XVI
Nos sentamos en un sillón de cuero marrón que nos trago nada más nos sentamos en el. Virginia se rio como una niña mientras se quitaba las botas de tacón y apoyaba los pies sobre una mesilla baja de cristal. Con una sonrisa traviesa propia de una niña pequeña saco de su abrigo una botella de vodka. Fruncí el ceño antes de sonreír con el nerviosismo cosquilleándome las palmas de las manos. Si que iba en serio eso de emborracharnos.
Nos encontrábamos algo alejadas de todo el barullo, el sofá se encontraba frente a una pared blanca con un cuadro de ACDC, había una columna a nuestras izquierda y otra pared a nuestra derecha. Era un rincón ciertamente acogedor con una luz tenue y cálida. Tome una respiración profunda y sentí la mano de Virginia en mi muslo. El vestido se me había subido y sus dedos me causaban escalofriaos alla por donde los posaba. Cuando la mire sus ojos se encontraban fijos en los míos mientras su boca acogía sensualmente el morro de la botella. Me entraron ganas de gemir solo con aquella erótica escena. Se relamió los labios antes de tenderla hacia mi.
-Bien, tras el primer trago comenzamos la tregua.
El vodka quemo mi garganta, pero di un largo trago para animarme y acallar la voz de mi cabeza que decía que era mala idea todo aquello. Cerre la botella y la deje en la mesa antes de girarme sobre el sitio para mirarla de frente.
-¿Juras decir toda la verdad y nada más que la verdad, Virginia Green?- murmure con una sonrisa ladeada antes de tenderle mi fría mano. Espere que los nervios no me delataran. Su risa hizo que esta temblara ligeramente. Me encantaba causar ese sonido.
- Lo juro, ¿Y tú Erin Wood? ¿Juras decir toda la verdad y nada más que la verdad?
Su mano tomo la mía con decisión antes de dejar un suave apretón causándome una oleada de sentimientos. Tuve que apretar las mejillas para ocultar la sonrisa tan grande que estaba creciendo en mi rostro. Asentí con decisión ante su indescifrable mirada y ella me lanzo una sonrisa victoriosa, me recordó al primer día que la vi. Tome una bocanada de aire antes de soltar las palabras que tanto llevaban rondándome la mente.
-¿Porque bebes tanto?- la pregunta voló en el aire cortando el silencio.
Virginia pareció sorprendida antes de morder su mejilla interna y voltear los ojos con un rastro de burla. Su coraza parecia seguir allí a pesar de la tregua.
-Me gusta mantenerme hidratada- otra vez la sonrisa sarcástica.
-Oh venga ya- apreté los dientes antes de cruzarme de brazos- Si jugamos a la evasión te aseguro que gano yo.
Su dulce risa calmo un poco mi ira. Se inclino hasta que apenas un metro separaba nuestros rostros. Creo un ambiente tan intimo que temí lo que fuera a decir pues no me veía en condiciones de ocultar mis emociones.
-No diré que es una historia larga, porque no lo es, pero si triste y aburrida- sus ojos azulados me miraron con intensidad. Parecían gritar socorro.
-Las historias tristes son las que mas nos definen- alce mi mano hasta que aparte un mechón rebelde de su rostro. Al instante me sentí estúpida porque era la acción típica de una película romántica. Pero se sintió tan bien, demonios.- Y yo te quiero conocer, Virginia.
Aparto la cara con suavidad y yo respire tranquila sabiendo que no le había incomodado el gesto. Volvió la mirada al frente con una mueca que se parecia a la confusión. Tenía un perfil delicado con una nariz romana preciosa, unos labios ni muy pequeños ni muy grandes, siempre rosados, y unos ojos tan traslucidos que parecían tragarte.
Aparte la mirada, debía parecer gilipollas.
Virginia pareció reaccionar y volvió a tomar la botella con mas decisión que antes. Dio un trago tan largo que temí que se acabara la botella. Sin embargo volvió a tendérmela obligándome con la mirada a beber. Accedí sabiendo que el miedo le estaba matando las entrañas. Conocía tan bien esa sensación...
-Mi padre murió el día de ayer hace veinte años- un nudo se formo en mi garganta, calculando no debía de tener mucho más de diez años.-Y a pesar de que no teníamos muy buena relación aun me sigue jodiendo. Tal vez sea por eso... porque nunca llegamos a tener una relación normal de padre-hija. Y esa es una de las razones por las que últimamente bebo tanto. No suelo ser así de normal...
-No pasa nada por ello- murmuro antes de tomar una de sus manos, que había escondido debajo de un cojín debido a su ligero temblor- Cada uno afronta sus demonios de distinta manera. Y tu te enfrentaste a uno muy grande cuando apenas eras una cría.
No le dije "lo siento" porque con el tiempo había aprendido que es lo peor que puedes decirle a alguien en duelo.
Virginia me miro tan fijamente que por un momento temí haber dicho algo que no debía, pero tras unos segundo me dedico una sonrisa triste pero sincera.
- Cierto. Pero tras tantos años no deberían atormentarme tanto...- lo ultimo fue más un comentario débil para si misma. Su mirada brillo cambiando totalmente su rostro.- ¿Tu eras un demonio, no?
Casi me atraganto con mi propia saliva. Recordaba esa conversación.
-¿Ya estas cambiando de tema?- farfulle con prisas contratacando.
-Ya te había dicho que era una historia corta- se encogió de hombros antes de darle otro trago a la botella.
-Contéstame a una ultima cosa y soy toda tuya- el calor subió por mi rostro cuando me di cuenta de las posible connotaciones de la respuesta, y aun más cuando Virginia alzo sus cejas con diversión antes de asentir.- ¿El director y tu, que relación tenéis?
-Cotillear tras las puertas esta muy feo Erin Wood- respondió mordazmente, aunque supe que no lo decía con malas intenciones por la sonrisa que no pudo camuflar segundos después.- Así que solo te diré que es familia mía.
Eso explicaba la familiaridad con la que se habían tratado el otro día y que Virginia no estuviera ya despedida. Aunque no se parecían en absolutamente nada, tal vez en la apariencia intelectual y en el pelo azabache que a Roger le comenzaba a escasear.
-No se de que me hablas- sonreí antes de giñarle el ojo y darle un trago a la botella.
No deberías beber, inútil.
Deje la botella lo más lejos mía sintiendo ya sus efectos. Me entro la risa floja pensando que estaba cayendo en mi propia trampa.
-Veo que no estas acostumbrada a beber- Virginia acompaño mis risas antes de sacar un cigarro y prenderlo entre sus labios.
-Esta prohibido fumar dentro de espacios públicos cerrados, señorita Green- señale con sonra antes de quitarle con atrevimiento el cigarro de la boca.
-Entonces me lo tendré que acabar rápido- apunto divertida antes de apoyarse sobre sus rodillas y colocar ambos brazos a los lados de mi cuerpo.-¿Que tal si me lo das?
-¿Que tal si no?- la sonrisa ya no me cabía en el rostro. Sentía su calor sobre el mío. Sentía su respiración sobre la mía. Sentía su maldito olor cítrico. Sus ojos ya me habían hipnotizado. Era mi fin.
Quería besarla, joder.
- Tendré que quitártelo- se acerco tanto a mi rostro que durante unos segundos pensé que me iba a besar. Mis ojos traicioneros se cerraron a la espera. Mis pulmones dejaron de recibir oxigeno. Sin embargo el cigarro abandono mis dedos antes de que su cuerpo me abandonara también. Y entonces recobre la total consciencia.
La risa de Virginia me hizo reaccionar. Gruñí totalmente avergonzada.
-¿Ahora eres toda mía, no?- la forma en la que pronuncio aquello me hizo estremecerme. Y para que mentir, una ola expansiva de calor me bajo por el vientre.
Asentí aun turbada por la escena anterior y me deslice ligeramente por el sillón deseando que esta vez si me tragara. No solo había hecho el ridículo dejandole claro que esperaba que me besara sino que estaba usando una frase dicha por mi que dejaba también claritas mis intenciones.
El plan va maravillosamente bien.
-Cuéntame tu historia Erin Wood.
-Eso es injustamente amplio- farfulle antes de mirarla.- Especifica.
-Se lo de México.
En ese momento se hizo real la mayor de mis pesadillas.
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