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XXII Parte 1

—¿Qué diablos? —masculló Lucía, intentando romper con el lazo que envolvía su muñeca.

Josh observó a Gemma con los ojos bien abiertos, mirándola detenidamente, incrédulo ante la situación que estaba vivenciando. La escaneó de arriba abajo buscando indicios que dieran cuenta del cambio en su conducta repentina. No había nada malo en ella, todo era como antes, salvo por su mirada. El azul helado de sus ojos ahora era un témpano de hielo, tan gris que hasta podía verse reflejado en ellos. Una sombra bajo sus ojos le enrarecía la mirada. Parecía... siniestro.

Dio un paso al frente, sus manos en señal de alto para enfatizar la calma.

—Gemma, ¿qué está pasando?

La joven esbozó una sonrisa torcida y reafirmó el agarre sobre su lanza de hielo.

—Quiero que me den la flor. Podemos hacer esto por las buenas o por las malas, pero dadas las circunstancias les aconsejo hacerlo por las buenas.

—¿Pero qué estás diciendo?—Logan se colocó frente a Lucía, haciendo un puño con su mano derecha—. Se suponía que estábamos juntos en esto.

—¡Les dije que algo no me agradaba de ellos!—replicó Miranda. Desplegó su arco y apuntó una flecha plateada directo a la garganta de Gemma, en consecuencia todos sacaron a relucir sus armas, algunos con más dudas que otros.

—¡No puedes usar una flecha plateada con ellos!—le regañó Nico.

—Cállate. Ellos son el enemigo.

Gemma enarcó una ceja y una risilla escapó de sus labios con ciertas notas de frivolidad.

—Bien. Que sea por las malas.

Esta vez fue Zoe la primera en actuar. El hielo de sus ojos resplandecía con malicia tras sus mechas azuladas que ondeaban al viento frío del invierno. Alzó los brazos con las palmas extendidas y a pesar de no suceder nada un segundo después se oyó un crujido.

Lucía vio como la espalda de Logan se tensaba. Un leve quejido escapó de sus labios que lentamente se tornaban de un aterrador azul marino. Sus manos, sus piernas, todo su cuerpo temblaba y perdía estabilidad conforme los minutos avanzaban. En su interior podía sentir como cada fibra de su cuerpo se convertía en escarcha. Gélida, helada y, sobre todo, cortante. Donde el hielo se formaba la herida quemaba; ardía como estar siendo quemado vivo.

Conforme Zoe cerraba los dedos el agua en el interior de Logan se solidificaba hasta tomar su cuerpo por completo. Congelando cada nervio, cada músculo. Paralizando su sangre y enfriando a su corazón desde dentro.

—¡Logan!—Lucía intentó detenerla pero el lazo en su muñeca la comprimió hasta dibujar a su alrededor un aro de sangre.

—¡Suficiente!

Hubo un ruido sordo y acto seguido Logan cayó de rodillas al piso. Lucía alzó la mirada, sus mejillas ardían conforme más lágrimas caían sobre su piel sensible por el viento. Allí, donde una vez había estado Zoe de pie, ahora aparecía la figura de Atticus empuñando su espada en alto. La figura del delfín en la base de la empuñadora se encontraba manchada con la sangre de la media-hermana de Logan.

No la había matado pero sí la había dejado fuera de combate, al menos por un tiempo.

—¡Zoe! —Gemma soltó un grito desgarrador. A pesar de la frivolidad en su mirar, las lágrimas produjeron el efecto contrario, brindándole la humanidad que alguna vez había sido parte de ella.

Eso le dio la pauta a Josh de que seguía siendo la misma chica de antes. Bajo la influencia de quien sea que estuviera sometida, si algo llegaba a tocar la fibra de su ser, podría traerla de regreso.

—¿Es Circe cierto?—Se posicionó frente a ella y solo reculó cuando ésta le apuntó con la lanza. El aire frío que despedía aquel objeto le erizó los vellos—. Ella te tiene bajo su hechizo, ¿no es así?

—No tengo por qué responderte nada.

—¡Dijiste que ya no querías trabajar para ella! Dijiste que lo hacías para proteger a tus amigos, pero que ni así podías seguir adelante con el plan.

—¿De qué estás hablando?—Solo Lucía pudo poner en palabras lo que todo mundo pensaba. No obstante, Josh optó por ignorarla y siguió con lo suyo.

—¿Circe está castigándote por desafiarla?

—Vaya que eres ingenuo—gruñó—.Todo lo que hice y dije fue para mantenerte a raya, de lo contrario nunca habríamos llegado hasta aquí.

—¡Nos usaron!—el odio reverberaba en las palabras de Miranda—. Querían llegar hasta la Flor para tomarla como las ratas que son. ¡Pero no se los dejaremos tan fácil!

Lista para el combate Miranda lanzó la flecha de plata. Ésta viajó por el aire y cuando estuvo a pocos centímetros de Gemma, la joven agitó la lanza que acarreaba. Un viento helado emergió de su cuerpo, tan fuerte y poderoso que desvió la trayectoria de la flecha y provocó que todos se inclinaran ante él.

Pequeños cristales con forma de daga salieron disparados de las ráfagas hasta cortarles la piel. Entonces, Nate soltó la muñeca de Lucía y haciendo de su lazo un látigo, golpeó las piernas de los presentes con tal estrépito que ninguno pudo oponer resistencia. Flaquearon y el viento helado los arrastró montaña abajo directo al río.

Una sonrisa siniestra se formó en los labios de Gemma en cuanto vio a Josh salir disparado.

El agua salpicó hasta llegar a una altura irrisoria, provocando que el bote se sacudiera y la madera se frotara contra la roca.

Fue cuando Gemma empleó ambas manos para hacer del viento helado una sólida capa de hielo que se adhirió a la ladera de la montaña y trepó hasta rasgar la oscuridad de la noche.

Nadie de los que habían quedado en pie en la montaña podría escapar.

Nico soltó un quejido y una nube de vapor escapó de su boca. Las heridas provocadas por los cristales quemaban su piel producto de la escarcha que se formaba alrededor. Eso, sumado al latigazo que sus piernas habían recibido, se traducía en un dolor insoportable. No sabía si el hielo que se había formado a su alrededor era el responsable del crujido que surcaba el aire, o si era producto de sus huesos maltratados.

Pese a ello rodó sobre sí hasta quedar boca arriba. Una pared de hielo con picos desiguales se había formado alrededor de la montaña, sin embargo, era capaz de ver a través de ésta a sus compañeros nadando inconscientes sobre las aguas fosforescentes.

No había nada que pudiera hacer por ellos. La capa de hielo era demasiado gruesa como para romperla con ayuda de su espada. Debía concentrarse en los que allí quedaban que, dicho sea de paso, desconocía quiénes eran.

Gemma y Nate seguían tan majestuosos como siempre. Ella sostenía su lanza de hielo con un aura tan helada que de solo verla sentía escalofríos. Él tenía envuelto en uno de sus brazos parte de una cuerda tan brillante como sus habilidades. Resplandecía como el oro pero había visto que cortaba como una espada y era ligera y domable como un látigo. Sería difícil vencerlos, en especial porque podían hacer uso pleno de sus habilidades.

Entonces lo vio. El tatuaje en la clavícula de Gemma no resplandecía en lo absoluto. Parecía desactivado.

Zoe seguía fuera de combate, sin embargo, Logan también lo estaba. Su cuerpo temblaba producto de lo que Zoe le había hecho.

Lucía seguía firme junto a Logan mientras su mano sangrienta cargaba con la Flor.

No muy lejos de allí Sarah y Matt se incorporaban tambaleantes. El negro de los ojos de Nico se encontró con el café de los ojos de ambos jóvenes. A parte de ellos, nadie más quedaba.

Lucía debía proteger la Flor a toda costa.

Allí abajo en el río los cuerpos de sus compañeros habían encontrado la salvación de la orilla. Era cuestión de tiempo para que despertaran y Josh pudiera hacer uso de su rayo para romper con la pared de hielo.

Mientras tanto era el deber de ellos tres proteger la Flor a toda costa. Malheridos y vacilantes encontraron la fuerza necesaria en su interior para ponerse en pie.

El saber que podían proteger a los suyos, que finalmente aportarían su grano de arena a la batalla, los energizaba y los dotaba de una fuerza impresionante.

Cuando cumplían su rol de guardianes luchaban en secreto contra los monstruos que amenazaban la vida de sus amigos. Luego de que estos despertaran sus poderes se hicieron cargo de sus propias batallas, lo que dejó su rol como guardianes y mentores en un segundo plano. Este era el momento de poner en alto el apellido de sus familias. Otra vez encarnarían sus viejos roles para proteger no solo a la Flor Dorada sino también a sus amigos.

Tomaron posición a unos metros de distancia de Lucía y Logan, formando un escudo y se enfrentaron a Gemma y Nate.

—Ahora pelearán contra nosotros—masculló Matt, sacando su espada al viento helado.

Nico enseñó sus dagas al tiempo que Sarah se decantó por si fiel cuchillo Estigia.

—Será un placer—ronroneó Nate y Gemma rió divertida—. Que inicie la diversión.

···

A pesar del frío que se cernía en el ambiente el agua se sentía tibia sobre sus piernas. Movió las manos y se sorprendió al no percibir la textura líquida del río. Al abrir los ojos Atticus se encontró a orillas del bosque. Su cuerpo estaba cubierto de heridas escarchadas y cada rincón de éste se encontraba entumecido. A duras penas logró arrodillarse.

Descubrió a Miranda a poca distancia de donde él se encontraba. También estaba malherida pero consiente. La furia creció en su mirada al percatarse de lo que había ocurrido.

—¡Maldición!—golpeó el agua con los puños, salpicando gotas en las heridas.

De pronto ambos pudieron oír golpes de batalla, seguido por ráfagas de hielo y un arma tan poderosa que podía cortar el viento.

Allí, donde el hielo parecía formar la proa de un barco sobre la montaña, se podía ver un atisbo de la violenta batalla. Atticus sintió como los huesos se le estremecían al ver a Matt estampándose contra el hielo. Cristales se incrustaron en ésta como dagas y aun así no astillaron la pared en lo absoluto.

—Debemos ayudarles— Miranda se mostró de acuerdo y al incorporarse descubrieron el cuerpo congelado de Josh al otro lado del río.

—¡Josh!—vociferó Atticus lanzándose al agua fosforescente. Nadó sin dificultad impulsado por la adrenalina hasta la orilla opuesta. Miranda lo seguía de cerca y al llegar junto a él presenció lo horrible de la situación.

Los brazos, el pecho y las piernas de Josh estaban cubiertos de lo que parecía ser hielo. Atticus rascó la corteza con la uña y logró despejar una pequeña sección.

—No es muy sólido, podríamos romperlo sin problema.

—¿Y cuánto tiempo le tomará recuperarse?

Atticus evaluó la situación y ante la impotencia no encontró más remedio que sonreír.

—Ella sabía que el poder de Josh era destructivo. Lo dejó fuera de combate.

—¿Y ahora qué?—gruñó abriéndose de brazos—. No podemos escalar debido al hielo—señaló la gruesa capa de hielo que cubría la ladera de la montaña para enfatizar sus palabras—, y tampoco puedo teletransportarme. Usar mi poder me volvería un blanco fácil.

Atticus soltó una risa semejante a un resoplido. Otra cosa más que Gemma había pensado.

Apretó el puño al ver el rostro cubierto de escarcha de su amigo. Si no estuviera en aquella situación lo golpearía por idiota. Debió haber pensado mejor las cosas antes de descubrir a Gemma. Mejor dicho, él debió asesorarlo mejor cuando le confesó las dudas que tenía acerca de la hija de Quíone. Pero ya era tarde para lamentarse. De alguna forma alguien estaba tomando posesión de los semidioses y no los dejaría hasta que estos recuperaran la Flor.

—¡Ya sé! Llamaré a Shadow—llevó dos dedos a su boca y antes de poder soplar Atticus la detuvo.

—Ahórrate el silbido. Ninguno de los ruidos que se produzcan aquí dentro pueden oírse desde el exterior.

—Estupendo. ¿Ahora qué?

—Ayúdame a quitarle el hielo y luego lo meteremos al río para calentarlo.

Otro estallido y el aire se contaminó de un intenso olor a sangre.

—¡Rápido!

···

Los escudos que Hefesto había confeccionado para ellos funcionaban a la perfección, pero no los volvía inmunes a los diamantes congelados de Gemma. Cada tanto, donde el escudo no llegaba, un diamante, tan afilado como la punta de una flecha, rasgaba sus ropas o se incrustaba en su carne. Quitarlos era sumamente doloroso, en especial porque la piel ardía producto del frío y los copos que quedaban dentro continuaban rasguñando.

Su poder parecía no tener límites y esto era una probada de lo que en verdad podía hacer. Habían sido testigos de cómo su viento helado cargaba con diminutos cristales que, al contacto con la piel, rasgaban como las uñas de un felino paralizando la zona afectada. Sin embargo, hasta el momento no había vuelto a emplear dicha táctica, lo que no quería decir que, en cuanto perdiera la paciencia o se aburriera de ellos, lanzaría su ataque mortífero para dejarlos fuera de combate.

Tanto Matt como Sarah daban lo mejor de sí para proteger la Flor Dorada. Sarah era una experta en los cuchillos y muy pocas veces fallaba pero ahora apenas sí podía llegar a su objetivo. La hija de Quíone era una excelente combatiente y tal parecía conocer la historia tras el cuchillo de Sarah. Bloqueaba sus ataques con eficacia y no permitía que la hoja dorada se acercara a su cuerpo.

Gemma lanzó una lluvia de cristales en dirección a ambos jóvenes. Mientras estos sucumbían ante el infalible dolor de su poder helado, Gemma corrió en dirección a Lucía. La joven acercó la Flor a su pecho al tiempo que su mano libre encontraba la empuñadura de su espada.

—¡Eres mía!—perfiló la lanza con dirección a Lucía. Un destello iluminó la punta afilada y miles de copos de nieve se congregaron a su alrededor, pero jamás llegaron a liberar todo su potencial. Un trozo de metal duro y pesado impactó contra sus piernas. Golpeó con tanta fuerza que sus rodillas cedieron en el acto mientras el escudo con el cual la habían golpeado cambiaba de trayectoria hasta incrustarse en el hielo—. ¡Ahhh!

Cayó al suelo, raspándose el pecho y la barbilla. Su lanza seguía firme en su mano izquierda.

Hizo a un lado el dolor que plagaba su cuerpo, volviéndose para ver a su atacante. Sarah alzó en alto la barbilla y se aferró a Estigia.

—Te dije que nosotros pelearíamos contigo.

Gemma soltó un gruñido y en cuanto Sarah estuvo lo suficientemente cerca de ella congeló el suelo bajo sus pies. Una capa fina de hielo se formó sobre las rocas volviéndola una diminuta pista de patinaje. Sarah perdió estabilidad y pronto se encontró golpeando el piso. La ira creció en su interior hasta tomar posesión de ella. Apuñó a Estigia y de un solo movimiento dejó que ésta viajara por el aire helado. Un corte carmesí se dibujó en la pálida mejilla de Gemma, dejándola boquiabierta. El dolor fue instantáneo pero lejos de dejarse vencer se alimentó de su sufrimiento y lo convirtió en poder. Apuntó su lanza a Sarah. Los amarronados ojos de la joven se tornaron azulados al ver el destello nevado del arma. No tenía con qué defenderse.

—¡Sarah!—la voz de Matt retumbó en las paredes de hielo creando su propio eco. Saltó desde una roca y con su escudo en alto bloqueó el ataque de Gemma. El impacto lo sacó despedido hasta enterrarlo en el suelo.

Si bien el escudo seguía intacto, una capa gruesa de hielo comenzaba a trepar en el exterior como hiedra. Estaba tan frío que Matt se vio forzado a deshacerse de él antes de que su piel terminara adherida al metal.

—¡Está helado!

Gemma rio con sentimiento.

—Pues claro, ¿qué esperabas?—Se mofó de él, colocándose en cuclillas. A pesar de todos sus esfuerzos por debilitarla, no lucía exhausta en lo absoluto. Seguía igual de rozagante que al principio y, sobre todo, con fuerzas para seguir luchando. Apuntó su lanza hacia Matt y Sarah, una sonrisa retorcida se formó en sus labios—. Y aún no han visto nada.

—¡GEMMA! —Nate soltó un grito de advertencia que terminó ahogándose por culpa de la batalla que lideraba con Nico.

Gemma vio el pánico en los ojos de su amigo y al ver su lanza divisó el reflejo de Lucía en ella. Sin mirar al frente apuntó por encima de su cabeza y envió el ataque directo a sus espaldas. Se oyó un grito y a continuación el crujir del hielo.

La espada que había sostenido Lucía restalló en el suelo varias veces hasta detenerse por completo. Una capa de escarcha cubría la hoja, muy cerca de la empuñadura.

Un alarido escapó de la boca de Lucía, tan desgarrador que Sarah creyó que sus oídos sangrarían.

—¡Lucía!— gritó exasperada. Tambaleante, se colocó de pie, pero a medio camino su cuerpo se detuvo por completo, presa del pánico. Tuvo que abrir bien los ojos para comprobar lo que estaba mirando. La mano derecha de su amiga estaba totalmente congelada.

—¿Qué hiciste?—sollozó Lucía, cayendo de rodillas producto del agobiante dolor.

Gemma se irguió y alzó la barbilla para lucir en todo su esplendor su superioridad, no solo porque ésta batalla estaba más que ganada, sino porque sus poderes eran muy superiores a los de ellos.

—Según he visto eres diestra y tu zurda deja mucho que desear. De esta forma no me molestarás.

—¡Desgraciada!

—Di lo que quieras.—Indiferente a sus palabras Gemma se giró al frente donde el cuerpo de Logan seguía inconsciente y junto a este descansaba la Flor. Avanzó decidida a tomarla cuando una daga se le atravesó en el camino hasta incrustarse en la pared de hielo. Paralizada y asombrada descubrió como parte de sus cabellos dorados flotaban en el aire frente a sus ojos. Aquella cosa había estado a punto de atravesarle la mejilla si hubiera ido más rápido.

Hubo un chasquido y un silbido atravesó el aire. Antes de que Nico pudiese bajar la mano con la que había lanzado la daga, el lazo dorado de Nate se abrazó a su muñeca.

—¡Tú pelea es conmigo!

Nico opuso resistencia ante la vehemente fuerza de la cuerda, y no se dio la vuelta hasta que vio a Matt retomar la pelea contra la princesa de hielo.

—¿Ahora sí te interesa luchar conmigo?

—Tú no luchas, solo evitas que ayude a Gemma. ¡Eres una molestia!

—Entonces estoy haciendo bien mi trabajo.

Nate suelta la muñeca de Nico y se prepara para el siguiente ataque. Se lleva el brazo al pecho y luego lo estira de súbito, provocando que el lazo se transformara en un látigo tan poderoso que de no haber saltado a tiempo ahora mismo Nico tendría una herida que le dividiría el abdomen.

Allí donde impactó el látigo la roca se hunde y el suelo se agrieta hasta despedir partículas de polvo.

—¡Ya estoy harto de ti! ¡Ni siquiera haces de esto algo interesante!—recogió el lazo hasta dejarlo desperdigado a su alrededor, aguardando por ser empleado nuevamente.

—Tal vez porque lo que dijiste es cierto: yo no peleo—se sacudió el polvo de los hombros.

Nate enarcó una ceja divertido.

—¿Un guardián que no pelea? —Contuvo una carcajada—. Tu familia debe estar muy orgullosa de ti.

Nico apretó los puños ante tan hiriente comentario.

—Una cosa es defenderse de una criatura hambrienta de sangre, otra muy distinta es enfrentarse a un oponente que luce como una persona. En especial si éste está siendo controlado por alguien más.

—Ya veo—Nate observó a su oponente de arriba abajo. Su aspecto físico le recordó al de un debilucho, mas su resistencia era igual al de un soldado. ¿Cómo alguien como él podía llegar a ser tan buen oponente? Le estaba costando acabar con Nico. Tuerce una sonrisa y se aferra a su lazo—. Entonces te enseñaré lo que debiste haber hecho desde un principio conmigo. ¡Muere!

El lazo dorado viajó por el aire desplegando todo su fulgor. Nico se llevó una mano al cuello y al arrancar el collar éste se transformó en un escudo que se amoldó a la perfección en su brazo.

Logró esquivar un golpe mortal pero la potencia del mismo fue tal que terminó perdiendo el aliento al golpear el suelo. De pronto le pareció sentir como si el piso temblara, no, la montaña. La montaña comenzó a temblar sin previo aviso. Un destello surcó el cielo y el ruido de un trueno vino a continuación.

La expresión de suficiencia en el rostro de Gemma se desfiguró al oír el rayo. Josh había despertado y era cuestión de tiempo para que él y los demás llegaran allí arriba. No obstante, había adherido el hielo a la porosidad de la roca de tal forma que un impacto demasiado fuerte pondría a la montaña en peligro de derrumbe, y conociendo a Josh no haría nada que pusiera en peligro a sus amigos.

El reloj empezó la cuenta regresiva. Tenía los minutos contados, no podía perder el tiempo. Debía hacerse con la Flor antes de que pudieran quitársela.

Giró la lanza por encima de su cabeza y de súbito la detonó contra el suelo, perforando la roca. De entre las grietas emergió una ventisca helada acompañada de copos mortíferos cuya función era devanar la piel.

Matt y Sarah salieron despedidos hacia la pared de hielo, al tiempo que Lucía cubrió el cuerpo de Logan para protegerlo. Nico se hizo un ovillo y se refugió en el escudo que, a pesar de ser resistente, podía oír al metal crujir.

Cuando la ventisca menguó reinó el silencio y a los pocos segundos empezaron los quejidos. El suelo se tiñó de rojo y la sangre se mezcló con la nieve, causando un contraste visual impactante.

Demasiado adoloridos y entumecidos como para actuar, Gemma aprovechó el momento y se dispuso a hacerse con la Flor. La misma pareció desprender un brillo sinigual al tomarla entre sus manos, como si estuviera dándole la gracias por salvarla.

—¡No!

Gemma se volvió ante aquella voz masculina, pero antes de que pudiera hacer algo, el escudo golpeó su mano, quebrándole la muñeca y provocando que la Flor saliera disparadas por los aires.

Al abrir los ojos Lucía vio la sombra de la Flor pasando por encima de ella. Escuchó el blandir de un látigo e intuyó que Nate intentaba atraparla en pleno vuelo. Así que saltó de encima de Logan e intentó atraparla ella misma, sin embargo, los cortes en su cuerpo se desgarraron al estirarse. Pudo oír la piel rasgándose y el dolor se propagó por sus nervios hasta quitarle el aliento. Cayó en el acto, justo cuando una ráfaga helada casi le da en la cabeza.

El objetivo de Gemma había sido detenerla, matarla en todo caso, aunque nunca creyó que su tiro de gracia terminaría por envolver a la Flor Dorada en una gruesa capa de hielo.

—¡La Flor!—la desesperación se escurre entre sus palabras al ver como el lazo de Nate se estrella contra el hielo hasta agrietarlo por completo. Un crujido y los pétalos de la Flor se rompen—. ¡Nooo!

Ante los ojos de los presentes la magnífica Flor Dorada ahora era un artefacto inservible. Cayó el suelo, más hielo estalló salpicando el piso escarchado, y en el eco de la montaña la esperanza se esfumó.

—No puede ser—lágrimas de impotencia rodaron por las mejillas de Lucía al ver como la Flor Dorada se cuarteaba en mil pedazos.

El corazón de Gemma se aceleró a un ritmo irreal. Enojo e impotencia eran solo dos de las muchas emociones que se agitaban en su interior. Nunca se perdonaría el hecho de haber fallado.

Si hubiera sido más poderosa quizás habría logrado deshacerse de sus enemigos y hacerse con la Flor sin contratiempos. Por culpa de ellos habían fallado. No tenía otra alternativa.

—Los mataré a todos— gruñó entre dientes, sus ojos ardiendo de furia. Congeló la zona del brazo en donde el escudo había quebrado sus huesos y así volvió a hacer funcional su mano. Levantó la lanza y soltó un grito de guerra.

—¡Que no toque el suelo!—advirtió Matt, saltando como un resorte hasta quedar de pie. Echó a correr hasta que el lazo de Nate se envolvió alrededor de su cuello.

—¡Matt! —Sarah resbaló antes de que pudiera arrodillarse, lastimándose la barbilla.

Lucía vio como la lanza de Gemma acumulaba en la punta una energía tan intensa como poderosa. El aire se tornó helado y cortante, doloroso de respirar.

Miró el cuerpo de Logan, su espada descansaba en la funda de su cinturón, brillante y atrayente. Intentó ponerse de pie pero sus heridas clamaron por piedad y terminó gateando hasta donde Logan. Extrajo la empuñadura y al agitarla la hoja de la espada se desplegó majestuosa, reflejando el resplandor blanquecino de los poderes de la hija de Quíone.

—¡Ya basta!—blandió la espada y rompió la lanza en dos.

La luz se extinguió junto con el aire helado, mas no pudo borrar el asombro en el rostro de Gemma.

La joven abrió sus manos producto de la conmoción, dejando que ambos trozos cayeran a sus pies.

Algo tiró de su interior.

Hasta aquí.

Extendió los brazos hacia el frente y al abrir los puños un ventarrón helado arrasó con todo a su paso, acompañado por un grito de impotencia.

Esta vez Nate no logró sortear el ataque de su amiga y terminó por golpearse contra la pared de hielo. Su lazo se soltó del cuello de Matt pero el efecto rebote y los poderes de Gemma lo dejaron fuera de combate.

Tembloroso Nate logró incorporarse. Heridas escarchadas cubrían la piel de sus brazos por donde la ropa ya no existía. Debió parpadear varias veces para enfocar la mirada en una sola imagen. Al frente se desarrollaba una  escena donde la damisela socorría a su amado. Uno yacía casi que inconsciente, el otro no estaría despierto por mucho tiempo.

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