Chapter XXXII
Al principio las cosas fueron normales. Acordamos vernos una vez por semana: los sábados por la noche resultaron ser la ocasión ideal para no levantar sospechas.
Cuando nos veíamos me pedía que no le hablara de Dylan, decía haber tenido bastante de él, pero me gustaba saber qué estaba pasando con su madre. Lograba extraerle un poco de información y luego cambiaba de tema.
Teníamos nuestra noche a solas; a veces en una habitación de hotel y cuando se podía en la casa del árbol. Todo era perfecto en nuestro pequeño mundo de confort, sin embargo, a medida que las semanas pasaban las cosas se tornaron un poco diferentes. Al principio nos veíamos tres veces al mes, luego dos, después una...Ya no recuerdo cuándo fue la última vez que tuvimos un momento a solas. Las cosas con la madre de Dylan se complicaron aún más, April está todo el tiempo a su lado y ya no puede dejarlo como antes.
Entiendo la situación, pero ya ni siquiera me escribe. Desistí de enviarle mensajes hace unas dos semanas atrás. Tampoco era que estaba todo el tiempo atosigándola, eran pequeños mensajes esporádicos que no dejaban entrever ni una gota de nuestra relación. Preguntaba por la madre de Dylan, por cómo estaba él; cosas que a fin de cuentas eran importantes y ella no respondió a ninguno.
Solía visitarlos de vez en cuando con la excusa de prestar mi ayuda en caso de que fuera necesario. Solo deseaba verla una vez más, pero ella parecía incomodarse ante mi presencia. Dylan no mostraba señales de enterarse de nada, es más, la última vez que los visité me llamó amigo. Él me hacía sentir bien, un poco culpable de haberle quitado a su novia, pero April... Su distancia solo agravaba mi malestar.
Supongo que ya lo veía venir. Cuando decía "Te amo" ella respondía con un "También te amo". Esas tres palabras pasaron a convertirse en "También yo", "Yo igual" hasta un simple beso en los labios. No escuché ni una sola vez en "Te amo" de su parte. No quería admitirlo al principio pero ahora me doy cuenta que estaba evitándolo.
Paso la mayoría del tiempo en mi casa y cada tanto aparece Adrián para sacar mi trasero del sofá y arrastrarme consigo a alguno bar o restaurante. La última vez fuimos al cine.
Mis padres no sospechan nada, tal vez sea porque escondo mi tristeza bastante bien. Sin embargo no puedo engañar a John. Ni bien las cosas con April comenzaron a cambiar él notó de inmediato un cambio en mí. No sé cómo lo hace, y a veces simplemente lo odio, pero en el fondo lo agradezco.
—¿Has hablado con ella?
—No responde a mis mensajes —digo, garabateando líneas en mi libreta.
—Me refiero a hablar con ella. Frente a frente.
Observo su rostro en la pantalla, sus lentes descansando casi al borde de su nariz.
Posiblemente tenga razón. Debo hacer algo, arreglar las cosas o por lo menos aclararlas, porque esta incertidumbre está matándome.
Camino hasta su casa sin prisa, haciendo tiempo con la esperanza de que al llegar Dylan no estuviera en casa. Sé que a veces él se va y April queda sola, volcando de lleno ese tiempo en su trabajo.
Apenas estoy a tres casas de distancia veo a Dylan subiendo a su auto. Me escondo en el jardín de una casa y aguardo hasta verlo marcharse. Salgo de mi escondite y prácticamente corro hasta la casa. Al llegar al porche no sé qué hacer. ¿Debo tocar o simplemente dar la vuelta e irme por dónde vine?
No tengo tiempo de pensar. Mi mano ya está tocando la puerta.
Me digo a mi mismo que esto no vale la pena, pero en verdad quiero darle un cierre a todo esto. ¿Seguimos juntos o todo termina aquí? Necesito saberlo.
—¿Logan? —escucho la voz de April a mis espaldas.
Giro sobre mis talones, dejando atrás mi única salida, quedando de frente a la puerta. A April.
—¿Podemos hablar?
No parece muy contenta con mi petición. Se aferra a la puerta y exhala con fuerza.
—No es un buen momento. Tengo que terminar de redactar un artículo para mañana. ¿Podemos hablar otro día?
—¿Cuándo? —Mi voz suena angustiada—. Cada vez que quiero hablar pones peros o te escudas detrás de Dylan. Necesito saber qué está pasando entre nosotros.
Suspira, aparentemente irritada. Sale de la casa cerrando la puerta detrás de ella, prohibiéndome la entrada a su hogar. Avanza y yo retrocedo.
—Muy bien. Me parece adecuado que arreglemos ese asunto de una vez.
Tenía la esperanza de que todo fuera un sueño, una pesadilla de la que no podía despertar, siendo que al final algo me arrancaría de ella y llevaría de nuevo a la luz. Sin embargo, si creía que April aún sentía algo por mí, que toda esta distancia la ponía entre nosotros por fingir devoción y solemnidad hacia Dylan, estaba completamente equivocado.
Mis hombros caen rendidos. Me duele el pecho. Si ya no hubiese tomado una pastilla lo haría en este preciso instante.
—¿Se puede saber qué está pasando? Me dijiste que no me dejarías, que me amabas... ¿Y ahora te alejas? —Doy un paso al frente, ella se mantiene firme en su posición—. ¿Qué cambió como para que ya no me ames?
—Yo nunca dije que ya no te amara.
Me quedo de piedra.
—¿Qué?
—Sí, te amé —confiesa un tanto exasperada—. Pero las cosas a veces cambian y el estar con Dylan todo este tiempo me hizo dar cuenta que...
—Que lo amas más a él —digo, sin pretender hacer una pregunta. Mi voz se oye dura, cuando mi interior se está cayendo a pedazos.
April aparta la mirada; tal vez avergonzada, tal vez no. Cruza los brazos en el pecho, ciñendo el fino saco de hilo a su cuerpo.
—Creo amarlo, pero luego apareces tú para confundirme de nuevo.
—¿Me estás echando la culpa de tu indecisión? —Eso sí me sacó de mis casillas—. ¿En verdad está pasando esto entre nosotros?
—¿Qué quieres que te diga? —Se excusa—. Estoy confundida, es la verdad. Yo...
—¡No! —Le interrumpo. Siento la rabia subiendo por mi garganta hasta hacerse dueña de mis cuerdas vocales—. No me vengas con esa mierda de novela romántica. O me amas o ya no lo haces más. No pienso jugar a este jueguito de tira y afloja para bien quien gana tu corazón.
Me observa con incredulidad. Sus ojos café brillan, cargados de un sentimiento que no logro interpretar.
—¿Pero quién rayos te crees que eres como para venir a mi casa y hablarme de esa manera? —espeta—. ¡Mi vida estaba perfecta hasta que tú llegaste a arruinarla!
—¡Oh, claro! Discúlpame, me había olvidado cuánto te encantaba discutir con Dylan. Cuán miserable decías que hacía tu vida el vivir junto a alguien que constantemente te traía dolores de cabeza.
Falta poco para que la espuma le salga por la boca.
—Las cosas ya no son así entre él y yo. Aprendimos a convivir juntos y a sobrellevar nuestras diferencias.
—Solo porque la vieja se está muriendo.
No veo cuando levanta la mano, solo siento el impacto en mi mejilla y luego un calor abrazador.
—No tienes ni respeto por una mujer enferma —gruñe entre dientes.
—Podrías habérmelo dicho antes, ¿no crees? —Mi mano cubre mi mejilla inflamada.
Calla pero me sostiene la mirada.
—No te pedí que me amaras, pero si ya sabías esto debiste de haber dejado de alimentar falsas esperanzas.
Me prohibí llorar. Parpadeo para evitar que las lágrimas salgan. Necesito estar firme delante de ella, demostrar que no me lastimó en lo absoluto, pero me siento tan débil. Ya estoy cansado de este tipo de cosas.
—Creo que después de esto ya no me siento más confundida.
Me doy cuenta de que esta conversación no nos llevará a ninguna parte. El ambiente es demasiado tenso como para que ambos podamos dialogar como es debido. Aunque después de esto no me apetece volver a hablarle.
Bajo la escalinata del porche y en ningún momento me permito mirar atrás.
Al llegar a casa lo único que quiero es hablar con mi madre. No creo ser capaz de contarle toda la verdad, pero al menos, de alguna forma, necesito que sea ella la que me escuche y pueda ayudarme. Siento que estoy cayendo en un espiral sin fondo y temo no salir nunca más de allí, porque sé a dónde me dirijo.
—¡Mamá! —llamo apenas entro en la casa.
—¡Aquí, amor! —responde mi madre. Su voz proviene de la cocina, así que me dirijo allí con grandes zancadas.
—Mamá, necesito hablar contigo... —Entro en la cocina y me paro en seco.
Mi madre está sosteniendo una copa de vino con su laptop delante. Junto a ella está Sam con una carpeta en la mano, preguntándole consejos sobre un nuevo proyecto, supongo.
—¿Qué sucede cariño?
¿Por qué ella? En serio, de todo el mundo, ¿por qué mi hermana tiene que estar aquí?
La veo hacerse para atrás en la silla. Enreda el brazo en el respaldo y deja que éste cuelgue por detrás. Me observa con una ceja en alto, una sonrisa de suficiencia en el rostro. Es como si supiera lo que acababa de pasar y estuviera regocijándose.
—¿Acaso eres indigente y tienes que venir a pedir asilo a esta casa? —espeto en dirección a mi hermana.
Mi madre forma una O con sus labios, mi hermana entorna los ojos como una víbora.
—Esta también es mi casa Logan, puedo venir cuantas veces se me pegue la gana.
—¿Entonces para qué diablos compraste una nueva casa si siempre te la pasas metida aquí dentro?
—¡Logan, basta! —chilla mi madre, pero estoy tan furioso que no la escucho.
—Pues ya somos dos que pensamos igual. —Se sienta bien recta en el la silla y cruza los brazos—. También me desagrada verte rondando por aquí. ¿Por qué no te vas de una maldita vez?
—Porque esta alguna vez también fue mi casa y quiero recuperar hasta el último segundo —digo, casi que escupiendo las palabras.
—Pues ya tuviste tu momento de gloria. Ya encegueciste a mamá y a papá con tus mentiras y cara de niño bueno. ¡Ya no tienes más nada que hacer aquí!
—¡Samantha! —Explota mi madre—. Me tienes harta con ese tema. Quiero que los dos se detengan ahora.
—¡¿Por qué?! —Espeta mi hermana—. Él fue el maldito que les dio vuelta la cara. Los redujo a nada por casi cinco años...
—Como si tu fueras un roma de rosas —interrumpo con brusquedad.
El rostro de Sam se vuelve rojo como un tomate. Ni hablemos del bordó en el de mi madre.
—¿Quieres saber por qué te odio tanto? —No espero a que me responda—. Porque nunca supiste lo que querías hacer con tu vida. Porque siempre te metías en las Universidades más caras y mis padres tenían que romperse el lomo para pagar tus gastos. ¿Por qué? Porque la pequeña era un desastre para conseguir empleo y mantenerlo. Tú y Adrián, exprimieron hasta el último centavo que hacían nuestros padres. ¿Y qué me dejaron a mí? Una Universidad pública, obligándome a elegir una carrera que no requería muchos gastos. ¿Adivina por qué?
—Eres un estúpido.
—Sí, tal vez lo sea. Pero el estúpido estudió algo. El estúpido consiguió empleo. Y el estúpido logró entrar a una de las Universidades más importantes del país por mérito propio. —Entorno la mirada, mis palabras rebosan de odio—. Todo eso, mientras tú todavía mendigabas por dinero.
Frunce los labios. Sus ojos destellan maldad, sé que está pensando en algo ruin y despreciable.
—¿Por qué mejor no vas con April? Me pareces que necesitas un poco de atención.
Fue la gota que colmó el vaso.
Golpeo la mesada y el vino en las copas se mesen como las olas en el mar. Tanto mi madre como mi hermana dan un respingo.
—¡Entre April y yo no hay nada! ¡Supéralo de una maldita vez! —bajo el tono de mi voz, más amenazante—. Nunca más habrá algo entre nosotros.
Salgo corriendo de la casa. Genial, mi hermana acaba de arruinar el único momento que tenía para poder sobrellevar mi ruptura.
Divago por las calles del centro sin rumbo. Mi mente no deja de pensar en April, en Sam. Estoy harto. Necesito olvidar.
No me doy cuenta cuando me detengo frente a la fachada de un comercio. Miro el letrero y sonrío para mis adentros. Solía asistir con frecuencia hace varios meses atrás. Me siento en la barra y el barman me hecha una sonrisa.
—¿Qué te sirvo?
—Un tequila.
Asiente y va en busca de mi orden. En menos de un latido tengo mi trago servido. Dejo de lado la sal y el limón y me bebo el líquido de un sorbo.
—Otro, por favor.
Me sirve el pequeño shot y luego se aleja para atender a otro cliente. Miro el diminuto contenido del vaso con detenimiento. Alzo la cabeza y llamo la atención del chico en cuanto se gira en mi dirección.
—Mejor déjame la botella.
No estoy orgulloso de esto.
Ja. Ya quisieran oír eso saliendo de mí.
Me imagino lo que deben de estar pensando: "—¿Qué diablos está haciendo este chico? Tiró todo su progreso por la borda. Se nota que no le importa su vida."
EXACTO. Ya no me importa nada.
Estoy cansado de esta porquería. ¿Dios? Sí, claro, es solo un mito. Si me pagaran un dólar por cada persona creyente en el mundo me volvería asquerosamente rico. Están malgastando su tiempo y vida por alguien que no existe.
¿Saben cómo lo sé? Porque toda esta mierda que estoy viviendo, todo lo que creí que él me había puesto en el camino para hacer de mi vida algo mejor; una enseñanza que me demostrara cuán valioso puede ser el cariño y el amor de aquellas personas más allegadas a nosotros; una probada de lo que podría llegar a perder si mañana mismo muriera, se desvaneció en un chasquido.
Así. Un parpadeo, una brisa de verano, un castillo de arena en la playa que con la marea se destruye sin siquiera dejar rastro de que allí hubo algo antes. Todo lo bueno que creí haber encontrado se marchitó y desapareció sin dejar nada.
Ya no soporto estar en esta maldita ciudad. Todo me recuerda a April. Cada vez que pienso en ella siento calor subiendo por mis entrañas hasta empapar cada rincón de mi cuerpo con su furia y rabia. Me torno una persona volátil, histérica. Ni siquiera me siento cómodo en mi propia casa. Desde mi discusión con Sam que no se ha aparecido y mi madre me reta por ello. A mí. Después de que ella también me atacó es a mí a quien echan toda la culpa.
El alcohol es lo único que me ayuda a olvidarme de mis problemas. Por al menos un par de horas mi mente se aísla de los problemas y vivo tranquilo, sin preocupaciones. Me siento feliz cuando bebo.
El problema es cuando la resaca desaparece. Los recuerdos afloran a la superficie y me devuelven a la realidad de la que constantemente deseo escapar. La depresión resulta abrumadora. Sin embargo, encontré un método para apagar parte de esas emociones, y consigo los recuerdos. Debajo de mi cama tengo escondida una botella de Bourbon. Todas las mañanas, apenas me levanto, saco un vasito de plástico de dentro de un cajón del escritorio y lo lleno hasta arriba. Bebo dos veces mientras me siento en la cama a contemplar el paisaje. Fantaseo con ser un ave, así podría volar a donde yo quisiera cuando quisiera. Nadie me diría qué hacer. Sería libre.
Aquella mañana no es diferente a las otras. Bebo mi dosis diaria de Bourbon y regreso la botella debajo de la cama. Ya está casi acabándose por lo que tendré que comprar otra pronto.
Hago una bola con el vaso, el ruido azota mis oídos. Lo descarto en la papelera y arrastro los pies en dirección al baño. Me lavo los dientes y bebo un analgésico para ayudarme con el dolor de cabeza. Luego de eso tomo mi dosis recetada de píldoras para mi corazón e hígado. Por último utilizo enjuague bucal para quitar el olor a alcohol.
Regreso a mi habitación sintiéndome genial. Todavía me duele la cabeza y siento un poco de retardo, pero en cuanto el alcohol hace efecto eso queda en el olvido como mis memorias.
Me recuesto en la cama y tomo mi teléfono para revisar mis redes sociales. No puedo evitar notar la fecha: 27 de mayo. Ya pasó más de un mes desde mi ruptura con April, desde que ella se dio cuenta de que seguía amando a Dylan.
Rio con sequedad.
Sí, claro. Amor. Lo que siente en realidad es pena. No lo ama, pero allá ella. No pienso seguir asiéndome mala sangre por alguien que no vale la pena. Maldigo el día en que ese te puso en mi camino. Y pensar que creí que lo había hecho por una buena razón: para devolverme ese sentimiento de amor verdadero, de que puedes confiar en el otro y entregarle todo de ti.
Puras mentiras. Las relaciones serias no duran. Crees ser feliz pero no te das cuenta de lo desdichado que eres por estar junto a alguien que muy posiblemente no te ama. Por eso prefiero las aventuras. No te atan y son cosa de una sola noche.
Dejé mi antigua vida porque pensé que ésta valía la pena. Que equivocado estaba.
Tacho mentalmente a April de mi lista de por qué. Ella definitivamente no fue una de las razones por las cuales sigo vivo. Tal vez el alcohol sí lo es, quiero decir, es una compañía fiel y nunca te decepciona.
Hago mi mayor esfuerzo por no enviar la lista directo a la trituradora. Todavía hay algo que no me deja tranquilo. Aún está ese hueco vacío, esa línea en blanco que falta rellenar y no sé qué puede caber allí.
Por supuesto que a John no le he comentado nada acerca de volver a mis andanzas. No quiero que se enoje conmigo ni que tampoco se preocupe demás. El único que lo sabe es Daniel y aunque sea mi amigo y recuerde cuánto nos divertíamos en HIGH, me parece que está un tanto decepcionado de mí. Obviamente no me importa, pero en el fondo (muy en el fondo) sí me interesa. Pero como no está aquí para reprocharme, me vale.
Esta noche tenía planeado salir con Adrián a beber unos tragos, pero Five Floor ofrecía canilla libre desde las 11 hasta la 1 de la mañana. ¿Cómo negarnos a una oferta como esa? Bebidas gratis, música y un montón de chicas para coquetear.
Apenas llevábamos una hora y algo ahí dentro cuando el alcohol hizo efecto en mí. Posiblemente por la exorbitante cantidad. Perdí la cuenta en el trago número 18. ¿O era 28?
Qué más da, estoy rodeado de chicas hermosísimas. No sé con cuál dormir esta noche. Hay algunas que me guiñan el ojo y me invitan a dar una vuelta por la zona de los baños. Nos ofrecemos mutuamente una probada de lo que podemos dar si es que llegamos a elegirnos. Pero la verdad es que la estoy pasando tan bien que no deseo irme.
Digo que no y voy en busca de alguien más, aunque yo también soy buscado.
Perdí a Adrián en alguna parte, asumo que está pasándosela bien con alguna chica.
Me acerco a la barra y le hago señas a un cantinero para que me dé un trago. Es más fácil utilizar mis manos para explicar lo que quiero que usar la boca, porque directamente no puedo hacerlo. La lengua se me atrabanca en los dientes y cuando no lo hace la siento pesada y pastosa.
Acerca el vaso a mí y vierte el contenido dentro. Hay tanta gente pidiendo tragos que las cinco personas que hay para atender están hasta el cuello. Alguien en la otra punta pide un Bloody Mary y uno de los bármanes le indica al chico que me está sirviendo el trago que lo atienda. El pobre tipo está hasta las manos haciendo diez tragos distintos.
Éste asiente en señal de confirmación. Apoya la botella en el interior de la barra en vez de guardarla en su lugar. Observo el panorama: los bármanes están ocupados sirviendo tragos, la gente está empecinada en conseguir una bebida gratis, llamando la atención como sea. Miro mi pequeño vaso de vodka y no lo dudo ni un segundo. Me inclino hacia adelante, pegando mi estómago a la barra de madera y cazo la botella entre mis manos.
Me alejo rápidamente no sin antes darle un gran sorbo a mi bebida. Una chica se me acerca de pronto. Juega con el cuello de mi camisa, su uña me hace cosquillas. Roza sus labios impregnados de sal por los míos y lentamente la lujuria se apodera de mí. Siento la imperiosidad de tocarla, de invitarla a los baños, cuando de pronto me besa.
La sal se mezcla con mi saliva y mi boca adquiere un gusto fuerte que me revuelve el estómago. Necesito un trago...
Percibo la sensación de unos dedos rodeando los míos. Aprietan y jalan con fuerza. Abro los ojos y me alejo de la morena, quien intentaba robarme mi botella. Pone cara de decepción, pero ya conozco ese truco. Bebo un trago frente a sus narices y marcho sin más.
Me balanceo de un lado a otro entre la multitud danzarina. La cabeza me da vueltas, la música ya no se siente tan bien como antes. Salgo a la calle y hecho a andar sin rumbo aparente.
No tengo ni idea de a dónde estoy ni a dónde se supone que queda mi casa. Las letras en los carteles se ven borrosas y algunas hasta doble. Puedo decir que esta es la peor borrachera que me agarré desde que estoy en Covington.
Mi andar es chistoso. De pronto estoy rozando la pared de ladrillos y luego mis zapatos rozan el cordón de la vereda. Estoy segurísimo de que la calle era recta, pero alguien la puso en zig-zag ahora.
Bebo un sorbo enorme de vodka, parte del líquido se derrama por las comisuras de mi boca, manchando mi cuello. Se siente fresco.
Arrojo la botella al interior de un callejón oscuro. Escucho el cristal romperse al chocar contra algo de metal y el maullido de un gato asustado. Me carcajeo y las lágrimas se escurren por mis mejillas.
Doblo en la esquina, todavía sin una ruta fija. Supongo que seguiré en esta dirección a ver qué me encuentro, y si no encuentro nada una banca siempre puede funcionar como cama. Sin embargo, tengo la sensación de que esta parte de la ciudad la conozco (aunque a decir verdad poco me falta para olvidar mi nombre), pero no me lleva a casa. Debí haber seguido el camino amarillo.
Apenas voy a mitad de camino distingo a dos personas caminando bajo la luz de las farolas. Van tomados de la mano. Oh, una parejita de tórtolos.
Me carcajeo de solo pensar en que alguna vez April y yo lucimos de aquella forma taaaan estúpida. ¿Por qué la gente no me avisó del bochorno que estaba pasando?
Quiero gritarles que su amor no durará para siempre, que lo de hoy en día se resume en sexo y solo eso. Mi pie aterriza en una grieta y de un momento a otro estoy en el piso. Me rio porque debo de lucir como un completo idiota. Me rio hasta de mí mismo porque me siento como un idiota. Un idiota feliz.
Alguien se apresura a socorrerme, preguntándome si estoy bien. Otra persona a su lado sugiere que se alejen porque "se trata solo de un borracho".
—Borraaacho tu abuelo —espeto con voz ronca, mientras me ayudan a levantarme. Me alejo dando un traspié. Alzo la vista hacia mi socorrista y su Cruela DeVil, entonces pierdo el aliento.
Corro el cabello de mi cara porque no puedo creer lo que estoy viendo. Entorno los ojos y las cuatro siluetas se vuelven dos. Dylan me está viendo con preocupación, mientras que en los ojos de April puedo distinguir horror y decepción.
¿Qué?
Se supone que ya no me quiere; ya no se interesa por mí, ¿entonces por qué verme así la impacta tanto?
—¿Se te perrdió algo?
—Logan, ¿qué hiciste?
La observo e intento señalarla con un dedo.
—Menos de lo que tú hiciste.
—Será mejor que te llevemos a casa —sugiere Dylan. Acto seguido avanza hacia mí. Lo alejo de mi lado. No quiero saber nada de él ni de April. No quiero ni siquiera relacionarme con ellos.
—¡Aléjate!
—Logan, basta. —April alza una mano para indicarme que me tranquilice. No puedo pasar por alto el hecho de que su otra mano está apoyada en el hombro de Dylan.
«¡Ese debería ser yo!», quiero gritarle. Pero, ¿qué sentido tiene? Ella nunca me amará de la forma en que lo ama a él. Puedo notarlo a simple vista: la forma en que lo toca, en cómo lo mira...
Siento el corazón agrietarse, las lágrimas pican en mis ojos. Mierda, otra vez esta sensación de asfixia. Se supone que no tendría que sentirme así, el alcohol no deja que me sienta así. Tal vez no tomé lo suficiente. Sí, eso debe ser. Necesito volver por más. Necesito olvidar esto.
Me doy la vuelta pero tropiezo y me doy de bruces contra el piso.
—¡Logan! —Escucho sus voces desesperadas.
Creo que me golpee la cabeza, de pronto me siento cansado. ¿A dónde se supone que iba?
Siento unos brazos que me elevan del frío suelo y me cargan varios metros hasta meterme dentro de un auto. Intento ver en donde estoy pero es como ver entre la bruma; imposible.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro