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Chapter XXXIV


Apenas llegó Summer, Sam se marchó porque dijo que tenía cosas por hacer. No le creí en lo absoluto, así que más tarde la enfrentaré para que me diga la verdad. Algo está sucediendo con ella y necesito explicaciones... porque yo también lo estoy padeciendo.

Mi padre tuvo que presentarse al trabajo, pero fue mi madre quien se apartó del suyo para cuidarme. Si bien Sam debía cuidarme mientras ella hacía las compras, Summer es el sustituto perfecto. Agradezco tener un tiempo a solas con ella, de esa forma podemos hablar más abiertamente.

Me recuesto en la cama y ella hace lo mismo, recargando su espalda contra la pared. Toma uno de los almohadones y juega siguiendo con el dedo el estampado.

Creo que es la decimonovena vez que le pido perdón y ya estoy comenzando a hartarla. Golpea el almohadón con los brazos y fija la mirada en mí.

—¿Puedes dejar eso ya? Lo único que me importa es que estés con vida.

Sonrío. Mis mejillas se tornan calientes.

—Ya no habrá más alcohol. Quiero pasar tiempo con mi familia, con las personas que amo. La bebida no me dará eso.

Me enseña sus dientes en una amplia sonrisa. Todo su rostro se ilumina y no es a causa de la luz.

—Me alegra que finalmente hayas decidido ir por el camino correcto.

—Yo también.

Guardamos silencio, ninguno de los dos sabe qué decir a continuación. Varias ideas llegan a mi mente, pero todas rememoran el pasado y no sé si quiere escuchar eso de mi boca.

—¿John te lo contó todo?

—¿Qué decidiste venir aquí prácticamente por una caja de donas?

Aprieto los ojos con fuerza. Me vienen ganas de reír, pero me muerdo el labio inferior. Hice todo lo posible para evitar que ella se enterara de eso y John lo arruina en un instante.

—Me desconcertó el hecho de que tus padres valieran lo mismo que unas donas glaseadas, sin embargo, considerando el resto de la historia creo que entendiste el valor que tiene una familia.

—Pues se suponía que solo estaría aquí un mes... ¡Ya casi llevo un año!

Summer ríe conmigo; su risa melódica. De pronto, me golpea el brazo y su mirada se torna asesina.

—¡Eso es por no ir a visitarme cuando volviste!

—Lo siento. —Me masajeo el brazo y agacho la mirada con cierta vergüenza—. Pensé mal de ti...

—Daniel me dijo de tus llamadas. Lamenté eternamente no haber conservado el mismo número —aparta la mirada y suspira con pesadez—. Tendría que haberte llamado. Sabía que algo andaba mal cuando no regresaste de las vacaciones, quiero decir, amas escribir, ¿por qué no regresar? ¿Qué te retenía? Pero mi orgullo era tan grande que me dejé cegar por él.

La entiendo perfectamente. Mi orgullo tampoco me permitía llamarla, hasta que me quebré y quise correr a sus brazos a pedirle perdón. Pero después de eso, después de que no respondiera, el odio me cegó y no me di cuenta de que Summer jamás dejaría a un amigo de lado. Orgullosa o no, si éste la necesitaba, ella estaría ahí.

—¿Cómo te enteraste?

—El día del juego de los Mets, cuando regresamos al auto con Olivia me pareció escuchar tu voz. —Sí me escuchó—. Daniel se puso furioso, como si no quisiera que supiéramos la verdad. ¿Por qué? ¿Por qué actuar de esa forma? Así que le obligué a contarme la verdad, de lo contrario quemaría su colección de películas.

Rio con sentimiento.

—Ahora lo entiendo todo.

—Me presentó a John, es un hombre maravilloso. Da placer poder escucharlo, hablar con él. Me lo contó todo, tal vez no con tanto detalle, pero lo suficiente como para ponerme al tanto de las cosas. Fue por eso que te llamó, quería decirte que tenías a alguien más de tu lado... —Su rostro se descompone. Traga con dificultad—. Ahí fue cuando nos enteramos de tu... ataque.

Quise decirle que no tenía nada de qué preocuparse. Aquello pudo sonar como una noticia espantosa, pero todo está bien. Estoy bien. Y lo seguiré estando por mucho tiempo.

—Vine aquí porque necesitaba volver a verte; formar parte de éste cambiando que estás haciendo —confiesa—, pero también necesitaba respuestas.

—¿A qué?

—Aquella vez que me llamaste, ¿para qué era? ¿Qué necesitabas de mí que te hizo... odiarme?

Pensé que ese tema nunca saldría a flote, principalmente porque no quería que supiera cuánto la necesitaba. Ya está aquí, estamos juntos, no hace falta revolver en el pasado; en especial si por culpa de éste la aparté más de lo debido.

Además, todo comenzó con el recuerdo de mi tía, y para serles sincero, ni mis más allegados amigos saben de su existencia, o por lo menos de cuánto me afectó su pérdida.

Tomo coraje y le cuento toda la historia; desde lo que significó para mí la muerte de mi tía, hasta el suceso en la casa del lago. Le abrí mi corazón, dejando en evidencia mis más oscuros sentimientos; todo lo que aquella noche me asfixió y me rompió en mil pedazos.

Summer no dijo una sola palabra, solamente escuchaba y con cada cosa que decía podía ver en sus ojos la agonía. Me daban ganas de parar, de terminar con aquella historia sin sentido. No me apetecía rememorar el pasado, en especial si éste fue el responsable de hacer que la odiara. Pero ella me obligaba a continuar y yo no tenía más remedio que seguir.

Al terminar pude ver una lágrima descendiendo por su mejilla; apartó el rostro y para cuando se volvió a verme no había rastro alguno que indicara que hubiese estado llorando.

—Ahora entiendo por qué me odiabas. Tenías razón en hacerlo.

—Claro que no —le reprocho. Me inclino hacia adelante y envuelvo su mano con la mía—. Fue mi culpa. ¿Cómo iba a saber lo de tu teléfono? Si me hubiera preocupado por investigar, si no hubiera dejado que el odio me consumiera me habría dado cuenta de que tú nunca actuarías de esa manera. —Quiere hablar, encontrar una excusa para mis palabras, pero le gano de mano—. Si fueras el monstruo que mi mente creó, ahora no estarías aquí... y lo estas. Eres la mejor amiga que alguien podría pedir; todo mundo desea tener a alguien como tú a su lado, y me siento afortunado de que esa persona sea yo.

Sus mejillas se ruborizan, lágrimas inundan su mirada realizando el café de sus ojos. El significado oscuro y melancólico que éstos escondían se transformó en algo mucho más hermoso. Mi corazón late lleno de vida.

Nos fundimos en un abrazo y después de una escena verdaderamente incómoda le obligué a cambiar el tema de conversación. Me contó cuán bien le estaba yendo en las clases, pero que por venir aquí tuvo que dejar de lado tres exámenes. No podía esperar a las vacaciones para verme.

—Estar aquí contigo, apoyándote, es más importante para mí que perder un estúpido examen.

Amén. Yo también pienso lo mismo. Algún día volveré para terminar los dos últimos años que me quedan, pero por el momento mi familia lo es todo. Quiero recuperar el tiempo perdido.

Lo bueno de la visita de Summer es que permanecerá todo el verano conmigo; podré exprimirla al máximo, pasar tiempo de calidad con ella. No la dejaré sola ni un segundo.

Su plan era alquilar una habitación de hotel, pero dudo mucho que tenga dinero suficiente como para costear tres meses de alquiler. Le ofrecí mi casa, no solo porque quiero tenerla cerca, sino porque tenemos un cuarto libre aquí al lado. 

Como era de esperarse se rehusó rotundamente, no obstante, cuando conoció a mi madre no pudo negarse a sus encantos. A veces mi madre puede ser un poco-bastante persuasiva. Sé que le encantará la personalidad de Summer (como a todos). Amarán tenerla aquí con nosotros, yo más que ellos. Tenerla cerca me ayudará a olvidarme de April.


Sé que era tarde porque antes de dormirnos el reloj de la televisión indicaba las dos y cuarto de la madrugada. Con Summer nos la pasamos viendo películas de comedia y comiendo palomitas de maíz. Resistió más de lo que esperaba, pensé que por el viaje caería rendida a la mitad de la primera película, pero aguantó sin problemas al final de la segunda.

Me despedí de ella y me aseguré de que no le faltara nada, lo cual la hizo enfadar bastante porque decía que el enfermo era yo y era a mí al que debía vigilar que no le faltara nada.

Apenas dormí una media hora y las ganas de beber algo me despertaron. Me moví con cuidado para no despertar a nadie; al llegar a la escalera vi la luz encendida de la cocina. La cama improvisada de Sam en el sofá estaba abierta y no había rastro alguno de ella. Dijo que se quedaría esta noche para asegurarse de que todo estuviera bien, pero me pareció que estaba escondiendo algo.

Escondido en las sombras la veo preparándose un té. Se sienta en la isla pero prefiere jugar con la cuchara que beberse el líquido. No sé cómo interpretar esto. Parece triste aunque en realidad está seria. Me gustaría saber qué está pasando por su mente.

No quiero asustarla así que regreso a la escalera y hago ruido con las pantuflas. Entro a la cocina y le regalo una sonrisa.

—¿No puedes dormir?

Se remueve en su asiento.

—Demasiado trabajo. Me quita el sueño.

Asiento, aunque no me lo creo ni un poco. Busco el agua mineral y me sirvo una gran cantidad. Trago como si hubiese vuelto de una triatlón en el desierto. Las palomitas me dieron sed y eso que no tenían sal.

Sam sigue revolviendo su té sin siquiera prestarme atención. Sus ojos me miran un instante y al darse cuenta de que estaba viéndola los aparta de inmediato.

—Gracias.

Eso la toma por sorpresa.

—¿Por qué?

—Por lo que hiciste.

—Supuse que ella era importante para ti.

—Lo es.

Agacha la mirada y me parece que está conteniéndose para decir algo. ¿También debería decir algo, o es preferible marcharme? Los segundos pasan y el silencio se vuelve incómodo. Mis dedos se aferran a la tapa de la botella; la voz en mi cabeza dice que es hora de irse, pero mis piernas se mantienen firmes como si estuvieran esperando algo.

Cuando me decanto por irme, Sam toma la palabra y vuelvo a mi lugar.

—He dicho muchas cosas sobre ti, principalmente porque no confío en tu palabra —admite—. ¿Cómo creer en alguien que le dio la espalda a sus propios padres? Los destrozaste, y luego vuelves con aires de grandeza y...

—Ya sé, ya sé —interrumpo; conozco esta historia.

—El asunto es que —suspira, parece algo avergonzada—, me imaginé que harías algo tarde o temprano que terminaría por hacer sufrir a mamá y papá... pero lo cierto es que —traga con dificultad. ¿Eso son lágrimas? —. Cuando estabas ahí, tirado en medio de la calle, sentí miedo. No quería perder a mi pequeño hermano. Diga lo que diga de ti, eres mi hermanito... y te quiero.

¿Cómo se supone que debo actuar? ¿Qué debo hacer en un momento como éste? Por esto actuaba tan extraño, porque a pesar de todo me sigue queriendo, sigue recordando nuestra infancia, pero no sabía cómo decirlo. Después de haberme insultado, de pensar que solo venía para burlarme de mis padres, se dio cuenta de que las cosas iban por un camino totalmente diferente y no sabía cómo enmendar sus errores.

No la culpo porque yo también actué de la misma forma, no solo con ella, sino también con otras personas.

Lo que hizo mi hermana, traer a Summer hasta aquí, es una prueba de que intenta redimirse por las cosas que ha hecho. Está disculpándose y esa es su forma de hacerlo.

Está llorando, desmoronándose enfrente de mí. Camino hasta su lado y la abrazo con fuerza; no me rechaza, me envuelve en sus brazos y me ciñe aún más.

Ella me advirtió de que tarde o temprano cometería una estupidez que destrozaría a mis padres, y así fue: casi muero, otra vez. Hasta ahora me sigo preguntando qué hubieran hecho mis padres si nunca hubiese despertado; hoy me pregunto qué hubiera hecho mi hermana si yo hubiera muerto ese día.

Caigo en la cuenta de la cantidad de personas importantes que rodean mi vida. Si yo no estuviera aquí, ¿qué pasaría con ellas? ¿Cambiaría en algo sus vidas?

—No arruines tu vida por no ser capaz de controlar tus sentimientos.

—¿Qué?

Me separo de ella y fijo la mirada en sus ojos rojos.

—No hace falta que lo diga, sabes muy bien a lo que me refiero.

Así que sí sabía de lo nuestro con April. Supongo que después de todos nuestros intentos por confundirla no sirvieron. O al final April le fue con el chisme...

—Fue una estupidez. No lo volveré a hacer, lo prometo.

Ella me sonríe, me abraza y me invita a tomar un té. Es la primera vez en tanto tiempo que me siento a hablar con Sam sin pelear. Hablamos de nuestras vidas, de lo que nunca nos hemos dicho, porque ni siquiera nos escuchábamos, solo gritábamos y poco nos importaban los argumentos del otro.

Sam se abrió conmigo. Conocí cosas de ella que nunca había escuchado, como su difícil vida en la universidad o momentos más felices como cuando conoció a Jonathan. Por un instante me sentí de siete años, cuando compartíamos con mi hermana espacios de charla; a veces por diversión, otras veces para apoyarnos mutuamente.

Recordé cuando la tía Julliete murió, Sam me abrazó hasta que me quedé dormido en sus brazos. No paraba de llorar, arruiné su blusa favorita, pero ella nunca se apartó de mi lado. Estuvo para mí cuando más la necesitaba, ahora es mi turno. Ya no la veo como el monstruo que creía, comprendo su historia y entiendo por el esfuerzo que tuvo que pasar. No la culpo por no conservar un empleo, ¿quién podría hacer eso sabiendo que estas sufriendo continuamente picos de estrés? El estudio y su vida amorosa destrozaron su vida por completo; es recién ahora que se está construyendo de nuevo.

Es difícil juntar los pequeños trozos, pero si encuentras el pegamento ideal la tarea de reconstrucción se vuelve mucho más fácil.

Somos dos personas quebradas que intentan reconstruir su vida, obviando el pasado y mirando hacia el futuro.


***

Durante los próximos días mi vida dio un giro completo. Jamás me había sentido tan bien conmigo mismo, con las personas que me rodean.

Mi relación con Sam volvió a ser lo que era antes. Hablar con ella me sirvió para comprender su vida, por los problemas que debió atravesar mientras estaba en la universidad. De igual forma ella comprendió mi situación y aunque en ciertos aspectos no estaba de acuerdo, sí pudo entender mi desesperación; ese sentimiento de ahogo.

Mis padres no pueden entender qué pasó, pero agradecen el que volvamos a comportarnos como hermanos. Había olvidado lo divertida que puede ser Sam. Cuando éramos pequeños ella siempre me hacía reír con sus bromas y todavía sigue teniendo el mismo efecto...

Volvimos a ser Los tres Mosqueteros; Sam, Adrián y yo.

¿Y Summer? Salto de alegría cada vez que la veo. Todavía no puedo creer que esté aquí, que comparta los mismos desayunos que yo y que me acompañe en el día a día. Se siente irreal. Un año sin estar con ella... ¿cómo pude soportarlo?

Hacemos todo juntos. Me ayuda bastante el tener una opinión femenina a la hora de comprarles a mis padres un obsequio de aniversario. Además, le encantó la idea de la fiesta sorpresa y su ayuda aligeró mi tarea.

No voy a mentirles no duermo de noche de tan emocionado que estoy. Deseo ver el rostro de mis padres; la sorpresa en sus rostros, la emoción en sus miradas. Ya no aguanto más.

Cuando marco el día en el calendario siento que voy a explotar de felicidad. Tanto tiempo planeando el evento y hoy por fin veremos el resultado. Sam siempre me decía que tenía que imaginar cómo quedarían las cosas, pero me resultaba imposible. La realidad pasaba por encima a mi imaginación y espero que ésta noche no sea la excepción.

Acompañé a Summer a comprar su vestido y ella me echó una mano con el tema del esmoquin. Fue muy gracioso porque si bien no vestimos lo mismo, lo combinamos inconscientemente. Su vestido es de encaje floral y de un color verde seco; mi corbata es del mismo tono y con diminutas flores.

Fue muy cómico al momento de darnos cuenta.

Adrián nos recogió a la hora estipulada y condujimos cuarenta y cinco minutos hasta llegar a un hotel a las afueras de Covington. El lugar es sencillamente precioso; he de admitir que Sam tiene un muy buen ojo para el buen gusto.

La recepción será en el salón principal con vista a los jardines, inspirados en los jardines reales de Europa. Nunca pensé decir esto, pero si alguna vez me caso quiero que la boda sea en este lugar.

El espacio es gigantesco y debido a que es una ceremonia un tanto íntima decidimos dividir el salón. Justo en la entrada será donde se lleve a cabo el intercambio de votos; al terminar los invitados pasarán por una puerta lateral y se encontrarán con el gran salón, donde podrán comer y beber hasta hartarse. Sin mencionar que habrá pista de baile para bajar las calorías del postre.

Cuando llegamos nos ponemos manos a la obra para afinar algunos detalles. Bárbara, compañera de mi madre y cómplice en esta sorpresa, dicta órdenes a diestra y siniestra a los pobres tipos del cáterin. Luego, se enzarza en una conversación con el sonidista y me voy en la dirección opuesta para que no empiece a mandarme a mí también.

Entro al salón y contengo el aliento. Miles de lámparas iluminan el techo, dándole a la habitación un toque cálido y acogedor. El ventanal que da hacia los jardines es simplemente espectacular; con semejante vista no hizo falta mucha decoración: sillas en blanco y negro, velas que enmarcan la pasarela por donde caminaran mis padres. Al final habrá dos árboles con flores rosadas y la espectacular vista.

—Jamás creí que podría verse de esta forma —musita Summer.

Es cierto. Demasiados preparativos, demasiados adornos que separados no parecían tener sentido, pero vistos en el conjunto no podrían ser más perfectos.

—¡Hey! —Grita Adrián para llamar nuestra atención—. No se queden ahí parados, ¡vengan a ayudarme!

La ceremonia empezaría a las cinco y media, y desde las cuatro que los invitados comenzaban a llegar. Todos eran familiares cercarnos, unos cincuenta en total.

Esta ni siquiera era mi boda y estaba más nervioso que mi padre. Las manos me sudaban como si las hubiera metido en agua.

—¿Se puede saber por qué estás tan nervioso? —Summer se acomoda a mi lado. Estoy en la puerta recibiendo a los invitados, mientras que Adrián se encarga de vigilar el perímetro. En otras palabras se encarga de avisarnos cuando lleguen Sam y nuestros padres. Supuestamente creen que irán a un salón de té con música clásica en vivo.

De ser yo habría dicho que no. ¿Quién quiere pasar su aniversario así? Pero era necesario si queríamos que vistieran formal.

—Más que nervioso, ansioso. Ya quiero ver la cara de mi madre cuando se entere de todo esto.

Mi padre quiso renovar sus votos, pero sin decirle nada a mamá. Sam le prometió ayudarle, sin embargo no tiene la menor idea de lo que hicimos. Será una completa sorpresa para ambos y ya muero por ver su reacción.

Saludo a los invitados y les invito a pasar. Desde aquí fuera puedo escuchar los gritos de Bárbara lanzando órdenes. Con Summer intentamos reprimir una risa, pero es imposible. En verdad no envidio a esos tipos para nada.

Elevo la mirada y dejo de reír. Mi cuerpo se tensa y sé que Summer también lo siente, porque veo como me mira. Está preocupada y no entiende lo que pasa hasta que eso está delante de nosotros.

Nunca pensé que Dylan se presentaría, considerando que su madre falleció hace unas dos semanas. Me enteré por Sam, ya que April fue quien se lo dijo.

Sentí y siento lástima por el pobre, se notaba que era un chico apegado a su madre. De cualquier manera, creí que una fiesta de este calibre no sería lo más aconsejable para él. Quiero decir, ¿quién desea estar de fiesta cuando tu madre falleció?

A quien engaño. Tenía la esperanza de que si él no venía, April tampoco lo haría; pero veo que me equivoqué bien feo. Ambos están aquí y no puedo despegar la mirada de ella. Se ve tan maravillosa en ese vestido color salmón. Los brillos le dan vida a su rostro, iluminando sus ojos cafés de una forma tan insólita, tan atractiva.

Mis dedos tiemblan al imaginarse arrastrándose por la piel descubierta de sus hombros. Mis labios anhelan probar...

Summer aprieta mi mano y eso es suficiente para devolverme a la realidad. ¿En qué diablos estaba pensando? April está con Dylan; ya no me ama.

—No creí que vendrías —digo, ocultando mi malestar.

—Necesitaba una distracción —observa a April, como si ésta hubiese sido cómplice de la idea—. No puedo estar encerrado todo el tiempo.

—Pues me alegra que puedas acompañarnos.

Escucho carraspear a Summer y reparo en su presencia.

—Oh, lo siento. Ella es Summer...una muy querida amiga. —No puedo evitar mirar a April cuando digo esas palabras. Su mirada se posa en mí por un instante; está evitándome. Estrecha la mano de Summer y sonríe, pero ésta no le llega a los ojos.

—Summer, ella es April y él es Dylan.

—Un placer conocerlos.

—Lo mismo digo —menciona Dylan.

April envuelve el brazo de Dylan y lo jala con sutileza.

—¿Vamos?

—¡Por favor, pasen! Pónganse cómodos —anuncio mientras avanzan por el pasillo. Cuando están lo suficientemente lejos, exhalo con frustración.

—Así que ella es April. Es linda.

Le observo con malicia y ella ríe.

—¿Qué? Estoy diciendo la verdad. Él también es lindo.

—¿No quieres irte con él?

—No me va eso de meterme con gente que ya está en pareja. Además, ¿qué ganarías tú? ¿Tener el camino libre para volver con ella?

Bufo y saludo a un grupo de invitados.

—Ni en sueños. Quiero darle una cucharada de su propia medicina —digo cuando los invitados desaparecen.

Summer asiente y apoya una mano en mi hombro. Percibo su aliento cerca de mi oreja.

—Eres un muy mal mentiroso.

Me alejo y le observo con desconcierto.

—¿Qué? Cuando dejes de mentirme a ti mismo búscame. Quiero conocer la verdad. —Y se marcha sin más. Intento ir tras ella para explicarle que estoy siendo honesto, cuando de pronto Adrián aparece corriendo a toda velocidad.

—¡Ya están aquí!

Mierda, la charla tendrá que esperar. Llegó la hora.

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