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Primer juego

Me levanté esa mañana con los ojos hinchados y rojos de tanto llorar, aún me sentía terrible pero debía sobreponerme, teníamos juego en unas horas así que necesitaba concentración.

Revisé mi celular, Messi aún no contestaba, lo lancé a la cama y preferí no volverlo a revisar sólo para no lastimarme más. ¡Leo me odia!, repetía mi mente atormentada.

Me dirigí al estadio más temprano de lo habitual, la mayoría de mis compañeros aún no habían llegado, me dio tiempo para enfocarme en mi objetivo: dar lo mejor de mí; jugar al fútbol era una de las pocas cosas que podían elevar mi estado anímico en estos momentos.

Vi poco a poco como mis compañeros comenzaron a llegar aunque mi atención sólo se fijaba en Messi, tenía que hablarle, tratar de disculparme, sólo así me podía sentir mejor. Leo se dirigió al casillero junto al mío para sacar sus cosas, estaba callado, más de lo normal.

- Hola Leo... -le dije tímidamente temiendo que ni siquiera me volteara a ver.

- Hola Neymar –dijo tajantemente, él no era así, siempre me llamaba Ney y preguntaba cómo estaba, esta vez no lo hizo, lo cual me rompió el corazón.

- Leo, sobre lo de anoche... yo...em... ¿recibiste mi mensaje?

- Sí –dijo seco.

- ¿Por qué no contestaste?

- Podemos hablar de esto luego por favor, gracias –expresó de nuevo con la misma seriedad, se me humedecieron los ojos.

- Vale...está bien –susurré al tiempo que observaba como se dirigía a otro sitio a cambiarse mientras yo me secaba los ojos... ¡Me odia!, pensaba.

Una vez que todos estábamos cambiados el DT aprovechó para darnos un discurso motivacional al cual no presté atención en lo más mínimo, mi mente estaba en otra parte, volví en mí cuando todos lanzaron un grito de guerra.

Todo el estadio era un clamor entre gritos, silbidos, pitazos y música, todos compitiendo por ver quien se hacía escuchar más, por un lado la fanaticada culé y por otro la hinchada del Bilbao. Salí a la cancha tratando de enfocarme cien por ciento en el juego pero mi mente seguía vuelta loca.

Sonó el pitazo inicial y desde ese momento hasta el medio tiempo para mí fue sólo error tras error. En el minuto 5 recibí la pelota al costado izquierdo de la cancha pero no pude dominarla y la perdí. En el minuto 16, rematé una pelota que se fue directo a la nada. En el 20 recibí una fuerte patada de Balenziaga que gracias al cielo no me lesionó. Después en el minuto 30 y 44 dejé ir dos oportunidades de gol al no recibir correctamente dos exquisitos pases filtrados de Messi. No estaba teniendo mi día para nada.

En el medio tiempo estaba muy callado apartado del resto con la cabeza gacha, íbamos 0-0, pero el Athltetic nos estaba aplastando. Sabía que había hecho un terrible medio tiempo y no me sorprendería nada que el técnico decidiese sustituirme de hecho, por lo que escuché, lo iba a hacer. Sólo podía suspirar y lamentarme por ello cuando vi que Messi se separó del resto y se acercó hacia donde estaba sentado, estaba serio, con el ceño fruncido, apenas si le dirigí la mirada porque me sentía realmente avergonzado. Se paró frente a mí firmemente con los brazos cruzados.

- ¡¿Qué mierda acaba de pasar allá?! ¡¿Dónde tienes la cabeza?! –expresó enojado en medio de un susurro que para mí era el equivalente a un grito de furia desgarrador.

- Leo... yo... lo siento... -dije sin mirarlo a los ojos y con un suspiro melancólico.

- ¡No lo sientas! ¿Qué te está pasando? ¡El Neymar que conozco no juega así! –expresó agitando una mano, estaba a punto de llorar, me sentía terrible, no quería verlo a la cara- ¡Mírame a los ojos cuando te hablo! –no podía verlo, me tapé la cara con las manos y dejé ir un sollozo y con ello sin querer dejé escapar un montón de lágrimas, Messi lo notó y emitió un suspiró– Neymar, mírame... -negué con la cabeza, aun tapándome los ojos, cuando sentí sus manos tomando mis muñecas suavemente- Ney, por favor... -dijo con una voz más suave y calmada, aparté mis manos de mi cara lentamente y miré a Leo, me dio mucha vergüenza que me observara todo lleno de lágrimas; éste suspiró inclinándose un poco más hacia mí hasta quedar más cerca, bastante cerca diría yo, podía sentir su respiración, puso sus manos en mis mejillas delicadamente y con sus pulgares comenzó a apartar las lágrimas de mi rostro con suavidad, aunque técnicamente aún estaba llorando no pude evitar sonrojarme y sentir mariposas en el estómago, él me dirigió una mirada tierna, la más tierna que he visto en mi vida- Perdóname Ney... -dijo al tiempo que se le humedecían los ojos.

- ¡Perdóname tú a mi Leo! –exclamé en un susurro y con la voz quebrada- Perdóname por haberte gritado ayer... sólo estabas preocupado por mí y yo te traté mal... no debí hacer eso... me siento terrible... Yo sólo...

- Shhh... -me interrumpió Messi al tiempo que colocaba su dedo índice frente a mis labios para hacerme callar, juro que mis mejillas estaban ardiendo en ese momento- Tranquilo Ney... eso está en el pasado, por ahora sólo quiero que estés bien.

- No puedo estar bien si tú y yo ya no somos amigos... -dije entre sollozos.

- ¿Por qué piensas que no lo somos?

- No contéstate mi mensaje anoche...–expresé con la mirada gacha.

- Dijiste que te dejara en paz.

- ¡No quise hacerlo! –dije volviendo a sollozar- Estaba enojado... Leo... por favor...

- Ney, escúchame... tú y yo somos amigos, nunca dejaremos de serlo –dijo mirándome fijamente a los ojos con su hermosa y penetrante mirada- Eso ya quedó atrás y no permitiré que afecte nuestra amistad, lo último que quiero es que te sientas mal, me duele mucho verte así... Quiero que vuelva el otro Neymar.

- ¿Qué otro Neymar? –mencioné melancólico.

- El verdadero Neymar, el chico alegre, el bromista de la risa contagiosa, el que ama lo que hace y se divierte jugando al fútbol, el de la mirada iluminada cuando toca el balón... -mis ojos brillaron con intensidad, me sonrojé tanto que sentía que mis mejillas iban a estallar, dejé escapar una risa, Leo sonrió también- Ese es mi Neymar.

"¿Mi Neymar?", "¿Mi?", había escuchado claramente a Messi decir eso, sentí inmediatamente como las mariposas revoloteaban sin parar en mi interior, me sentía en las nubes, la tristeza se desvaneció por completo. Me abalancé sobre él para darle un fuerte abrazo el cual me fue respondido con la misma intensidad y, aunque este no era el primero, se sintió totalmente diferente. Yo tenía mi cabeza en su hombro y mis brazos alrededor de su espalda mientras él, por la diferencia de altura, posaba su cabeza en mi pecho y sus brazos rodeaban mi cintura, ambos podíamos sentir la respiración del otro, mi corazón latía como nunca antes, Leo podía escucharlo, podía sentirlo, y me abrazó con más fuerza... el momento era perfecto, quería olvidarme de todo y fundirme en ese abrazo para quedarme así por siempre...

Leo y yo nos separamos al cabo de unos segundos, pude notar que su rostro estaba rojo como un tomate al igual que el mío, aunque a él se le notaba más porque era mucho más pálido que yo.

- Voy a hablar con el entrenador, nos vemos en la formación –dijo con una sonrisa aún con las mejillas rosadas, yo asentí.

Me quedé en la misma posición momentáneamente, estaba total y completamente ruborizado, quería esperar que se me pasara para que los demás no me vieran así, decidí hidratarme cuando escuché al DT charlar con Messi detrás de los casilleros.

- Ya está planeado... -decía el técnico- Tú mismo viste cómo está jugando, lo está haciendo pésimo, tengo que cambiarlo.

- Lo hará bien esta vez, confía en mí –mencionó Messi, yo sólo sonreí.

- Yo creo en ti Leo, lo sabes, pero... en él...

- Yo confío en él, lo hará bien, es un gran jugador, dale una oportunidad.

- Está bien Leo, tú ganas, espero que tengas razón.

- Gracias señor, ya verá que es así.

Me dirigí hacia donde estaba el equipo rápidamente para no ser visto por el DT y por Leo. No podía creerlo, Messi acababa de pedirle al entrenador que me dejase por un tiempo más aún cuando su decisión (justificada) de cambiarme ya estaba tomada, él confiaba en mí, me sonrojé y suspiré, "él hizo eso por mí", pensé, era algo que permanecería en mi corazón para siempre, no debía decepcionarlo, debía regresarle el favor, y que mejor forma de hacerlo que sobre la cancha.

Entró el segundo tiempo, el DT no realizó ningún cambio, a todos mis compañeros les sorprendió que no lo hiciera (con respecto a mi rendimiento anterior) pero no dijeron nada al respecto. Estaba concentrado totalmente en el juego. Sonó el pitazo inicial. La pelota llegó a mí por primera vez en el minuto 48 gracias a un pase de Xavi desde la mitad de la cancha, la controlé bien, traté de pasar entre San José y Balenziaga pero me la quitaron, sin embargo, la recuperé rápido, corrí lo más rápido que pude hacia el área dejando a esos dos muy atrás quería rematar pero entonces vi que Leo estaba mejor posicionado a un costado derecho cerca de Amorebieta, le di un pase rastrero con potencia a lo que su zurda celestial mandó cual proyectil a la esquina de la red. ¡GOOOOOOOL! Gritábamos todos, mis compañeros, el técnico, la banca, la fanaticada culé. Messi se dirigió a mí y nos dimos un fuerte abrazo, al instante aparecieron Pedro, Xavi e Iniesta para unirse a la celebración. Con el marcador 1-0 se abrieron todas las puertas, fue más fácil acercarse al arco esta vez, llegábamos cuándo y cómo queríamos. Messi cobró un gol de penal en el minuto 50 después de que San José me diera con el codo en la cara mientras estaba en el área, sé que a veces se me acusa de teatrero y, no voy a negar, que muchas veces exagero pero esta vez era indudable que había recibido un golpazo. Leo anotó, celebramos y nos abrazamos otra vez, ¡GOOOOOOOL! 2-0. Quería un gol pero a veces me costaba llegar con claridad fue entonces, en el minuto 63, cuando Messi, driblando a dos defensas me dio un pase perfecto totalmente habilitado, no sé por qué lo hizo si pudo haber rematado sin problema para conseguir un hat-trick, sé que es importante para él porque siempre quiere estar en la competencia por el Pichichi con Cristiano, pero no, no remató, esta vez prefirió pasármela a mí, no lo iba a defraudar, me cuadré instantáneamente y rematé de pierna derecha mandándola directo al fondo de la red. ¡GOOOOOOOL! La multitud enloqueció por el 3-0, fue un golazo, muchos estaban sorprendidos, el chico nuevo marcó, acababa de hacerlo, grité y celebré con mis compañeros, aparte Messi me dio un fuerte abrazo al tiempo que me susurraba al oído tapándose la boca con las manos, como él solía hacerlo: "Sabía que lo lograrías, ese es mi Ney". "Su Ney", pensé, "soy su Ney", me emocioné tanto al oír esto, las mariposas revolotearon como locas en ese instante, no lo defraudé, hice que se sintiera orgulloso y eso me encantó, no podía borrar la sonrisa de mi rostro, de hecho, se quedó en mi cara por el resto del partido...

Finalizó el encuentro 3-1, Aduriz había marcado en el minuto 86 después de cobrar un penalti a raíz de una falta de Piqué en el área. Fue favorable, grandioso, obtuvimos los tres puntos, habíamos empezado la liga con buen pie. Todos celebrábamos en los vestuarios. El DT incluso me felicitó, dijo que, a pesar del primer tiempo, lo había hecho estupendamente.

- Leo y tú hacen una dupla perfecta –mencionó el entrenador- Ambos estuvieron geniales en el segundo tiempo, espero esa misma química entre los dos en los próximos partidos.

- Sí señor –dijimos al unísono.

- ¡Hurra por Neymar y por Leo! Oeoeoe... -gritó Piqué y todos lo siguieron, formando una rueda muy estrecha alrededor de ambos, no pude evitar carcajearme.

Después de festejar, ducharnos y cambiarnos, cada quien se dirigía a su casa. Yo me encontraba caminando hacia el estacionamiento cuando sentí una mano en mi hombro... esto ya es costumbre así que ustedes deben saber quién es.

- Bien jugado Ney, sabía que lo harías –dijo Leo con una enorme sonrisa.

- Tú estuviste mejor que yo... -ambos reímos, Leo se sonrojó- Gracias por apoyarme, sé que hablaste con el entrenador para que no me cambiara...

- ¿Escuchaste lo que dije? –dijo alzando una ceja.

- Sí... -respondí dudoso para luego soltar una carcajada junto con él- Gracias por creer en mí –dije esto al tiempo que Messi se abalanzaba sobre mí y me daba un fuerte abrazo.

- Siempre Ney... Siempre... -susurró en mi oído mientras le correspondía el abrazo.

Permanecimos en esa posición durante unos minutos, no queríamos separarnos, pero teníamos que hacerlo, era tarde y Leo debía volver con su familia, nos despedimos y cada quien tomó el camino hacia su respectivo vehículo. Al llegar allí, me monté en el asiento del piloto y estuve unos momentos mirando el ambiente a través del cristal con mis manos en el volante, suspiré, mi corazón latía a mil por hora, sonreí... "Siempre Leo... Siempre..."


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