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Chapter IX

— ¿Tú, qué? —pregunté sorprendido. Debía de estar bromeando, no podía hacerme esto—. ¿Tienes alguna idea de quién es ella?

— ¿Te refieres a su pasado? —Nos señaló a ambos en un vaivén—. Sí, lo sé. ¿Por qué te piensas que soy su amiga?

— Creo que será mejor que yo me vaya —hizo amago de querer irse, pero yo se lo impedí interponiéndome en su camino. No permitiría que se escapara de esto.

— Tú no te vas a ningún lado.

— ¡Déjala en paz!

— ¡Y tú cierra la boca! No tienes derecho a defenderla. ¿Cómo me pudiste hacerme esto? Sabes perfectamente lo que me hizo y aun así la tratas con cariño y amor invitándola a tu boda.

— Te tengo una noticia hermanito, ¡supéralo! Estas reclamando por algo que sucedió hace años luz. ¿No te parece que estas grandecito cómo para comportarte de esta manera?

— Podrías haberme dicho que ella estaría aquí y me ahorraría la escena, pero claro, no dijiste nada porque toda esta mierda te parece divertida. ¡Alimenta el agujero negro que tienes en el corazón!

— ¿Insinúas que yo soy la malvada cuando el agujero negro más enorme de la galaxia esta en tu corazón?  

— Disculpen mi intromisión, pero creo que este no es el momento como para...

— Sandra, vete de aquí, por favor.

A penas sí había visto a aquella mujer pelirroja, Sandra, quién según tenía entendido era su asistente personal. No solo la echó de la habitación, sino que también lo hizo con la modista. Vi como April también tenía deseos de salir por la misma puerta que las demás, pero aunque la odie me lanzaría encima de ella para impedir que escapara.

— Escúchame bien —se me acercó mi hermana levantándose el vestido para no pisarlo y tropezar con él. Su voz sonaba amenazante, pero nada de lo que hiciera me asustaría—, en mi primer lugar, por si no lo recuerdas, yo nunca quise que vinieras a esta boda. Apareciste un día de la nada y te metiste a mis padres en el bolsillo. No sé cuáles son tus intenciones y me importan muy poco, pero hoy es mi gran día y no voy a permitir que un gusano como tú me lo arruine.

» April es mi mejor amiga desde hace dos años y no tiene por qué importante. Nos conocimos en una entrevista de trabajo y simpatizamos de inmediato. Cuando supo quién era quería cortar toda relación, pero yo no se lo permití. Hiciste sufrir a mis padres como no tienes idea, así que poco me tiene que importar ser la mejor amiga de tu primera novia. ¡Todo el mundo pasó por diferentes rupturas! Si eres un niño traumado no es mi problema, pero no vengas a reclamarme en el día de mi casamiento porque no te lo voy a permitir.

A pesar de que mis uñas eran cortas podía sentir como éstas se clavaban en la piel. Mi mandíbula se tensaba conforme mis puños se apretaban. Quería golpearla, no importaba que hoy fuese su boda ni mucho menos mi hermana. Un buen golpe era lo que se merecía.

No era amiga de April porque le cayera bien, sino porque le fascinó que haya sido la chica que me partió el corazón. Cualquier cosa o persona que me haya hecho daño sería su amigo ideal.

Era una maldita. Y lo peor de todo era que April parecía ser lo bastante idiota como para no darse cuenta de que aquí no había ninguna amistad. Sam era su amiga solo porque se enteró de que había sido la causante de un gran dolor en mi vida.

— Esto no se va a quedar así —le amenacé y me voltee para mirar a April—. Y tú deja de ser tan estúpida y date cuenta de que te están utilizando.

— ¡Cállate! —Chilló mi hermana—. ¡Vete! ¡Fuera de aquí!

— ¡Me importa muy poco lo que me digas! Para mí tú no eres mi hermana, así que no puedes darme órdenes. Pero para que veas que sí tengo algo de corazón me iré y dejaré que disfrutes de tu precioso día... —me di media vuelta y caminé hasta la puerta—. De cualquier forma tu matrimonio no durará ni dos meses.

No tengo ni idea de qué fue lo que explotó contra la puerta, solo sé que no llegó a lastimarme. Y no hubo sonido más gratificante que el poder escuchar el llanto de mi hermana. Todas sus damas de honor y el resto del equipo salieron como estampida sin siquiera prestarme atención; la novia era mucho más importante.

Salí de la habitación con una enorme sonrisa. Aunque no pude decirle todo lo que siento a April, me regocija saber que por lo menos deje a su vocera en un mar de lágrimas.

Logan 2, Sam 0.

Llegué al primer piso y me dirigí al salón en donde se llevaría a cabo la ceremonia. Mis padres se encontraban junto a la puerta dándoles la bienvenida a los primeros invitados.  Con tan solo verlos la sangre me hirvió de repente. Me acerqué a ellos como uno de esos matones de las películas de acción: caminando entre la gente con un arma en la mano sin dejar de mirar a su objetivo. A pesar de que carecía de una pistola, mi arma terminó siendo mi mirada.

 — ¡Hijo, ahí estas! —dijo mi padre al verme. Yo simplemente me les acerqué y escupí todo lo que tenía para decirles.

— Lo sabían, ¿verdad?

— ¿Saber?

— Que April estaría aquí. ¡Lo sabían y aun así me hicieron venir!

— Hijo —comenzó mi madre—, no creímos que te molestaría...

— ¡Ese es el problema! Creyeron. Creyeron mal las cosas y casi tuve un infarto cuando la veo muy sonriente junto a Sam. ¡Tendrían que habérmelo dicho! Darme la oportunidad de elegir si quería o no venir.

— Logan, tu padre y yo lo sentimos muchísimos, pero nos pareció que tal vez no te molestaría. Terminaron hace tanto tiempo que asumimos que no habría ningún problema.

— ¡¿Por qué todo el mundo piensa lo mismo?! ¿Por qué si hubo una discusión con alguien no pueden seguir enojados a pesar de que pase el tiempo? Ella me rompió el corazón y de la peor forma que existe.

— Pero fue hace tanto tiempo...

— ¡No importa! La amaba de verdad y me lastimó. La odio por lo que me  hizo y la seguiré odiando hasta el día en que me muera. No importa cuánto tiempo pase, si odio a alguien prefiero estar lo más lejos posible antes que respirar su mismo aire.

Me di media vuelta y me alejé por el correr hasta encontrar la puerta principal que conducía al exterior. Esperaba que hubieran entendido la indirecta, y por la reacción en sus caras, yo creo que sí captaron la idea.


Después de haber salido y que el aire frío refrescara mis pensamientos me puse a pensar en todo lo sucedido. Me importaba una mierda todo lo que le había dicho a Sam y de cómo estaba ésta, pero estaba más que preocupado de que gracias a eso la boda no se llevara a cabo. Mi vida depende de eso y ni Dios podrá arruinar el momento, porque juro que haré todo lo que tenga al alcance de la mano para casarlos. Por más que eso implique cuerdas, cintas y cloroformo.

Para el bienestar de mi salud mental, al entrar nuevamente en el salón pude ver como todo se desarrollaba normalmente. Nadie se estaba yendo, nadie lloraba y todo parecía estar marchando sobre ruedas. Me acerqué a la puerta de entrada y mi padre estaba haciéndome señas para que me apresurara. La boda todavía no había comenzado, pero todos estaban acomodándose en sus puestos, y eso incluía a los padrinos.

Al entrar pude ver un mar de cabezas que rellenaban el vacío de antes. El aire era un poco pesado y constantemente se escuchaba el murmullo insufrible que tanto ensordece mis oídos. Pero nada de esto obtuvo mi atención por completo, siquiera el espacio que me habían dejado para posicionarme junto a los padrinos. Mi padre me rodeo por los hombros y me obligó a aproximarme. Sentí su respiración cálida en mi oído y al instante la seriedad en su voz al susurrarme.

— No sé qué fue lo que le hiciste a tu hermana, pero hablaremos de ello luego.

Le miré perplejo, pero él siquiera me prestó atención, dejó de rodearme con su brazo y volvió a la entrada. Lo último que me faltaba era recibir un sermón por parte de mis padres. Sam también me insultó, así que yo no tengo por qué cargar con toda la responsabilidad. Hacen todo un escándalo porque hoy es la boda de su preciada hija y nada puede salir mal.

Me acomodé en mi posición y Jonathan, el prometido y futuro esposo de mi hermana parecía estar absorto de todo lo que sucedía fuera de la habitación. Asumo que si lo supiera ya me habría golpeado.

La ceremonia estaba prevista para que se llevara a cabo alrededor de las dos treinta contando el atraso de la novia, pero resulta que este último duró un poco más de lo previsto y se extendió hasta menos cuarto.

No pienso contarles lo que sucedió porque es más que obvio. El mismo esquema que vemos en las películas sucede aquí. Entran las damas de honor arrojando flores, sonrientes. El novio suda como cerdo esperando a ver a la novia y al final termina por orinarse en los pantalones al ver a su amada vestida de blanco caminando hacia él.

Eso básicamente sucedió. Mi hermana parecía no haber tenido ningún percance, como si nada hubiera sucedido; estaba fresca y radiante. Mis padres eran quienes la escoltaban hasta el altar y lucían bastante bien. Si fueran actores les daría un Oscar. Yo también podría haber recibido uno si no fuera porque al ver a April mi mueca de mal humor se hizo más que evidente. No pueden hacerse una idea de cuánto la odio. ¡La detesto! ¿Por qué tiene que estar aquí? ¿Por qué justamente tenía que ser la mejor amiga de mi hermana? No lo tolero; simplemente no lo hago. Intento con todas mis fuerzas superar este día, pero con el paso del tiempo siento que voy desmoronándome hasta ya no poder más. Quiero abandonar esto, algo dentro de mí me está apuñalando y el dolor es insoportable.

El saber que después de hoy podré irme y ya no le veré la cara a ninguno de los aquí presentes es más que satisfactorio. Me impulsa a seguir y superar este día con éxito.

— Estamos aquí presentes para unir en sagrado matrimonio a Samantha Brown y Jonathan Patton...

Lo único que podía ver era la sonrisa en el rostro de mi hermana... en el rostro de todos. ¿Por qué estoy aquí? Yo no pertenezco a este lugar. Siento que desencajo y nadie parece percatarse de ello. No sé en qué situación estará John, pero me imagino que debe ser muy parecido a lo que estoy viviendo en estos momentos.

Elevo mi mirada del suelo y mis ojos se enfocan en el rostro de April. ¿Por qué tiene que pasarme esto? ¿Acaso la busco inconscientemente?

El corazón me golpea el pecho tal y como la primera vez que la vi. La diferencia era que antes no dolía tanto como ahora. Sigue igual de hermosa; con aquellos labios carnosos, sus enormes ojos castaños que inspiran confianza, y esa sonrisa sin igual que a uno le provoca sonreír también.

Parpadea, moviendo aquellas pestañas de envidia para cualquier mujer, y entonces su mirada se conecta con la mía. Su sonrisa se esfumó tan pronto me vio; había adoptado una pose más seria con un escudo protector como barrera. Yo me mantenía igual de serio, tal vez expresando un poco más mi desagrado hacia ella, pero me viera amenazante o no April simplemente se quedó unos segundos más viéndome hasta desviar su atención a lo importante.

Sentía que para cuando saliera de allí lo haría con barba y cabello blanco. ¡Fue una completa tortura! La ceremonia no acababa más y para cuando el cura dijo que podían besarse fue como música para mis oídos. Casi salto de la alegría al ver como las personas empezaban a movilizarse. Tenía entumecida las piernas y la espalda me estaba matando de estar tanto tiempo de pie.

Salimos del salón e inmediatamente me largué a donde sería la fiesta. Para mi fortuna y alegría, la fiesta se llevaría a cabo en el maravilloso jardín que había servido de paisaje artístico para la ceremonia. Juro que habría sido un completo desperdicio si no lo empleaban como parte de la boda.

Fuera el organizador de bodas terminaba de dar los últimos detalles a las mesas. Estas eran redondas y se esparcían a lo largo de todo el lugar. El blanco de los manteles más el rosado de la franja decorativa contrastaba con el verde del césped. Los centros de mesa me recordaban mucho a las arañas que colgaban en el salón ceremonial. Los cristales brillaban por efecto de la luz del sol y desviaban los rayos creando un efecto de iluminación espectacular.

Todo parecía estar listo para recibir a la reina de Inglaterra... y créanme que la preferiría a ella en vez de a mi hermana.

Lo único que quería hacer en estos momentos era comida y bebida, pero no podía obtenerla hasta que los malditos invitados terminaran con la recepción. ¿De qué diablos sirve esa porquería? Solo para hacer tiempo mientras los novios se toman fotografías. Como fotógrafo entiendo que es necesario hacerse un tiempo.... ¡Pero vamos! Podrían traer a todos aquí y comenzar a servir aperitivos. No tengo ganas de ir a donde está todo mundo para comer un mini sándwich de jamón, así que me acerco a la mesa de bocadillos y tomo dos palitos de mozzarella. Mientras los saboreo en mi boca escucho la voz de mi hermano llamándome.

— ¡Aquí estabas!

— ¿Qué quieres? —pregunto con la boca llena.

— ¡Deja de comer eso y ven que hay que tomar las fotografías!

— ¿Qué?

Había olvidado esa parte. A regañadientes me moví y fue a tomarme una fotografía como padrino que era. Para el bienestar de mi salud mental este fotógrafo no nos pidió que los padrinos se juntaran con las damas de honor, porque ahí sí que se armaba lío.

Las fotos fueron rápidas y para mi sorpresa los invitados ya pasaban al área de la fiesta y esperaron hasta la aparición de los recién casados. Hubo gritos, llantos, risas, aplausos y mucho arroz volando por todas partes.

Bailaron el estúpido baile de marido y mujer y luego finalmente comenzó lo que yo quería: fiesta. La música comenzó a sonar, la comida comenzó a salir y la barra de cocteles estaba habilitada.

Muchos bailaban en la pista (una plataforma blanca dispuesta en el medio del jardín lo suficientemente grande para albergar a todos los que quisieran divertirse), otros permanecían sentados en las mesas cotilleando y comiendo. Casualmente un chico con bebidas pasó junto a mí y tome una copa de champán. Estaba muy bueno, no tanto como los que pruebo en Las Vegas, pero se dejaba beber. Me siento en una mesa vacía y veo al resto de las personas pasándola de lo lindo. Solo cuatro horas más y todo esto termina.

— Pero mira nada más con lo que me acabo de encontrar.

El líquido se deslizaba suavemente por las paredes de la copa, pero esa voz provocó que lo detuviera a mitad de camino. Rodé los ojos y vi como Adrian se sentaba a mi lado.

— ¿Qué quieres?

— Nada. Mamá y papá me pidieron que te vigilara.

— ¿Por qué? No soy un bebé.

— Sí, bueno, pero su bebé está enfermo del corazón y quieren protegerlo. Eso incluye nada de bebidas alcohólicas.

— ¿Quiénes se creen? ¿Mi doctor? Ya tengo bastante con él y aun así no le hago caso. No tengo porque obedecerlos ni muchos menos escucharte a ti. Soy mayor de edad, sé lo que hago.

— Haz lo que tú quieras, pero mamá se enterará de esto... y muy posiblemente no te deje ir de casa.

No pude evitarlo y me eché a reír. Resultaba muy irónico que esto estuviese pasando.

— ¿Me estas chantajeando?

— Velo como quieras hermanito, pero de una forma u otra, mis padres se enterarán de esto. Y será más que satisfactorio después de lo que le hiciste a Sam.

Volví a reírme. 

— ¿Tú también con eso? Ella me insultó y no pensaba quedarme callado. Además, nada de esto sería tan grave si no fuera "su día especial". Y en segundo lugar, yo que tú me cuidaría de lo que digo... no sea que mamá o papá se enteren de algunas cosillas que me pedías que ocultara para que no te descubrieran.

Nada me dio más placer que ver como su sonrisa burlona se convertía en una total línea inexpresiva.

— ¿Recuerdas cuando me pediste que le robara a Sam su maquillaje para que pudieras tapar ese horrible y enorme moretón que te hiciste peleando con una pandilla? Que por cierto, creo que fueron los mismos matones a los cuales les debías dinero, y por eso le robaste a papá su chequera para "pedir prestado" su dinero —puse cara pensativa y golpee mi barbilla con el dedo índice—. No recuerdo cómo le hiciste para devolverles el dinero porque sé que te empezaste a asustar cuando viste que papá estaba a punto de descubrir que le faltaban varios cheques... ¡Oh, cierto! Robaste algunos artículos de una tienda de música y luego los revendiste para reunir el dinero. ¿Por eso terminaste preso, no? Solo Sam y yo lo sabemos porque tuvimos que ir a pagar tu fianza, pero solo yo sé la razón por la que terminaste esos tres días en la cárcel.

Me coloqué de pie y me paré a su lado para luego agacharme y pegar mis labios contra su oreja.

— Como verás hermanito, no eres el único que sabe chantajear aquí. Y entre tú y yo, mis chismes son mejores que los tuyos —le doy unas palmaditas en el hombro—. Te veo en casa.

Bebí de un sorbo todo el contenido de mi copa y estuve listo para marcharme. No planeaba quedarme más tiempo aquí después de todo esto. Estaba cansado, somnoliento. Una buena siesta me vendría de maravilla.

Estuve en la boda y en aproximadamente quinientas fotografías. Cumplí mi parte del trato: formar parte del evento familiar. En mi opinión había completado satisfactoriamente mi parte, así que ya no había ningún motivo que me retuviera en aquel lugar.

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