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Chapter XXXVIII

No pude dormir en toda la noche. 

Los párpados me pesan, siento que el sueño está por vencerme en cualquier momento, pero evito sucumbir ante él bebiendo grandes dosis de cafeína.

Summer duerme sobre mi hombro. Se ha mantenido fiel a mí después de que tuvieran que darme papitas saladas para regularizar mi presión arterial. Estuve a punto de desmayarme, y aunque el doctor me aconsejó que fuera a casa me rehusé rotundamente.

Le rogué a Sam que no le dijera nada a mamá o papá, no quería preocuparlos. Aceptó a regañadientes y como a eso de las diez de la noche se marchó con Jonathan.

Laura, madre de April, se acercó una vez a mí y me dijo que podía irme a casa cuando quisiera; no bien tuvieran noticias me avisarían. Le agradecí por su amabilidad pero le dije que prefería permanecer allí. Me regaló una mirada comprensiva y volvió a su asiento. Por un instante vi que Dylan tenía la mirada posada en mí, supongo que la curiosidad mató al gato. Apenas repara en que lo descubrí espiándome se levanta y va en busca de un café.

Esa mañana mis padres se aparecieron para saber cómo marchaban las cosas. Me preguntaron cómo estaba y que podía irme en cuanto quisiera, como me negué a dejar el hospital desistieron de su tarea y se encargaron de mantener entretenidos a los padres de April.

Summer intentó persuadirme en una ocasión y a la enésima vez de negarme se dio cuenta de que algo pasaba. No sé si era el cansancio o qué cosa pero le confesé toda la verdad. Me regañó por no haberle dicho nada y casi de inmediato comprendió cuán mal me sentía.

—Ahora entiendo por qué no quieres irte. De igual forma creo que tienes que descansar, te ves fatal.

—No puedo irme hasta saber que estará bien.

—Pues en algún momento tendrás que dormir.

—Tal vez...pero no por ahora.

En algún momento del día debía haberme quedado dormido. No recuerdo qué pasó entre las dos y las tres de la tarde. Espero no haber roncado.

Cuando desperté y vi al doctor acercarse me voltee y fingí que dormía, de lo contrario sé que ni Jerry o Laura habrían accedido a hablar delante de mí. Los entiendo, desean privacidad, pero necesito estar al tanto de las cosas y sé que no me dirán la verdad si les pregunto. Le han estado mintiendo a Dylan desde hace rato y sufro por el pobre. Se ve desesperado, y el saber que April padece una enfermedad que podría causarle la muerte lo está destruyendo por dentro.

Tiene los resultados de la prueba de Jerry. Hay compatibilidad pero están un setenta y cinco por ciento seguros de que April tiene ambos riñones dañados, al menos eso fue lo que arrojaron los resultados de laboratorio, y, en consecuencia, necesitarán encontrar a otro donante. Por ahora se está manteniendo con un riñón, aunque no saben hasta cuándo seguirá siendo así.

Pierdo la consciencia por un instante, estoy demasiado cansado. El médico dice que aún no pueden operarla, hago un esfuerzo por escuchar la conversación pero me concentro tanto en no quedarme dormido que pasé por alto la explicación. Buscarán a un donante de inmediato y esperan programar una cirugía lo antes posible.

Tengo esperanzas de que encuentren a alguien.

Aguardo unos segundos y cuando despierto Laura está marchándose con mi madre, seguramente para ducharse y cambiarse de ropa. Jerry se queda junto a mi padre conversando de no sé qué cosa.

Me froto la cara con las manos para quitarme la sensación de cansancio. Necesito despejarme. Vago por los pasillos mientras bebo algo de café. Está algo aguado pero se deja tomar.

Al doblar en una esquina me encuentro a Dylan sentado solo en un pasillo vacío. Las manos ocultan su rostro, no está llorando pero sé que lo hace por dentro.

Me debato entre darme la vuelta e irme o sentarme junto a él. Giro sobre mis talones y estoy a punto de marcharme cuando su voz me detiene.

—Logan.

Me volteo y sonrío tanto como puedo.

—Hola, emm... ¿Quieres café? —Avanzo hasta su lado—. Está algo aguado pero creo que puedo encontrar otra máquina que funcione.

—¿Acaso no tendrás algo más fuerte que eso por ahí?

Rio ante su comentario y me siento sin pensarlo. No me vendría nada mal una botella de ron ahora mismo.

—¿Cómo te sientes?

Junta sus manos y exhala ruidosamente por la nariz.

—Todavía no me acostumbro a la ausencia de mi madre que ahora puede que pierda a mi prometida.

«Después de hoy ya no iba a ser tu prometida».

Opto por guardar silencio y me reservo cualquier comentario al respecto. Si las cosas no resultan salir bien es mejor que piense que ella aún lo amaba; no hay necesidad de acabar con esa fantasía.

En verdad la ama, está igual de destrozado que yo. No quiero ni imaginar lo horrible que sería estar sólo en este mundo. Ahora entiendo por qué April estaba dispuesta a sacrificarlo todo para estar con Dylan. Quería que fuera feliz.

Siento que me comporté como un egoísta.

—Te ama—digo en un susurro. No estoy mintiendo, ella realmente lo hacía, y no sé si decirlo sirve de algo, sólo sé que a mí me gustaría escucharlo.

Levanta la cabeza para mirarme, sus ojos hinchados de tanto llorar. Me regala una sonrisa torcida, su mirada me agradece y vuelve a agachar la cabeza.

—¿Tú cuánto la amas?

Me mira por entre su flequillo desordenado.

—Daría mi vida por ella —responde sin duda en sus palabras.

—Dicen que hace falta otro donante.

Sus ojos verdes centellean. Está maquinando algo, muy probablemente lo mismo que yo.

—Si soy compatible...

—Ella estará bien.

El color vuelve a su rostro, sonríe y los ojos se le llenan de lágrimas.

—Gracias.

Me da una palmada en el hombro y se va por donde vine, no sin antes detenerse en la esquina y voltear a verme.

—Logan —llama y espera a que lo vea—. Ella también te quiere. —Sonríe y desaparece.

¿Me quiere? ¿Sí sabe en qué sentido lo decía?

Dejo de cuestionarme y sonrío ante la idea de que me quiere. Yo también lo hago y al igual que Dylan daría mi vida por ella. Debería pedir una prueba de compatibilidad. Hanks dijo que mis riñones estaban sanos, todavía lo siguen estando, puedo donarle uno.

Me levanto y camino con determinación, siguiendo los pasos de Dylan. Apenas voy doblando por el pasillo cuando el enorme corredor parece oscilar como un péndulo. Cierro los ojos y la oscuridad que me rodea da vueltas, pierdo el equilibrio y me estrello contra una pared.

El pulso se me acelera de pronto. Miro el pasillo, la hilera de sillas a mi derecha parecen ser dos, no, cuatro. Todo se ve tan borroso, incluso las personas que caminan de un lado a otro en la sala de espera.

Las piernas me tiemblan, estoy paralizado. Intento avanzar pero a medida que lo hago me percato de cuán cerca estoy cada vez del piso.

El estómago me duele, la cabeza me da vueltas y soy incapaz de mantener los ojos abiertos por más de cinco segundos.

Por un instante me parece distinguir la cabellera castaña de Summer, pero ya no sé ni lo que veo. El eco de una voz llega a mis oídos, la silueta misteriosa se me acerca y me sacude por los hombros. La miro y sólo distingo una gran mancha oscura. Vuelve a hablarme y me esfuerzo por prestar atención, pero estoy tan cansado que sólo quiero dormir.

—¡Logan!

Mareado y desorientado como estoy, soy capaz de distinguir la voz de mi padre. Me alegra tanto que esté aquí...

Me toma en sus brazos y de un instante a otro ya no siento el frío del suelo. Parece como si estuviera flotando, se siente tan bien.

La cabeza me pesa y cae sobre su hombro. Su cuerpo está tibio y no puedo negarme a su calidez. Una madre arropando a su bebé. La idea me llena por dentro y me dejo vencer por el cansancio.

Cuando desperté lo hice en la penumbra de mi habitación.


Esa mañana recibí un sermón por todo el mundo. La falta de sueño y alimento me jugaron en contra, pero ya estoy bien y nada malo sucedió. No entiendo por qué tienen que hacer tanto escándalo.

Quise ir al hospital después de desayunar la tonelada de comida que preparó mi madre, sin embargo poco faltó para que me pusiera el cuchillo en la garganta y me obligara a quedarme en casa. Sam me aseguró que todo estaba en orden y que apenas tuviera noticias me avisaría.

Accedí a quedarme sólo para no darle un disgusto a mi madre. Según me dijeron el médico mandó a que me quedara tranquilo en casa, al menos un día. Que comiera, durmiera y tomara mi medicina a la hora indicada. En base a lo que le contaron mis padres dijo que era muy importante mantenerme en buen estado para no acarrear complicaciones.

Claro, ahora sí me tratan como un enfermo al corazón.

Me quedé solo en casa con Summer, quien cuidó de mí en todo momento. Aprecio lo que hace pero en lo único que puedo pensar es en April. Reviso mi teléfono a cada rato esperando ver un mensaje de Sam o de mamá. Nada.

Estoy desesperándome. Ni siquiera escribir es una buena terapia para mantener mi mente distraída.

—¿Qué tal unas pizzas? —Adrián se desploma en el sofá contiguo al mío. Había olvidado que también estaba aquí. Creo que llegó hace como dos horas.

—Suena bien. ¿Te pare cenar eso, Logan?

¿Cenar?

Miro por la ventana y las luces del alumbrado público contrastan con el cielo nocturno. ¿Cuándo se hizo tan de noche?

Honestamente no tengo ganas de cenar nada, sólo quiero saber cómo está April. Y entonces llega una idea a mi mente.

—¿Qué tal una pizza casera? Como las que hacemos en casa de Daniel.

Summer parece convencida, mira a mi hermano y éste aprueba la idea.

—No soy bueno cocinando, pero si la hacemos nosotros podré comprar de todo para ponerle encima. ¡Te haré probar la mejor pizza del mundo!

Summer asiente complacida y yo sólo siento lástima por ella. El pepinillo y la jalea no me van para una pizza.

—Iré con ustedes.

Apenas digo eso Summer está empujándome de regreso a mi asiento.

—Tú te quedas aquí a descansar, nosotros regresamos enseguida.

—¿Segura?

Asiente y se despide de mí después de tomar su bolso. Adrián me grita desde la puerta que me porte bien y yo agito la mano en alto para que se largue de una vez.

Me asomo a la ventana y sin tocar las cortinas veo como se alejan en el auto. Sí, mi plan funcionó.

Corro a mi habitación y me visto con lo primero que encuentro. Siento que en cualquier momento me descubrirán, pero intento guardar la calma y antes de salir tomo el dinero suficiente para pedir un taxi.

Corroboro la hora en mi teléfono, hace tan solo diez minutos que se fueron. De seguro ya llegaron al supermercado y conociendo a Adrián estarán un buen rato buscando los ingredientes adecuados.

Ya voy April.

Abro la puerta y me paralizo al ver la silueta de una persona ahí fuera. Tenía la mano en alto, como si hubiese estado a punto de tocar el timbre.

Entorno los ojos confundido. La conozco de algún lado y entonces, la recuerdo.

—¿Elis?

—Hola, Logan.



Me quedo petrificado, mi mente cayendo en un espiral sin retorno. ¿Por qué razón ella estaría aquí? ¿Por qué abandonar a su padre?

El miedo se esparce por mi cuerpo hasta hacerme temblar. Me aferro a la perilla con posesión, el corazón palpitándome en el pecho como un caballo desbocado.

—Lamento haber llegado sin avisar. Tu amigo Daniel me pasó la dirección.

—No hay problema...— respondo con monotonía. Estoy tan confundido—. Yo... ¿Por qué estás aquí?

Me observa con dolor en los ojos. Frunce los labios y desvía la mirada, lágrimas inundan sus ojos y el corazón se me estruja al ver su rostro de desolación.

No. Por favor, no.

—Logan— dice mi nombre como si fuese un esfuerzo para ella. Casi no tiene energías, quiere desmoronarse delante de mí pero aun así se mantiene firme—. Papá falleció.

La mandíbula me tiembla, lágrimas acuden a mis ojos y el rostro de Elis se vuelve brumoso. ¿Soy yo o no puedo respirar?

Me aparto de la puerta y entonces reparo en mi equivocación. Las piernas me fallan y aunque intento llegar al sofá para conseguir apoyo, sedo y caigo al suelo, sintiendo como todo mi ser se hace añicos.

Oigo a Elis aproximarse y la detengo antes de que pueda decirme algo.

—Estás mintiendo. —La miro a la cara. Sus ojos están recubiertos por una capa brillosa, me espanto al verme reflejado en ellos. El rostro enrojecido, lágrimas empapando mis mejillas hasta empalagarme con su gusto salado—. John no puede estar muerto, yo hablé con él. ¡Él está bien!

Me sonríe con compasión.

—Lo estaba— asegura con pesar—, pero las cosas se complicaron y...

—No. —Niego con la cabeza. Siento como si alguien estrujara mi corazón con una pinza—. John, no... Él no...

—Lo lamento.

Y fueron esas palabras, la agonía en su mirada, que me hicieron dar cuenta de la cruda realidad. John había muerto. Mi mejor amigo estaba muerto.

No sé si pudo leer mi dolor o interpretar mis deseos, Elis extendió los brazos y antes de que pudiera hacer nada me le acerqué y la estreché con fuerza. Dejó que llorara hasta que ya no quedaron más lágrimas por derramar. Nos levantamos del frío suelo de madera y a continuación siento la calidez de los cojines del sofá. Junto las manos y las presiono contra mis piernas temblorosas.

Puedo respirar mejor pero todavía siento la opresión en el pecho, algo que lo mantiene hundido y mi espalda arqueada.

Se siente como algo irreal. Ver a Elis aquí en mi casa, John muerto... Nada se siente bien. Nada encaja en este rompecabezas, ni siquiera yo.

Limpio rápidamente de mi cara todo rastro de las lágrimas. Mis manos se humedecen y las seco en la tela de mi pantalón. Elis toma asiento en el otro sofá, sólo una pequeña mesa nos separa. Ella también quiere llorar, lo veo en su mirada, pero por alguna razón que desconozco no lo hace. O al menos no la he visto hacerlo.

—¿Por qué venir hasta aquí? ¿Por qué no sólo llamar?

Junto a ella había una caja de tamaño mediano. Estaba bien cerrada y al tomarla entre sus manos me percato de la importancia de ésta. Sus dedos se aferran con posesión al cartón.

¿Qué hay ahí dentro?

—Mi padre me pidió que te entregara esto— dice, dejando la caja sobre la mesa.

La observo dubitativo. Miro la caja y luego a ella. ¿Qué quería darme John?

Evoco su rostro e imagino ese momento: él pidiéndole a su hija que me entregara un paquete y ella jurando cumplir su promesa.

Él sabía que iba a morir. El adiós que me dijo por teléfono significaba eso, un adiós.

Me acerco y deshago el nudo que mantiene las solapas cerradas. Tengo tanto miedo de abrirla. No sé qué es lo que encontraré y eso me aterra.

—Antes de morir— empieza Elis— me dio una lista de cosas. Dijo que te lo entregara lo antes posible.

El miedo se incrementa y escapa por el sudor de mis manos. Abro las solapas y lo primero que veo es un pequeño sobre. Es una carta de John. Con mis dedos temblorosos logro abrirla. La garganta se me cierra y siento las incontrolables ganas de lanzarme a llorar.

Querido Logan,

Cuando te conocí en esa banca frente al hospital mi vida cambió por completo. Encontré a un amigo, un confidente. Gracias a ti reuní la confianza suficiente para aceptar al esposo de mi nieta, y no sólo eso, conseguir que se quedaran aquí. Recuperé a un hijo que nunca creí volver a ver. Hace año que no hay niños rondando por la casa. Sus risas le dan vida al lugar. Me hicieron sentir más joven de lo que soy.

Me hiciste olvidar mi enfermedad y sólo concentrarme en el hoy.

¿Quién diría que un viejo como yo podría hacerse amigo de un joven como tú? Creo que nuestros caminos estaban destinados a cruzarse ese día. ¿Qué sería de ti ahora si no nos hubiéramos conocidos? ¿Habrías vuelto con tu familia? ¿Habrías encontrado el porqué?

Yo logré encontrar todos y cada uno de ellos. Espero que tú puedas encontrar aquel que te dé la respuesta que estabas buscando. Sé que lo harás. 

Te deseo lo mejor. Y aunque no esté físicamente, no me perdería por nada el lanzamiento de tu primer libro. Serás un gran escritor.

PD. Sé que no gané, pero aun así espero recuerdes tu promesa. Yo no he olvidado la mía.

John

Miro el interior de la caja y el corazón se me estruja. Me cubro la boca, como si eso ayudara a no llorar.

En el fondo había una pequeña caja de repostería con donas. La tomo entre mis manos y me la quedo viendo.

«Lo recordaste»

Suspiro y mis labios se estiran en una sonrisa.

ganaste— digo más para mí que para Elis.

De reojo veo a Elis moverse. Levanto la vista y tiene el brazo extendido en mi dirección.

—Me dijo que también te diera esto.

Pongo la mano y ella deja caer una cadena en mi palma. Parecía de plata aunque algo sucia por el paso del tiempo. Tenía un medallón con el relieve de una cruz en el centro. No recordaba habérsela visto antes.

—Esperaba que eso te ayudara.

—¿A qué?

—A descubrir el porqué.


Apenas Elis se fue divagué un largo rato por las calles. El aire cálido impactaba en mi rostro, la cadena de John se mueve en mi cuello y su vaivén hace eco en mi cabeza. Miro la concurrida avenida y extiendo la mano para llamar a un taxi.

La blanca luz de los pasillo del hospital me revuelven el estómago. Estar aquí dentro me hace pensar en las últimas horas de vida de John. Adoraba esa banca, respirar aire fresco, los rayos de sol bañando su piel...Me reconforta saber que al menos tenía a su familia con él.

Me pregunto cómo se sentirá Christopher. Se dio cuenta de sus errores, intentó enmendar el daño y en un abrir y cerrar de ojos su padre le es arrebatado. John estaba satisfecho pero, ¿qué pasa con su hijo? ¿Él se siente satisfecho? Yo no lo estaría...

Tomo asiento y dejo que mis pies descansen sobre la silla contigua. Apoyo los brazos sobre mis rodillas y con las manos me aferro a mí mismo.

Ahora me arrepiento de no haber viajado a Las Vegas. Verlo una última vez..., pero April aún no despierta y ahora es lo único que me queda.

«Por favor, no te la lleves contigo» ruego.

—Señores Walker.

Levanto la mirada y al final del corredor veo a los padres de April junto a su doctor. De seguro iban camino a la habitación de su hija.

—Tengo malas noticias.

Laura se aferra al brazo de su esposo, y aunque intenta verse fuerte veo sus piernas temblar.

—La condición de su hija no está mejorando y temo que si no encontramos un donante de inmediato...

Silencio. Odio el silencio.

Entonces Dylan no fue compatible con ella. Su madre no puede donarle, su médico de cabecera dijo que sería muy arriesgado. Sólo está su padre, necesita a alguien más.

El estómago de un vuelco de solo pensar en que también podría perder a April.

Mis dedos juegan con la cadena de John. Observo la escena desgarradora, el corazón se me agrieta. Observo el gravado de la cruz, mi mente divaga, se sumerge en un mar de pensamientos, dudas, inquietudes y entonces lo sé.

Me pongo de pie y camino con grandes zancadas hasta donde está el doctor. Hablaba en la recepción con una enfermera hasta que lo interrumpo.

—Disculpe. —Llamo su atención tocándolo en el hombro—. ¿Usted es el doctor de April Walker?

—¿Lo conozco, cierto? Usted solía venir a menudo.

—Así es. —Inspiro y reconstruyo la maraña de palabras para formar una oración coherente—. Quiero donarle uno de mis riñones.

Arquea las cejas sorprendido.

—Habría que hacer primero una prueba de compatibilidad.

—Hágalo. Haga lo que quiera. Vera que soy compatible.

—De acuerdo. — Parece desconfiar un poco, pero veo un atisbo de esperanza en su mirada—. Sígame, por favor.

Todo estaba en orden hasta que descubrieron mi problema al corazón. El doctor tenía miedo de incrementar el riesgo quirúrgico o anestésico.

Creo que debí aturdirlo con tantas cosas que le dije. Hasta yo dejé de entenderme en algún punto, pero no importa, porque al final conseguí su aprobación. Me hice responsable de absolutamente todo lo que pudiera llegar a pasar, aunque sé que no pasará nada. Esta es la razón de por qué volví.

Este es el porqué que estaba buscando.


___________________________

Les dejé una música de ambiente para que leyeran el cap con ella, después de todo fue la misma que escuché para escribirlo :)

Lamento la demora pero ocurrieron varias cosas (pruebas finales entre otras) ¡Pero ya llegó! 

Está sin corregir así que encontrarán algunos errores. Cuando pueda lo corregiré.

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