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Confusiones (segundo tiempo)

/* Capítulo narrado por Messi */

No he hablado con Neymar desde nuestro episodio en las duchas, ni llamadas, ni mensajes, ni nada, eso me tenía deprimido, generalmente manteníamos extensas conversaciones, donde no parábamos de reír y hacernos bromas, no obstante, sabíamos que después de esto nada iba a volver a ser como antes.

Seguía confundido, aturdido, mi mente me torturaba a cada instante. No había podido dormir bien desde esa noche. Cuando más o menos lograba descansar, sus hermosos ojos avellana aparecían enfrente de mí junto con su cautivante sonrisa... ¡Sí tan sólo pudiera aclarar mis sentimientos! Antonella empezó a preocuparse por mí, y no es para menos, me veía terrible, decaído, ojeroso y demacrado; yo no quería decirle la verdad, temía que esto pudiese causar un daño mayor, así que me inventé un malestar falso lo cual pareció no convencerla.

En los entrenamientos era donde peor lo pasaba. Neymar y yo no nos dirigíamos la palabra, ni siquiera volteábamos a vernos, esto me dolía cómo no tienen una idea, nunca había sido tan frío conmigo; lo peor fue cuando decidió cambiar de pareja de calentamiento, eso me destrozó, traté de disimularlo ante mis otros compañeros pero el daño estaba hecho... ¡Me odia!, pensé con dolor... ¡Neymar me odia! Esta sensación me persiguió toda la semana, a cada instante, lloré como jamás había llorado antes... ¡Había perdido a mi mejor amigo! ¡Perdí a mi Ney!

Tenía tantas ganas de hablarle pero temía que, si lo hacía, no sabría qué decirle, ni yo mismo parecía entenderme, mi panorama sentimental lucía peor que un día de tormenta, excesivamente nublado, sólo podía suspirar y guardar silencio, porque al menos en el silencio sabía que podía estar a salvo... ¿Por qué tengo que ser tan cobarde?

El último partido se dio la mañana del sábado, marcado por un empate sin goles ante el Deportivo La Coruña, fue un juego bastante aburrido, tengo que admitirlo. Mi mente no estaba al 100% y tampoco la de mis compañeros, ellos porque deliberaban en las vacaciones, la mía porque seguía pensando en Neymar... ¡Estaba hecho un lío!

Esa tarde era la fiesta de Piqué, no quería ir, sabía el riesgo que corría si me aparecía allá, pero lo hice para no quedar mal con el equipo.

Me vestí sin ánimo, Antonella tuvo que escogerme la ropa, no tenía ganas de hacer nada, ¿para qué? ¿Con qué objeto? Ni siquiera era capaz de aclarar mis emociones. Eran las ocho de la noche, Anto y yo íbamos camino a la casa de Piqué y Shakira; ella me miró preocupada en todo el camino, yo odiaba que ella me viera así, la quería mucho y no era mi intención inquietarla más de la cuenta.

Llegamos tomados de las manos como siempre solíamos hacerlo, más por apoyo que por ser pareja porque, ahora que lo pensaba, Antonella se había convertido en eso, en una gran amiga en la que siempre podía confiar, que me levantaba cuando caía, me daba alegrías, me dio lo más grande de este mundo: Thiago; era mi base, mi sustento, la amaba pero ¿era el amor de mi vida? Me olvidé de esta última interrogante a tiempo que silenciaba el otro montón de pensamientos que agobiaban mi mente.

El ambiente era bastante prendido, música a todo volumen, luces, bebida y comida en abundancia y muchas, pero muchas personas. El anfitrión nos recibió con entusiasmo y nos indicó nuestro puesto, allí se encontraban Iniesta, Xavi, Masche y Puyol, cada uno acompañado con su respectiva pareja. Hablé un rato con ellos, sobre todo con Puyol dado que hace tiempo no lo veía, todo iba bien hasta que volví mi visión a la mesa de enfrente y me encontré una escena bastante desagradable: Neymar con una chica, que parecía una "trabajadora" de la noche, sentada en sus piernas, besándose acaloradamente. Él creía que nadie los estaba viendo pero la verdad es que sí, estaban armando tremendo show. Yo apreté mis labios, una repentina sensación de furia recorrió todo mi cuerpo, eran... ¿celos? Sí, definitivamente lo eran, al fin estaba claro en algo. Vi cómo se despegaba de la muchacha, se levantaba de su asiento y se dirigía a la barra por más licor, más del que debía consumir dado que empezaba a notársele un ligero tambaleo en el andar, sabía que algo que le pasaba, no era el mismo chico alegre de siempre, me preocupé por él, era tiempo de hablarle.

Me dirigí hacia él con cautela, atravesando la pista de baile hasta la barra donde se encontraba el brasilero sirviéndose su enésimo trago de whisky, le puse la mano en el hombro, éste volteó a verme, después de tantos días por fin me veía, sus hermosos ojos estaban en mí otra vez... ¡Concéntrate Leo!

- Hola Ney, ¿podemos hablar?

- ¿Cómo para qué o qué? –dijo en un tono tan frío que me lastimó las entrañas.

- Por favor, será sólo un momento –dije al tiempo que éste me dirigía una mirada gélida, nada parecida a las que solía intercambiar conmigo, ese brillo en sus ojos ya no estaba... ¡Me odia!, pensé.

- Más te vale que sea rápido, Esmeralda me está esperando –mencionó haciendo referencia a su acompañante.

Ambos salimos al patio trasero para platicar en privado, una vez allí permanecimos unos segundos en silencio, mirándonos a los ojos con expresiones perdidas y tristes, era la primera vez que estábamos frente a frente desde el "acontecimiento" de las duchas.

- ¿Te vas a quedar parado allí o me vas a decir para qué quieres hablar conmigo? –preguntó Neymar serio, no tienen idea de cómo me dolía su frialdad.

- Ney, yo... -dudé, se me había nublado la mente otra vez- Sólo... quería saber cómo estabas.

- ¡¿Y para eso me sacas de la fiesta?! ¡¿Qué pretendes Leo?! –expresó frunciendo el ceño- Si me disculpas, hay alguien esperando por mí.

- ¿La tal Esmeralda? ¿En serio? –mencioné cruzándome de brazos y frunciendo el entrecejo.

- ¿Qué tiene de malo?

- ¡Tienen montado todo un espectáculo en su mesa! ¡¿Qué creen, que nadie se da cuenta?! Aparte, apuesto que "Esmeralda" ni siquiera es su verdadero nombre, parece como si acabara de terminar su turno nocturno ¿No pudiste buscarte algo mejor? –vociferé enojado, tal vez demasiado enojado ¡Malditos celos!

- ¡¿Cuál es tu problema?! ¡Yo hago con mi vida lo que quiera! ¡No es asunto tuyo con quién cojo! –expresó con furia.

- ¡Perdón por preocuparme! –exclamé sarcásticamente- ¡Después cuando te peguen alguna enfermedad no te quejes!

- ¡¿Quién te crees para decirme qué hacer?! ¡Un simple beso no me hace de tu propiedad! –gritó enojado, ¿tenía que decirme eso en este momento?, ¿en serio?, si no lo quisiera tanto le daría un puñetazo.

- ¡¿Era necesario que mencionaras eso?! ¡¿Sabes que hay gente que puede escucharte?!

- Nadie nos oye con la música tan alta, no seas paranoico y sí, tenía que sacarlo, ¡¿no te estás oyendo?! ¡Me estás armando una escena de celos!

- ¡¿Celos?! ¡¿De qué hablas?! ¡No estoy celoso! –exclamé enojado, no pude haber sido más obvio.

- ¡Pues no parece!... ¡¿Qué pretendes conmigo?! –expresó cruzándose de brazos- ¡¿Todo esto es un juego para ti?!

- No entiendo de qué hablas... -dije un poco más calmado y encogiéndome de hombros.

- ¡De ti y de mí! ¡¿Te parece que está bien jugar conmigo así?! –expresó al tiempo que se le humedecían los ojos, eso me lastimó – ¡No logro entenderte, Leo! ¿Sí no querías nada conmigo por qué me besaste?

- Yo... eh... -dudé mirando a todos lados, era una de las tantas preguntas que me habían estado atormentando desde hace días- No... no lo sé.

- ¡¿No lo sabes?! ¡¿Y pretendes que no me enoje?! ¡No puedo más con tus mensajes confusos! ¡Simplemente no puedo!... –sollozó, una lágrima corrió por su mejilla, mis ojos se humedecieron- ¿Qué sientes por mí en realidad? –expresó mirándome fijamente, era la pregunta del millón, aquella que había causado todo este torbellino en mi interior, ¿qué sentía por Ney? Permanecí en silencio, mi corazón se aceleraba cada segundo, lo miré, tuve el valor de hacerlo, como si en su cautivante mirada encontraría la respuesta... Sentí miedo de nuevo, me paralicé y lo único que pude hacer fue emitir un suspiro y bajar la cabeza, "eres un cobarde Leo Messi, un jodido cobarde", me decía mi corazón. Neymar negó con la cabeza y miró hacia otro lado- Esto es inútil... No me vuelvas a molestar por el resto de la noche –concluyó con seriedad.

Él me dio la espalda para regresar al salón, todavía tenía los ojos aguados, quise detenerlo pero no lo hice, lo deje ir... deje ir a mi Ney... Una lágrima recorrió mi mejilla, la limpié a tiempo para volver a la fiesta antes que alguien se preocupara por mi ausencia. Entré y me fui directo a la mesa con Antonella, ella observó mi estado y se alarmó.

- Leo, amor, ¿qué ha pasado? –dijo poniendo su mano en mi hombro.

- Nada mi cielo, estoy bien –dije tratando de fingir que lo estaba.

- ¿Seguro? ¿No quieres que nos vayamos?

- Todo está bien mi vida, de verdad, tú sigue divirtiéndote ¿sí? –expresé con ternura besándole la frente, sí, me sentía del asco pero no por ello iba a echarle a perder la fiesta a Anto.

Ella asintió con la cabeza, no muy convencida pero, ni modo, continuó su charla con Vanessa, la esposa de Puyol. Yo estuve callado un rato, mirando al suelo, alcé mi vista dirigiéndola a la barra, allí estaba Neymar, bebiendo directo del pico de una botella de tequila, estaba llorando, nadie lo notaba pero yo sí, me torturaba verlo así porque sabía que todo aquello era mi culpa... ¡Yo le hice eso!, pensé al tiempo que se me humedecían los ojos... ¡Soy una basura!

La noche avanzaba, la mayoría de los chicos estaban un poco "pasados", menos yo, no tenía ánimos de nada, ni siquiera de beber, aunque bien que hubiese servido para ahogar mis penas. Antonella y yo decidimos que era tiempo de irnos, nos despedimos y emprendimos el camino hacia el estacionamiento, allí me encontré un cuadro desgarrador: Neymar dando tumbos, con una botella en la mano, vociferando cosas sin sentido, sostenido sólo por Dani y Adriano, la tal Esmeralda se alejaba de los tres enojada y se montaba en un taxi, mientras otros invitados los observaban estupefactos... "¡Tremendo espectáculo!", pensé decepcionado pero a la vez nervioso.

Me apresuré hacia ellos para ayudarles con el joven brasileño, el cual olía terrible y estaba hecho todo un asco... "¿Qué has hecho Ney?", pensé. Entre los tres lo montamos en la parte trasera de su auto, mientras éste sólo se quejaba y hablaba en lenguas inentendibles. No podía llegar a casa solo, alguien debía llevarlo, Dani, Adriano y yo tratábamos de ponernos de acuerdo sobre quien de los tres lo haría.

- Yo lo llevo... no tengo problema –dijo Dani arrastrando un poco las palabras.

- ¡Estás loco! ¡Tú también estás entonado! –mencionó Adriano cruzándose de brazos.

- No tanto como Ney, ¿ya lo viste? –mencionó Alves señalando a la parte trasera del auto de Neymar.

- Leo, tú no has bebido, creo que eres él más indicado para llevarlo –intervino Antonella, la cual se había aproximado a nosotros preocupada por la situación, no me enteré en qué momento había llegado.

- Pero amor no quiero dejarte sola –dije un poco contrariado.

- Estaré bien mi cielo, puedo conducir a casa, tú ve con él, necesita mucha ayuda –vociferó señalando con la cabeza hacia el vehículo.

- Creo que sería lo mejor Leo, concuerdo con Anto –mencionó Dani.

- Está bien, está bien, iré yo... –dije al tiempo que Dani me entregaba las llaves del auto.

- Cuida mucho a Neymar mi cielo, nos vemos en casa –me dijo Anto con un beso en los labios.

Me despedí de mi novia y de los muchachos, rodeé el auto y me senté en el asiento del piloto. Dirigí mi vista al asiento trasero, allí no estaba Neymar, ese no era él, más bien era lo que quedaba de él, sentí como un puñal de tristeza me atravesaba las entradas.

- ¿Qué... ha...haces... en... mi...mi... auto? –preguntó apenas pudiendo articular las palabras.

- Te llevaré a tu casa, estás muy mal.

- ¿Acaso te... te importa? ¡Esto es tu culpa!

No le respondí, eso último que dijo terminó de romper mi corazón. Emití un leve suspiro de tristeza y encendí el auto. En el camino reinó el silencio absoluto. Cada cierto tiempo observaba a Neymar por el retrovisor, este se encontraba acostado en la misma posición, con el brazo izquierdo tapándole la cara, una de las escenas más triste que he visto en mi vida.

Llegamos a casa de Neymar, me bajé primero para abrirle la puerta y ayudarlo a descender del vehículo. Le ofrecí mi mano y éste la apartó con desdén.

- ¡No me toques! ¡Yo... yo... puedo solo! –bramó al tiempo que trastabillaba para salir del auto.

- ¡Ni siquiera puedes mantenerte en pie! ¡No seas terco! –grité también, más por preocupación que por rabia.

Coloqué su brazo alrededor de mi espalda para que tuviese soporte, él seguía tambaleándose torpemente, estuvo a punto de caerse varias veces pero yo lo impedía, en una de esas ambos saldríamos lesionados.

Ingresamos al interior de la casa, muy bonita por cierto pero eso no era importante ahora, miré las escaleras, con el estado de Neymar era imposible que pudiera subir algún escalón, pero no había de otra, tenía que llevarlo a su habitación. No lo pensé dos veces, lo tomé de la cintura y las piernas para cargarlo cual bebé. Éste emitió un sonido indescifrable que no nunca supe si era de queja, de rabia o qué se yo. Ascendí las escaleras con él en brazos, se sentía extraño pero agradable, de hecho, me encantaba tener a Neymar así de cerca, tuve, más que la necesidad, el deseo de protegerlo, que se quedara para siempre allí, en mis brazos, con su cabeza apoyada en mi regazo, no había sensación que se le comparara.

Llegamos a su cuarto, lo primero que hice fue dirigirme al baño, quitarle los zapatos y las medias, y meterlo en la ducha para que se le pasara un poco la borrachera.

- ¡Leo... desgraciado! –gritó, estremeciéndose con el contacto del agua helada.

Yo no dije nada, me limité a presionarlo con mis manos hacia el agua. Una vez que vi que ya estaba más "cuerdo", me dirigí a uno de sus cajones para sacar un pijama y se la arrojé para que se cambiara. Iba a cerrar la puerta del baño para darle privacidad cuando vi que aún fallaba en coordinar sus movimientos y presentaba un severo problema para desvestirse.

- Ven, déjame ayudarte, no quiero que te rompas la cabeza con la cerámica –le dije haciéndole señas para que se acercara.

Él asintió con la cabeza con expresión seria y a la vez ida al tiempo que se acercaba a mí. Primero, le quité la camisa y el pantalón con extremo cuidado, evitando sonrojarme mientras lo hacía, después fui por su bóxer, me detuve un momento para pensar la situación pero dejé de hacerlo, era mejor si no le daba tantas vueltas. Lo hice rápidamente, casi sin mirar, digo casi porque puede que se me haya escapado una mirada hacia la entrepierna de Neymar (o varias, qué se yo, es mejor no decirlo). Traté de vestirlo casi con la misma rapidez, sin tomar en cuenta el hecho que Ney estaba desnudo frente a mí, los dos solos y que, prácticamente, podíamos hacer lo que quisiéramos, cualquier cosa... ¡Basta Leo, detente!

Terminé mi tarea y lo llevé a su cama en mi espalda, lo acosté con delicadeza, lo arropé al tiempo que éste se quedaba dormido inmediatamente. Le dirigí una mirada tierna, verlo dormir era extraordinario, su rostro era tan bello, tan pacífico, sonreí y emití un breve suspiro, le acaricié el cabello, ese suave y bonito cabello castaño, mi corazón latió con fuerza, era simplemente adorable.

- Descansa mi Ney... -susurré besando su frente.

No me pregunté por qué había dicho eso, seguía confundido, sí, pero por primera vez no cuestionaba mis acciones. Me dispuse a salir de la habitación cuando escuché a Neymar hablar dormido.

- Eu te amo Leo... -dijo inconscientemente en un susurro sólo para continuar perdido en su mundo de sueños.

Me detuve, estás palabras retumbaron en mi como la primera vez que me las dijo... Neymar me amaba, realmente lo hacía, eso explicaba el brillo especial en sus ojos cada vez que me veía, cada vez que me abrazaba, era más que a un amigo para él, estaba realmente enamorado de mí y yo... pues yo... ¡también sentía lo mismo por él!

¡¿Qué?! ¡¿Qué acabo de decir?! Mi interior se aclaraba cada vez más, dejando paso a mis verdaderos sentimientos, empecé a recordar: la primera vez que nos vimos en ese Mundial de Clubes, la emoción que sentí al saber que vendría a jugar con nosotros, el inicio de nuestra amistad, las bromas que hacía, su alegría contagiosa, su bella sonrisa y sus ojos atrapantes, las largas conversaciones que manteníamos por chat, cómo me hacía sonrojar con sus cumplidos, la confesión de verdadero amor (el del invento de la chica que, en el fondo, sabía que era yo), sus tiernos abrazos, lo sucedido en las duchas, el toque celestial de sus manos, su ardiente piel morena y esos labios... Nunca me había sentido de esa manera, ni siquiera con Antonella, era diferente, era único y especial. Cerré mis ojos por un segundo, suspiré, el corazón me latía a mil por hora, poco a poco la confusión se iba, volteé mi vista hacia Neymar que yacía aún dormido, sonreí y le susurré unas palabras que provenían desde lo más profundo de mi alma:

- Yo también te amo mi Ney... Yo también te amo.

Sonreí aún más, me sentí tentado a despertarlo para que pudiese oírme pero preferí dejarlo descansar. Salí de la casa y llamé a Augusto, uno de mis guardaespaldas para que pasara por mí, quería quedarme pero recordé que Antonella me estaba esperando y no quise decepcionarla. Él me recogió media hora después, se sorprendió al verme tan sonrojado y animado, considerando el hecho que me encontraba atendiendo a un amigo ebrio. No podía ocultar mi felicidad, mi dilema había desaparecido, dando paso a una de las sensaciones más grande que puede sentir cualquier ser humano... el amor... así es... ¡Amaba a Neymar Júnior! ¡Al fin lo comprendía! No obstante, surgía un gran problema, ¿cómo se lo decía después de lo que pasó? Con tanta alegría no había pensado en ello... tenía que arreglarlo y debía ser rápido... No iba adejarlo ir, esta vez no...




¡Hola a todos! Nuevamente gracias por leer, votar y comentar.

Este capítulo está dedicado a Leo, el cual se lesionó la rodilla unas horas atrás y estará fuera de las canchas dos meses aproximadamente, hecho muy triste y lamentable... ¡Fuerza campeón! Por último les dejo esto:

"Ánimo Messi, volverás más fuerte crack"- Neymar Jr.


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