Sufriendo por ti (vuelta)
"Sólo amigos Ney... sólo eso"
Esta fue la frase que caló en mi mente y no me dejó dormir. Aquella tarde de mates con Luis y Leo había sido buena, el mejor de muchos momentos en meses, pero la noche fue un desastre, un total y completo caos que me hacía sufrir más de lo que ya estaba sufriendo.
Permanecí con Bruna por unos instantes en la puerta de entrada una vez que Leo se marchó, ella entró a la casa primero, yo en cambio estuve un rato más, siguiendo el recorrido de la camioneta de Messi con mis ojos humedecidos, una lágrima corrió por mi mejilla y un suspiro de tristeza salió de mi boca, sentía que mi corazón se iba en ese vehículo... "Meu Leo...".
Entré en la casa, estrujándome la cara con las manos para eliminar todo posible rastro de lágrimas, no lo había notado pero Bruna estaba parada frente a mí, observándome con seriedad y los brazos cruzados.
- Momento incómodo, ¿no crees? –inquirió Bruna con cierto desdén, yo ni le dirigí la mirada, no quería discutir así que decidí ignorarla y subir a mi habitación, cuando estaba a punto de pisar el primer escalón, ella me tomó del brazo- Ney, recuerda que ahora estás conmigo.
- No sabes el esfuerzo que hago por recordarlo –le respondí con socarronería, si me provocaba le iba a contestar.
- No hagas esto más difícil Ney, tú sabes lo que te conviene –sonrió maliciosamente y me soltó el brazo, yo la miré a los ojos con enojo pero también con decepción, ¿qué pudo pasarle a Bruna para que se comportase así? ¿En qué momento decidí meterme con ella?
Después de eso seguí mi camino hacia mi cuarto, o más bien, aquel que compartía con mi actual "pareja", cosa que no me gustaba nada en lo absoluto. Me cambié y me puse el pijama, me acosté rápidamente en mi lado de la cama y me cubrí con las sábanas, Bruna apareció en ese momento, yo ni la quise mirar y le di la espalda inmediatamente, por alguna extraña razón, esto le causó gracia.
- Ney, Ney... Algún día te acostumbraras –rió mientras se cambiaba de ropa.
- ¿Por qué me haces esto Bruna? –susurré con súplica, ella se sentó en la cama y me acarició el cabello.
- Te dije que te arrepentirías.
Después de esto se metió entre las sábanas y se acostó dándome la espalda, apagó la luz y se durmió casi inmediatamente. Yo emití un sollozo imperceptible y derramé millones de lágrimas silenciosas, como cada noche desde que este infierno empezó, desde que dejé ir a mi verdadero amor. Cerré los ojos y traté de transportarme a otra realidad, un Universo paralelo en donde era feliz al lado de Messi, mi Messi, él estaba conmigo como antes, nos abrazábamos, nos acariciábamos, nos besábamos y nos jurábamos amor eterno... El recuerdo de nuestra relación sigue estando en lo más preciado de mi memoria, esos recuerdos eran los que medianamente me ayudaban en estos días difíciles, me reconfortaba evocar nuestros momentos de felicidad, cuando éramos mucho más que "sólo amigos", cuando él era mío y yo era suyo, cuando yo era su vida... Porque él siempre será la mía, él siempre tendrá mi corazón, aunque lo nuestro nunca a vuelva a ser lo de antes...
La rutina nocturna fue la misma durante los días venideros, discutía con Bruna, me acostaba dándole la espalda y lloraba hasta dormirme. En las mañanas hacía un esfuerzo por levantarme de una manera serena, empezando por el hecho que la persona a mi lado no era la propicia para recibir mis amaneceres, también por mis ojos, generalmente rojos por tanto llorar, hubo ocasiones donde los muchachos se alejaban de mí al pensar que tenía conjuntivitis.
Pasa el tiempo y los días se van volando, cada uno igual o peor que el anterior, siempre grises aunque brille el sol, siempre silenciosos aunque haya música alrededor, siempre solitarios aunque estén rodeados de gente. La pasamos mal, esta temporada no hemos iniciado con buen pie, las dudas predominan sobre las certezas, tantas rotaciones vuelven loco a cualquiera. Sin embargo, lo más difícil fue sobrellevar todo a sabiendas que ya no tenía a Leo conmigo. Esto era lo más insoportable.
Lo veía casi todos los días, compartíamos vestuario, estábamos tan cerca y a la vez tan lejos, hablábamos de vez en cuando, pero cosas someras, nada parecido a tiempos anteriores; él sufría igual que yo, sabía que lloraba por las noches tanto como yo, se notaba en sus ojos todas las mañanas, él trataba de negarlo pero sólo yo sé que no es así. Sé que él piensa en mí tanto como yo pienso en él, lo cual hace que me duelan las entrañas, no me gustaba verlo triste, es por ello que tomé la decisión de guardar cierta distancia, me duele, pero es preferible a que él siga sufriendo por mí... Sé que me ama tanto como yo a él pero no podía decírselo, debía callarlo, por mi bien y por el suyo.
Tenía esperanzas en que él podría superarlo, quería creer que así sería para sentirme mejor conmigo mismo, de hecho, en el vestuario había un aliado en ello: Suárez. El argentino y él se habían vuelto inseparables, no voy a negar que me irrita pero también me alegra, últimamente él ha sido el motivo de varias de sus sonrisas... esas bellas sonrisas que antes llevaban mi nombre. Siento celos cada vez que llegan juntos al estadio y se regresan juntos, cada vez que se abrazan por la celebración de un gol, cada vez que organizan parrilladas en sus casas con sus familias o cada vez que toman mate... Siento celos, pero no me molesta, al menos sé que Leo es feliz con él y, sea cual sea la relación que tengan, no me molesta... porque sólo así sabré que podrá olvidarme... Aunque no sé si yo podré conseguir lo mismo, mi caso lo he desahuciado por completo.
Antes de finalizar la primera fase de la temporada, llegué realmente tarde a uno de los tantos entrenamientos matutinos, cosa usual en mí últimamente, mi depresión me hacía dormir poco, por ello me levantaba tarde y sin ganas; se me amonestó duramente, obligándome a una sesión de excesivos ejercicios a los cuales accedí sin mayor remedio, era lo que me merecía al fin y al cabo y no tenía ánimos de discutir por nada, si acaso sentía ánimos de algo. Me separaron del grupo y me llevaron a una cancha contigua donde cumpliría mi "castigo". Varios de mis compañeros me observaban extrañados y preocupados desde el terreno principal, sabían que algo no andaba bien conmigo desde hacía tiempo y que podría afectar al equipo. En un momento en que el preparador físico se distrajo, dirigí mi visión hacia mis lejanos compañeros, aunque mis ojos sólo se posaron en uno de ellos: Leo... mi Leo. Él me observaba con los ojos de un niño a punto de llorar, la pesadumbre era mutua y sé que no le gustaba verme así, él se preocupaba por mí, aún lo hacía, aún le importaba, a veces desearía que no me amara tanto, hace más difíciles las cosas para ambos... No pude seguir viéndolo, sentía que moriría si seguía haciéndolo, así que torné mis ojos a otro lado y continué con mis asuntos.
Después de aquella sesión, cuando me disponía a buscar mi auto para marcharme a casa, varios compañeros azulgranas me interceptaron, Piqué, Rafinha, Dani, Adriano y Jordi Alba conformaban el tumulto de sujetos con rostros alarmados.
- Ney, nos preocupa mucho cómo te encuentras –vociferó Dani, yo sólo negué con la cabeza y me encogí de hombros- Sólo mírate, siempre tienes los ojos hinchados y rojos, llegas tarde y estás cansado.
- Dani tiene razón, sabemos que algo ocurre, no trates de negarlo –agregó Piqué.
- Nada ocurre, estou bem –respondí rápidamente para salir del paso.
- Ney, desde que terminaste con Leo y volviste con Bruna no has estado nada bien, se nota que te está doliendo –expresó Dani tomándome del hombro.
- Un momento... ¿Messi y tú...? –vociferó Rafinha confundido.
- Olvidé que eras nuevo Rafa, verás, Ney y Leo tenían un romance –explicó Adriano- Pero Ney terminó con Leo por alguna razón que no nos quiere decir y volvió con su ex, Bruna, por otra razón que tampoco nos quiere decir –al terminar esto me miró seriamente, yo sólo rodé los ojos.
- Ah ya... ¿Por qué hiciste eso Ney? –me preguntó Rafa, yo sólo me crucé de brazos y giré mi cabeza, no iba a dar explicaciones de nada, no debían enterarse porque de seguro se lo dirían a Leo.
- Es inútil Rafa, ya lo intentamos un millón de veces, no nos tiene la suficiente confianza, disque somos hermanos, pero es falso... -dijo Dani en tono dramático, yo esbocé una pequeña sonrisa, era divertido cuando hacía eso.
- Chicos, chicos, ya si... -expresé haciendo señas con las manos- Estoy bien en estos momentos, sólo que no he dormido adecuadamente, es todo.
Sabía que no los convencería, pero ni modo, al menos no seguirían insistiendo. Dani, Adriano y Rafinha se despidieron y se dirigieron a sus vehículos, Piqué y Jordi continuaron por mi mismo camino en busca de sus respectivos autos (que estaban cercanos al mío), de repente, se cruzó frente a nosotros la camioneta de Messi. Él me miró momentáneamente, yo también lo hice y emití un suspiro, traía a Suárez de copiloto, hecho que ya no era nada raro. Una vez que se marchó, yo traté de ordenar los pensamientos en mi cabeza, esa sola mirada había puesto mi mundo patas arriba y revivía mi perenne desconsuelo desde que lo dejé ir.
- Él también está sufriendo Ney –mencionó Gerard poniendo su mano en mi hombro, yo emití otro suspiro y se me humedecieron los ojos.
- ¿Qué fue lo que pasó? –preguntó Jordi compasivamente queriendo saber el porqué de toda esta situación... yo emití otro respiro...
- Es... complicado –susurré y bajé la cabeza, en ese momento Geri me dio una palmada y se alejó de mi junto con Alba hacia sus respectivos autos.
Después de esto, salí de allí lo más rápido que pude, conduje a casa con los ojos empapados en lágrimas durante el trayecto. No bajé inmediatamente cuando llegué, permanecí en el vehículo durante un largo tiempo, llorando, últimamente eso era lo que más hacía, llorar hasta secarme los ojos. Cuando supe que ya no quedaban más lágrimas en mi sistema (por ahora), me bajé del auto y me adentré en la casa, por suerte, Bruna no estaba, a lo mejor fue de compras o qué sé yo, la verdad ni me importaba en lo más mínimo su paradero. Me preparé el almuerzo pero apenas lo toqué, no tenía mucho apetito. Estuve toda la tarde en casa, viendo televisión en la sala, no observaba nada en específico, sólo cambiaba de canal cada media hora sin prestar atención, ni siquiera me había cambiado desde que llegué, mi ánimo estaba por el suelo y, aunque ya no podía llorar más (al menos por hoy), la depresión seguía embargándome. En eso mi celular sonó, lo tenía aún en el bolsillo así que lo atendí rápidamente sin detallar el emisor.
- Hola... -mencioné en un tono súper desganado.
- Hola Ney... -mis ojos se ensancharon mucho en ese momento... esa voz...
- Leo...ho... hola... co...co... ¿cómo estás? –me costaba hablar, tenía la voz entrecortada y sentía que rompería otra vez en llanto.
- Bien, bueno, dentro de lo que cabe... -"sé que también padeces lo mismo que yo", pensé con melancolía- Llamaba para ver si todo estaba en orden, considerando lo de esta mañana.
- Todo está... todo está en orden... -mencioné con un suspiro, "A quién quiero engañar, me haces falta Leo Messi, mucha falta".
- ¿Todavía piensas que puedes engañarme con eso? –yo emití otro respiro.
- ¿Qué quieres que te diga?... Estoy bien, no quiero que te preocupes por mí...-vociferé en el tono más relajado que pude fingir, mis ojos se humedecieron y mi voz seguía cortada. Escuché un suspiro proveniente de la bocina.
- Siempre voy a preocuparme por ti aunque me duela aceptarlo... -en ese momento llevé mi otra mano a mi cara, tapando mi boca que acababa de dejar salir un sollozo, bajo ninguna circunstancia iba a permitir que Leo me escuchara llorar.
- De... de... deja de hacerlo... por favor –fue lo mejor que pude articular a tiempo que derramaba miles de lágrimas.
- ¿Y cómo están las cosas por tu casa? ¿Todo... todo bien con... Bruna? –esa última frase sabía que le había costado pronunciarla, mi mano volvió a mi boca para reprimir otro quejido.
- Bruna y yo es... estamos bien... gracias por preguntar... -"¡No es cierto! ¡Esto es un caos!"
- Me... me siento bien al escuchar eso... -sabía que mentía- Es bueno que estés con la persona correcta para ti.
- Sí... así es... -"¡Tú eres la persona correcta para mí! ¡Es a ti a quien amo!".
- Bueno... me tengo que ir, sólo era para saber cómo estabas después de lo de hoy.
- No volverá a pasar... te lo aseguro...
- Eso espero... -suspiró otra vez- Hasta luego Ney... –hizo una pausa, yo sabía por qué, normalmente nos decíamos "Te amo" después de finalizar las llamadas, sabía que ambos pensábamos y añorábamos esos "Te amo" tanto como a nuestra relación... me tapé la boca nuevamente...
- Hasta luego Leo... -"Te amo, y siempre te amaré".
Colgamos después de esto. Yo permanecí junto al teléfono, inmóvil y con expresión desolada, fue entonces que lo arrojé lejos y, justo cuando pensaba que ya no podía llorar más por ese día, rompí en llanto, por fortuna, Bruna no llegó hasta muy tarde, me había encontrado dormitando en el sofá, con la ropa del entrenamiento aún puesta y la tele encendida, ni se molestó en despertarme para ir a la cama, tampoco quería que lo hiciera, prefería estar allí que dormir a su lado. No sé cómo ella no entendía que no la amaba, o tal vez sólo prefería ignorarlo, ¿por qué me mantenía atado en esta relación sin sentido? No me hacía feliz y estaba seguro que a ella tampoco, pero cualquier intento, negociación o trato era imposible, sólo podía callarme y aguantarme cada calamidad, cada discusión, sólo en mis pensamientos era libre, era el único sitio en donde podía estar con Leo sin culpa alguna, mi otra dimensión perfecta dentro de mi cabeza, en donde podía escapar sólo en sueños...
* * *
Un nuevo año, una nueva oportunidad de hacer las cosas mejor que el anterior, de redefinirse y trazarse nuevas metas.
El tramo inicial de la temporada lo habíamos acabado de manera regular, el equipo en general tenía un bajón de rendimiento y, no voy a mentir, teníamos problemas con el nuevo entrenador, en especial Messi y yo, y eso se notaba en la cancha, nos cabreaban todas esas rotaciones sin sentido (en su mayoría), más de una vez escuché a Leo discutir con Luis Enrique, sabía que no le gustaba el estilo de juego, incluso, llegué a enterarme de varios rumores sobre una posible salida del argentino hacia otros clubes, me alarmé pero preferí dejarlos como simples chismes, si había algo peor que no tener a Leo conmigo era que se fuese a otro club, al menos en el Barça podía verlo y hablarle de vez en cuando.
En cuanto a mí, pues, qué quieren que les diga, seguía mal, no lo voy a negar, pero al menos mi llanto disminuyó considerablemente con los días. Pasé Navidad y Año Nuevo en Brasil, como hace un año, entre familiares y amigos, tal vez fue ese contagio de espíritu navideño y calor familiar el que hizo mis días más llevaderos, aunque nada comparado con la Navidad anterior, no sé ni siquiera porqué me seguía torturando con esos recuerdos.
Mi hermana, que era de las pocas personas que sabían la verdad, me consoló y aconsejó que "permaneciera fuerte", lo mismo dijeron mi padre y madre, y me instaron a proponerme mejorar mi rendimiento. También pasé las fiestas con mi Lucca, él era la cura para todos mis males, ¡cómo extrañaba pasar tiempo con mi bebé!, el cual estaría conmigo durante los primeros días de enero en Barcelona, no saben cuánto le agradecí a Carol que me permitiera hacer esto. Seguía convenciéndola para que viviese allá y, al parecer, lo estaba logrando, sólo debía cuidar otros detalles para que me diera definitivamente el "sí".
Y, en lo referido a mi relación con Bruna, si a eso se le puede llamar relación, las discusiones seguían y seguían, en las fiestas todo estuvo más o menos en calma, en parte porque casi no pasamos tiempo juntos, ella anduvo por su lado y yo por el mío, fue lo mejor que pudimos hacer, al fin y al cabo, teníamos que volver juntos a Barcelona, mi triste historia continuaba.
En fin, regresé a Barcelona en la segunda de enero, me había quedado más de lo que debía en Brasil, con permiso del club claro. En todo el tiempo que estuve fuera no hablé en ningún momento con Leo, ni siquiera lo llamé después de la gala del Balón de Oro, él estuvo nominado nuevamente pero quedó en segundo lugar detrás de Cristiano, igual al año anterior. Quería escuchar su voz y conversar con él, me moría de ganas por hacerlo pero, dada mi frágil situación emocional, lo mejor era que desistiera con esa idea, no debía echar a la basura el pequeño avance que había conseguido durante las fiestas.
Volviendo al tema, aterricé en la capital catalana en la noche, alrededor de las nueve, Lucca se había quedado dormido durante el vuelo así que lo traía en brazos, a mi lado estaba Bruna, la cual no paraba de hablar por teléfono cuando nos montamos en el auto que nos llevaría a casa. Una vez allí, lo primero que hice fue llevar a Davi a su habitación para que durmiera más cómodamente mientras mi "pareja" se cercioraba que bajaran todas las maletas. Subí las escaleras y seguí el camino al cuarto de mi pequeño sin hacer ruido, no quería despertarlo, lo acosté delicadamente en la cama y lo arropé con las sábanas, en eso, mi niño abrió sus ojitos somnolientos.
- Ya... ¿ya llegamos? –dijo Davi entre bostezos y frotándose la cara, yo sonreí.
- Si, meu menino, ya estamos en casa.
- ¡Qué bien papai!... –bostezó de nuevo, yo volví a reír.
- Es tarde, debes dormir –dije frotándole el cabello y acomodándole la sábana.
- ¿Cuándo voy a jugar con mi hermanito Thiago? –no me esperaba que preguntara eso, me trajo muchos recuerdos.
- No lo sé Davi, quizás un día de estos pero por ahora es difícil.
- Puedes decirle a papai Leo que lo traiga y jugamos todos –él sonrió inocentemente, sin tener idea de lo que había pasado ni de todo mi rollo personal, tampoco iba a comentárselo, no quería que mi niño estuviese triste, el único que debía padecer era yo, así que traté con todas mis fuerzas de esbozar una sonrisa a tiempo que le acariciaba su rubia cabellera.
- En cualquier momento lo llamo ¿sí? Por ahora debes dormir, es tarde.
- Claro papai... -bostezó nuevamente- Buenas noches... Eu te amo.
- Eu te amo mais meu menino... -le besé la mejilla- Buenas noches.
Después de eso, mi pequeño se quedó dormido inmediatamente, yo sonreí al verlo, era tan adorable que su sola presencia me hacía muy feliz. También era tarde para mí, tenía entrenamiento a la mañana siguiente y debía ponerme al día, llegaba muy justito para el partido del fin de semana en Anoeta, frente a la Real Sociedad, y quería ser titular. Me fui a mi habitación y me puse el pijama, Bruna estaba allí, en su lado de la cama, me miraba seriamente, yo no le presté atención.
- ¿Con que "Papai Leo", no? –vociferó sarcásticamente haciendo gestos de comillas con los dedos, yo me reí, el hecho de que estuviera furiosa por eso me hizo muchísima gracia- ¿Te parece divertido?
- ¡Claro que es divertido! ¡Te has enojado por una tontería! Además, estaba hablando con Davi, ¿no te han enseñado a no escuchar las conversaciones ajenas?
- No juegues conmigo Neymar Júnior, se te olvida que...
- No se me olvida, "querida" –la interrumpí, la miré directo a los ojos, como dije antes, si me provocaba le iba a contestar. Acto seguido, me acosté en mi lado de la cama dándole la espalda, en eso escuché que ella emitió un suspiro.
- Si pudieras irías corriendo con él, ¿verdad? –mi expresión era de extrañeza, no tanto por lo que había dicho, sino por el tono en que lo hizo, no era como las veces anteriores, esta vez sonaba más decaído, no obstante, yo seguía enojado y preferí creer que era otro de sus trucos.
- ¿Tú qué crees? –le respondí con chocancia sin siquiera mirarla, sólo para cubrirme la cabeza con las sábanas y dormirme.
Volví a escuchar otro suspiro de Bruna pero lo ignoré nuevamente, sólo quería descansar para estar mañana muy temprano en los entrenamientos.
Al día siguiente, me levanté sin necesidad de despertador, preparé el desayuno para los tres y salí rápidamente hacia el estadio, dejaría a Lucca con Bruna, ella era buena cuidadora y sabía que se llevaba bien con el pequeño.
Llegué al recinto y allí me reencontré con todos mis compañeros de equipo, nos saludamos alegremente y mantuvimos conversaciones cortas, debíamos concentrarnos para el partido del fin de semana, en especial yo, que llegaba rezagado, me sentía como un niño en la escuela que falta los primeros días y luego debe ponerse al día con el montón de evaluaciones. Otro de los demorados era Messi, llegaba también ese día para su primer entrenamiento del año, se había quedado unos días extra en Argentina, la razón era desconocida pero supuse que merecía esas vacaciones, es uno de los que más se degasta. Yo me emocioné al verlo otra vez y me entristecí al mismo tiempo, su rostro era el que más falta me había hecho, aún lo amaba y pensaba en él como en el primer día, nada había cambiado, mi corazón le seguía perteneciendo y se aceleraba cada vez que me miraba.
¡Concéntrate Neymar, concéntrate!, era lo que me repetía a mí mismo constantemente, año nuevo, vida nueva, quería empezar con buen pie y debía hacer lo mejor posible, sin importar el hecho que todavía extrañaba a Leo y, por lo que decía su mirada, él también me extrañaba.
El entrenamiento finalizó en un aire de incertidumbre por parte del entrenador, el cual no sabía si ponernos a Leo y a mí de titulares. La verdad, a pesar de que llegábamos tarde, ambos estábamos en perfectas condiciones y listos para jugar, aparte, el equipo no estaba en una buena posición en Liga y queríamos ayudar pero, al fin y al cabo, el DT es el que tiene la última palabra. Cuando estaba a punto de marcharme, Mascherano me interceptó en el estacionamiento para invitarme a una parrillada en su restaurante esa tarde, no sé si era un momento idóneo para celebrar dada la situación del equipo pero me pareció buena idea, era una oportunidad de relajarnos y pensar en otras cosas, además que podía llevar a Davi, cosa que me agradaba porque así compartiría con los demás niños. Acepté inmediatamente.
Al llegar a casa, encontré el almuerzo hecho, Bruna lo había preparado, me sorprendió, no era del tipo que cocinaba y, tenía que admitir, que le había quedado muy rico. Saludé y abracé a Davi efusivamente, él me contó cómo había pasado su mañana, todo normal y tranquilo como era de esperarse. Comimos en la misma mesa, Bruna estaba más amable de lo habitual, creo que la presencia de Lucca tenía que ver con ello, quería ganar puntos con el pequeño. Los invité a la parrillada de la tarde, Bruna se negó, alegando que había quedado de salir con unas amigas (al cabo que ni quería que fuera), mientras que mi niño se mostró muy entusiasmado en ir.
- ¿Mi hermanito Thiago y papai Leo van a estar allí? –expresó con mucha emoción, Bruna tosió y bebió un poco de jugo, sabía que esto no le había caído para nada bien, yo estaba sorprendentemente relajado a tiempo que terminaba de masticar la comida que tenía en la boca.
- Puede ser meu menino... Es muy probable –esto último lo dije en un tono más alto mirando directo a mi "pareja", quería ser odioso en ese momento, no lo sé, sentía que podía cobrármela de alguna manera. Lucca se puso muy feliz al escucharme, se moría de ganas por jugar con los Messi otra vez. Bruna, en cambio, me miró fríamente (si las miradas mataran), y luego esbozó una sonrisa y se dirigió al pequeño.
- Davicito, ¿por qué le llamas papai a Leo? Tu papá es Ney mi cielo –le dijo alegremente, al tiempo que me seguía mirando con severidad.
- Lo sé, pero Messi también es mi papá, porque Thiago es mi hermano menor –alegó Lucca sonriendo inocentemente, yo reí con esto y también por la expresión de Bruna, su cara era un verdadero poema, siguió tratando de ser amable con el infante.
- Ya veo... En ese caso Davicito, ¿yo podría ser tu mamá Bruna?
- Pero mi mamá se llama Carol –respondió jovialmente, yo no aguanté más y solté una carcajada, la cara de Bruna hacia una mueca extraña, mi pequeño, sin querer, acaba de trolearla, casi me ahogo con la comida de la risa que tenía.
Después de este gracioso episodio (al menos para mí fue gracioso), seguimos comiendo tranquilos, claro, la mirada fulminante de Bruna no dejaba de posarse en mí, pero ni al caso, me resbalaba por completo. Culminado el almuerzo, Lucca y yo reposamos viendo caricaturas en la sala, a la espera de la hora de ir a cambiarnos para la parrillada, en cambio, Bruna se encerró en la habitación. El tiempo avanzaba y era momento de prepararnos, arreglé a Davi primero, le puse una camisa de estampado de dinosaurios, unos jeans azules y zapatos deportivos negros, lo dejé en su cuarto mientras yo me alistaba. Cuando abrí la puerta de mi dormitorio me encontré con que mi "pareja" estaba vestida bastante informal, nada parecido a cuando salía con sus amigas, la miré extrañado pero no le iba a preguntar sus motivos, no necesité hacerlo, ella me miró y sonrió ligeramente.
- ¿Cómo me veo? ¿Estoy adecuada para una parrillada? -¡¿Qué?! En ese momento ensanché mis ojos al máximo, pero me mantuve serio.
- ¿Vas a ir? ¿Y la salida con tus amigas?
- Cambié de opinión, saldré con ellas luego... No pienso perderte de vista, amor mío –me guiñó el ojo y sonrió maliciosamente.
Ella se dirigió a la sala mientras yo me cambiaba, no me hacía ni pizca de gracia que quisiera vigilarme, sus celos era una de las tantas cosas que me molestaban de ella. Me puse una camiseta blanca con un suéter rojo, pantalones negros y vans del mismo color y mi inseparable gorra. Una vez listo, los tres emprendimos nuestro camino hacia el restaurante de Masche.
El lugar estaba medianamente lleno, algunos compañeros habían faltado dada la presión por la que atravesaba el equipo, otros en cambio estaban allí, compartían mi mismo pensamiento de que era mejor si nos relajábamos un rato, entre los presentes destacaban: Mascherano (obviamente, el restaurante era suyo), Dani Alves, Rafinha, Claudio Bravo, Jordi Alba, Piqué y Luis Suárez; algunos de ellos con sus respectivas parejas. Javier se encontraba cocinando la carne, la cual desprendía un delicioso aroma; Gerard, Dani y Rafa armaban relajo con la música y jugando a las cartas, mientras el resto conversaba entre ellos, sentados en una gran mesa que no eran más que varias mesas unidas. Fui recibido efusivamente por todos, les presenté a mi hijo y a Bruna, que fueron tratados muy amablemente, Davi no dejaba de sonreír, varios de los muchachos le hacían bromas y jugaban con él, en especial los brasileños, que ya lo conocían desde antes. En cuanto a mi "pareja", pues, pareció agradarle a mis amigos, sin embargo, sabía que a ellos seguía sin convencerles del todo mi "relación", no los culpo, a mí tampoco me convence.
Me separé por un instante del grupo para dejar a Lucca en la zona de juegos (hablo como si fuera súper lejos, pero en realidad era allí mismo, sólo que separada del área donde nos encontrábamos), Bruna se quedó charlando con las chicas, no dejaba de mirarme de forma inquisidora desde que llegamos, yo simplemente la ignoraba. En fin, llevé a mi Davi con los otros niños, se puso muy contento al verlos y enseguida empezó a jugar, lo observé por instantes para asegurarme que estuviese bien, sonreí cuando este corría detrás de los Suárez en uno de esos juegos donde si te tocan pierdes, o algo así. Estaba a punto de devolverme cuando sentí que un infante corría hacia mí y me daba un fuerte abrazo a tiempo que exclamaba "¡Papi Ney, papi Ney!", se trataba del pequeño Thiago Messi, que acababa de llegar. Yo lo saludé y lo cargué para abrazarlo, también lo había extrañado muchísimo. En eso, observé que su padre se acercaba a nosotros, mi mundo se paralizó cuando nuestras miradas se encontraron, ambos sonreímos como tontos. Leo usaba un suéter negro, zapatos deportivos grises y jeans azules desgastados, se veía muy guapo, bueno, él siempre ha sido hermoso ante mis ojos. Cuando estaba a punto de bajar a Thiagui, Lucca se acercó corriendo y gritando de alegría: "¡Hermanito! ¡Papai Leo!", le dio un enorme abrazo al argentino, éste se agachó y le extendió los brazos mientras lo cargaba y le acariciaba el cabello. La escena era muy tierna, ambos bajamos a los infantes casi al unísono, los dos se abrazaron y se marcharon juntos a la zona de juegos en donde siguieron correteándose alegremente unos a otros.
Leo y yo permanecimos por unos segundos allí, inmóviles, mirándonos a los ojos y luego observando a los niños, ninguno de los dos dejaba de sonreír.
- Hola Ney, ¿cómo has estado? –dijo alegremente, su sonrisa me hacía olvidarme por un momento de todo lo que estaba pasándome.
- Hola Leo, tudo bem, ¿y tú? –contesté amablemente, mi risita de tonto seguía grabada en mi rostro.
- Bien, preocupado por el partido que viene.
- ¿Crees que seamos titulares?
- Eso depende de Lucho, él toma esas decisiones –mencionó con cierto desaire.
- ¿No te cae bien, verdad? –esto hizo que ambos carcajeáramos.
- Ja, ja, no es eso... Hemos tenido nuestras diferencias, ya sabes, por las constantes rotaciones.
- No eres el único al que le molesta eso, créeme –reímos de nuevo. Observé momentáneamente a los pequeños y, no sé por qué, me sentí apenado de repente- Ah... disculpa por lo de Lucca, le diré que ya no te llame así si te hace sentir incómodo.
- Tranquilo Ney, no me molesta en lo absoluto –sonrió- Más bien, disculpa por lo de Thiagui, no sé si...
- Para nada, no me incomoda ni nada, es... tierno –ambos nos sonrojamos, ¡cómo extrañaba a mi Leo tomate!
- Lo mismo digo... -nos miramos fijamente a los ojos, seguía existiendo esa conexión entre nosotros, él seguía amándome tanto como yo a él, mi corazón latía con fuerza y mi estómago cosquilleaba, nuestra atmósfera era idónea, no obstante, tuve que interrumpirla gracias a mis pensamientos, que no dejaban de recordarme que lo nuestro no podía ser- Y... viniste con Antonella, supongo, ¿cómo está?
- No vine con ella, se ha estado sintiendo un poco mal así que prefirió quedarse en casa, no es nada grave, uno que otro mareo pero está bien... y... tú viniste con Bruna... la saludé al llegar –yo asentí, incómodo momento para ambos, desviamos la mirada a todas partes- Deberíamos volver... A la mesa, me refiero, volver a la mesa.
- Sí, claro –esto último nos había hecho gracia, sonreímos otra vez y nos miramos nuevamente a los ojos, permanecimos así durante un rato, nos ruborizamos, no entendía por qué no nos habíamos movido hacia donde se encontraban los demás, después de todo, el olor a carne asada nos volvía locos, sin embargo, Leo y yo seguíamos inmóviles, perdidos en los ojos del otro, tenía unas ganas tremendas de abrazarlo y besarlo, decirle que lo amaba con todo mi ser y que quería que todo volviese a ser como antes...
- ¡Ney, amor, aquí estás! –exclamó Bruna de la nada, aproximándose y rompiendo nuestra atmósfera al entrelazar su brazo con el mío - Ven, la comida está lista.... Hola Leo.
Leo le contestó el saludo con la mano, todavía aturdido con la situación, ella sonrió, para Bruna todo esto era un juego y, en el fondo, sabía que le encantaba hacernos sentir así. No tuve más remedio que acompañarla, Messi nos seguía, guardando cierta distancia por supuesto; en el trayecto, mi "pareja" no dejó de treparse en mi brazo y recostar su cabeza en mi hombro, yo sólo respiraba pausadamente, tratando de relajarme, no quería voltear, me imaginaba la cara de mi amado y se me hacía un nudo en la garganta. El episodio no terminó allí, cuando llegamos a la mesa los demás me observaron a mí, a Bruna y a Leo, que venía detrás; la expresión de los muchachos no podía ser más incómoda (bueno, al menos de los que sabían de mi antigua relación con él), trataban de desviar la mirada hacia todos lados, Piqué silbaba, Dani no dejaba de mover las manos, Rafinha guardaba silencio mientras Jordi trataba de "actuar natural". Me senté en un extremo de la mesa, al lado de Bruna y de Alves, mientras que Leo tomo asiento al otro extremo, junto a Suárez y Jordi Alba, estaba cabizbajo, tanto así que Luis le preguntó qué le pasaba, a lo que el argentino fingió una sonrisa alegando estar bien, pero todos, y me refiero a todos, sabíamos que no era así. Me sentí apenado, pude notar que Geri y Dani me miraban seriamente, meneando la cabeza de un lado a otro, queriendo decir: "¿Qué le hiciste?", yo me sentí mal, con las ganas de llorar que me han caracterizado desde que lo dejé ir, pero debía ser fuerte y evitar hacerlo, al menos por esa tarde.
La comida estaba deliciosa, Masche siempre ha tenido buena mano con los asados. Después de comer estábamos con el ánimo más alto, la escena anterior se había esfumado, supongo que tenía que agradecérselo a Javier y a su don en la cocina, como él siempre dice, "un buen asado une a las personas". Y esto sí que era cierto, mantuvimos conversaciones amenas, bromas y relatos de experiencias personales, sorprendentemente, con quien más hablé fue con Luisito; el uruguayo era muy alegre y simpático, además que compartía mi gusto por los mates y la carne, presentía que algo bueno saldría de ello, podríamos ser amigos cercanos. Pero no todo fue miel sobre hojuelas, a lo largo de la tarde ocurrió uno que otro "episodio", sobre todo cuando trataba de hablar con Leo o nos mirábamos, en esos momentos Bruna saltaba de no sé dónde (pasaba casi todo el tiempo alejada de mí, en el baño o hablando con las muchachas) y se me trepaba del brazo, no tienen idea de lo mal que me caía cuando hacía eso.
Regresamos a casa a las ocho de la noche, algunos infantes necesitaban descansar y también teníamos que estar a tono para el próximo partido, faltaba muy poco para ello. En resumidas cuentas y, excluyendo los sucesos incómodos, la tarde fue buena, el equipo era tan compenetrado que casi nada podía echar a perder el buen rollo entre nosotros, éramos como una familia, "més que un club", como reza el eslogan de la institución, no había nada más cierto que esto. Lucca estaba muy feliz, su tarde había sido magnífica después de haber jugado y corrido hasta el cansancio, en el camino quedó dormido en la parte de atrás del auto. Bruna estuvo con cara de enojo durante el trayecto, ni loco le iba decir nada, ley del hielo.
Llevé a Davi a su cuarto una vez que llegamos, le puse el pijama y lo acosté en su camita, no se despertó en ningún momento, tanto ajetreo dejó exhausto. Yo también debía dormir, cuando fui a mi habitación, Bruna estaba esperándome con los brazos cruzados y la misma expresión de enojo.
- ¿Te cayó mal la comida o algo? –le dije irónicamente, esto, por supuesto, no le hizo chiste.
- ¿Se puede saber qué pasó contigo y con Lionel? –expresó seriamente.
- ¿Cómo que qué pasó? ¡Nada! Deberías saberlo, ¡estuviste encima de mí todo el tiempo!
- Tú sabes a lo que me refiero, ¿quiero saber lo que ocurrió entre ustedes mientras estaban en la zona de juegos? –me fulminó con la mirada, yo hice una mueca sarcástica, mientras negaba con la cabeza.
- Hablamos, eso es todo, ¿ahora no puedo hablar con mis compañeros de equipo?
- ¡Yo no nací ayer Neymar Júnior! ¡No me quieras ver la cara! ¡Vi sus miradas y esas sonrisitas estúpidas! ¡¿Qué hicieron?! ¡¿Se besaron?! –gritó alteradamente, su tonito de voz me taladraba los tímpanos, yo seguía calmado aunque ya me empezaba a hervir la sangre.
- ¡Estás imaginando cosas! Te lo repito una vez más: ¡Nada pasó! –exclamé haciendo pausas entre las sílabas, como si quisiera explicarle algo a un niño.
- ¡No te creo! ¡Dime la verdad ahora o ya sabes lo que te espera! –me enfurecí muchísimo, menos mal que, dadas las paredes gruesas, en el cuarto de Davi no se escuchaba todo este escándalo.
- Ahí te va: ¡No pasó absolutamente nada! –hice una pausa y la miré directamente a los ojos- Pero, te digo algo: ¡Me moría de ganas por besarlo! ¡Es a él a quien amo, no a ti! ¡Amenázame todo lo que quieras y ni con eso dejaré de amarlo! ¡¿Querías la verdad?! ¡Ahí está! –bramé con rabia, ella me dio una fuerte cachetada mientras derramaba varias lágrimas de furia.
- ¡Eres un jodido maricón! –chilló con impotencia al tiempo que seguía llorando, yo traté de calmarme, me sobé la mejilla adolorida mientras sacaba mi pijama de una de las gavetas y agarraba mi almohada.
Abandoné la habitación inmediatamente, dejando a Bruna hecha un mar de lágrimas, ella me estuvo buscando hasta que exploté, dije la pura verdad y sabía que no le gustaría nada. Me cambié en el baño principal y me dirigí a la sala, allí acomodé todo para dormir en el sofá, era mil veces preferible a compartir cama con ella.
Al día siguiente ni siquiera nos dirigimos la palabra. Ella trataba de fingir frente al pequeño, no dejaba de fulminarme con la mirada cuando lo hacía. Esta relación era caótica, qué sentido tenía mantenerla, ninguno de los dos era feliz, eso era obvio. Tengo que admitir que aún tenía miedo de lo que pudiese hacer, no obstante, no iba a disculparme por ser franco, ella sabía a qué se atenía, y mis sentimientos no iban a modificarse por ninguna amenaza.
Llegó el partido en Anoeta frente a la Real Sociedad. Todo el equipo se movilizó hasta allá con un día de anticipación, de manera que pudiéramos tener tiempo suficiente para descansar y entrenar un poco, apenas si había tenido dos sesiones de entrenamientos en Barcelona antes de esto, como les había dicho, llegaba muy justito para el encuentro, al igual que Leo, aunque ambos queríamos jugar. Para nuestra mala suerte, Luis Enrique nos dejó en la banca, preparó una alineación en donde, claramente, no contaría con nosotros dos, esto nos cabreó mucho, más aún, después del resultado final.
Caímos 1-0 frente a la Real, la gente no se lo podía creer, nosotros mismos no nos lo creíamos, habíamos perdido la oportunidad de mejorar nuestra posición, estábamos estancados, todo de mal en peor. Este partido fue caótico y desató un desastre en la capital catalana, ya se daba por perdida la Liga y demandaban la cabeza del entrenador, muchos no se explicaban cómo era posible que se hubiese dejado en la banca a los dos delanteros estrellas del Barça cuando ambos habían expresado su disponibilidad para jugar, ¿pudo haber cambiado la historia? ¡Quién sabe! Pero esto sin duda hizo enojar a muchísima gente, en especial a Leo que, de por sí, ya había tenido sus "encontrones" con el DT. En Madrid, en cambio, se reían de nosotros, dada la eterna rivalidad entre el Real Madrid y el Barcelona y, con el Clásico dentro de unos meses y la buena posición de los merengues, las bromas surgían de a montones. La decepción embargó al equipo, veníamos de una mala temporada pasada y no queríamos repetirla, estábamos perdidos.
Después de ese fatídico juego, tomamos un vuelo directo a Barcelona. Llegué a mi casa muy tarde, Lucca dormía plácidamente, en mi ausencia, Bruna lo había cuidado bien. Me cambié y me fui a dormir en el sofá nuevamente, quería olvidar el mal trago de la derrota, me preocupaba todo esto, sin embargo, yo tenía la esperanza de que las cosas mejoraran.
El día siguiente fue de descanso para todos aunque, conociendo a mis compañeros como los conozco, algunos ni siquiera saldrían a la calle con la rabia e impotencia que tenían encima. Para mí era un momento más o menos triste, por un lado, Carol llegaba en la tarde, aceptó venir por corto tiempo para inspeccionar domicilios (no era definitivo que se fuese a quedar, pero era un gran avance); por otra parte, también se llevaría a Davi con ella.
Alrededor de las cuatro de la tarde, después de haber preparado las maletas de mi pequeño, fuimos al aeropuerto a buscar a su madre. Nos saludamos alegremente, éramos amigos y manteníamos una buena relación pese a la separación. Se quedarían en un hotel, casualmente, el mismo en el que yo me hospedaba cuando arribé por primera vez a la ciudad, esto me trajo muchos recuerdos. Los llevé hasta allá, estuvimos conversando de lo lindo durante el recorrido, Carol me contó sobre sus proyectos, quería seguir estudiando y continuar con su carrera de modelo, por eso, además de buscar residencia, verificaría las instituciones en donde podría continuar sus estudios. Yo le relaté sobre mí, omitiendo las partes tristes, no quería preocuparla.
Me despedí de ambos cuando entramos al lobby, abracé muy fuerte a mi pequeño, lo iba a extrañar muchísimo, él era todo para mí; a Carol le di un beso en la mejilla y le dije que podía llamarme en cualquier momento si se le presentaba algo. Regresé al auto un tanto abatido, ahora que Davi no estaría conmigo los días serían más difíciles de llevar, sobre todo teniendo en cuenta que el humor de Bruna era de mil demonios (exagero, pero la verdad es que ya se me hacía insoportable).
Estuve vagando por la ciudad por horas, buscaba escusas para no regresar a casa, aunque no sé para qué, igual terminaría regresando. Fui a un pequeño centro comercial, allí me quedé en una cafetería a disfrutar de un dulce capuchino, me encontraba relajado, en paz conmigo mismo, pese a todo lo que estaba pasando, además, las cosas no podían empeorar... ¿o sí?... Mi teléfono sonó de repente, era mi padre.
- Hola pa, ¿qué tal todo? –le contesté alegremente.
- Hola juninho, tudo bem y você?
- Pues más o menos, ya sabes...
- Vi el juego de ayer.
- Fue un desastre, lo sé.
- ¿Cómo pudieron dejarlos en la banca? –preguntó extrañado.
- ¡Lo mismo quisiera saber yo! –ambos reímos en este momento.
- En fin... Te tengo noticias... Verás, últimamente nuestro agente y yo hemos estado recibiendo muchas llamadas, varios clubes se muestran muy interesados por ti... -yo tragué saliva- El Manchester United, por decir alguno, hizo una excelente oferta, estoy hablando de un mayor salario más beneficios, ¿tú qué opinas? –tomé un respiro, no sabía qué pensar al respecto.
- No lo sé padre... Es decir, me siento bien aquí, sé que no estamos pasando por un buen momento pero creo que podremos remontar.
- Sabía que dirías eso, es como si te hubiera criado yo –reímos- Aunque no te voy a negar que la oportunidad es muy buena, no la descartaremos aún, veremos que tal sigue la temporada antes de tomar una decisión definitiva.
- Me parece bien... -yo suspiré, el ofrecimiento de club inglés parecía tentador, no obstante, por ahora no tenía ninguna intención de abandonar al club catalán.
- A propósito, ¿cómo está mi nieto Lucca?
- Davi está muy bien, lo acabo de dejar con su madre, vino a inspeccionar residencias por unos días, después se regresarán a Brasil.
- ¿Es definitivo? ¿Se quedará a vivir allá? –interrogó con cierta emoción.
- Aún no me ha confirmado, pero es un progreso.
- ¡Me alegra escucharlo! ¡Buenas noticias después de todo! –ambos reímos, en eso papá guardó silencio- Y... ¿qué tal todo con Bruna? –mencionó con cierto pesar, yo emití un respiro, tenía que ser totalmente franco con él.
- Mal, no sé cuánto tiempo más pueda soportar esto... -gemí.
- Sé fuerte hijo, ten fe en que todo se arreglará –me consoló, yo esbocé una pequeña sonrisa, sus palabras me daban aliento.
- Obrigado papai, eu te amo.
- Eu te amo também meu filho, tu madre y yo te queremos muchísimo y no nos gusta por lo que estás pasando, por cierto, te manda saludos.
- Dile que la amo y que la extraño.
- Se lo diré... Bueno, que tengas un buen día, mejor dicho, buenas noches, ¿allá es de noche, no? –nos carcajeamos- Hasta luego Ney.
- Hasta luego papai.
Colgamos, yo medité por segundos, mi ánimo se hallaba reconfortado tras hablar con mi padre, aunque no pude evitar consternarme por los ofrecimientos que llegaban de otros clubes, me sentía bien al saber que les interesaba, que veían en mí a un crack (o futuro crack), por otro lado, no consideraría bajo ninguna circunstancia irme del Barça, quería ganar algo con ellos, la ciudad era apacible y tenía a los mejores compañeros del mundo y si, (sé que están pensando en ello), el hecho que Messi estuviese aquí era otro de los tantos factores que influían en mi permanencia, estar cerca de él me generaba una gran angustia (al recordarme que jamás lo tendría de nuevo), pero estar lejos me mataría.
Pedí otra ronda de capuchino, después estuve caminando por variadas tiendas sin buscar nada en específico, no me encontré con ningún aficionado así que todo estuvo tranquilo en resumidas cuentas, finalmente, emprendí el retorno a casa alrededor de las nueve de la noche. Llovió en todo el recorrido, no era una lluviecita cualquiera, ¡era un tremendo chaparrón!, con truenos, rayos y ventisca incluidos. Al llegar me metí rápidamente a la casa, no quería pescar un resfriado, aparte que hacía un frío infernal (de por sí era invierno en España). Me fui a la cocina por un poco de agua, un inusual silencio impregnaba el ambiente, obviando el ruido de la tormenta; era extraño para mí, miré la hora, un cuarto para las diez, debía descansar para el entrenamiento de mañana, sin embargo, no tenía sueño, eso se lo atribuí a los dos capuchinos. Aunque lo que más me inquietaba era que Bruna no me hubiese recibido con gritos gracias a mi hora de llegada... mmm... ¿dónde podrá estar?... Mis preguntas fueron contestadas en cuanto me asomé a la sala.
Allí estaba ella, con la bata de satín puesta, sentada en el sofá observando la televisión, al parecer un programa de farándula, estaba muy sonriente, alegría que me preocupó. Volteó a verme tras escuchar mis pasos, esperaba que me peleara pero no lo hizo, me sonrió maliciosamente a tiempo que hacia un gesto con la mano para que me sentara a su lado... "¿Por qué estará tan feliz?", pensé y tomé asiento.
- Debes ver esto –decretó altivamente subiéndole volumen a la TV, yo me enfoqué en la pantalla que mostraba a dos mujeres hermosas muy bien vestidas presentando las primicias de farándula.
Relatora 1: "La cigüeña visita la ciudad de Barcelona, específicamente a uno de los mejores jugadores de la actualidad. Lionel Messi y su pareja, Antonella Rocuzzo, están en la espera de su segundo hijo"
¡¿QUÉ?! Pensé, mis ojos se ensancharon al máximo.
Relatora 2: "Así es, fuentes cercanas al crack argentino confirmaron la buena nueva esta mañana mediante redes sociales. Recordemos que la pareja tuvo a su primer hijo, Thiago Messi, en 2012.
Relatora 1: "¡Ahora tendrá un hermanito o hermanita! (risas) Muchas felicidades a la familia Messi por su nuevo bebé... Entre otras noticias...
Apagué la televisión en ese instante, estaba en shock, me cayó como un balde de agua fría, mi interior estaba hecho un revoltijo, ¡¿qué se suponía que debía sentir?! ¿Desolación al saber que Leo ya me superó o alegría de que pudo hacerlo y que tendrá otro hijo? Las ganas de llorar volvieron, mis ojos se humedecieron, tantas emociones se juntaron de un solo golpe, llevé mis manos al rostro mientras mis codos reposaban en mis rodillas, Bruna seguía sonriendo, disfrutaba verme así.
- Parece que alguien ya te olvidó... -inquirió en tono sarcástico, esto sólo acrecentaba la repulsión que ya profesaba hacia ella- Tranquilo, estoy segura de que tú también podrás hacerlo... Podríamos seguir su ejemplo –expresó tocando mi muslo, yo alcé mi cara para verla, una inmensa furia me embargó de repente.
- ¡¿Quieres dejarme en paz de una buena vez?! –bramé apartándome rápidamente del sofá, mi cara ardía de furia y mis lágrimas salían a borbotones- ¡¿Te fascina hacerme sufrir?!
- Claro que no Ney... -dijo calmadamente- No me gusta verte así, quiero que seamos felices juntos, como antes.
- ¡Yo no te amo Bruna, entiéndelo! ¡Esta relación nunca irá a ningún lado! –repliqué con la misma intensidad, ella se puso de pie y me encaró con los brazos cruzados.
- ¡¿Y crees que tu relación con él hubiese funcionado?! ¡Ya dejó claro que no te ama! ¡Nunca lo hizo! –yo también me levanté, pero no quería retarla, sus palabras me dolieron, parte de mí hallaba verdad en ellas. Quise subir a la habitación cuando ésta me haló del brazo- ¡No seas tan cobarde Neymar Júnior! ¡¿Te molesta que te diga la verdad?!
- ¡Déjame tranquilo! –grité zafándome de su agarre, mi ira seguía creciendo, era como una bomba de presión que explotaría en cualquier momento.
- ¡Tú te quedas aquí! ¡¿Ahora sientes lo que yo siento, que la persona que amas te cambie por otra?! ¡¿Cuándo te vas a dar cuenta de la realidad?! –y... boom... la bomba explotó dentro de mi cabeza.
- ¡¿De eso se trata?! ¡¿Quieres que me arrepienta y reconsidere lo nuestro?! ¡No! ¡Yo no te amo y jamás voy a hacerlo! ¡La única razón por la que estoy contigo es porque me estás chantajeando! Ahora dime, ¿qué se siente tener que obligar a alguien que no te quiere a estar en una relación? ¡Eso es caer muy bajo! –Bruna se puso roja de la furia.
- ¡Imbécil hijo de...!
- ¡Llámame como quieras! –la interrumpí- ¡¿Te molesta escuchar la verdad?! ¡Nunca voy a amarte! ¡Mi corazón es de Leo, siempre será de él aunque te duela aceptarlo! ¡Prefiero quedarme solo por el resto de mi vida con la imposibilidad de tenerlo que pasar otro día a tu lado! –grité con fuerza, ella me abofeteó, de sus ojos emanaban lágrimas y una furia tremenda, tomó rápidamente su celular y se adentró en las escaleras, sentí un escalofrío inminente.
- ¡Tú te lo buscaste! –bramó desde la mitad de los escalones, fue entonces cuando comprendí lo que estaba a punto de hacer, entré en pánico, traté de alcanzarla, ella corrió y se encerró en el cuarto principal, pasando seguro por dentro. Un miedo congeló mis entrañas, empecé a tocar y a patear la puerta, pensando ingenuamente que podría derribarla.
- ¡No hagas esto, Bruna! ¡Te lo ruego! –grité con desesperación.
No recibí respuesta alguna, seguí golpeando con todas mis fuerzas, no me importaba si esto me generaba una lesión, estaba consternado, furioso, impotente ante una situación que arruinaría mi vida. Llevé mis manos a mi cara con exaltación, el llanto surgió cual cascada y los sollozos resonaban en todo el pasillo, seguía rogándole que no hiciera lo que claramente estaba dispuesta a hacer.
Bajé a la cocina, busqué la gaveta donde se suponía estaban las llaves de los cuartos, examiné exasperadamente, como si mi vida dependiera de encontrarla, a los pocos segundos me hallaba sacando el cajoncillo con violencia del estante que lo contenía y echando todas las llaves al piso. Escudriñaba rápidamente, tantas llaves amontonadas representaban un reto casi imposible de lograr, el terror crecía y mis lamentos aumentaban, mis manos se adentraban en el tumulto de llaves, la indicada seguía sin aparecer, al cabo de unos minutos, me di por vencido, era tarde, el daño debía estar hecho.
Me recosté sobre uno de los estantes, muy cerca de la isla de la cocina, allí me tapé la cara con las manos y emití quejidos y sollozos desgarradores, mi vida estaba devastada, todo se iría a la mierda en cuestión de segundos, si no es que ya se había ido a la mierda. Quería desaparecer, esfumarme por completo en el lugar más recóndito del Universo, donde nadie jamás volviese a saber de mí, ¡quería morirme!
Permanecí en esa posición durante largos minutos, que parecían años que atravesaban mi corazón como puñaladas de intenso dolor, nada valía la pena ahora, cualquier esperanza estaba desahuciada, ni siquiera tenía sentido seguir guardando el secreto sobre lo que pasó, fue por eso que hice lo hice.
Tomé las llaves del auto y me dirigí afuera, la tormenta seguía allí, no se había disipado, las gotas de lluvia seguían cayendo a cantaros y me empapaban la cabeza descubierta, ¡qué sentido tenía cubrirse, todo estaba perdido! Llegué hasta mi auto y lo arranqué inmediatamente, ni siquiera miré la hora, era tarde sin duda, intuía que más de las once de la noche, pero no me importó, tenía un destino en mente. Conduje como un desquiciado entre la lluvia, a riesgo de derrapar, chocar o que me multaran por exceso de velocidad, afortunadamente, nada de esto sucedió, ¡qué más podría pasarle a esta alma en pena!
Estacioné el auto cerca de la reja de entrada, me bajé para acceder al interior, por suerte, tenía copia de la llave. En el camino hacia la casa no podía parar de llorar, las gotas de lluvia se mezclaban con mis lágrimas, los truenos resonaban indulgentes y los relámpagos iluminaban mi camino. Mis ropas estaban totalmente mojadas, parecía que me hubiese dado un baño con ellas, existía peligro de contraer catarro, gripe o neumonía, pero no me importó, yo seguí caminando cual zombi, no me explicaba cómo no sonaban las alarmas, quizás fue el destino.
Me paré frente a la gran puerta principal, no quise gritar así que toqué el timbre una vez, para luego golpear ligeramente la madera, sería un milagro si no me recibieran con una escopeta, después de todo, no era hora para andar visitando a alguien, nuevamente, no me importó.
Pasaron los minutos y mis golpeteos insistentes retumbaban con intensidad, queriendo competir con los truenos, en eso, observé que una luz se encendía dentro de la casa, yo seguí pegando más fuerte hasta que se abrió la puerta.
La figura que yacía ante mí me miraba con la expresión del que ha visto a un fantasma, razón tenía de hacerlo, ese que estaba allí no era Neymar Júnior, era lo que quedaba de él, era su fantasma.
Mis piernas fallaron y cedí ante la gravedad, pero fui atrapado en el aire y mi empapada cara terminó en el regazo confortable cubierto por la gruesa tela de una bata de baño y un pijama. Finalmente estallé en un alarido desgarrador.
- ¡Perdóname Leo! ¡Te diré toda la verdad!
¡Hola a todos, he vuelto! Primero que nada disculpen la demora, y gracias a todos por leer, votar y/o comentar.
Este capítulo está dedicado a mi buen amigo Alberto @Punk_Lee, le mando un gran abrazo y que sigas mejorando cada día, vas por buen camino ;)
#CapsMasLargos... No se me olvida eh.. Ja, ja XD
También se lo dedico a Messi y a Neymar, por sus nominaciones al Balón de Oro 2015 ¡Felicidades Cracks!
Nuevamente, gracias a todos por estar allí y por seguir esta historia, les deseo felices fiestas y que disfruten estas fechas llenas de amor y prosperidad al lado de los que más quieren <3
¡Eu os amo! -Icious
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