X
Desde lo alto era capaz de ver el azul de las montañas, contorneado por la espesa arboleda.
No muy lejos de allí una cortina de humo ascendía hasta el cielo. Unos cuantos pasos del gigante fueron suficientes como para darle una panorámica clara del campamento. Para ser bestias descomunales poseían indumentaria pequeña, aunque debía ser a causa de sus diminutas presas.
No obstante, la cueva en la que se albergaban era del tamaño ideal para un gigante. Pero a juzgar por la forma irregular de los bordes y los profundos zarpados en la roca, dedujo que ellos mismos crearon un lugar para refugiarse.
Afuera había una hoguera que serviría para calentar el dedo gordo de un gigante, y haría sentir a un semidiós dentro de un sauna.
A pocos metros de distancia se encontraba atada a una estaca una chica de tez bronceada, y cabello corto hasta los hombros con mechones azules.
Parecía dormida. Le resultaba increíble que con semejantes temblores no se despertara.
Se volvió para mirar a Nate y la alegría y preocupación en sus ojos le dio la pauta de que se trataba de su amiga.
Tan pronto como iban llegando un segundo gigante apareció de dentro de la cueva. Sus amarillentos dientes chuecos aparecieron en una sonrisa siniestra. Se perdió en el interior oscuro por un instante y de inmediato apareció con un par de cuerdas. Las mismas parecían medir unos pocos centímetros de diámetro, pero al rodear su cuerpo con al menos unos cuatro vueltas, cayó en la cuenta de que no todo es lo que parece cuando está en manos de un gigante.
—Zoe— susurró Nate en cuanto los gigantes desaparecieron—. Zoe, despierta.
La chica seguía con los ojos cerrados. Su respiración era pausada, lenta, no cabía duda que era presa de un sueño.
Nate estiró uno de sus pies y le dio un puntapié en la pierna. La joven se sacudió un poco, pero fue suficiente para despertarla. Sus párpados aletearon con pesadez para darle a sus confundidos ojos una panorámica de la realidad.
Lucía inclinó la cabeza para verla mejor. Sus ojos eran color chocolate, tan oscuros que apenas podía distinguir la pupila. Y a pesar de la oscuridad, su mirada lucía acogedora, sincera. Alguien en quien podías confiar sin dudarlo.
Sin embargo, su estado dejaba mucho que desear. El calor sofocante de la hoguera la estaba asfixiando. Gotitas de sudor empapaban su cara hasta perderse por entre sus ropas. A duras penas podía respirar y a juzgar por su postura el tiempo se les estaba acabando.
No lo entendía. ¿Acaso esto era lo que hacían? ¿Asesinaban a sus víctimas para luego drenarles la sangre?
El calor poco a poco se hacía sentir.
Las cuerdas parecían ajustarse a su cuerpo conforme luchaba por soltarse. El mango de su cuchillo resplandecía dentro de la bota, pero ni en sueños podría alcanzarlo.
Elevó la mirada al cielo en busca de Shadow. Nada. ¿En dónde estaban?
—Nate— gruñó Lucía en un intento por liberarse. El roce de las cuerdas con la ropa le estaba provocando ardor—. ¿Alguna idea?
El joven intentaba liberarse sin éxito alguno. Tal parecía que su plan terminaba aquí; quedaba en manos del resto llegar a tiempo para salvarlos.
Lucía comenzó a maquinar algún plan que pudiese sacarlos, al menos para no terminar como brochetas mientras el resto brillaba por la ausencia.
El viento aumentó paulatinamente provocando que el fuego se avivara más. Diminutas chispas anaranjadas llenaron el aire como luciérnagas. Lucía siguió una con la mirada hasta verla estamparse contra las cuerdas que la mantenían retenida. El descaliche se consumió dejando una pequeña marca negra.
Y entonces una idea surgió en su mente. Si conseguían avivar el fuego, las chispas serían suficientes como para liberarlos de sus ataduras. Pero el riesgo podría quitarle la vida a Zoe.
Antes de encontrar una alternativa, una sombra se arrastró por el suelo hasta pasarles por encima. En lo alto, Shadow sobrevolaba el perímetro con Miranda y Nico sobre él.
—¡Chicos!— gritó Nate.
Gemma y Erick se aproximaron con sigilo, ordenándole a su amigo que guardara silencio. Al otro lado de la fogata aparecieron los demás.
En un santiamén estaban libres. En cuanto liberaron a Zoe, la pobre se desplomó sobre los brazos de Erick. Éste pareció susurrarle algo al oído y la arrastró lejos del intenso calor.
Sin que Lucía dijera nada, Logan apareció para socorrer a la joven seminconsciente. Traía consigo una botella de agua pero ella bien sabía que eso no sería lo único que él usara. Emplearía sus poderes para brindarle fuerzas, haciendo de su recuperación un parpadeo.
Quiso objetar pero aquellos que podrían capturarle estaban a un pie de distancia. No valía la pena decir nada, en especial porque no absorbería gran parte de su fuerza.
—¿Nos marchamos? —indagó Nate.
—¿Y perdernos la diversión?— Josh unió las manos y las estiró hasta que hizo tronar los huesos. Una sonrisa socarrona se dibujó en su rostro, asustando al pobre chico que, sin dudarlo, se apartó de su lado.
Josh miró al cielo y cerrando los ojos invocó la lluvia. Nubes grises inundaron el claro. Los truenos y relámpagos se hicieron presentes de inmediato, anunciando el diluvio que se desataría.
La lluvia cayó con tanta intensidad que apagó por completo la llama de la hoguera. La cortina de humo ascendió hasta el cielo, impregnando el aire con un olor fuerte.
La tormenta captó la atención de los gigantes que sin dudarlo salieron de la protección de la cueva para ver qué sucedía. El claro estaba vacío, salvo por una inmensa pila de madera chamuscada. Giraron sus cabezas hacia los postes donde, al descubrir que estaban vacíos, soltaron un gruñido y agitaron sus porras al aire.
—¡Amigos!— Josh salió corriendo de su escondite en el bosque.
La lluvia comenzó a menguar lentamente.
—Creo que si estaban buscando a un responsable... bueno, ese soy yo.
Uno de los gigantes emitió un gruñido, provocando que su aliento moviera las copas de los árboles. Blandió la porra en el aire y arremetió contra Josh.
El rayo de Josh salió disparado de sus manos directo a la pila de astillas. Hubo un estallido y miles de astillas volaron por doquier; una de ellas llegó al ojo del gigante.
Fue entonces cuando Nate envolvió el cuello del gigante con su lazo, tomó a Sarah por la cintura y como si se tratara de un resorte salieron disparados hacia la enorme bestia.
En un parpadeo el cuchillo de Sarah atravesó el cuello del gigante, convirtiéndolo en una nube de cenizas.
En tierra, Zoe volvía en sí después un revitalizante sorbo de agua. Se sentía alerta, lista para correr una maratón. Sin embargo, sus recuerdos eran muy vagos y apenas podía recordar lo sucedido. Lo último que recordaba era estar esperando el transporte para llegar a la Academia de Semidioses.
—¿Qué...?
—Estás bien. Estás a salvo.— Erick la rodeó por los hombros y la resguardó en su pecho de manera protectora.
Confundida y algo mareada por los ensordecedores gruñidos, desconfió del sujeto ojiazul que la miraba de arriba abajo.
—¿Quién eres?
—Gente buena—interrumpió Erick—. Ellos nos están ayudando.
Logan forzó una sonrisa para tranquilizar a la joven, pero estaba claro que ella no dejaría de sospechar hasta que aquel lío terminara y pudieran conocerse como es debido.
—Debemos ir a un lugar seguro. —Sus azulados ojos apuntaron al cielo en busca de Shadow.
—¡Cuidado!
Los árboles volaron de raíz, levantando tierra y hojas. El suelo se elevó en un abrupto temblor y los jóvenes salieron disparados por los aires. Aterrizaron con violencia en el suelo, rasguñándose las partes visibles del cuerpo, y con algunos pinchazos producto de las puntiagudas hojas de pino.
Sus cuerpos se deslizaron por el suelo como en una pista aceita. Tierra y astillas volaban a su alrededor hasta caer como lluvia. A lo lejos podían escuchar el crujir de los árboles, el impacto de estos al aterrizar en el suelo.
Un gruñido viajó por el aire, erizándole los vellos a los presentes.
Zoe levantó la cabeza y vio la porra del gigante — ahora hecho de un tronco de árbol con raíces colgando—viajando de un lado a otro golpeando todo lo que estuviera a su paso.
Había dos chicos desconocidos tirados en el suelo. No se movían por lo que dedujo que el gigante debió noquearlos.
Contó seis personas rodeando al monstruo. Seis. Las suficientes como para dejarlo fuera de combate.
Buscó a Gemma con la mirada, esperando que ésta hiciera algo para detenerlo, pero dada su condición estaba claro que eso los pondría en desventaja. Aunque...
Logró captar un sonido familiar. Se volvió hacia lo que quedaba de bosque; aquella era la dirección del sonido y a trompiscones se internó entre los árboles.
En las alturas Miranda moría por lanzarse a la acción y si no fuera por Nico ya lo habría hecho.
—Si lo haces nos pondrás en riesgo. Vendrán más.
—Podríamos huir.
—¿Y si nos encuentran qué? ¿Huir también?
—¡Josh está fuera de juego! Él era nuestro comodín. ¿Qué no te das cuenta de que estamos perdiendo? Si no ayudo a Sarah nunca acabaremos con ese imbécil.
—Tenemos a Shadow, usémoslo. Podríamos...—sus palabras se ahogaron con el ruido turbulento del agua.
Parte del río que corría a pocos metros del claro se estaba desviando hacia el interior. El agua se habría paso entre los árboles a toda velocidad, violenta como los rápidos. Sin embargo, se movía en línea recta sin desparramar una sola gota.
El agua llegó hasta los pies del gigante y de allí subió abruptamente hasta su cabeza. Una burbuja de agua envolvió su cráneo. El gigante soltó un gruñido ahogado, millones de burbujas nadaron entre las aguas.
De pronto, el agua comenzó a humear y el monstruo pegó un alarido. Corrió de un lado a otro dándole manotazos a la burbuja que cubría su cabeza. Cada vez que sus manos chocaban contra la superficie, las apartaba de inmediato. La piel comenzó a humearles y pequeñas ampollas se formaron a lo largo y ancho de sus palmas.
El resto veía con desconcierto la situación. Lucía se volvió para buscar a Logan, creyendo que éste era responsable. Pero al verlo tirado en el suelo supo que estaba equivocada.
Desesperado y ciego, el gigante tropezó con su propia porra cayendo de bruces al piso. La burbuja de agua hirviendo estalló hasta convertirse en lluvia. Lluvia que no quemaba en lo absoluto.
Unos minutos de conmoción hasta que Miranda reaccionó.
—¡Hazlo ahora Sarah!
La joven meneó la cabeza para salir de su ensoñación. Las gotas de agua resbalaban contra su piel, frescas como la lluvia que había lanzado Josh.
Subió por el tobillo del gigante y corrió a lo largo de su cuerpo hasta llegar donde su cuello. Enterró la hoja dorada de su cuchillo entre los regordetes pliegues y entonces, el gigante desapareció en una nube negra.
La calma se adentró en el claro. Matt y Atticus se dispusieron a socorrer a unos desorientados Nate y Josh. Por su parte, Lucía se concentró en Logan. Se veía algo aturdido pero no presentaba heridas de gravedad.
—¿Qué fue eso? —murmuró con voz ronca.
—Creí que habías sido tú.
—¡Zoe!
Ambos miraron al frente, donde la joven que habían rescatado en un comienzo ahora se encontraba de rodillas, gruñendo y quejándose de dolor.
Para cuando se acercaron Erick y Gemma rodeaban a Zoe, buscando la manera de consolarla.
—Puedo ayudar— dijo Logan, apartando a Gemma del camino. Y entonces se paralizó ante lo que vio.
La joven, empapada de pies a cabezas, se había quitado la blusa en un intento desesperado por dejar de sentir dolor. En su brazo derecho resplandecía un tatuaje. Uno que conocía muy bien, puesto que era el mismo que poseía.
Los amigos de Zoe miraron al resto que poco a poco se iba acercando para husmear. Sus rostros desprendían un sinfín de emociones, las cuales intentaban esconder agachando la cabeza.
—¿Quién eres? —demandó Logan.
La joven elevó la mirada; sus oscuros ojos sufriendo de dolor.
—Me llamó Zoe—dijo con voz temblorosa—. Hija de Poseidón.
Aquellos marcados por el hechizo de Circe subieron en Shadow y volaron varios kilómetros por encima de las montañas azules. En tierra, otro grupo se desplazó con dirección similar a la del resto, desviándose ligeramente para no llamar la atención de posibles capturadores, los que no se hicieron esperar.
El poder de Zoe atrajo a una arpía solitaria que terminó muerta por el rayo de Josh.
Para cuando Shadow aterrizó no había miras de que el otro grupo fuera a aparecer pronto.
—Nos instalaremos aquí— dijo Miranda, señalando la zona boscosa que los rodeaba, perfecta para camuflarlos—. Ya va a oscurecer. Es peligroso andar de noche.
—Puedo buscar leña para una fogata— comentó Logan.
—Y yo puedo encenderla si así lo desean.
Miranda observó a Erick dubitativa.
—Mejor no. Evitemos usar nuestros poderes. Josh puede hacerlo por nosotros, y si no lo haremos a lo mortal.
Gemma se apartó un mechón rubio del rostro y esbozó una media sonrisa hacia la joven.
—Gracias por ayudarnos. En serio se lo agradecemos.
Miranda sonríe con picardía, sus labios se abren como para decir algo que reprime casi al instante. Se da el lujo de mirar a Logan e insinuarle con la mirada el parentesco cercano que tiene con la chica que se encuentra a su lado.
—Sí bueno, no es como si hubiéramos hecho todo el trabajo nosotros— dice, sin apartar la vista de Logan—. Al parecer alguien podía cuidarse perfectamente sola.
De pronto Zoe se vio cohibida por las miradas de todos. Confundida buscó respuestas en los ojos de sus más allegados, pero estos desviaron la mirada hacia otra parte con tal de no tener que brindarle explicaciones.
—¿Qué? ¿Por qué me miran tanto?
—No sabíamos que Poseidón había tenido otro hijo...hija, en este caso.
Zoe resopla irritada. Cruza los brazos en el pecho y pasa el peso de su cuerpo de una pierna a la otra.
—Hay un montón de cuestiones detrás de eso que no son de su incumbencia. Y por cierto, ¿ustedes son...?
Miranda enderezó la espalda, la sonrisa de satisfacción y picardía se mantenía impresa en sus labios color durazno. La situación la puso de tan buen humor que quiso hacer bromas al respecto.
Se acercó a la joven y le extendió una mano.
—Mucho gusto. Mi nombre es Miranda, hija de Hades y semidiosa guerrera. ¡No hay de qué, fue un placer salvar tu trasero...tres veces!
Zoe se congeló ante su comentario. Apartó la mano de un tirón, retrocediendo. Por un instante olvidó cómo respirar, el pánico le estrujaba los pulmones.
Clavó los ojos en Miranda y luego en sus amigos.
—No es posible...
Miranda soltó una risita divertida.
—Déjame explicarte. Estamos de misión, como siempre— rodó los ojos, como si le hastiara ser la cosa más importante del mundo—. Y por razones de la vida nos topamos con tus amiguitos. Decidimos salvarte, no por caridad claro, sino para arruinar los planes de Circe. Al menos un poquito, todavía sigue muriendo gente ahí fuera.
—Ya basta— intervino Logan con voz autoritaria. Miranda lo observó por encima del hombro y esbozó una sonrisa socarrona.
—Alto— dijo Zoe, extendiendo una mano en el aire. Sus ojos estaban fijos en la tierra, mientras que su mente procesaba la información uniendo las piezas—. Si es verdad quién dices ser...—Se volvió hacia Logan. Un mar de emociones le endureció la mirada—. ¿Quién eres tú?
Logan tragó duro. No sabía cómo decir la verdad sin que lo creyera una mentira.
—Soy Logan. Hijo de Poseidón.
El shock en su mirarada no lo sorprendió en lo absoluto, él mismo se sentía de igual forma. No podía creer que su padre nunca le hubiese hablado sobre su media hermana.
¿Cómo? ¿Cómo era posible?
¿Qué edad tenía? ¿Por qué tuvo a otro hijo? ¿Qué planeaba hacer?
La profecía había sido muy clara cuando decía que los dioses solo podían tener un hijo. Entonces, ¿por qué razón tuvo otro? No es como si no pudiera, pero al menos exigía saber sobre su propia familia.
—¿Tú...? ¿Tú eres mi hermano? —No se molestó en esconder el shock en sus palabras.
—Eso parece.
Le asombró que Zoe se viera tan conmocionada, después de todo ella sí sabía de su existencia. En estos momentos debería estar abrazándolo o diciéndole cuán feliz estaba de conocerlo, mientras él asimilaba la situación de tener una hermana.
—Escucha...todos—se aclara la garganta—. Sé que dijimos que haríamos esto para arruinar a Circe, y créanme que lo hicimos. Una hija de Poseidón resultaría invaluable para ella, quién sabe cuánto. Pero ahora que sé que también es mi hermana no puedo permitir que se vayan así como así.
—Wow—dijo Miranda, alarmada por su propuesta.
—Está bien, no tienen por qué hacer esto—Gemma tomó la palabra por sus compañeros—. Íbamos a una Academia. Todavía podemos llegar allí...
—¿Y perdernos la oportunidad de pelear junto a los grandes? —Se lamentó Nate.
—Estoy de acuerdo con frostie—comenta Miranda—. Además, hay otras personas en este grupo como para tomar las decisiones tú solo.
Logan arquea las cejas en señal de asombro.
—¿Te piensas que no pensarán como yo? Ellos se quedan, quieran o no. Entre más seamos mejor.
Nate alza un puño de victoria al aire, al tiempo que Gemma y Erick lo desaprueban. Logan miró a su hermana. Tenía los brazos cruzados y los ojos clavados en algún punto del bosque; toda su postura indicaba que no quería estar ahí, o al menos que no estaba lista para lidiar con esa situación.
—Quizá quieran bañarse—sugiere el joven al ver el estado de los cuatro—. El río corre cerca de aquí. Nosotros podemos encargarnos de buscar algo de leña—Señala a Miranda y evita mirar su semblante fruncido.
—Suena bien—comenta Gemma, pasando una mano por su cabello enmarañado.
Antes de marcharse Miranda le ordena a Shadow que los mantenga bien vigilados.
—Espero que no te arrepientas. —Le susurra al oído.
—¿Qué problema tienes? —Se detiene a sus espaldas—. Es mi hermana y está marcada al igual que esa chica Gemma y Erick. Son relevantes para Circe, ¿y qué mejor forma de cuidarlos que teniéndolos con nosotros?
—Estarían igual de protegidos en una Academia.
Logan se cruza de brazos, desafiante.
—Tú y yo estábamos encerrados en el Olimpo, mejor lugar imposible, y aun así nos escapamos. ¿Por qué con ellos es diferente?
—Porque no los conocemos. —Quiso agregar algo más, algo que casi escapa de sus labios pero que optó por guardar para sí—. Pero da igual. Haz lo que quieras— dice y se marcha en busca de leña.
Para cuando los demás se reunieron con el resto del grupo se sintieron agradecidos de encontrar un lugar para descansar. El fuego estaba encendido y el área despejada para comenzar a levantar las tiendas.
La comida enlatada descansaba en las mochilas de Atticus y Josh, sin embargo, la misma no alcanzaría para alimentar tantas bocas, por lo que acataron la moción de Logan sobre recolectar comida. De esa forma alcanzaría para todos y las latas se convertirían en reserva para los momentos difíciles.
Shadow condujo a los nuevos directo al río para que se dieran un baño y pudieran limpiar sus ropas. Mientras tanto, Zoe aprovechó y cazó algún que otro pez. El esfuerzo fue mínimo por lo que no habría ninguna consecuencia enorme o alada.
Secaron sus ropas cerca del fuego y entre tanto el resto les prestó algo con qué cubrirse.
Zoe se acomodó la camiseta—debía de ser dos tallas más grande— y luego escurrió su cabello para eliminar las gotas de agua. Miraba el pescado con deseo; las tripas se retorcían en su abdomen implorando por algo de comer.
Al otro lado de la fogata, sentado sobre un tronco ahuecado, Logan observaba a la joven con aflicción. Habían estado evitando el contacto visual por unos pocos minutos. Quería interpretar sus sentimientos, saber lo que pasaba por su mente en cada maldito segundo. Y no podía. No podía porque no tenía el valor para mirarla a la cara. No podía porque sentía que un abismo los separaba.
—Deberías hablar con ella.
Lucía se deslizó a su lado, acariciándole el brazo hasta llegar donde su mano para apretarla con fervor.
Logan observó su agarre por un instante y suspiró.
—Se siente como si hubiese algo mal...
—Nunca sabrás lo que es si no lo intentas. —Le animó con un pequeño codazo en su brazo. Esbozó una sonrisa y eso bastó para brindarle confianza.
Se acerca con nerviosismo, limpiando el sudor excesivo de sus palmas contra la tela de su jean.
—Hola.
Zoe le observa, su rostro impertérrito.
—Hola.
Logan mueve la cabeza hacia el interior del bosque.
—¿Podríamos hablar?
La ve apretar las mejillas, reprimiendo las palabras. Sus ojos escrutan el lugar como si buscasen algo, quizá una excusa. Al final, su mirada se posa en la de él y asiente no muy convencida.
—De acuerdo.
Se alejan un par de metros. A la distancia pueden ver el humo de la fogata y el eco sordo de las voces de sus compañeros.
Zoe se cruza de brazos y con su calzado hurga en la tierra hasta hacer un pequeño surco.
Logan esconde las manos en los bolsillos del pantalón, suspira y mira hacia otro lado. No sabía por qué era tan difícil hablar con ella. Parecía una chica agradable; claro, todo era genial antes de conocer su verdadera identidad.
¿Cómo hablar con tu supuesta hermana? ¿Qué debía decir?
Quería conocerla, saber su historia, su vida, todo... Pero la brecha seguía estando allí y ahora, en el silencio del bosque, creía saber quién de los dos había sido el responsable de crearla.
—¿Y...cómo estás? —Se aclara la garganta al oír lo tembloroso en su voz.
—Bien. El agua me calma.
—Genial. A mí igual. —Pequeña pausa—. Supongo que viene con el paquete de ser hijo de Poseidón—suelta una risa nerviosa y se rasca la nuca.
Por un instante ambos parecieron quedarse sin voz.
La mente de Logan echaba humo de tanto maquinar un tema de conversación. De los dos él era el único que piloteaba la nave y por cómo iba la cosa no faltaba mucho para que se hundiera.
—Yo...
—Muy bien, escucha—soltó la joven de pronto. Se volvió para verlo y adoptó una pose desafiante—. Sé quién eres, sé lo que eres y no me interesa compartir nada contigo. ¿Está claro?
Logan echa la cabeza hacia atrás, estremeciéndose ante su tono de voz.
—De acueeerdo. Oye, no sé qué problema tengas conmigo, pero sea lo que sea...
—Ya bastante tengo que soportar como para venir a toparme contigo—espeta—. ¿Por qué mejor no me dejas volver? Deja que Nate tenga su faceta de héroe y me devuelves a mí y al resto a la Academia. Será lo mejor para todos, créeme.
Él se cruza de brazos.
—¿Y cómo por qué debería hacerlo? Todos ustedes son valiosos. Además, ya oíste al resto, quieren que nos acompañen. ¡Matt está de acuerdo! Y eso es mucho decir.
—No me interesa. No quiero estar aquí, ¡Y tampoco estar cerca de ti!
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