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Andrés

Eran las 6:10 am cuando escuché la voz de mi hermana Karen llamándome para irnos al colegio.
—¡Andrés! ¡Andrés! levántese que ya van a ser las siete—Dijo ella.
—Ya voy, ya voy, ¿ya estuvo el café? vaya compre los panes— Dije.
Me dirigí hacia el baño aun soñoliento, sin ganas de ir a estudiar por la tarea de matemáticas que no había hecho y que tocaba a las dos primeras horas. Ya habían pasado unos 10 minutos en los que me quedé pensando en el tipo que me amenazó ayer cuando me dirigía a la casa de Kevin, el nuevo del salón. El tipo me preguntó en que sector vivía, tenía tanto miedo, pensaba tanto en qué responderle que al final no pude decir nada, pensaba solo en huir. Él terminó diciendo que si volvía a verme en su sector me iba a sacar sangre y que ya sabia que los sapos mueren aplastados y bruscamente me quitó una cadena que me había dado mi abuela el día de mis cumpleaños. Escuché el grito de mi mamá diciéndome que necesitaba el baño, que prendiera ya el chorro.

Ibamos con mi hermana para el parqueadero donde nos recogía el bus a las 7:00 am. Desde que salí del baño no dejaba de pensar en el tipo de ayer, en su cara llena de granos con un pómulo hinchado, en las heridas de sus brazos que parecían quemaduras, tenía la piel oscura, un poco mas oscura que la mía, y portaba un corte de cabello exótico con un tinte mono. El bus llegó y de nuevo volví de aquel mal recuerdo. Cuando subíamos al bus observé esos típicos rostros, los de esos que se creen los más malos porque hacen Bullying, los de las muchachas de bachillerato que creen que son las mas irresistibles, los de los llamados bobos o nerd y el del que no habla. Así mismo esos grupos se ven en los salones. No sé a qué grupo pertenecía, creo que a ninguno.
—Andrés, no vino a estudiar Kevin— Dijo Karen
—Si, ya lo noté— dije con una mirada picara y juguetona. Hace dos días me había confesado que en cuanto vio a Kevin le pareció un tipo apuesto.
—¡Bobo! —Dijo ruborizándose.
—Él es muy mayor para usted— Dije. Ella me miró y no dijo nada. Mi hermana tenia apenas trece años, pero parecía de dieciséis. Tenía pechos más grandes que las niñas de su edad, su piel era oscura y su pelo crespo hacía que se llevara las miradas de los malandros y los viejos borrachos de la cuadra. Al llegar al aula, volví a ver los típicos grupitos. Me dirigí a mi pupitre y noté que la profesora no había llegado. Pensé en pedir copia de la tarea a Carmen. A ella le decían la pálida por su color de piel extremadamente claro y era una de las mejores en rendimiento académico.
—Hola, Carmen —dije sonriendo —. ¿Usted hizo la tarea de matemáticas?
—No, no la hice—Respondió con un gesto de desagrado.
—Ay, venga, yo sé que usted la hizo— Le rogué.
—Mmm, bueno, pero ¡no le vaya a dar copia a nadie! — Dijo un poco molesta.
En cuanto me iba a pasar el cuaderno, la profesora de matemáticas cruza el umbral, saluda y se sienta directamente a llamar a lista. Infortunadamente soy el segundo. Pensaba rápidamente en una excusa, iba a decir la que normalmente se usa (se me quedo el cuaderno), pero recordé a Kevin quien no había ido a estudiar.
—Alzate —dijo la profesora— La tarea, señor—.
—Profesora... Le preste el cuaderno a Kevin y el no vino a estudiar— Dije.
La profesora suspiró y me dijo que me daba plazo para entregarla —supongo que tuvo un buen fin de semana—y me pasó un taller que Kevin tenía que realizar para pasar los dos periodos pasados.

El resto del día estuvo más aburrido de lo habitual. En descanso, no vi en la cancha de fútbol a los jóvenes que con todos querían apostar, la verdad eran bastante buenos, casi siempre voy a ver como juegan. Tampoco estaban los que manejaban la radio escolar, ni hubo ninguna pelea. Fue un día muy silencioso y calmado.

De vuelta a casa en el bus vi a través de la ventana a un vago reciclando, a una señora de edad cuidando su tienda y a un joven fumando cigarrillos. Instantáneamente pensé en aquel tipo, también pensé en aquellas advertencias que me había dicho mi madre, que no anduviera lejos de el sector, sabia que el barrio era muy peligroso, me dijo que con 15 años era muy alto para mi edad, medía 1.85 y era muy corpulento y me podían confundir. Mi tía decía que tenía apariencia de sicario, todos sabían que era todo lo contrario.

Al llegar al parqueadero, Karen fue donde unas compañeras a acomodar una fiesta sorpresa. Fui caminando a casa solo y unos metros antes de llegar a casa me encontré con Emely. Emely es la de la tienda de la esquina, creo que todos en mi casa sabían que me gustaba, aveces no paraba de hablar de ella sobre qué hacía y que no, y tampoco paraba de hablar de su belleza, o bueno, lo bella que me resultaba a mí, su hermosa piel morena, su cabello crespo y unos brillantes ojos marrones. Sin duda era la mas hermosa, la mas hermosa para mí.
—Tiempo sin verla —empecé a decir —. ¿Donde había estado, señorita? Ayer la fui a buscar.
—Estaba en el hospital, visitando a mi abuela, ¿por qué? ¿Para qué me necesitaba?— Respondió.
—Pues no sé... Solo quería hablar con vos, me dijo tu mamá que te vas a vivir con tu papá— Dije dejando escapar un suspiro.
—Si es verdad, mañana él viene por mi—Dijo.
Noté algo de tristeza en su rostro, ya me había dicho lo aburrido que es donde vive su papá y los pocos amigos que tiene allá. También me dijo por qué se iba y por qué no quería irse. Ya sabia que ella me atraía de cierto modo.
—Vea —comenzó a decir—. Nos vamos a volver a ver, ¿no?
—Nunca se sabe cuanto tiempo nos queda de vida— Dije con ojos que asomaban lágrimas.
Me miró sonriendo con ojos que también advertían ganas llorar.
—Nunca se sabe cuanto tiempo nos queda de vida. Dijo y me besó.

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