Capítulo Único
Dedicado a Hina55
El sol se filtró por las ventanas dando de lleno en la cara de un durmiente castaño. Tsunayoshi hizo un gesto de molestia, gimió inconforme y trató de ocultarse bajo las cobijas. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que no podía moverse, pues algo le retenía de la cintura. Estando algo más despierto, levantó las cobijas para revisar, sonrió tiernamente ante lo que encontró. Su esposo estaba dormido aún, abrazándole posesivamente por la cintura y usando el vientre ajeno como almohada.
Extrañamente en los últimos días Hibari Tsunayoshi despertaba con su alfa en la misma posición, cuando normalmente a esa hora el pelinegro ya le habría despertado. No se quejaba, era una agradable forma de despertar; aunque no podía negar que extrañaba ser despertado con besos en el cuello, normalmente, justo donde estaba su marca.
Sus mejillas se encendieron al pensar hasta donde solían escalar esos besos en ocasiones (principal razón por la cuál Reborn ya no le despertaba, era vergonzoso recordar ese incidente). Sobre todo cuando Kyoya regresaba de largas misiones que, con todo el dolor de su alma, tenía que encargarle como 10mo Vongola. Hizo un puchero. ¡¿Por qué tenía que ser Kyoya el guardián más fuerte que tenía?! Por culpa de eso a veces tenía que enviarlo lejos hasta por un mes entero.
Suspiró resignado y agitó la cabeza para deshacerse de esos pensamientos que sólo le deprimían. Después de todo no podía siquiera quejarse del jefe de su esposo como un omega normal; estaría quejándose de sí mismo, lo cual era estúpido. Mejor se concentraría en el hecho de que Kyoya estaba allí justo en ese momento y que todo en la mafia parecía estar tranquilo, bueno o lo que se podía considerar como tranquilo en su mundo, que ya era algo. Eso significaba que Kyoya no tenía que ir a ningún lado.
Sonriendo feliz ante ese pensamiento, quitó las cobijas por completo y acarició el azabache cabello de su esposo. Depositó un dulce beso en las negras hebras y bajó sus caricias al cuello del alfa, justo donde estaban sus glándulas de esencia. Ronroneó complacido cuando el aroma a limón y hierbabuena inundó el ambiente. Otra cosa curiosa es que, recientemente, Tsunayoshi no podía dejar de oler la esencia de su esposo por más de cinco minutos o se empezaba a poner ansioso. Era una sensación rara, como si estuviera muy vulnerable sin su alfa cerca. Había llegado al punto de que necesitaba llevar algún objeto con la esencia de Kyoya, pues la marca de esencia no era suficiente.
Sin embargo, no le había tomado mucha importancia al tema, supuso que se trataba de una respuesta biológica al estrés que estaba soportando por las negociaciones que se estaban llevando a cabo con una poderosa familia mafia rusa. Hoy finalmente sellaban el acuerdo. Eso le recordó que tenía que levantarse, aún si lo único que quería era quedarse en su cama abrazado a su esposo. Suspiró con pesar y empezó a acariciar la mejilla del pelinegro.
- Kyoya.- Le habló con cariño.- Tengo que ir al despacho, ya no tarda en venir el jefe de la familia rusa.
Normalmente le habría dejado dormir un poco más, pero Kyoya había estado con una actitud mucho más territorial de lo normal, así que no podía dejar que un extraño entrara a la mansión sin que su alfa tuviera conocimiento de ello si quería que el invitado saliera en buenas condiciones. No quería repetir el incidente de la semana pasada.
Había tenido una junta con una familia aliada para aclarar ciertos puntos de un proyecto que estaban llevando a cabo. Kyoya irrumpió a media reunión y mordió hasta la muerte, casi literalmente hasta la muerte, al jefe de la otra familia por "entrar en su territorio sin aviso" y encima abrazar al castaño. Afortunadamente, susodicho jefe era Dino Cavallone y la situación no pasó a mayores, pero podría haber escalado a una muy mala situación de haber sido otra persona.
El alfa pelinegro gruñó, pero abrió los ojos. Bostezó sentándose en la cama y se estiró. Giró a ver a su omega, que también se había sentado, se inclinó y le dio y suave beso de buenos días, siendo inmediatamente correspondido.
- Omnívoro.- Fue todo lo que dijo como saludo.
- Buenos días a ti también Kyoya.- Tsunayoshi le sonrió ampliamente.
Hibari miró fijamente aquella sonrisa que podría dejar ciego a alguien por lo brillante que era. De un movimiento abrazó a Tsuna y se dejó caer en la cama. El castaño hizo un sonido de sorpresa, haciéndole sonreír ladinamente. Restregó su cuello en la cabeza castaña, asegurándose de renovar la marca de esencia. Tsuna simplemente rió y le besó la mejilla.
- Voy a estar en la reunión contigo.- Le avisó.
El omega hizo un suave sonido de aceptación abrazado a su esposo.
- Sólo no lo muerdas hasta muerte por favor.- Respondió tranquilo.- Sería fastidioso haber pasado semanas negociando para nada.
- Eso dependerá del comportamiento del herbívoro.- Argumentó sin vacilar.
Tsuna rió nerviosamente rezando internamente para que el jefe de la familia rusa no hiciera algo que Kyoya considerara digno de una paliza.
Aún así empezó a hacer planes de contingencia para una guerra de mafias.
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Tsunayoshi tenía una ligera sensación de triunfo; la reunión estaba yendo bastante bien. El jefe de la familia rusa, un hombre alfa alto, de piel clara, cabello rubio y ojos verdes llamado Caleb Maxwell; era un caballero y se comportaba de manera muy profesional. Había llegado puntualmente a pesar de que era obvio que el hombre estaba enfermo, al parecer se había agripado por la diferencia de temperaturas que había entre Italia y Rusia.
Se encontraban en la oficina del 10mo Vongola. Kyoya estaba detrás de su esposo, su espalda recargada en el gran ventanal mientras cruzaba los brazos, y mantenía una atenta mirada en ambos jefes mafiosos. El herbívoro extranjero no había hecho nada que le ameritara conocer a sus tonfas, aún. La nube no confiaba en aquella sonrisa profesional, sus ojos tenían un familiar brillo al mirar a su conejito. ¡Y vaya que conocía ese brillo! Ya había perdido la cuenta de los herbívoros que había mordido hasta la muerte con ese mismo brillo en los ojos por hacer algo tan estúpido como lo era intentar quitarle su Omnívoro.
Apretó los puños, alistándose para pelear, al ver que la reunión estaba llegando a su fin; estaba seguro de que el herbívoro haría algo. Poco le importaba si iniciaba una guerra de mafias, su objetivo siempre sería el mismo, eliminar a cualquiera que se metiera con su conejito. Era irrelevante si el enemigo era el mesero del café que su esposo frecuentaba o una familia mafiosa entera. Acabaría con todos.
- Bien, con esto el trato esta hecho.- Comentó Tsuna después de firmar.- Un placer hacer negocios con usted señor Maxwell.- Se paró de su asiento y rodeó el escritorio ofreciéndole un apretón de manos.
- El placer es todo mío, joven Vongola.- Respondió estrechando la mano del omega.- Ahora que terminamos con los negocios.-Jaló de la mano al castaño y le abrazó de la cintura.- ¿Qué tal si nos conocemos a un nivel más íntimo?- Acarició la cara del pequeño, sonriendo coquetamente.
Tsunayoshi se quedó en shock por un momento, ciertamente no se lo había esperado. Suspiró resignado al escuchar un intimidante gruñido a sus espaldas. Hibird, quién todo el tiempo estuvo sobre el cabello castaño, revoloteó y picoteó con saña la cabeza del alfa rubio haciéndole retroceder. El omega empezó a buscar una manera de explicarle a Reborn que ahora serían enemigos de la mafia rusa porque su jefe fue mordido hasta la muerte.
Kyoya se acercó en un instante y de un golpe de sus tonfas mandó al otro alfa a volar; su cuerpo chocó contra las puertas dobles, arrancándolas en el proceso, y se estrelló con la pared del otro lado del pasillo. Gimió adolorido. Los cinco hombres que acompañaban a Maxwell atacaron a Kyoya, pero este los despachó en segundos.
- Te enseñaré a no tocar a mi omega, herbívoro.- Gruñó Kyoya acercándose lentamente a Maxwell, quién estaba intentando levantarse.
El alfa rubio abrió mucho los ojos con sorpresa y miedo, entendiendo la delicada situación en la que se encontraba.
- ¡Espere, por favor!- Arrodillado, miró al suelo y levantó las manos en rendición.- ¡No vi ninguna marca en el joven Vongola, por eso pensé que no tenía pareja, perdóneme por favor!
Tsuna maldijo la paternal sobre-protección de Reborn. Si el hombre veía alguna marca en el castaño, al instante atacaba al esposo de su Dame-Hijo. Cuando Kyoya empezó a dejar marcas a propósito para provocar a Reborn, Tsunayoshi le prohibió dejar marcas visibles. Tuvo que congelarlo al menos 10 veces hasta que entendió.
- Tuviste que hacer caso a la marca de esencia.- Rebatió Kyoya amenazante.
Hibird trinó y agitó las alas desde el hombro de Tsuna, estando de acuerdo con el alfa pelinegro.
- ¡La gripe no me permite oler nada!- Exclamó desesperado.- ¡De haberlo sabido jamás habría intentado nada!
Aún cuando ambos eran alfas, Kyoya tenía una presencia mucho más dominante que la del rubio, por esto los instintos le obligaban a actuar sumisamente. Cuando parecía que Caleb empezaría a llorar, Tsuna suspiró sintiendo pena por el pobre hombre que sólo había tenido la mala fortuna de enfermarse y no poder oler nada.
- Kyoya, ya...
Tsuna dio un paso hacia su esposo cuando le interrumpió un repentino mareo. Intentó sostenerse de su escritorio, sin embargo cayó de rodillas. Sintió ganas de vomitar, pero las contuvo.
- Hibari, Hibari, conejito.- Exclamó Hibird volando en círculos sobre el castaño.- Hibari, conejito.
El alfa giró a ver e inmediatamente corrió al lado de su omega. Al notar que el castaño quería vomitar, le acercó rápidamente el cesto de la basura. Kyoya acarició la espalda del castaño mientras éste vaciaba su estómago. Se concentró únicamente en su pareja, ni siquiera le tomó importancia a Maxwell, quién aprovechó la oportunidad para escapar junto a sus hombres. Finalmente, Tsuna dejó de vomitar, se limpió la boca con la manga del traje y se acurrucó en el pecho de su alfa.
- Gracias Kyoya.
- ¿Estas bien Tsunayoshi?- Preguntó abrazándolo y acariciando su mejilla.
- Si, ya estoy mejor.- Suspiró.- Parece que aún no me recupero por completo de la indigestión que me provocó la comida de Mukuro, y de eso ya ha pasado poco más de un mes. Aunque es raro que sólo yo me haya enfermado.
- Deberías ir al doctor Omnívoro.- Le reclamó.- Últimamente también estas cansado todo el tiempo.
- Estaré bien Kyoya.- Hizo un puchero.- Es sólo que entre tú y el papeleo no me dejan dormir como debería y por eso tardo más en recuperarme.
- Hmn.- Sonrió simplemente y besó la sien de su omega.- Pero al menos deberías tomar algún medicamento.
Tsunayoshi negó con la cabeza, aún recargado en el pecho de su esposo.
- Por alguna razón mi Súper Intuición me dice que no tome medicamentos, no tengo idea de porque pero prefiero no arriesgarme.
- Estoy seguro de que te aventarías de un puente si tu Súper Intuición te lo sugiriera.- Bufó el alfa.
El omega rió divertido.
- Una vez lo hice.- Kyoya le miró expectante.- Y tú estabas ahí en un bote, me atrapaste antes de caer a la cubierta.
Los ojos metálicos brillaron con reconocimiento, recordaba perfectamente esa ocasión. Una familia enemiga había logrado secuestrar a Tsunayoshi mientras Hibari estaba lejos en una misión. Aún recordaba la ira que había hervido en sus venas al enterarse. Después de dos días, encontraron a los culpables y, por supuesto, planearon el ataque de inmediato. Era un plan de dos frentes, llegarían por tierra y por mar aprovechando la localización del cuartel enemigo. Kyoya y su equipo estaban llegando a la posición asignada cuando de la nada captó el olor del omega y poco después lo vio caer del cielo. Obviamente corrió a atraparlo. El castaño había escapado por sí mismo aprovechado una distracción de sus captores. Luego de eso, bueno, esa familia ya no existe.
- Ese día presentí que estabas cerca Kyoya.- Confesó con una suave sonrisa.- En ese tiempo aún no éramos una pareja enlazada pero claramente sentí que estabas en los alrededores.
- Eso es porque somos destinados Omnívoro.- Le dio un suave golpecito en la cabeza.- Además, siempre que me necesites estaré a tu lado.
- Lo sé.- Acarició la mejilla del alfa aún sonriendo.- Siempre me lo demuestras una y otra vez.
Luego de unos segundos Tsunayoshi soltó una risita.
- ¿Qué pasa Omnívoro?- El pelinegro enarcó una ceja.
- ¿No estás feliz Kyoya?- Le abrazó del cuello.- No todos pueden decir que su pareja les cayó del cielo.
- Hmn.- Cargó al omega estilo princesa.- Al parecer estás especialmente cansado hoy Omnívoro, estas delirando.
- Me duele un poco la cabeza.- Suspiró el castaño.- Y aún tengo que encontrar la forma de explicarle a Reborn lo que pasó en la reunión con Maxwell sin que nos asesine.
- Será mejor que descanses mientras puedas.- Dijo el alfa caminando hacia su habitación con su conejito en brazos.
Tsunayoshi hizo un suave sonido de protesta.
- No puedo hacer eso Kyoya, tengo montañas de papeleo por hacer.- Se quejó, más no hizo movimiento alguno para escapar del agarre de su esposo.
- Seguirán ahí cuando despiertes de tu siesta Omnívoro.- Respondió sin inmutarse, ni dejar de caminar.
- Desafortunadamente.- Suspiró con pesar.- Por cierto, Kyoya.- Bostezó.
Su esposo hizo un sonido para hacerle saber que le escuchaba.
- ¿Recuerdas que mordiste hasta la muerte a Dino-san el otro día?- Se acurrucó mejor en los brazos del alfa.
- Hmn, fue su culpa por llegar sin avisar.- Se justificó.
- Sí, bueno...- Bostezó de nuevo.- Nos invitó a celebrar Navidad, va a hacer una fiesta en un crucero.
- Eso es en un mes Omnívoro y tu último celo fue hace dos, ¿No estarás en celo para entonces?- Enarcó una ceja.
- No, mi celo debería ser 2 semanas antes de Navidad, así que estará bien.- Hizo un puchero adorable y miró a su alfa directo a los ojos.- Vamos juntos.
Kyoya suspiró resignado, no podía negarle nada a su esposo cuando lo decía con esa cara y ambos lo sabían.
- De acuerdo.- En ese momento llegaron a la habitación, Kyoya se las arregló para abrir la puerta sin soltar al castaño.- Pero por ahora descansa Omnívoro.
Con cuidado el pelinegro depositó su preciada carga en la cama y lo arropó.
- Kyoya.- Le habló somnoliento al ver que se disponía a irse.- ¿Qué hay de mi beso de buenas noches?
- No es de noche.- Explicó lo obvio.- Y acabas de vomitar hace un momento.
- Eres malo conmigo.- Se quejó haciendo un puchero.
Kyoya suspiró nuevamente.
- Muy bien.- Se acercó de nuevo a la cama y besó la cabeza de su esposo.- Descansa.- Murmuró.
- Te amo Kyoya.- Sonrió suavemente para al siguiente momento caer rendido.
- También te amo Tsunayoshi.- Acarició las suaves hebras castañas.- Hibird, quédate con él y avísame si sucede cualquier cosa.
La pequeña ave agitó las alas y esponjó sus plumas.
- Conejito, conejito, cuidar.
Kyoya sonrió orgulloso y acarició a la pequeña criatura. Después de eso salió rumbo a la oficina del 10mo Vongola, decidió que le ayudaría a su omega a hacer algo de papeleo. Ciertamente le preocupaba que su esposo estuviera tan cansado y enfermo en esos últimos días, pero también confiaba en él y su Súper Intuición; si esta decía que no había nada de que preocuparse le haría caso. Encima, tampoco sentía nada mal en su lazo, así que no debería haber nada grave.
El alfa azabache tenía una buena y noble intención, de eso no había duda; sin embargo, mientras se ocupaba del trabajo de su omega se dio cuenta de que poco más de un tercio era por destrozos innecesarios causados por Mukuro en sus misiones. (Sí, él igualmente había producido otro tercio del papeleo, pero ese no era el punto en ese momento.) Estaba tan irritado por su descubrimiento que fue a morder hasta la muerte a la maldita piña, causando así aún más papeleo para el pobre castaño.
Cuando Gokudera y Yamamoto regresaron a trabajar 3 días después, el omega platino se disculpó una y otra vez por no haber estado ahí para ayudarle. Tsuna le quitó cualquier culpa, no podría haber hecho nada estando en pleno celo después de todo. Al menos una buena noticia había salido después de todo aquello. Caleb Maxwell envió un mensaje disculpándose por su atrevido comportamiento y expresando su deseo de seguir el trato como habían acordado. Tsuna suspiró feliz ante la noticia, Reborn no le castigaría.
El tiempo siguió su curso luego de eso. Sin embargo, conforme pasaban los días todos se preocupaban más y más por su querido cielo. Los mareos y vómitos continuaban, además de que su cansancio era más evidente con cada día que pasaba y el castaño seguía rehusándose a ir al médico o tomar medicamentos. El omega argumentaba que tenía demasiado trabajo que hacer gracias a la nueva alianza con la familia rusa como para visitar al doctor, ya que Shamal no se encontraba ahí, y se negaba a la medicina porque su Súper Intuición le seguía diciendo que no era buena idea. Por supuesto todos sus guardianes confiaban en su palabra, su Súper Intuición les había salvado el pellejo a todos en variadas ocasiones, pero eso no evitaba que se preocuparan.
Otro síntoma a tomar en cuenta es que en la fecha que Tsunayoshi se suponía debía tener su celo, éste no había llegado (para la decepción de su esposo). Ya antes había ocurrido esto, según los doctores que le habían tratado esto antes, era a causa del estrés; así que Tsuna no le tomó mucha importancia al hecho pensando que había pasado lo mismo. Pero ahora todos se preguntaban si los padecimientos del cielo de Vongola habían sido todos causados por la gran carga de trabajo que tenía.
En un acuerdo silencioso todos pactaron tener mucho cuidado en sus misiones para hacer la menor cantidad de papeleo posible y, encima, se turnaban para ayudar al castaño con el mismo. El 10mo Vongola estaba gratamente sorprendido por la drástica reducción de papeleo con el que tenía que tratar. Finalmente, una semana antes de Navidad, Reborn regresó de su larga misión y se enteró de lo que le ocurría al que consideraba como su Dame-Hijo, (por mucho que lo negara).
- Dame-Tsuna, ¿Qué crees que estas haciendo?- Irrumpió en la oficina del castaño.
El omega, ya acostumbrado a ese tipo de entradas, siguió trabajando mientras respondía.
- Reviso algunos documentos de los negocios que vamos a hacer en conjunto con la familia Maxwell.- Firmó una hoja y subió la vista para sonreírle al alfa.- Me alegra ver que has vuelto Reborn.
- ¡Bienvenido Reborn-san!- Gokudera, que también estaba ahí ayudando, se paró e hizo una reverencia.
- Carnívoro.- Dijo Kyoya mientras asentía en su dirección en forma de saludo, luego volvió al papeleo.
Los únicos alfas que no activaban inmediatamente los instintos de protección de Hibari por estar cerca de su esposo eran Timoteo Di Vongola y Reborn. El mayor era su abuelo, así que estaba bien, y todos pensaban en Reborn como el verdadero padre del castaño, empezando por el mismo Tsuna. Secretamente, eso complacía al Hitman. Iemitsu no contaba, ya todos habían perdido la cuenta de cuantas veces el rubio fue mordido hasta la muerte por Kyoya por intentar abrazar al omega de ojos miel.
Una bala fue disparada en dirección al castaño, pero Hibari la desvió con su tonfa de un rápido movimiento. Inconscientemente, Tsunayoshi se encogió un poco y cubrió su vientre con las manos, lo cual le confundió al jamás haber reaccionado así antes, pero decidió no darle importancia de momento. Ambos alfas también notaron el gesto; Reborn enarcó una ceja con una mirada de curiosidad por el movimiento de su "hijo", el alfa menor decidió que pensaría en ello luego.
Kyoya se levantó gruñendo, tonfas listas para atacar a su "suegro". Siempre buscaba excusas para pelear con el Hitman, adoraba pelear con personas fuertes después de todo, pero esta vez su alfa gruñía enfurecido por la amenaza contra su omega. Reborn analizó al joven alfa, estaba ligeramente sorprendido, era la primera vez que aquel mocoso le enfrentaba por "reprender", así lo veía él, a su Dame-Hijo.
- ¡Reborn-san!- Se alarmó Gokudera.- Por favor no haga eso, Juudaime esta enfermo.- Pidió mientras revisaba que el castaño estuviera bien.
- Tranquilo Hayato, estoy perfectamente.- Le sonrió cálidamente a su mano derecha.- Kyoya, no pasó nada, sólo es la forma extraña de saludar de Reborn.- Habló suavemente mientas soltaba feromonas para calmarlo y le tomaba de la mano.
El efecto tardó un poco más de lo acostumbrado, pues Kyoya había entrado por completo en modo alfa, pero finalmente este cedió; reluctante, guardó sus armas y volvió a sentarse. Reborn estuvo a punto de hacer un comentario burlón por la obediencia del joven alfa, pero Tsunayoshi le mandó una mirada de advertencia. No tenía ganas de ser convertido en una paleta helada, así que se decidió por regresar al tema principal que lo llevó allí.
- Dame-Tsuna, si te sientes mal tienes que ir al doctor o al menos tomar medicamento.- Le recriminó.
- Estaré bien Reborn, debe ser el estrés del trabajo otra vez.- Suspiró.- Terminaré con todo lo urgente para antes de la fiesta de Navidad, luego de eso me relajaré y me recuperaré en un par de días.
- Aún piensas ir a la fiesta.- Le regañó el alfa mayor.- Tu celo esta fuera de tiempo, ¿Qué vas a hacer si llega en plena fiesta?
- Eso no pasará, lo presiento.- Su tono era tranquilo.- Así que también confía en mi en que solo estoy estresado y me recuperaré en cuanto descanse.
- No estas seguro de eso.- Entrecerró los ojos.
Tsunayoshi sonrió, su "padre" se preocupaba mucho por él aunque no le gustara admitirlo.
- Si me fuera a pasar algo malo ya lo sabría.- Todos entendieron la alusión que hizo a su Súper Intuición.- Pero de lo único que me advierte es de no tomar medicamentos.
Reborn miró a lo ojos a su Dame-Hijo; no encontró duda alguna, no mentía. En principio le había preocupado que Tsuna estuviera escondiendo información sobre su enfermedad para no alarmar a nadie. El idiota lo hacia de vez en cuando. Pero estaba diciendo la verdad esta vez. Dame-Tsuna podría mentirle a cualquiera, menos a él (y tal vez a su esposo, pero el sólo pensarlo le irritaba, así que se reservaba esa información).
Aún mirando al castaño, sopesó todo lo visto recientemente y lo que le habían dicho a su llegada. Sus ojos entonces brillaron al encontrar una explicación que encajaba perfectamente, casi quiso abofetear a alguien por no haber llegado antes a tan simple conclusión.
- Muy bien.- Bajó su fedora.- Pero te mandaré a hacer unos estudios de sangre.- Tsuna quiso protestar, pero le interrumpió.- Es lo menos que puedes hacer para tranquilizar a todos Dame-Tsuna.
Tsunayoshi contempló la idea, él no lo veía necesario pero la cara suplicante de Gokudera más la preocupada mirada de reojo que le mandaba su pareja le ayudó a tomar una decisión. Suspiró resignado.
- Muy bien, lo haré si los hace sentir mejor.
El castaño soltó una suave risa por las reacciones que recibió. La expresión de Hayato se iluminó, como si hubiera recibido la mejor noticia de su vida; juraría que también le vio un par de orejas y una cola de perro. Por otro lado; ambos alfas aparentaron permanecer impasibles, pero él pudo percibir los suspiros de alivio disimulados que soltaron.
Poco después Reborn regresó vestido de cirujano armado con jeringas y un par de tubitos para preservar la sangre. Tsuna estaba seguro de que era la manera en que aquél sádico lo había castigado por haberlo amenazado antes con la mirada. ¡No había manera de que Reborn hubiera fallado 23 veces seguidas en sacarle sangre si no fuera a propósito! Maldito fuera el momento en que le pidió a Kyoya algo de comer y dejarlo vulnerable ante el sádico alfa. Apenas podía mover los brazos al día siguiente.
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Finalmente había llegado la tan esperada fiesta de Navidad organizada por la familia Cavallone, las principales familias aliadas a Vongola habían sido invitadas, cosa que ponía muy nervioso a Tsunayoshi. Conocía perfectamente a su familia, sabía lo salvajes que se ponían ya avanzado el festejo; acostumbraban hacerle un agujero enorme o dos a la mansión. Rezaba para que no fueran tan inconscientes como para hacerle un agujero al barco.
- ¡¿Qué fue lo que dijiste basura?!- Escuchó gritar a Xanxus.
- ¡VOOOOOOOOOI! ¡Dije que si tanto quieres comer vayas a servirte tú mismo, estúpido jefe!- Respondió Squalo.
Después de eso empezó el sonido de disparos y cosas siendo partidas en pedazos con una espada. Tsuna suspiró golpeando su frente con la palma de su mano. A estas alturas ya debería haber aprendido a nunca esperar que los miembros de su familia se comportaran civilizadamente o con el mínimo sentido común. Decidió congelar a la pareja revoltosa antes de que hundieran el barco. Algunas veces se preguntaba como podían ser destinados si nunca dejaban de pelear.
Luego de eso todos estaban más calmados, al parecer se habían intimidado pues nadie quería sufrir el mismo destino que la lluvia y el cielo de Varia. Si bien discutían y gritaban, al menos nadie estaba sacando las armas. Asintió para sí mismo, satisfecho con el resultado, y regresó a hablar con Enma, quién lo miraba entre divertido y preocupado.
- Mientras mantengan la locura a este nivel, tal vez no necesitaremos los botes salvavidas.- Comentó esperanzado el castaño.
- Mmm, tal vez.- Se quedaron un momento en silencio admirando el panorama que era su gran y loca familia.- ¿Pido que los vayan preparando?- Preguntó el pelirrojo con cara de póker.
Tsuna suspiró resignado y asintió, haciendo reír a su acompañante.
- Aquí tienes tu jugo Omnívoro.- Llegó Hibari dándole un vaso a su esposo.
- Muchas gracias Kyoya.- Sonrió el castaño dándole un beso en la mejilla.
- ¿Se te pasó el mareo?- Preguntó el alfa viéndole tomar un trago de su bebida.
- Sí, ya estoy bien.- Asintió.
- ¡Oh, cierto!- Exclamó Enma.- Escuché de Dino que has estado sintiéndote mal estos días.- Le miró con culpabilidad.- Perdón por no haberte visitado Tsuna. ¿Ya te sientes mejor?
- No te preocupes Enma, no es la gran cosa, sólo un poco de estrés acumulado.- El castaño sonrió agitando la mano para quitarle importancia.- Estaré bien en algunos días, sólo tengo que descansar.
- Oh, yo también escuché que estabas enfermo Tsunayoshi~- Byakuran se incorporó a la plática.
Al verlo acercarse, Kyoya lo fulminó con la mirada y sacó una tonfa como advertencia. El albino rió divertido, levantó las manos en signo de rendición y se quedó a una distancia prudente. Enma miró sorprendido.
- Entonces es cierto que Hibari-san se volvió aún más posesivo y territorial.- Rió nerviosamente el omega pelirrojo.
- Conejito, conejito, cuidar.- Exclamó Hibird agitando sus alas desde su posición en el hombro del castaño.
- Y al parecer Kyoya no es el único.- Ambos omegas rieron mientras acariciaban a la pequeña criatura.
- Si, bueno, regresando al tema anterior.- Byakuran llamó su atención.- ¿No crees que pueda ser un problema hormonal?
- ¿Hormonal?- Preguntaron ambos omegas confundidos mientras que Kyoya enarcó una ceja.
- Exacto.- Asintió el alfa albino.- Los problemas hormonales muchas veces tienen síntomas como los tuyos.
- Dudo que sea eso Byakuran.- Dijo Tsuna luego de meditarlo un poco.
- Yo lo decía porque los problemas hormonales además de los síntomas que tienes también suelen llevar a problemas de peso.- Dijo mientras comía malvaviscos.- No pude evitar notar una ligera pancita que antes no estaba ahí.
El ambiente se volvió frío de repente. Manteniendo caras de póker, tanto Kyoya como Enma retrocedieron un par de pasos. Al siguiente instante Byakuran se había convertido en otra estatua de hielo. Tsuna se giró hacia sus dos acompañantes y notó la insistente mirada del alfa en su vientre, le dedicó una fría sonrisa.
- ¿Pasa algo Kyoya?- Su tono daba escalofríos.
Hibari no se inmutó, tranquilamente le devolvió la mirada.
- Te amo Tsunayoshi.
La expresión del omega castaño se iluminó, un sonrojo cubrió sus mejillas al tiempo que le sonreía a su esposo ampliamente.
- ¡Yo también te amo Kyoya!- Contestó dándole un abrazo y un beso que fueron correspondidos.
- "De la que se salvó."- Pensó Enma riendo bajito.
En ese instante la música, que hasta entonces había sido movida, cambió por otra con un ritmo más suave y lento.
- Kyoya, bailemos.- Pidió Tsuna colgándose del cuello de su esposo.
- Omnívoro, sabes que no me gusta bailar.- Le reclamó abrazándole de la cintura.
Tsunayoshi recurrió a su arma secreta; hizo un puchero adorable y lo miró directo a los ojos.
- Por favor~
El alfa suspiró con resignación, realmente no le podía negar nada si se lo pedía así. Debía trabajar en una forma de combatir eso.
- De acuerdo.
- ¡Yay!- Se emocionó el omega y jaló a su pareja del brazo hacia la pista de baile.
Internamente el alfa maldijo su debilidad por las criaturas pequeñas y adorables. Siendo su esposo quién encabezaba la lista de criaturas adorables que había conocido, le era imposible no cumplirle sus caprichos.
Llegaron justo a la mitad de la pista y se posicionaron para bailar. Con un brazo, Kyoya tomó a su omega de la cintura, mientras que su otra mano se entrelazó con la del castaño. La mano libre de Tsuna descansó en el hombro de su esposo. A Kyoya no le gustaba bailar, era una actividad demasiado herbívora para su gusto; pero a su amado le encantaba, así que aprendió.
Al verlos entrar a la pista de baile, las conversaciones terminaron y todos miraron atentos a la pareja. Por supuesto, los esposos no se dieron cuenta de nada a su alrededor, estaban demasiado metidos en su burbuja personal como para notar la atención recibida. Siempre era un placer observar al cielo y la nube balancearse en perfecta armonía mientras se sonreían el uno al otro. La forma en la que se movían juntos al bailar realmente convencía a cualquiera de que eran destinados, pues sería imposible que encajaran de manera tan perfecta el uno con el otro sin serlo.
Verlos moverse suavemente por la pista de baile, totalmente concentrados en su pareja hacía suspirar a cada omega en aquel lugar por lo romántico que era. Sin duda, cualquier invitado a las fiestas donde se presentaran los Vongola diría que el momento en el que el 10mo Vongola bailaba con su alfa era de los mejores en cada fiesta. Después de presenciar tan hermoso acto, nadie dudaba que el amor verdadero existía.
Al terminar la canción, Kyoya levantó el mentón de su castaño con un dedo y lo besó, siendo inmediatamente correspondido. Todos los invitados aplaudieron encantados con la pareja.
La fiesta continuó tranquilamente, o bueno, lo que se podía considerar como tranquilo en estándares Vongola. Tsuna sólo tuvo que congelar a un par más de personas, lo cual era un número sorprendentemente bajo de personas congeladas en una fiesta Vongola. Tal vez era el milagro de la Navidad.
Finalmente llegó el momento de el intercambio. Algunos estaban felices con sus presentes, otros no tanto. Kyoya había recibido un peluche de una alondra, pues a Mukuro le había parecido gracioso regalarle a su "gemelo". Jamás lo admitiría ante nadie, además de su esposo, pero el regalo le había encantado, incluso consideró no morder hasta la muerte a la piña por burlarse de él. Al final decidió hacerlo de todos modos.
Repentinamente, Reborn vestido de Santa Claus, cayó del cielo haciendo un aterrizaje perfecto justo frente a Tsuna. El castaño le miró sorprendido.
- Reborn, ¿Qué se supone que haces?
- Reborn Claus siempre llega por la chimenea Dame-Tsuna.- Contestó tranquilamente.
- ¿De que chimenea hablas? Estamos en un barco.- Una gota de sudor frío recorrió su nuca.
- Siempre por la chimenea, Dame-Tsuna.- Repitió el azabache lentamente.
El castaño suspiró resignado y se rindió en tratar de entender los modos de Reborn, nadie jamás lo haría. Entonces miró con curiosidad lo que el alfa traía en las manos.
- ¿Qué tienes en el saco Reborn?- El azabache se quedó en silencio mirándolo fijamente. El omega le regresó la mirada confundido, pero entonces entendió y suspiró.- ¿Qué tienes en el saco Reborn Claus?
- Es para ti.- Le dio el saco.- Pero antes de que lo abras, lee esto.- Sacó un sobre de su bolsillo y se lo entregó.
- ¿Qué es esto?- Preguntó curioso abriendo el sobre.
- Son los análisis que mandé a hacer con tu sangre.- Dibujó una pequeña sonrisa en sus labios.
La escena en sí era bastante vistosa, así que había llamado la atención de varios, pero lo que pasó a continuación atrajo la mirada de absolutamente todos. Tsunayoshi leyó los resultados y jadeó con sorpresa, su cuerpo empezó a temblar y lágrimas cayeron de sus ojos mientras cubría su boca con su mano libre. La música se detuvo, todos se acercaron preocupados al cielo de Vongola al verlo sollozar. Kyoya, que estaba mordiendo hasta la muerte a Mukuro, regresó de inmediato al lado de su esposo y le abrazó. Su mirada fue a parar a "Reborn Claus", entrecerró los ojos y gruñó. El otro alfa simplemente sonrió ladinamente.
- ¿Qué hago Kyoya?- Sollozó el castaño.
- ¿Qué sucede Tsunayoshi?- Le preguntó secando sus lágrimas.
- No sé que hacer Kyoya.- Sonrió entre lágrimas.- Estoy tan feliz.
El alfa le miró sin entender. Tsuna le pasó los análisis para que los viera. Hibari leyó atentamente cada palabra, dándose cuenta que el papel era sobre una prueba de embarazo hecha con la sangre de su omega. El resultado decía en letras grandes: POSITIVO.
Por un momento se quedó paralizado sin saber cómo reaccionar. Sintió la felicidad invadirlo, mas su cuerpo seguía congelado con una mueca de sorpresa.
- ¿Kyoya?- Le llamó su omega de vuelta a la realidad.
- Estás... Seremos...- Tartamudeó el alfa.
Tsuna rió suavemente y asintió, pequeñas lágrimas aún recorrían su rostro.
- Estoy embarazado Kyoya.- Sonrió ampliamente.- Tendremos un cachorro.
Todos los presentes escucharon la noticia y empezaron a festejar, aliviados de que el cielo de Vongola no estaba enfermo como muchos habían pensado y felices de que la familia pronto crecería. Kyoya besó a su esposo; en la cabeza, en la frente, en la nariz, en la mejilla y finalmente en los labios. Le sonrió con cariño y lo abrazó con toda la fuerza posible sin lastimarle.
- Gracias Tsunayoshi.- Besó su cabeza de nuevo.- Muchas gracias.- Con cuidado acarició el, ligeramente, abultado vientre donde su cachorro se estaba formando.
El omega rió, negó con la cabeza y enterró su cara en el pecho de su alfa abrazándole igual de fuerte y aspirando su aroma.
- Gracias a ti por ser parte de mi vida Kyoya, te amo.- Besó a su alfa.
- ¿Lo ves Tsunayoshi?- Habló Byakuran. El castaño había descongelado a todos para el intercambio.- Te dije que algo tenía que ver con tus hormonas y que ya tenías pancita.
Todos se quedaron en silencio y dieron un paso atrás al sentir el ambiente frío que rodeaba al 10mo Vongola. Byakuran fue convertido nuevamente en una paleta de hielo.
- No estoy gordo.- Se quejó el omega con un puchero.
- En absoluto.- Hibari sonrió de lado pasando su brazo por los hombros de su esposo y le besó la sien.
Tsunayoshi le sonrió con cariño.
- ¿Qué más te regaló el carnívoro?- Preguntó recogiendo el olvidado saco.
Al abrirlo, el omega casi estalla en lágrimas de nuevo. Dentro del saco habían gran cantidad de juguetes y ropa para bebé. Tomó un pequeño mameluco morado y acarició la suave tela. Giró a ver a Reborn, que aún estaba frente a ellos.
- Muchas gracias "Reborn Claus", es el mejor regalo que me han hecho.- Dijo conmovido.
El alfa les dio la espalda y empezó a alejarse.
- No hay nada que agradecer.- Agitó una mano quitándole importancia.- Estamos hablando de mi nieto o nieta que viene en camino después de todo.
Tsunayoshi sonrió tiernamente.
- En eso tienes razón "papá".
Reborn sonrió aún alejándose.
La fiesta continuó, todos felicitaron a los futuros padres.(Los alfas felicitaron a Tsuna desde lejos, no querían ser mordidos hasta la muerte por el celoso alfa que sería padre primerizo.)
Nada arruinó el buen humor del 10mo Vongola. Ni siquiera cuando su familia empezó una discusión sobre quién sería el tío favorito del cachorro del cielo y la nube. Ni siquiera cuando dicha discusión se convirtió en una guerra de todos contra todos. Ni siquiera cuando alguien terminó haciéndole un agujero al barco y este se hundió. (Gracias a dios Enma había alistado los barcos salvavidas.)
Tsunayoshi siguió sonriendo, pues había recibido la mejor sorpresa Navideña.
El hecho de que los haya congelado a casi todos con esa misma sonrisa inocente, convirtiéndose en el trauma de muchos, era otra historia.
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Hola hermosa gente de whattpad, esta historia fue hecha con amor para mi querida Hina-san como parte del intercambio navideño de la Brigada SS.
Espero te haya gustado Hina~❤
P.D. Se que el título es horrible, no se me ocurrió otra cosa~ 😭
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