Chapter XXXVII
Camino por el pasillo esquivando a las personas con atuendos blancuzcos.
Todo a mí alrededor se desarrolla como una película en cámara lenta. Siento que estoy a una eternidad de su habitación, acelero el paso pero por más que lo intento no logro avanzar ni un centímetro.
Sé lo que ocurre. Tengo miedo.
No quiero verla en una cama de hospital. No quiero ver a la persona que amo morir.
Hay una ventana, todas las habitaciones las tienen. La cortina está baja pero abierta. Me acerco, temeroso, las palmas de las manos me sudan. Y entonces la veo. La imagen instantánea del accidente se dibuja en mi memoria; pequeños flashes de ese momento inundan mi mente, sofocándome. No puedo respirar. El único ruido que siento es el de mi corazón haciéndose añicos.
Apoyo la mano en el cristal, el vidrio se empaña alrededor de mis dedos. Sólo una pared me separa de ella y esos minúsculos centímetros de grosor parecen ser un abismo. Nunca me sentí tan lejos como ahora.
Me pregunto si puedo entrar. Nadie me dijo lo contrario.
Escucho voces desesperadas al final del pasillo. Mi cabeza se desvía en dirección al sonido, pero mis ojos siguen puestos en ella. Contra mi voluntad despego la vista de su rostro lleno de cortes, los padres de April corrían por el pasillo a toda prisa. Lágrimas empapaban el rostro de su madre, su llanto me erizaba los bellos.
Apenas repararon en mí. Abrieron la puerta y se abalanzaron encima del cuerpo inerte de su hija. Veo la escena a través del cristal; como acunan su rostro, como buscan sus manos para besarlas y acariciarlas. Su madre llena su rostro de besos. Más lágrimas caen por sus mejillas, colándose entre sus labios y empapando la piel del oído de April. No logro escuchar lo que dice, pero puedo imaginarlo.
Me alegra que hayan podido llegar a tiempo, pero me habría gustado un tiempo a solas con ella. No paro de pensar que todo fue mi culpa...
—¡Logan! —llaman.
Giro hacia la voz, el rostro de mi hermana luce tan pálido como la blusa que trae puesta. El terror inunda su mirada y no sé si es porque su amiga está en una cama de hospital, o porque sabe cuán perdido me siento en estos momentos.
Veo el vacío que hay en mi mirada a través de sus ojos húmedos. ¿Tan mal luzco? No quiero verme así, quiero esconder mis sentimientos... pero el dolor es tan grande que no tengo la fuerza suficiente para detenerlo. Me siento débil, impotente.
Sam reduce la distancia que había entre ambos y la cierra con un abrazo. Su gesto me toma por sorpresa y me quedo inmóvil, con los brazos extendidos a ambos lados de mi cuerpo.
Crack.
—Ella estará bien —susurra en mi oído.
Crack.
Se aferra a mi cuerpo. Puedo sentir su calor penetrando en mis huesos, llenándome con un sentimiento que no logro entender hasta que lo tengo en frente. Fe.
Crack.
¿Cómo puedo tener fe a sabiendas de que las dos personas que más quiero en esta vida están muriendo?
Algo se desgarra en mi interior, me sofoca y el pecho se me hunde. Una lágrima desciende por mi mejilla, la desesperación me abraza hasta envolverme en sus brazos.
Me aferro a Sam con desespero, angustia, coraje. Las emociones me desbordan y temo perder la cordura.
—No me dejes —sollozo. Sam pega su mejilla contra la mía, sus labios se siente cálidos contra mi oreja.
—No lo haré.
Los ojos me arden de tantas lágrimas acumuladas. Me prohibí llorar delante de todas estas personas: los padres de April, Sam, Jonathan... incluso Summer.
Opté por alejarme un poco, más que nada para darles espacio a sus padres, pero se siente como si estuviera a kilómetros de distancia. Creo escuchar el pitido de las máquinas, y aunque sé que es una locura, me tranquiliza saber que su corazón sigue funcionando.
Cuando me torno algo paranoico, Summer me devuelve a la realidad. Toma mi mano, tiemblo ante su contacto y sé que ella también puede sentirlo. Tengo la desesperación a flor de piel y lentamente estoy impregnándola como si se tratase de un perfume. Noto la agonía en sus ojos y es entonces cuando sonrío. No quiero decir nada pero verla así hace que me odie aún más. Ella no tiene por qué cargar con algo que no le corresponde.
Necesito ver esa sonrisa de nuevo, su alegría, escucharla regañándome porque cometí una estupidez. Pero sé que si digo algo se enojará conmigo y la haré sentir aún peor.
Fingir una sonrisa, aunque sea por un breve instante, acaba paulatinamente con su agonía y noto un minúsculo destello de esperanza en el interior de su mirada. Sé que hago mal por mentirle, pero no quiero verla mal por mí.
Cuando veo a Dylan llegar el estómago me da un vuelco. Mi saliva se torna amarga de celos y tengo que pretender que todo está bien conmigo. Summer presiona mi mano con sutileza y sé que ella está sintiendo lo mismo que yo. Aún no le dije lo mío con April pero es lista y no le llevará mucho tiempo deducirlo.
Lo veo entrar a la habitación de April después de hablar unos instantes con sus padres. Aparto la mirada incapaz de soportarlo. ¿Por qué el sí y yo no? No, si quisiera podría entrar cuando se me plazca y sin embargo no lo he hecho. ¿Por qué? ¿Qué me está reteniendo?
Observo las manecillas del reloj en la pared de la sala de espera.
—Aún estas a tiempo —murmura Summer.
—¿Qué harías en mi lugar? —Mi voz suena ronca, pesada.
Suspira y se acomoda en su asiento.
—Dijiste que ella ya no te importaba, que seguirías adelante y no voltearías al pasado. Me parece que es obvio lo que haría en tu lugar... y sin embargo estas aquí, desesperado por ella.
Me inclino hacia adelante, mis manos envuelven mi nuca y suspiro con agobio.
¿Qué debo hacer?
—John es mi mejor amigo. Ha estado siempre que lo necesité...—Trago con esfuerzo. Apenas puedo respirar. Una lágrima desciende por mi mejilla y no me reprimo por eso—. Su vida pende de un hilo, y la de April...
—Todavía no lo sabemos —concluye Summer—. Pero aún pareces estar en una encrucijada.
Me volteo a verla. Noto como su mejilla tiembla al verme. Desconozco mi apariencia, pero creo que me veo igual o peor a como me siento por dentro.
—¿Soy una mala persona si decido quedarme?
—Estoy segura que él lo entendería.
Limpio las lágrimas de mi rostro y vuelvo la mirada al piso de baldosas. No sé qué hacer.
—¿Quieres algo de beber?
No.
—Sí, por favor.
Cuando se va todavía siento la huella de su calor junto a mí. No quiero que se desvanezca pero necesito estar solo. Al menos un instante.
Escondo la cabeza entre mis hombros y aunque sé que no es el mejor lugar para llorar, ya no puedo contenerlo. Cierro los ojos y entonces la pierna me tiembla. Mi celular.
Respondo con desesperación. No sé qué es lo que estoy esperando, o a quién espero escuchar, sólo quiero escuchar buenas noticias.
—¿Sí?
Silencio. Oigo el ronco sonido de una respiración.
—Hola, muchacho.
Me levanto por inercia, miro hacia atrás para corroborar que nadie me vea y luego me escondo en el pasillo contiguo. La emoción de escuchar su voz provoca que casi me explote el corazón. Estoy agitado y no entiendo la razón, sólo sé que con cada respiración los ojos me arden, pican, por las lágrimas que desean salir.
—¿John? —pregunto como un idiota, pero necesito corroborarlo.
—¿Pensaste que te desharías de mí? —ríe con entusiasmo, su misma risa contagiosa me roba una sonrisa.
—Sí eres tú.
Tengo que pellizcarme varias veces para darme cuenta de que no es un sueño. John está vivo, está bien.
—¿Qué fue lo que pasó? —demando.
—No sé qué te habrán contado estas mujeres locas. —Hace una ligera pausa y le escucho reír. Creo que ellas están ahí con él—. Pero ya estoy mejor. Los doctores dicen que fue una reacción alérgica a uno de mis medicamentos. Ahora todo está bajo control.
—Casi me matas del susto. Creí que...
—¿Qué moriría? Todos lo haremos tarde o temprano, sólo que no sabemos cuándo.
—Pero tú no tienes que hacerlo ahora. —Me deslizo por la pared hasta sentarme en el suelo helado—. No quiero perderte a ti también.
—¿A qué te refieres?
Cierro los ojos y exhalo con pesadez. Ni siquiera sé cómo transmitirlo en palabras. No me parece apropiado contárselo, después de todo caba de recuperarse de una recaída. Pero no soy capaz de ocultarle la verdad.
—April tuvo un accidente. —La agonía en mi voz me produce escalofríos.
Por un instante creí que la llamada se había cortado, miré la pantalla solo para corroborar que estaba en lo cierto, y no era así.
—Lo lamento mucho. —Su voz suena dolida, afligida. Sabe cuán importante es April para mí, no importa las tonterías que dije, la amo con toda mi alma—. ¿Cómo está ella?
—Está inconsciente. Estoy esperando que el doctor venga a informarnos de los resultados —sorbo por la nariz—. Pero eso no importa, ahora quiero saber cómo estás tú.
—Mi salud no puede estar mejor, soy fuerte como una roca. —Me lo imagino sonriendo, sus mejillas rozagantes como la última vez que lo vi—. Y sé que tú también lo eres.
—Yo también creía eso—recargo la cabeza contra la pared. Los rayos de sol entran por los ventanales, llenando de vida los aburridos pasillos. Todo es irritablemente blanco o negro. Miro el cielo azul, las copas verdes de los árboles; es bellísimo en comparación con la monotonía que me rodea—. Si me dio otra oportunidad de vivir para ver como April moría yo...
—No lo es —dice con firmeza—. April estará bien. Lo sé.
—Ojala sea así...
Escucho una puerta abrirse, una voz masculina saluda a los presentes. Debe ser el doctor.
—Tengo que irme. Te llamaré más tarde, ¿de acuerdo?
—Está bien. —Me cuesta dejarlo ir pero ahora que sé que está bien una gran carga deja mis hombros—. Nos hablamos luego.
—Todo estará bien, Logan. Ya lo verás.
Sonrío con cierta melancolía. Sus palabras resuenan en mi cabeza.
—Adiós, John.
—Adiós, muchacho.
Cuelgo y me quedo unos segundos mirando el techo. Oigo la voz de Summer buscándome, salgo de mi escondite y la encuentro con dos vasos pequeños de café. Tomo uno de ellos, su rostro de espanto me saca una risa.
—John está bien.
—¿Hablas en serio? —El color vuelve a sus mejillas.
Asiento, bebiendo un poco del líquido amargo.
—Me alegro mucho por él y por ti. Verás que todo saldrá bien con April.
—Eso espero. —Bebo otro poco y entonces veo a un doctor acercarse a los padres de April. Le indico a Summer con la mirada que se voltee. Siento que es un poco invasivo de nuestra parte acercarse a escuchar, primero debe informar a la familia, aunque si hacemos silencio se puede oír con total claridad.
De soslayo veo la cabeza de Sam asomándose detrás de mí. También quiere escuchar.
—Me complace decirles que no presenta ningún traumatismo, sólo un par de costillas fisuradas.
Respiro de alivio. Tal vez John sí tenía razón.
—Pero descubrimos algo que nos tiene bastante preocupados. —Hace una pausa, mi corazón se detiene con él—. ¿Sabían que su hija presenta insuficiencia renal?
—¿Cómo dice?
El doctor sigue hablando pero yo ya no lo escucho. Siento la cabeza embotada, las voces suenan lejanas. Busco algún apoyo, tanteo el hombro de Summer y de repente, el corazón me da un vuelco y caigo sobre el asiento.
El rostro de Summer aparece frente a mi cara, sus ojos lucen asustados. Está diciéndome algo, chasqueando sus dedos para hacerme reaccionar.
La vista se me nubla por momentos. El corazón me retumba en las sienes, siento que estoy sofocándome. No puedo respirar.
Estoy temblando.
—Debió haber presentado algún síntoma —capto la voz del doctor como un eco lejano—. Fatiga, pérdida de peso, dolores de cabeza, irritación en la piel...
Una vez me dijo que cuando se estresaba le aparecía sarpullido, debía usar crema para acabar con la irritación.
En la oficina me dijo que tomaba vitaminas porque la ayudaban a mantener la energía, estaba agotada y no precisamente por el trabajo.
Sabía que algo andaba mal cuando bailamos en el aniversario de mis padres. Estaba demasiado delgada, el trabajo no pudo haberle hecho eso.
Siento algo caliente deslizarse por mis mejillas. Estoy llorando y sin embargo solo escucho el llanto de mi alma. Las grietas abriéndose paso por mi cuerpo, desgarrando la piel, los músculos, destrozándome hasta hacerme cenizas.
Me siento débil, mareado.
—Necesitaremos un donante.
¿Por qué ella y no yo? ¿En verdad estoy vivo para verla morir?
No me dieron otra oportunidad de vivir, me están dando una lección. Y duele como si estuviera quemándome vivo.
Estoy en el infierno.
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"Una puerta que se abre de golpe, y una puerta que se balancea cerrándose".
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