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17:41 PM

Con menos de veinte minutos para el regreso, Taehyung se aferró al brazo derecho de su novio con todas sus fuerzas. Empezaba a ponerse inquieto, mordisqueaba sus labios con nerviosismo y se quedaba mirando a algún punto fijo hacia la nada.

Estaban bastante cerca del lugar donde vivía Kim Namjoon, por lo que fue una caminata corta.

El sol comenzaba a ocultarse, y en un momento, los potentes rayos anaranjados alumbraron directamente hacia ellos. Taehyung quedó embelesado ante un Seokjin de cabello castaño iluminado por tonalidades rojizas. Su novio tenía una piel blanquecina que resplandecía bajo la luz, labios de grosella y ojos con iris de flameantes llamas plateadas. En su frente había una leve línea producto de la preocupación, y su cansancio se acentuaba por lagunas de insomnio sobre sus pómulos. No importaba. Aquello jamás alteraría la belleza que poseía.

Con su abrigo oscuro, pantalones al mismo tono y zapatos negros, la camisa a rayas en color azul claro era lo único colorido en su atuendo, cuyo cuello asomaba levemente bajo ese sobretodo.

Tras un breve momento de silencio, el mayor volteó a mirarlo. Sus gestos se suavizaron obsequiándole una leve sonrisa.

El rubio le devolvió una igual, sintiéndose triste.

No podía recordar cuándo fue la última vez que lo vio sonreír con auténtica felicidad.

Seokjin deslizó su mano hasta entrelazarla a la izquierda del menor.
—Es como si estuviéramos caminando hacia el sol— sonrió, balanceando sus manos unidas.

—Oh, es cierto —y solo entonces volteó su vista al frente. Jin lo notó demasiado pensativo.

Tae traía una chaqueta marrón, un jean azul oscuro y botas. Sobre su cuello había una bufanda gris. El castaño mantuvo su mirada en él, pero el de ojos claros concentraba su atención en el suelo.

Seokjin tiró de su bufanda hasta acercarlo a su rostro, tomándolo por sorpresa. Se sintió satisfecho cuando sus miradas volvieron a encontrarse. Su novio se veía hermoso con la luz llegando a su perfil. En un gesto suave, subió las manos hasta sus mejillas, pero el menor agachó la cabeza.

—Jinnie... —musitó de forma lastimosa, mientras escondía el rostro y se aferraba a su abrigo. Al mayor le bastó escucharlo para saber exactamente cómo se sentía. Se acercó más, hasta que afirmó el mentón en uno de sus hombros, y ciñó los brazos a su espalda—. Q-quiero despedirme de ti apropiadamente —admitió contra su ropa—. S-se supone que debo sonreír, p-pero simplemente no...

—Está bien —dijo el mayor mientras le acariciaba el cabello. Incluso si no comentó nada más, supo que su novio estaba ahogando gritos y súplicas desesperadas.

Taehyung no quiso poner en voz alta su deseo de que el mayor se quedara a su lado. Se mordió los labios y cerró los ojos, intentando mentalizarse en brindarle apoyo. Él debía ayudarle, y decir todo lo que pasaba por su mente en ese momento no lo haría.

Poco después, Seokjin buscó su boca. Y en ella mitigó parte de todo lo que estaba sintiendo. El rubio podía otorgarle toda la calidez del mundo, como si el mismísimo sol que los alumbraba desde la izquierda, estuviese guardado en su interior. Taehyung podía, con cada beso, separar una pequeña porción de luz y la depositarla en su cuerpo. Eso era mágico.

♦♦♦    

Namjoon los recibió en su piso con una sonrisa piadosa. Reparó en el leve asentimiento del mayor, y en el rostro enrojecido de Taehyung, quién apenas lo miró. Pero cuando notó la ausencia de Suga, le fue imposible no preguntar.

Jin prefirió no darle demasiados detalles, y sintió al rubito recargarse en su hombro cuando mencionó que marcharse había sido su elección.

—¿Puedo ofrecerles algo? —dijo encaminándose a la cocina.

El mayor negó con la cabeza en respuesta. Ambos estaban en el sofá, lucían bastante desanimados.

El columnista asintió con un suspiro. Elegante igual que siempre, una boina cubría parte de sus cabellos oscuros. Sus zapatos relucían sobre la alfombra estampada, y un poderoso rolex adornaba su muñeca derecha.
—Entonces creo que es hora de irnos...

Él ya estaba listo, y trató de ser cuidadoso al hablarle a la pareja.

—De acuerdo —Seokjin se puso de pie, Taehyung junto a él—. Nam, en verdad aprecio que estés haciendo esto por mí.

—Descuida —se pasó una mano por la nuca, bajando la vista—. En realidad no estoy seguro sobre cómo sentirme. El mundo acabará en quince minutos —resopló entre incrédulo y divertido.

—Sí —el mayor también sonrió, resignado—. Es extraño, pero cierto.

Namjoon tomó las llaves de su coche. —Andando.

Dejó que ambos salieran primero, y no pudo evitar fijar su atención en el rubio que estaba abrazado a Seokjin. Tae permaneció callado en todo momento. Su mirada baja, su agarre firme. Seguramente estaba haciendo su mejor esfuerzo para sobrellevar la situación.

El viaje en coche fue relativamente rápido. El pelinegro condujo con normalidad, un poco perdido en sus pensamientos. Jin y Tae iban en la parte trasera, también callados. De vez en cuando, John los miraba por el espejo retrovisor. Hablaban en voz baja. Cerca, entristecidos.

♦♦♦  

Un tren pasó a toda velocidad alejándose de la estación de la universidad. El andén estaba repleto de gente, como era habitual en un día de semana. Namjoon estacionó el coche justo en frente.

El de ojos mieles sintió su corazón contraerse apenas puso un pie en el lugar. Jin tenía un brazo en su cintura, caminaron entre la gente hasta detenerse cerca de una máquina expendedora.

El castaño buscó con la mirada de forma disimulada entre los presentes, esperando ver a Jungkook. Taehyung lo necesitaba.

—Había olvidado lo que era abordar un tren —comentó el escritor. Seokjin lo miró de reojo. Era evidente que teniendo un vehículo propio no era necesario movilizarse en transporte púbico.

Recordó cuando sus padres le ofrecieron comprarle un coche. Su padre en especial, había insistido al respecto, pero Seokjin se negó. Dijo que un vehículo era demasiada responsabilidad, y que el tráfico en la ciudad era muy molesto. De haber tenido su propio automóvil, quizás nunca habría tomado el tren el día en el que se produjo el accidente.

Sus ojos grisáceos recorrieron el lugar, las vías, la gente. Un escalofrío subió por su cuerpo de pies a cabeza, al ver muchos niños cargando mochilas en sus pequeñas espaldas, jóvenes en sus uniformes escolares; vio adultos mayores, personas con maletines y corbata, algún que otro sujeto cargando un instrumento musical... Todas esas personas abordarían junto a él. Era un número importante de gente, y todos acabarían en un accidente, junto a él.

Tragó, sus ojos picaron. Se sintió impotente mientras ellos permanecían completamente ajenos a lo que ocurriría. Los observó una vez más. Muchos probablemente morirían. Muchos acabarían con lesiones de por vida, con recuerdos impactantes sobre esa experiencia. Y él no podía ni siquiera advertirles.

Volteó hacia su mejor amigo, quien ahora miraba la pantalla de su móvil. Namjoon también acabaría entre las víctimas.

Su cuerpo comenzó a temblar, y sintió a Taehyung acariciándole el rostro.

—Tranquilo... —habló dulcemente—. Tranquilo —Pero ya ni su voz podía ayudarle a calmarse. Jin sintió el miedo asfixiarlo hasta quitarle la voz, sólo sus ojos pudieron posicionarse sobre los del menor, quien lo miraba fijamente—. Respira hondo, vamos... —le susurró—. Uno, dos... Eso es, Jinnie. Una vez más —lo acompañó en el acto—. Eres fuerte, muy fuerte.

Hubiera deseado mostrarse fuerte frente a él, pero ya no hubo forma. Seokjin obedeció respirando por la boca, ocasionando que su pecho subiera y bajara. Desvió la mirada a un lado. Su mente trabajaba demasiado rápido, adelantándose a todo lo que vendría.

—Cielo, mírame —le pidió de forma gentil, sujetándole el rostro— Gracias por todo —apenas escuchó aquello, Jin volvió a fijar su vista en él, los ojos platinados se le inundaron a una increíble velocidad—. Me has hecho tan feliz —aseguró el menor con una sonrisa.

Namjoon guardó el teléfono en su bolsillo. Eran las seis en punto, por lo que abordaría el siguiente tren junto a Seokjin. Miró hacia donde estaban los novios, notando a Taehyung hablándole despacio para calmarlo.

—Estos últimos días fueron los más increíbles de toda mi vida —prosiguió el rubito, tratando de mantenerse sereno—. En realidad, desde que empezamos esta relación seis meses atrás, siento que soy el chico más afortunado del universo. Eres, y siempre serás, el gran amor de mi vida —sonrió ampliamente—. N-no es posible para mí poner en palabras todo lo que siento cuando estoy a tu lado, pero debes saber que es maravilloso —aseguró mirándole con unas primeras lágrimas llegando a sus ojos claros. Los muchos recuerdos asociados al tiempo que pasaron juntos generaron una serie de imágenes en su mente, como si se trataran de fotografías pasando de a una—. Gracias por enseñarme a amar. Gracias p-por amarme. Por salvarme...  —suspiró, sus labios empezaron a temblar—. Estoy muy orgulloso de ti, Kim Seokjin. Aunque viviste toda tu vida en otra realidad, me demostraste que sigues siendo el hombre del que me enamoré.

—Tae, yo... —su voz se cortó, incapaz de hablar. Sus mejillas ya estaban empapadas una vez más.

El rubito posó los brazos en torno a su cuello y lo abrazó fuerte, una última vez.

Seokjin no podía dejar de temblar. El aire le faltaba, sentía que su corazón se desgarraba. Tenía tanto que agradecerle, tanto que expresar para decirle lo mucho que lo amaba; pero no pudo hacerlo. Sus ojos lloraron al notar su parálisis, y sólo cuando el menor se distanció a mirarlo, consiguió hablar.

—Perdóname —Seokjin lo miró sintiendo un enorme peso en su consciencia—. P-perdóname, por favor...

—Esto no es tu culpa. Ten fe, vas a estar bien —acarició su cabello y lo oyó soltar un quejido agudo. Fijó sus ojos en los plateados de él—. Te amo.

Una señal sonora se activó, y el suelo comenzó a temblar bajo el peso del conjunto de vagones llegando desde la izquierda. La gente comenzó a aproximarse mientras el tren disminuía su velocidad con sus característicos sonidos eléctricos. La voz robótica de una mujer anunció su llegada, y dio las habituales instrucciones de seguridad.

El castaño mordió sus labios con angustia, antes de volver a sujetarlo. Eran los últimos segundos en los que podría tenerlo entre sus brazos. Apoyó los labios contra su hombro derecho, Dios, rogaba más que nunca que Taehyung pudiese estar sano y salvo. Intentó atesorar al máximo esa sensación. Se había enamorado de un chico magnífico, y le dolía separarse de él sin tener certeza sobre lo que ocurriría después. Respiró el perfume mentolado de su piel canela, y enseguida se distanció para buscar sus labios y darle un beso cargado de emociones.

—Te amo —murmuró distanciándose levemente, sus frentes unidas—. Te voy a amar siempre, Kim Taehyung.

El tren quedó completamente detenido, las puertas se abrieron y las luces a los laterales se encendieron. Un importante tumulto de gente salió, y otros tantos comenzaron a ingresar.

—Chicos... —Namjoon sintió culpa por interrumpirlos, pero era hora de abordar.

Seokjin caminó junto a Taehyung siendo los últimos en la fila. Giró la cabeza hacia atrás, comprobando la hora en uno de los monitores de la estación. Y abrió los ojos con sorpresa al divisar la silueta de un muchacho cargando una mochila, brazos fuertes, rostro rectangular, ojos oscuros. Estaba corriendo hacia allí, y fijó su vista en la de él por algunos segundos. Era Jungkook.

Jin volvió rápidamente su mirada a su novio, y se sintió levemente tranquilo. Hizo una seña para indicarle que se apresurara, cosa que Taehyung ni siquiera notó. A continuación, volvió a besar con intensidad los labios del rubito.

—Te amo —le dijo una última vez, sus manos en sus mejillas.

—Encuéntrame, Jin —Tae habló con un delgado hilo de voz, sus manos sobre las de él—. Tienes que vivir. Tienes que encontrarme, y luego hacer que te ame —lo miró directamente a los ojos—. Promételo.

—Jin —Namjoon insistió, tras poner un pie en el interior del tren. Extendió su mano al mayor.

—Lo prometo —Seokjin sostuvo con firmeza la mano derecha de su novio, y luego le dio un beso en el lugar donde estaba su alianza plateada, antes de alejarse soltándolo del todo.

Subió junto al columnista, las puertas se cerraron apenas dos segundos después. Namjoon le hizo un gesto a modo de saludo a Taehyung, y éste se lo devolvió, quedándose del otro lado.

Seokjin contempló su mirada miel posarse en él, exhibiendo desesperación, tristeza, agradecimiento, afecto, todo; su carita humedecida, los labios temblando, el cabello rubio ligeramente desordenado.

Tardó un poco, pero Tae consiguió dirigirle una última sonrisa. Sincera, amorosa. Esperanzada.

En ese momento, el castaño supo que una parte de su corazón estaba quedándose justo allí, con él.

Notó cómo Jungkook estaba llegando desde atrás, y leyó en los labios del rubito un "Encuéntrame". Jin puso una mano contra la puerta de cristal, y lloró tras asentir con la cabeza.

El tren se puso en movimiento. Fijó su mirada en la de él, aún cuando su figura se alejaba cada vez más, y se mordió los labios mientras más lágrimas bajaban por sus mejillas. La expresión en el rostro de Taehyung sería algo que por mucho tiempo quedaría gravado en su memoria. Cerró los ojos y volvió su mano un puño mientras agachaba la cabeza, sollozando con los hombros temblándole.

Lo había perdido.

Sintió un brazo tomándolo y pronto estuvo abrazado a su mejor amigo.

—Lo hiciste bien, Seokjin —el pelinegro palmeó su espalda con suavidad—. No te culpes. Si Suga estuviera con nosotros, te diría lo mismo. Creo que también piensa que hiciste un buen trabajo —Jin suspiró intentando calmarse—. Lo supe desde que lo escuché defenderte con tanta convicción cuando me negué a ayudarles, recuerdo que me dijo "¡¡Deja de ser tan egoísta, maldita sea!!" —sonrió avergonzado—. Tú lucías angustiado, pero él estaba furioso... Parecía alguien muy comprometido con su trabajo.

Los ojos platinados del mayor resplandecieron con nostalgia, y asintió levemente.

Suga.

Suga habría estado allí con ambos, pero él lo desconectó de las máquinas que lo mantenían con vida. Seokjin volvió a cerrar los ojos, tratando de recordarlo vestido con su camisa blanca, con su cabello azulado, sus ojos oscuros y pequeños, y su sonrisa que exhibía unas rosadas encías. Pero el joven de cabello negro en esa cama se colaba en medio, con su cuerpo temblando, su color pálido tornándose azul, sus piernas contrayéndose en espasmos. Los médicos reanimándolo, la pantalla mostrando una línea recta sin respuesta.

Los abrió para poder fijar su atención en algo que no fuera ese espantoso recuerdo. Prefería quedarse con la imagen de su silueta dormitando en el sofá rojo, o con esa forma tan única que tenía de usar las manos cuando estaba explicándole algo. Exhaló un suspiro de tristeza, le hubiera gustado poder verlo antes de tomar el tren.

—Taehyung es un buen chico —habló el escritor, sacándolo de sus pensamientos—. Es evidente que no lo recuerda, pero nos conocimos en pleno centro de la ciudad. Yo llevaba una pila de papeleo y tropecé, las hojas quedaron esparcidas por toda la calle. Él fue el único en ayudarme —Namjoon sonrió mientras miraba por la ventana.

—Lo es. Espero que pueda estar a salvo, al igual que tú... —admitió el castaño mientras se limpiaba el rostro—. T-tengo miedo, Nam —volvió a abrazarlo.

—Yo también, siendo sincero —rió levemente—. Pero somos amigos. Estamos juntos, y despertaremos juntos allí... Uno, dos, tres, cuatro...

—¿Por qué estás contando?

—El que mencione el número siete perderá —sus hoyuelos aparecieron como evidencia de su sonrisa amable—. Cinco...

Jin se apartó a mirarlo. Observó su rostro, la belleza de su dulzura, sintió sus brazos todavía sosteniendo su espalda.

—Seis —contestó.

—Ocho.

—Nueve.

—Diez.

—Once —Seokjin se afirmó en uno de sus hombros.

—Doce —lo escuchó decir.

—Trece.

Su mirada ahora se enfocó en la ventana. El paisaje de la ciudad lucía hermoso. Los demás pasajeros también viajaban inmersos en su propio mundo.

—Catorce.

—Quince.

—Dieciseís.

—Dieci... Dieciocho —se corrigió el mayor.

—Diecinueve.

El juego continuó. Antes de llegar al treinta, Jin pudo escuchar un sonido estruendoso acercándose desde los vagones delanteros, y supo que estaba a punto de ocurrir. Apretó con fuerza sus manos en los hombros de Namjoon, y cerró los ojos.

Todo se oscureció.

♦♦♦  

«Y una vez que la tormenta termine, no recordarás cómo lo lograste, cómo sobreviviste. Ni siquiera estarás seguro si la tormenta ha terminado realmente. Pero una cosa sí es segura. Cuando salgas de esa tormenta, no serás la misma persona que entró en ella. De eso se trata esta tormenta»

Haruki Murakami

♦♦♦  

Sus párpados pesaban. Su cuerpo dolía, dolía muchísimo. Abrió los ojos, todo se veía negro, pero pudo escuchar sonidos distorsionados.

Dormitó, cansado. Volvió a abrirlos, ahora un haz de luz blanca se colaba desde una distancia cercana. Se quejó cuando comprobó que no podía moverse. El olor de humo llegando a su nariz lo hizo toser. Sus oídos estaban llenos de un molesto y constante zumbido.
Parpadeó. Y distinguió reflejos de luces rojas y azules. El haz de luz llegaba directamente a sus ojos esta vez. Frunció el ceño, algo muy incómodo y pesado estaba contra su pierna derecha.

Alguien se acercó. Ese alguien le habló, o eso creyó, porque no pudo oírlo con claridad. No pudo verlo, sólo sentía su presencia.

Cuando consiguió abrir los ojos nuevamente, el olor a humo se había ido. Creía que estaba respirando el aire más puro existente, y por alguna razón sus ojos no procesaban esas imágenes moviéndose tan rápido. Desde donde estaba, los edificios lucían mucho más gigantes, el sol se había escondido y pudo ver unos segundos el manto oscuro cubierto de estrellas. Las luces rojas y azules eran de vehículos que parecían estar muy cerca. El zumbido fue reemplazado por sirenas, silbatos, bocinas, voces y más voces. Más cerca, más fuerte. Quería ver más. Quería preguntar, pero estaba demasiado cansado.

Se vio obligado a volver a cerrar los ojos.

Un dolor agudo recorrió su piel desde el tobillo derecho, extendiéndose como electricidad punzante ascendiendo gradualmente hasta su cabeza. Jin parpadeó, primero encontrándose con figuras borrosas y distantes. Los sonidos parecían más lejanos incluso, como si provinieran desde algún rincón de su atrofiada mente. Largó un bajo quejido de malestar cuando su cuerpo recobró toda la sensibilidad, indicándole dolores profundos y simultáneos en muchos lugares. Una vez más, abrió los ojos. Y de apoco, esas siluetas indescifrables comenzaron a cobrar forma y espacio. Los sonidos llegaron con cada vez más claridad hasta sus oídos.

Estaba despertando, con toda la pesadez abarrotándose en su ser y hundiéndolo un poco más en donde fuera que estaba. Tenía un desagradable sabor en la boca, y cuando quiso mover los labios, se encontró con una sensación que jamás antes había experimentado. Ardía, como si algo estuviese raspándole la garganta con fuego. Y entonces notó que no podía tragar con normalidad. Una alarma se activó en su cabeza, su primer impulso fue deglutir, pero tampoco pudo hacerlo. Quiso mover los brazos y quitárselo, pero notó que algo se lo impidió. Sus ojos se posaron en su pecho, notando un tubo cilíndrico llegando desde algún conjunto de conductos que acababan en una máquina a la derecha de su cama. Ahogó un sollozo, afirmó las manos contra las sábanas, y contempló con angustia que le costaba muchísimo moverse, parecía estar atado a esa camilla. Empezó a respirar agitado, buscando algo o alguien que pudiese ayudarlo, todavía estaba levemente desorientado. El cuarto tenía las luces bajas, una puerta de vidrio al frente, paredes en color claro y un terrible aroma a compuestos químicos.

—Cariño... —escuchó desde su izquierda, y Seokjin sólo pudo preguntarse por qué no notó antes que no estaba solo. Una mujer de rostro ovalado, cabello castaño y ojos almendrados en el mismo color se acercó lentamente a él. Una de sus manos buscó la suya por sobre las vendas que tenía, y lo apretó levemente. Fijó sus ojos en los de él, con una mirada conmocionada. A Jin le tomó un par de segundos comprender que era su madre—. Despertaste —musitó en una voz lastimosa, mientras sus labios rosados curvaban una sonrisa.

El castaño la miró en detalle, repasando sus facciones y su expresión. Una sombra gris decoraba sus párpados, un juego de aretes perlados adornaba sus orejas, y un anillo de oro relucía en la mano con la que estaba sosteniéndolo. Era ella. Viva, y tan hermosa como siempre.

Jin sintió su pecho oprimirse, los recuerdos comenzaron a llegar. Parpadeó para comprobar que no estaba soñando, y emitió un quejido intentando hablarle, pero ella acercó una mano hasta su rostro, y siseó en voz baja.

—Calma, tranquilo —acarició su cabello amorosamente, sin interrumpir sus miradas—. Estás con nosotros ahora, mi pequeño... —y su voz quebró al comprobar el estado de su hijo menor.

Kim Mi Hwa pudo sentirse un poco más tranquila por primera vez en treinta y ocho horas, porque Seokjin finalmente estaba consciente. Se acercó a él, y besó su frente.

—Lo peor ya pasó. Ahora vas a estar bien —aseguró sin dejar de acariciarlo.

Seokjin cerró los ojos y dejó escapar muchas, muchas lágrimas, sin poder hacer nada más.

Entendió que si estaba en esa cama, y conectado a esos aparatos, era porque lo había conseguido.

Él logró sobrevivir al accidente


























































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Corto, lo sé. Era un punto crucial, y necesitaba darle su espacio.

No miento al decirles que me dolió :'c era un mar de lágrimas escribiendo esto.

Gracias, gracias por llegar hasta esta linea y a este cap. Tres más, y Find Me habrá terminado. 

Estando en el último tramo del año todo se hace más pesado, pido paciencia para el siguiente y sé de sobra que lo van a esperar
 ♥♥♥ 

¡Buena semana!

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