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~ 49 ~

—¿En...? —Seokjin ni siquiera pudo repetir lo que acababa de escuchar.

Jimin presionó los labios como si eso le ayudara a no apartar su mirada de la de él. La manera en que su amigo lo observó bastó para que se arrepintiera de habérselo dicho.

Para Seokjin, lo peor que pudo haber escuchado fue que su mejor amigo estaba atrapado en esa dimensión, donde lo obligarían a actuar como un Reparador. Desvió su mirada hacia el suelo, el nudo en su garganta le quitó el habla. Sus esperanzas de encontrarlo sano y salvo se derrumbaron rasgándole el pecho. Hubiera preferido mil y un veces que Namjoon pudiera descansar en paz.

—Hyung, lo siento mucho —se disculpó el menor, volviendo a llorar—. Pero él es fuerte, ¿sabes? —intentó sonreír—. Sé que despertará. Y todos estaremos para él cuando suceda.

El castaño sabía que no era algo tan sencillo. Tampoco contaba con demasiada información al respecto, quizás Joonie tenía oportunidad. Claro que podría tenerla. "La tiene" se repitió mientras se limpiaba el rostro.

El rubio se acercó a él lo suficiente para volver a abrazarlo.
—Pensé que no volvería a verte —admitió, aferrándose a sus hombros—, porque cuando me dijeron eso acerca de él, y luego supe que estabas inconsciente... ¡Me asusté tanto! —sollozó—. Ustedes son mis amigos. Los que estuvieron siempre, siempre a mi lado. ¿Tienes idea lo horrible que es saber de un momento a otro que las personas que amas están en peligro de muerte?... Espero que nunca tengas que vivirlo. Es muy doloroso —hundió el rostro contra la bata blanca que vestía.

Jin solo pudo sostenerlo en silencio. En realidad, entendía perfectamente el dolor del que hablaba Jimin.

Era sábado en la noche. Apenas habían transcurrido cinco días desde el accidente.

El rubio pudo dar con el hospital en donde estaba Namjoon tras recorrer casi toda la ciudad. Se refugió en Ami cuando entendió que uno de sus amigos más preciados estaba en coma, y volvió a hacerlo al saber que Seokjin seguía inconsciente cuando todavía era martes en la tarde. La impotencia, la desesperación, el dolor, todo lo golpeó tan fuerte y sorpresivamente, que se sintió incapaz de soportar la situación.

Ami entonces entendió que el lado más vulnerable de Jimin salía a flote por sus seres queridos. Acompañó a su novio durante la búsqueda por todos los centros de salud de la ciudad y las periferias, hasta que pudo dar con Kim Namjoon, y luego con Kim Seokjin. Estuvo a su lado intentando calmar sus sollozos, preparó para él numerosas bebidas de hiervas tranquilizantes que lo ayudaron a dormir. Jimin pudo sentirse mucho más contenido gracias a ella.

—Todo es un caos —dijo cuando estuvo recostado a su lado, en la camilla—. Todos los centros de salud, clínicas, hospitales y sanatorios están desbordados de gente —le informó al mayor, mientras sostenía una de sus manos, con la cabeza ligeramente apoyada en uno de sus hombros—. Sólo el martes en la noche terminaron el operativo de rescate. Muchas personas murieron.

—¿Qué tan terrible es el número? —quiso saber Seokjin.

—Sólo diré que es un número bastante alto. Mucho más de lo que pudimos imaginar la mayoría. Pero Seúl es muy grande, hyung. Y un lunes... Cuando es día laborable, y se dictan clases con normalidad... Seis de la tarde, horario en el que la mayoría acaba su jornada. Los niños cargan sus mochilas y suben para regresar a casa... —lo miró un momento—. Creo que no es necesario mencionar nada más —El castaño podía entenderlo. Él mismo logró verlo con sus propios ojos antes de abordar, el número impresionante de personas que subían. La diversidad de rostros, edades y ocupaciones. Su vagón iba repleto, pero un tren se componía de muchos vagones. Él realmente podía entenderlo—. En este momento las dudas continúan. No se sabe qué pudo ocasionarlo, la compañía ferrocarril mencionó una falla en el sistema de respuesta. Algo sobre que el conductor no pudo detenerlo... Él no sobrevivió, ni tampoco quienes iban a bordo del último vagón del otro tren, la formación impactó con una que ya estaba detenida en la estación —comentó, con una mirada sombría—. Yo, uhm... N-nunca creí que el acero pudiera doblarse, plegarse como si fuera una hoja de papel -dijo mientras miraba un punto fijo de la habitación—. Incluso p-personas que ni siquiera estaban en el tren, sino en la plataforma, esperando abordar... Terminaron muriendo.

Jin escuchaba horrorizado.
—Santo cielo...

—Hay protestas, y reclamos. Las noticias del mundo hablaron sobre esto, el gobierno apenas si ha dado declaraciones. Las personas están muy molestas. Por esta semana no se dictaron clases en ningún establecimiento educativo de la ciudad. Los medios solo esparcen especulaciones, nada certero todavía —añadió Jimin, con preocupación—. Realmente todo es un caos.

El castaño asintió, comprensivo. Era evidente el motivo por el que su familia no quería que supiera demasiado.

—Jimin —le tomó un mano—, necesito que hagas algo muy importante por mí —El menor lo observó con curiosidad. Jin sabía que estaba siendo egoísta, pero necesitaba saber si Taehyung estaba bien. Si estaba allí—. Re-recuerdas... —carraspeó, nervioso— ¿Recuerdas que les conté a Nam y a ti sobre el chico que me gustaba?... ¿Y que Namjoonie siempre decía que debía hablarle?

—Sí —el de ojos oscuros entrecerró los ojos, recordando—. Su nombre era Jungkook, ¿cierto?

—Sí —asintió, apretándole con un poco más de fuerza—. Jeon Jungkook.

—¿Qué sucede con él?

—Yo... Necesito saber si-

—¿Si está bien?

Jin sonrió, intentando mantenerse calmado.
—Eso estaría bien. Pero en realidad quiero saber por su amigo, Taehyung.

—¿Taehyung?

No era extraño que Jimin se mostrara tan confundido. Hasta donde él y el muchacho de gafas sabían, Jin estaba embobado por su compañero de cabello oscuro y ojos brillantes, jamás había mencionado a Taehyung. Y aunque Namjoon lo conocía, Jimin nunca escuchó sobre él. Lamentablemente, sólo alguien que ya conociera a Taehyung podría quitarle la duda de si seguía existiendo, o si había desaparecido de la memoria de todos.

—Kim Taehyung. En verdad, necesito saber si está a salvo. Es mi compañero, también de Namjoon. Y es amigo de Jungkook —volvió a decir—. Cabello gris, ondulado. Ojos mieles. Uhm, un poco más bajo que yo, piel canela.

—¿Estás preocupado por él? ¿Por qué?

Seokjin fijó su vista en la de él durante unos instantes.

—Porque es la persona que amo.

♦♦♦

Domingo. Desperté con ganas de morir. Me vi frente al espejo, mi ojo en color morado, mis labios partidos, la cicatriz en mi ceja por el golpe de Hoseok seguía allí. Serví sobre el desayunador un pote con cereal, que no pude terminar. Él me vio desde el sofá, su lugar dentro de mi hogar. Su rostro denotaba preocupación e incluso quizás, culpa. Dijo que mi búsqueda podía posponerse y que debía animarme. Nunca imaginé que lo escucharía decirme "sal conmigo"... Eso es algo que todavía recuerdo, pero aunque no he olvidado el azul de su cabello, o lo blanca que lucía su piel... Me cuesta trabajo recordar su rostro... Nosotros fuimos a...


Volvió a leer, con la punta de la pluma sobre la hoja, sin saber cómo continuar.

"¿A dónde demonios fuimos?" se preguntó mentalmente.

Bufó molesto al no poder recordarlo. Pensó en hacer una pausa antes de seguir escribiendo, pero entendió que para cuando decidiera volver a hacerlo, probablemente habría olvidado algo más. 

Salimos juntos, y tomar aire me hizo sentir levemente mejor.

Siempre me resultó gracioso que nadie pudiese verlo. A él, tanta presencia en una persona tan pequeña. Porque incluso si comienzo a olvidarlo físicamente, recuerdo la forma en la que me hablaba. Recuerdo cómo movía las manos al explicarme algo, cómo corría ligeramente encorvado para dejarse caer en el sofá. Ponía las manos bajo su cabeza, extendía las piernas. Un auténtico perezoso.


Jin leyó la última línea y luego la tachó, escribiendo por debajo:

Un auténtico trabajador agotado.

—¿Jin? —La voz de su madre lo obligó a levantar la vista del papel—. Buenos días, cariño.

—Buenos días mamá —sonrió, cerrando el diario—. Oh, buenos días —saludó al médico que se aproximaba tras Mi Hwa.

—¿Cómo te sientes? —preguntó el hombre de bata blanca mientras se acercaba desde el lado izquierdo de la cama.

—Bien.

—Excelente. Es un buen momento para quitarte esto —con cuidado, encontró el extremo de las vendas y empezó a desenrollarla.

Mi Hwa asintió curvando una débil sonrisa cuando pudo ver completamente el rostro de su hijo.

Jin se sintió extrañamente desprotegido sin todos los vendajes. Tardó un momento en acostumbrar su ojo izquierdo a la luminosidad del cuarto, y pestañeó un par de veces antes de fijar su vista en su madre.

El doctor sonrió satisfecho. Se acercó a él y usó una linterna pequeña para inspeccionar en sus pupilas.
—Ha mejorado muchísimo —volteó a ver a la señora Kim—. Sé que usted coincide conmigo.

—¿Podrían alcanzarme un espejo?

—Mejorará todavía más —comentó el médico, ignorando el pedido del paciente—. La cirugía debería realizarse mañana, como estaba previsto. Será un largo camino, muchacho —miró al castaño—. Pero ya hemos comenzado.

Y dicho esto, abandonó el cuarto.

—Mamá... —bastó que su hijo la observara para recordar lo que quería. Mi Hwa abrió su cartera, y sacó un espejo más bien pequeño. Seokjin lo recibió casi con desesperación.

Tragó, más sorprendido de lo que hubiese querido. Una enorme cicatriz rojiza de aspecto profundo nacía casi desde su cabello castaño, extendiéndose en diagonal por toda su frente, cruzando su ceja, y continuando justo por medio de su ojo izquierdo. La línea viajaba un poco más abajo, curvando levemente a la altura de su pómulo para finalizar casi en su mejilla. Jin pudo observar su rostro completo por primera vez en días. Los demás cortes eran abismalmente pequeños en relación a ese. Su rostro ya no era un lienzo libre de imperfecciones y marcas, nunca más lo sería. Comprendió que incluso siendo así, era apenas un escaso reflejo de todo lo vivido esos días en otra realidad. Estaba seguro de que si su rostro tuviese que mostrar todas las heridas internas que traía, sería prácticamente irreconocible.

—Luces como esos actores de películas épicas que sobreviven tras alguna batalla crucial —comentó su madre, con cierto entusiasmo en la voz. Él la observó esperando oír algo más—. Te hace ver más guapo —y con aquello lo hizo sonreír.

Con ayuda de un enfermero, Seokjin logró llegar hasta el baño. Pudo ver su cuerpo reflejado hasta la cintura, mostrándole un joven con aspecto desmejorado. La cicatriz sería su nuevo accesorio para siempre. Su cabello lucía despeinado, sus ojos cansados, los brazos débiles y las piernas vendadas. Estaba sosteniéndose con muletas. Le resultaron pesadas e incómodas. Sobre todo, aparatosas. Tenía que amigarse con ellas porque iba a utilizarlas por algunos meses. Su mano izquierda estaba conectada a una ajuga, y ésta a su vez, a un cable que llevaba hasta el suero goteando, que estaba enganchado al atril de acero inoxidable con ruedas en la base.

Jin se observó a sí mismo, intentando sentir algo que no fuera lástima.

Miró en detalle sus manos, las cuales ya no estaban vendadas. Exponían cortes y raspones. Incuso sentía que habían perdido algo de sensibilidad. Contempló fijamente el lugar donde se suponía que debía estar su alianza plateada, ahora desaparecida.
Sus ojos ardieron, y sólo pudo sonreír ante el recuerdo. Se propuso dibujarla en cuanto regresara a escribir en su diario, pues no quería olvidar el diseño. Le prometió a su novio que intentaría buscar las mismas, y eso no podría hacerse si no lograba recordar cómo lucían.

Todavía no había recibido ningún mensaje por parte de Jimin. Y aunque apenas habían hablado ayer, se sentía ansioso por saber si había conseguido dar con Taehyung. Él mismo pasó buena parte de la madrugada configurando su teléfono nuevo, visitando varios portales que hablaban sobre "La tragedia del ferrocarril Norte". Con todo lo que leyó, más lo que su amigo le comentó durante su visita, pudo comprender la magnitud del incidente.

También buscó por las redes sociales esperando dar con Tae, pero no sucedió. Incluso revisó perfiles cuya fotografía era un árbol nevado. Encontró un único perfil con el pseudónimo de "V" y algunas imágenes de paisajes que le parecieron bastante normales. Algún pastizal dorado bajo el cielo azul, un lago en medio de las montañas, un sendero nevado, nada espectacular. Aun sí, fue la única cuenta que quiso mantener en la mira.

Volvió a fijar su vista en lo que veía en el espejo.

"Debes estar agradecido" se dijo. La vida le había dado una nueva oportunidad, aun si no era con el hombre de sus sueños a su lado, con su mejor amigo, y teniendo a cuestas la culpa de haber matado a alguien. Tenía que ser más fuerte que nunca. Lo sería, pensó. Y acomodándose a las muletas, volvió hacia la camilla.

Para cuando el enfermero salió de su cuarto, él llevaba buen rato observando hacia la ventana. Esperó que alguien ingresara nuevamente a su habitación, pues eran extrañas las ocasiones en las que estaba completamente solo. Mayormente en la noche.

Abrió su diario, y trazó una elipse. Contorneó, y sombreó, tratando de darle la forma más parecida de un anillo. Dibujó una más a su lado, y luego anotó el nombre de la tienda donde recordaba haberlas comprado. Permaneció con la vista en su creación durante algunos minutos, antes de notar que se manchó con sus lágrimas, pues estaba llorando otra vez.

Le dolía demasiado

Era cierto que todo comenzaba a pesarle, pero lo más terrible era saber que Taehyung no estaba a su lado. Tener que sufrir el dolor de su recuerdo grabado a fuego en su piel, en su mente. Siempre pensó que no toleraría estar sin él, habían transcurrido apenas cinco días, pero él los sentía una eternidad. No podía imaginarse viviendo meses en otra ciudad, donde no habría nada que pudiese vincularlo al amor de su vida. La angustia le hacía un vacío en el estómago, porque necesitaba saber que estaba con vida. Taehyung no podía acabar muriendo en el accidente, no. Pero, ¿y si era así?... ¿Y si mientras él estaba recostado en ese lugar, ya habían velado a su novio? Sacudió la cabeza ante la sola imagen de un funeral. Apretó las sábanas con desesperación, más lágrimas recorrieron sus mejillas. Tomó el diario, y escribió bajo el dibujo de las alianzas.

Amo a Kim Taehyung.

Lo amo con todo mi ser. Lo extraño. Lo necesito.

No dejaré morir este sentimiento, ni el recuerdo de lo que vivimos juntos mientras fue mi novio.


Lo dejó a un costado, demasiado sobrellevado como para escribir algo más, y luego se volteó hasta recostarse de costado, intentando dormir.

Tal vez podría verlo allí una vez más. Se limpió levemente con un brazo, y exhaló un suspiro entrecortado por la boca. En aquella posición, Tae siempre estaba delante. Él podía abrazarlo, pegar su mentón a alguno de sus delgados hombros, y cerrar los brazos en torno a su cintura. Su novio siempre olía a menta. Siempre dejaba que algo de luz se filtrara por las cortinas. Siempre se encargaba de enlazar sus manos, y podía sentir sus rítmicos latidos golpeándole el pecho.

—Taehyung... —murmuró lastimosamente, encogiéndose en su lugar.

♦♦♦

Lo despertaron poco antes de que lo visitara su nuevo psicólogo. Fue Nam Jung quien estuvo con él por el resto del día.

Seokjin se sorprendió cuando su padre saludó a una mujer, que poco después tomó asiento frente a su camilla.

—Mucho gusto. Desde hoy, trabajaremos juntos. Espero que podamos llevarnos bien —dijo, haciendo una leve reverencia ante él.

Una mujer apenas unos años mayor que él. Cabello negro y liso, el rostro perfectamente despejado, exponiendo un rostro maquillado, mentón triangular, ojos verdes claro. Jin supo de inmediato que no era coreana.

—Pensé que tendría un psicólogo —musitó sin poder contener la sorpresa.

—Seokjin —su padre le llamó la atención con un tono recriminatorio.

La mujer alzó una mano, en señal de apaciguar el ambiente.

—Cambio de planes —le contestó al paciente, tras acomodarse levemente la chaqueta—. Empecemos una vez más —sonrió forzosamente para luego enderezarse—. Desde hoy, soy tu psicóloga, y espero que podamos llevarnos bien.

El castaño intercambió una mirada breve con su padre.
—Claro. —asintió, escuetamente.

Jin pasó los siguientes cuarenta minutos respondiendo preguntas que le parecieron bastante sosas, acerca de las molestias físicas que sentía, los motivos que le llevaban a querer alimentarse -o no- y sus "proyecciones a futuro". No pudo disimular su incomodidad durante toda la sesión. No tenía psicólogo desde los ocho años, cuando siendo un niño sufría acoso escolar por su preferencia hacia los chicos. No recordaba que fuera tan molesto tener frente a él a una persona que no dejaba de hacerle preguntas aburridas. Solo consiguió calmarse cuando ella estuvo fuera de la habitación.

—No te agrada —comentó el hombre de traje, sus ojos platinados destilando furia contenida.

—No es ella. Simplemente olvidé lo irritante que era tener una sesión.

—Transmíteselo a tu cara, Seokjin. La señorita Brie se interesó genuinamente por tu caso. El equipo médico le dio la aprobación a ella para tratarte.

—No estoy deprimido —soltó a la defensiva.

—Nadie ha dicho que lo estés. No comiences a exagerar—replicó su padre.

El castaño lo miró unos segundos antes de agitar la cabeza en negación.
—Tal vez sea demasiado pronto para empezar a "tratarme".

—Es el tiempo perfecto. Y lo harás.

Jin frunció los labios volteando a un costado. No estaba nada contento con la idea. De repente no le interesaba tener a alguien tratando de indagar sobre lo que sentía o pensaba, porque no podía hablar sobre Reparadores, el Mundo Restringido o la Realidad Alterna.

Debería ser cauto.

♦♦♦

Martes.

Seokjin se pasó casi todo aquel día durmiendo. La cirugía del día anterior lo había dejado agotado, la anestesia lo tenía decaído y más desganado que en la primera ocasión. Abría los ojos con pesadez, a veces escuchando voces muy cerca. De a momentos, despertaba, miraba levemente el cuarto, y volvía a cerrar los ojos. Ni siquiera podía soñar. Tenía la impresión de que todo ocurría entre pestañeos, cuando en realidad transcurrían horas.

Quería escribir, tenía que hacerlo. Pensaba dedicarle al menos una hora al momento en el que logró reconciliarse con Taehyung.

Para entonces tenía por seguro que estaba enamorado. También recordaba haber recibido la noticia de su madre fallecida, y el haber hallado a Namjoon.

Tenía que escribirlo, antes de que se le olvidara. Lamentablemente, ese día no tocó su diario.

♦♦♦

Hacia el quinceavo día, Jin se sentía como un prisionero condenado a muerte. Sabía que debía cumplir su sentencia, ni siquiera tenía fuerza mental como para rebatir el escenario donde estaba.

Sus heridas sanaban, al menos las físicas. Todos a su alrededor parecían felices de saber que los resultados de las cirugías eran positivos. Seguía recibiendo las visitas turnadas de sus padres, ansiosos por recibir el alta, pues ya tenían todo el viaje planificado. La joven mujer de apellido Brie volvió a verlo dos veces más, siempre procurando alargar sus falsas conversaciones. Falsas, porque para sostener una, era necesario más de un interlocutor. Incluso Jimin volvió, pero sin noticias de Taehyung y sin novedades de Namjoon.

El diario, lo único que momentáneamente mantenía a Jin ocupado en algo, pasó a quedar cómodamente guardado en el armario, junto a sus otras pertenencias.

Cada día se sentía como una carga para él.

Los enfermeros lo trasladaban en una silla de ruedas. Jin se habituó a utilizarla, le era mucho más cómoda que un par de muletas, y podía llegar hacia el exterior. El lugar donde estaba no tenía un jardín expresamente grande o hermoso, pero a él le bastaba con ver un poco de nieve. La nieve lo ayudaba a recordarlo.

Ahora, que no iban a abrirle la piel dentro de un quirófano, podía usar su ropa de siempre. Todavía intentaba habituarse a vestirse y movilizarse por su cuenta. Que algún enfermero lo ayudara al momento de bañarse ya era bastante embarazoso.

Cuando se detuvo frente a un inmenso ventanal de vidrio, se quedó embelesado con el paisaje blanco. Traía una manta sobre las rodillas, un buzo en color marfil y en sus pies un par de mocasines relucientes.

Mi Hwa lo observaba desde un poco más allá, afligida al no ver mejoría en su estado anímico.

—¿Señora Kim? —Ella volteó de inmediato, encontrándose con quien era ahora la psicóloga de su hijo menor—. Disculpe —hizo una leve reverencia—. Me gustaría hablar con usted un momento. Es sobre Seokjin.

—Por supuesto —accedió la de sobretodo negro—. Llamaré al médico y-

—Señora Kim —la interrumpió—. Preferiría hablarle a la madre de mi paciente por ahora —la miró con intención.

Mi Hwa le sostuvo la mirada, sintiéndose preocupada al instante. Volteó a ver al castaño en silla de ruedas. Estaba demasiado lejos como para oírlas.

—Adelante —respondió, volviendo hacia la joven mujer de ojos verdes.

—Gracias —Brie se acomodó un poco más cerca de ella—. Su hijo es una persona muy fuerte. Es algo que noté en nuestra primera sesión. Se supone que la comunicación debe ser fluida, intenté hacerle ver que no busco hacerle preguntas infinitas cada vez que nos vemos, y él parece entenderlo.

—¿"Parece"?

—Sí. En realidad, su evolución física es algo que le concierne al equipo médico que usted y su familia tienen —explicó—. Pero desde mi especialidad, no puedo hacerle una devolución igual de positiva —La madre de Jin volteó a mirarlo, sus ojos castaños se volvieron vidriosos—. Finalizamos la tercera sesión hace un par de minutos. Si le soy honesta, no es lo que esperaba. Esto puede pasar, desde luego —mantuvo el tono calmado—. Sabe que tiene que recuperarse. Cumple con lo que le piden, come, duerme, ejercita su movilidad... Tiene predisposición a mejorar, es algo que ya todos sabemos. Sin embargo... No habla conmigo. Más bien, con nadie —bajó la vista un momento—. Lo único que me ha dicho, es que perdió a alguien importante. Intenté preguntarle acerca de esta persona, pero no quiso decirme nada más. Por eso, necesito saber si usted o alguien de su familia tiene información sobre esto.

—No estaba en una relación, no estoy segura —permaneció pensativa—. Nosotros llevamos años viviendo en ciudades diferentes. Le mentiría si dijera que conozco su rutina, o a las personas con quienes se relaciona en su día a día.

—Comprendo. Igualmente —volteó a ver a su paciente, de espalda a ambas—. Los trastornos post traumáticos implican una serie de factores característicos que no encuentro en su hijo. Para ser más clara, él no parece asustado, ni aliviado tras lo que pasó. Él parece estar enfrentando alguna clase de duelo, y estoy convencida de que la persona que mencionó es la clave.

—Yo... —Mi Hwa se sentía abrumada por toda la información—. Realmente no lo sé. Puedo intentar hablar con él, pero dudo que quiera decírmelo. Fui yo quien notó su aflicción y la forma en que lloraba, todos los días, desde que llegamos aquí. Se lo pregunté, lo hice —aseguró, con la impotencia reflejada en la voz—. Y... M-me preocupa —soltó, ahogando un sollozo—. Porque sé que no está bien.

♦♦♦

—Vas a obligarme a leerle a tu familia lo que sea que hayas escrito aquí —dijo de forma seria, sosteniendo el diario entre sus manos.

—No lo harías —comentó el castaño, desde la camilla.

—No. No tendría si finalmente decides hablar conmigo.

—¿Me está amenazando, señorita Brie?

Jin y su psicóloga, Natalie Brie, estaban mirándose de manera desafiante el uno al otro. Veinte días habían transcurrido ya; cinco sesiones, contando la actual.

La familia Kim le informó que debería trasladarse junto al equipo médico para continuar con su paciente, pero ella no estaba dispuesta a viajar para que el proceso siguiera en el mismo punto donde comenzó. Quería respuestas por parte de Seokjin.

—No es una amenaza. Es una advertencia.

El de ojos platinados mantuvo la compostura.
—En este caso no veo la diferencia.

—Tus padres. Ellos creen que lo que no estás diciendo, está justo aquí. ¿Es eso cierto? —inquirió, sosteniendo el diario cerrado.

—¿Quieres saber lo que está escrito ahí? —preguntó, en completa calma—. Un borrador. Eso es lo que es.

—¿Un borrador?

—De una historia. Que quizás pueda publicar en algún momento —mintió—. Adelante, puede leerlo —hizo un gesto con la mano. Natalie dudó—. Intento meterme en la piel de un muchacho que ha perdido la memoria. Muchos recuerdos parecen haber desaparecido, pero el de su amado vive en él.

—¿Puedo saber el nombre de nuestro protagonista?

—Suga.

Natalie observó al castaño fijamente durante algunos segundos a la espera de escuchar algo más, pero no obtuvo nada.
—Claro, si me permites darte una opinión... —finalmente abrió el diario, hojeándolo hasta que se topó con el dibujo de las alianzas —Leyó en silencio durante algunos segundos. Jin se removió inquieto. Recordaba no haber escrito el nombre de su guía, por lo que aquello de llamarlo su protagonista era válido. Pero el nombre de Taehyung, el de Namjoon... Incluso el de Jimin, todos estaban allí. Contuvo la molestia. Él mismo prefería que fuera su psicóloga la que leyera aquellos pensamientos, y no alguno de sus padres—. Tiene su cuota de romance, por lo que veo...

—La tiene —contestó, intentando sonar tan desinteresado como pudiese.

—Leo muchas veces el nombre de Taehyung.

Jin tragó.
—Taehyung es su pareja.

Para Natalie era sabido que un escritor podía reflejar algunos aspectos de su vida en sus relatos. Suga, un chico, estaba enamorado de Taehyung, otro chico. Quizás existían más semejanzas entre aquel protagonista y su paciente.

—¿Podrías resumirme un poco de qué va la trama?

—Suga vive en un mundo donde las personas que cumplen veinte años se enfrentan a lo que se llama "Evocación" —inició, dándose ánimos para mentir de forma creativa—. Consiste en una especie de prueba que determina si pueden quedarse en el mundo humano, o si serán trasladados al mundo de los Guardianes Estelares.

—Suga está enamorado de Taehyung, pero terminan separándose —argumentó, prestando atención a cada reacción del de ojos platinados.

—A-así es. Por eso es que se siente tan abatido. Deben separarse para que él inicie su camino como Guardián.

—¿Qué hará Suga al respecto?

—Uhm... Él t-tratará de renunciar a su puesto para volver al lugar que quiere, junto a su amado.

—¿Cómo?

Seokjin empezó a ponerse nervioso.

—Bueno... —se enderezó en la camilla—. T-tiene algunas ideas, pero no está seguro por dónde comenzar. No puede escaparse, sabe que no puede.

Natalie contuvo una sonrisa victoriosa. Necesitaba sólo un delgado segmento para poder comenzar a tirar, hasta vincular la historia ficticia con la real. Y Jin acababa de dárselo.
—Pero quiere escapar —mencionó, observándolo atentamente.

—Quiere, pero no puede.

—Pero Suga no parece alguien que vaya a quedarse de brazos cruzados, ¿cierto? —volvió a mirar algunas hojas.

—No tiene sentido. No sería el protagonista si simplemente dejara las cosas como están, ¿no lo crees?...

—Por supuesto. Una historia necesita un motor, algo que impulse el desarrollo... Y además está narrada en primera persona. Personalmente, creo que las historias así pueden atrapar mucho más al lector —Natalie observó algunos otros nombres. No había mención sobre padres, hospitales o viajes. Todo parecía mantener cierta coherencia—. La inspiración no siempre llega cuando queremos —añadió. Seokjin permaneció en silencio, repasando mentalmente por si algo podía no cuadrar—. Si no puede escapar... ¿Cómo logrará ver a Taehyung otra vez?

—Bien, siempre puedes comprar un ejemplar para descubrirlo —bromeó Seokjin, intentando sonar libre de tensión.

Ella lo observó unos minutos. Sabía que no conseguiría mucho más.

—Será un buen libro, al parecer... —Natalie se acercó a la cama, regresándole su diario. Jin acercó su mano tomándolo, y en ese momento, ella lo sostuvo con firmeza—. Tu familia te ama, Seokjin. Quieren verte recuperado, y estoy aquí para eso. Tardaremos el tiempo que sea necesario, pero lo lograremos. Lo sé.

Él pudo ver la determinación emanando de sus ojos claros. Creyó que su madre sería la única mujer que conseguiría intimidarlo, pero entendió que había una persona más. Tragó, y asintió, a lo que Natalie finalmente le devolvió el diario.

♦♦♦

—Jeon —lo llamó, esperando que pudiera detenerse. Sin embargo, el pelinegro caminaba por el campus como si tuviese prisa, por lo que Jimin aceleró el paso—. ¡Jungkook! —gritó esta vez.

El de mochila azul se detuvo al instante. Volteó para buscar la persona que acababa de gritar su nombre, y luego se topó con un muchacho de cabello rubio. Vestía un pantalón oscuro ceñido, una gorra blanca y una camisa celeste. Le sorprendió verlo.

Los estudiantes continuaban pasando por los pasillos, y en todas direcciones. Tras veinte días después del accidente era lógico que se retomaran las actividades.

—Jimin —sonrió al reconocerlo.

El rubio se detuvo mirándolo con sorpresa.
—¿Cómo es que sabes mi nombre?

—Te he visto antes, casi siempre estás con dos de mis compañeros. —Jimin se sintió ligeramente observado, y ladeó la cabeza un poco confundido—. ¿Puedo ayudarte en algo? —preguntó amablemente.

No era que el rubio hubiera pensado que sería especialmente difícil conversar unos minutos con el muchacho que tanto tiempo le gustó a su hyung, pero tampoco esperaba que Jeon lo recibiera con los brazos abiertos.

—Uhm... S-sí, yo...

—Me da gusto saber que estás bien. Tras lo del accidente, digo —aclaró, para que su comentario no fuera malinterpretado—. Han sido tantos los estudiantes afectados...

—S-sí... Uhm, gracias. Verás, quería saber por tu amigo.

Jungkook mantuvo su expresión impávida.
—¿Amigo?

—Kim Taehyung.




—Y él no parecía muy... Feliz.

—¿Feliz?

—Sí, es decir... Creo que cuando nombré a Taehyung algo cambió —le contó Jimin.

Estaba de regreso en el hospital, en la habitación donde Jin seguía hospitalizado. Le darían el alta al día siguiente, y regresaría a casa junto a sus padres. Jimin estaba allí para despedirse. Sólo que, en vez de estar en algún asiento cerca de su camilla, estaba recostado a su lado, coloreando mandalas. Natalie le había dejado a Seokjin la tarea de pintar éstas de la forma en que quisiese.

A Jin le pareció absurdo que una psicóloga profesional le diera unos cuantos dibujos con círculos extraños y una caja de lápices de colores. Pero al cabo de dos días, decidió que lo intentaría. Pronto estuvo mucho más entretenido de lo que alguna vez esperó. Llevaba años sin pintar en papel. En cuanto Jimin llegó, se instaló a su lado para ayudarle. A Seokjin le sorprendió que su amigo rubio ni siquiera se cuestionara el porqué de aquella actividad.

—Pero entonces... Él está bien.

—Eso dijo. Que por el momento estaban viviendo juntos.

—Está a salvo —musitó Jin, conteniendo el llanto. Tensó el agarre de su lápiz rojo. Era demasiada información en solo unos cuantos minutos. Jimin pudo traerle tranquilidad al decirle que sabía que Taehyung, el chico del que estaba enamorado, estaba con vida. Estaba a salvo. Miró un instante los pétalos de la flor que estaba pintando, y luego continuó. 

Suga había tenido éxito

—Seokjin hyung... ¿De verdad estás enamorado de ese chico? —a Jimin sólo le quedaba una pequeña porción de su mandala. Levantó la vista hacia el castaño, mirándolo con curiosidad.

El de ojos grisáceos asintió con una sonrisa.

—Iba a decírselos. En realidad, no sé cuándo sucedió —mintió. Se sentía mal por no ser sincero con su amigo, pero sabía que mentir era la única opción que le quedaba para volver sus sentimientos por Taehyung algo creíble—. Simplemente... Dejé de centrarme en Jungkook y volteé a mirar al muchacho que siempre lo acompañaba.

Namjoon jamás se creería ese cuento. Jin se quedó con un leve sabor amargo en los labios. Hubiera sido mucho mejor que ocurriera tal y como lo estaba relatando en aquel momento.

—¿Y cómo es que estás tan seguro de lo que sientes?

—Aún si nosotros no hemos hablado todavía... Vi la forma en que se comporta con Jungkook. Lo cuida, lo quiere. Parece ser el tipo de persona que haría cualquier cosa por quienes ama. Y ese tipo de personas... Bueno, dudo que existan demasiados como él.

—Hyung —Jimin abultó los labios, mirándolo con tristeza. Para él seguía siendo bastante extraño que de repente estuviera enamorado de alguien más.

—Lo siento en mi corazón, por cursi que suene —sonrió después—. Sólo sé que cuando... C-cuando podamos conocernos, sabré si realmente nosotros podemos estar juntos.

Sabía que ocurriría.

—De acuerdo. Pero, hyung... —soltó el lápiz para tomar una de sus manos. Jin pareció tensarse al principio—. Hablas con mucha seguridad, y no quiero que termines lastimado. Ese chico, Jungkook. Él y Taehyung están viviendo juntos...

Seokjin volvió la vista a su hoja, apartándose.
—¿Y?

—Hyung... ¿Tengo que decirlo en voz alta?

—Sólo son amigos.

—No lo sabemos —insistió Jimin.

—Yo si lo sé, hablé con Jungkook y él jamás me mencionó que estuviera en una relación con Taehyung.

—No es algo que digas en una primera conversación, ¿o sí?

—Ellos no están saliendo, Jimin.

—¿Cómo puedes asegurarlo? Ni siquiera has hablado con Taehyung. No sabes si-

—¡Ellos no están saliendo! —gritó esta vez. Un silencio largo generó un ambiente incómodo. Jimin prefirió evitar insistir, y Jin se encontraba bastante tenso por todo el asunto. Recogió las hojas y los lápices, dejándolos en el otro extremo de la cama—. Lo siento... Sinceramente, espero que estés equivocado —soltó mientras miraba sus manos, un poco avergonzado de haber reaccionado de aquel modo tan infantil.

Para Jin era difícil aceptar la cercanía entre Taehyung y Jungkook.

Para Jimin era difícil imaginar la verdadera razón de la frustración de Jin.

—No importa. Sólo quiero que sepas que pase lo que pase estaré aquí, ¿sí?... —volvió a sujetarle con cariño.

El castaño asintió, sujetándolo también.
—Vendrás a visitarme, ¿cierto?

El rubio asintió.
—¿Puedo llevar a Ami?

—Claro que puedes. Podrán quedarse en casa uno o dos días, la ciudad no es tan grande, pero es muy bonita. Estoy seguro de que le gustará —Jimin sonrió, sus ojitos se volvieron dos rayas—. No me has dicho cómo ocurrió eso —comentó el castaño, mirándolo con intención—. Lo último que sabía era que la veías desde las sombras, como yo con Ju-Taehyung —se corrigió.

—Bueno... —un rubor cubrió sus mejillas— Un buen día simplemente decidí hablarle. Ami fue muy amable, creo que no se esperaba mi confesión porque siempre me trató como a un amigo... Cuando una tarde estuvimos trabajando en un informe, acabamos en la noche. Me ofrecí a acompañarla a su hogar, y se lo dije —Jin lo miró sintiéndose orgulloso. Namjoon seguramente se sentiría igual, ambos sabían que su amigo estaba fascinado con una de sus compañeras, y que hubiera tenido el valor de declararse para luego comenzar a salir, era admirable. Jimin había madurado muchísimo—. Hyung ¡estaba tan nervioso! —se cubrió el rostro con sus pequeñas manos—. No pensé que aceptaría —rió abochornado— Hemos salido desde entonces, casi un mes.

Seokjin sujetó una de sus manos sonriéndole con complicidad.
—¿Eres feliz?

—¡Mucho!... Ella es increíble —sus ojos oscuros resplandecieron—. Aunque, si puedo ser sincero... Todavía estoy adaptándome a ella. Ami y su familia vienen desde Japón, hay algunas cuestiones culturales que difieren, y otras no tanto. Es un poco tímida. Hyung —bajó la vista—. Cuando estamos juntos, todo lo que siento se acumula en mi pecho y siento como si desbordara. Quiero tomar su mano en todo momento, quiero abrazarla, besarla... Es lo normal, ¿cierto?... Pero Ami no se muestra demasiado cómoda con mis avances. Así que nos mantenemos un poco... uhm, un poco distantes.

Jin frunció el entrecejo.
—¿Distantes?

—No me malinterpretes —alzó ambas manos—. Ella es adorable, y siempre está cuando la necesito. Hoy no está aquí porque iba a reunirse con sus amigas, pero intenta acompañarme en todo momento.

—¿Entonces a qué te refieres con que se mantienen distantes?

Jimin agachó la cabeza, Jin colocó una mano en su hombro en señal de respuesta.
—Sólo nos hemos besado unas... Seis veces, quizás menos.

¿Seis besos en todo un mes de relación?... Jin se sintió un poco confundido. Pero al ver el semblante decaído de su amigo, quiso ayudar.

—Puede que tengas razón y sean cuestiones culturales, pero Jimin, también depende mucho de cada persona. Quizás ella necesita más tiempo.

—Es lo que me digo a mí mismo —admitió el rubio—. Quizás hago mal en esperar algo de su parte. Es sólo que... Siento como si siguiéramos siendo sólo amigos.

—Jimin... —Jin volvió a colocar una de sus manos en su hombro.

—Tal vez sea porque la última chica con la que estuve era demasiado apegada a mí —sonrió, tratando de no mostrarse desanimado—. Uhm... Aun así, ¿tienes algún consejo?

—¿Has intentado hablar con ella sobre lo que sientes?

Jimin negó.
—Temo herirla. No quisiera que piense que esto es su culpa.

—Una relación involucra a dos personas, siempre —respondió Seokjin—. Así como tú crees que quizás esperas demasiado de ella, ella también puede intentar poner de su parte. No le gustaría saber que te sientes así, Jiminie... ¿Alguna vez tuvieron algún desacuerdo?

—Nunca. No quisiera que fuera por esto, honestamente. Aunque tampoco hemos tenido momentos especialmente felices, es como si fuera una línea recta. Intento demostrarle mi amor de forma no-física, y ella responde bien. Y creo que lo que hace por mí, como acompañarme cada vez que puede, cocinarme o dormirse a mi lado son su forma de demostrármelo —explicó, sintiéndose culpable—. Quizás sólo me gusta mucho. Debo controlarme un poco, no quiero forzarla a nada.

Jin presionó los labios, sin saber qué más decir. Aún si tenía un largo registro de personas con las que había mantenido relaciones, Taehyung era su primer noviazgo serio. Y la situación fue tan particular, que terminaron acostándose cuando él apenas si llevaba un par de días en esa realidad. Tae era cariñoso, y él se acostumbró a eso. A tomarlo entre sus brazos y besarlo tanto como quisiera. No imaginaba estar con la persona que amaba sin poder tocarla cuanto quisiese... ¿Eso lo convertía en un mal novio?

—Intenta tener paciencia —dijo finalmente—. Pero sigo pensando que deberías decírselo. Busca la forma, Jiminie —acarició los cabellos de su frente—. No tiene por qué sonar como un reclamo. Simplemente díselo de forma honesta, y quizás la situación cambie para mejor.

—Gracias —le sonrió el menor—. Puede que tengas razón. Aun si no es muy demostrativa, desde que le obsequié el brazalete de corazones, lo utiliza siempre.

—Perdona, no lo he visto.

—Está en su muñeca izquierda. Cuando lo vi, inmediatamente pensé en ella. Nunca se lo quita, eso me hace feliz porque sé que le gusta.

—Jiminie está enamorado —le dio un golpecito suave, logrando que el menor volviera a sonrojarse.

Los dos rieron un momento, hasta que el rubio le dio un abrazo.

—Hyung, tu madre dice que no pareces muy feliz —comentó tras apartarse hasta mirar su rostro—. ¿Es eso cierto?

Jin bajó la vista.
—Puede que sí. En realidad, creo que se siente impaciente porque las terapias no van tan bien.

—Siempre vamos a estar aquí para apoyarte, y puedes hablar con nosotros sobre lo que sea que te preocupe —pasó una mano amorosamente por su rostro, deteniéndose a observar la cicatriz que su amigo tenía en su rostro—. Luces guapo —Seokjin resopló una risa negando con la cabeza—. Es cierto... —se defendió su dongsaeng—. Creo que está muy preocupada por ti. Me dijo que acostumbras a llorar casi todos los días... ¿Estás triste? Si es por Namjoonie Hyung, yo te entiendo. Lo extraño también, ¿sabes?... Sólo podemos esperar lo mejor para él. Quizás puedas verlo antes de marcharte.

El castaño asintió con la cabeza, contuvo las lágrimas.

No era sólo el dolor de saber que Namjoon estaba en coma, también lo era el tener presente que estaba olvidando a Suga, el estar emocionado por saber que Taehyung estaba con vida, el incómodo y constante dolor en su pecho. Puede que su guía estuviera en lo cierto al decirle que la mente humana usaba como mecanismo de protección el olvidar, porque tener que reprocharse el haberlo desconectado de las máquinas quitándole la vida era algo que todavía le dolía demasiado.

Al momento de despertar en otra realidad, el mundo de Seokjin estuvo restringido hasta que pudo regresar; pero mientras tanto él vivió catorce días en el "futuro". Un futuro que se correspondía solamente al mundo alterno. Pensó, por un momento, que quizás volviendo a su mundo original, donde todavía no habían transcurrido trece días, podría encontrar a Suga todavía hospitalizado en su ciudad. Luego recordó lo que supo al momento de disponer de una de sus herramientas... Las personas no podían estar en dos lugares al mismo tiempo. Con la creación de la ruptura, la realidad de Jin estaba afectada. Sólo la suya. Al desconectar a Yoongi, de alguna forma viajó al "presente" en la realidad de su guía. Sus mundos no estaban conectados porque jamás llegaron a conocerse. Y aunque fueron anomalía y guía, eso sólo ocurrió en un mundo Alterno considerado como ficticio.

Jin suspiró.

Sabía que Jimin estaba en lo cierto. Él tenía algunas cosas pendientes antes de viajar junto a sus padres.

♦♦♦

Jin viajaba en la parte trasera del coche. Su chofer, un empleado que su familia había contratado hacía pocos años era quien lo escoltaba.

Aunque Mi Hwa no estuvo para nada conforme con la idea de su hijo haciendo "lo que debía hacer", Nam Jung se mostró un poco más permisivo, accediendo a que Seokjin ocupara la última tarde en Seúl de la forma en que quisiese, con la condición de que el chofer familiar fuese quien lo acompañara.

Las muletas estaban a un costado de su asiento, y él miraba el paisaje de forma distraída. Las últimas nevadas dejaban al descubierto los árboles que tanto le gustaban a Taehyung. Sobre sus piernas, estaba su preciado diario. Natalie lo animaba a que continuara escribiendo su relato como alternativa a media hora de sesión, sólo entonces Seokjin accedió.

Lo abrió, y observó las muchas hojas que había llenado con sus memorias. Algunas repletas de oraciones, otras con dibujos pequeños. Se preocupaba por leer seguido todo lo vinculado a Suga. Y tenía un pequeño dibujo hecho por él mismo, donde su guía estaba de pies a cabeza. Un pantalón oscuro, una camisa blanca y su cabello azulado. Intentaba, pero la imagen de aquel sujeto se volvía cada vez un poco más borrosa. Aun así, bastaba leer un poco para poder sumergirse algunos instantes en todas las experiencias que vivió mientras fue su acompañante permanente.

El coche se detuvo, y Seokjin esperó a que el hombre de tercera edad, con su uniforme impecable, abriera la puerta y lo ayudase a colocarse sobre las muletas. Para entonces ya estaba mucho más habituado a utilizarlas.

Al bajar, se movió a paso lento hasta llegar a la entrada del edificio. El hospital donde estaba su mejor amigo, Kim Namjoon.

Su chofer lo acompañó hasta la recepción.

Jin utilizó un ascensor para llegar hasta el piso donde le informaron que estaba su amigo. Se sintió un poco incómodo al recibir tantas miradas que iban entre la compasión y la curiosidad por parte de los presentes con los que se topaba.

Todavía se sentía molesto tener que acarrear con todo el peso afirmado en sus brazos, por lo que se tomaba su tiempo. Avanzó por el largo pasillo, hasta que entró a la que buscaba.

Apenas ingresó, los cinco individuos voltearon a verlo con sorpresa. Jin tragó al estar bajo la mirada de todos, aun cuando dos eran del personal de enfermería. Ni siquiera pudo ver hacia la cama.

—Puedo ayudarte? —le preguntó una mujer de cabello oscuro, corto hasta el mentón. Su rostro indicaba que estaba dispuesta a indicarle por dónde ir, pues era evidente que pensaba que Seokjin había llegado a ese cuarto por equivocación.

—S-soy Kim Seokjin —se presentó haciendo una reverencia un poco torpe—. Estoy buscando a mi mejor amigo, Kim Namjoon.

Los ojos castaños de la mujer se iluminaron.

La familia de Namjoon lo acogió de inmediato. Conoció a sus padres y a uno de sus tíos. Conversó un momento con los tres, recibiendo un profundo agradecimiento por su visita. Parecían tan conmocionados por el estado de su único hijo, que Seokjin no pudo evitar sumarse a aquella atmósfera angustiosa.

Su mejor amigo tenía los ojos de su madre, y las facciones de su padre. El matrimonio parecía muy unido, y Jin observó con pena la forma en que la mujer de cabello negro sollozaba hablándole sobre lo feliz que se sentía de saber que su hijo era tan querido en el ámbito universitario. Poco después, el de ojos grisáceos distinguió una mesa pequeña apartada contra una de las paredes, repleta de los presentes típicos para los enfermos. Él sumó el suyo, sacándolo de uno de los bolsillos de su pantalón. Un pequeño adorno de agua que al agitarlo, proyectaba una lluvia de copos de nieve, sobre un libro abierto. Jin no pudo evitar pensar en su amigo al verlo en la vidriera de una tienda mientras estuvo de camino.

Era un servicio cerrado, y el horario de visita era bastante reducido.

Cuando los adultos le permitieron acercarse hacia Namjoon, Seokjin se detuvo abruptamente a mitad de camino.

Estaba irreconocible. Cables, máquinas aparatosas junto a él, vendas en la cabeza, los brazos, el torso desnudo, las piernas. Presionó los ojos en cuanto supo en detalle su condición. Namjoon tuvo una importante fractura en la mandíbula, un hombro, la cadera en dos lugares, y una rodilla. Tenía quemaduras de segundo grado en el rostro, sus pies sufrieron aplastamiento y sus piernas tenían cortes.

Lo habían sometido a numerosas cirugías, y su cuerpo parecía estar luchando constantemente por sobrevivir.

Seokjin no creyó que lo vería tan mal. Le costaba tanto asociar la imagen frente a sus ojos con el recuerdo del muchacho abrazándolo sobre el tren. Avanzó con las lágrimas manchándole el rostro, y trató, realmente trató de poder visualizar al muchacho que tanto quería bajo todos esos aparatos y vendas, pero no pudo conseguirlo. Sus hombros temblaron mientras se agachaba sobre las sábanas, y presionaba con fuerza, soltando dolor e impotencia en forma de quejidos y un llanto lleno de culpa.

Su amigo, su querido Namjoon... Se cubrió la boca y solo pudo intentar calmarse. Mierda. Él si apenas tenía dificultad para caminar, pero su mejor amigo... ¿Volvería a abrir los ojos?

Sostuvo cuidadosamente una de sus manos, haciendo leve presión. Quería hablarle, pero estaba demasiado sobrellevado. Fue la madre de Nam quien se acercó a calmarlo, porque Jin parecía desbordado.

La herida se hizo un poco más profunda

♦♦♦

Estuvo apenas unos quince minutos, y aunque estaba seguro de que ver a su amigo en aquel estado le había hecho mucho daño, no podía arrepentirse. No iba a marcharse de la ciudad sin darle ni siquiera una visita.

La siguiente parada era en Daegu.

Jin sabía que tenía que tomar un vuelo, no demasiado largo, afortunadamente.

Su chofer hizo algunas llamadas, y tan pronto como arribaron, consiguió un coche en el cual trasladarlos a ambos. No tenían planes de quedarse demasiado.

Recorrieron la ciudad, a Seokjin le agradó el paisaje.

Una vez más, con muletas en brazos, bajó del vehículo en cuanto estuvieron frente a una casa en un barrio bastante alejado de la zona céntrica. Jin invirtió buena parte de su tiempo postrado en la camilla del hospital en buscar la ubicación exacta de la familia de Min Yoongi.

Llamó mediante un timbre, y aguardó.

Un muchacho mayor que él apareció, observándolo con desconfianza. Vestía un gorro que dejaba a la vista unos desordenados mechones negros, una camiseta blanca y encima un chaleco oscuro. Jin sonrió ante el parecido que compartía con Suga... ¿Su hermano, quizás?

—Le advierto que no voy a comprarle ningún crédito bancario.

Seokjin sonrió ampliamente.
—No soy banquero.

—¿No? Pues vistes igual que uno —se cruzó de brazos—. Dime en qué puedo ayudarte.

—Estoy buscando a la señora Min.

El semblante del dueño de casa cambió de forma radical.
—Es imposible. No hablarás con ella.

—¿Qué? ¿Por qué no?

—Lárgate —dijo antes de darle la espalda para volver a encerrarse.

Jin lo detuvo tomándole un brazo. Estaba siendo desesperado, pero no podía permitir que su viaje fuera en vano.

—Aguarde ¡Por favor! Solo serán unos minutos, lo prometo. Es muy importante —logró que el muchacho volteara a mirarlo una vez más—. No tardaré, en verdad.

—Idiota... —escupió con desagrado, soltándose de su agarre— Mamá está muerta —Seokjin se quedó petrificado ante las palabras del de chaleco negro, cuya mirada oscureció— ¡Ahora lárgate!

Ni siquiera alcanzó a decir algo, y ya escuchó el portazo sonando a escasos metros de su rostro.

Jin agachó la cabeza, mirando un punto fijo entre sus piernas.

La señora Min estaba muerta.

—¿Deberíamos marcharnos, joven? Se aproxima una tormenta... —habló su chofer, detenido frente a la puerta del coche en la acera.

—Todavía no —respondió el castaño, saliendo de su trance.

Las nubes tronaron sobre su cabeza, y una ráfaga de viento helado se alzó sacudiendo las ramas desnudas de los árboles.

Seokjin se acomodó a las muletas, y volvió a llamar.

Suga estaría destrozado de saber que su madre había fallecido mientras él permanecía en coma. Pero, ¿por qué? Nunca mencionó que estuviese enferma. Su padre, quizás podría hablar con su padre.

—Joven... —la lluvia comenzó a caer sobre ambos, de pie frente a una casa donde no querían recibirlos.

—Regresa al coche. Te avisaré cuando sea momento de irnos —le dijo Seokjin, volviendo a tocar. Estaba determinado a hablar con alguien—. ¡Por favor! —gritó— Es sobre Yoongi. Sé que perdiste a tu hermano hace algunos días... Lo siento tanto —se disculpó.

El agua se coló entre su ropa, empapó su cuello y su cabello.

Jin se sintió derrotado. Limpió su rostro levemente, se suponía que hablaría con la madre de su guía. Le diría que su hijo todavía tenía personas que podían recordarlo, como el buen amigo que fue. ¿A quién se lo diría ahora?...

Estuvo a punto de rendirse, volteó encontrándose con el hombre de uniforme negro empapado también, y de repente la puerta a sus espaldas se abrió.

Un hombre de cabellos blancos, con una expresión confusa lo observó desde la entrada.
—Mi hijo dice que está usted buscando hablar con alguien —explicó.

Jin hizo una reverencia, nuevamente torpe como resultado de tener los brazos fijados a las aparatosas muletas.
—Fui amigo de su hijo, Yoongi.

El señor pareció dudar un momento, pero luego abrió por completo, haciéndole una seña para que pudiese entrar. Jin sonrió agradecido, y le hizo una seña a su chofer para que lo acompañase al interior.

Era una casa pequeña pero acogedora.

Notó que el hombre mayor estaba solo, quizás el hermano de Yoongi prefería quedarse adentro antes que conversar con él. Aceptó una toalla con la que se secó un poco, y luego recibió un poco de té caliente. Se sentó frente al dueño de casa, mirándolo con gratitud.

—¿Por qué buscabas a mi esposa, muchacho?

Bastante directo, justo igual que Suga.

—Perdone si ofendí a su hijo. Yo realmente desconocía que la señora Min había dejado este mundo, lamento mucho su pérdida —se inclinó hacia adelante a modo de disculpa.

—Está bien, muchacho. Ocurrió hace tres años, pero él sigue bastante sensible. Hace un par de días falleció mi hijo menor, su hermano. Supongo que eso lo sabías.

—Así es —asintió Seokjin, con la mirada decaída—. Yoongi fue un muy buen amigo mío —sonrió levemente— Yo uhm... Lamento en verdad el no haber venido antes.

El señor de cabellos albinos lo estudió con su mirada.
—Estás herido, ¿resultaste afectado por la tragedia del ferrocarril norte?

—Sí, me temo que estuve hospitalizado los últimos veinte días debido a eso.

—Yoongi falleció hace pocos días —comentó, agachando la cabeza—. Tras cuatro años de martirio, finalmente está descansando en paz. Es lo único que agradezco.

Jin tragó, sintiendo un nudo en la garganta. Suga no estaba descansando en paz, él seguía aprisionado en esa dimensión, trabajando. Renunció a su descanso eterno para salvarlo a él y a Taehyung. No habría forma de estarle lo suficiente agradecido.

—Éramos amigos —repitió, tratando de mantener la compostura— Yo simplemente quería venir a presentar mis respetos como es debido —sus ojos se inundaron— N-no pude asistir a su funeral, y es algo que lamento muchísimo.

—Fue una ceremonia bastante sencilla —comentó su padre, su voz un poco atrofiada—. Yoongi jamás fue fanático de las celebraciones grandes. Su madre habría respetado eso también.

—Perdone... Si no le molesta, ¿puedo saber cómo...?

—¿Mi esposa?... —bajó la vista, entristecido—. Enfermó. Poco tiempo después de que Yoongi acabara en ese estado, ella simplemente... Los médicos dijeron que era estrés, y tristeza. Creo que también mencionaron angustia. No supimos cuidarla, y ella no dejó que lo hiciéramos. Nunca fue una mujer de salud perfecta, pero no imaginamos que pudiera acabar así. Una parte suya se fue el mismo día que Yoongi fue conectado al respirador, estoy seguro —Jin se apresuró a limpiarse el rostro. Lo leyó en el diario, que Suga le hablaba de su madre como si fuera la persona con más fe en toda su familia. Era triste saber que había fallecido de aquel modo—. Ahora solo somos mi hijo mayor, y yo. Nuestra familia ha pasado por muchas cosas, muchacho. Pero nada tan terrible como tener que separarnos sólo porque la vida se ensañó con nosotros. Yoongi era un joven con mucho talento para los deportes. Todos en su escuela decían que sería un excelente basquetbolista, le encantaba jugar con sus amigos. Era un chico bastante flojo, pero si tenía una pelota él... Cobraba vida y entusiasmo como cuando era un niño —sonrió con nostalgia— Lo peor que podíamos hacerle era prohibirle ir al lugar donde se juntaban. Armaban sus equipos y competían, mayormente en la noche... Una competencia sana, divertida. Me gustaba verlo jugar. Disfrutábamos animándolo —suspiró, con el dolor palpable en su voz—. Que aquel auto lo arrollara, nos hizo tanto daño como a él.

Jin cerró los ojos. Podía recordar el relato del de cabello azul.
—Lo siento...

—Le arrebataron todo en una sola noche —se lamentó su padre—, lo último que hizo, fue despedirse de mí mientras yo leía el periódico. Lo vi salir por esa puerta, pensando que regresaría al igual que siempre. Me equivoqué —Y era en esos momentos en los que Seokjin se sentía más dolido que nunca. Tenía frente a él a un padre cargando con un peso que no le correspondía. El dolor se filtraba entre cada una de sus frases, en su postura de cabeza baja, resignado a todo. Jin se sintió la peor escoria del mundo—. ¿Cuántos años tienes, muchacho? Probablemente mi Yoongi tendría tu edad.

—Veinticuatro —contestó, mientras se limpiaba el rostro.

—Veinticuatro —repitió, meditabundo—. Tienes la vida por delante, ¿lo sabes?... Muchos perdieron la vida en ese accidente, pero tú no. Vívela.

Pasó poco menos de una hora. Jin continuó conversando con el señor Min, intercambiando alguna anécdota sobre el mal genio de Yoongi, y sobre sus muchas cualidades. Supo que los gastos médicos y su mantención quedaron a cargo del conductor del vehículo que lo atropelló. Cumplió su condena después de un extenso juicio, y se hizo cargo económicamente de la internación del de piel blanquecina. Solo entonces comprendió el por qué parecía tan abandonado en aquel cuarto. Ellos le visitaban una vez por semana, sin obtener ninguna novedad respecto a su salud. Nunca hubo alguna en cuatro años, salvo cuando les informaron de su muerte. Seokjin nunca dejó de sentirse responsable, pero se aseguró de dejarle en claro a aquel hombre, de rostro marcado por las cicatrices de la vida y del tiempo, que su hijo fue un muchacho maravilloso. Que conocerlo fue uno de los honores más grandes que le concedió la vida, y que jamás iba a olvidarlo. Jin soltó unas últimas lágrimas cuando el hombre frente a él le pidió amablemente que regresara a visitarlo cuando estuviera completamente recuperado. Le aseguró que así sería.

Salió de la casa de los Min sin volver a cruzarse con el hermano mayor de Yoongi, pero igualmente sintiéndose conforme. Agradeció que su chofer no le hiciera demasiadas preguntas al respecto, estaba demasiado entristecido.

Volaron de regreso a Seúl, y mientras se movían por las calles de la ciudad mientras comenzaba a caer la noche, el hombre mayor de uniforme lo observó por el espejo retrovisor.

—¿Regresamos junto a sus padres, joven?

—Aun no. Tenemos que ir a un último lugar. Necesito que me lleves a la zona donde está mi departamento. Tengo que buscar a alguien.

Seokjin agradeció que Jimin pudiese conseguir la dirección donde vivía Taehyung. Para su sorpresa, era a apenas unas cuantas manzanas de donde él alquilaba.

Su corazón golpeó con fuerza en su pecho ante la ansiedad de volver a verlo.

Lo encontraría.






























































♦♦♦♦♦♦♦

Queda sólo un capítulo ¡¡OMG!! ToT

No se imaginan los nerrvios que tengo :'D ¡No olviden que además habrá un extra!

Nunca jamás voy a cansarme de agradecerles por su apoyo. Por darle una oportunidad a mi pirmer fic, y compartir sus reacciones conmigo. No siempre contesto, pero créanme que lxs leome llenan de amor y me siento muy feliz.

Buen diciembre para todxs :D este mes el el cumple de la otp *o* los amo demasiado, Taehyung y Seokjin.

¡¡Hasta el siguiente!!

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