico. El dueño pidió que se le informara al inquilino la posibilidad de una venta, y así se hizo —explicó, todavía sosteniendo el bendito contrato en las manos—. Podemos revisarlo hoja por hoja, para que verifiques que jamás se te ha mentido. Estoy aquí por eso.
—¿Tae? —Seokjin se acercó a él tras ver que permanecía mirando un punto fijo hacia la nada.
Podía recordarlo, claro que sí. En aquel momento, incluso se sintió orgulloso de poder mudarse a la zona que quiso por un precio tan bajo, pero también tuvo que soportar la construcción de una de las habitaciones y la instalación de la cocina.
No podía ser, no. Permaneció allí dos años, su departamento era su hogar, su único hogar. Una venta implicaba una cifra que ni en sus mejores sueños podría pagar. Su mente viajó al tiempo donde estuvo cargando sus maletas de aquí para allá sin tener un lugar fijo para quedarse, una época que prefería olvidar. ¿Debería volver a eso? Una semana no le daba margen suficiente para hacer todo, imposible. No quería volver a su ciudad, si su familia llegaba a descubrir que se había mudado del lugar que ellos le alquilaron en un principio, no dudarían en llevárselo de regreso a casa. Desobedecerlos era una sentencia asegurada.
—Tae... —volvió en sí cuando el castaño apretó su mano con delicadeza.
Se apartó despacio, sus ojos inundados —Seokjin, creo que debes irte ahora.
El señor de gafas se mantuvo a un lado, en silencio.
Taehyung lo escuchó balbucear algo, pero ni siquiera supo qué. Sin volver a mirarlo, lo guió a la puerta y no volvió a decirle palabra, superado por la situación. Apenas cerró, volvió su vista al visitante que acababa de traer la peor noticia del día, y posiblemente el año.
Estaba a punto de quedarse en la calle.
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