Chapter XXV
Al bajar no puedo esperar para contarles a mis padres lo sucedido. Entro a la cocina y sigo camino hasta salir por la puerta trasera; estoy atónito. El jardín está decorado con globos, guirnaldas, incluso hay un cartel que dice "Feliz cumpleaños Logan".
La mesa está decorada con un mantel a cuadros y sobre ésta los más ricos manjares que puedan imaginar.
Todo se siente tan extraño. Generalmente para mi cumpleaños suelo salir por ahí con mis amigos, la decoración es muy básica, por no decir nula. A las únicas que sí le hacemos algo decente es a Summer y Olivia. Nunca imaginé que podría tener una fiesta como las de ellas.
— ¡Mamá!
Aquella simple palabra que antes no poseía ningún significado para mí, ahora lo es todo. Poder decirlo hace que mi corazón se estremezca, una sensación acogedora me recorre el cuerpo de pies a cabeza. Me hace sentir lleno; al menos una parte de mí se siente completa.
Mi madre se voltea a verme, sus ojos brillan de alegría.
— ¿Te gusta?
— ¡Me encanta! —Le doy un beso en la mejilla como forma de agradecimiento—. Pero tengo que decirte algo. Me llamaron de una editorial, quieren que les envíe más de mis trabajos.
— ¡¿Qué?!
Mi padre, quien estaba cerca de allí escucha la conversación y se aproxima dando palmadas.
—Eso es estupendo. ¿Cómo te encontraron?
—John —digo, ellos ya saben lo importante que él es para mí—. Y Daniel... supongo que él le dio uno de mis escritos.
—Estoy tan orgullosa de ti —exclama y me abraza fuerte.
— ¡Felicitaciones!
Miro por encima del hombro de mi madre, no me había percatado de la presencia de Adrián; con razón el cartel estaba un poco torcido.
Se me acerca y me abraza, dándome palmadas en la espalda. Digamos que mi relación con él es... normal. Hablamos un poco más que antes, bromeamos y nos divertimos. El pasado entre nosotros está enterrado y no quedan secuelas.
La puerta del jardín se abre y por ésta entran Jonathan y Sam. El rostro de mi hermana no tenía precio, las gafas negras no podían ocultar el desprecio y desagrado que sentía por estar aquí. Llevaba una caja en sus manos, bastante pesada a simple vista. Mi madre se aproxima para ayudarla con eso y le susurra que cambie su cara.
Se sube las gafas de sol, cruza los brazos en su pecho y me mira.
—Feliz cumpleaños.
Frunzo los labios y entorno los ojos.
—Me parece que...
Me aproximo con cautela, Sam me observa desconcertada. Con mis dedos genero una cubra hacia arriba con los labios de mi hermana, río y ella me golpea con fuerza.
—Quítate.
—Oye, es mi cumpleaños y puedo hacer lo que quiera.
—No conmigo. Tal vez hayas engañado a toda nuestra familia, pero a mí no. Sé que bajo esa máscara de niño bueno se esconde el diablo. —Se acerca desafiante—. Juro que si los haces sufrir de nuevo yo...
— ¡Samantha! —Grita mi padre—. Basta ya.
Las cosas entre Sam y yo no han mejorado en lo absoluto, y la verdad es que me tiene sin cuidado. El problema central eran mis padres y las cosas con ellos va viento en popa, no tengo por qué preocuparme de ella. Aun así, todavía la sigo odiando por su contribución de hacer mi vida miserable, y su actitud solo hace que mi visión sobre ella siga igual.
En cuanto a Adrián, bueno, es un imbécil y no se da cuenta de las cosas. Perdonarlo fue fácil.
—Feliz cumpleaños Logan.
Jonathan intercede entre Sam y yo, y me extiende una pequeña caja envuelta en papel de regalo.
—Gracias. Al menos alguien que muestra algo de amabilidad —insinúo, observando a mi hermana por encima del hombro de su esposo.
Samantha rueda los ojos y desaparece en la cocina.
En la caja había un bellísimo reloj de lujo.
—Wow, estupendo.
—Me alegra que te guste.
Me da una palmada y se aleja. No pierdo el tiempo y me apresuro a estrenar mi nuevo reloj.
Al tiempo nos sentamos a disfrutar del desayuno y a celebrar mi cumpleaños número 23. Esta vez el cupcake era azul, en vez de vainilla. Ni bien terminados de comer mi padre anunció que había una feria en el centro de la ciudad, y sería una gran idea festejar mi cumpleaños allí. No me opuse, hace tiempo que no voy a una feria y quiero ver qué tal.
El parque estaba decorado con faroles chinos, banderines y globos multicolores. En el centro había un escenario donde había una banda tocando; nada mal a decir verdad. En los alrededores había varios puestos de comida y juegos.
Con mi familia nos pusimos un rato a escuchar y bailar la música para luego ir por algo de comer. Opté por un perro caliente y una bebida cola, mientras mis padres fueron por la opción de "pizza cono"... Que es como una pizza pero en forma de cono de helado. Creo que cuando termine iré a comprar uno de esos.
Perdí de vista a mis hermanos en cuanto entramos a la zona de las bandas. Honestamente ni me interesaba, pero sentía curiosidad por saber qué estaban haciendo. Apenas pensé en ello, Adrián apareció bebiendo una cerveza y comiendo los últimos vestigios de lo que eran unos nachos con queso.
Me dieron ganas de beber un poco, pero no podía delante de mis padres. Ellos conocen mi historia, saben cómo está mi cuerpo y por ello me prohíben cualquier tipo de bebida alcohólica, no quieren que pase por otro ataque. Si les soy sincero me importa muy poco el que se preocupen por mí (en este aspecto), ni bien desaparezco de su vista bebo todo lo que puedo. Nada me ha pasado y nada volverá a pasarme. En cuanto los pierdas me pediré algo bien fuerte. O tal vez me aguante hasta la noche...
No sentamos en unas bancas de madera y mi madre sacó una caja, como de esas donde vienen los pasteles. Me dijo que no espiara, así que supuse que allí dentro estaban mis pastelitos. Cierro los ojos y cuando los vuelvo a abrir están cantándome feliz cumpleaños. Una vela encendida es el toque perfecto para el cupcake color verde agua.
Pido mi deseo, soplo la vela y me dispongo a disfrutar de mi pastelillo. ¿Qué edad se supone que estoy cumpliendo? Creo que mis veinticuatro.
Intento recordar cómo fue mi fiesta en ese entonces. ¡Ah, sí! Ya lo recuerdo. Ese día tenía un examen importante, el último que me permitiría cursar mi siguiente año en la Universidad. Estaba nervioso, mi mano mojaba el papel y cada vez que llegaba al margen la birome dejaba de funcionar, la tinta no andaba bien por lo húmedo del papel. Entré en pánico y lo único que tenía a mano era una fibra negra que dejaba de repuesto.
En resumen mi examen terminó en dos colores: azul y negro al final del margen. Pero me sentí satisfecho conmigo mismo y esa noche salimos a festejar con mis amigos. Recuerdo haber ido a una pizzería donde nos pedimos una super hamburguesa para cada uno; el que no lograra terminarla pagaría la cuenta. Para mi sorpresa fue Cooper quien tuvo que pagar, yo habría apostado por cualquiera de las chicas, pero Olivia comió casi la misma cantidad que Daniel, mientras que Summer le ganó por lejos a Cooper. Esas chicas sí que saben comer.
Escuché una melodía bastante pegajosa sonar a lo lejos. Sonaba bien, demasiado bien, así que con Adrián nos dirigimos al escenario, por su parte, mis padres optaron por relajarse a la sombra.
Bailé, salté y canté como un condenado todas y cada una de las canciones. La banda tocó algunas canciones propias, pero el resto eran covers, ¡muy buenos covers! Tienen un gusto excelente para la música, creo que me descargaré sus canciones en Spotifay.
Todo estaba siendo de maravilla hasta que en determinado momento divisé a mi hermana a lo lejos. Estaba cerca de un puesto de algodón de azúcar junto a Jonathan. En eso, alza la mano y comienza a agitarla, salta y sonríe. Mis ojos viajan en línea recta para ver a quién estaba saludando, y la verdad es que no debería sorprenderme, pero lo hizo. Más que sorpresa creo que siento enfado. ¿Por qué April? ¿Por qué hoy? Estaba siendo el mejor cumpleaños hasta ahora.
Espero que no intente acercarse, no quiero que arruine mi día...Y para colmo el idiota de Dylan vino con ella. Esto no podría ser mejor.
Le digo a Adrián que iré por algo de beber y lo dejo bailando y cantando. Sé que no debo ir con mis padres porque April irá a saludarlos en algún momento.
Me aseguro de que nadie esté mirándome y me acerco al puesto de cervezas para beber una. Qué placer es poder sentir esa amargura descendiendo por mi garganta. La bebo lo más rápido que puedo para no dejar evidencias, cuando de pronto mi teléfono comienza a sonar.
Trago lo más rápido que puedo, aunque mis mejillas están infladas, llenas de cerveza. Casi me atraganto, toso un poco y me golpeo el pecho para quitarme la sensación. Hay un grupo de chicas que me están viendo y comienzan a reírse.
¡Señoras, sí tengo cultura alcohólica!
— ¿Hola? —Digo, respondiendo la llamada. Toso un poco más.
— ¡FELIZ CUMPLEAÑOS, MUCHACHO!
Es imposible no identificar la ronca voz de John.
— ¡John!
— ¿Cómo la estás pasando?
Observo el vaso vacío de cerveza, los puestos y escucho la música de fondo.
— De maravilla.
— Así me gusta. Solo se cumplen veintiséis una vez. ¡Aprovéchalos!
Río y tomo asiento en una banca cercana.
—Por cierto, ¿recibiste mi obsequio?
Frunzo el ceño confundido, no entendía a lo que se refería hasta que recuerdo la llamada de ésta mañana.
—Creí que lo habías olvidado...
— ¿Olvidarlo? Eso nunca. Te hice una promesa y la cumplí.
—Y en verdad lo aprecio muchísimo. Casi me orino en los pantalones cuando me dijo que trabajaba en una editorial.
Escucho la contagiosa risa de John al otro lado del teléfono. No puedo evitar reírme.
—Pues espero que le saques provecho. Leí tú manuscrito y es extraordinario.
—Sí... me supongo que lo conseguiste gracias a Daniel.
—El chico sí que sabe ser cómplice.
Ruedo los ojos y suspiro.
—Pues dile que es ilegal irrumpir en un apartamento y robarle cosas a la gente. Aunque por esta vez se lo dejo pasar.
— ¿Quieres decírselo tú mismo?
— ¿Está ahí?
—Vinimos un rato a la plaza. Antes tuve que hacerme una placa y él muy amablemente se ofreció a acompañarme.
— ¡Pásame a ese bastardo!
Le escucho murmurar algo a John y de inmediato oigo la estridente risa de Daniel. Dios, hace tiempo que no escucho su voz. Había olvidado el tono burlón que siempre tiene.
— ¿Qué pasó, Brown?
—Te mataré por lo que hiciste.
—Hazlo si quieres, pero si no fuera por mi nadie te hubiese llamado.
—Si no fuera por John nadie me hubiese llamado. Tú solo robaste.
— ¿Así es cómo me lo agradeces?
Río por lo bajo y le agradezco infinitamente. Sin embargo, no menciono que le ofrecí a Chuck otra historia; una mucho más especial que quiero mantener en secreto hasta que me den luz verde.
—Feliz cumpleaños Logan.
—Gracias.
Guardo silencio, quiero preguntarle algo pero no encuentro el valor suficiente. Las palabras no quieren salir, mis labios se abren y cierran sutilmente.
—Por ahora no ha dicho nada —dice Daniel, como si hubiese leído mis pensamientos.
—Si llega a decir algo...
—Sí, sí. Ya sé lo que tengo que decir.
— ¿Cómo está?
—Bien. Se fue de vacaciones un tiempo y luego volvió para rendir Literatura II. Comenzamos el miércoles las clases.
— ¿Ya tienen los resultados?... ¿Por qué tan tarde?
—Hubo un problema con las horas, así que atrasaron dos días el comienzo de clases. ¡Genial! Aprobó con 73. —Hubo un silencio—. Sabes que preguntarán por ti, ¿cierto?
—No me importa. Diles que no pienso volver hasta dentro de un tiempo.
— ¿Al menos puedo decir que todo está bien con tu familia?
— No... quiero decir, sí. Es decir... —suspiro exasperado—. Por ahora no digas nada. Si alguien tiene que decir algo ese soy yo...
—A las órdenes jefe —responde, no muy convencido— Nos vemos pronto.
Me despido de Daniel y luego de John. Guardo mi teléfono en el bolsillo y para cuando subo la mirada unas manos envuelven mi rostro y me besan. Se sentía tan bien... aquellos labios sabían a tutti-frutti. Los reconocería hasta con los ojos cerrados.
—Stella.
Hasta el pronunciar su nombre me hace la piel de ganilla.
—Feliz cumpleaños lindo.
Se sienta a mi lado y me extiende un pequeño paquete con un moño multicolor. Rompo el papel y descubro un destapa botella con motivos de Irlanda.
—Hum... Qué interesante.
Ella ríe. Su voz es angelical.
—Esta noche tendrás que usarlo... —Se aproxima provocativa—. Además, lo mejor viene al final.
Coloca su mano en mi pecho y se inclina para besarme. Cada vez que la beso recuerdo aquella noche fogosa en el bosque. Deseo volver a vivir esa experiencia, poder tenerla entre mis brazos de nuevo. No veo la hora de que sea de noche.
— ¿Qué estás haciendo?
Abro los ojos sobresaltado, me aparto de Stella y veo a April parada a unos pocos metros de distancia. Su mirada está llena de odio y reproche, su postura ni hablar.
Diablos. ¿Por qué precisamente tenía que ser April quién nos descubriera? Bueno, entre ella y Sam la prefiero a ella... aunque por algún motivo no me agrada la idea.
Estaba furiosa, y a pesar de que no tendría qué molestarme me siento... incómodo. Detesto la idea de que nos descubriera, de que ahora sepa que Stella y yo tenemos algo. Lo más seguro es que se lo diga a Adrián, tal vez por eso me siento tan mal... ¿Verdad?
— ¿Qué haces con la ex de tu hermano?
Demoro unos segundos en responder y ponerme a su altura.
—Eso es asunto mío.
Alza las cejas sorprendida.
— ¿Me hablas en serio? ¿Cómo te atreves?
— ¿Y a ti qué te importa? —Contraataca Stella, poniéndose de pie—. Terminé con Adrián a penas volvimos de Southport. Puedo estar con quien quiera desde entonces.
April la observa asombrada para luego posar su mirada en mí. Sus ojos destellan malicia.
— ¿Adrián lo sabe?
—A ti no te importa eso.
— ¡Responde!
—No tengo por qué responderte.
Resopla y sonríe. Cometí un error al no decir nada, y ella ahora lo sabe.
—No se lo dijiste. —Se cruza de brazos, una sonrisa pícara asoma en sus labios.
— ¿Por qué mejor no te vas a otra parte? —Espeta Stella, abrazándome por el hombro.
— ¿Por qué mejor no te largas tú? ¿No te bastó uno que te vas con su hermano?
Aquello tensionó los músculos de Stella, podía sentir su presión sobre mi cuerpo. Su mirada, furiosa, fulminó a April de un vistazo.
—Escúchame bien perra...
Me puse en medio de ambas para evitar una posible pelea. Lo último que quiero es pasar mi cumpleaños en la jefatura de policía.
April se abalanza sobre mí amenazante, aunque su mirada y sus insultos van dirigidos a la persona que hay a mis espaldas. Stella contraataca verbalmente, mientras la oído retroceder y avanzar pero sin ir más allá de mí.
— ¡BASTA! —Grito y una paloma que descansaba en el árbol a nuestro lado sale disparada—. No te permito que le hables así a Stella. Si solo vienes a molestar será mejor que te largues ahora mismo.
April pone los brazos en jarra y frunce los labios. Su cabello ondea suavemente con la tenue brisa.
—Es que no puedo entender por qué haces estas cosas. Adrián es tu hermano... ¿Cómo puedes no decirle la verdad? ¿Acaso...? —Enmudece y al instante sus ojos se abren como platillos. Un pequeño gritillo escapa de sus labios, mientras que otro se atora en su garganta.
— ¿Qué?
— ¿Estuviste con ella mientras era novia de tu hermano?
No respondo, opto por guardar silencio y poner mi mejor cara de póker. No sé cómo llegó a esa conclusión pero no pienso negarla o confirmarla. Cualquiera de las dos cosas sería un suicidio, en especial porque sé que se lo dirá a Adrián.
—Claro... por eso terminaron tan pronto, porque estuviste con ella.
—Vete —amenazo.
— ¿Por qué? Si tienes miedo de que se lo diga a tu hermano tranquilo, no se lo diré. El único que debe hacerlo eres tú, después de todo tú la embarraste. —Guarda silencio y a continuación escupe una risa—. ¿Qué gracioso, no lo crees? Te quejas de mí, me insultas por lo que te hice... Y ahora resulta que le hiciste lo mismo a tu hermano.
Trago duro.
—Aprendí de la mejor.
Mis palabras parecen herirla, logro ver cómo su fachada de chica ruda se desmorona por un breve instante.
—Eres una basura.
Su mirada viaja hacia Stella, quien sigue detrás de mí.
—Disfrútalo mientras puedas, suele deshacerse de las chicas después de su uso prolongado.
Ahora soy yo el sorprendido. No puedo creer que haya dicho eso, ¿cómo se atreve?
Se aleja hecha una fiera y desaparece entre la multitud. No dejo de mirarla hasta perderla de vista. En eso, siento la mano de Stella recorrer desde mi hombro hasta mi pecho. Beso sus nudillos y ella me responde con una caricia.
—No le hagas caso a esa idiota. Está celosa.
— ¿Celosa?
—Olvídalo. —Se inclina en mi hombro—. ¿Quieres hacer algo para olvidar el mal rato?
Suspiro afligido.
—Por favor.
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