10.
CHRISTIAN
Cuando vi a Victoria tirada en el suelo y me di cuenta de que ese maldito imbécil la había tocado salté encima de ese imbécil y comencé a golperlo con todas mis fuerzas, pero cuando escuché la voz de Vicky pidiéndome que parará, lo hice, necesitaba saber si ella estaba bien.
-¿Victoria estas bien? -pregunté asustado.
-Si estoy bien - respondió nerviosa - vamonos ya - me pidió.
Y entonces ese maldito llamó mi atención y de repente sentí un fuerte dolor en mi estómago, me quemaba... Dolía mucho. Me giré para ver a Victoria y ella estaba como en un estado de shock.
Con mis dedos toqué la herida que tenía en mi abdomen y dolía como un demonio. Miré mis dedos llenos de sangre y al verla deslizándose por mis dedos comencé a sentirme mareado. Entonces fue cuando mi cuerpo se desvanecío. Me había desmayado.
La voz de Victoria me hizo habrir los ojos. Estaba llorando y apretando con fuerza mi mano. Pidiéndome perdón cuando para nada era su culpa.
-Pequeña no llores - dije cansado - estoy bien ¿Vale? - me levanté poco a poco de la camilla-¿Me puedes ayudar? - pregunté.
-Claro - respondió y me paso la ropa.
-¿Me puedes ayudar? Es que me cuesta - se acercó y me quitó la bata. Al ver mi cuerpo al descubierto se sonrojó, se notaba que estaba nerviosa. Si no fuera por los boxers estaría desnudo y si no fuera por la herida que tenía en mi abdomen estaría perfecto.
A mi cabeza se vinieron las imagenes de lo lo que había pasado.
-¿Has avisado a alguien de esto? - le pregunté.
-No, me deje el móvil en el coche - respondió mientras me ponía los zapatos.
-No les digas nada, no es para tanto - le ordené.
-¿¡Qué no es para tanto!? - gritó - ¡Casi te matan por mi culpa y dices que no es nada! Christian yo vi el... - tomó aire - pensé que te morías - dijo tapándose la cara con las manos.
-Estas muy cansado y además es muy tarde, es hora de irnos a casa - la cogí de la mano y salimos del hospital.
En el camino los dos ibamos metidos en nuestros pensamientos. Cuando llegamos a mi casa Victoria me acompañó hasta mi habitación para ayudarme a ponerme el pijama y luego se dedico a hacermer la cena.
-Deberíamos avisar a los demás - comentó coclocando de caldo en mi mesilla de noche.
Verla tan preocupada y pendiente de mi hizo que mi corazón diera un vuelco. Hacía mucho tiempo desde la última vez que compartí algo así con una mujer. Me quedé obvservando sus ojos cansados y sus mejillas ruborizadas por la angustia que había pasado.
-Quedate a dormir. No ha sido una buena noche para ninguno de los dos - al ver que se iba a negar, le pedi por favor que no se fuera y sedió.
Cuando la vi vestida con mi ropa, la parte de mi que la quería en mi cama gritando mi nombre se despertó. Se veía tan apetecible... Era algo raro tenerla junto a mi, en mi cama en estas circunstancias. Había soñado con este momento, pero para nada de esta forma.
-Lo siento, muchísimo - volvió a susurra acurrucada a mi lado.
El hecho de que Victoria se sintiera tan mal por lo ocurrido me hacia sentar mal, no quería que ella sufriera por nada y al darme cuanta de eso, me asusté.
-No pienses más en ello y duerme. Estoy bien - besé su frente.
"Me estoy metiendo en un terreno peligroso"
* * * *
Narra Victoria.
-Victoria... -alguien estaba intentando despertarme acariciándome el cabello, pero eso me relajaba aún más - pequeña, ya es hora de que te levantes has dormido mucho tiempo.
-¿Qué hora es? - pregunté medio dormida.
-Es la una del mediodía - esa voz...
Abrí los ojos encontrandome esa bella mirada.
-¿Comó te encuentras? ¿Te has tomado ya los medicamentos que te recetó el doctor?- pregunté mientras me sentaba y me tallaba los ojos.
-Mucho mejor y si, ya le he hecho - informó - Vístete, he hablado con tú hermano y nos espera en tu casa para comer.
-¿Le contaste lo de anoche?
-No, no quiero preocupar a nadie. Así que espero que no digas nada, vamos, nos esperan.
Al llegar a casa mi nana ya estaba sirviendo la comida y yo subí rápidamente a mi habitación para cambiarme. Me puse un vestido casual, unas sandalias y baje al comedor.
-Hasta que por fin apareces - escuché la voz de mi querido hermano.
-Sip, aquí estoy - le contesté.
-¿Dónde se metieron Christian y tú anoche? - preguntó con el ceño fruncido.
-Pues... Em Christian...
-Ayer me la llevé al McDonald's a comer algo porque no comió nada antes de salir y como había bebido se sintió mal - buena excusa.
-Solo a ti se te ocurre salir a beber sin comer algo antes - me reprochó David.
-Como tu digas querido hermano - dije sin prestar atención a lo que decía.
No estaba de acuerdo con no decir nada, pero era su decisión y no me iba a meter.
-¿Y Kate? No la he visto desde anoche - pregunté.
-Fue a comer con tu amigo, José - contestó el rubio de mala gana y la expresión de desagrado hizo que se me escapará una carcajada.
-Son dos personas que se gustan no se dónde le ves el problema - dije entre risas.
-Mira quien habla - comentó mi hermano.
-¿Se puede saber a que te refieres? - pregunté molesta.
-A que ustedes dos se gustan - dijo señalando a Christian y a mi - no sé porque te niegas a aceptarlo y tu Cristian igual - dijo con una sonrisa de lado.
-David no sabes de lo que hablas - dije enfadada - sabes muy bien de lo que pienso sobre esas cosas-dije molesta.
-No te pongas así enana. Tienes que dejar el pasado en eso en el pasado-me dijo serio y con una pizca de tristeza en sus ojos.
-Paso de esto. Y deja de mirarme así - espeté.
Me agarró la mano y me la apretó en señal que el estaba conmigo.
-Voy a dar un paseo, necesito tomar el aire. Esta siendo un día bastante pesado - dije mientras me levantaba de la mesa - y Christian siento mucho esta escena - me disculpé.
Me adentre en el pequeño bosque y fui hasta el río. Siempre que quería desahogarme y perderme un rato, me pasaba al otro lado del río pero para pasar tenía que subir al tronco de un roble que hacía de puente. Mi hermano odiaba que hiciera eso. Temía que pudiera caerme un día de estos. Al otro lado había una cueva con una pequeña laguna. Era un lugar hermoso pero esta bien escondido. Yo lo descubrí un día que me escapé de la casa porque mi nana me iba a cortar el cabello. Estaba pasando el río y me quede un instante observando el lindo paisaje.
-!Victoria! - gritó Christian - ¿Qué haces? - preguntó asustado - ¡Victoria no te tires, por favor!
-No me voy a tirar, tranquilo - y seguí mi camino, pase rápidamente el tronco - ven, quiero enseñarte algo maravilloso - dije tendiéndole la mano.
-De acuerdo, espera - pasó tan lentamente que quise ir a buscarlo yo misma.
-Muy bien así me gusta - dije burlándome.
Caminamos hasta la entrada de la cueva que estaba llena de plantas que escondían la entrada.
-¿Dónde me llevas, Victoria? - preguntó.
-A un sitio, te va a encantar - agarré su mano y nos dispusimos a entra. Las plantas eran gruesa y costaba pasar, solo les faltaban espinas para que fuera imposible.
La cara de asombro del rubio me hizo sonreír. Muy pocas veces uno se encontraba con algo tan bonito. Solo había traído a mi hermano aquí, hasta ahora.
-Siempre vengo aquí cuando quiero desahogarme, llorar, gritar, bailar o hasta cantar - dije disfrutando el lindo paisaje - ¿A que es hermoso?
-Es igual de hermoso que tu - dijo apretando mis manos con ternura - Victoria, gracias por mostrarme este lugar. He viajado mucho y he visto lugares hermoso, pero este lugar es increíble - comentó asombrado.
-Lo sé... - lo miré de nuevo y sentí que algo se agitaba en mi pecho. Él estaba feliz y eso me emocionaba.
"¿Qué me esta pasando?"
Nos sentamos en la roca más grande que encontramos y observamos el paisaje en silencio.
-Me gustaría meterme - comentó.
-Aún no puedes, la herida esta fresca.
-Lo sé. Métete tú entonces, ya que yo no puedo. Me gustaría verte nadando.
Me negué alegando que no tenía un bañador y a el le dio igual porque me lanzó al agua como si fuera un saco de huesos.
-¿Pero que te pasa? ¿Y si me hubiera dado con una piedra? - hablé molesta.
Él se rió con ganas de mi.
-No seas dramática. El agua es cristalina y no hay ninguna piedra ¿La ves tú?
No le contesté, sino que le mostré mi dedo corazón. Me quedé un rato nadando y sintiendo su mirada en mi a cada rato. Cuando vi que se acercaba a la orilla me acerqué.
Los ojos con los que me miraba me intimidaron un poco, ahí solo había deseo y curiosamente despertó el mio. Se acercó lentamente a mi, haciendo que el agua le llegara a las rodillas.
Lo siguiente que hizo acabó con todo el auto-control que tenía. Christian alzó su mano y rozó mi pezón izquierdo, haciendo que pusiera más erecto de lo que estaba por el agua fría. No llevaba sujetador y por el agua mi vestido se había vuelto traslucido y se pegaba a todo mi cuerpo. Sin darme tiempo a decir nada más juntó sus labios a los míos, esos labios dulces que me volvían loca.
-Esta vez no hay móviles que interrumpan - dijo con la voz entrecortada.
-Lo sé...
-Ni puedes salir corriendo porque no te dejaré - declaró pegándome más a él.
-No quiero salir corriendo - cogí su rostro en mis manos y volví a besar esos deliciosos labios.
Era tan maravilloso besar a es hombre. Me alzó para que pudiéramos besarnos mejor , envolví mis pernas en su cadera y ahí estábamos Christian y yo, cayendo en el deseo.
Sus labios recorrieron mi cuello succionando, mordiendo y acariciando mi piel llevando cada vez más lejos y yo no me quedé atrás, también recorrí su cuello y mandíbula hasta llegar de nuevo a sus labios. Y cuandosu boca se acercó a mi oreja y mordisqueó mi lóbulo me perdií en el placer.
-Victoria...
Mis pies tocaron de nuevo el suelo. Mis manos se enrredaron en su cabello y pegué más nuestras bocas. Lo necesitaba todo de él. Con cuidado le quité la camisa y comencé a besar su trabajado cuerpo. Primero su cuello, luego su pecroral derecho, despues el izquierdo y sus perfectas abdominales. Esquivé la herida y seguí besando hasta llegar al la uve de sus caderas.
-Dios, Victoria... - gruñó.
El se deshizo del vestido dejando mis pechos al aire y se me quedó mirando.
Alzó su mano derecha y acarició de nuevo mi pezón para luego apretarlo con delicadeza. Se inclinó hacia mi y se lo introdujo en la boca lentamente haciendo que todo en mi se encendiera aun más. Siguió masajeando mi otro pecho y luego se lo metió a la boca y lo mordió. Gemí y agarré su cabeza para que no se apartara. Luego liberó mis pechos y besó mi vientre hasta llegar a la tira de mis bragas, de las cuales se deshizo lentamente haciendo que me muriera por las ganas de sentirlo dentro de mi.
Volvió a ponerse de pie y volvimos a besarnos como locos, como si fuera una necesidad. Yo le quité el pantalón fácilmente y en mi vientre podía sentir el rígido bulto de sus boxers. Nos acostamos en la arena y el quedó encima de mi. Fue bajando por mi cuello hasta llegar a mis pechos nuevamente, con una mano acariciaba uno y con la lengua jugaba con el otro. Eso era una tortura, lo necesitaba dentro de mi cuerpo. Era como una bomba apunto de explotar, iba a quemarme entre tanto placer.
La mano de Christian empezó a bajar hasta llegar a ese lugar que se moría por un poco de atención y sus dedos empezaron a masajear mi clítoris haciéndome arquear por las corrientes eléctricas que empezaban a recorrerme. Cerré mis ojos por el placer que sentía e involuntariamente mis caderas empezaron a moverse para frotarse más contra sus dedos.
-Christian... - quería suplicarle qué por favor dejará de torturarme, pero las palabras no salían.
Solo gemidos.
Introdujo un dedo dentro de mi y eso fue casi un alivio... Pero luego introdujo otro y sentí que casi llegaba a las nubes...
Christian se arrodilló y se bajó el bóxer sin dejar de mirarme para luego dejar salir por fin a su amigo y situarse ente mis piernas. Me besó con ternura y sin esperar un segundo más entró en mi de una forma tan lenta que me frustró. ¡Lo necesitaba ya!
Empezó a moverse hacias dentro y hacia fura cada vez más rápido y yo me deje llevar.
"¡Ohh... Sí!"
Envolví mis piernas en sus caderas para pegarlo , más a mi y clavé mis uñas en su espalda. Estaba a punto de llegar y mis caderas también se empezaron moverse hasta que escuche que se quejaba y paré.
-¿Estas bien? - dije asustada.
-Sí, sí. Tranquila solo que me lastimé la herida - volvió a besarme y no se como le di la vuelta y el quedó debajo de mi.
Otra vez besaba su cuerpo con cuidado no quería lastimarle la herida de nuvo. Ahora era yo la que tenia el control, era yo la que lo hacía morirse del placer. Moví mis caderas una y otra vez hasta que los dos llegamos al climax.
Para no herirlo me eché a su lado y como me sentía tan cansada y relajada me quedé dormida junto a él.
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