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Capítulo 6.

—Llegamos, Karma.

El joven de ojos ámbar alzó su cabeza asustado. Todo el camino había pasado jugando con sus dedos y haciendo formas extrañas para entretenerse de los malos pensamientos, por lo menos hasta que la pesadilla comenzara.

Mientras era escoltado por un grupo de policías hacia su hogar, sentía un nudo en su garganta formándose gradualmente.

—Mamá... Papá... —escapó frágilmente de sus labios al presentarse súbitamente las figuras de sus progenitores en frente suyo.— ¡Qué bueno verlos!

Karma iba a continuar hablando, pero sus palabras fueron interrumpidas por la mano de su padre estampándose fuertemente contra su mejilla. Ahora roja y ardiente, llevó una mano a la zona para sentir con sus dedos la textura de su piel quemándose por sí mismo, como si no pudiera creérselo.

—Mírate. —su padre soltó con desdén, al igual que la expresión en su mirada.— Esposado, ojeroso, cómplice de un asesino.. ¿Acaso esos valores te di yo de niño?

—Nunca me diste valores. —respondió molesto enderezándose para mirarlo con sus dientes apretados.— Tuve que aprenderlos por mi cuenta porque nunca estuvieron a mi lado. Incluso olvidé sus rostros...

Karma sintió nuevamente la mano de su padre sobre su mejilla, ahora la izquierda. Un poco de saliva escapó de sus labios como consecuencia.

—¿Crees que pueden criticar las decisiones que tomo? —su padre lo regañó cruzándose de brazos.— De no ser por eso, no comerías. ¿Crees que sin sacrificios lograrías vivir en una mansión como ésta? Así no funciona el mundo, Karma.

—Con dinero. Así funciona. —serenamente caminó hasta Karasuma y extendió sus manos.— ¡Lo sé, lo sé muy bien! Te has encargado de explicármelo.

El sonido del metal golpeando el suelo, luego se escuchó la voz burlona de Karma decir mientras se masajeaba las muñecas: —Con tus viajes y ausencia sólo me has enseñado que el dinero es más importante. Que abandonar a tu hijo no importa, mientras eso sea lo que obtengas.

—Tú a mí no me hablas así. —el proveedor del hogar se acercó peligrosamente a su hijo.— No le puedes hablar así a la mano que te da de comer.

Hiro puso su mano en alto, dispuesto a dar su golpe final. Sin embargo, cuando su puño ya estaba cerca, Karma le sostuvo fuertemente la muñeca.

—Y tú no puedes golpear a tu hijo. —la sonrisa de su rostro se borró, transformándose en una cruel declaración de guerra.— Eso no lo haría nunca un padre verdadero.

Luego tiró de su brazo, provocando que el cuerpo avejentado de su padre diera una voltereta en el aire para acabar hecho polvo en el suelo.

Karasuma no pudo evitar sonreír con orgullo antes de marcharse y Karma corrió hacia su habitación antes de que las represalias fueran peores.

—Uff.. —dejó ir un suspiro al encontrarse en la seguridad de su habitación.— Eso estuvo intenso.

Cerró los ojos buscando relajarse un momento, cuando oyó la ventana abrirse.

—¡Yo, Karma-kun! —Koro-sensei alzó un tentáculo como saludo e hizo su último esfuerzo antes de caer de cara al suelo.— Auch.

—¿Qué hace aquí, Koro-sensei? —cuestionó Karma ayudándolo a ponerse de pie.

—¡Venía a recordarte que mañana tenemos clase! —exclamó un animado sensei.— Y también... —su piel amarilla ase tornó rosada.— ... A acabar nuestra antigua conversación.

—Ya le dije. —evitó su mirada con las mejillas rojas.— Somos amigos.

—Un amigo no haría lo que tú por Nagisa-kun cuando llegó la policía. —Koro-sensei decía mientras le daba golpecitos con sus tentáculos para presionarlo a hablar.— Así que cuenta, Karma-kun.

—No hay mucho que contar. —Karma se aclaró la garganta.— Aunque a veces hay algo...

—¡¿Algo?! ¡¿Algo?! —Koro-sensei se volvió azul oscuro, dejando en claro su emoción.— ¡Eso es bueno! ¿Algo como qué?

—No sé. —Karma provocó que el color de su sensei cambiara a un azul cielo.— Siento deseos de cuidar de él. Quiero salvarlo. Protegerlo. Son cosas que no puedo explicar.

—¡Qué conmovedor! —Koro-sensei exclamó con un pañuelo entre sus tentáculos, secándose lágrimas.— Quién diría que el Karmagisa algún día sería real.

—Aún no entiendo qué es eso del... "Karmagisa".

—¿Debo explicártelo? —Karma asintió.— Mejor lo hago mañana en clase. ¡Así todos se enteran de las buenas nuevas!

—¡No! ¡Koro-sensei, por favor no haga eso!

Karma gritaba intentando detenerlo, pero era muy tarde. Koro-sensei ya se había ido, con aquella enorme sonrisa y esa idea en su mente de contar a todos acerca del "Karmagisa".

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