Capítulo XXI
ADVERTENCIA. Este capítulo contiene una escena con un lenguaje un tanto explícito (no mucho para ser honesta), por lo que si no les agrada tienen toda la libertad de dejar de leerlo. Dicho esto disfruten de la lectura.
Confundido cómo me sentía permanecí un tiempo sentado a los pies de la silla observando el agua de la piscina. Mi mente divagaba en un mundo alterno; solo sé que cuando vuelvo en sí el sol estaba poniéndose y los gritos de Adrian se escuchaban a lo lejos. Estaba avisando que se irían con Stella a la ciudad. Si tuviéramos vecinos estos también se enterarían.
Arrastro los pies de nuevo a la casa, pero mi hermana aparece en mi camino y me bloquea el paso. Me está mirando con severidad, de esas miradas que ponen las madres cuando sus hijos hicieron algo malo.
— ¿Qué fue lo que le hiciste?
— ¿De qué hablas?
— April. ¿Qué fue lo que le hiciste?
— ¿Por qué asumes que yo le hice algo?
Me enoja saber que me está echando la culpa de algo que yo no tuve nada que ver. ¿Quién se cree que es?
— Porque la conozco y sé que cuando está triste es a causa de ti.
Así que April sí tiene sentimientos. Jamás lo habría imaginado. Aunque me sorprende saber que soy la causa de su tristeza... ¡Jódete!
— Tan solo le pregunté por esas manchas en su espalda y se puso como loca.
La postura de Sam cambió completamente.
— ¿Y por qué te interesa eso?
— No lo sé, me llamó la atención —dije, encogiéndome de hombros.
Asumo que mi respuesta no fue la esperada por parte de mi hermana. Creo que por alguna razón se había sentido esperanzada. No lo sé, tal vez interpreté mal, pero estoy bastante seguro que eso intentaban transmitir sus ojos. Y no es solo cosa de ahora, sino desde el otro día cuando rechacé el pago por las fotos.
Me gustaría saber por qué me interesa tanto descubrir la razón de su cambio. No me está gustando para nada esta nueva mirada de "Estoy a punto de asesinarte. Corre."
Extraño la anterior. Supongo que la sensación que dejaba era agradable.
— Así que simplemente... te llamó la atención y ya. Es todo.
— Bastante. —Ladeo la cabeza y entorno mis ojos—. ¿Tú sabes algo acerca de eso?
— Por supuesto que lo sé. Soy su mejor amiga —responde con ínfulas de grandeza—. Pero no me incumbe a mí decírtelo.
— ¿Por qué? ¿Acaso hay un código entre chicas? ¿Vendrá la policía si llegas a decir algo?
Sam explota en una carcajada abarrotada de falsedad.
— No te hagas el estúpido conmigo. ¿Para qué quieres saberlo?
Vuelvo a encogerme de hombros.
— Quiero saber, estoy intrigado. ¿Qué, ahora es pecado? Ustedes siempre andan chismoseando y nadie les dice nada.
Sam menea la cabeza y me manda a callar.
— Creí que habías cambiado, pero veo que me equivoqué.
Se da media vuelta para irse, pero soy más rápido y me coloco delante de ella bloqueándole el paso.
— ¿Qué quieres decir con eso?
— Quiero escucharte decir lo que estoy pensando en este momento... y no lo haces. Tal vez por miedo..., o tal vez porque simplemente me estoy imaginando cosas que nunca sucederán.
— Traducción, por favor —digo más confundido que antes—. ¿Por qué siempre tienen que hablar en código? Aún no desarrollé telepatía, así que si eres tan amable de informarme lo que estás pensando podría entenderte.
Ella solo me regala una sonrisa torcida.
— Eres un idiota. Siempre lo fuiste —dice y me pecha en el hombro antes de irse.
¿Por qué pierdo el tiempo con alguien como mi hermana? Era obvio que no iba a conseguir nada. Se pueden ir todos al diablo.
Al correr la tarde la temperatura no se moderó en lo absoluto. Me metí en la ducha y permanecí bajo ésta por un largo rato. Ya no aguantaba el sentirme transpirado, era un asco y para colmo Samantha y Jonathan habían decidido meterse a la piscina. Mi chapuzón tendría que ser pospuesto hasta nuevo aviso.
Cenamos sándwiches de atún y ensaladas multicolor. Estaba rico, pero me esperaba algo más sustancioso. Me bajé un bowl lleno de ensalada buscando sentirme satisfecho, sin embargo, aunque no lo logré no fue tan malo como pensaba. Solo debió pasar hora y media para que pudiera meterme a la piscina. Fue lo más refrescante y vigorizante que pudo pasarme en la vida.
La noche era cálida y a pesar de que el agua estaba algo tibia no se comparaba con la temperatura del exterior. Nado de un lado a otro, sumergiéndome hasta que finalmente me dejé flotar. No se escuchaba ruido alguno y las estrellas centelleaban a millones de kilómetros de distancia.
Por un momento me sentía en paz. Los problemas desaparecieron de mi mente con un chasquido y ya no percibía la cabeza embotada. Fue relajante y sumamente necesario... hasta que los niños se pusieron a cazar luciérnagas.
¿Esto era en serio? Quería un poco de privacidad y los idiotas se ponen a hacer niñerías. Opté por quedarme quieto y así nadie sabría que estaba allí. Funcionó y permanecí de la misma forma veinte minutos más después de que se fueran.
Estaba enojado porque arruinaron mi momento con sus gritos, risas y demás. Mis dedos se sentían como pasas congeladas, la textura era demasiado nítida como para ignorar. Ya era hora de salir y yo no quería hacerlo.
Salí de la alberca y me sequé más o menos por arriba. Se sentía demasiado bien el contraste de mi cuerpo con el exterior: fresco luchando contra cálido. Ahora sí podría dormir sin problemas.
Alboroté mi cabello en un intento por secarlo. Aparto los mechones que cubren mis ojos hacia atrás y entonces la veo. April estaba de pie en medio del jardín observando las estrellas. Llevaba la parte de arriba de su bikini, un short y un saco de tela transparente.
Me llamó la atención el que estuviese ahí fuera sola. ¿En dónde estaba su héroe con armadura?
Miré en dirección a la casa y solo un par de luces estaban encendidas. Me vuelvo para verla y me acerco con cautela, frotando mis pulgares contra la toalla.
— ¿Qué haces aquí afuera? —pregunto y se sobresalta. Se voltea con los ojos bien abiertos, como si la hubiese pillado haciendo alguna travesura.
— ¿De dónde saliste?
— Estaba bañándome en la piscina. —La señalo con el dedo—. ¿Por qué sigues aquí?
— ¿Te importa? Solo necesitaba aire.
Asiento y me doy vuelta para marcharme. Camino un par de pasos hasta detenerme, me giro para verla ya de espaldas a mí. Distingo las manchas oscuras a través de la tela rosa, trago duro y me acerco con paso decidido.
— ¿Cómo te hiciste esas marcas?
Escuchar mi voz la sorprende. Se da media vuelta para verme. Tenía los brazos cruzados en el pecho, abrazándose a sí misma, encorvando un poco la espalda.
— ¿Por qué me lo sigues preguntando? Ya te dije que no quería hablar de eso contigo.
Intenta irse pero la detengo. Mis manos rodeando su brazo parecen tener un efecto en ella; una mezcla entre asombro y terror.
— De acuerdo, lo siento —digo y ni yo mismo puedo creer lo que acabo de decir—. Lamento haberte tratado mal ayer. Estaba mal, había sido un día de porquería y solo quería hablar con una amiga. Es todo.
— ¿Y por eso me trataste de chismosa? Te vi mal ahí fuera y solo quería saber qué te pasaba. Si no quieres la ayuda de nadie está bien, no la aceptes, pero no me trates como basura. Ya bastante tengo con mi vida como para aguantar tus maltratos.
— ¡Lo siento! Pero, ¿cómo esperas que te trate después de lo que me hiciste? Uno no va caminando por ahí y se encuentra a su novia siendo masturbada por su amante en el jardín de su casa.
— ¡Ya te dije que era una estúpida! ¿Qué más quieres que te diga? Todas mis amigas tenían relaciones y yo era la única que no. Me dejé influenciar por sus comentarios y busqué a alguien que me complaciera sexualmente.
— ¿Al menos podrías habérmelo dicho, no crees? Me dejaste como un estúpido cornudo.
— ¡Te quería! —Grita para defenderse y yo rompo a carcajadas—. Es en serio. Te quería muchísimo. Eras dulce, tierno. Te habías abierto a mí de una manera que nunca nadie lo había hecho antes, y no quería lastimarte.
— Pero lo hiciste —respondo con agresividad—. Lo hiciste y me diste la pauta de que el amor no existe más que en la fantasía. Todas esas porquerías que escribo son pura mierda, porque la realidad no es así. La realidad es cruel, dura y te da en la cara con todo lo que tiene hasta romperte los dientes.
» Tú terminaste de arruinar, literalmente, mi vida.
April aprieta los labios para reprimir las lágrimas que iluminan sus ojos como estrellas. Me observa como si fuera el ser más despreciable de la galaxia, como si quisiera acabar conmigo en este preciso momento.
— ¿Quieres saber la verdad sobre esas marcas? —Pregunta con voz seria—. Bien, te lo diré. Me cambié de escuela porque no soportaba verte por los pasillos. Me dolía saber que supieras lo que te había hecho, así que decidí irme. Sin embargo seguí viendo a Jeff.
Jeff. Ese era el nombre del imbécil.
— Nos veíamos cada tanto para... —Las palabras se atoran en su garganta—. Teníamos una relación bastante abierta. Él podía estar con cualquier otra y yo también.
Intento mantenerme inexpresivo, atento a lo que me está diciendo, pero no puedo. Al escuchar eso solo puedo pensar en lo zorra que era. No quería a nadie, solo buscaba tener relaciones.
Tengo que agradecerle, ella me hizo igual, salvo que yo sí les advierto de que no busco nada serio. Y en lo posible busco a chicas que compartan mi filosofía.
— Pero llegó un punto en el que ya no quería una simple aventura. Quería una relación seria, encontrar a alguien que me amara... —Se detiene de pronto y aparta la mirada. Me la quedo viendo con el ceño fruncido hasta que toma valor y reanuda la conversación—. Quería a alguien como tú.
Aquello sí me toma por sorpresa.
No. No tengo que confundirme, si ella en verdad quería a alguien como yo debería haber hecho lo posible para no arruinar lo que teníamos.
— Me di cuenta de que lo que hacía era estúpido y sin sentido. Ya tenía veinte y quería empezar a experimentar algo más serio —suspira, como si el recordar le causara tensión—. Una noche Jeff y yo fuimos a una fiesta y en determinado momento él quería hacerlo, pero me rehusé. Le dije que ya no quería seguir con eso, que estaba planeando buscar algo diferente, más formal..., pero tal parece que él no quería que lo hiciera. —Se abraza a sí misma y baja la mirada—. Me dijo que yo le pertenecía y haría lo que él quisiera. Le respondí que era un ser humano y no tenía dueño... —Carraspea y se limpia con rapidez una lágrima. Toma una respiración profunda—. Así que me tomó y con su cigarrillo me marcó como si fuera ganado.
Retrocedí espantado. ¿Cómo alguien podía hacerle eso a una persona?
Ahora sabía por qué me resultaban tan familiares esas manchas, Cooper tenía una en uno de sus brazos. Se la hizo después de una noche intensa en HIGH. No recordaba cuándo ni cómo se la había hecho, apenas recordaba haber sentido dolor. Pero aquí April había estado consciente, sintiendo como literalmente le quemaban la piel.
— Yo, amm... después de eso tomé una maseta y la rompí en su cabeza. Me llamó zorra y se marchó. —Sorbe por la nariz. Alza la mirada, pero sus ojos no encuentran los míos. Las lágrimas imploran por salir enrojeciendo su mirada. No puedo creer que sea capaz de soportar el ardor—. Tenía miedo de que viniera a buscarme. No lo sé, hacerme algo malo, pero nunca apareció. Jamás volví a verlo y sin embargo siempre lo llevo conmigo. Ver esas marcas es un recuerdo de mi estupidez...
«Un recuerdo de lo que me hiciste» digo para mis adentros interpretando su frase.
— Pero luego conocí a Dylan —agrega con una inmensa sonrisa—. Y él me ayudó muchísimo a superar todas las cosas que hice. Así que ya estoy bien. Ya no le doy tanta importancia a esas cosas en mi espalda.
— ¿Y si no lo hace por qué demoraste tanto tiempo en decírmelo?
— ¿Crees que es fácil mirarte a los ojos y darte a entender que si nunca te hubiese engañado nada malo me habría sucedido? No, no lo es. Tuve que emplear toda mi fuerza de voluntad para seguir aquí y terminar con la historia.
— ¿Y qué dejas para mí? Si no me hubieras hecho eso las cosas serían diferentes en mi vida ahora. Tú me hiciste así.
— No, tú mismo lo hiciste. —Su expresión cambia drásticamente—. Tú fuiste el que decidiste no creer en el amor. Yo te engañé, pero pudo haber otra mujer dispuesta a darte todo... y no le permitiste entrar a tu vida.
Guardo silencio. No sabe lo que dice, está desesperada buscando algo que tenga sentido para no quedar como una idiota.
La mayoría de las mujeres en mi vida me desilusionaron. ¿Cómo creer después de eso? Summer es la única que se mantuvo fiel a mí, y a pesar de eso no puedo verla como un interés amoroso. No la amo, la quiero como a una hermana... Y ya no la tengo.
Admito que fue mi culpa el haberla perdido, pero es por la única persona que sufro. La única persona por la cual lucharía por volver a tener a mi lado. El resto no lo vale.
— ¿Sabes? —dice, sacándome de mis pensamientos—. Siempre me andas llamando zorra y demás... pero tú bien que haces lo mismo. Andas con una distinta todos los días.
— ¿Me prestas atención?
— Basta con ver tu vida como para saberlo. —Se me acerca hasta pegar su cuerpo contra el mío—. Si en verdad estás dispuesto a criticar a alguien por lo que hizo y crees que sigue haciendo, mejor échate un vistazo a ti mismo e intenta cambiar. Solo así tendrá sentido lo que dices.
Me rodea y se va dejándome con la palabra en la boca. ¿Quién se cree que es como para hablarme así?
— ¡Al menos yo soy honesto y no le hago daño a nadie que me importe!
No se detiene, pero se voltea a mirarme. Me cuesta distinguir sus ojos gracias a que la luz se encuentra a su espalda, sin embargo, creo entrever el dolor en su mirada.
Ahí está. Eso era lo que quería. La diferencia entre lo que ella hizo y lo que yo hago es eso; yo no le hago daño a nadie, y nunca se lo haré porque no creo en el amor. Jamás romperé el corazón de alguien por serle infiel.
Que diga lo que quiera. Tenemos algo en común, pero nunca, nunca será igual.
Entré a la casa después de permanecer unos minutos fuera. Para ser honesto no me apetecía que todo mundo asociara que April y yo habíamos estado juntos.
Busqué algo de comer en la cocina y me preparé unos macarrones enlatados con un poco de salsa de tomate por encima. Amo comer pasta, pero solo me gusta si es con tuco o salsa. Detesto a las personas que solo le ponen manteca y queso, o aceite y queso, o simplemente queso. ¿Qué diablos? Eso no es comer. A un buen plato de pasta siempre se le compaña con una buena dosis de tuco o salsa y muuuuuucho queso rallado.
Y sí, un punto más para odiar a Dylan.
Me dirigí a mi habitación después de sentirme satisfecho. Había pensado en comer un poco de pudin de chocolate, pero si lo hacía ya era de goloso. Estaba que explotaba y si seguía comiendo no llegaría siquiera al sofá.
En el trayecto pasé junto a la habitación de April, la misma que compartía con Dylan. No obstante, esa noche parecía que él no estaba. Hice memoria para recordar si se había ido por ahí o algo, pero después de lo de las luciérnagas no volví a verlo.
Agité la mano para olvidarme de ese idiota, pero apenas di un paso al frente el silencio de la noche me dio la oportunidad de escuchar algo extraño; un llanto proveniente de dentro de la habitación. La puerta estaba cerrada, así que me apoyé con suma delicadeza y pegué la oreja a la madera; April estaba llorando... y me afectaba.
Me alejé lo antes posible para borrar de mi mente y cuerpo las sensaciones que me produjo escucharla. Aceleré el paso a mi habitación, cerré la puerta y me puse el pijama.
Intenté pensar en cualquier tontería, en cualquier cosa que distraiga a mi mente de pensar en esas cosas... y no puedo. No soy capaz de hacer las cosas a un lado y seguir. ¿Por qué me cuesta tanto? ¿Por qué desde que llegué aquí me es casi imposible olvidar?
Un bar. Un gran vaso de vodka, tequila, bourbon. ¡Algo que me quite de la cabeza lo que acabo de escuchar!
Estar encerrado en este maldito lugar me vuelve loco. Necesito salir, pero no puedo. Mis padres siguen despiertos, lo sé porque vi la luz encendida de su habitación, y si salgo se enterarán.
Estoy tan furioso que me quito la playera. Y ahora que lo pienso, ¿desde cuándo duermo con playera en verano?
Apago la luz y me dirijo a mi cama con la esperanza de conciliar el sueño. Cierro los ojos y me obligo a dejar la mente en blanco, pero eso me toma toda la fuerza de voluntad que tengo. Me canso y cuando menos lo espero el rostro de April aparece en mis sueños.
Escuché por ahí una vez que a veces es bueno dejar entrar esos sentimientos que nos causan daño para luego poder enfrentarlos. Quiero hacerlo, en serio que quiero, pero tengo miedo. Tengo miedo de lo que pueda pasar. Lo siento; está ahí escondido pero soy consciente de ello... y me aterra.
Necesito hablar con alguien. Necesito a John. Hablar con él me ayuda a distenderme, a superar las cosas menos pensadas. Tomo mi celular y marco su número, pero me envía directo al buzón. Vuelvo a intentarlo solo para que ocurra lo mismo de nuevo. Me resulta un poco extraño que no conteste mis llamadas, en especial después de que dijimos que hoy decidiríamos qué hacer.
Le envío un mensaje de texto diciendo que me llame cuando esté libre. Apenas lo hago recuerdo que tal vez pudo haberme enviado un correo, pero al entrar al mail no encuentro nada. Puras porquerías de la universidad, algunas tiendas y un correo de Daniel diciéndome que se fue una semana a Tennessee. Bien por él, yo tengo que estar varado aquí con los Locos Adam.
Arrojo el teléfono sobre la mesa de luz y me recuesto en la cama, apoyo una mano en mi vientre y otra justo en mi frente. Suspiro y mi mente recuerda sin mi consentimiento.
¿A quién quiero engañar? Tengo que aceptarlo; lo que dijo April en verdad me dolió. Por más de que diga que es una zorra, ninguna persona se merece un maltrato como ese. Si tuviera a ese imbécil de Jeff enfrente de mí le haría lo mismo una y mil veces hasta convertirlo en un dálmata.
Siempre supe que era un idiota, pero jamás pensé que carecía de cerebro.
Si April no hubiera terminado conmigo le hubiese amado como no tiene idea. Le habría dado el mundo, las estrellas, todo lo que ella quisiera se lo hubiese entregado sin chistar. En verdad la amaba con toda mi alma y hasta el día de hoy me duele haberla perdido. Quiero pensar que si le entregaba lo que ella quería se habría quedado a mi lado, pero, ¿a quién engaño? Si estando con Jeff lo hizo con otros chicos, ¿quién me asegura que no hiciera lo mismo conmigo? Posiblemente se aburriría, ya que yo no la dejaría irse con nadie más... Aunque, tal vez, después de enseñarle cuánto la amaba nunca se habría ido.
Qué estupidez.
Ella quería sexo y yo era demasiado idiota como para dárselo. Fui un estúpido romántico empedernido que no vio que le estaban poniendo los cuernos. ¿Cómo pude abrirle mi corazón de esa manera? Por eso ya no dejo que ninguna chica entre, solo baso nuestra relación en algo sexual. Si lo aceptas bien, sino vete.
Varias chicas se me han acercado con otras intenciones y yo siempre las alejo. Repelo a cualquiera que quiera tener una relación amorosa conmigo. Cooper y Daniel no pueden creer los tipos de chicas que he rechazado, y yo siempre les digo lo mismo: "No creo en el amor".
Sin embargo he de admitir que April ya no es la misma de antes. Ha cambiado tanto que me cuesta reconocerla. Se ve más vulnerable, posiblemente gracias a lo que le sucedió. Aun así su carácter sigue siendo el mismo y eso me gusta. Me gusta saber que algo de la antigua April no ha cambiado; que algo de la chica que me enamoré sigue estando latente.
Respiro y me duele el pecho de tan solo pensar en lo que le ocurrió. Descubrió que no quería seguir haciendo lo mismo y cuando quiso redimirse alguien viene y le deja una huella para que nunca olvide lo que fue.
No puedo creer siquiera lo que estoy pensando, pero habría dado todo por ser la persona que le abre los brazos para protegerla, para consolarla y decirle que todo estaría bien.
Me abrazo a mí mismo y recuerdo lo que era abrazarla, lo que era sentir su piel contra la mía. Su cabello haciéndome cosquillas en el cuello, el aroma a manzanilla que desprendía e impregnaba mi nariz. Me gustaría acercarme lo suficiente para saber si sigue oliendo igual.
Pero, ¡¿qué estupidez estoy diciendo?! ¿Qué me está pasando?
Cierro los ojos y los aprieto con fuerza. Mis manos se ciernen sobre mi rostro y las muevo para quitarme esas ideas de mi mente, y entonces lo recuerdo. Recuerdo cuando me dice que quería volver a sentir lo mismo que sintió cuando estábamos juntos.
Dejo a mis brazos caer a ambos lados de mi cuerpo y clavo la mirada en el techo.
¿Acaso Dylan le recordó lo que teníamos, lo que fuimos?
No. No, ella simplemente está con él porque le ayudó a superar sus problemas. Es todo. Lo que tuvimos nunca podrá sentirlo con alguien más. Jamás podrá hacerlo porque fue único.
Yo no puedo hacerlo por más que quiera... así que ella tampoco. No puede. No.
No.
¿O sí?
Me impulso hacia adelante y logro sentarme en el borde de la cama. No entiendo esto que estoy sintiendo, solo sé que me provoca taquicardia y me veo obligado a beber una de mis pastillas.
Estaba bien, yo estaba bien hasta que vine a este lugar. Las cosas que antes creía tener claras ahora son tan confusas.
Tengo que hacerlo. Tengo que ir con April y decirle que lo siento. Siento haberla obligado a decir su historia, haberla tratado mal desde que llegué aquí. La juzgué mal y ahora la está pasando fatal por mi culpa. No quiero pensar que ahora mismo está en su habitación llorando por un imbécil como yo, por recordar el pasado que no puedo dejar completamente. Entiendo lo que eso significa porque lo vivo todos los días. Si para mí es difícil me imagino lo que debe ser para ella.
Camino hacia la puerta y me dirijo a su habitación. Todas las luces están apagadas, menos la de su cuarto. Me acerco y descubro que la puerta está entreabierta. No escucho ruidos en el interior, pero de cualquier forma prefiero tocar antes que entrar de improvisto. Mis nudillos quedan a un milímetro de la puerta cuando escucho un golpe contra un mueble y a continuación unas risillas.
Inclino mi cabeza hacia el interior de la habitación, teniendo cuidado de no ser visto, y es ahí cuando el alma se me cae al piso. Dylan y April caen sobre la cama, entrelazados, riendo en voz baja. Se besan y acarician mutuamente.
Ambos están en ropa interior y las cosas parecen aumentar de nivel conforme pasan los segundos. Me recargo contra la pared antes de ver como Dylan le quita el sostén.
Quiero sentir desagrado, asco por estas dos personas. Me sentía mal por ella, creía que estaba triste y ahora la encuentro revolcándose con su novio.
No puedo. No puedo odiarlos por igual. Detesto a April por lo que está haciendo, pero soy incapaz de odiar a Dylan. Estoy celoso. Celoso de que él esté en este momento con ella, besándola, abrazándola, quitándole la angustia con sus caricias. Demostrarle cuánto la ama.
Yo quiero ser él.
Corro a mi habitación intentando mantener el equilibrio. Me tropiezo en el trayecto a mi mesa de luz con cosas que no logro identificar. Marco el número de John en mi teléfono, pero no responde. Vuelvo a intentarlo y sucede lo mismo.
Pierdo el miedo y le marco a Summer.
Solo necesito que alguien me escuche, que alguien me diga lo que está pasándome. No quiero sentir esto, pero es más fuerte que yo. Me siento confundido, abrumado por las emociones. ¡Estoy harto de sentirme así! De depender de alguien para que me calme. Tengo que encontrar la salida yo mismo si no quiero perder la cabeza.
Me visto lo más rápido que puedo, bajo la escaleras y tomo las llaves del auto de mi padre. Quiero alcohol, mucho. Me importa un comino el que la gente diga "no ahogues tus penas en el alcohol", porque ahora mismo lo necesito. Tengo que eliminar de mi mente lo que vi, lo que siento. De lo contrario no podré seguir adelante.
Me encamino hacia el auto cuando algo me hace detenerme. Los cuatro vehículos están estacionados en fila junto a la entrada, y entre medio logro distinguir una cabellera pelirroja. Al verme se había escondido entre los autos de Dylan y Adrian.
Camino en su dirección con el ceño fruncido, preguntándome qué hacia ella allí.
— ¿Stella? —pregunto. Ella me mira con los ojos bien abiertos, asustada, pero al ver que solo se trataba de mí suspira y sonríe.
— Creí que era Tim —dice acercándose con una mano en el corazón.
— ¿Qué haces aquí?
— Solo estaba buscando algo. ¿Tú que haces aquí?
Si buscaba algo no tendría de qué asustarse.
— Necesito un trago y aquí no voy a conseguirlo.
Sus ojos verdes se llena de chispa.
— Tengo algo mucho mejor que un trago. —Me extiende la mano—. Ven.
Dudo pero accedo a tomarle la mano y dejo que me dirija al auto de Adrian, justo del lado del copiloto. Quita la alarma, abre la puerta y se inclina para buscar algo debajo del asiento. Cuando finalmente me lo muestra no puedo creer lo que estaba viendo. Era una pequeña bolsa con polvo y hierba. Me resultaba vagamente familiar.
— ¿De dónde sacaste eso?
— Lo traje para compartirlo con Adrian, pero me di cuenta de que había alguien mucho más especial. —Me mira de arriba abajo, mordiéndose el labio inferior—. ¿Qué dices? ¿Te animas?
Observo el contenido de la bolsita nuevamente, y después de pensar unos segundos recordé lo que era. Cooper lo había usado una vez y dijo que era lo más maravilloso que existía. Se lo pasó a Olivia, quien lo usa de vez en cuando. Me lo recomendaron, pero nunca tuve la ocasión de experimentarlo, principalmente porque no me llamaba la atención. Sin embargo, después de lo que había visto no me importaba hacerlo. Odio a April. Se hace la víctima, me confunde, pienso que también siente lo mismo que yo y luego hace el amor con Dylan.
No, las cosas no son así. Si tú no te sientes mal yo tampoco voy a estarlo.
— ¿Por qué no? —respondo y ella brinca de la emoción.
Nos dirigimos al bosque, alejándonos de la casa, sentándonos a orillas del lago. Nos acomodamos sobre una piedra y Stella saca todo lo necesario para fumar. Se supone que deberíamos fumar solo un cuarto cada uno, pero terminamos por casi acabarnos la bolsita.
Empezamos bien hablando de nuestras vidas, conociéndonos un poco más a fondo. Al cabo del segundo cigarro no parábamos de reinos. Encontrábamos gracioso cualquier cosa, no éramos capaces de tener una conversación seria.
Me sentía tan bien que le insistí para fumarnos otro. Ella no opuso resistencia, aunque en nuestro estado habría hecho cualquier cosa que le pidiera.
Apenas íbamos por la mitad que empezó a hacerme cosquillas. La tomé por la cintura y la obligué a recostarse sobre mi falda, de inmediato me vengué haciéndole cosquillas por todo el cuerpo. Stella se retuerce de la risa e implora porque pare. Acepto sus súplicas y se sienta en mi regazo viendo al lago. Apoya la espalda sobre mi pecho, mientras que yo envuelvo mis manos alrededor de su cintura.
Gira la cabeza y me mira. Nuestras miradas se conectan y entonces nos besamos.
Relamo sus labios enloquecido por el sabor a tutti frutti de su brillo labial. Poder besarla se siente tan bien. ¿Qué importa que sea la novia de mi hermano? Él no se merece a alguien como Stella; es demasiada mujer como para un idiota como Adrian.
La droga empieza a hacer efecto en mí cuando comienzo a sentirme caliente. Me enloquece sentir como Stella frota su trasero contra mi entrepierna. Me está provocando y me encanta.
Toma mi mano y la conduce hasta deslizarla dentro del pantalón de su pijama. Percibo su ropa interior ligeramente humedecida, así que decido comenzar a frotar. Froto por encima de la tela solo para molestarla.
Muerde mi labio inferior cuando dejo que mis dedos entren. Gruñe. Recarga la cabeza en mi hombro y gime en mi oído. Lo está disfrutando, lo está gozando tanto como yo. Acaricia mi mejilla y pide por más. Muerdo el lóbulo de su oreja y le susurro que no.
Quiero hacerla desear.
Quita mi mano y esta vez se sienta viendo en mi dirección. Con un movimiento me quita la playera y antes de que me diera cuenta ya me estaba desabrochando el pantalón.
Me quito los zapatos para acelerar las cosas. Ella se levanta y yo voy tras ella embelesado. Necesito sentir el contacto de su piel sobre la mía. Sus manos se deslizan sobre mis caderas y mis pantalones caen junto con mi ropa interior. Miro al suelo y luego a ella, quien me empuja y caigo sentado sobre la roca.
Quise preguntarle qué iba a hacer, pero en cuanto empieza a acariciar mi palpitante miembro se me nubla la mente. Me inclino hacia atrás y gimo.
Dios, todo se siente tan intenso. Las emociones y sensaciones están a flor de piel, tanto que con el más mínimo contacto soy capaz de tener un orgasmo. Pero al igual que hice con ella, no termina su tarea y me deja deseando. La odio por eso, así que cuando se levanta me abalanzo encima de ella y le arrebato la parte superior de su pijama. Sus hermosos senos aparecen frente a mi rostro y los aprecio con fascinación.
Se sienta a horcajadas y conduce mis manos hacia sus pechos. Los acaricio, pellizco, lamo y muerdo hasta que me canso. La escucho decir mi nombre. Su piel desprendía un aroma inigualable que me estaba volviendo loco.
Me pongo de pie con ella aún aferrada a mí y la deposito con delicadeza en el suelo. Mis manos lentamente le quitan las últimas ropas hasta dejarla completamente desnuda. Voy al encuentro de sus labios y nos besamos con fiereza. Nuestras lenguas se entrelazan, mientras ella acaricia mi espalda llegando hasta casi mi trasero.
Separo nuestros bocas, busca la mía con deseo, pero no le permito encontrarla. Beso su mentón, su cuello, bajo por su pecho besando cada uno de sus pezones. Percibo como se estremece con cada uno de mis gestos. Sus caderas se mueven conforme voy descendiendo; llego al bajo vientre y me detengo; la observo, sus ojos cerrados, su boca susurrando mi nombre.
Decido continuar y casi le provoco un orgasmo. Me detuve antes de que eso sucediera. Levanto la cabeza para verla y me está mirando con una sonrisa estúpida en el rostro. Está drogada, sumamente drogada y excitada. Le devuelvo la misma sonrisa y con torpeza, muy a mi pesar, busco el condón que Stella había traído.
No me mal entiendan, siempre uso protección, pero gracias a la droga estaba tan excitado que me costaba apartarme de ella.
Apenas terminé de ponérmelo Stella se abalanza sobre mí y rodamos hasta orillas del lago. Nos besamos, acaricio su cabello ligeramente humedecido por el agua y entonces la penetro.
Juro que fue la cosa más espectacular que jamás haya sentido. Nunca había escuchado a una mujer gemir de esa manera, besarme, acariciarme y marcar sus uñas en mi piel. Cada cosa que hacía me excitaba más que antes.
En determinado momento me pareció ver como del agua emanaba vapor. Estábamos muy calientes.
No sé cuánto tiempo tuvimos sexo, solo sé que no quería parar... y ella tampoco. Después de esto usaré la droga siempre. Me hace sentir tan vivo; me olvido de mis problemas, de la angustia. Es genial.
Finalmente siento como el efecto se pasa y comienzo a sentirme exhausto. El sueño es una amenaza inevitable. Stella me besa por última vez antes de dormirse en mi pecho, entrelazando nuestras manos.
Intento ver el cielo por entre las copas de los árboles, pero me siento mareado y entonces me desmayo del sueño.
--------
¡¿Qué hiciste Logan?! Eso no se hace.
¿Qué opinan de su actitud? ¿De April? ¿De la historia que ésta le contó?
Antes de despedirme quiero pedirles un favor: participo de un concurso con esta historia y logré pasar a la segunda etapa. Lo único que necesito de ustedes es que den un "me gusta" en el link que les dejaré en comentarios. En verdad se los agradecería muchísimo :)
COMENTEN. VOTEN Y COMPARTAN.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro