Capítulo 9.
~Reformatorio~
—¡Karma!
Al llegar, el pelirrojo fue guiado por la dulce voz de Nagisa hacia la cabina de llamadas correspondiente. El chico de cabellos rojizos se acercó algo entusiasmado y envuelto en preocupación por la cordura de su amigo, ya que aquella sonrisa que iluminaba su rostro parecía algo inusual en los otros reclusos del centro.
—Nagisa. —pronunció su nombre con un deje de cariño, entusiasmo y alivio en cuanto se puso el teléfono al oído. Letra por letra le trajo un sabor dulce al paladar y, como consecuencia principal, una sonrisa casi inevitable.— Me alegra tanto verte bien.
—¡Y a mí! —el chico de cabello celeste exclamó con una bella sonrisa.— Aunque...
—¿Qué? —se revolvió incómodo en la silla buscando más cercanía con el vidrio que los separaba al notar que la bella sonrisa se desvanecía en una expresión melancólica y adolorida.— ¿Te duele algo? ¿Estás bien?
—Yo estoy bien. —respondió alzando la cabeza, mostrando sus ojos acuosos y cristalinos por unas ganas de llorar. Aquella imagen fragmentó en muchos pedacitos el corazón que, hasta entonces, Karma no estaba seguro que tenía.— Pero, por favor dime... que ayudarme no te trajo problemas.
Imágenes de la golpiza de su padre, la expulsión y el rechazo de la Clase E pasaron como una película en blanco y negro a toda velocidad por la mente de Karma. Pero después de haber visto los ojos grandes y celestes de su amigo inundarse en lágrimas de aquella forma, no podía permitir que se enterara de la desgracia de su vida diaria.
—Claro que no, Nagisa. —le mintió forzando su mejor sonrisa.— Todo va de maravilla para mí. Gracias a tí, incluso pude ver a mis padres.
—¿En serio? —la expresión amargada y triste se tornó súbitamente en la dulzura acaramelada del inicio.— Me alegra ser de ayuda en algo.
—Sí que lo eres. —Karma soltó desde lo profundo de su alma, casi inconscientemente dándole una pista de los sentimientos que nacían en su corazón al verlo sonreír e incluso simplemente con su presencia.— Verte alivia, de alguna manera, todo el tormento que estoy pasando ahora.
El chico del otro lado ladeó su cabeza con confusión. Las palabras de Karma, que nacían de su boca pero salían de su corazón, resultaban las provocadoras de un extraño cosquilleo en su estómago: casi como el aleteo de las mariposas.
No obstante, él estaba muy seguro de que había comido el almuerzo antes de correr con entusiasmo a recibir a su amigo. Entonces, ¿qué estaba comenzando a sentir?
—Shiota, se acabó el tiempo. —uno de los guardias dijo mientras se acomodaba el cinturón.— Despídanse.
—D-De acuerdo. —un tenue color rosado espolvoreó sus mejillas y luego se volteó hacia Karma que permanecía en silencio con el teléfono en su oreja.— Habrá otra ronda de visitas en dos días. Allí podremos vernos personalmente, puedes venir si quieres...
—Claro que vendré. —con una sonrisa le dijo, antes de que Nagisa evitara hacer contacto visual por el color carmín que cubría sus pómulos.— No me lo perdería.
—Entonces, nos vemos allí. —titubeó al hablar.— Adiós, Karma.
—Adiós, Nagisa. —ambos colgaron y el joven de cabello rojizo se quedó durante un momento sentado, observando con atención el recorrido de Nagisa hacia el interior del centro penitenciario.— Sé que no debería sentir ésto. Trato de evitarlo pero no puedo. Eres, simplemente... Tan hermoso. ¿Cómo una persona tan brillante y con tanto por vivir ha tenido que estrellarse así?
Con dolor murmuraba más palabras salidas del corazón, antes de ponerse de pie y caminar hacia la salida guiado por un guardia.
La visita de Karma a Nagisa se sitúa unos días después de que fue expulsado, así que sus heridas se curaron más o menos.
Agrego que, por si no saben, un reformatorio es un centro para menores de edad donde se dedican a reformar su comportamiento. No sé si mencioné específicamente la cárcel en el resto de la historia, pero es algo que estaré revisando.
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