14 de agosto de 1965
Me encontraba con mi familia en la casa que teníamos en el campo, si lo sé, teníamos muchas casas de campo, pero papá y toda su familia adoraban la naturaleza al igual que mi madre, así que por esa razón teníamos esas dos casas. Aunque también teníamos dos o tres en Europa y una en América. Si demasiadas casas, pero a mí me encantaba viajar al igual que a mi familia así que tal vez fuera por eso.
En estos momentos me encontraba leyendo un libro muggle que me había traído mi padre para leer en estos días que estaríamos aquí. Así que cogí una pequeña manta y la puse en la hierba para sentarme en ella y leer con la brisa acariciando mi rostro. Amaba demasiado eso, adoraba la naturaleza y eso todo mi familia lo sabía. Amaba también demasiado aprender cosas nuevas y aunque aun fuera pequeña me gustaba saber cosas de Hogwarts o del Mundo Mágico en general.
Papá solía decirme que lo mejor para estar bien, era tener un libro, un buen chocolate y estar en el campo al aire libre. Sentir el viento, ver como las flores se movían o simplemente como florecían, era algo demasiado precioso.
No tenía una flor favorita, todas las flores eran hermosas a su manera, tenían ese encanto que las hacían a cada una de ellas única.
Mi padre me decía siempre que era como una flor, tenía una belleza sin igual, una belleza que hacía que fuera única, no era solo porque era bella por fuera como siempre me expresaba mi madre. Mi padre decía que también era bella por dentro, que era como un sol que iluminaba todo a su paso.
Me solía decir que tenía un buen corazón y papá no se equivocaba supongo. Siempre me gustaba ayudar a los demás en todo lo que pudiera, me gustaba ver a la gente feliz aunque yo estuviera mal.
Para ser una niña tan pequeña solía poner al resto antes que a mí, prefería que la otra persona estuviera bien y contenta aunque yo no estuviera bien.
Incluso con mis hermanos solía pasar, siempre que ellos querían jugar a algo que yo no quería, debía callarme y aceptarlo aunque no amara la idea, siempre fue así y mi padre se había dado cuenta de eso en numerables ocasiones.
—Cariño, ¿podemos hablar un segundo? —levante la mirada de mi corona de flores para ver a mi padre con una pequeña sonrisa.
—Claro que si papá —deje la corona para poder verlo, él se sentó a mi lado y me agarro de la mano con cuidado.
—Cariño sé que eres una buenísima persona, eso se sabe desde siempre. Pero no puedes seguir así porque con el tiempo llegaras a estar mal, porque no dices como te sientes realmente o porque no expresas tus ideas. Sé que es difícil cariño, pero no puedes dejar que nadie te pisotee o te silencie. Si a ti no te parece bien debes decirlo, si no quieres hacer algo también debes decirlo princesa. No siempre debes complacer a todo el mundo, tienes ideas increíbles y el mundo debe verlas.
—Pero papá... —susurre.
—Sé que es difícil, yo era así hasta que me di cuenta de que no siempre debían ser los demás, lo importante es que tú te sientas bien y si quieres hacer algo, hazlo sin ningún problema. El resto se puede ir, perdona a papá por la palabra —se acercó a mí—, pero se pueden ir a la mierda —solté una pequeña risa, papá no era de decir malas palabras delante de nosotros.
—Prometo intentar cambiar papá —susurré y él me sonrió mientras me acercaba a él para abrazarme.
—Lo sé cariño, pero lo harás poco a poco y papá estará ahí para ayudarte.
—¿Me lo prometes? —me abrazo muy fuerte.
—Te lo prometo.
Desde ese día intenté cambiar un poco esas costumbres, pero era dificil aunque papá había dicho que andaba mejorando.
—¡Leah! —levante la mirada de mi libro para ver a Marlene correr hacia mí con una gran sonrisa.
—¡Marls! —le dije con el mismo tono y con una gran sonrisa mientras me levantaba para abrazarla, yo y ella éramos demasiado unidas. Siempre estábamos la una para la otra sin importar nada. Ella siempre sería mi otra mitad al igual que Anthony.
—Vamos al río a mojarnos los pies —la miré.
—¿Papá lo sabe? —ella asintió con una sonrisa— Bien, vamos —sonreí y Marlene me agarro de la mano feliz y juntas fuimos hacia el río. Al llegar no había mucha corriente, pero las dos sabíamos nuestros límites así que con cuidado metimos nuestros pies en el agua con una sonrisa.
—Voy a meterme un poco más —la miré un poco asustada.
—Marls no —ella me ignoro y se metió aún más en el agua, yo seguí en mi sitio mientras la veía preocupada.
—Mira Leah no pasa nada —Marlene siguió caminando como si nada entre las rocas resbaladizas del río y yo tenía un poco de miedo porque podría hacerse daño.
De un momento a otro, Marlene se resbaló cayéndose haciendo que yo corriera hacia ella. Llegue hasta ella y de pronto la corriente se hizo un poco más fuerte, no era muy largo el recorrido del río, ya que a poca distancia estaba el lago. Marlene se encontraba llorando mientras las dos nos abrazábamos. Como pude intente sacarla pero era difícil. Estaba preocupada y nerviosa hasta que de repente vi una rama lo bastante fuerte para que Marlene pudiera sujetarse.
—¡Marlene la rama! —las dos estábamos desesperadas porque nos estábamos ahogando por la corriente y nosotras no éramos tan fuertes. Marlene asintió con miedo y como pude hice que llegara con éxito a la rama y cuando yo quise hacerlo la corriente me alejo haciendo que me golpeara en la cabeza.
Era como si de pronto todo se me hiciera lejano, ya no estaba peleándome por salir, estaba dejando que la corriente me llevara, tal vez fuera por los golpes que estaba sufriendo y por el golpe en la cabeza.
—¡LEAH! —logré escuchar el grito desesperado de Marlene— ¡Papá! ¡Mamá! —pero cada vez me estaba alejando aún más de ella y dejé de escucharla.
Deje que el agua me llevara, aunque intentara luchar por aire era casi imposible así que deje de luchar. Mis pulmones pedían oxígeno, pero yo ya no tenía fuerzas, así que deje que el agua me hundiera. Me dolía demasiado la cabeza, estaba demasiado segura de que era un buen golpe, tenía miedo, tenía miedo de que papá no me encontrara.
Odiaba demasiado esta sensación, odiaba pensar que tal vez mi padre no me llegara a encontrar. No quería morir, aún tenía que disfrutar con mi familia, aún debía aprender nuevas cosas, pasar tiempo con papá...
Con las pocas fuerzas que me quedaban volví a salir a la superficie.
—¡MARLENE! ¡PAPÁ! —mi garganta ardía con cada grito de auxilio que pegaba, no veía a Marlene por ninguna parte y me esperaba lo peor. Esperaba que ella ya estuviera a salvo y que papá la hubiera encontrado.
Siempre pondría la vida de mis hermanos en primer lugar sin importar nada, ellos eran más importantes que yo. Tenía mucho miedo y esperaba que esto acabara pronto.
Volví a hundirme y esta vez ya no tuve más fuerzas para salir, simplemente cerré los ojos y dejé que la corriente me llevara.
Mason McKinnon
Estaba con Melissa tomando un café hasta que de pronto oímos un grito a lo lejos que conocía perfectamente. Mire a mi mujer preocupado y ella estaba demasiado asustada. Los dos nos levantamos corriendo hasta donde se oía la voz de Marlene angustiada.
—¡LEAH! —vi a unos metros a Marlene sujetada a una rama llorando desconsoladamente.
—¡Marlene! —grito Melissa mientras Anthony también se encontraba detrás de nosotros preocupado. Busque con la mirada a Leah, pero ella no se encontraba en ningún lado, corrí con miedo hacia Marlene y la saque de ahí mientras la abrazaba fuerte.
—¿Y Leah? —le pregunté asustado mientras Melissa y Anthony se acercaban. Mire a Marlene para ver si tenía algún daño.
—La corriente la arrastro, me salvo papá —susurro llorando, sentí como si la vida dejará mi cuerpo, estaba aterrado, no podía perderla. De pronto escuché un grito muy lejano sabiendo que era la voz de mi princesa.
—¡MARLENE! ¡PAPÁ! —me levanté de inmediato dejando a Marlene con Anthony y su madre. Empece a correr demasiado rápido para encontrarla, necesitaba encontrarla.
—¡LEAH AGUANTA! —lloré mientras corría, no podía perderla.
De pronto la vi a lo lejos, y asustado me metí al agua y deje que la corriente me llevara hasta ella, cuando por fin la alcance la agarre en mis brazos aunque ella no reaccionaba y no paraba de sangrarle la cabeza.
Llorando y con todas las fuerzas salí del río con ella en brazos y empece a ir hasta donde estaban los demás mientras la miraba.
—Vamos mi niña reacciona —susurré con la voz rota.
Llegue con los demás y todos ellos me miraron preocupados y con lágrimas en los ojos, pero seguí cambiando hasta casa y al llegar Melissa y yo fuimos a su habitación.
—Mason —susurro ella.
—Ella va a estar bien —susurré dejándola con cuidado en la cama. Melissa empezó a curarle la herida de la cabeza mientras yo agarraba de la mano a Leah.
Ella no respiraba y no quería eso, no quería perderla a ella. Era mi pequeña princesa, mi compañera de aventuras, ella aún debía vivir su vida. Su madre siguió curándola hasta que empezó a reanimarla y yo solo rezaba para que por favor volvería con nosotros.
Melissa no dejo de intentarlo hasta que de pronto un milagro ocurrió, ella empezó a toser el agua que tenía.
Lo último que susurro antes de caer rendida de nuevo fue.
—Papá.
𝐍𝐎𝐓𝐀 𝐃𝐄 𝐀𝐔𝐓𝐎𝐑𝐀
Aquí os dejo el segundo capítulo de Hold You.
Ya habéis descubierto uno de los miedos escondidos de Leah, sinceramente lloré demasiado escribiendo este capítulo.
¿Qué os ha parecido?
Recordar que os amo❤
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