—¡Jinsol, me has asustado!— dijo entre dientes levantándose del suelo. Ojeó a la pelinegra, quien reía sin cesar por la repentina caída de Jungeun.— No me hace gracia.— volvió a verla retorcerse en la cama, agarrándose la barriga para respirar.
Jungeun comenzó a sonreír inconscientemente y se tumbó con ella. Le atrapó entre sus brazos y le obligó a que sus ojos miraran a los suyos. Jinsol acarició la mejilla de la mayor, viendo como esta dejaba que le tocase. La distancia entre ellas era nula, y ambas sabían que lo que iban a hacer estaba mal.
—¿Te duele?— preguntó Jinsol tocando suavemente la frente de Jungeun. Ahora, la castaña tenía puntos en ese sitio, haciéndole ver un poco avergonzada por llevarlos. Pero lo importante fue que protegió a Jinsol cuando se calleron por las escaleras.
—No tanto... Nayeon estará llamándome o preguntándose en dónde cojones estoy. He dejado el restaurante desatendido...— se pasó las manos por la cabeza sin separarse de Jinsol.— Me cambiaré y me iré, trabajo hasta tarde.— quiso levantarse, sin embargo los orbes de Jinsol le impidieron moverse.
Estuvo mucho tiempo deseando tenerla con ella. Quería que le tocara, besara, abrazara... Quería volver a probar esos labios de los que tanto se enamoró. Sin previo aviso, tomó las mejillas de Jinsol y le plantó el beso que tanto estaba esperando. La pelinegra llevó sus manos a la nuca de Jungeun para acariciar su vellos. El beso se intensificó cuando Jinsol giró a Jungeun para acostarle contra el respaldo de la cama mirando hacia adelante. Jinsol gateó hacia ella para subirse entre sus piernas, sentándose a horcajadas de ella.
Jungeun llevó sus manos a su cuello para atraerla más hacia ella. Bajaba sus brazos a su cintura para dejarlos enredados ahí. Jinsol aumentó el tacto al moverse con sus caderas, con intenciones para nada morales. Llevó a Jungeun loca, notando cómo su erección crecía mediante los movimientos se hacían más fuertes y rápidos. Jinsol se quitó su blusa para estar a la par y se deshizo de sus pantalones al levantarse de la cama. Jungeun estaba sin respiración mirándole desde el respaldo. Jinsol le sonrió coquetamente y quiso quitarle los pantalones a Jungeun cuando un ruido se hizo presente.
—Mierda, mi móvil.— revisó Jinsol y vio que Yeji le estaba llamando sin parar. Atendió al teléfono y respondió sin ganas. Jungeun se estaba levantándose para ir hacia ella.— Sí mamá, ¡no me grites, soy tu hija! ¡Está bien, está bien!— vio cómo Jungeun se acercaba hacia ella desde el reflejo del espejo y sonrió al notar sus manos acariciar su espalda desnuda. En un amago, Jungeun llevó dos dedos a su boca para humedecerlos y los introdujo dentro de las bragas de Jinsol.— ¡Oooh!— sintió los dedos de Jungeun azotar su clítoris con fuerza, frotándolo con amor.
—A ver si aguantas esta.— le susurró la castaña.— La gran Jeong Jinsol debe aguantarlo.— Jungeun fue sujetando su cintura contra su pelvis. Jinsol notaba el gran pene de su ex restregarse contra sus glúteos.
—No mamá, he... He...— se tapó la boca para no soltar ningún gemido que le comprometiera. Notó el primer dedo dentro de su vagina y comenzó a embestirla despacio.— Mamá... Sí, pasaré l-luego por casa... ¿Q-Qué?— otro dedo introdujo Jungeun para hacerle sufrir, esta vez moviéndolos encorvados. Jinsol alejó el teléfono para girar su cabeza y tomar la boca de Jungeun con la suya. Ambas se miraban en el espejo y la mano tatuada y grande de Jungeun seguía dentro de sus bragas. Sus dedos cada vez se ensanchaban más y le penetraban más rápido.
—Qué caliente me pones... Mi polla está toda necesitada, Jindori.— coqueteó con ella a centrímetros del móvil. En cualquier momento Yeji podría haberlas escuchado.
—Ah, ahí...— susurró en sus labios. Volviendo al frente y poniéndose el móvil a la oreja, llevó hacia atrás su mano izquierda hacia el cuello de Jungeun cuando esta atacó sus mejillas con sus labios. Giró su rostro para enfrentar al de la castaña y se volvieron a besar.— Sí mamá, he ido al Delicious Taste. N-No, J-Jungeun no estaba ahí.— mintió notando una risa ligera salir de la boca de la mencionada. Jinsol notó cómo sus bragas eran bajadas con ganas, tirándolas al suelo cuando llegaron a sus pies. La castaña se las quitó subiendo una pierna de Jinsol, haciendo lo mismo con la otra segundos después.
Las tiró por algún lugar del cuarto y Jungeun se bajó los pantalones para dejarlos encima de la mesa. Cogió la mano de Jinsol y la llevó hacia atrás para poder así hacer que la pelinegra tocara su gran bulto. Lo apretó y delineó con ganas.
—Dile a papá que deje de estar tan pesado...— otra vez Jungeun metió sus dedos en su vagina, siendo tres en esta ocasión. La mayor reía por los suspiros de Jinsol, que se convirtieron en gritos cuando movió sus dedos a la velocidad de la luz.— T-Te tengo que dejar mamá, te q-quiero.— cerrando la llamada inesperadamente, tiró el móvil hacia su bolso y se dejó masturbar por Jungeun.— J-Joder, voy a correrme.
La alta al escuchar esto aumentó como pudo las embestidas mientras Jinsol seguía acariciando su pene. Gritó cuando la pelinegra metió su mano entre sus bóxers y agarró el falo con todo su puño. Subió y bajó como loca, logrando que las piernas de Jungeun se debilitaran con el tiempo.
—¡Síííííí! Ahí, ahí joder.— Jinsol seguía agarrándose del cuello de Jungeun. La castaña tenía sus dedos derechos dentro de ella, y con su mano izquierda frotaba el clítoris de Jinsol como si su vida dependiera de ello. Al cabo de unos minutos más Jinsol se corrió con fuerza en las manos de Jungeun. La pelinegra casi se cayó al suelo si no fuera por el fuerte agarre de Jungeun. Aún con su mano dentro de sus calzoncillos, la castaña le llevó a la cama para depositarla ahí.
Esta vez Jungeun se encontraba de rodillas apoyándose del colchón mientras su polla era masturbada con ganas por Jinsol. La pelinegra deseó tanto ese gran pene que ahora se sentía virgen de nuevo. Hizo movimientos hacia arriba y abajo, cuando de una estocada metió toda la longitud en su boca, ahogándose como lo solía hacer.
Eran ocho años donde no recordaba para nada que Jungeun tuviera tal monstruo de veinte centrímetros entre sus piernas. No recordaba la esencia de su ex al soltar el líquido preseminal, ni tampoco la suavidad de sus testículos. Vio un tatuaje también en el comienzo de la polla de Jungeun, eran unos carácteres en kanji.
—Jungeun, ¿ese es mi nombre en japonés?— por lo que pudo aprender en Londres, ya se había convertido en una hablante avanzada del idioma.
—Por supuesto, para que todas sepan que mi pene ya tiene dueña... Desde que teníamos trece años.— la castaña empujó a Jinsol hacia su longitud, esta vez alzando las caderas para profundizar su pene contra la campanilla de la pelinegra. La mayor tenía la cabeza de Jinsol inmóbil, haciendo que chupara y tragara. Jungeun iba moviendo sus caderas violentamente mientras gruñía y sus testículos golpeaban la barbilla contraria. Jinsol se quedaba sin oxígeno cuando Jungeun se la quitó de encima y masturbándose como loca hizo que la pelinegra abriera la boca para llevarse todo lo que le pertenecía. Tragango satisfecha, se recostó en el colchón alzando su culo para Jungeun.
La castaña sacó un condón de su cajón, leyendo las instrucciones como hacía siempre. Jinsol con lágrimas en sus ojos, se dio la vuelta confundida por no sentir a la castaña en su culo, solo para ver a Jungeun con el papelito en las manos y, sorprendentemente, las gafas puestas. Jungeun le sonrió a su menor, siendo correspondida por esta. Una vez quitó el envoltorio, se puso el preservativo por la longitud y le abrió las piernas a Jinsol.
Al principio le dolió, ya que estuvo ocho años sin tener ningún tipo de relación sexual con nadie. Se sujetó de los hombros de Jungeun para abrirle más las piernas y que su pene entrara completamente. Suspiró en varias ocasiones por sentir sus paredes tragarse toda esa monstruosidad. Se sentía virgen de nuevo y quería volver a reclamar lo que era suyo.
—Si no te gusta, si te duele, si ves que no puedes o que no quieres, dímelo. Habla conmigo y dímelo. No tengas miedo.— acarició su mejilla, viendo que la Jungeun tierna siempre estuvo ahí.— Voy a empezar a moverme, quiero que disfrutemos las dos. Como antes hacíamos.— susurró estas últimas palabras sacándole escalofríos a Jinsol.
La mayor empezó a mover sus caderas lentamente y con miedo. No quería lasmitar a Jinsol ni asustarle, pues era el amor de su vida. Llevó ambas manos a las mejillas de la pelinegra y las acarició con cariño. Suspiró de placer y se movió un poco más rápido, esperando la repsuesta de Jinsol. Al verle sonreír de par en par, no dudó ni un segundo en besar esos labios que tanto extrañó.
Llevó las piernas de Jinsol a sus hombros y sutilmente volvió a enterrarse dentro de ella. Se apoyó del respaldo y comenzó a penetrarla con más rapidez aún. Jinsol sentía que estaba a punto de desvanecerse. Tocó la nuca de Jungeun, y por los gemidos tan ruidosos que soltaba, bajó sus manos a la espalda contraria y enterró sus uñas ahí. La castaña apreció los pechos de su ex y juró que habían crecido durante esos años. Sonrió por sus pensamientos tan sucios, sin imaginarse que lo único que quería era poder hacerle el amor a Jinsol durante todos los días de su vida.
Siguió con la penetración mientras Jinsol gritaba obscenidades. La menor estaba con los labios apretados para que no saliera ninguna palabrota más. Jungeun cambió de lado y se tumbó con Jinsol. Ambas miraban hacia un lado del cuarto, concretamente hacia la ventana. Jungeun llevó la pierna izquierda de Jinsol hacia arriba, mientras que con su otra mano buscaba su entrada. Una vez la halló, llevó su polla hacia esta y entró con ganas. Jinsol abrió más las piernas, dejándole a Jungeun una tarae más fácil.
Una vez las estocadas fueron reanudadas, Jinsol llevó su mano agarrando el cuello contrario para tener más contacto con Jungeun. La castaña besó sus clavículas y orejas mientras seguía penetrándole. Un cosquilleo se hizo presente en ambas barrigas, viendo lo mojada que estaba Jinsol, Jungeun decidió hacer lo mejor que sabía. Prontamente, ambas pieles chocando con énfasis fue el desencadenante para que Jinsol mojara las sábanas y la polla de Jungeun.
A su vez, la mayor seguía con mucha fuerza follando ese gran coño blanco y rosado. Parecía que un estadio entero estuviera aplaudiendo por el eco del culo de Jinsol chocando con la pelvis de Jungeun. Mientras Jinsol sentía un tercer orgasmo azotar su interior, Jungeun no paró hasta ver a su chica más que contenta. La castaña llevó la pierna más hacia atrás y de una última penetración, se corrió dentro del preservativo, haciendo que el calor de su pene llenara de nuevo a Jinsol.
La pelinegra obtuvo su tercer orgasmo en los diez minutos que llevaban follando. Sonrió al notar el rostro de Jungeun impactar contra el hueco de su hombro y su cuello. La castaña salió de ella y tiró el condón en el baño más cercano. Volvió con una toallitas húmedas y limpió la entrada y piernas de Jinsol. Mirándole más que enamorada, se limpió a sí misma. Tanto el estómago como la frente, el cuello y sus partes íntimas.
Se acurrucó con Jinsol en la gran cama y tapó su cuerpo con el suyo. Ojeó las sábanas y rieron porque tendrían que darles una buena lavada. Jinsol besó con fuerza a Jungeun, sacándole risueñas risas de por medio. Estuvieron así por unos minutos hasta que los ronquidos de Jungeun sacaron de sus pensamientos a Jinsol. Con mucho amor y cariño, observó su frágil imagen. Acarició sus brazos con los tatuajes que memorizó horas atrás. Estaba enamorada, aún lo estaba.
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chuuchatumadre ctm volví a la verga quiero un burrito del tacobell.
aprovecho para agradecer a las personas que votan esta historia, quizá tenga una sorpresa al final de temporada.
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