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Drama en el dentista.

—¡Tsuuu-chan! ¡Ya es hora de ir al dentiiiista!

Como por arte de magia, Tsuna abrió los ojos y se sentó temblando en su cama. Miró al fantasma que tenía en frente, y malinterpretó su alegre sonrisa con una malévola, lo que hizo que recordara la imagen del doctor que lo atendía cuando revisaba sus dientes.

—¡Nooooo! —corrió a los tropezones escaleras abajo mientras gritaba en negación y se escondía donde nadie podía verlo.

Giotto entristeció, mientras su amigo pelirrojo lo abrazaba por detrás con una sonrisa divertida.

Reborn se dio un facepalm y frunció el ceño entre molesto y algo feliz, era muy divertido llevar a su hijo al dentista, en especial porque era tan miedoso que con solo ver la sonrisa amable del doctor ya estaba temblando y gritando tan fuerte que parecía lo iban a matar.

—Giotto, más idiota no puedes ser. Te dije claramente en un idioma que puedas entender que no especificaras al lugar a donde vamos a ir.

—¡Pero, yo no sé idioma Reborn! ¿Cómo voy a saber lo que significa pum pum spalsh pum? Ohh... Ya entendí.

—Ay, si pudiera te reviviría y mataría cuantas veces fuera necesario  —sacó su mano de su cara y se encaminó a la puerta—. Ustedes dos busquen por las habitaciones, ya saben, trasladen las paredes con sus bu y yo qué sé. Mientras tanto, seguiré los ruidos que hace Tsuna para ver si lo encuentro.

Se separaron para buscar.

—Tsuuuna-kuun~ —volaba el rubio, moviendo sus dedos maliciosamente mientras esbozaba una sonrisa—. ¡Si sales te daré una porción de tu pastel de fresas favorito~!

Tsuna asomó la cabeza un poco del cesto de la ropa sucia y miró curioso al rubio.

—Reborn, lo encontré.

El azabache asintió y apareció de repente detrás del niño para agarrarlo y llevarlo al auto, pero antes de tener la oportunidad, el menor salió corriendo de su lugar.

—¡Lo tengo! —gritó el oji-dorado, rodeándolo con sus brazos. Sin embargo lo atravesó lógicamente, era un fantasma.

Cozart intentó lo mismo, pero lamentablemente corrió el mismo destino que su viejo amigo.

—¡Mamá! —exclamó el castaño, saltando sobre los brazos de su madre que logró atraparlo y le sonrió.

Reborn y los dos espíritus miraron incrédulos la escena desde el suelo, habían arriesgado sus caras para nada.

—Ara, Tsu-kun. Si te portas bien, papi Reborn te llevará a comer a un hermoso restaurante. ¿Qué opinas?.

—¿Habá patel pa Tuna?.

—Claro que sí. Pero solo si te portas bien.

—¡Sí! —alegre alzó ambos brazos.

...

Al llegar al médico, éste se revisaba de varios niños, pero por fortuna para ellos estaban en el primer turno, así que al llegar entraron con su doctor de confianza.

El señor los miró extrañado, ese no era Shamal. Y al no serlo le causaba curiosidad todo el ruido que hacían y la cantidad de personas que estaban ahí para observar a un pequeño niño indefenso..

Oh, mala idea pensar eso del hijo de Reborn.

—Bueno, pequeño. Siéntate, voy a tomar mis herramientas y en un segundo vuelvo —se disculpó y desapareció por un rato por la puerta, y volvió a aparecer con varias cosas en mano.

Cuando Tsuna vio las cosas que estaban listas para usarse y que el doctor acercaba un palo con un espejo puesto a su boca, quiso saltar de la silla.

Reborn usó sus manos para mantenerlo sentado mientras el menor gritaba por ayuda, para el doctor era de lo más extraño, sin embargo los demás estaban como si nada. Incluso aquel rubio lo alentaba con dos pompones de porrista que solo Dios sabía de dónde los había sacado.

El señor intentó abrir la boca del menor para revisarla, pero en cuanto quiso ponerle un dedo encima la poca dentadura en crecimiento de Tsuna se clavó en su mano, haciéndolo gritar un poco.

El azabache lo miró incrédulo. Una de dos: era idiota, o era idiota.

Si apenas y un espejo hizo que Tsunayoshi se alarmara, no pregunten lo que pasó dentro de la habitación cuando al pobre hombre se le cayó una de sus herramientas por el escándalo que empezó a sonar.

El ruido hacía al castaño gritar como si lo estuvieran matando, y poco decir era que se movía como bestia encarcelada.

Al salir le agradecieron al doctor todo lastimado y desaliñado por su trabajo con el niño, y salieron de lo más casual. Bueno, para ellos lo era.

Los demás clientes miraron horrorizados a la familia salir y a la pobre alma torturada que había tenido la mala suerte de ser quien los atendiera.

Una vez estuvieron dentro del auto de nuevo, el oji-miel sonrió alegre alzando los brazos.

—¡Tuna quere patel!

El azabache suspiró, y le sonrió de vuelta, comenzando a manejar en dirección al restaurante que Nana había mencionado mientras un rubio y castaño casi iguales iban celebrando y el mayor lo felicitaba por su gran comportamiento.

Dato curioso: Tsuna se porta muuuucho peor de lo que está escrito aquí xd

¡No e cieto >:v! ¡Tuna bue hijo! —se enoja (?)—

Oc, oc. Tengo mucho sueño alv

Actualicé muy tarde hoy </3 espero que me de tiempo a recompensarlos con dos capítulos de más hoy

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