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Sexo antes de irnos

¡Campeones! ¡Campeones! ¡Oe Oe Oe!

El eco de nuestra celebración aún retumbaba en mis oídos, sigo incrédulo con todo lo que me está pasando, el equipo, la temporada, el triplete, mi espectacular novio... ¡Wow! No quiero adelantarme, pero puedo decir que este año ha sido uno de los mejores de mi vida.

Sin embargo, una repentina melancolía embarga mi interior, se viene la pausa vacacional de los clubes y, en el caso de nosotros los suramericanos, tenemos que disputar la Copa América en Chile. Es excelente, es mi primera participación en dicho torneo, Leo también estará, lo que significa que no nos veremos por un tiempo.

Falta apenas un día para tomar el avión con destino a Chile, pensaba viajar con Leo, no obstante, ambos iríamos a ciudades diferentes dados nuestros respectivos puntos de concentración, así que hicimos otros planes: él compartiría vuelo con Masche, mientras yo lo hacía con Dani y Adriano.

Era de tarde en mi casa, la cortina lumínica naranja penetraba por las grandes ventanas. Yo me hallaba en mi habitación terminando de arreglar mis maletas, después de esto me tumbé en la cama y miré al techo pensativo, iba a ser un período extenso sin estar al lado de mi pulguita adorada, nos llamaríamos y mensajearíamos, obviamente, pero no sería lo mismo, necesitaría su contacto, su sonrisa al despertar, su cara sonrojada, su piel con la mía, sus abrazos, sus besos, sus mimos... Cerré mis ojos, ya perdí el aliento de sólo imaginarlo... ¡Deus, debo llamarlo ahora!

- Aló Ney... -su voz suave salía de la bocina de mi teléfono, ni siquiera me di cuenta en qué momento le marqué- ¿Cómo estás? ¿Hiciste tus maletas? -tragué saliva, no sabía qué decir, sólo tenía claro que lo deseaba.

- Estoy bien amor, si, ya las hice... ¿Qué estás haciendo?

- Estoy en casa, acabo de terminar con mi equipaje, je, je... ¿Quieres que vaya para allá? –definitivamente este hombre es telépata, sonreí pícaramente.

- ¿Si quiero que vengas? ¿Es una pregunta?... –hice una breve pausa, me mordí el labio ante lo que estaba a punto de decir- Te necesito ahora mismo... Ven acá y hazme el amor como si no hubiese mañana –fue una orden más que una petición, ocurrió un breve silencio, imagino que mi voz sonó como la de un completo urgido, Leo pensará que parezco una perra en celo, aún tengo chance para evitarme una vergüenza mayor, pero...

- Voy enseguida mi amor.

Colgamos. Mordisqué mi labio una vez más mientras mi pulso cardíaco aumentaba, mi mente empezó a ponerse creativa, era increíble la manera en que mi imaginación volaba ante la sola idea de tener relaciones con Leo, debía apresurarme en lo que sea que fuese a hacer, mi novio llegaría en cualquier momento.

Pasaron pocos minutos cuando escuché su camioneta estacionándose afuera y la puerta principal abriéndose. Lo miré desde donde me encontraba, se veía súper guapo con sus jeans desgarrados, botines blancos y una camiseta negra con estampado, dejando al descubierto los tatuajes de su brazo derecho. Puso sus llaves en una mesita del pasillo y caminó silenciosamente hacia la sala, reí ante su expresión al no encontrarme allí en primera instancia, abandoné mi posición, toqué ligeramente su hombro a sus espaldas y, en cuanto se volteó, atrapé sus labios en un acalorado y desesperado beso.

Estaba desnudo, me quité la ropa antes de su venida, un inminente sonrojo apareció en su rostro cuando lo notó, no hay carita más adorable. Lo tumbé en el sofá y me subí a él, sin despegar mi boca de la suya, meneando mis caderas para que nuestros miembros se frotaran, las erecciones no tardaron en aparecer.

- Tienes demasiada ropa cariño... -le susurré sólo para después morderle la oreja.

Le di cierto espacio para que se sentara, él se despojaba de su camiseta mientras yo desabrochaba sus pantalones y los deslizaba fuera de sus fuertes piernas. Lo empujé otra vez hacia abajo y lo besé, mis manos traviesas apretaban el bulto de su entrepierna, gimió, yo sonreí pícaramente y me senté en él, mirándolo directo a los ojos y mordiendo mi labio inferior.

- No sabes lo sexy que te ves cuando haces eso... -dijo suspirando al tiempo que me nalgueaba, sentí mi cara arder en excitación, estiré mi brazo hacia la mesa del frente, tomando una cinta negra y estirándola frente a su mirada expectante.

- ¿Sabes? Leí que los otros sentidos se hacen más sensibles si no puedes ver... y... pensé que debíamos comprobar si es cierto... -expresé desviando la vista a todos lados y jugueteando con la venda, él rió, se levantó y me dio un breve pico, colocándose el listón en los ojos mientras yo lo anudaba por detrás de su cabeza.

Lo volví a empujar en el sofá, succioné su cuello y su clavícula, dejando marcas en su dulce y pálida piel, acariciando su duro miembro por encima de sus boxers. Seguí mi camino de besos y chupones por su pecho y abdomen, su respiración se agitaba, su cuerpo se tensaba y sus manos buscaban desahogo en mi cabello.

Bajé lentamente sus interiores, rozando sus muslos mientras lo hacía, sus suspiros incrementaron, esta vez con mi nombre grabados en ellos. Le di breves toques a su punta con mis dedos, estaba rígido, lo tomé de la base y lo metí en mi boca, enrollando mi lengua a su alrededor. Traté de llevarlo hasta el fondo de mi garganta pero era difícil, aunque no importaba, sus gemidos retumbaban en toda la casa, gracias al cielo mis vecinos vivían alejados de mí. Presionó sus manos en mi cabeza, hundiéndome más en su entrepierna, apreté sus glúteos y lo nalgueé, saboreando el líquido caliente que llenaba mi boca.

Me subí a él a gatas, su cara estaba coloradísima, le quité la cinta negra de los ojos e, inmediatamente, mis labios devoraron los suyos. Él clavó sus uñas en mi espalda y me siguió el ritmo.

- Tenías razón... Fue... Increíble... -suspiraba en el beso, sonreí de lado, él me dirigió una mirada lasciva- ¿Quieres probar?

Asentí riéndome y me coloqué la venda en los ojos, él me la ató, después se abalanzó sobre mí y me besó. Ahora que estaba a oscuras, mis otros sentidos se hacían más agudos, los susurros de Leo en mi oído, sus caricias, sus labios húmedos recorriendo cada centímetro de mi piel, su lengua alrededor de mi miembro... Todo se sentía con demasiada intensidad, me estremecía, me encontraba al borde de la locura del placer.

Eyaculé pronunciando su nombre entre gemidos incesantes, su rostro se aproximó al mío nuevamente y metió dos de sus dedos en mi boca, yo los lamí, llenándolos de saliva al máximo, después me dijo que me volteara y yo obedecí.

Sus suaves besos en mi nuca y hombros contrastaban con sus fuertes nalgadas y apretones, masajeó mis muslos y deslizó uno de sus dedos en mi entrada. Gimoteé, pero le pedí más, entonces empezó a moverlo dentro de mí, agregando el otro más tarde, yo no podía más, me acercaba al punto del éxtasis cuando decidió ponerle fin al juego de dedillos, reemplazándolos con su pene.

Reprimí mis quejidos mordiendo uno de los cojines del sofá, él pareció notarlo porque enseguida estaba besándome dulcemente la espalda, ¡cómo resistirme a este ser tan adorable! Empezó a menear sus caderas hacia delante y hacia atrás, penetrando cada vez más profundo, haciéndome clamar por él, lo quería completo, más rápido, más fuerte, no me importaba quedar destrozado. Ahora que tenía los ojos vendados, las sensaciones se multiplicaban, la euforia emanaba de nuestros cuerpos cual llamarada, mi piel se fundía con la suya, embriagándose en su calor, mi interior se llenaba con su semilla mientras la mía manchaba la tapicería.

Llegamos juntos al clímax, el divino apogeo de nuestra unión. Se desplomó encima de mí, yo me volteé y lo envolví en mis brazos, besándole la frente y acariciándole el cabello; su agarre presionaba mi cintura, entonces me quitó la venda, siendo su adorable rostro ruborizado y sudado lo primero en asomarse. Sonreímos.

- Voy a extrañarte amor mío –me dijo con un especial brillo en sus pupilas, no pude resistirme y lo besé.

- Eu também meu coração, será una tortura no verte estos meses –susurré en sus labios, él rió.

- Eres muy exagerado cariño... -acarició mi mejilla- Será por poco tiempo, mientras tanto haré el esfuerzo por sobrevivir estos meses sin ver de frente a estos ojos avellana que me enloquecen, a estos labios que me derriten, a esta carita tan adorable, a este cuerpo tan sexy... Sin escuchar tu risa todas las mañanas, ni tus bromas, ni que me beses ni me abraces... ¡Dios mío! ¡Moriré! –hizo mueca, yo solté una enorme carcajada- No es gracioso.

- Ja, ja... ¿Quién es el exagerado ahora? –seguí riéndome, en su cara se formó una leve sonrisa seguida de un lindo puchero, lo besé- No olvides que te amo solo a ti y, a pesar que no nos veamos y que la distancia nos separe, eso nunca va a cambiar meu Leo.

- También te amo meu Ney, con todo mi corazón, haría cualquier cosa por ti...

- ¿Ah sí?... Es decir, si Brasil y Argentina se enfrentan, ¿nos dejaras ganar?

- Excepto eso –nos desternillamos en risas.

Las risotadas resonaban por todas las paredes creando ecos, trataba de grabar la escena en mi mente, el aroma enervante de Lionel y su sonrisa encantadora, eso me serviría para tenerlo presente cada segundo aunque, de igual manera, su esencia era imborrable en pensamientos.

Nos quedamos dormidos en el sofá, su cabeza se apoyaba en mi pecho mientras mis brazos rodeaban su torso, acurrucándonos y aferrándonos con el alma, aguardando el día de mañana donde nos veríamos separados por cientos de kilómetros, pero con nuestro amor como principal conexión... Y nada ni nadie podría cambiar eso...

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