Capítulo II
—¿Aún no la encuentran? — los niños se encuentran mirando la casa de los Madrigal, en medio de la fría brizna —Desde hace días que la buscan, pero no aparece— cabizbajos no saben qué hacer para ayudar—¿Y si algo le ha pasado? — el imaginar que no la verían de nuevo, era alimentado por los días oscuros por las tormentas y lluvia constante que solo se calmaba por momentos sin poder ver la luz del sol.
—¿Por qué se fue? — ninguno de ellos no quería creer que esto estuviera pasando en su comunidad. Después de todo era parte de los Madrigal, son invencibles y fantásticos. ¿Quién no quisiera ser parte de ellos?, de una familia mágica. —Deberíamos estar buscándola como lo hacen los adultos— caminan entre las calles vacías, mirando cada casa solitaria sin una luz que alumbre dentro —Sabes que no lo permitirán— uno de ellos asintió — Además ni si quiera deberíamos estar fuera— la lluvia empezó a caer de nuevo, levantaron sus rostros al cielo, hacia las oscuras nubes. Aquello significaba que Pepa estaba alterada, ¿Abra encontrado algo?
Comenzaron a mirar a las montañas tras de la casa de la familia Madrigal, observando pequeñas luces en distintos puntos de cada uno de las montañas. Todas iban hacia arriba. Entonces la lluvia empezó a ser más fuerte, así que se refugiaron bajo del balcón de la familia Gonzales — Se mojo mi vestido— lloraba preocupada una de ellas — No eres la única, así se darán cuenta los adultos que los desobedecimos— pero uno de ellos enchuecaba su boca y fruncia su rostro — Eso no importa— se abrazó así mismo al sentir la fría brisa — Algo anda mal. Escuche a los adultos ese día— llevaba en mente lo que había pasado ese día después de que Antonio había cumplido 5 años.
—Los adultos estaban preocupados por la magia, escuche que en el pueblo las cosechas parecían enfermar, que aparecían grietas no solo en su casa de ellos si no en varias partes de las calles y las casas de algunos del pueblo— uno de los niños levanto la mirada apenas escucho aquello — En mi casa, pareció una grieta, fue extraño, nunca había visto una, tampoco mi mamá—
—Yo escuche que ella se fue porque no tiene un don— levanto un poco la voz una de las más pequeñas del grupo, con la tristeza en su mirada—Mi papa comento que la señora Alma la corrió del Encanto y por eso ella no la busca— los pequeños, en silencio solo pensaban en todo lo que había pasado entre esos días —Yo escuche a las amigas de mama hablar sobre que ella fue maldecida—
—¡¿Maldecida?! — todos gritaron al mismo tiempo —¿Quién la maldijo? — todos estaban intrigados, así que miro alrededor de que ninguno de los adultos haya regresado y estuviera cerca — Escuche el nombre de Bruno— todos se asustaron — Me da mucho miedo —
—Silencio, escucho pasos— los niños se quedaron quietos, mirando a dirección de la casa de la matriarca. Aun con la lluvia fuerte, no podían correr a sus casas sin mojarse, congelados esperaban ver quien era, y quien sería el desafortunado que sería castigado — ¿Y si es él? — uno de los niños levanto el candil que sostenía una pequeña vela, para alumbrar más —¿Quién? — a pesar de que su temor ya le decía en quien pensaba su amigo, algunos no querían escuchar la respuesta y otros solo temían que fuera un familiar suyo —A quien no podemos nombrar— aquello lleno más de temor sus corazones —¡¿Te puedes callar?! No es gracioso— los pasos eran más fuertes y solo cerraron sus ojos.
—¿Qué hacen fuera niños? — al voltear se encontraron con Dolores que caminaba sola entre las calles. Por su cabello despeinado y aplastado por la humedad y su vestido escurriendo de agua, podían deducir que llevaba mucho caminando. El verla a ella los alivio, logrando respirar el aire que habían contenido.
—¿Vienes de buscar a Mirabel? — uno de ellos se atrevió a preguntar —¿Encontraron algo? —otro de los infantes salto al frente —¿La encontraron? — estaban ansioso por saber —¿Ella está bien? — pero eran tantas preguntas sin una pausa, que ella tapo uno de sus oídos y estiro su mano, para que se detuvieran. Gritaban muy fuerte, para ella.
—No lo sé— los niños se quedaron en silencio, sin entender lo que había dicho ¿Acaso su oído no permitía que ella supiera? Ellos se miraron entre si con dudas. —¿No escuchas a los adultos en las montañas? — una de las niñas se atrevió a preguntar —¿Perdiste tu don? — su pregunta había sido en base de los rumores, quizás la magia se había perdido y no lo sabían.
—¿Qué? No, no he perdido mi don— alivio a los niños — Pero no creo que sea tema para ustedes— ella retrocedió nerviosa, mirando que la calle se había vuelto más oscura —Por favor Dolores, solo queremos saber si Mirabel está bien—los niños seguían suplicando, mientras ella trataba de negarse.
— Vayan a sus casas— ella estaba por seguir su camino — ¿Por qué no estas buscando como los demás adultos? — la pregunta la detuvo y en un suspiro comenzó a jugar un poco con sus manos —Respira, respira— se repetía en su mente —Ustedes no pueden estar fuera, deberían estar en sus casas— miro a los niños, cuando ella miro hacia las montañas preocupada y cubrió sus oídos con fuerza.
—¡¿Qué paso?! — ellos salieron a la lluvia para acercarse a ella y rodearla, ella seguía cubriendo sus oídos cerrando con fuerza sus ojos, no quería seguir escuchando, no más, ya no.
—¡Silencio! — los niños retrocedieron, y ella seguía suplicando —¡Por favor ya basta! — ella presionaba con fuerza, pero aun escuchaba —Ya no sigas— los niños se miraron.
—¿Escuchas a Mirabel? — de alguna extraña forma esa pregunta callo por un instante todo el ruido de su alrededor, al sentir el frio recorrer su espalda —¿Cómo? — ella levanto su vista para darse cuenta que estaba en el suelo y ver a uno de los niños frente suyo —¿Escuchas a Mirabel? — ella se levantó —Porque si la escuchas, eso significa que está bien, y que la pueden encontrar más fácil— el pequeño estaba entusiasmado al igual que los demás.
—No— de inmediato contestó —No puedo escucharla— quería dejarlo claro, no quería que le siguieran insistiendo. Ya no más — La deje de escuchar hace días— todos quedaron en silencio, por la sorpresa, sus pequeñas mentes estaban asimilando la noticia y uno de ellos empezó a llorar — ella no puede estar muerta— los que aún no podían conectar, o simplemente no querían, no podían asimilar esas palabras —¿Mirabel muerta? —
—¿Por eso no la buscas? — ella se quedó callada, — ¿Está muerta? — pero solo los miraba, y aquello era frustrante para el mayor de ellos — Los adultos la siguen buscando ¿Y no dirás nada? —
—Es mejor que se vayan a casa— aquello lo hizo enojar más, no entendían como es que podía ser tan indiferente a su prima —Cuándo la dejaste de escuchar ¿Al menos lloraste? — el pequeño empezaba a derramar lágrimas, para ver que todos estaban llorando. Pero ella solo estaba ahí. —Los adultos bajan de las montañas— ella lo dijo sin mostrar algún sentimiento mirando como las pequeñas luces empezaban a apagarse — No tardaran en llegar, así que es mejor que estén en sus casas— no entendían como podía estar tan tranquila —¿La señora Julieta lo sabe? — ella suspiro, sintiendo que aún puede escuchar gritar a su tía al saberlo. Tiene en mente, cada mirada, cada palabra, el llanto y los gritos. Recuerda como la sostuvo del olán de su blusa y le gritaba que era una mentirosa.
Los niños esperaban una respuesta, pero les dio la espalda y empezó a caminar a las montañas contrarias de su hogar. Camino hasta llegar a orillas del pueblo y se sentó entre la hierba mojada mirando a la montaña, cerro sus ojos y coloco su mano en su oído.
—Mentirosa— siempre la habían llamado así. Su mente se llenó del pasado.
—Lo hago por ella— siempre era por ella. Todo lo malo y lo bueno, siempre era Mirabel. Cerro sus ojos mientras empezó a llorar, sentía un vuelco en su corazón, le dolía todo esto — Lo siento Mirabel— podía escucharla respirar con dificultad, sus pasos cansados y torpes, la escuchaba tropezarse y caer, la escuchaba ahogar el dolor que eso le provocaba mientras Dolores suplicaba ya no tener que escucharla sufrir así —Regresa a casa— presionaba su vestido entre sus puños, cansada de tener que escucharla en silencio —¡Mirabel! — grito, siendo silenciada por los truenos de la tormenta.
—¡Mirabel! — se escuchaba los pasos de la gente del pueblo —¡Mirabel! por favor Mirabel, vuelve a casa— Julieta seguía sin descanso, a luz de un candil a poco de apagarse. Sus zapatos llenos de lodo, su ropa mojada y sus ojos ojerosos y cansados que empezaban a notarse.
La lluvia empezaba a ser más fuerte, y la gente empezó a bajar de la montaña —Tía Julieta, debemos irnos— Camilo se acercó a ella, pero no le escuchaba, a pesar de que la sostuvo de su brazo un momento, seguía avanzando —Julieta, tenemos que irnos— Agustín venía bajando cuando vio que la vela del candil se apagó —No has bajado en estos días, no puedes seguir— ella miraba lo que quedo de la vela.
—Tienes razón, debo bajar y buscar otra vela— entre ambos sostuvieron de sus brazos para ayudarla a bajar.
—¿Encontraron algo? —se cruzaron con un grupo, pero ellos lo negaron.
—Ni una huella— dijo una de las mujeres—Creemos que hay que seguir en las montañas del Este— para ver a Julieta —Seguro que encontramos algo— mostró una sonrisa para dar consuelo a los Madrigal.
—¿Dónde está mi niña? — se preguntaba Julieta—Debo encontrarla—Intento regresar, pero la detuvieron con cuidado —Debe de tener frío y miedo— Agustín la abrazo con fuerza —Nunca ha estado sola ¿Y si algo le paso? — Camilo vio su candil aún con luz y suspiro.
—Ve a descansar tía, daré un último vistazo— empezó a subir de nuevo, girando un poco la cabeza para estar seguro que ella estaba bajando.
Al ir subiendo más, pudo notar que había otros que como él seguían, aunque no fueran muchos, seguían gritando el nombre de su prima —¡Mirabel! — al igual que ellos seguiría hasta que su candil se apagará.
—¡Mirabel, regresa! — escuchaba unos gritos entre sollozos —¡Mirabel! — se detuvo un momento para buscar el origen de la voz —¡Mirabel! ¡Perdóname! ¿Sí? — cuidaba cada paso que daba, al ser el camino cada vez más difícil y empinado —¡Mirabel! —
—¿Luisa? — poco en poco, algunas luces fueron apagándose —¡Luisa! — la escuchaba, pero no lograba verla entre la oscuridad —¿Dónde estás? — seguía avanzando revisando tanto el piso como su alrededor con el candil, solo divisando a un señor ya mayor bajando con la vela terminada, al cruzar sus miradas el hombre poso una mano sobre su hombro y negro con la cabeza, para seguir bajando —Luisa, debemos irnos—
—¡Mirabel! — no dejaba de gritar —Aun no, debo encontrarla— Camilo trataba de seguir su voz, pero era complicado por los demás gritos que se entrecruzaban —Yo debía cuidarla, era mi responsabilidad— se detuvo al ver que la luz de su candil empezaba a acabarse —No importa si tengo que subir la montaña, para poder encontrarla — trataba de apresurarse, pero empezó a ser resbaloso por el lodo, casi teniendo que usar una de sus manos para apoyarse entre las piedras y poder subir.
Su candil se apagó, quedando a oscuras en medio de las pequeñas luces que igual se extinguían. —No puede ser— se detuvo para mirar a su alrededor esperando que sus ojos se acostumbren a la oscuridad, logrando notar solo la silueta de lo que le rodea —Es imposible subir hasta arriba— colgó en su cinturón el candil y con ambas manos empezó a subir —llevamos casi una semana subiendo y aun no llegamos a la mitad de la montaña— ya era mucho haber perdido a Mirabel, no podía dejar que ahora ella se perdiera —Es imposible que Mirabel las cruce— ya no sentía sus manos por el frio de la humedad —¡Perdí mi don!— Luisa se sentía inútil, débil y frágil, había llorado tanto que había dejado abandonada a su familia —ya no soy fuerte, ya no sirvo para la familia, ni a la comunidad— no importaba que tanto frio sentía, o que no pueda ver, no importaba que Camilo la llamara —Lo único que puedo hacer es buscarla —
—¿Y si te pierdes? — tenia que encontrar la forma de convencerla, de hacerla regresar, pero ella ya no le respondió —¡Mirabel! — sus tíos ya habían bajado y no había forma de llamarles. Si baja para avisarles, podría perder a Luisa también. Pero mientras lo pensaba se resbalo al pisar una enorme roca lisa, al tratar de sostenerse de otra roca que se encontraba a su lado, se resbalo por la humedad y se corto la mano —¡Luisa! — grito asustado y empezó a caer mientras gritaba, trataba de agarrarse de donde podía, un árbol, arbustos, alguna rama, lo que fuera, pero solo sentía su cuerpo golpearse con las rocas y los árboles que estaban de bajada hasta que impacto con un tronco de espaldas que detuvo su caída. Se quedo un momento en el suelo confundido por el dolor. No tenía idea de lo peligroso que era subir, es realmente imposible que Mirabel suba —¡Camilo! — trataba de sentarse mirando sus manos moreteadas —¡Genial! — se limpiaba el lodo de su rostro, sintiendo que le dolía —¡Camilo! — mirando que había sangre acompañando el lodo de su rostro —¡¿Dónde estás Camilo?! — su ropa parecía haberse ensuciado toda y había perdido el candil —¡Aquí estoy! — trato de levantarse despacio, apoyándose del árbol —¡Estoy bien! — se enderezo para sentir un fuerte dolor en una de sus piernas, y ver que no podía apoyarla.
No veía a nadie a su alrededor, no había luces, nada. Se volvió a dejar caer para sentarse aguantando el fuerte dolor que le provoco. Con la mirada, intentaba ver donde estaba, y donde había caído el candil, pero no veía más que siluetas, al mirar arriba, solo veía las nubes y sentía la lluvia caer en su rostro —Mama aún debe de estar buscándola— en su mente apareció la imagen de la última vez que vio a su prima, y el temblor que despertó a todos —¡¿Cómo es que nadie reviso su cuarto en ese momento?! — agacho la cabeza sin poder entender lo que pasaba por la mente de todos en ese momento—¿Cómo es que no pensé en revisar si ella estaba bien? — su brazo le dolió bastante al levantarlo —¡Mirabel! — empezó a gritar —¡Mirabel! ¿Dónde estás? — no pudo haber ido tan lejos ¿o sí? —¡Mirabel! — recuerda como su tía salió corriendo hacia la puerta, gritando por Mirabel con una carta en su mano —¡Mirabel! ¡tienes que regresar! — parecía ver mucha sangre. Entonces fue que escucho unos pasos en los arbustos que había a su lado, algo parecía moverse y solo estiro su mano.
—Camilo— alcanzo a ver a alguien frente de él saliendo entre los árboles —¿Mirabel? — al acercarse más pudo ver mejor —Luisa, ya no te escuchaba — ella empezó a revisarlo y su rostro le hacía pensar que tal vez no esta tan bien como el piensa —¿No me escuchabas? — ya no la había escuchado gritar, eso pareció confundir a Luisa —Te estuve llamando— ella se levantó sintiendo una mirada sobre ellos, creyendo que pudiera ser alguien que se le apago su vela, lo ignoro —Te pude encontrar cuando empezaste a llamar a Mirabel— comprendió que se había desconectado de todo —¿Te puedes levantar? — el asintió y con ayuda de Luisa se levantó —Apóyate en mi— ella le ayudo a andar, para empezar a bajar paso a paso, también sosteniéndose de los troncos que Camilo alcanzaba.
Mientras una oscura silueta de pies descalzos y llenos de lodo se encontraba entre los arbustos de cuclillas, escuchando aquellos pasos alejarse lentamente, su boca estaba torcida, mordiendo su labio inferior. Su rostro húmedo goteando por el agua de su cabello, se asomó al levantarse y dar unos pasos. Miraba hacia ellos bajar, casi perdiéndose de su vista entre la oscuridad de la noche, entre un profundo suspiro les dio la espalda y empezó a subir sintiendo como sus pies se enterraban en el frio lodo. Se detuvo al ver un candil en su camino, miro atrás creyendo que era de uno de ellos, lo recogió para revisarlo, los vidrios se habían roto y uno de ellos solo estaba quebrado, sin embargo, le parecía útil, rompiendo un olán de su vestido lo uso para amarrar de la agarradera del candil a su cintura, acomodo sus lentes verdes al cubrirse con el chal su cabeza —Lo siento Camilo, no puedo regresar— .
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Creo que sera algo dificil el subir los capitulos, en serio crei que no podria, pero por fin lo tengo y aqui se los dejo.
Disfrutenlo y hasta la otra.
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