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Vacaciones de ensueño

Me levanté esa mañana con un fuerte malestar, estaba mareado, sentía náuseas y me dolía tremendamente la cabeza... ¡No debí haber bebido tanto!

Recordaba vagamente lo que había ocurrido anoche: mis besos con esa chica que acababa de conocer, los "celos" de Lionel, que lograron confundirme aún más; Dani y Adriano llevándome a cuestas hacia mi auto, pero sobre todo, Leo trayéndome a casa, cargándome como un niño, protegiéndome, bañándome, desvistiéndome y vistiéndome... Un momento... ¿Leo me vio desnudo? Me sonrojé al instante.

Volví a la realidad para poder tomarme una pastilla para el dolor de cabeza, había tenido un sueño muy extraño esa noche: soñé que Leo me había dado un beso en la frente para dormir y me susurraba que me amaba. Me emocioné con sólo pensar esto, a pesar de todo, yo aún lo amaba, sin embargo, no quería sufrir más con este enredo, con sus mensajes confusos, sabía que él nunca me amaría, tenía que aceptarlo y aprender a vivir con ello.

Ahora que reflexionaba... ¡Llegaron las vacaciones! La que, en mi opinión, era la mejor de todas: la Navidad. Tenía planeado ir a Brasil y estar con mi familia, tanto tiempo lejos y con todo lo que ha pasado me hacía añorarlos aún más. Necesitaba su apoyo para dejar todo este episodio de Leo y yo atrás.

Primero tuve que cumplir con unos compromisos con mis patrocinadores, ya saben, sesiones de fotos, publicidades y esas cosas, la verdad es lo que menos me interesa, sólo quiero jugar al fútbol, aunque, debo admitir que también me divierto haciéndolas. Después de esto, cuadré con Dani y Adriano para viajar juntos a Río, donde nuestras familias y amigos nos estarían esperando con ansias.

El vuelo fue bastante largo, lo bueno fue que estuvimos haciendo bromas la mayor parte del tiempo, era divertido estar con ellos, me hacían olvidar a Leo... a quién engaño, esto era una tarea imposible.

Fui recibido en el aeropuerto de Río de Janeiro por mis padres, mi hermana y...

- ¡Lucca! ¡Meu filho!–exclamé de felicidad al ver a mi amado hijo correr hacia mí, yo lo cargué y lo abracé con fuerza.

- ¡Papai! ¡Te extrañé mucho! –dijo sonriendo al tiempo que le acariciaba su linda melena dorada.

- ¡Eu também! ¡No tienes idea cuánto! –dije besando su mejilla y poniéndolo en piso.

Lo tomé de la mano y nos dirigimos junto con los demás al estacionamiento. Allí me despedí de Dani y de Adriano y me subí a mi camioneta con mi familia para dirigirme a casa de mis padres... ¡Hogar, dulce, hogar!

No tienen una idea de cuánto me hacía falta Brasil, su clima tropical, sus playas, la samba, todo, estar de vuelta era un placer. La casa de mis padres lucía exactamente igual que antes, acogedora e iluminada, lo único cambiante eran las decoraciones navideñas, entre ellas un enorme árbol de Navidad en el centro de la sala, donde se hallaban varios presentes.

- ¿Uno de esos es para mí, verdad papai? –me dijo Davi con sus ojitos tiernos refiriéndose a los regalos.

- Claro que sí mi niño.

- Entonces... ¿puedo abrir uno? –preguntó con inocencia, esto me hizo reír.

- Aún no, debes esperar hasta Navidad, ¿vale? –sonreí al tiempo que Lucca hacia un pequeño puchero, yo le besé la frente y lo cargué de avioncito para luego desplomarnos en el sofá de la sala, ambos reíamos a carcajadas.

- ¡Qué bueno! ¡Ahora tenemos dos niños en casa! –bromeó Rafaella acercándose a nosotros y sentándose en el sofá- ¡Pero tú eres mi consentido! ¿verdad Davi? –dijo apretándole los cachetes.

- ¡Así es tía! –exclamó dándole un gran abrazo- ¿Puedo ir a jugar afuera papai?

- Claro que sí mi niño, si quieres más tarde te alcanzo, después de hablar con tu tía Rafa ¿sí?

- ¡Sí! –gritó Davi con efusividad, eso me hizo reír, el infante se fue al patio felizmente mientras yo dialogaba con mi hermana.

- ¿Cómo ha estado Davi? Cuéntame, ¿Carolina no ha protestado porque va a pasar vacaciones conmigo verdad?

- Sabes que no Ney, ella nunca hace eso.

- Es para asegurarme, es todo.

- ¿Y tú? ¿Cómo has estado? La última vez que te vi no estabas muy bien que digamos... ¿Volviste a sufrir por Leo? Quiero la verdad –expresó seria, emití un suspiro.

- Para que te voy a mentir si sabes que la respuesta es sí... pero eso es siempre.

- No me gusta verte así Juninho... ¡Voy a matar a Leo!

- No lo hagas –reí para luego emitir un suspiro- Yo soy quien debe olvidarse de él.

- ¡Él no tiene derecho a confundirte tanto! ¡Él te besó! –exclamó al tiempo que yo le hacía señas con la cara para que hiciera silencio, mis padres aún no se enteraban que su hijo era gay y ese no era el mejor momento para decirles- Perdón, Ney, perdón...

- Descuida, sólo no hables tan fuerte la próxima, ¿sí? –mencioné con una leve sonrisa- Te parece si hablamos luego de esto, quiero jugar con Davi.

Ella asintió y me abrazó, yo me dirigí al patio trasero con mi niño. Pasamos toda la tarde jugando con la pelota y con póker, mi perro. Extrañaba mucho tener a Lucca conmigo, juro que al volver a Barcelona haré todo el papeleo necesario para que vivamos juntos, él es lo más importante para mí, él es mi todo.

Esa noche cenamos en familia como hace tiempo no lo hacíamos, nos reíamos bastante recordando viejas anécdotas, chistes y cualquier cosa que se nos ocurrieran, todo ello me hacía bien, me ayudaba a olvidar los malos tiempos, ellos eran mi mayor tesoro. Más tarde, cuando todos estaban yéndose a la cama para descansar yo fui a acostar a mi Davi en su hermosa habitación con motivos de dinosaurios, él realmente amaba los dinosaurios.

- Papai... ¿tú me extrañaste mucho, verdad? –preguntó Davi con sus ojitos tiernos.

- Claro que sim, meu filho, você é meu coração –le dije al tiempo que besaba su frente.

- Mamá me dijo que te fuiste para jugar al fútbol.

- Así es Davi, jugar al fútbol es el sueño de papi.

- ¡O meu também! Cuando sea grande quiero ser el mejor como tú, papai.

- Sabes que no soy el mejor... -sonreí.

- O melhor é Messi, ¿verdad? –suspiré ante la pregunta, sonreí, todo tenía que recordarme a él.

- Sim, meu filho, o melhor é Messi... -me sonrojé- ¿Sabes? Él es mi compañero de equipo.

- ¿En serio? –me dijo con los ojos súper brillantes- ¿Le puedes decir para que juegue conmigo algún día?

- Claro que sí mi rey, cuando lo vea se lo diré –dije con una sonrisa mientras alborotaba su cabello.

- ¡Qué bueno que sean amigos! –exclamó alegremente, yo bajé la mirada.

- Sí... amigos... -emití un leve suspiro, no quería que el recuerdo de Leo se interpusiera en mi vida a cada rato, lo sepulté y le dirigí una mirada tierna a Davi- Es tarde mi cielo, debes descansar.

- Está bien, eu te amo papai –dijo al tiempo que nos abrazábamos.

- Eu te amo mais meu menino –mencioné con ternura besando su mejilla.

Lucca se quedó dormido casi enseguida, yo me dirigí a mi habitación para descansar, no había tenido tiempo ese día con todas las cuestiones del viaje así que me dormí al instante.

A la mañana siguiente salí de paseo con Lucca muy temprano, lo llevé a un parque temático de dinosaurios que acababan de inaugurar en la ciudad, la pasamos muy bien, adoraba pasar tiempo con mi niño. Estuvimos de vuelta en casa como a eso de las cuatro de la tarde, Davi estaba exhausto así que se quedó dormido en el camino. Mis padres habían salido con unos amigos, Rafa chateaba en su cuarto con no sé quién y yo, pues, estaba viendo televisión cuando recibí una llamada de Dani Alves.

- Eh, irmão, como você está? –preguntó alegremente.

- Tudo bem Dani, tudo bem, com a familia, e você?

- Também, eh, era para invitarte a una fiesta en el club esta noche, ¿qué dices? ¿Te apuntas?

- No lo sé, Dani, No lo sé.

- ¿Sabes? Mejor no confirmes aún, si quieres ir te apareces allí y ya, puedes llevar a quien quieras, ¿te parece? –dijo con una risa.

- De acuerdo, si voy te aviso, ¿qué has sabido de Adriano?

- Nada, parece que se lo tragó la tierra –reímos- A los que si he visto bastante son Oscar y David Luiz, ellos vendrán hoy... ¡Ah! Se me olvidaba, también Leo me ha estado preguntando por ti.

- ¿Ah... sí? –pregunté dudoso, "¿estaba preguntando por mí?"

- Sí, quiere saber cómo estás y esas cosas... ¿Pasó algo?

- Nada... absolutamente nada... -expresé un poco frenético, pensar en él me inquietaba, hacía revolver todo mi interior en un instante, debía relajarme, irme a un lugar feliz- Dani, ¿podemos hablar luego? Saldré a caminar un rato.

- De acuerdo amigo, estamos en contacto, acuérdate de la fiesta, ¿eh? Saludos.

- Igual, cuídate –colgué.

Le anuncié a mi hermana que saldría, ella accedió a cuidar a Lucca mientras no estaba. Debía desestresarme, despejar mi mente, librarme del recuerdo de Leo, eso me hacía daño, ¿por qué estaba preguntándole a Dani por mí? ¿Era otro de sus mensajes confusos? Preferí no darle muchas vueltas, sólo salí de mi casa rumbo a la playa de Copacabana, allí sin duda tendría paz interior.

A esa hora no había mucha gente, así que mi momento no fui interrumpido por algún paparazzi, unos pocos fanáticos que me reconocieron me pidieron fotos, a las cuales accedí gustoso para seguir mi camino hacia la orilla de la playa. Mis pies rozaban el agua, el contacto con la arena era tan refrescante, no hacía calor, una deliciosa brisa marina acariciaba mi cara y mi cabello, el cielo comenzaba a teñirse de naranja mientras el sol se ocultaba lentamente en el horizonte.

- Hermosa puesta de sol, ¿verdad? –mencionó un desconocido a mi lado.

¡Esa voz! ¡Yo la conozco! pero no, ¡imposible! ¡No puede ser él! Me volteé lentamente para comprobarlo y me llevé la sorpresa de mi vida...

- ¡Leo! –exclamé boquiabierto al verlo a mi lado, al observar sus resplandecientes ojos cafés y su linda sonrisa, me quedé sin habla.

- Hola Ney, ¿cómo estás? –dijo mientras yo trataba de salir de mi aletargo, trataba de articular palabras pero no podía, estaba emocionado, ¿qué hacía Messi en Brasil?

- Leo... que... ¿qué haces aquí? –pregunté estupefacto.

- Vine a pasear un rato por la playa –sonrió.

- ¿No deberías estar en Argentina con tu familia? –pregunté extrañado alzando una ceja.

- Me escapé un ratito... Quería verte –mencionó viéndome directo a los ojos, ¡¿qué?!, ¡¿quería verme?! Me emocioné al punto de sonrojarme, sin embargo, permanecí serio.

- ¿Cómo para qué o qué? –interrogué haciéndome el difícil y alzando una ceja.

- Sólo... quería estar contigo –vociferó sonrojándose, yo también me sonrojé, pero traté de mantenerme lo más distante posible.

- ¿Este no es otro de tus jueguitos mentales verdad? Porque si lo es te juro que...

- Shhh Ney, no arruines el momento... -dijo poniendo su dedo en mis labios para hacerme callar, mis mejillas ardieron en ese instante- Mejor sentémonos y observemos el atardecer –mencionó sonriendo al tiempo que se sentaba en la arena y señalaba con la mano el espacio vacío que estaba a su izquierda, yo dudé por unos segundos, apreté mis labios con seriedad, Leo me sonrió- Vamos hombre, no te voy a morder... A menos que tú lo quieras –me guiñó un ojo, yo me sonrojé.

- Eres un tonto... -dije con una sonrisa al tiempo que me sentaba a su lado.

Los dos reímos, no lo voy a negar, extrañaba mucho la sonrisa de Leo, permanecimos en silencio por un rato, observando el hermoso atardecer, sintiendo la arena entre nuestros dedos, el sonido orquestal de las olas, la deliciosa brisa en nuestros rostros, en eso percibí que mi mano derecha se hundía más en la arena, Leo había posado su mano izquierda suavemente sobre ella, entrelazando nuestros dedos, sentí un ligero estremecimiento, mis mejillas enrojecieron a tal punto que parecían querer estallar pero lo mejor sucedió después cuando Leo se acercó más hacia mí y recostó su cabeza en mi hombro; el corazón me palpitaba con fuerza, era la imagen perfecta, todo era armonioso, Leo y yo, el paisaje, una de las escenas más maravillosas que pude haber experimentado. Nos distanciamos cuando el sol se ocultó por completo, dando paso a una incipiente oscuridad.

- Creo que es hora de irnos –mencioné en un suspiro, no quería separarme de él.

- ¿Por qué? –expresó Leo tiernamente, hizo que me derritiera por completo.

- No podemos estar aquí hasta tan tarde... ¿Sabes? Dani dará una fiesta más tarde, ¿quieres ir? –le pregunté sonriendo, rogando que dijera que sí.

- Me encantaría –sonrió, "¡Sí! ¡Dijo que sí!", pensé triunfante.

- ¿Paso por ti?

- Creo que sería lo mejor, no conozco bien la ciudad –ambos reímos.

- Lo sé, ¿dónde te estás quedando?

- En Ipanema, alquilé una casa de playa.

- Bien, pasaré por ti a las nueve, ¿te parece?

- Perfecto... Nos vemos luego Ney –dijo dándome un beso en la mejilla que hizo sacudir mi mundo.

- Nos vemos Leo –éste se levantó y se dirigió a donde se encontraba su auto alquilado estacionado.

Yo permanecí unos minutos allí, acariciándome la mejilla que había besado Leo, total y completamente ruborizado, con una sonrisa imborrable en mi rostro. Después fui a mi auto rumbo a mi casa, una vez allí me arreglé lo más que pude... ¡iba a salir con Leo! Otra vez pero, en esta ocasión, tenía otro tinte, sonaba más a una "cita" que a una "reunión de amigos". Le conté a mi hermana lo que había sucedido, al principio se preocupó, era natural que lo hiciera, aunque después de ver mi emoción se ofreció a ayudarme con mi vestuario, ¡parecíamos un par de adolescentes! Llevé mi cabello hacia atrás con gelatina, un peinado poco usual en mí, me eché colonia, Rafa me había escogido una guayabera blanca de mangas largas, un pantalón de tela negra y unos zapatos negros... protesté.

- ¿No crees que voy demasiado formal? Este no soy yo.

- ¿Quieres impresionar a Leo o no?

- ¡Claro que quiero! Pero si pudieras darme un poco más de color te lo agradecería mucho.

Sí, como había dicho antes, parecía como si fuese una chica adolescente a punto de salir con el chico que le gusta, sólo que yo era un adulto joven que estaba a punto de salir con el hombre que amaba, no había mucha diferencia. Rafa me eligió una camisa vaquera con las mangas hasta el codo y unas botas militares... ¡Mucho mejor!

Una vez listo, esperé ansioso a que fuesen las nueve para recoger a mi amado, caminaba de un lado al otro dentro de la sala, observando el reloj de la sala con impaciencia, mi hermana me veía asombrada.

- Cálmate, vas a abrir un hueco en el piso –reímos- Nunca actuaste así cuando salías con Carolina, ni mucho menos con Bruna.

Nos carcajeamos otra vez, era cierto, parecía como la primera vez, la idea de salir con Leo me emociona, y mucho, porque no sé qué podría pasar... Sí saben a lo que me refiero. ¡Por fin eran las nueve! ¡Brinqué de la alegría! Le di un beso en la frente de buenas noches a Davi, sin despertarlo por supuesto, y me despedí de mi hermana para salir rápidamente al encuentro con Messi.

Llegué a Ipanema, a la dirección que Leo me había especificado por mensaje de texto. La casa que había alquilado era hermosa, con decoraciones exteriores en vidrio y madera y un hermoso muelle techado de donde se podía saltar a la playa. En la puerta estaba él, lucía bastante guapo con su chaqueta de cuero negro, camisa blanca debajo, jeans azules y zapatos deportivos blancos, se veía simplemente hermoso, parecía todo un chico malo... Ok, me estoy tomando muy en serio este papel de adolescente enamorado.

- Hey Ney –dijo sonriendo al tiempo que se subía al auto, me dio otro beso en la mejilla que me hizo ruborizarme- Te ves bien.

- Tú te ves mejor –le sonreí, se puso rojo como un tomate- ¿Llevas mucho rato esperando?

- Descuida, ya me acostumbré a que siempre llegues tarde a todos lados –nos carcajeamos con fuerza.

Arranqué el auto para dirigirnos al club de Dani en el centro de la ciudad. En el camino íbamos hablando de lo lindo, bromeando, riéndonos y sonrojándonos a cada rato. Aparqué el auto en el estacionamiento de afuera, descendí primero para abrirle la puerta a Leo cuando me di cuenta que ya se había bajado.

- ¿Me ibas a abrir la puerta? –preguntó con una sonrisa.

- Sí, ya sabes, la costumbre –sonreí igual, encogiéndome de hombros.

- No soy una chica Ney.

- Es por caballerosidad.

- Ja, ja, está bien, la próxima vez te dejaré hacerlo.

- ¿Habrá próxima vez? –pregunté alzando una ceja.

- Eso depende de ti –mencionó guiñándome un ojo, me sonrojé.

Nos aproximamos a la puerta, le di mi nombre al vigilante de la entrada y nos dejó pasar, dentro del club el ambiente estaba bastante animado, música, luces, alcohol, una gran cantidad de gente. Miré a Leo, se veía un poco incómodo, sabía que no estaba acostumbrado a ese ambiente, lo tomé de la mano y lo miré a los ojos.

- Tranquilo Leo, todo estará bien, nadie nos conoce aquí –dije con calma, al tiempo que notaba como se sonrojaba.

- ¿Qué me dices de ellos? –me dijo apuntando su cabeza hacia dos sujetos que venían alegremente a saludarnos: David Luiz y Oscar. Le solté la manó inmediatamente, nervioso de que estos dos hubiesen visto algo.

- ¡Neymar! irmão, que bom ver você –expresó Oscar dándome un fuerte abrazo.

- ¡Ney! ¡Qué bueno que viniste! –expresó David detrás del primero- ¿Messi? –mencionó al unísono con Oscar, súper extrañados que el argentino estuviese aquí -¿Eres tú? ¡Qué gusto y qué sorpresa que estés aquí!

- El gusto es mío, chicos –dijo Leo con una sonrisa.

- Pensé que andabas por Argentina... -vociferó Oscar con cierta duda pero no lo dejé terminar, después iba a preguntar cosas que no venían al caso.

- Vino como amigo, lo invité ya que se quedará unos días por cuestiones de trabajo –mentí.

- ¡Ah entiendo! Deben estar relacionadas con la publicidad para el Mundial, ¿verdad? –inquirió David, ambos asentimos- Me imaginé, bueno, nosotros vamos a la mesa con nuestras parejas... ¡Pásenla bien!

- Gracias David, hablamos luego –le dije con una sonrisa.

- Hasta luego Ney –vociferó Oscar un tanto sonrojado dándome un fuerte abrazo- Adiós Leo –lo saludó rápidamente para seguir a David.

Nos quedamos parados por unos segundos, vi a Leo, estaba un poco serio mirando hacia todas partes.

- ¿Qué tienes? –le pregunté alzando una ceja.

- Oscar y tú son... buenos amigos, ¿verdad? Digo, por cómo se abrazan...–expresó serio, sin verme a los ojos, no podía creer lo que veía... ¿Messi celoso?, esto era digno de recordarse, me hizo reír por lo tierno del asunto.

- Vamos Leo, deja los celos... -dije con una sonrisa- Mejor vayamos arriba para agarrar una mesa.

- Está bien... -dijo con la misma expresión.

¡Se ve tan adorable cuando se enoja!, pensé, lo tomé de la mano y juntos atravesamos al montón de gente que estaba en nuestro camino para subir las escaleras y sentarnos en una de las mesas circulares de arriba. La música se animaba cada vez más, tenían un repertorio variado entre electrónica, merengue,baladas, salsa y samba. Pedí unas bebidas para los dos en cuanto nos sentamos, Leo aún continuaba con su expresión.

- ¿En serio vas a seguir con tus celos? –pregunté casi gritándole para hacerme oír entre todo el ruido- Él es un amigo de la selección, sólo eso, ¿contento?

- Más o menos... y no estoy celoso –dijo cruzándose de brazos, en serio se veía tan adorable cuando hacía eso.

- Sí, claro, lo que digas Messi –expresé riéndome- Oye tú también tienes compañeros de selección muy cercanos, como el Kun, Masche y Gago, yo no me enojo cuando veo fotos tuyas con ellos o que los abraces... bueno, tal vez sí me enoje un poquito, pero se me pasa rápido porque sé que son personas importantes en tu vida.

- Buen punto... -dijo emitiendo un leve suspiro- Lo siento Ney, tienes toda la razón.

- Claro que la tengo, siempre la tengo –expresé riéndome, en eso escuché que sonaba una de mis sambas favoritas, me emocioné, tenía que saltar inmediatamente a la pista- Ven, Leo, vamos dançar.

- ¿Bailar? –expresó nervioso- Mmm... No lo sé Ney...

- Te he visto bailar no digas que no.

- Nunca samba.

- Yo te enseño... Vamos –dije con una sonrisa tomándolo del brazo y casi obligándolo a levantarse de la mesa.

Leo y yo nos dirigimos a la pista, situándonos en una esquina de la misma. Le dije que siguiera mis pasos e hiciera exactamente lo que yo hiciera, era realmente terrible, tanto, que daba gracia. "¡Debes mover más las caderas!", le dije entre risas, éste me vio y sonrió, no tenía ritmo en lo absoluto pero nos divertíamos igual. Terminó de sonar la canción, era bastante larga así que estaba bastante sudado y cansado, no podía parar de reír, eso había estado bastante entretenido. Vi que Leo también estaba cansado, lo abracé por la espalda, besé su mejilla con lo cual se ruborizó y le susurré al oído:

- Sigue jugando fútbol, deja la samba para los brasileños –bromeé, ambos nos carcajeamos.

- Esa sí la sé –dijo en referencia a la música que acababan de poner, una mucho más lenta y romántica donde, obviamente, tendríamos que bailar muy cerca.

Asentí con la cabeza y me dispuse a bailar con él, mis manos estaban en su cintura y sus brazos rodeaban mis hombros, juntamos nuestras frentes y comenzamos a danzar. Permanecimos en silencio mientras lo hacíamos, el momento era mágico, nos mirábamos fijamente a los ojos, nos ruborizamos más de lo que ya estábamos, Leo observó mis labios y yo los de él, esos hermosos y delgados labios, nos acercamos aún más casi rozándolos cuando escuchamos un grito entre la multitud.

- ¡Neymar! ¿Eres tú?

Leo y yo volteamos inmediatamente, a lo lejos una figura se aproximaba hacia nosotros con expresión enojada: era Bruna... ¡¿Qué hacía ella aquí?! Me separé de Leo rápidamente, los nervios nos embargaron a ambos.

- ¿Esa...esa...es Bruna?–tartamudeó Leo.

- Sí... así es... -dije entrando en pánico, se estaba acercando demasiado.

- ¿Qué hacemos?

- ¡Correr! –exclamé al tiempo que tomaba la mano de Leo y salíamos velozmente del lugar.

Ambos sonreíamos mientras oíamos los gritos de Bruna: "¡Neymar! ¡Vuelve acá en este instante!". Atravesamos la multitud entera como en una persecución, ambos agarrados fuertemente de las manos, salimos del club a tiempo, yendo presurosamente al estacionamiento para meternos en el auto.

- ¿Crees que... la hayamos perdido? –preguntó Leo jadeando por el cansancio.

- Déjame ver... -me asomé cautelosamente por los vidrios del auto- Sí, todo en orden capitán.

- ¡Qué locura! –expresó llevándose las manos a la cara al tiempo que ambos estallábamos en risas, incontrolables risas, como si fuésemos niños otra vez y acabáramos de cometer una travesura - ¡Nunca me había reído tanto en mi vida! ¡Debemos hacer esto más seguido!

- Hasta creo... -expresé también entre carcajadas- ¿Qué haremos ahora?

- ¿Quieres que vayamos a mi casa? –dijo entre suspiros por tanto reír.

Yo asentí con la cabeza, secándome el sudor de la frente, encendí el auto y nos marchamos del club. Mientras conducíamos íbamos haciendo bromas sobre lo que acababa de ocurrir, era algo muy gracioso, quien diría que Messi y yo, dos hombres adultos, estaríamos huyendo cual niños de una de mis ex novias, eso era digno de una película. Llegamos a la casa de Ipanema, dejé mi auto en el estacionamiento e ingresamos al interior tomados de la mano, "No pienso soltar tu mano nunca Leo", pensé.

El interior de la casa era aún más bonito que el exterior, los muebles eran de madera y cristal, habían muchas plantas tropicales y floreadas, tenía una hermosa puerta trasera de cristal que daba hacia el muelle que les había mencionado antes, con vista hacia el mar. En la sala había un enorme pantalla plana con, adivinen qué, una consola de Play, mi mente maquinó algo por unos segundos.

- ¿Quieres algo de tomar Ney? Tengo agua, refresco, jugo, cerveza, vodka, champaña, ¿qué quieres? –me dijo con una sonrisa.

- Champán está bien –ya saben, la champaña siempre hace todo más romántico.

Leo sonrió y corrió a la cocina, trayendo consigo dos copas y una botella de lujosa champagne francesa, "¡Wow, se lució!", pensé totalmente ruborizado. Nos sentamos en el sofá de la sala, él sirvió el líquido en las copas, se quedó una y la otra me la dio a mí.

- A tu salud Ney –dijo alzando la copa.

- Espera, ¿no debemos hacer un brindis? –intervine antes que se llevara el líquido a los labios.

- ¿Por qué quieres brindar? –preguntó sonriente.

- Por nosotros –dije viéndolo directo a los ojos, él se sonrojo.

- Está bien, Ney, por nosotros –mencionó al tiempo que chocábamos la copas y nos las llevábamos a la boca, observé a Leo por unos segundos mientras bebía, le dirigí una mirada pícara y, con mi mano, le apreté el muslo, esto lo hizo dar un pequeño brinco, casi se ahoga con la champaña. Sonreí ante el hecho de su estremecimiento, fue entonces que le pregunté aquella idea que había fraguado desde que llegué.

- ¿Tienes Fifa en la Play? –expresé haciendo referencia con la cabeza al televisor.

- Por supuesto.

- ¿Te pareces si nos echamos una partidita? –expresé con una mirada astuta.

- Creo que es muy tarde para ello.

- ¡Anda! De hecho, te propongo un trato, algo para hacerlo más interesante... -lo miré de forma lasciva- El que pierda tendrá que lanzarse desde el muelle completamente desnudo.

- ¿Eso lo sacaste de una película, verdad? ¿Estás loco? ¿Sabes lo helada que está el agua a esta hora?

- ¿Tienes miedo de perder?

- ¡Claro que no! ¡Tú nunca podrías ganarme! –exclamó sonriendo.

- ¿Entonces aceptas el reto o qué? –le dije sonriéndole pícaramente.

- Ja, ja, está bien, sólo porque me encantaría verte congelándote en el agua.

- Di la verdad, te mueres por verme desnudo... otra vez –le dije con una mirada pervertida que lo hizo enrojecerse mucho, juro que me lo comía ahí mismo.

Encendimos la tele y la consola, tomamos los controles y nos pusimos a jugar. Todo estaba bastante entretenido, Leo me iba ganando 2-0 para el segundo tiempo, "¡Rayos!", pensé, tengo que recuperarme, lo miré serio mientras él celebraba triunfante.

- A alguien se le congelaran las pelotas –me susurró en tono burlón.

- No cantes victoria aún, Messi.

Seguimos jugando, le hice pelea a Leo en el resto del segundo tiempo y, sucedió algo extraordinario... ¡Lo vencí! No podía creerlo, le marqué dos goles antes de culminar y en el agregado marqué el tercero, era la primera vez que le ganaba, no pude evitar saltar de la emoción, menos mal, no quería tener que saltar.

- ¡Siiii! ¡Te gané! ¡Te gané! ¡Al fin te gano una! –grité en tono burlón.

- Una, eh, una –me dijo haciendo señas con el dedo índice.

- Pero te gané –dije sacándole la lengua.

- ¡Qué infantil eres! –dijo riéndose.

- Aún tienes que cumplir una apuesta –le dirigí una mirada sagaz.

- ¿En serio? –expresó quejándose- ¿No puedo hacer otra cosa?

- No, no, un trato es un trato.

Leo asintió con resignación, se fue a cambiar mientras yo iba por algunas toallas. Me dirigí hacia el muelle, no había gente, todo era silencio a excepción por el suave murmullo de las olas. Miré el océano, tan pacífico, tan imponente ante la noche y la luz de la luna, una suave brisa marina acarició mi cabello, respiré hondo cuando vi que venía Leo con nada más que una toalla enrollada en su cintura, me sonrojé al ver su torso descubierto otra vez, era algo que me excitaba mucho.

- ¿Estás seguro que aún tengo que hacerlo? –preguntó dudoso, observando el agua.

- Ajá, ¿quieres que te dé un empujón? –dije acercándome a él.

- ¡No! Está bien, está bien, voy a hacerlo –expresó asustado, sonreí al ver cómo miraba al agua una y otra vez, sin quitarse la toalla aún.

- Leo... -susurré en un tono seductor que lo hizo sonrojarse, me acerqué a él y lo giré hacia mí, lo miré a los ojos fijamente, lo tomé por la cintura y junté nuestras frentes, sonreí por excitación, mis manos se dirigieron a la toalla que lo envolvía, la tomé firmemente para aflojarla, cosa que hizo gemir un poco a Leo, sonreí de nuevo pícaramente, fue entonces que le arranqué la toalla de un tirón con una mano y con la otra lo empujaba por el pecho para hacerlo caer al agua.

Me sentí como el protagonista de 300, cuando grita: ¡Esto es Esparta! Ahora que lo pienso, debí haberle dicho eso. Vi como Leo salía del agua, estremeciéndose y temblando por el frío, yo me llevé las manos al estómago, no podía parar de reír.

- ¡La concha de tu madre Neymar! –gritó Leo sacudiéndose, yo sólo seguí riendo y riendo hasta no poder más. Me dolía el cuerpo de tanto reír, Leo sólo me miraba negando con la cabeza, pero sabía que en el fondo también se entretenía- Bien, ya te divertiste, ayúdame a salir de aquí.

- Ja, ja, está bien, está bien –dije tratando de calmar mis risas, me incliné en la orilla del muelle y le tendí mi mano para que la tomara, él lo hizo, no obstante, cuando lo estaba halando hacia mí me tomó con su otra mano de la pierna y me hizo caer al agua a mí también.

¡Estúpido, Leo!, el agua estaba congelada, me estremecí con violencia con su contacto, ¡qué frío!, ahora toda mi ropa estaba empapada, vi como Leo se reía a carcajadas.

- ¡Idiota! ¡Tú tenías que cumplir con la apuesta no yo! ¡Eres un tramposo!

- ¡Te has caído solo! –mencionó riéndose aún más- ¡Te sacaran una tarjeta amarilla por teatro!

- ¡Yo te sacaré una roja por jugar sucio! –exclamé sonriendo echándole agua en el rostro.

- ¿Con que sí, eh? –expresó con una mirada pícara al tiempo que empezábamos una batalla de agua como unos perfectos niños inmaduros, al compás de las risas desenfrenadas y el oleaje, sin darme cuenta, gracias al movimiento de mis brazos, la corriente me condujo hasta Leo hasta quedar bastante cerca.

- De repente ya no hace tanto frío aquí –le dije viéndolo intensamente a los ojos, pude sentir su cuerpo debajo del agua mientras nadaba, no podía verlo dado la oscuridad pero sabía que allí estaba, él me tomó por la cintura y me acercó hacia él, pasando sus manos por mis piernas para que las entrecruzara en su pelvis, podía sentir el roce de su miembro con mis pantalones, "¿por qué tenía que llevarlos puestos?", pensé, yo me apoyaba en él mientras flotaba, con sus manos sostenía mis nalgas para que no despegara mientras mis brazos envolvían su cuello, ambos reímos, juntamos nuestras frentes, lo gélido se había ido, Leo me miró directamente a los ojos.

- ¿Cuándo pasó esto? –emitió en un susurro, temí que me separara de él otra vez y que todo esto que acababa de pasar fuese sólo uno de sus tantos juegos confusos.

- ¿Qué cosa? –pregunté dudoso, sin soltarlo aún, me aterraba su posible respuesta.

- Cuándo me enamoré de ti...

¡¿Qué?! ¡¿Escuché bien?! Mis ojos se dilataron al máximo y se me humedecieron, no podía creerlo, simplemente no podía, no cabía en mi de la emoción... ¡Messi estaba enamorado de mí! ¡De mí! ¡Yo lo escuché! ¡Él lo dijo! ¡No fue producto de mi imaginación...! ¡Leo me amaba! Mi corazón no podía con tanta felicidad, no me aguanté más y lo besé apasionadamente en esos delgados y apetecibles labios, no quería detenerme, era lo que había estado esperando, mi anhelo más profundo ahora se hacía realidad... ¡Leo me amaba!

Nuestro momento romántico y perfecto fue arruinado por una desprevenida ola que venía por el camino que nos hundió por unos instantes, cuando nos separamos fue que recordamos el frío del agua.

- Salgamos de aquí, nos puede dar neumonía –le sonreí, él asintió y me devolvió la sonrisa.

Subí al muelle impulsándome con los brazos, una vez arriba ayudé a Leo a subir, estaba temblando de frío, le di varias toallas de inmediato para evitar que se resfriara, ni siquiera tuve tiempo de detallarlo bien. Regresamos abrazados a la casa para arreglarnos, yo aún estaba empapado, no podía irme así a casa, me quité la ropa y me envolví con toallas al igual que Leo, fui al lavadero y lo metí todo junto en la lavadora (sé que no debo hacerlo dado las diferentes texturas y colores de la ropa, pero que más da, en ese momento lo que menos pensaba era eso). Me fui a una habitación en la planta baja, allí estaba Leo, tiritando aún y envuelto en toallas.

- Hay que sacarnos el agua salada, ¿te duchas vos primero o yo?

- ¿Ambos? –le dije con una mirada pervertida.

- Calma tus hormonas un segundo Ney –ambos reímos- Anda tú primero.

- ¿No quieres enjabonarme la espalda? Ve que allá no alcanzo –le dije haciéndole un puchero, él volteó los ojos al tiempo que reía y se sonrojaba.

- ¡Anda a bañarte ya! Tonto... -rió.

- Está bien, pero me la debes ¿eh?

Ambos reímos, yo me fui al baño y me di una ducha rápida. Salí de allí a los pocos minutos, Leo estaba acostado viendo televisión, me miró, sonrió y se metió en el baño. Yo me recosté momentáneamente en la cama, se me ocurrió una de esas tantas ideas lujuriosas que, últimamente, circulaban sin cesar por mi mente, "Soy un pervertido", pensé entre risas. Le subí más volumen a la TV para que pensara que la estaba viendo, abrí la puerta del baño muy silenciosamente, Leo yacía en la tina, con los ojos cerrados, casi dormido... ¡Perfecto para el plan! Me acerqué a él en cuclillas, tratando de no perturbarlo, me agaché para ponerme a su nivel y le besé el cuello suavemente, él se estremeció mientras volvía poco a poco de su letargo.

- Ney... que...

- Shhh... sólo relájate –dije poniéndole el dedo índice en sus labios para hacerlo callar, para después besarlo y acariciarle todo el cuerpo, haciendo énfasis especial en su miembro, el cual rocé con lentitud, planeaba masturbarlo pero Leo me detuvo.

- Aún no Ney... debes esperar –dijo entre jadeos mientras apartaba mi mano de su pene.

- ¿Te encanta torturarme no es así? –dije negando con la cabeza.

- ¿Por qué tan urgido? –mencionó sonriente mientras me besaba- Tenemos tiempo, no hay que apresurar las cosas.

- ¿Qué te hace pensar que me quedaré contigo toda la noche? –pregunté alzando la ceja.

- ¿No lo harás? Creí que te quedarías conmigo... -expresó triste, yo reí- ¿Es una broma verdad? No me des esos sustos.

- Sí tú puedes torturarme yo también puedo ¿no?

Él me arrojó agua de la bañera para que me fuera, ambos reímos, yo salí del baño para dejarlo solo, bueno, primer intento fallido, ¿a qué debía esperar? Llevo aguardando por él desde hace más de un año, desde que lo vi por primera vez, ahora que lo tenía aquí, conmigo, debía esperar para tenerlo, ¿no era ya suficiente suplicio?... Ok, Leo tiene razón, sueno como un completo urgido.

Él salió del baño a los quince minutos, con una toalla envuelta en la cintura y una sobre sus hombros con la cual se secaba el cabello, se veía tan atractivo en esa pose, me abalancé sobre él dándole millones de besos en el rostro y los labios, él me siguió el juego.

- ¿Ahora sí? –le dije entre suspiros.

- Un segundo... debes seguirme primero –dijo apartándose y señalando a la puerta con la cabeza.

- ¡Leo! ¡No me hagas esto! ¿No podemos hacerlo aquí? –vociferé haciéndole un puchero, él rió.

- ¡No! Es nuestra primera vez juntos, ahora, puedes aguantarte unos segundos y seguirme o no, tú decides –me dijo con una sonrisa, como si fuese un niño de cinco años.

- Está bien te seguiré... ¿me cargas? –mencioné poniendo cara de perrito y extendiéndole los brazos.

Leo rió y se sonrojó, tomándome en sus brazos cual niño, me aferré a su cuello y apoyé mi cabeza en su regazo, ese era mi lugar en el mundo, cerca de su corazón. Él me llevó a la pasillo de afuera, al fondo había una puerta que no había notado antes, él la abrió y reveló unas escaleras, lo miré, él besó mis labios, subimos lentamente a la planta de arriba y lo que vi me quito el aliento... Todo el piso era una sola habitación, una de las paredes estaba hecha totalmente de cristal, se observaba el océano desde allí, tenía decoraciones victorianas, el piso era de una suave alfombra de terciopelo, no había casi ningún mueble, sólo unas sillas y un pequeño estante, la cama era el foco de atención, una enorme kingsize con decoraciones victorianas en sus sábanas y en el espaldar, todo ello en satín dorado y blanco, no obstante, lo mejor era el techo, sobre la cama resplandecía una enorme ventana de cristal que dejaba ver el hermoso cielo estrellado... ¡Creo que estoy muerto, porque este sin duda debe ser el cielo!

Me bajé de los brazos de Leo, estupefacto, con los ojos iluminados por tanta belleza. Él me miraba sonriente y sonrojado, encogiéndose de hombros.

- ¿Te gusta? –preguntó Leo ruborizado.

- No me gusta... ¡Lo adoro! ¡Gracias! ¡Valió la pena la espera! –me abalancé sobre él para abrazarlo y besarlo, con mis piernas me enganché a su cintura.

- Lo que sea por ti, amor mío.

- ¿Cómo me llamaste?

- Amor... -mencionó apenado, bajando la cabeza.

- Hey, tranquilo... -le dije alzando su barbilla para darle un tierno pico- Me encanta... amor...

Empezamos a besarnos con pasión, nos acariciábamos el uno al otro, desprendiéndonos de las toallas, desprendiéndonos de los temores, desprendiéndonos del mundo entero... en ese momento sólo existíamos él y yo, nuestro fuego crecía con cada toque, con cada beso, con cada penetración, hasta convertirse en una súper nova a punto de explotar en el Universo; todo fue mágico, sublime, perfecto, ni yo mismo me lo pude haber imaginado mejor, sentí dolor, claro, pero no me quejé, era un dolor de los buenos... él me hizo suyo y yo lo hice mío, él era mi Leo y yo era su Ney... No lamenté nada, tal vez quizás alguno que otro objeto roto o que el satín quedara hecho un desastre, del resto nada, absolutamente nada, sólo podía sentir amor... De eso se trataba... del amor...

El sol invadió la habitación y nos despertó a ambos. Abrí mis ojos lentamente, aterrado al pensar que todo había sido un sueño, afortunadamente no lo fue, lo que parecía fantasía era realidad, la mejor de las realidades, Leo y yo juntos, acurrucados, su mano en mis espalda y mi cabeza en su pecho, podía escuchar su corazón y sentir su respiración, era tan adorable verlo dormir junto a mí, sonreí, él era la persona con la que quería recibir todas las mañanas. Besé su cuello y le acaricié suavemente el pecho, él se despertó lentamente, posando sus hermosos ojos cafés en mí.

- Buen día amor –dijo con una sonrisa, la más hermosa hasta ahora - ¿Llevas mucho rato despierto?

- Buen día amor, no, sólo te observaba mientras dormías pensando en lo hermoso que eres –lo hice sonrojar.

- Te tengo una mala noticia, debo regresar a Argentina esta tarde, por favor no me odies –dijo cabizbajo y expresión triste, yo lo tomé por la barbilla y le di un beso en los labios.

- ¿Estás loco? ¡Nunca te odiaría!¡Nadie me ha hecho sentir así en mi vida! ¡Sólo tú! ¡Todo fue tan mágico!¡El mejor regalo de Navidad de mi vida! Sé que estabas aquí por un tiempo limitado ya que tienes a tu familia allá, pero no importa, lo que hemos pasado juntos es inigualable... único.

- Yo también me siento de la misma manera, sólo que ahora no quiero separarme de ti, no desde que me di cuenta lo mucho que te amo.

- Yo tampoco quiero dejarte mi cielo, pero debes volver con tu familia.

- Sobre eso... pues... cómo haremos para... -expresó dudoso, sabía que iba referirse a nuestras familias, su relación con Antonella, y todas esas cosas.

- Shhh, ahora no quiero pensar en ello –dije callándolo con un beso- Ya tendremos tiempo cuando regresemos a Barcelona, por ahora, que sea un secreto, ¿sí?

- ¿Amor secreto? Suena a cliché... -reímos a carcajadas.

- No queda de otra, tendrá que ser así por algún tiempo, sabes que no aceptaran el hecho de que estemos juntos.

- Lo sé, tristemente así es la sociedad... Que sea secreto entonces... Te amo Ney –dijo besándome.

- Tú eres el amor de mi vida Leo...

- Tú eres mi vida.




¡Hola a todos! Sé que esté capítulo es mucho, pero mucho más largo que los anteriores, espero que les haya gustado. Pueden comentarme qué parte les gustó más. Nuevamente, gracias por leer, por votar, por comentar y por todo ese apoyo que me dan siempre... ¡Los amo!¡Eu os amo! –Icious


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