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XXV

Virginia estaba guapa de cualquier manera. No necesitaba florituras para relucir, porque era su esencia lo que más llamaba la atención. Su forma de mirar, su voz tajante y dulce al mismo tiempo, su pálida pero suave piel. Era demasiado para cualquiera, incluso en aquel momento en el que su intención era no echarse a llorar cada segundo, yo no podía parar de admirarla.

Removí mis pies algo inquieta y cerré los ojos unos segundos dispuesta a conocer su pasado.

-Todo cambio cuando cumplimos los diecisiete años. Por aquel entonces estábamos comenzando el curso, y volvíamos a estar juntas como siempre ya que durante el verano solo habíamos podido mandarnos correos. Los primeros meses fueron bien, éramos ambas alumnas ejemplares y nunca nadie sospecho de nosotras, bueno, nadie menos mi tío- Virginia sonrió y note su mano recorrer mi palma de manera distraída-  Roger Patterson.

-Con que era tu tío- murmure atando cabos. Me lo había imaginado cuando había dicho que era un familiar, pero estaba bien confirmarlo. 

- El y mi padre llevaban la dirección del internado antes de que el último muriera.

-Vaya, perdona por hacerte recordarlo de nuevo- dije en un susurro dándole un apretón, por dentro un nudo se iba formando en el estomago pensando en todo lo que había pasado la mujer que tenia delante. 

-No es nada, a pasado mucho de aquello, y de todas formas mi tío fue más como mi padre- se encogió de hombros restándole importancia y volvió a coger la taza soltando así mis manos- El siempre lo supo, aunque nunca me comento nada al respecto. Un día de abril todo el colegio se entero de lo nuestro, nunca supimos como. Dos horas después la madre de Helena aparecio y se la llevo de allí. Se la llevo para siempre, y aunque quise ir a buscarla mi tío me lo prohibió. En aquel entonces me enfade con el, pero viéndolo desde lo lejos hizo lo correcto.

-¿Como pudo hacer eso su madre? Es horrible...

-Su madre no conocía lo que era el amor- explico inclinándose hacia mi- el verdadero amor no tiene que ver con los géneros, sino con las personas.

Trague saliva notando su mirada calarme hasta el alma.

-Después de eso pasaron varios años hasta que volví a saber de ella-continuo cuando vio que me había quedado inmóvil- tuve algún que otro lio en la universidad, sin embargo nunca busque una pareja, supongo que deje de creer en que encontraría a alguien al que amar del mismo modo. De todas formas cuando comencé a trabajar aquí, tras graduarme y pasar un año sabático recorriendo mundo con el interrail, aparecio muy cambiada y con unos tulipanes blancos en sus manos. Me pidió perdón y quiso que nos volviéramos a poner el contacto. Lo intentamos otra vez, pero ni ella era la misma ni yo era la misma. Aun estábamos heridas por el pasado, pero estuvo bien, cerré ese capitulo de mi vida y pude centrarme en mi carrera, en mi. 

-Sin embargo sigues sin creer en el amor- dije mientras me mordía el moflete interno con hastió.

-No es que no crea, es que he aceptado que estoy mejor sola- contesto son simpleza antes de levantarse y coger su móvil, que yo había dejado sobre una toalla para que se secara- por cierto, me voy a tener que ir.

-¿Que? ¿Porque?- pregunte inmediatamente mientras el corazón se me comenzaba a estrujar.

-Helena adopto a una niña hará unos cinco años y si nadie se hace cargo de ella la volverán a meter en un orfanato. La conocí cuando estuvimos juntas hace unos años. Se que ella odiaría que la mandaran con sus padres. No puedo hacerle eso... - contesto mientras miraba el móvil con el ceño fruncido.

-¿Te vas a hacer cargo de ella?- pregunte con delicadeza entendiendo sus razones.

-No lo se, cuando llegue ahí iré viendo. De momento se quedara conmigo, si- dejo en móvil en la encimera y se apoyo dando un suspiro- siento dejarte sola en estos momentos.

-Tranquila.- le corte mientras me levantaba y cogía mi taza como excusa para acercarme a la cocina, a ella.- Bastante has hecho por mi.

Virginia sonrió, era la sonrisa más bonita que había visto nunca.

Aquella noche tumbada en la cama tampoco pude dormir. Hacia un calor insufrible y las sabanas se me pegaban a la piel, y encima Virginia se iba a la mañana dejándome con la incertidumbre de si la volvería a ver. Era mi último año y apenas me quedaban dos meses en el internado. ¿Cuándo tardaría Virginia en dejar todo arreglado? ¿Buscaría una nueva vida allí?

Era mi última oportunidad. Tal vez nuestra corta historia terminaba hoy y ni siquiera había empezado. El corazón me latió con fuerza cuando una idea cruzo mi mente. Me levante, no perdía nada.

La casa estaba muy silenciosa. El pasillo de madera mantenía en sofocante calor de la calefacción mientras yo avanzaba sigilosa por el. Comenzaba a arrepentirme pero vi su puerta abierta de nuevo, parecia una invitación a que entrara. Una tenue luz me indico que Virginia estaba despierta. Achine los ojos y la vi. Llevaba el cabello recogido en un moño deshilachado, nunca le había visto así y le quedaba realmente bien, sin embargo cuando descubrí que solo llevaba puesta una gran camiseta blanca cubriendo su cuerpo un escalofrió me recorrió. Estaba sentada en un escritorio de caoba, sencillo y bonito, con una libreta entre manos y los pies apoyados en la mesa. Moví la puerta lo suficiente para pasar y entonces un chirrido me delato haciendo que ella se sobresaltara y soltara la libreta.

-Erin, dios, que susto- susurro ahogando un grito mientras se llevaba una mano al pecho y se reía.

Virginia bajo los pies de la mesa y recogió la libreta metiéndola en uno de los cajones del escritorio. Me miro de arriba a bajo y sonrió.

-¿Hoy tampoco te duermes?- pregunto.

-No es eso.

Virginia levanto una ceja haciendo que las piernas me temblaran. Comencé a caminar hacia ella con lentitud.

-¿Puedo?- pregunte señalando su cama.

Note su duda, pero asintió. Camine decidida hasta esta y me senté, mirando hacia ella que había girando ligeramente su cuerpo para mirarme. Que me observara me ponía nerviosa, pero ya no había marcha atrás. 

-¿Te puedo hacer una pregunta?

-La harás igual, así que dispara- contesto ella mientras se levantaba, jure que ralentizando sus movimientos, para sentarse a mi lado.

Note como se hundía ligeramente la cama y como su aroma a limones me nublaba el juicio. 

-¿La sigues queriendo?- me mordí el labio, no quería recordarle lo que había pasado, pero debía asegurarme.

-Si- contesto mirándome fijamente- pero no de manera romántica, si es a lo que te refieres. Helena siempre formara parte de mi pasado.

Asentí asimilando su respuesta. Tenia sentido. 

-¿No vas a volver, verdad?

Mire a la pared, un cuadro abstracto con colores neutros la adornaba, pensé que se parecía a lo que yo sentía por ella, una mezcla de sentimientos que se entrecruzaban aleatoriamente. 

-No, seguramente no.

Me gire hacia ella. Me miraba. Estábamos muy cerca, sentía su aliento. Tome una respiración pesada que resonó entre el silencio y entonces lo hice, la bese.







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