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Chapter X

Nunca me enteré a qué hora llegaron mis padres, solo sé que después de irme de la boda tuve el mejor día de todos. Antes de "tomar prestado el auto de mi hermano", me di una vuelta por la cocina y tomé varias cosas: sándwiches de todo tipo, bastones de mozzarella, costillas asadas, un gran pote relleno con diferentes tipos de ensaladas, y como frutilla del postre Suspiro de Menta. Es como una torta de chocolate, dulce de leche y en medio una buena porción de helado de menta. ¡La madre de todo postre congelado!

Con cada respiración que daba sentía que mi estómago estallaría y toda la comida saldría volando. Nunca en mi vida había comida tan pero tan bien. Y como todo, después de una buena comida nada como dormir una buena siesta... siesta que duró hasta el otro día.

Estaba rendido; la boda me había dejado cansado y necesitaba recargar engerías. Siquiera hice la maleta para mudarme al hotel, ese sería un problema que solucionaría por la mañana. Aunque no lo crean, cuando la maldita luz del sol me despertó, tenía un hambre de los mil demonios. Baje las escaleras hasta la cocina y para mi buena o mala fortuna allí se encontraban mis padres desayunando. Mi madre tenía el peor aspecto de todos, se notaba que aun le faltaban varias horas de sueño para recuperar "la belleza" (tal vez milenios).

Me encontraba de un humor que nunca creí expresarle a mi familia, pero definitivamente ellos no parecían estar del mismo modo. Sus miradas despectivas se enfocaban en mí como rayos láser que penetraban en lo más profundo de mí ser.

- ¿Qué?

- Le insinuaste a tu hermana que su matrimonio no duraría ni dos meses en el mismo día de su boda -dijo mi padre con firmeza.

- Ah, eso, sí ya lo sabía. Pensé que pasaba otra cosa -me acerqué al refrigerador y busqué el embase de jugo de naranja. No sé como aquí pueden beber el de piña.

- ¿Pensaste que se trataba de otra cosa? ¿Cómo puedes pensar así después de lo que le hiciste a tu hermana? Fue una falta muy grave.

- ¡¿Por qué todo mundo tiene que defenderla?! Ella les fue con el chisme y de tanto lloriquear creó lástima en ustedes, pero la realidad es que a mí también me hizo daño, ¿y alguien fue a reclamarle? ¡No! ¿Por qué? ¡Porque era el día de su boda!

- ¿Qué fue lo que dijo? -preguntó mi madre intrigada, mientras mi padre me miraba con el ceño fruncido.

- Primero que nada, me ocultó que April sería su madrina de honor -mis padres suspiraron al mismo tiempo-. ¡Paren de hacer eso! ¿Por qué no pueden entender de que la odio y no tengo deseos de cruzarme con ella? ¿Acaso tienen una idea de lo incómodo que me sentía?

- Creo que a tu padre y yo nos quedó más que claro que te molestó el que no te lo hayamos dichos, pero tienes que entender de que no lo hicimos con mala intención.

- Por supuesto que no lo hicieron con mala intención -intenté sonar lo más sarcástico que pude, pero su retardo les impide darse cuenta de ello.

- Pero, esa no es excusa para haber hecho llorar a tu hermana...

- ¡Bien! Lo siento, no fue mi intención. Traigan a Sam, denme su teléfono, le envió señales de humo pidiéndole que me perdone. De cualquier forma después de esto no volveré a verle la cara.

- ¡Logan!

- ¡¿Qué?! Es la verdad, después de hoy no le veré la cara a ninguno de ustedes.

Estaba dispuesto a irme con el embase de jugo de naranja en la mano cuando mi padre me detiene repentinamente.

- Yo no lo creo.

Me detuve en seco y me voltee para verlo. Su mirada era pícara como su sonrisa. ¿Qué se supone que era eso? ¿Estábamos jugando a algo? Porque si así es, ya dejó de gustarme.

- ¿Qué dijiste?

- Que yo no lo creo -repitió.

- ¿Por qué? Cumplí el trato. Fui a la boda y tuve el momento familiar. ¿Qué más querías?

- El trato era que asistieras a la boda y formaras parte de tooodo el evento familiar.

Lo miré detenidamente con incredulidad. Debía de estar tomándome el pelo.

- Tú te fuiste mucho antes de que la fiesta llegara a su auge, lo que significa que no estuviste presente en el setenta por ciento de la fiesta.

- Debes estar de broma.

- Te fuiste. No cumpliste con tu parte... -hizo una pausa, y sonrió-. El trato se cancela.

Quedé estupefacto.

- ¡No! -grité enfurecido-. ¡No es justo! Asistí a la maldita boda, nunca se habló de la fiesta.

- El evento familiar incluía ambas partes, Logan. Lo siento, pero no hay trato.

- ¡¿Tienen alguna idea de lo difícil que fue para mí estar en ese maldito lugar?! ¡Si me quedé fue por el estúpido trato, no por querer pasar un lindo momento con la familia! Prefiero beber ácido antes que respirar su mismo aire.

- Logan. -mi madre se llevó la mano al pecho, demostrando lo sorprendida que estaba... ¿O tal vez se sentía herida?

- ¡No! ¡Ya basta! Ya dejen de fingir que pueden formar una familia como lo éramos antes. Eso ya es pasado, no existe. ¿Qué no se dan cuenta? No los quiero. ¡Los odio, los detesto! Entiéndanlo de una maldita vez. Estoy aquí solo porque hice un estúpido trato con un amigo para demostrarle lo equivocado que él está -suspiré-. No vine porque los extrañaba, vine por una simple apuesta que hoy mismo se termina. Yo me largo.

Hice caso omiso de los llamados de mi madre, de la voz autoritaria de mi padre. Esto, esto es exactamente lo que siempre odié de ellos. Una de las cosas más molestas e irritantes que mi memoria puede recordar: "Puedes ir al baile" "Lo siento, ya es tarde. Hace frío. No terminaste tu tarea. Tu hermano dijo que en ese lugar tuvo problemas, mejor quédate en casa".

Una y otra y otra vez haciendo lo mismo. Diciendo promesas que nunca terminaban cumpliendo. Jugaban conmigo, pero esta vez no dejaré que ganen la partida. Soy un adulto, ya no tienen ningún derecho sobre mí. Ahora soy yo quién impone lo que hago o dejo de hacer.

Subí a mi cuarto y armé mi maleta en tiempo record. Mientras arrojaba todas mis pertenencias sobre la cama escuchaba a mi madre golpear la puerta, pidiendo que le abriera para poder hablar. Ya estaba harto y no quería verle la cara por el resto de mi vida. No sé cuánto tiempo estuvo insistiendo, solo sé que llegó un punto en el que dejó de molestar y ya no se escucharon más ruidos. De cualquier manera me había colocado los auriculares para opacar su voz, así que no sé con exactitud cuando se dio por vencida.

Cuando dejé todo como lo había encontrado al principio, salí de mi habitación con la maleta sujeta a mi mano. Sabía que en cuento bajara las escaleras comenzarían los bombardeos para convencerme de que me quedara, de que lo sentían muchísimo y esperaran que los perdonara, pero nada de lo que pudiese imaginarme terminó comparándose con la realidad. La casa estaba completamente en silencio; no había nadie.

- ¿En serio? -pensé en voz alta. Debían de estar de broma.

Entre a la cochera y ni rastro de los autos. ¿Acaso se habían ido? Malditos. Me molestan para que les abra la puerta y hablemos civilizadamente cuando ellos son los que terminan huyendo. ¡Después de esto no habrá excusa que valga! No podrán culparme de nada porque ellos hacen exactamente lo mismo.

Cierro la puerta con bronca y el estruendo a penas me produce exaltación. Fue tan ruidoso que el ruido del timbre habría pasado desapercibido si lo hubiesen tocado dos segundos antes.

- No puede ser...

No solo me habían dejado solo, sino que ahora también tenía que hacer de portero. Podría no abrir la puerta y esperar hasta que se vayan, pero el estar encerrado en aquella casa me producía irritación. Un poco más y me saldría sarampión. No tengo paciencia para aguantar a que la gente deje la entrada despejada.

Esquivo mi maleta de en medio del pasillo y la panorámica de la ventana me deja una visual que me permite ver a un coche rojo estacionado en la calle. Nadie de mi familia tenía uno de ese estilo, por lo que no tendría que lidiar con ellos, pero el corazón se me detiene en cuanto abro la puerta y veo el rostro de April.

Ella parece tan sorprendida como yo al verme. Ninguno de los dos esperaba volverse a cruzar.

- ¿Por qué estas en mi casa?

- No creí que vivieras con tus padres... Digo, después de lo que tu her...

- ¡No me interesa! -Le interrumpí levantando mi mano en señal de alto-. ¿A qué viniste?

Ella suspiró. Su semblante cambió completamente, ahora su mirada se veía un poco más dura. Traía consigo una pequeña cajita de terciopelo azul, la cual miró por un par de segundos antes de extendérmela. Parecía como si estuviera pensando qué hacer con ella.

- ¿Podrías darle esto a tu madre de mi parte? Solo dile que gracias, o cuando mucho escríbele una nota demostrándole mi agradecimiento. No te estoy pidiendo nada complicado.

Ahora era yo quién me quedaba observando la caja. ¿Debería tomarla o cerrarle la puerta en la cara? Podría decirle que mi madre no está y que volviera más tarde.

- Descuida, desinfecté todo para que no queden células mías y elimine el olor.

Le hice una mueca de desprecio y tomé la caja para que cerrara la boca y se largara de una vez.

- Nada de lo que exista en este mundo puede quitar tu suciedad.

Se cruzó de brazos y me regaló una mirada despectiva.

- Escúchame bien. No creas que porque ayer no dije absolutamente nada estas tratando con una idiota. Soy grande y sé defenderme cuando manchan mi honor, pero lo que tú y yo vivimos ya es pasado. No pienso rebajarme a tu nivel y andar insultando a todo mundo.

- Con lo que ya hiciste no deberías tener ni honor.

Volvió a levantarme la voz y a insultarme con palabras formales. No sé ni por qué no cerraba la puerta en sus narices, por alguna razón me divertía ver como April había cambiado. No es que hubiera cambiado mucho, pero definitivamente tenía un carácter un poco menos tolerante. Yo creo que si le acercan un fósforo explota.

Me rió, porque es lo único que puedo hacer. Sus palabras no me afectan, no me hieren, me entretienen. Abro la caja de terciopelo azul por pura curiosidad y para enfadarla aun más. Si ya se había medio enojada porque reía, ¿qué pasaría si ve que no le presto atención en lo absoluto?

En el interior de la caja había un bello adorno para el cabello recubierto por diamantes. La sonrisa se me borra enseguida y la rabia comienza a crecer en mí.

- ¿Por qué tenías el broche de mi madrina?

- ¿Qué? ¿Te estoy hablando de algo importante y tú me saltas con eso?

- ¡Solo dímelo!

- Tu madre me lo doy porque pensó que combinaba con mi vestido. ¿Contento?

- Mi madre no sería capaz de entregarte esto para que lo usaras.

- ¿Insinúas que lo robé? Que estupidez. ¿Por qué lo robaría para luego devolverlo?

Negué con la cabeza. - No me importa. Solo sé que esto le pertenecía a mi madrina; una persona dulce, amable, cariñosa, complaciente..., una mujer con todas las letras. Y digas lo que digas, tú nunca serás digna de llevar puesto este broche.

Su cara se puso roja como un tomate y si estuviéramos en una caricatura le hubiese salido humo por las orejas. Se puso completamente furiosa y me sorprendía al ver como la lluvia de insultos saldría de su boca en cualquier minuto. Pagaría todo el dinero que tengo para verla insultarme, ¡Ya quiero ver que tan buena es! A ver si por lo menos genera en mí otra cosa que no sea risa.

- ¡Mira tú, pedazo de...!

- ¿Todo en orden?

Ambos nos quedamos completamente inmóviles. Ella parecía haber cambiado el rubor de enojo por vergüenza, mientras que yo intentaba identificar a aquel chico parado en mi porche.

Era alto, un poco más que yo. De tes blanca, ojos azul cielo y su cabello castaño estaba peinado con un aire moderno.

- ¡Dylan! -Gritó April, volteándose y posicionándose junto a aquel joven-. Creí que me esperarías en el auto.

- Lo estaba haciendo, pero me pareció verlos discutir.

- ¿Qué? ¡Claro que no! Logan y yo solo bromeábamos -dijo entre risas. ¿Así o más obvio?

- ¡Oh! -su mirada se enfocó directamente en mí-. ¿Tú eres Logan, el hermano de Sam?

- El mismo.

- ¡Un gusto conocerte finalmente! -Sonrió enseñando sus grandes dientes blancos, y me extendió la mano-. Dylan Stewart.

Pensé una biblia de opción en menos de un segundo. ¿Debía de dejarlo así y demostrarle que no tenía ningún interés en demostrarle cortesía? Pero poco o mucho me parecía un buen tipo y no merecía que le hiciera un desaire.

- Logan Brown. -dije estrechando su mano. Su sonrisa se agrandó aun más y pareció más que satisfecho con aquel simple gesto. Tal parecía que nunca le habían hablado mal de mí.

- Un gusto. -complementé para parecer simpático.

Soltó mi mano y se volteo para mirar a April.

- ¿Amor, por qué no me dijiste que Logan estaba aquí? -dijo rodeándola por los hombros.

Mis ojos casi se salen de las órbitas al escucharle decirle "Amor" a April. ¿Estaban juntos? ¿April tiene novio?

- Lo siento, olvidé decírtelo. A todos nos sorprendió su llegada -se excusó un tanto cohibida. No le gustaba hablar sobre mí delante de él. ¿Por qué?

- Ustedes dos... ¿son pareja?

- ¡Sí! -Respondió Dylan con entusiasmo-. Siempre digo que llevamos juntos cuatro años, porque desde que éramos amigos había algo más que amistad. Pero oficialmente solo llevamos dos años.

- ¿Ya no tenemos que irnos? -Interrumpió April-. Mamá debe de estar esperand...

- Estoy tan impresionado -la corté elevando mi voz por encima de la de ella-.Finalmente tienes una pareja estable.

Los ojos de April parecían los míos cuando supe que ella y Dylan eran novios. La diferencia es que se notaba a leguas que quería asesinarme, y yo me regocijaba con eso.

- ¿Qué? -preguntó Dylan confundido, pero aun no le caía la ficha.

- Logan es un bromista extremo -fingió una risa patética-, ¿verdad? -su mirada asesina me causó mucha gracia.

- Sí, es verdad, me encanta bromear con todo.

- Ustedes dos parece que se conocen muy bien. ¿Son amigos?

Yo me reí y cubrí mi boca rápidamente. Dylan apenas pudo preguntarse qué era lo que sucedida, ya que April había acaparo su atención.

- ¡Ya, hay que irnos! -entrelazó su brazo con el de él y prácticamente lo sacó a rastras.

- Oye, espera -se quejó Dylan, pero nada sirvió para detener a su novia-. ¡Nos vemos, Logan!

- ¡Fue todo un placer! -le grité con entusiasmo. Me dieron muchas ganas de explicarle por qué para April esta sería su primera relación formal, pero no le veía el caso. El pobre es un tanto idiota; tan así que creo que si April lo está haciendo con otro en sus narices, siquiera se daría cuenta. Pobre alma.

Admito que es una jugada ingeniosa por parte de ella, quiero decir, alguien tan torpe como él no se daría cuenta de que le ponen los cuernos. Así que puede pasar tiempo con uno y cuando se aburre se va con el otro. Bastante astuto de su parte, pero para cuando el pobre se entere le romperá el corazón... Aunque para entonces le habrá puesto los cuernos con medio Covington. Yo al menos soy claro con las chicas: Nada en serio, solo diversión.

Pero ahora que lo pienso, ¿Por qué April se veía tan incómoda cuando le pregunté sobre si eran pareja? ¿Acaso intuía que iba a arruinarle la relación? De cualquier forma no me interesa, no tiene gracia decirle la verdad, será mucho más divertido cuando se entere por cuenta propia.

Cerré la puerta y un cosquilleo extraño se reprodujo en mi corazón.

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