La parrillada
Se me hizo súper tarde para el entrenamiento y a cambió recibí una amonestación del entrenador, la verdad casi no pude dormir por estar pensando en Leo... ¡Estúpido Leo! ¡Sal de mi cabeza! Pensé entre risas.
El entrenamiento transcurrió tranquilo, nos ejercitamos duro pues al día siguiente jugaríamos el primer partido de liga de la temporada frente al Athletic de Bilbao, un equipo fuerte y complicado. Nos dieron unas cuantas indicaciones al respecto de las alineaciones, me correspondía acompañar en la delantera a Messi y a Pedro como lateral izquierdo en una alineación de tipo 4-3-3. Me pareció bien ese puesto, ya lo había ocupado antes en el Santos, claro que allá no compartía ataque con el mejor del mundo.
Al mediodía estaba de vuelta en el hotel, hice unas cuántas llamadas a diferentes personas entre ellas mi hijo Lucca, a mi padre y al agente de bienes raíces que se encarga de los asuntos de mi nueva casa porque, como se imaginaran, no pienso quedarme para siempre en este hotel.
Cerca de las dos de la tarde, una hora antes de la pautada para la parrillada, me dispuse a ducharme y a arreglarme para dicho evento. Me puse una camisa azul celeste de botones con las mangas arremangadas hasta el codo, jeans negros ajustados y zapatos deportivos negros. Salí de la habitación a un cuarto para las tres y emprendí mi camino hacia el restaurante de Mascherano.
Llegué quince minutos después de las tres, la mayoría de mis compañeros estaban ahí, algunos acompañados por sus parejas e hijos; al verme me saludaron alegremente, a excepción de Masche que estaba ocupado atendiendo la parrilla pero me hizo una seña de saludo con la mano. Dani y yo armamos relajo inmediatamente, junto con Piqué y Adriano empezamos a hacer bromas al resto de los compañeros, Iniesta y Anna, su esposa, se reían muchísimo con nuestras payasadas, mientras que Xavi sólo meneaba la cabeza pensando "qué inmaduros son".
En eso vi a Messi llegar, la verdad con tanta distracción ni me había fijado que no estaba aquí, mi mundo se paralizó por un segundo cuando lo vi venir hacia nosotros y se derrumbó enseguida al ver que estaba acompañado por Antonella. Ambos estaban tomados de la mano y lucían muy felices, ella tenía puesto un vestido largo y floreado que adornaba con su cabello largo y moreno y él traía una camisa blanca de botones, unos pantalones de tela color beige junto con zapatos de cuero del mismo tono. En ese momento, ambos representaban el perfecto marco de la pareja perfecta, hecho que me ocasionó incomodidad y un repentino nudo en la garganta, que bueno que nadie pudo notarlo, o al menos eso creía.
Messi y Antonella saludaron a todos junto con Thiago, el cual venía con ellos en un principio para saludar a los compañeros de equipo y, posteriormente, dirigirse al sitio de juegos con los otros infantes. Thiago me pareció sumamente lindo, era un pequeño adorable e increíblemente parecido a Leo, lo cual hizo que me encantara aún más.
En fin, volviendo al tema, cuando les tocó el turno de saludarme, Leo me dio un abrazo, al igual que a los demás y me dijo con una sonrisa:
- ¡Hey Ney! ¿Cómo estás? –siempre me preguntaba cómo estaba, no sé por qué, parecía ser costumbre en él.
- Bien, Leo bien –dije sonriendo levemente.
- Ney, ella es mi novia, Antonella Rocuzzo –dijo al tiempo que la señalaba- Anto, él es Neymar.
- ¡Un placer Neymar! –exclamó ella con una gran sonrisa estrechando mi mano, yo le devolví la sonrisa por cortesía, aunque en realidad no me sentía para nada cómodo- Leo me ha hablado mucho de ti, es bueno que sean amigos.
- Sí... amigos –mencioné haciendo un esfuerzo sobrehumano para que no se notase mi incomodidad.
Después de eso, Leo y Anto se sentaron al lado de Iniesta y de Anna a charlar un rato. Piqué, Adriano y Dani siguieron con la joda haciendo reír a todos excepto a mí, trataba de fingir sonrisas para despistar al resto pero para nada estaba feliz, no podía dejar de mirar a Messi y a su pareja, se veían tan felices juntos, la forma en que reían, en que se tomaban de las manos, en la que se besaban, todo eso me hirió y no tengo idea de por qué, no quería pensar que fuesen celos porque entonces me sentiría muy estúpido, ¿por qué estaba sintiendo todas estas cosas?
Dani me sacó por un segundo de mi trance y me propuso ir a buscar unas bocinas al depósito para colocar música antes que trajeran la comida, a lo cual accedí sólo para no tener que observar más a Leo y a Antonella. En el camino hacia el depósito Dani me observaba con atención, fue entonces cuando supo que algo no andaba bien conmigo.
- Irmão o que você tem? –preguntó Dani al tiempo que entrábamos en el depósito del restaurante.
- Nada, tudo bem –le dije cabizbajo tratando de mantenerme tranquilo pero no lo conseguí.
- En serio Ney, ¿qué te ocurre? Hace un rato te veías tan feliz y ahora no, a mí no me engañas –me dijo tomando mis hombros- Puedes contarme, sabes que somos amigos.
- No me pasa nada, en serio, creo que es el cansancio y los nervios por el juego de mañana –mentí, en verdad no quería seguir hablando sobre el tema.
- ¿Seguro?
- Sí... ahora busquemos las bocinas y volvamos que ya tengo mucha hambre –dije tratando de esbozar una sonrisa, sé que esto no engañó a Dani pero al menos no insistió más en el asunto.
Volvimos a las mesas e instalamos las bocinas cerca de un taburete que estaba en la puerta de entrada, conectamos el teléfono de Piqué y escuchamos todo su repertorio de música, no era sorpresa que muchas de sus canciones fuesen de Shakira. Comimos unos minutos después y, menos mal, porque el olor a carne asada ya me estaba matando de hambre. Todo estaba delicioso y nos reímos bastante con las conversaciones que se desarrollaban en la mesa.
Después de comer, varios siguieron con las bromas, algunos a mi parecer un poco pasados de copas se pusieron a bailar y a cantar las canciones del celular de Piqué en voz alta y muy desafinadamente, lo cual fue muy divertido, me reía, o al menos intentaba, no voy a mentir, aún tenía un nudo en la garganta que se incrementó aún más cuando empezaron a sonar las canciones lentas, muchos de mis compañeros sacaron a bailar a sus parejas, entre ellos Messi. Mi furia creció al momento que los vi danzar a ambos, apretaba mis labios de los celos... Un segundo ¿acabo de decir celos? ¡¿Qué carajo me ocurre?! Traté de relajarme, miré hacia los lados, me uní a la joda que tenían mis compañeros sin pareja tratando de quitar la vista de la pista de baile. En eso, sentí que alguien se sentó a mi lado poniendo su mano en mi hombro, como era su costumbre.
- ¡Hey Ney! ¿Qué más? ¿Cómo las estás pasando? –preguntó Messi sonriente, "como si de verdad le importara", pensé mientras veía que Antonella estaba bailando con Pedro.
- La estoy pasando bien –dije seco.
- ¿En serio? –dijo alzando una ceja.
- Sí, ¿por qué no lo estaría? –mencioné encogiéndome de hombros.
- No lo sé, no te ves muy animado, más bien, te noto algo... triste... ¿Qué te ocurre? –expresó viéndome fijamente a los ojos.
- Nada... estoy bien –dije tratando de evadir esa poderosa influencia que, por algún extraño motivo, la mirada de Messi tenía sobre mí.
- No me mientas, sé que no lo estás... puedes decírmelo.
- La verdad es que no quiero hablar de ello –expresé desviando la mirada.
- Pero Ney...
- ¡No quiero hablar de ello! ¡Déjame en paz!–grité enojado, menos mal que la música era tan fuerte y nadie me escuchó, bueno, nadie excepto Leo, el cual bajó la mirada y quitó la mano de mi hombro.
- Está bien... No te molestaré más –mencionó afectado al tiempo que se levantaba de la silla e iba junto a Antonella cabizbajo. ¿Qué he hecho pensé?, pensé.
Estaba enojado, no obstante, después de unos segundos de reflexión me sentí mal, terriblemente mal, Leo sólo estaba preocupado por mí y yo le salí con una patada, me sentía pésimo conmigo mismo. Fui el primero en regresar a casa, lo cual es inusual en mí pues siempre soy, como quien dice, "el amo de la fiesta", "el primero en llegar y el último en irse", pero esa noche no me sentía esa persona, estaba con el ánimo por los suelos. Me excusé con mis compañeros por no poder quedarme más tiempo, ellos entendieron amablemente, probablemente creyendo que estaba cansado por los cambios de horarios.
Llegué al hotel, subí a mi habitación y me tumbé en la cama con expresión melancólica, muchos pensamientos pasaban por mi cabeza al mismo tiempo, esto me produjo jaqueca. No entendía qué ocurría conmigo, primero los supuestos celos (aunque de supuestos no tenían nada) que sentía hacia Leo, la rabia al verlo a él y a su mujer juntos era algo que, lógicamente, me parecía ridículo pero que, a pesar de todo, sentía, no quería sentir esas cosas, no me gustaba, me hacía daño, ¡¿por qué?! ¡¿Por qué simplemente no podía desaparecer esa sensación?!
Después de unos minutos de debatirme con la ira interior mi mente me llevó a una sensación mucho más tormentosa que esta y era el hecho que estaba peleado con Messi... ¡Diablos! La forma en la que le había hablado, así no se trata a un amigo, él sólo se preocupó, no debí contestarle así; en seguida se me humedecieron los ojos, "Leo debe estar odiándome", pensé y no pude evitar derramar lágrimas. Sólo pensar que él y yo nos peleáramos me dolió más que verlo con su mujer, tenía que disculparme inmediatamente fue por ello que tomé el celular y le envié un texto.
- "Leo perdóname por cómo te traté hoy, estaba molesto por un montón de cosas que ahora veo que son bastante tontas, aunque eso no me daba el derecho de hablarte como lo hice, espero que puedas perdonarme de corazón porque eres un buen amigo y no quiero que esto afecte nuestra amistad, eres de verdad especial y no quisiera dejar de hablar contigo _Abrazos, Neymar"
Estuve unas horas esperando su respuesta pero nunca contestó. ¡Leo me odia! Lloré y lloré desconsoladamente, aferrándome a la almohada húmeda por tantas lágrimas, no hice más que eso hasta que conseguí el sueño... Nunca había llorado así en mi vida.
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