Chapter XXVIII
El aire fresco sirve para aclarar mis pensamientos, dando riendas sueltas a mi imaginación. Elevo la cabeza y dejo que descanse contra uno de los pilares que mantiene en alza el techo. Observo la nueva hamaca que cuelga bajo el porche, con varios cojines y la fantástica panorámica que se desata detrás.
A mamá le gusta sacarse fotos, y he de admitir que es muy fotogénica, siempre se ve bien. Le encanta que sea su fotógrafo, en especial cuando quiere subir nuevas mercaderías a su catálogo online. Pero más cuando me dedico a ella, por eso compró la hamaca. Ese rincón es uno de los más espectaculares que tiene la casa, y las mejores fotografías de ella las he sacado ahí.
Recuerdo uno de los tantos momentos que pasamos ahí abajo, sonrío y vuelvo a mi cuaderno, donde dejo libre mi mano y el lápiz traza las letras sin dificultad. Estoy inspirado, escribo todo lo que siento, todo lo que hay dentro de mí. Como siempre, y como ocurrió la última vez, termino escribiendo mi historia. Antes era algo inconsciente, ahora soy yo quién lo provoca. Deseo contarla.
Tal vez nadie nunca la lea, pero me es indiferente.
Sigo con lo mismo, entusiasmado por cuán fácil emergen las palabras, cuando vislumbro la cinta verde rodeando mi muñeca. El lápiz se detiene, yo me detengo. Ver aquello, algo que vengo usando desde hace meses, me recuerda al regalo que le hice a April.
Han pasado tres días desde entonces, y hasta ahora no me ha hablado. No es que la haya visto tampoco, en parte yo tampoco quiero verla. Sé que Sam no sabe nada al respecto, de lo contrario ya me habría dicho algo. Y es raro pensar que se esté conteniendo porque April se lo haya pedido, no es de morderse la lengua y si así fuera, debería de tratarme peor de lo que ya lo hace.
«Empieza por reconocerlo».
A eso se refería a John; que empezara por reconocer que la amo. La amo. Es ilógico pensarlo después de todo lo que ella hizo, pero no puedo evitarlo... es otra persona, alguien nueva, alguien que se dio cuenta de sus errores, que hizo lo posible por cambiar. Es la April de la que me enamoré, la que conocí hace años atrás, solo que más madura.
Me gustaría decir que cumplí con mi objetivo, pero ahora, ahora que sé el amor que le tengo... duele el doble. Me arrepiento profundamente de lo que le hice.
Siempre la he amado, jamás pude olvidarla, pero el odio que le tenía era más fuerte que el amor que sentía por ella. Estaba cegado. No creía en el amor, las aventuras eran mejor porque no terminabas herido, nadie podía hacerte daño. Lo hacía por mero placer, para hundirla en lo más profundo de mí ser...
Que idiota era.
¿Y ahora qué? No puedo decirle lo que siento. Tal vez ella estaba delirando o simplemente quería una aventura, no lo sé, solo sé que hay un hombre en su vida y ese no soy yo.
—Logan.
Elevo la mirada y me congelo ante su sola presencia. April está enfrente de mí, observándome con inocentes ojos café. Tiene una trenza que le cuelga sobre el hombro y el flequillo le cubre parte del rostro, lo que le da una apariencia de niña pequeña. Tímida.
Se sienta sobre la escalinata y lleva el flequillo detrás de su oreja. Cierro el cuaderno en el cual estoy escribiendo, engancho la bolígrafo en el espiral y lo hago a un lado.
—¿Escribes? —pregunta con voz suave. Parece algo cohibida.
Observo el cuaderno con la tapa llena de diseños circulares. Allí está mi vida, literalmente.
—Estudio literatura inglesa —confieso, y me encojo ligeramente de hombros—. En mis tiempos libres me gusta escribir.
Ella abre los ojos y sus cejas se arquean en una mueca de asombro. Me sorprende que Sam ya no le hubiera ido con el chisme.
—Vaya, no lo sabía. ¿Y en qué año vas?
Pasaría las horas y los días hablando con ella, pero después de lo del otro día no entiendo a dónde quiere llegar con todo esto.
—¿Puedo preguntar a qué has venido? —Le interrumpo, cortante. April cierra la boca de pronto y aprieta las mejillas. Aparta la mirada y comienza a juguetear con un anillo en su dedo.
—Quería disculparme por lo del otro día. No debí haber actuado de aquella forma, pero es que... —suspira, exasperada—. No lo entiendo. En serio que no lo entiendo. —Me mira con los labios ligeramente abiertos, una mirada de desconcierto surca su rostro—. En la boda de Sam tú... fuiste muy claro.
Hago una mueca al recordar ese momento. El estómago se me revuelve y las náuseas no demoran en llegar. Antes me creía un héroe por haber hecho eso, ahora me siento enfermo, un completo idiota.
—Quedó más que claro el hecho de que me odiaras... Y ahora, de la nada, me regalas algo. ¿Cómo se supone que debo tomar eso? Dime qué tengo que pensar, porque lo he estado haciendo todos estos días y no encuentro una respuesta. Me volveré loca si sigo rondando el tema.
Creo que podría responder a su pregunta con un refrán que Daniel suele decir todo el tiempo: "Intenta razonar sobre el amor y perderás la razón".
Sube la manga de su fino saco de hilo, dejando al descubierto la pulsera que le obsequié. Sus dedos recorren la placa de oro de un lado a otro. La observa con melancolía. Puede que sea una réplica, pero contiene la misma carga sentimental que la original.
—Podrías haberme regalado cualquier cosa... y elegiste precisamente esto. —Me observa, lágrimas en sus ojos le empañan la visión—. ¿Por qué?
Trago duro. Porque cometí una estupidez y creí que así lograría redimirme.
—No creo que contarte toda la historia valga la pena. Digamos que vine aquí para... para pedir perdón. Ya lo hice con mis padres, ahora era tu turno. —Me atoro en mis propias palabras. Lo que digo no es una completa mentira, en verdad quería que me perdonara, pero no precisamente por lo que ella cree—. Sí, te amaba, también sufrí mucho, pero la vida sigue y me he dado cuenta de que no vale la pena hurgar en el pasado. No estaba viviendo, no podía continuar, y tarde me di cuenta de eso. Me estaba consumiendo, llevando a la depresión. Necesito avanzar y poco a poco lo estoy logrando.
April me observa en silencio. Sus ojos parecen temblar, no sé si es porque observan cada facción de mi rostro en busca de algo que delate que estoy mintiendo, o si es a causa de la película acuosa que cubre su mirada.
Aparta la vista hacia la calle vacía.
—¿Por qué la pulsera? —interroga en tono seco.
¿Qué debo decirle? ¿Qué me confesó cuánto extrañaba a su hermano mientras estaba ebria? ¿Cuán miserable se volvió su vida después de eso?
—Recuerdas cuando te dije lo de la botella de vodka. —Su cuello cruje al volver su cabeza en mi dirección. Me encojo de hombros al ver su expresión asesina.
—¡¿Qué fue lo que te dije?!
—¡Nada! Quiero decir... nada malo. —Rasco mi nuca, nervioso—. Pero te veías tan triste, tan deprimida. Como si tu vida fuera miserable. ¡Qué no digo que lo sea! —Me apresuro a decir—. Solo digo que noté que algo andaba mal y quise hacer algo especial. Perdóname si creíste que solo lo hacía para burlarme, esa jamás fue mi intención.
Suspira no muy convencida, sin embargo, veo un destello de confianza. Quiere creer en mí, en mis palabras.
—Sé que puede sonar extraño viniendo de mí, pero créeme cuando te digo que estoy intentando cambiar. Quiero que nos llevemos bien. —Le extiendo la mano y ella se la queda viendo, aún con los brazos cruzados. Aparta la mirada y mi mano se cierra lentamente.
Por favor.
—La que debería pedirte perdón soy yo. ¿Me perdonas?
—Sólo si tú me perdonas a mí.
No mido mis acciones y en un parpadeo estoy a su lado, casi encima de ella, desesperado por tomar sus manos. Una sonrisa tira de sus labios y veo sus dientes asomar. Dos hoyuelos se hunden en sus mejillas y siento ganas de besarlos.
—¿Amigos? —pregunta.
Hago mi mayor esfuerzo por sostener mi sonrisa. Oigo a mi corazón hacerse añicos.
—Amigos.
¿Sabían que cuánto más viejo el vino, mejor es su sabor? Pues así es como describiría mi relación con April: conforme pasa el tiempo nuestra amistad crece a pasos agigantados.
Muchas cosas han pasado en estos últimos meses. La primera de todas es que terminé con Stella. Terminar en el sentido más laxo de la palabra, puesto que en realidad no había nada entre nosotros, solo sexo.
Para mi fortuna se tomó las cosas con calma, agregando que siempre estaría para mí si algún día llegaba a necesitarla. La verdad es que lo dudo, no tengo planeado volver a mis andanzas.
Luego de eso me sentí liberado, como si me quitaran un peso de encima. Era un hombre libre, sin preocupaciones, que haría todo lo posible para robarle la novia a otro. Sí, bueno, eso último no se escucha muy bien. No pretendo ser directo con April, quiero tantear el terreno para ver hasta dónde puedo llegar con ella, saber si de verdad me ama, y luego dar un golpe de gracia. Todavía no estoy muy seguro de qué es lo que haré, solo sé que le dejaré la decisión a ella: quedarse conmigo o con Dylan.
Seguiré siendo su amigo pase lo que pase. Tal vez no tan amigos si lo escoge al otro, pero no quiero meterme en su vida de sopetón y desbarajustarlo todo. Últimamente he pasado mucho tiempo con ambos y aunque me cueste admitirlo Dylan no es tan mala persona como creía, mejor dicho, no es tan imbécil como pensaba. Es simpático, divertido y algo extrovertido. Se comporta muy dulce con April, cariñoso. Sabe todo de ella con tan solo verla: si está triste, enojada, incómoda, todo.
Tomo nota de todo lo que hace. Digamos que estoy sonsacándole información de gran importancia para mí. Sí, lo sé, estoy cometiendo la peor de las bajezas, pero, ¿cómo se supone que competiré contra él si es diez veces mejor? Ha pasado más tiempo con April de lo que yo lo hice. Estoy en clara desventaja.
Noviembre es un mes que altera a cualquier persona, tal vez no tanto como diciembre, pero los preparativos para Navidad empiezan a llover antes de tiempo. Los grandes supermercados y shoppings llenan sus pasillos y góndolas con productos y decoraciones navideñas. Todo para mentalizar a las personas del gran evento que se aproxima.
¡Hora de gastar dinero!
Me quitan el huevo de pascua y ya me ponen el árbol de Navidad.
Mamá ha estado como loca con los preparativos, más aún con su trabajo. Parece que la gente decide casarse toda junta, o por lo menos en los meses de noviembre-diciembre.
Pasa la mayor parte del tiempo en su computadora y de un lado para el otro en el auto. Cuando llega a casa siempre se aparece con algo que logró sacar (robar) de algún lugar, alegando que no iba con la decoración o que no iban a usarlo de todas formas.
Yo lo único que sé es que no sé qué haremos con tres candelabros, veinte servilleteros y un montón de cachivaches más que Sam parece adorar. Somos tres hombres en casa, todos con la misma opinión, y no podemos hacerles frente a dos mujeres. Si Jonathan nos acompañara tal vez seríamos más fuertes, pero se acobarda porque no quiere pelear con su esposa.
Es la primera vez en mucho tiempo que tengo cosas que hacer para las fiestas. Cada semana mi madre me entrega una lista de cosas para comprar. Todos tenemos una y debemos hacer todo lo posible para conseguirlo en tiempo y forma, digamos que estas fechas vuelven a mi madre un tanto... demonio, odiosa, insufrible. Así que es mejor hacer lo que dice si no quieres que te escupa veneno.
Con Adrián nos repartimos las tareas y salimos de compras bastante seguido. Mi relación con él ha mejorado muchísimo, se podría decir que volvimos a ser los hermanos de antes. Aprendí a superar todo lo que me hizo, porque esas cosas, sin incluir el que me fuera de casa, me hicieron perseverar, perseguir mis sueños y nunca bajar los brazos. Conseguí entrar a la universidad para estudiar lo que más quiero, soy fotógrafo y tengo una casa de eventos en Las Vegas. Crecí gracias a mis logros, a mi propio esfuerzo, que es más de lo que yo puedo decir de él. Mis padres tuvieron que pagarle la universidad y los gastos básicos —un poco por ser el favorito de mamá y otro poco porque es un desastre con las finanzas—, logró terminarla y graduarse en artes visuales y plásticas, pero hasta el momento no ha conseguido un trabajo fijo y se pasa la mayor parte del tiempo vagando, haciendo trabajos en su casa para ganar dinero. He de admitir que sus cuadros me quitan el aliento, es muy bueno en lo que hace y ya tiene dos clientes que le pagan muy bien por sus servicios.
En cuanto a mi padre, está como loco entregando los balances finales de sus clientes. Este año le tocó licencia en diciembre, más bien rogó para que se la dieran, pero a cambio debía entregar todo antes del 30 de noviembre. Y como era de esperarse somos Adrián y yo los que tenemos que lidiar con su lista de compras.
Si me preguntan por Sam... bueno, no sé qué decir. No le cae muy en gracia que sea amigo de April —¡Chocolate por la noticia! —, piensa que estoy tomándole el pelo y tarde o temprano terminaré haciéndole daño. Por fortuna April tiene cerebro y no escucha las estupideces de mi hermana. Lo último que quiero es lastimarla, la amo demasiado como para hacerle daño. Cada día me enamoro más de ella, me vuelvo un completo idiota cuando la tengo parada enfrente. Sé que suena tonto pero es la verdad. Me siento como un adolescente enamorado.
En fin, Sam no me quita el ojo de encima y últimamente nos vemos más que nunca. No me molesta, no tengo nada que ocultar. Sus hipótesis son falsas. Me divierto con Jonathan y Adrián, mientras ella se va por ahí a buscar sus cosas. Aunque he de admitir que anhelo las veces en que April y Dylan se suman a nosotros. Me acerco como un depredador acosando a su presa, lanzando pequeñas indirectas que aún no logra pescar.
¡Oh, casi se me olvidaba! Llevo un mes y medio sin beber. Supongo que querer estar con April saca lo mejor de mí. Bueno, eso y con mis padres. Quiero recuperar el tiempo que perdimos, y si el alcohol es quien tiene el poder sobre mi averiado corazón e hígado, yo tengo el poder del autocontrol, de mi cerebro y decidí que ya era tiempo de derrocar la monarquía.
Mi madre está muy orgullosa de mí, incluso John. En estos últimos meses hemos hablado bastante, por no decir que todos los días. Su relación con el prometido de su nieta va viento en popa. Se dio cuenta de la gran persona que hay detrás de esa mascarada de niño mimado. Yo creo que le hizo bien estar rodeado de gente sencilla, buena, que le enseñara lo que es la familia. Si John sigue así dentro de poco lo tendrá comiendo de su mano. Ya consiguió hacerlo dudar de que se fueran del país.
En marzo será la gran boda y como era de esperarse estoy invitado. Estoy ansioso por volver a Las Vegas —aunque sea solo por unos pocos días—y ver a John en vivo y en directo.
En cuanto a sus hijos, el que regresó con su esposa no ha vuelto a llamar. Le dije que se olvidara de él y eso es lo que hizo. Su esposa sufre, como era de esperarse, pero se aferra a su otro hijo, quien lentamente se acerca cada día un poco más. Según me contó John, el pobre solo tenía ojos para su trabajo y esposa, con quien se iba de vacaciones ni bien conseguía la licencia. Sus hijos se quedaban en casa de sus abuelos, los cuales los recibían con los brazos abiertos, pero se avergonzaban del comportamiento de su propio hijo. Las visitas comenzaron a menguar conforme pasaron los años, hasta que ya no los visitaban más. «Las niñeras son lo de ahora», según la insufrible esposa de su hijo decía. Ahora él parece estar cambiando (o abriendo los ojos). Asumo que finalmente las consecuencias se hicieron tan obvias que lo golpearon de frente.
Ya no competimos por el por qué, simplemente intentamos buscarlo para poder entender mejor las cosas. Aunque a veces no podemos evitarlo, estamos empatados, uno a uno.
Mis condiciones ya no son válidas. Primero que nada el plazo era de un mes y creo que ya nos pasamos de fecha, el límite es indefinido. Segundo, ya no quiero que convenza a mis amigos de nada, lo he aceptado. Sí creo que Dios me dio otra oportunidad para enmendar mis errores con mi familia. O bueno, tal vez no él, pero definitivamente mi presencia no solo llenó de vida a mis padres, sino que estar a su lado me sacó del pozo.
Tercero, mi estilo de vida quedó en el pasado. Y cuarto... en realidad este sí vale, quiero mis donas glaseadas. Espero que haya en la boda...
De mis amigos sé muy poco. Están en época de pruebas, previo al receso. Cada tanto hablo con Daniel y sé que todo va bien. Olivia y Cooper manejan el negocio sin problemas, pero admiten que no hay fotos como las mías. Daniel perdió una prueba y ahora deberá recusarla el semestre que viene, por su parte Summer no va perdiendo nada hasta el momento... pero ha preguntado por mí.
Confieso que me caí sentado sobre la cama cuando escuché eso. ¡Al fin se digna a preguntar por mí! De Olivia y Cooper ya sabía, pero no de Summer. Decía estar enterada de lo que había hecho, supongo que gracias a Olivia, pero no entendía por qué no había regresado para las clases. Sabe que daría mi vida por la literatura, lo que no sabe es que encontré un tesoro mucho más valioso, uno por el cual lo dejaría todo y custodiaría con recelo.
Algún día regresaré a estudiar... pero no es algo que esté en mis planes por el momento.
Según Daniel estoy de paso por Louisiana, fotografiando la bella naturaleza de los pantanos. No sabe cuándo regresaré a Las Vegas, solo les dijo que quiero estar lejos de esa ciudad, más bien de las estupideces de mis amigos, para ser un hombre libre y hacer de mi vida lo que me plazca.
Sé que suena rudo pero está clarísimo que a Summer ya no le importo, y no me interesa lo que piense. A Olivia y Cooper podría decirles la verdad, pero si lo hago Summer se enterará y no quiero. No quiero porque no se lo merece.
Le imploré por perdón y a ella eso le valió. Amigas así no las quiero.
No hace falta que la alarma me despierte esa mañana, los gritos de mi madre resultan igual de efectivos.
Gruño y entierro la cabeza debajo de la almohada. No, por favor, no pueden ser las ocho ya. Me acosté tarde limpiando la losa que usaremos hoy.
Así no es como debería comenzar un 24 de diciembre.
__________________
¡Feliz año nuevo! Espero que hayan pasado un lindo día, yo solo me pasaba por aquí para mejorarles el día jajaja.
Planeaba subir esto para la semana de navidad, pero por diferentes motivos no pude hacerlo. Yo que ustedes me aprontaría, porque lo que se viene... ¡Por Dios!
COMENTEN, VOTEN Y COMPARTAN
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro