IX
[...]
Luego de guardar el auto en el garaje al llegar a la casa, se dirige a esta y abre la puerta para entrar.
Una vez que la cierra detrás de él, frunce el ceño al no ver a Gillbert saludarlo con ladridos y saltos como usualmente hace, y se extraña más al ni siquiera verlo en la sala.
Se quita la chaqueta y la deja lentamente en el perchero mientras ojea la sala en busca del canino el cual no se ha presentado ante él.
—Gillbert—lo llama a la vez que camina por esta sin dejar de observar a su alrededor—. Gillbert, maldito perro, ¿dónde estás?—lo busca en la cocina, y nada, así que decide subir las escaleras.
Luego de buscarlo por todas las habitaciones, se rinde, y se repite a si mismo que quizás está en el sótano durmiendo o algo así, y decide fumar otro cigarrillo para matar el tiempo antes de continuar su novela.
Abre la puerta del patio trasero e instantáneamente el cigarrillo se resbala de sus labios, cayéndose al suelo. Se mantiene quieto en su lugar pero sin quitar la mirada de su perro y por instinto, se acerca a él, observa el cadáver de Gilbert en el suelo y se pasa ambas manos por la cara.
—¿Quién te ha hecho esto, joder?—se siente un estupido al hacerle tal pregunta al perro como si le fuese a responder—Maldición, Gillbert—gruñe y mira el cielo, sintiéndose aún más estupido y tonto.
Cierra los ojos por un momento y lo primero que hace al entrar es lanzar lo primero que esté a su alcance al suelo. Hace eso acompañado de gruñidos y gritos, y prosigue con destruir su habitación.
Luego de que ya no queda nada más para lanzar y/o romper, se sienta en el suelo, a un lado del armario de Kristen, y comienza a llorar a la vez que se golpea la cabeza con la madera para dejar de hacerlo, pero a pesar del dolor, llora aún más fuerte, sí que le gusta ser masoquista, realmente le gusta.
—Kristen—susurra y sorbe su nariz, y aquí vamos otra vez—, Kristen, nena—arrastra las palabras mientras golpetea el armario con el dedo índice y se muerde el labio inferior—, Gillbert también me ha dejado, ¿por qué todos me dejan, cariño?—comienza nuevamente a llorar y se abraza a sus piernas—¿por qué lo hacen, coño?—solloza y vuelve a golpearse la cabeza—¿acaso no he sido lo suficientemente bueno para ustedes?—observa el techo como un imbecil, pero no le importa, en sus momentos de crisis, cree que está conectado con Kristen. Observa la sangre esparcida en el suelo que ha dejado gracias a los puñetazos a las paredes y espejos, pero tampoco le importa con tal de comunicarse con su para él, aún esposa, pues, según él, nuevamente, mientras uno de los dos siga teniendo el anillo, que en este caso, él es el que lo porta, aún siguen casados.
Cualquier otra persona pensaría que Justin está mal psicológicamente por tales comportamientos, pero él se negaría, obviamente, y diría que lo encuentra súper normal y que lo deje en paz.
Y ahí es cuando se da cuenta de que no quiere estar solo, le hace mal estar así, y necesita cambiarlo.
Ahí es cuando se da cuenta de que necesita de Kelsey.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro