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Chapter XV

Sentí una sensación amarga en mi boca. Me molestaba que April me hubiera dicho todas esas cosas. Diga lo que diga nunca voy a perdonarla. El que me hubiera engañado porque era una adolescente tonta no tiene excusa, yo también lo fui y en ningún momento se me pasó por la cabeza engañarla; pero qué más da. Ella no tiene corazón, no puede amar a nadie, solo vivir aventuras... como yo. April me hizo así, por lo que no tiene derecho a quejarse. Si quiere que cambie primero va a tener que cambiar ella.

Divagué por las calles hasta sentarme en un café. Irónicamente recordé nuestras mañanas en la cafetería con John. No estaba de humor como para pensar en él, es más, me molestaba mucho. Sentía que en parte esto también había sido su culpa. John era una persona con un sexto sentido muy agudo, era prácticamente imposible engañarlo. Tal vez ya sabía que no duraría mucho y planeó algo para que me quedara... si eso incluye ser capaz de crear tormentas poderosas.

Al diablo, el mundo conspira contra mí.

Poco después recibí una llamada de Daniel y estuvimos hablando por un largo rato. El muy maldito se echó a reír a carcajadas cuando le dije que no iba a poder regresar. Sinceramente no le encontraba la gracia, pero parecía que a él le divertía muchísimo. Cobré mi venganza cuando me dijo que apenas tiempo tenía de ver las nuevas películas que había adquirido por culpa de tener que estudiar para las pruebas. El año escolar aún no terminaba y yo me había salvado de él con la ayuda de Hanks, quien me excusó por un mes de asistir a clase. Sin embargo, entre estudiar para las pruebas y soportar a mi familia y a April, prefería mil veces perder mi vida social estudiando, al menos era para algo que realmente aprecio. Si estaré mal que ni siquiera tengo inspiración para escribir.

En la noche recibí un correo por parte de John. Podrá ser un pesado y todo lo que quieran, pero sí que me hacía reír con sus anécdotas. No me gustaría estar en los zapatos de su... no sé ni lo es. ¿Cómo se le llama al prometido de tu nieta?

"...Lo perseguí con un bastón por toda la casa. Deberías ver lo desesperado que estaba. Se lanzó de cabeza a la piscina. Le di un ocho por estilo libre. Aun así es un poco torpe. Algunos animales se quedan en la orilla esperando a que su presa salga del agua, y eso fue lo que hice. Me senté en una silla a esperar que saliera. De paso me llevé una limonada y un libro para leer. Tuvo suerte de que mi nieta llegara con mi esposa del supermercado. ¡Quedó como un completo idiota! Deberías ver su cara de avergonzado. Amberly le preguntó por qué se había metido a la piscina a nadar con ropa, y como sabe que si dice la verdad le irá mal, dijo que no había tenido ganas de desvestirse... ni sacarse los zapatos".

Ese hombre es un héroe. Seguiré sus pasos cuando tenga una hija... si es que tengo una, claro.

Los siguientes días estuvieron bien. Una de las chicas que conocí en Five Floor me inventó a una fiesta en la piscina de una de sus amigas. Obviamente acepté y me la pasé de maravilla... en especial cuando pasamos de una fiesta llena de gente en la piscina a una privada de dos personas en la cama.

He tenido más sexo en estas dos semanas que lo que suelo tener en Las Vegas a lo largo de un mes. Tal vez complazca a Tamara y Julieth más seguido. O simplemente intentaré salir un poco más seguido. Las malditas clases rompen con mi vida sexual. Tengo que aprovechar ahora.

A lo largo de todo este tiempo no me he cruzado con nadie de mi familia ni mucho menos con April. Creo que es lo más grandioso que pudo haberme pasado. Mañana mismo me vuelvo para Las Vegas y ha sido la mejor semana de mi vida. Sin preocupaciones, sin disgustos, y sin sorpresas inesperadas. Le pedí a Daniel que no le dijera nada a nadie sobre mi llegada, quería ser yo mismo el que plantara cara frente a ellos. Se sintió un poco decepcionado por mi pronta partida. Creo que John lo está influenciando demasiado. Arreglaré eso en cuanto llegue.



El gran juego de los Mets se llevaba a cabo esta noche y estaba muy emocionado por verlo. En Las Vegas estaríamos preparando con Daniel y Cooper alitas de pollo, nachos, pizza con exceso de mozzarella, y muy probablemente Olivia traería consigo helado de menta, banana Split, y para obligar a Summer a venir con nosotros, uno de frutilla solo para ella.

Aquí, en cambio, solo me tengo a mí mismo. No me apetecía quedarme en el hotel y mirar el partido por la televisión. Me hace sentir un poco solo el hecho de no tener a alguien con quien hablar o festejar las anotaciones. Por ello decidí irme a un bar para pasarla bien con un grupo de gente igual de fanática que yo. Pediría lo que quisiera (¿Pueden creer que el hotel no tiene nachos?) y la muchedumbre gritaría con fuerza al momento de una anotación. No sería lo mismo sin mis amigos pero por lo menos no me sentiré tan solo.

Pedí unos nachos con aderezo de carne y queso cheddar. Debo admitir que estaban deliciosos. El gusto que adquirían cuando bebía mi cerveza hacía que los sabores se realzaran mucho más. Me hizo recordar al aderezo que Cooper suele preparar, solo que él agregaba queso crema y salteaba la carne con cebolla y ajo. Eso definitivamente hacía que la carne tuviera mejor gusto, y que el queso crema se sintiera como crema agria.

Me había sentado justo en la barra para tener una mejor panorámica del televisor. El resto del lugar rebosaba de personas, y pese a los cinco televisores que había, el de la barra era el único que podía ver sin tener que alzar la cabeza para ver entre el mar de personas. No entendía cómo la gente del fondo podían ver la pantalla, para mí solo podían escucharlo, como si lo transmitieran en la radio.

Entre el barrullo pude escuchar las voces de un par de personas. Estaban discutiendo y bastante feo. Me voltee para ver a un padre discutiendo con su hijo a la entrada del bar. El chico debía de tener dos o cuatro años menos que yo. Y tal parecía que la relación con su padre no era color de rosas.

— No pienso discutir contigo en este lugar. Comportarte.

El chico giró los ojos y por algún motivo me sentí identificado con él.

Padre corrupto que probablemente no le permite ir al baño sin siquiera haber avisado con dos horas de anticipación.

Sip. Esa fue mi vida.

Me giré hacia la barra y de inmediato el chico apareció a mi lado. Con el rabillo del ojo vi como su padre se acomodaba en una mesa que recientemente habían desocupado. Casi de rápido un camarero se acercó a él y le tomó su orden. Apostaría cien dólares a que no comerían juntos.

— Una cerveza. —Le indicó al barman, enseñándole su identificación.

— ¿Mal día? —Dije y él me miró con el ceño fruncido. Señalé con mi cabeza en dirección a su padre y asintió.

— No me lo recuerdes. Me tiene harto.

— Se a lo que te refieres. Yo me fui de casa a los veintiuno. No soportaba a mis padres.

El chico de ojos grises me miró con asombro, como si fuese un ídolo o algo parecido.

— ¿En serio?

Asentí.

— Ojalá pudiera hacer lo mismo. Si consiguiera el dinero suficiente me largaría con mucho gusto.

Comenzamos a hablar y al poco tiempo nos hicimos amigos. Me sentía identificado con Cody y viceversa. A diferencia de mis padres, su padre era ex comandante de la marina y su madre agente activa del cuartel policial, y para pena del pobre, ambos eran exigentes. Todo el tiempo estaban controlándolo; queriendo saber a dónde iba y cuándo volvería. Y como era de esperarse, sus padres esperan que se convierta en abogado, cuando su sueño es la informática. ¿Por qué los padres no pueden dejar de meterse en la vida de sus hijos? Nos la arruinan.

Bebimos un par de cervezas y compartí con él mis nachos. Más tarde él pidió una ronda de alitas picantes y vaya que estaban deliciosas. Nos la estábamos pasando bien terminando de ver el primer tiempo del partido, cuando veo a mi familia entrar al bar.

Me puse rígido como roca y Cody se percató de mi cambio brusco.

— ¿Qué sucede?

Mi madre entraba abrazada del brazo de mi padre. Sam iba acompañada de su prometido y Adrian entraba al último guiñándole el ojo a un par de chicas que había en la entrada.

Me di media vuelta, abracé mis brazos y me incliné hacia adelante para intentar esconderme de ellos. De todos los malditos bares que hay en este maldito pueblo, ¿por qué precisamente tienen que venir a este?

— Mi familia está aquí.

— No inventes. —Se volteo para buscarlos inútilmente. No los conocía, pero esperaba encontrar algún parecido conmigo. Su padre tenía sus mismas facciones, así que era fácil decir que eran familia—. ¿Son aquellos en la entrada?

Miré por el rabillo del ojo y los observé acomodarse en una mesa cerca de la entrada.

— Esos.

— ¿Quieres que nos vayamos?

— ¿Para qué? Solo hay una salida y me verán de cualquier forma. Aquí al menos estoy camuflado... por ahora.

Intenté calmarme y mantener una conversación civilizada con Cody, pero mi mente no dejaba de pensar en que mi familia me descubriría. No quería verlos. No quería que arruinaran mi último día en este lugar.

El segundo tiempo empezó y con Cody pedimos un par de cervezas más. Un hombre se acerca a la barra y encarga dos cervezas negras. Observo su muñeca y no hace falta escuchar su voz para reconocer a mi padre. Aquel reloj se lo regalamos con mis hermanos cuando tenía ocho.

Giro la cabeza al lado contrario con la esperanza de que no me reconozca, pero tal parece que mis esfuerzos resultaron en vano. Creo que era más fácil pararme e irme al fondo del bar.

— ¿Logan?

Me volteo para verlo y la sorpresa en su rostro es más que evidente. Creo que Adrian olvidó contarles sobre mi estadía aquí hasta mañana. Eso o simplemente no esperaba encontrarse conmigo en un lugar como este.

— ¿Qué haces aquí? Pensamos que ya te habías ido.

— ¿Adrian no te fue con el chisme? Me voy mañana. Hoy es mi última noche.

La sorpresa en su rostro se vio incrementada. Asumo que no le cayó bien la noticia.

« ¿Qué se siente saber que tú hijo estuvo prácticamente dos semanas y nunca fue a visitarte? »

— Oh, bueno... —Su voz sonó apagada—. En ese caso, que tengas buen viaje.

Traía dos botellas de cerveza negra en sus manos y me extendió una para brindar. Me quedé viendo la botella y luego a él. Si pensaba que con un simple brindis arreglaríamos toda la porquería que sucedió en la boda de Sam, estaba muy equivocado. Llegó un punto en el que se dio cuenta de que yo no brindaría con él, y de paso que era muy vergonzoso quedarse como un completo idiota con la botella de cerveza en alto.

Apartó su brazo y agachó la cabeza.

— Hasta pronto, hijo. — Y se perdió entre la multitud.

Suspiré con pesadez. Por alguna razón no me sentía bien, y después de enfrentarlo me sentí peor. La cabeza me dolía como si me hubieran golpeado con una roca. Cody comenzó a felicitarme por el modo de actuar frente a mi padre. Me dijo que hace como dos meses atrás se rehusó a estrechar las manos con su padre. Él planeaba hacer las paces, pero Cody sabía que no eran más que puras mentiras. Siempre lo hacía y al final terminaba rompiendo sus promesas. Por ello no aceptó hacer un trato con él y hasta el día de hoy se rehúsa a llamarlo Señor y a saludarlo cada vez que entra a la casa.

Le dije a Cody si no quería que pidiera un poco de tequila. Necesitaba sacarme esta sensación extraña de mi cuerpo, y no hay nada mejor que una depuración con alcohol.

El partido estaba en su auge y todos en el bar estaban con expectativas. Se los escuchaba gritar; alentando a los jugadores o criticándolos por las malas jugadas que hacían. Cody y yo gritábamos como desaforados a la pantalla de televisión. Sin embargo, no éramos los únicos imbéciles que hacíamos eso.

La estábamos pasando bien pese a que el tequila aun no hacía efecto en mí. Estaba a punto de pedir otra ronda cuando el ruido de unos disparos me dejó helado. Me voltee en dirección a la puerta y vi a un par de locos con pistolas y una ametralladora. Los gritos se hicieron oír de inmediato, y si no fuera porque Cody me jaló hacia abajo, una bala me hubiese dado en medio del cráneo.

— ¡¿Qué diablos es esto?! —Chillé desesperado.

— Son los Cráneos Rojos.

Quedé sin habla. La gente se movilizaba por debajo de las mesas empujando y gritando. Algunas eran alcanzadas por los Cráneos Rojos, y obligadas a entregarles sus pertenecías.

— Pero... ¿Qué no se suponía que su líder fue preso? ¿Qué no todos estaban igual?

Cody meneó la cabeza.

— Los pocos que se salvaron se fueron de aquí, pero hace un par de meses atrás se rumoreaba que habían regresado.

Un disparo hizo volar la madera de la barra y con Cody corrimos hasta escondernos en un costado. No podía creer que los mismos locos psicópatas que chantajeaban a mi hermano estuvieran aquí. Me incliné para ver dónde estaba mi familia, pero con todo el loquero no podía distinguirlos entre la multitud.

Escuché un par de gruñidos y me adelanté para tener mejor panorámica. Al otro lado del bar había un hombre luchando contra uno de los Cráneos Rojos. Otro grupo tenía al tipo de la ametralladora inmovilizado. Un par de disparos impactaron contra el techo y las personas comenzaron a gritar. Salieron de sus escondites y comenzaron a correr por sus vidas.

El tipo que forcejaba con unos de los Cráneos, tropezó contra alguien más y cayó al piso. Nuevamente el hombre barbudo con bandana negra recuperó la movilidad en su brazo y comenzó a disparar a la muchedumbre, en especial a aquellos que retenían a su compañero. De pronto las ventanas se rompieron. Los cristales volaron por todas partes y con Cody tuvimos que cubrir nuestras cabezas para no resultar heridos. Tres hombres más de los Cráneos Rojos entraron al bar con armas. Lanzaban tiros al aire y golpeaban a las personas para sacarles sus pertenencias.

Esto era demasiado. Si nos quedábamos allí nos encontrarían y dejarían como carne molida. Cody me tocó el hombro y me dijo que era mejor que nos largáramos. Estuve de acuerdo, pero sería bastante difícil encontrar una salida. El lugar estaba atestado de gente que corría de un lado para el otro cubriéndose de los disparos y los golpes.

— Si no quieres venir, bien. Quédate aquí. Yo me largo.

— ¡Cody, espera!

Intenté retenerlo, pero no pude. El chico corría como gacela. Temía que algo pudiera pasarle así que tomé coraje y corrí tras él. Traté de mantenérme lo más cerca del suelo posible, pero entre tanta gente la tarea se me hacía difícil. Me incorporé y nadé entre la multitud hasta llegar donde Cody. Estábamos cerca de la puerta. En el exterior podía ver más gente corriendo despavorida. Escuchaba disparos que no provenían del interior, así que supuse que afuera las cosas estaban iguales o peores.

Corría lo más rápido que pude para no perder de vista a Cody. De pronto, gira su cabeza y se detiene. Miro en la misma dirección que él y veo a su padre en medio de la multitud luchando por salir. Se veía algo golpeado, por lo que supuse que lo habían asaltado o simplemente la tundra enloquecida le provocó eso. Por un instante pensé que Cody correría para ayudarlo, pero no lo hizo. Siguió camino hacia la salida.

No sabía qué pensar. Estaba tan confundido que no entendía si había hecho las cosas bien o mal. ¿Qué hubiera hecho yo? ¿Lo mismo?

Me detuve de pronto al escuchar una voz. Miré al frente y vi a Cody cerca de la puerta, cara a cara con uno de los Cráneos Rojos.

— ¿Te conozco? —Preguntó el tipo con enchapado en los dientes—. Sí, te conozco. Tú eres el hijo de Sigmun, ¿verdad?

— Me estas confundiendo con alguien más.

— ¿Me estás diciendo estúpido? Tú maldito padre metió a la cárcel a mi hermano. Y ahora voy a darle una lección.

Instantáneamente recordé la deuda que mi hermano tenía con aquellos tipos. Fue por culpa de ellos que mis padres comenzaron a prohibirme las salidas. Temían que me reconocieran y tomaran represarías contra mí. Pensaban que podrían hacerme daño, pero yo nunca lo creía posible. Ahora, me daba cuenta de que no estaban tan equivocados como pensaba.

Intenté hacer algo, pero me di cuenta que no podía. Quería, no me mal interpreten, pero si hacia algo ambos resultaríamos heridos. Egoísta o no, no quería morir de esa manera. Me tiré al piso haciendo bulto entre la gente. Escuché los disparos, y al levantar la cabeza vi como el pecho de Cody se teñía de rojo. Le disparó al menos unas cinco veces a quema ropa. ¿Por qué? ¿Por qué hizo eso? Maldito desgraciado.

La gente gritó y algunas cayeron heridas por las balas que atravesaron el cuerpo de Cody. Lo vi caer al piso y sus ojos grises parecieron mirarme. El pánico se apoderó de mí. Sentía el corazón martilleándome fuerte en el pecho. No sabía qué hacer. Ese podría haber sido yo hace varios años atrás.

El tipo que le disparó se acercó un poco más y le propinó dos disparos: uno justo en el pecho y otro en la cabeza. Cerré los ojos y me voltee. Su risa resonaba en mis oídos y la ira se apoderó de mí. ¿Cómo se atrevía a hacerle eso? Ya estaba muerto, ¿qué necesidad de seguir disparándo? El padre de Cody había encerrado en la cárcel a su hermano. ¡El muy maldito seguía vivo, ¿y cómo venganza mataba a Cody?! No era justo. ¿Acaso a mí también me hubieran matado por unos míseros billetes verdes?

Estuve a punto de lanzarme contra aquel tipo, cuando unos disparos le perforaron el pecho. La sangre emanó de su boca y sus ojos se tornaron blancos. Soltó el arma y se desplomó en el piso. Al hacerlo vi la silueta de un policía apuntando con su arma. Por lo menos alguien había hecho justicia.

El estómago se me revolvió y quise vomitar ahí mismo. No pienso decirles cómo era. Solo sé que escupí algo y salí trastabillando de allí dentro. La gente salía despavorida y me apretaron contra el marco de la puerta. Primero mi estómago tocó mis pulmones y luego mi pierna quedó atorada. Estaba tan conmocionado que apenas sentía dolor. Cinché con todas mis fuerzas y liberé mi pierna provocándome un pequeño raspón. Salí a la calle y el aire nocturno impactó contra mi rostro.

Definitivamente afuera estaba peor que adentro. Las personas corrían como locas. Había vitrinas de comercios rotas y algunas tiendas incendiadas. Podía ver las llamas escapando hacia el exterior. Algunas personas aprovechaban la conmoción y robaban cualquier tipo de cosa de las tiendas. Desde aparatos electrónicos hasta mercadería como frutas y verduras. La policía estaba por todas partes e intentaba llevar a las personas a un lugar seguro. Los Cráneos Rojos disparaban al aire o a cualquier cosa que se moviera. Estaba en medio de una balacera y ya me imaginaba una bala atravesándome el pecho. La imagen de Cody siendo baleado apareció en mis recuerdos. Reprimí esa imagen guardándola en lo más oscuro de mi mente y corrí por mi vida.

Me enseñaron que en una situación como esta hay que tirarse al piso y esperar a que todo pase, pero no sabía que era peor: si morir por una bala o aplastado por las personas que corrían como si estuvieran en una barata de navidad.

Era como nadar contra la corriente. Las personas corrían en la dirección opuesta a la que yo quería ir. Comencé a desesperarme. No entiendo por qué estaba así. Es una situación de vida o muerte y lo único que hago es morirme de miedo.

— ¡Logan!

Me detuve en seco. Busqué entre la multitud y allí, en medio del caos estaba mi padre. Su mirada se iluminó al verme. No lo pensé dos veces y corrí hasta llegar a su lado. Por alguna razón me sentía bendecido de tenerlo allí conmigo.

— ¡Papá!

Ni bien llegué a su lado me abrazó con fuerza. Por un momento me sentí desconcertado. Mis brazos se elevaron y palmee su espalda. Aun no estaba listo para esto. Mi mente era un caos como todo a mí alrededor. Inmediatamente me separé de él.

— ¿Qué diablos haces aquí? ¿Dónde está mamá?

— Tu madre y hermanos están a salvo.

— ¿Y por qué diablos no estás con ellos?

— Porque eres mi hijo y no iba a dejarte.

El pecho se me hundió. Pensé que iba a sufrir otro ataque, el aire no entraba a mis pulmones. ¿Por qué? ¿Por qué me hacía esto?

Algo en mi interior se quebró. La roca oscura y fría que tantos años había empeñado en construir sobre mi familia se estaba agrietando, y tenía miedo de lo que pudiera llegar a pasar. No quería verme débil... no quería quebrarme delante de ellos.

— No me hagas esto... —Susurré. Los ojos se me inundaron con lágrimas.

Mi padre frunció el ceño confundido. No tenía idea de la lucha interna que intentaba combatir. Y lo peor de todo era que estaba perdiendo.

Escuché un disparó y me cuerpo se estremeció. Oí a mi padre gruñir. Sus manos se concentraron cerca de su cintura y un manto de sangre tiñó sus dedos de rojo.

Cayó al piso de rodillas y un trozo de roca se desprendió como un pedazo de cáscara de huevo. Las emociones me bombardearon por dentro y me quebré.

— ¡PAPÁ! —Grité con todas mis fuerzas y me desplomé a su lado.

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