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V

Las sábanas se sentían tibias bajo su piel. La sensación de ser quemado vivo ahora sólo era un lejano recuerdo que apenas recordaba.

Se removió entre las ropas de cama y sólo entonces se percató de en dónde estaba.

«¿Una cama?» se interroga «¿Por qué no estoy en el agua?... ¡Lucía!»

Abrió los ojos, un jadeo se ahoga en su garganta. Intentó incorporarse pero una mano en su pecho le detiene, empujándolo de nuevo a la comodidad de la cama.

Su cabeza descansó sobre la mullida almohada. Siguió con la vista el largo del brazo que aún le mantenía en aquella posición.

Lucía se encontraba a su lado, una sonrisa tímida tiraba de sus labios. En sus ojos centelleaba algo que no podía interpretar. ¿Desolación tal vez?

¿Por qué? Se preguntaba.

—¿Cómo te sientes?

«¿Cómo se supone que debería sentirme?»

Observó el techo de madera, largas vigas atravesaban la habitación de lado a lado. Divagó por el lugar: un escritorio repleto de libros, muy posiblemente sacados de los estantes ubicados a un lado.

En un rincón descansaba una mochila. La reconocía de alguna parte, así como la chaqueta que cubría el respaldo de la silla giratoria.

Estaba en el cuarto de Lucía.

Intentó hacer memoria pero aunque quisiera no encontraba recuerdos de él estando allí de noche.

—¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Qué pasó? —Un atisbo de pánico surcó por su mirada. Lucía no pasó por alto aquel detalle. Asumía que no debía recordar nada.

—Te desmayaste —responde después de varios minutos.

—¿Por qué?

—Tal vez sería mejor que descansaras otro poco.

—Te hice una pregunta —demanda.

—Solo descansa.

Se levantó de su silla, ignorándolo y tomó una frazada para abrigar su pecho descubierto. El desconcierto en los ojos de Logan era más que evidente. Su rostro adquirió una tonalidad sombría gracias a la tenue luz que brindaba la lámpara sobre la mesita de luz.

—¡Te pregunté por qué!

Aprisionó la muñeca de Lucía. No era su intención lastimarla, pero un tirón en su hombro le hizo delirar de dolor. Se aferró con fiereza hasta sentirle los huesos.

El aire se escapaba de sus pulmones.

Giró la cabeza hacia la derecha. Lucía intentó detenerle pero fue demasiado tarde. Sobre la piel de su hombro descubrió una figura extraña. Tres pequeños remolinos, como olas en el mar, dibujadas con tinta negra. La piel a su alrededor estaba enrojecida, ligeramente quemada. Como si alguien hubiese impreso eso en su hombro y al cicatrizar la marca de las olas se tornara oscura.

La marca.

Fijó los ojos en Lucía, quien había bajado la mirada de pronto. La angustia emanaba por cada poro de su piel.

El corazón se le aceleró de pronto, el aire se volvió denso a su alrededor y le costaba respirar. ¿La habitación daba vueltas o era él quien lo hacía?

No podía estar pasando. Debía ser una mala broma. Una muy mala broma.

Atticus aparecería en cualquier momento por la puerta, riéndose a carcajadas, bromeando por su cara de espanto. Pero nada sucedió. Nadie apareció para decir nada.

Era real. Tenía un tatuaje. Una marca.

Era uno de ellos.

—Yo... Yo no... —Las manos le tiemblan. Todo su cuerpo se sacude, no por el frío que se colaba por la ventana entreabierta, sino por el shock de saber que alguien ahí fuera anhelaba hacerse con su sangre.

Lucía se dejó caer sobre su asiento. Así no era como se imaginaba decírselo. Y aunque una voz en su cabeza la reprimiera por eso, agradecía que ya lo supiera. Apenas podía hablar sobre el asunto con Matt y Sarah. Dudaba poder hacerlo enfrente de Logan sin echarse a llorar.

Apretó los párpados y rememoró el momento. Frotó sus brazos en un intento por disipar el dolor en sus tendones. Podía jurar que escuchó algo romperse en su interior cuando sacó a Logan del agua. Pero si  se había lesionado apenas cuenta se había dado. La adrenalina y el dolor de saber, comprender lo que acababa de pasar anestesiaron cualquier dolor.

Como pudo logró sacarlo del agua, no sin antes ver con sus propios ojos como una marca aparecía en su hombro con floritura. Parecía fuego, una quemadura que dejaba ver una llama punzante.

Parecía  una cicatriz; la carne humeaba alrededor. Contuvo las ganas de vomitar, de llorar, y con esfuerzo escaló las rocas con Logan a cuestas. Lo recostó en el suelo y llamó a Matt de inmediato.

Atticus había sido su primera opción, sin embargo, debido a donde se encontraba era muy complicado que llegara a tiempo.

Las reacciones de Matt y Sarah al ver a su amigo de aquella forma los trastocaron.

Sea lo que sea que estuvieran haciendo tenían a todos los semidioses guerreros que correspondían con el equilibrio.

—Logan —intentó sonar lo más calmada posible. La mandíbula le temblaba, las lágrimas pinchaban sus ojos—, creo que lo más conveniente es que...

—¡Voy a ir! —Aparta la mirada del tatuaje. Su voz era decisión pura—. No me importa.

—Estás loco si piensas que...

—¡Tú no decides por mí! Quiero hacerlo. Voy a hacerlo. Una estúpida marca no va a impedir que haga esto.

—Esa estúpida marca como le dices marcó tu destino para siempre. No sabemos quién es el enemigo, cómo rastrea los tatuajes, pero sí sabemos una cosa: mata. Y no voy a permitir que mueras.

Logan se incorpora en un arrebato de furia. Apenas percibe el dolor en su hombro.

—Se supone que nosotros debíamos de morir —vocifera con enfado—. Ya lo hicimos. Ahora nuestra muerte es incierta. ¡Y yo no voy a dejar que un imbécil acabe conmigo!

»Quiero ayudar. Quiero que las masacres se terminen.

—No vas a ayudar en nada si te les entregas en bandeja. ¡Tienes que quedarte aquí!

—Ni en sueños te dejaré ir sola —masculla.

Lucía se hizo para atrás, sus cejas se alzaron al comprender la situación.

—No necesito que me protejan, Logan.

—Pues yo tampoco.

Fijan la mirada el uno al otro. Se escrutan mutuamente, averiguando sus verdaderas intenciones. Ninguno sede, no querían dar el brazo a torcer.

Una ola de gritos inunda la tranquila habitación. Cada uno tiene su postura, y cuando uno parecía estar ganando el otro lograba posicionarse por encima.

Se enzarzan en una batalla de nunca acabar.

Logan asumió que debía estar rojo como un tomate. Podía ver una vena palpitando en el cuello de Lucía.

Desconocía si el griterío estaba afectándolo de alguna manera, pero algo sin duda le estaba revolviendo el estómago. Con cada respiración su cabeza daba un giro rápido y las ganas de vomitar aparecían.

—¡Tú no...! —El malestar lo sobrepasa—. ¡¿Qué diablos es ese olor?! —chilla, apoyando una mano en su estómago. El pecho le sube y baja mientras intenta calmarse—. ¿Es mar?

Lucía caminó en dirección a la ventana en grandes zancadas. El aire fresco del otoño impacta contra su piel. Inhala y el aroma que alguna vez llegó a fascinarle, ahora le quemaba las fosas nasales.

Tose y cierra la ventana. Las cortinas dejan de agitarse.

Observa a un desconcertado Logan sentado sobre la cama.

—Que yo sepa la playa está a varios kilómetros. ¿Por qué diablos huele como si el mar estuviese ahí afuera?

Lucía se aproximó con cautela, jugueteando con la falda de su vestido. Se detiene al llegar a los pies de la cama.

—Tu padre se enteró de la marca. Un tsunami azotó la costa este del país.

Su boca se abrió ligeramente por la sorpresa. Si su padre ya lo sabía, ¿quién más estaría enterado?

—Están evacuando las zonas afectadas. No se ha reportado ninguna otra cosa, así que supongo que Poseidón ya se calmó. Aunque apuesto a que por el olor aún sigue molesto.

—Espera... —eleva una mano al tiempo que medita la situación—. ¿Evacuar? ¿Mi padre ya...? Ah... ¿Qué hora es? ¿Cuánto tiempo ha pasado?

Lucía le mira un instante. Camina hasta su mesita de luz donde descansaba su teléfono.

—Son las cinco de la mañana. —Le enseña la pantalla del celular—. Estuviste inconsciente siete horas.

—¿Qué? —jadea—. ¿Y cómo se enteró? ¿Quién sabe de esto?

Volvió a tomar asiento en su silla. Suspira con pesadez.

—En primer lugar es tu padre y debe de percibir cuando algo anda mal. En segundo lugar, Matt llamó a Atticus y en menos de quince minutos todo el Olimpo se enteró. Supongo que Zeus informó a su hermano.

Logan se reclinó sobre la cabecera, apoyando la cabeza sobre la pared de madera. Por una marca alborotó a todo el Olimpo, sin mencionar que desató la furia de su padre.

Miró en rededor. Si tantas personas se habían enterado, ¿en dónde estaban?

—¿Dónde están todos?

—Durmiendo en la habitación de Matt. Creo que a su compañero no le gustó la idea, pero Att se encargó de él.

—¿Att está aquí?

—¿Pensabas que iba a dejarte solo? Estuvo un buen rato cuidando de ti. Le dije que fuera a descansar hace como una media hora. Lucía realmente agotado.

Logan vuelve la mirada hacia la ventana. El olor a mar quedó impregnado en su nariz, o al menos eso esperaba creer, aún podía olerlo con la ventana cerrada.

Se alegró en parte de que tantas personas se preocuparan por él. Lo hacían sentir querido e importante.

¿Josh también habría recibido la noticia? Sea cual sea la respuesta, ni siquiera él mismo sabría cómo reaccionar ante su presencia. Demasiados años de amistad, demasiados años separados. Cuatro años en los que no recibió ni una sola llamada.

¿Cómo debía reaccionar a eso?

Metido en sus cavilaciones apenas reparó en la temblorosa respiración de Lucía. La miró con preocupación. Sus ojos centelleaban con la luz de la lámpara.

—Logan... ¿Recuerdas cuando te hablé sobre por qué no deben vivir los hijos de una Moira?

—Porque no se sabe qué puede pasar con ellos —responde en un susurro. Lucía asiente cabizbaja.

—Escribo mi propio destino. Nadie puede controlarme, nadie puede saber lo que haré. —Conecta sus ojos con los de él. Apenas distingue su rostro gracias a las lágrimas que obstaculizaban su visión—. Y en consecuencia eso afecta a los que me rodean.

—Eso no...

—Si estás conmigo —eleva la voz para pasar por encima de sus palabras. Calla al momento en que él también lo hace. Humedece sus labios y prosigue— no tengo idea de lo que sucederá. Nadie la tendrá.

—¿Y eso no es lo que queremos? ¿Por qué tiene que ser todo tragedia? —Tomó su mano y la envolvió entre sus dedos para transmitirle esperanza—. Ni tu madre ni sus hermanas tienen poder sobre mí. Ven mi futuro, sí, pero depende de mí cambiarlo o no.

»No voy a seguir con lo mismo. Sé que quieres protegerme, sabes que yo quiero protegerte, pero piensa esto: si tú estuvieras en mi lugar, ¿te quedarías de brazos cruzados? Si ahora tuvieras una marca en tu hombro. ¿Te rendirías y dejarías que los demás se encargaran?

Lucía apartó la mirada y borró todo rastro de una lágrima descendiendo por su mejilla. No se atrevía a verlo porque sabía que sin siquiera decirlo él ya conocía la respuesta.

Su madre se lo había dicho ayer en el Olimpo: "tú solo te preocupas por los demás". Tenía razón. Cualquiera resultaba más importante que su propia vida, aunque no siempre sus decisiones eran las correctas. Debía aprender a tomarse las cosas con calma, a no ser tan impulsiva, a no dejar que las emociones le nublaran el juicio.

Logan se hizo a un lado y la invitó a recostarse junto a él. Ella obedece sin rechistar, cubriéndose con las sábanas, acurrucándose en su pecho en busca de calor.

La abrazó con algo de dificultad, pero lentamente iba recuperando la movilidad de su hombro. La quemadura alrededor del tatuaje ahora solo era piel roja. Dentro de poco una nueva capa de piel cubriría la zona irritada, y el dolor desaparecería.

—Lo resolveremos —susurra Logan, plantándole un beso en la coronilla—. Lo prometo.



Su ropa nueva estaba perfectamente doblaba encima de la cama de Sarah. Apremió a vestirse en menos de cinco minutos.

Tomó la remera y se detuvo a medio camino de ponérsela. Reculó hasta encontrarse con el espejo de pie. Los rayos del amanecer se colaban entre las cortinas, vislumbrando las partículas de polvo.

Se concentró en su reflejo, en la tinta negra de su hombro. Ya no había piel roja, ya no sentía la piel ardida. Lucía como un tatuaje normal, representando lo que era.

Por su sangre corría la de Poseidón, dios de los mares.

Si lo tenía era porque había cumplido con los estándares, cualesquiera estos fueran.

Respiró profundo y cubrió la marca con la remera, justo antes de que Lucía entrara en la habitación. Ésta esbozó una sonrisa al verlo y se aproximó a él con un vaso de café en la mano. Hizo amago de entregarle la bebida; Logan estiró el brazo para tomarla, cuando Lucía lo aparta y le planta un beso en los labios.

—¿Cómo te sientes?

—Como si nada hubiera pasado —sonríe para intentar mejorar la situación, pero no consigue el efecto esperado—. Lucía, yo...

La puerta se abre de pronto. Atticus sonríe con melancolía, alborotando su cabello ya revuelto. Lucía se hace a un lado y los deja a solas.

Logan extiende los brazos para abrazarlo, pero Atticus es más rápido y lo estrecha contra su cuerpo en un arranque de desesperación. Sus manos se entierran en su remera, buscando la solidez de su cuerpo. Necesitaba saber que aún estaba ahí, que era real y que nada malo había sucedido... aún.

—Todo va a estar bien.

—No lo está, Logan.

—Lo estará —reafirma—. Yo sé que sí.


Al llegar al Olimpo los reunieron en una gran habitación que contenía una compuerta completamente hecha de oro.

El techo abovedado servía como lienzo para una escena en el bosque. Lobos corrían entre los árboles, al tiempo que de cerca los seguían mujeres de una increíble belleza con arco y flechas, apuntando a un objetivo invisible. Entre ellas Artemisa destacaba con sus flechas doradas y una corona en forma de medialuna flotaba entre su cabello castaño.

El parecido con Hope era impresionante. No podían dudar que eran madre e hija, aunque ésta última todavía no había limado asperezas con ella.

El suelo a su alrededor parecía un espejo de tan pulido que estaba. Apenas caminaban sobre la superficie por miedo a resbalarse. Sin embargo, cuando les proporcionaron unas botas especiales al estilo militar, la goma de la suela soportó bien lo enserado del piso.

Junto con Grover entraron Miranda y Nico. Su antiguo entrenador cargaba con una caja aparentemente pesada. Dejó caerla a sus pies y luego le hizo entrega a cada uno de un arnés y varias sogas.

—¿Y esto para qué? —preguntó Atticus, inspeccionando la hebilla en el cinturón.

—Lo necesitarán a donde van.

Aquella declaración les dejó más que claro que todo mundo sabía a dónde se dirigían y por algún motivo acordaron no decir ni una sola palabra. 

Según el soldado que les entregó las botas militares, el Templo de Moros era un lugar sagrado que no debía ser perturbado por nadie que no fuera un dioses o titanes. En otras palabras, en circunstancias diferentes no serían bien recibos. 

Que estupidez en palabras de Atticus.

Grover salió de la habitación tan rápido como llegó. Les ordenó que se pusieran los arneses y entregó una mochila a Matt que contenía sogas suficientes para todos. Señal de que a donde fuera que tuvieran que ir debían escalar.

—¿Se puede saber en dónde estaban ustedes dos? —Atticus miró en dirección a Nico y Miranda, quienes terminaban de asegurar sus arneses.

—Ocupados —responde Miranda sin emoción aparente—. No eres el único que debe delegar su trabajo a alguien más.

Lucía los estudia bien de cerca. Al aceptar la misión (y todo lo que ésta conlleva) Atticus tuvo que delegar a alguien más para que se ocupara de sus tareas. Su cargo no podía quedar vacío por más que estuviera fuera un corto período de tiempo. Pero, ¿qué tanto tenían Miranda y Nico para hacer? Según Sarah le había contado ambos trabajaban en misiones de campo. Cuando había un problema se llamaba a un grupo de semidioses para que investigara sobre el tema.

¿Sería que también debían encontrar ellos mismos a alguien que los suplantara? Creía que eso era trabajo de Grover, considerando que él era uno de los encargados de dirigir las misiones.

Sin importan de quien fuera la responsabilidad se dio cuenta de la tristeza en los ojos de Nico. No parecía muy contento de tener que acompañarlos, mejor dicho, de la misión en general. Algo le estaba incomodando y Miranda parecía darse cuenta de ello. Se acercó a él un momento y le susurró algo al oído. Nico esbozó una débil sonrisa y asintió.

El calor en sus mejillas se hizo presente casi de inmediato. Le tomó un tiempo darse cuenta que aquello que estaba experimentando eran celos.

Una carcajada estalló en su mente. ¿Por qué habría de estar celosa si apenas lo conocía? 

Y aunque intentara convencerse de lo contrario, toda justificación apuntaba a lo contrario: se moría de ganas de ser como Miranda y darse cuenta de lo que pasaba por la mente de Nico. Poder romper con la barrera del espacio personal y susurrarle algo al oído. 

Robarle una sonrisa con el fin de disipar su tristeza.

Meneó la cabeza y concentró su atención en Logan, quien estaba a su lado asegurando su arnés. Abrochaba las correas y luego las sacudía para medir qué tan resistes eran. Parecía bastante concentrado, casi que absorto en la tarea.

Sin quererlo desvío la mirada en dirección a su hombro. Debajo de la camiseta se encontraba escondida la marca que surgió para sentenciar su vida. Pasó a estar a la cabeza en la lista de los más buscados junto con Miranda, Zack, Belén, Justin y Jennifer.

Semidioses guerreros resultaban mucho más útiles que semidioses normales.

Hasta el momento ningún dios o semejante había pronunciado palabra alguna. Bajaban la cabeza al verlo marchar, signo que desencadenaba varias suposiciones. La primera y más acertada a su parecer era porque sentían temor.

Otro más de los "grandes" había sido marcado y sería, muy posiblemente, cazado y matado con quién sabe qué propósito. Pero ese día acabarían con esa incertidumbre y podrían darle fin a lo que sea que estuvieran tramando.

Como si alguien hubiera estado espiándolos, apenas terminaron de aprontarse dos guardias uniformados se hicieron presentes en la habitación. Se mantenían tan rígidos y erguidos como las lanzas que sostenían.

Sus cuerpos robustos enmarcaban la entrada, dejando el espacio suficiente como para que Zeus pudiera dar su entrada triunfal. Su habitual armadura y capa dorada habían sido dejadas a un lado, optando esa vez por algo más casual como lo era una camisa blanca, chaleco gris y pantalones grises. Sus zapatos en punta brillaban de lo inmaculado que estaban.

Se paró bien recto y se aclaró la garganta.

—Lamento el retraso. Tuvo unos asuntos que atender —observó la habitación y concentró toda su atención en Logan. Sus ojos celestes cual cielo parecían adoloridos—. Ahora que tú también posees una marca espero que conozcas tus responsabilidades. No hagas nada que pueda llamar la atención de arpías o gigantes.

Miranda movía los labios recitando de antemano las palabras de Zeus. Ya estaba hasta la coronilla de haber escuchado tantas veces el mismo discurso.

Nico le dio un codazo en las costillas para llamar su atención. Su actitud parecía infantil y poco seria ante la presencia de un dios. Miranda puso los ojos en blanco; si no respetaba ni a su padre menos lo haría con Zeus. Sin embargo, bajó la vista y guardó silencio.

—Lo entiendo. —Si bien sus palabras salían con firmeza, la incertidumbre de no saber qué sucedería en el viaje acaparaba todo un trasfondo mucho más grande que el imaginado.

—Lo mismo para ti, Miranda.

La joven asintió con cierta irritación.

—Suponemos que no encontrarán sorpresas en este viaje, pero eso no significa que dejen la guardia baja. Los enviaremos a través de un portal y una vez hayan llegado podrán distinguir el Templo de Moros con facilidad. Es su trabajo llegar hasta allí.

Creyendo que eso era todo se impacientaron al ver que Zeus no ordenaba abrir el portal. Guardaron silencio y buscaron entre ellos una respuesta a la interrogante.

—Claro —interviene Zeus—, casi lo olvidaba. Me parece que un poco más de compañía les vendría bien.

Da un paso hacia un costado e inclina la cabeza hacia la entrada, invitando a quien sea a entrar. De inmediato, Josh se hace presente en la habitación. Vestía unos jeans, camiseta holgada y botas militares. Además, traía puesto su arnés alrededor de la cadera y muslos.

Lucía contuvo el aliento al verlo. Hacía tantos años que no lo veía que su apariencia de adolescente de 18 años había cambiado demasiado. Su aspecto era el de un chico más maduro aunque con cierto aire de suficiencia. El entrenamiento lo había vuelto más musculoso y varonil, seguramente por la estricta dieta que debía llevar. Parecía haber adquirido un gusto por llevar el cabello ligeramente revuelto, su  habitual flequillo hacia arriba ahora caía hacia un costado, y al parecer había optado por dejarse crecer la barba.

Lo último que recordaba haberle dicho fue un «hasta pronto», seguido de un apretón de manos. Cuatro años tuvieron que pasar para volver a reencontrarse y no pretendía saludarlo con la mano. Ni bien puso un pie en la habitación corrió hacia él y lo estrechó entre sus brazos. Lo extrañaba demasiado.

Josh quedó estupefacto, inmóvil ante su contacto y ante su persona. Tuvieron que pasar unos segundos hasta que logró salir del trance y envolvió los brazos alrededor de su cintura. Oía su corazón latir en sus sienes, en su garganta, en su pecho, en cada parte de su cuerpo. Temía haber tirado por la borda lo que tantos años le llevó sepultar. Se suponía que no debía sentir nada, pero, ¿sentía algo en realidad o sólo eran los nervios del momento?

Estaba demasiado confundido como para analizar sus sentimientos.

—Es tan bueno volver a verte. Te extrañé demasiado.

—También yo... —responde casi en un susurro.

Como si se hubiese tratado de una barbaridad, Lucía se separa de Josh con las mejillas enrojecidas. La mirada de sus ojos verdes le devuelve cierta confianza, aunque sabía que no debía apresurarse. Primero debía tantear el terreno para ver qué tanto podía avanzar, sin embargo, a simple vista las cosas parecían ir bastante bien.

El ambiente de intimidad generado entre ambos se rompió con la aparición de Matt. Abrazó a su amigo, sintiéndose orgulloso de él. Estaba feliz de que finalmente hubiera salido de su burbuja de comodidad, directo a lo desconocido, o por lo menos a ese lugar del que había querido escapar.

Observó a Zeus por un breve instante, la enorme sonrisa que tiraba de sus labios desencajaba con su apariencia tan correcta y severa. 

Ahora comprendía por qué vestía ropas mortales: había ido en busca de su hijo para que formara parte de la misión. Si bien le gustaba creer que lo había hecho para que volviera con sus amigos, en el fondo intuía que su intención fue completamente egocéntrica. 

Zeus, rey de los dioses, ¿y su único hijo no ayudaría a salvar al mundo?

De cualquier forma estaba agradecido.

Atticus y Sarah también se aproximaron para darle un abrazo de bienvenida. Sarah permaneció más tiempo, retándolo por haber desaparecido tanto tiempo. Atticus defendió a su amigo de forma inteligente, pero sólo consiguió un codazo en las costillas.

—¡No lo defiendas! —chilla irritada.

Miranda se abre paso entre la multitud a su manera: gritando y haciendo a un lado a los demás como si nada.

—Hola, extraño.

Ríen y funden en un abrazo cariñoso. Nico aparece por detrás, cuidando la distancia y algo cohibido.

—Hola, mucho gusto. Soy Nico. —Se presenta una vez Miranda se aparta de Josh. Extiende su mano en dirección al joven y éste la acepta con gusto.

—Sí, claro, ¿fuiste el guardián de Miranda, cierto? —Nico asiente complacido—. Josh. Un placer volver a verte.

Lucía arrugó la frente al ver el saludo entre ambos.

«¿Josh también lo conoce?», se preguntó «¿Acaso Miranda se encargó de presentárselo a todos? ¿Por qué él se acuerda de los demás y no de mí?».

Quiso preguntarle a Sarah, aunque supuso de inmediato que ella no tendría la respuesta, después de todo ambas se habían ido apenas empezada la fiesta. De igual forma se aventuró a preguntarlo con disimulo, pero el repentino cambio en la atmósfera tiró abajo sus planes. 

Las miradas de Josh y Logan se habían conectado.

Logan se encontraba de brazos cruzados, su mirada destilaba odio y decepción. Por su parte Josh estaba estático, su mandíbula tensa, sin saber qué decir o hacer. Inspiró hondo, sus labios se entreabrieron para dejar salir un saludo escueto, cuando la voz de su padre irrumpe en la habitación.

—¡Es hora de que se marchen! —Hace un gesto con la mano y una corriente de aire irrumpe en el lugar. La palanca de la bóveda comienza a girar hasta escucharse un trac y a continuación una nebulosa esponjosa de color blanco aparece ante sus ojos.

No emitieron comentario alguno. Las pautas ya estaban dadas y sabían cuáles eran sus obligaciones. No obstante, previo a marcharse se giraron e hicieron una reverencia a Zeus. Éste respondió con un leve asentimiento de cabeza y les deseó mucha suerte.

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