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Tarde de café

Messi pasó a recogerme a las tres en punto, demasiado puntual para mi gusto pues aún no estaba listo. Me tardé un poco más de lo habitual porque no encontraba mi gorra favorita la cual, después de tanto buscar, estaba arrimada a un lado de la pata de la cama. Me vestí bastante informal, una camisa negra, unos jeans grises, zapatos negros tipo vans y, por supuesto, mi inseparable gorra. Bajé un rato después de que Leo llegase, se había cansado de esperarme en el auto así que le propuse que esperara en el lobby y así lo hizo, cuando nos encontramos hizo un ademán con los brazos como queriendo decir ¡Aleluya!, lo cual causó que ambos riéramos a carcajadas.

Leo se veía realmente hermoso, traía puesto un suéter gris con las mangas arremangadas hasta el codo, jeans azules y zapatos deportivos blancos. Nos saludamos con un apretón de manos y un abrazo para después dirigirnos hacia su camioneta y emprender el camino hacia la cafetería.

- ¿Llevabas mucho tiempo esperando verdad? –pregunté riéndome, recordando el ademán que había hecho unos minutos atrás.

- Estaba a punto de devolverme, pensé que nunca ibas a llegar –bromeó, ambos nos carcajeamos.

El camino a la cafetería fue relativamente corto. Ordenamos dos capuchinos, el mío lo pedí con un poco de chocolate y, aparte, dos trozos de brownies, todo se veía delicioso, de hecho, lo estaba. Leo y yo nos sentamos en una mesa a conversar.

- Entonces, Neymar, cuéntame, ¿qué te ha parecido la ciudad? –preguntó Leo al tiempo que tomaba un sorbo de su café.

- Es realmente hermosa, aunque no he tenido mucho tiempo de conocerla que digamos –dije con una sonrisa.

- Pero, ¿te sientes cómodo aquí? Lo digo porque eres nuevo.

- Pues... ha sido difícil, no te voy a mentir, extraño Brasil, allí pasé la mayor parte de mi vida, todo está allí, mi familia, mis amigos, la gente que quiero... Pero, por otro lado, estoy feliz de estar cumpliendo mi sueño, confío en que voy adaptarme.

- Me alegra tu confianza, sé que es duro, yo tuve que pasar por eso también... -dijo con un suspiro, sabía que eso le trajo muchos recuerdos- Ya verás que poco a poco te irás adaptando, de hecho, creo que hoy diste un gran paso durante el entrenamiento, le agradaste mucho a todos.

- ¿Tú crees? –pregunté sorprendido.

- ¡Claro!, fuiste muy espontáneo, es raro que los nuevos sean así de desenvueltos, generalmente empiezan algo callados.

- Siempre soy así, me encanta bromear y hacer reír a la gente –dije sonriendo al tiempo que Leo también sonrió.

- Eso es bueno, je, je, eres simpático –mencionó entre risas, sentí mariposas en el estómago- Che, y háblame un poco de tu familia, me dijeron que tenías un hijo...

- Sí, se llama David Lucca, ahora mismo está en Brasil con su madre.

- Imagino que lo extrañas mucho –mencionó viéndome a los ojos.

- No tienes idea de cuánto, lo llamo casi todos los días, sé que está bien cuidado pero no es lo mismo...–suspiré- no es lo mismo, trataré en lo posible que venga a vivir conmigo.

- Ójala lo consigas Ney.

- Gracias –sonreí- Ahora háblame de ti.

- ¿De mí? –preguntó sonriendo- ¿Qué quieres saber?

- Mmm, no sé... -pregunté acariciando mi mentón- ¿tienes hijos?

- Sí, se llama Thiago, es un nene apenas –sonrió.

- ¿Él vive contigo o está en...? –balbuceé.

- Sí, si vive conmigo y con su madre, Antonella, mi novia –mencionó sonriendo, "¿Novia?" pensé, sentí un ligero nudo en la garganta.

- Ah... sí... ¡Qué bien! ¿Cuánto tiempo tienen juntos? –pregunté tratando de ocultar mi incomodidad.

- Un poco más de cinco años, aunque nos conocemos desde muy pequeños... -suspiró- siempre estuve enamorado de ella –mi incomodidad se incrementó y mi cara se tornó seria, tomé un sorbo de café y probé un bocado del brownie para calmarme, creo que Leo pudo notar que no estaba bien- ¿Qué tienes?

- Nada... -mencioné arrugando los labios.

- ¿Seguro?

- Sí...

- De acuerdo... -dijo arrugando un poco la cara, sabía que no lo había convencido para nada- Oye y vos ¿tenés novia o algo parecido?

- Pues... -dije recobrando un poco la calma- podría decirse que sí, se llama Bruna y vive en Brasil, aunque hace unas semanas que no hablamos.

- ¿Por qué tanto tiempo?

- Cuestiones de trabajo –respondí incómodo.

- Ah ya veo... -hizo una pausa bastante larga- Oye Neymar, hay algo que te he querido preguntar desde que llegamos.

- ¿Qué cosa? –pregunté curioso, aunque un poco incómodo aún.

- ¿Cómo es que hablas español tan bien? –preguntó con una sonrisa y ambos reímos, esto hizo que el momento incómodo se desvaneciera.

- Ja, ja, pues, no fue fácil, tuve que practicar mucho, por suerte Dani me ayudó –sonreí.

- Sí, él es un loco, pero es un gran amigo –ambos sonreímos.

- Lo sé, él y yo somos muy cercanos, sobre todo por lo de la selección y eso. Antes de llegar aquí me habló mucho sobre ustedes, algo así como una pequeña introducción.

- Y no te dijo que debes ducharte rápido si no quieres quedarte solo en el vestuario, ¿eh? –mencionó refiriéndose a lo ocurrido en la mañana.

- Ja, ja, sí... creo que olvidó mencionarlo –ambos reímos.

- ¿Qué te dijo sobre mí? –preguntó viéndome directamente a los ojos con una sonrisa.

- Pues...-reí- No mucho en realidad, aunque creo que no necesitas ninguna introducción, eres Lionel Messi, el mejor del mundo.

- Basta... -dijo sonriendo y golpeando ligeramente mi hombro, pude notar como se sonrojaba, se veía tan tierno.

- Es la verdad, lo eres, las cosas que haces son únicas y, te digo algo, aquí entre nos... –dije mirando a los lados con expresión divertida y medio susurrando- ¡Eres mi ídolo!

- ¿De verdad? –Leo rio y se sonrojó aún más, parecía un tomate, el tomate más tierno que he visto en mi vida, pensé.

- ¡Sí! De hecho, nunca olvidaré el día en que me diste tu camiseta en el Mundial de Clubes... Por cierto, gracias por la dedicatoria, nunca había tenido la oportunidad de agradecértelo hasta ahora.

- No fue nada... -dijo sonriendo y encogiéndose de hombros con las mejillas aún rosadas- Todo lo que dije ahí es verdad.

- ¿Piensas que soy un gran jugador? –pregunté sorprendido.

- ¡Claro que sí! Te he visto jugar Ney y lo haces bastante bien, excelente diría yo... -mencionó al tiempo que me sonrojaba, "me ha visto jugar, no puedo creerlo" pensé- Y, reitero lo que dije, estoy seguro... que digo seguro, segurísimo que llegarás muy lejos –sonrió.

- Jugando a tu lado quién no –ambos reímos y nos sonrojamos, aunque no mencionamos nada al respecto.

Pedimos otra ronda de café y seguimos hablando de temas variados. La pasamos de maravilla, hablar con Leo es muy fácil, nos reíamos constantemente, yo le hacía muchas bromas porque me encantaba verlo sonreír, como no, si tenía una preciosa sonrisa de la cual parecía haberme vuelto adicto.

Regresamos al hotel como a eso de las nueve de la noche, había sido una excelente tarde, la mejor de las tardes en mucho tiempo, bueno, al menos para mí. Me despedí de Leo con un fuerte abrazo antes de bajarme de su camioneta cuando me dijo:

- Oye, se me olvidaba, mañana en la tarde Mascherano va a hacer una parrillada en su restaurante, va ir todo el equipo y, pues, tú ya eres parte de él.

- Más que una petición parece una orden –bromeé, ambos reímos.

- ¿Entonces?

- ¡Claro que iré!

- ¡Genial! –sonrió- ¿quieres que te lleve?

- No, tranquilo, quiero aprender cómo llegar y tampoco quiero ser molestia.

- Sabes que nunca serás una molestia para mí.

- ¡Aww, qué tierno! –dije bromeando aunque no pude evitar sonrojarme –Pero ya, en serio, quiero aprender a llegar solo y, si me llevas todo el tiempo a todas partes nunca voy a hacerlo ¿no crees?

- Bueno... supongo que tienes razón –mencionó cabizbajo, a mi parecer, un poco decepcionado.

- Claro que la tengo, siempre la tengo –dije sonriéndole y guiñándole un ojo, él rio y se sonrojó un poco.

- Bájate ya, pelotudo –expresó a modo de broma a lo cual ambos reímos a carcajadas.

- Nos vemos mañana Leo –le dije bajándome del auto.

- Nos vemos mañana Ney –contestó sonriendo.

- Qué duermas bien Leo.

- Igualmente Ney.

- Sueña bonito Leo.

- ¡Ya ándate! –me gritó a modo de broma, me reí de más, sólo quería molestarlo.

- Ja, ja, ¿en serio quieres que me vaya? –bromeé haciéndole un puchero.

- ¡Ve a dormir! Mañana tienes que estar temprano en el entrenamiento.

- Vale –reí- Nos vemos.

- Hasta mañana –rio también y arrancó la camioneta.

Suspiré, por alguna razón no podía dejar de sonreír, subí a mi habitación, me puse el pijama y me tumbé en la cama. Estuve un rato mirando el techo, aún sin poder dejar de sonreír, mi mente no estaba ahí, estaba con Leo, sentía mariposas en el estómago cada vez que pensaba en él, "¿estará pensando en mí?", me preguntaba, esperaba que la respuesta fuese si, estuve tentado a mandarle un texto para asegurarme pero pensé que podría estar dormido y no quise molestarlo, fue entonces cuando reaccioné, parecía un completo adolescente, ¿por qué estaba sintiendo todas estas cosas por Leo? Si soy sincero, nunca había experimentado nada de esto por un hombre, aún no sabía lo que era, pero, como estaba cansado y ya no quería seguir pensando en ello preferí achacárselo a la emoción de haber conocido a mi ídolo... Al menos esto fui lo que preferí creer...


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